Nota Uno: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer, la historia es mía, mía, mía.

Nota Dos: Al final esta historia tendrá tres capítulos por lo tanto este no es el final :)

Nota Tres: Alice es Suzie. Emmett es Sam. Paul es Bobby. Victoria es Ruth.

-Inspirado en Robsten-

Love the way you lie (part 2) - Rihanna

Amiga mía - Javiera Mena

«Who said it will return to you was wrong?»


¿Por qué llovía si estábamos recién entrando al otoño?

No podía dejar de pensar en que el clima de este nublado día se asemejaba de muchas formas a mi estado de ánimo.

¿Debía sonreír más que nunca?

Posiblemente sí.

Posiblemente no.

La incertidumbre de estar en medio del limbo era el que no me dejaba aclarar mis sentimientos, no estaba segura de si todo saldría bien.

¿Qué pasaba si Edward se arrepentía?

No, no podía.

Él parecía muy seguro de las consecuencias de sus actos.

Yo quería que funcionara.

¿Pero y si no resultaba?

¿Si las nuevas oportunidades no servían?

¿Si la tercera en verdad no era la vencida?

Mis lágrimas cayeron como si hubiese abierto un grifo.

Tenía mis piernas pegadas al pecho mientras estaba sentada al lado de la ventana viendo correr las gotas de agua.

De vez en cuando revisaba mi celular por si él me enviaba alguna señal de vida.

O si Alice seguía enojada por dejarla botada en el supermercado.

Decidí preparar el desayuno antes de que me dieran las una de la tarde, hoy tenía que ajustar los detalles para el viaje a Europa y debía juntarme con mi agente. Arrastré mis pies hasta la cocina para colocar la cafetera y tostar pan, luego encendí la televisión para orientarme en el tiempo. Decían que la lluvia duraría un par de días para terminar con unos soleados y calurosos días.

Después de la tormenta sale el sol.

¿Sería así con Edward?

¿Habría luz si volvíamos?

—¿Bella? —contesté el teléfono esperando a que mi amiga no me gritara.

—Hola, Alice —dije un poco más animosa, no quería que la lluvia me arruinara el día completo.

—Amiga, siento haberme enojado —dijo con esa vocecita de niña. —De verdad fue una tontera.

—Fue una tontera lo que hice, aunque no tenía otra salida —dije mientras me sentaba en el taburete de la cocina. —Me siento extraña.

—¿Has hablado con Edward? — Se me revolvió el estómago.

—Sí, pero poco —hice una pausa. —La verdad no he querido hablar mucho con él, estoy confundida.

—Pero amiga, deberías aprovechar de hablar con él. Edward te busco y fue por algo —dijo.

—Lo sé, o sea sé sus intenciones pero no puedo parar de tener miedo.

—¿Miedo a qué? —preguntó colocándose curiosa.

—De que no resulte, tengo miedo —dije revolviendo mi café. —No quiero volver a sufrir.

—Pero ya te lanzaste al río, amiga. Ahora debes afrontar las posibles consecuencias, tu dejaste que las opciones se abrieran así que ahora sé consecuente como siempre lo has sido.

—Comprendo —dije.

—Sabes que soy muy asertiva, estoy segura que todo saldrá bien, Bella.

—Todo podría comenzar con el pie derecho si Edward termina con ella, no quiero ser la otra—. ¿Qué pasaba si las cosas se ponían turbias? ¿Qué pasaba si esa relación era fuerte y Edward solo estaba confundido? —Siento que saldré lastimada.

—Si vas con esa predisposición obvio que saldrás lastimada —dijo con seguridad, Alice siempre era la quedaba los mejores consejos.

—No es que vaya con la predisposición, además tu me acabas de decir que abrí las puertas para ser lastimada.

—No comprendiste. Claro que abriste las puertas, tienes un cincuenta por ciento de probabilidades de que salgas indemne y el resto de que salgas lastimada. Solo digo que no llames a la mala suerte, piensa que todo saldrá bien.

—¿Y si me ilusiono mucho?

—Estoy segura que saldrá todo bien. Confía en mí.

—Suena tan fácil decirlo —dije revolviendo mi café con fuerza haciendo que salpicara en mi camiseta blanca. —Mierda, me manche.

—Estás muy deprimida y negativa —dijo Alice.

—Es la lluvia pero en un par de horas debo salir para juntarme con Victoria así que se me pasará —sonreí fingidamente.

—Creo que podrías llamar a Edward.

—¿Para qué?

—Eres tan tonta a veces, Bella —dijo riéndose bajito. —Él está en Los Ángeles y supongo que quiere compañía, sobretodo si la razón por la que vino eres tú.

—Quizás lo llame después de hacer mis asuntos —dije dudosa. Era cierto, él estaba solo y supongo que debía aprovechar eso. —Aunque su hermana está acá también.

—¿Rosalie?

—Ella misma. Los pañales que vi en el carrito de Edward era porque Rosalie tuvo un hijo.

—Vaya, eres tía — Se rió. Alice era muy divertida y siempre encontraba las palabras exactas para provocar frases originales.

—Callate —exclamé.

—Es solo una broma —dijo aún divertida, quería zamarrearla. —Si vuelves con Edward serás la tía en efecto.

—Como quieras, Alice —rodeé los ojos. —Terminaré de desayunar, hablamos.

—Ya, hablamos y recuerda llamar a Edward —sentenció antes de cortar.

Balanceé mis piernas ya que no tocaban el suelo mientras estaba sentada, bebí mi café y comí mis tostadas. Las lágrimas habían muerto después de hablar con Alice, mi amiga era una completa medicina al ánimo.

La ducha me relajó, físicamente hablando.

Pero el agua que se iba por la tubería no podía arrastrar las dudas incipientes de mi cabeza.

¿Era pertinente llamar a Edward?

Él me había enviado un par de textos y una llamada a media noche hace dos días.

Estaba segura que había bebido esa noche.

Eres tan bonita…

¿Por qué eres tan bonita?

Me reí como tonta al recordar lo que me dijo esa noche cuando conversamos por teléfono.

No te rías, en serio eres bonita.

Me sonrojé cuando recordé el tono en que me halagó, en serio había olvidado escuchar lo que era recibir piropos.

Bonita en todos los sentidos posibles.

¿Por qué no se dio cuenta de ese detalle antes? ¿Por qué nos separamos si de verdad nos amábamos?

No puedo dormir, ¿Quieres hablar conmigo toda la noche?

¿Quién le podía decir que no a ese hombre? Hablamos hasta las tres de la madrugada cuando el sueño nos venció por completo.

Envuelta por los recuerdos de esa llamada tomé mi celular antes de que terminara de secar mi cuerpo para enviarle un mensaje de texto.

¿Algo que hacer en la tarde?

Mientras mi corazón latía a mil por hora me vestí con un par de jeans y unos chalecos por el frío, dejé mi celular en el bolsillo trasero por si él respondía rápidamente. Sequé mi cabello para luego quitar el delineador corrido de mis ojos. ¿Cuándo fue la última vez que mi frecuencia cardíaca se aceleró tanto por un hombre? Concluí de inmediato que siempre fue él la persona que provocó un desorden en mí.

Mi celular vibró anunciando su respuesta. Nada que hacer, Bella.

Él estaba esperando que fuera yo la que tomara la iniciativa así que solo dejé fluir las cosas, si Alice me decía que debía aprovechar entonces lo haría.

Podríamos salir a alguna parte, tengo una reunión en un rato más pero podemos juntarnos después de eso.

Temblé un poco, por los nervios y el frío.

Está bien, ¿Puedo pasarte a buscar?

Ay, ay, ay.

En serio el corazón se me estaba por salir por la boca.

¿En serio que con veintiséis años aún sentía maripositas?

Claro, llegaré como a las cinco de la tarde a mi casa.

¿Sabes donde queda?

Luego de terminar con Edward me cambié dos veces de casa, no quería que nadie encontrara mi residencia ni que anduvieran metiendo sus narices en mi vida. Principalmente no quería que Edward me volviese a encontrar.

Mándame tu dirección, creo que podré llegar.

Le envié mi dirección con rapidez pero no volvió a contestar, supuse que era mejor esperar a que las horas avanzaran hasta vernos.

Ahora debía enfocarme en mi trabajo, por tres horas tenía que desconectar mi cerebro de todo el lío amoroso.

o….o

Salí de mi auto esperando que de una vez por todas no hubiesen paparazzis asechándome, tomé mi mochila y mi celular por si Edward me enviaba algo. Me era completamente inevitable no pensar en él ahora que todo se estaba poniéndose revuelto entre los dos y se supone debía desconectar mi mente de todo aquel pensamiento amoroso. Victoria no podía saber que había vuelto a ver a Edward porque estaba segura que me llegaría un reto de parte de ella.

Victoria era como una segunda madre para mí y luego de verme sufrir me hizo prometerle que no caería ante la sensación.

¿Pero quién se niega a esos tiernos ojos azules?

Aún me acordaba de lo dulce de su beso aquella tarde en la carretera, era cosa de cerrar los ojos y recordar la textura de sus labios.

Era cosa de cerrar los ojos y recordar nuestro primer beso.

Nuestro primer beso real y no actuado…

¿Estás segura que no vendrá tu novio? —preguntó Edward mientras me acorralaba peligrosamente en un lugar lejos del bar. Había una zona lejana a la pista de bar cerca de los baños lo que nos mantenía lejos de la gente.

Segura. Podríamos escuchar la música —dije nerviosa.

Sí, pero de acá se escucha mejor —dijo mientras se sentaba en una silla que seguía la línea de un agregado del mueble del bar para comer o beber. —Siéntate.

Sí —dije nerviosa. Me encantaba pasar tiempo con él, incluso cuando no había que grabar. Odiaba cuando el tiempo en el set se terminaba y cada uno debía irse a su habitación o a su trailer, me estaba acostumbrando a su compañía y sobretodo a sus especiales bromas con gracia. —A las doce me debo ir, como cenicienta —sonreí.

¿Por qué? —preguntó frunciendo el ceño. —¿Es por él, cierto? —asentí. —No te vayas tan temprano.

Aún queda una hora, Edward —dije y terminé sentándome al lado suyo. —El otro día al fin usé la guitarra que me regalaste.

Me alegro —sonrío plenamente. —Si necesitas ayuda aquí estoy.

Siempre estás ahí por si lo necesito —sonreí tímidamente.

Sabes el por qué —dijo girándose para mirarme, la oscuridad era enorme pero el brillo de la poca luz se reflejaba en sus ojos los cuales no podía dejar de mirar.

¿No dejarás de insistir, cierto?

Nope —dijo acercándose a mí.

Esto me pone tensa, Edward —dije dejando de mirarlo, solo me dispuse a jugar con mis dedos como siempre. —Nunca me ha pasado esto antes.

Tampoco y supongo que eso es lo que me hace continuar.

¿Qué quieres? —pregunté acercándome a su oído ya que cada vez el volumen de la música aumentaba más.

A ti —dijo convincentemente. —Nunca he tenido una relación seria y tampoco te voy a prometer que podremos tenerla.

Ni siquiera tenemos algo y me dices eso, suenas muy seguro, Edward —reí.

No viajé solo para interpretar a un vampiro, de hecho cuando niño mis hermanas me aterrorizaban con películas de vampiros y me daba miedo. No son mis favoritos.

A mi me gustan los vampiros —dije a modo de indirecta. —Me gustan mucho, pero me dan miedo a veces. No quiero salir lastimada ni lastimar a nadie.

Entiendo lo que quisiste decir —dijo mirando sus zapatos. —Pero a veces ese es el costo que hay que asumir para obtener lo que uno quiere.

No quiero hacer sufrir a Jacob —dije lamentándome. Se supone que mi novio vendría a acompañarme en los últimos días de rodaje de la película pero él estaba ocupado con unos asuntos familiares. Lo extrañaba pero una parte de mi agradecía que él no estuviera aquí. ¿Estaba haciendo lo correcto?

Comprendo —dijo levantándose de su asiento.

¿A dónde vas? —pregunté asustada.

Creo que me iré al hotel, estoy cansado y mañana hay que grabar temprano —dijo sin mirarme, evitaba mirarme.

Pero dijiste que querías que conversáramos más rato.

Sí, pero ya no quiero —dijo dándose la vuelta. —Nos vemos mañana, Bella—. Sabía que estaba dolido por mis palabras y me sentía levemente culpable. Tenía una extraña sensación…

Lo seguí silenciosamente en cada paso hasta que él decidió salir por la puerta trasera del local, por suerte nadie nos vio y él tampoco parecía notar mi presencia.

¿Por qué me sigues? — Edward se giró y parecía dolido.

No quería que te fueras —dije. Estábamos en medio de muchos autos estacionados y solo un farol alumbraba la oscura noche. —Todo estaba bien.

Todo estaba bien hasta que lo nombraste a él —dijo seriamente. —Sé que no tengo ningún derecho de pedirte nada pero por lo menos podrías dejar de coquetearme—. ¿Tan evidente era? Pensaba que solo en mi cabeza se notaba el gusto que tenía por él, creía que nuestra química solo se adhería a los personajes pero todos notaban que era algo más que actuar. De todas formas siempre él me hacía bromas sobre tener alguna oportunidad conmigo pero me hacía la tonta porque cualquier palabra podía ser ocupada en mi contra, sobretodo si tenía novio.

Lo siento —dije. —Solo quedan tres días de grabaciones.

Es un alivio, Bella —dijo enojado. —Es un alivio saber que no tendré que verte y sentir la agonía de poder al menos recibir una señal tuya.

No puedo darte señales.

¿Por Jacob? Has compartido más conmigo que con él durante estos meses.

Pero es trabajo, Edward. Solo somos compañeros de trabajo y cuando esto termine no nos volveremos a ver —dije sintiéndome estúpida.

Y tu crees que es tan fácil como dejar de vernos —dijo dándose la vuelta para emprender camino.

No te vayas —volví a decir.

¿Qué quieres? Dime qué quieres porque no te entiendo, Bella —dijo acercándose a mí tanto que sentía que el aire se me acabaría.

No sé, no sé qué quiero, Edward —dije agarrando con fuerza una parte de su camiseta. —No sé…

Entonces deja de buscarme de una vez por todas —dijo quitando mis manos de su camiseta para marcharse.

Edward —exclamé. —Edward —corrí detrás de él. Lo alcancé para interponerme en su camino, solo quería probar si lo que me pasaba era mera atracción o algo más a lo que si debía apostar. —¿Quieres una señal?

Sería un honor tener alguna señal —dijo aún enojado y frunciendo el ceño. Me gustaba la manera en que se curvaban sus cejas cuando se enojaba, me parecía tierno porque se veía como un niño enojado y malcriado… me daban ganas de abrazarlo y mimarlo más de lo normal.

Entonces lía con esto —agarré su rostro poniéndome de puntillas para alcanzar sus labios. Se sentía tan malditamente bien entre sabor a cigarro y a cerveza, se sentía como algo que siempre quise y probar y que por miedo me negaba a hacerlo. La textura de sus labios me era algo conocida ya, pero la espontaneidad de esto lo hacía completamente diferente a los besos actuados, esto era real, igual de real a lo que mi corazón palpitante sentía mientras lo besaba. Me agarré con fuerza de su cuello mientras sus manos no dejaban de apretarme en contra de su cuerpo, definitivamente esto era algo que ambos esperábamos y que por mi estupidez no quería hacer. ¿Qué hacía con Jacob? No sé, no había tiempo para hilar decisiones ahora cuando el hombre que movía mi mundo me besaba con amor… real amor.

Pretende resolver el final de tu relación antes de que me arrepienta de que de verdad te quiero en mi vida —dijo a modo de pausa antes de volver a besarme.

Pretende resolver en final de tu relación…

Qué acertada frase, era como si las cosas se hubiesen dado vuelta de una forma poco convencional.

Ahora era Edward debía terminar una relación si quería que esto funcionara.

Ahora yo debía presionar.

Ahora y debía sufrir la agonía.

¿Pero cómo lo hacíamos?

¿Cómo hacer para que nadie salga herido?

Era imposible.

El triángulo tiene que sufrir para que dos vértices salgan felices de todos esto.

Nunca vamos a dejar que este amor se nos vaya.

Entré a casa de Victoria con las llaves que ella misma me había entregado, ir a su casa era algo muy recurrente en mis actividades, me sentía como en casa cada vez que estaba allí. Victoria se había convertido en una segunda madre, podía confiarle cada uno de mis secretos, miedos e inquietudes sin tener muchos reproches. Ella solo escuchaba y aconsejaba cuando lo encontraba necesario.

De todas maneras si le contaba lo de Edward me retaría, ella decía que pasado pisado, que ya no debía volver atrás y que si un día Edward volvía debía ser completamente fuerte para decirle que no.

Pero ella no sabía lo que sentía, los sentimientos que tenía por Edward los pude enviar a la papelera de reciclaje sin problemas pero ahora que había vuelto había sido tan fácil como restaurar los archivos amorosos.

¿Le contaba o no?

—Bella, al fin has llegado—. Victoria venía saliendo de su cocina cuando me oyó entrar. Llevaba unos pantalones color caqui junto a una polera holgada de color blanco, se veía muy relajada como siempre. Su cabello tan espectacular caía en ondas sobre su hombro y su sonrisa maternal estaba como siempre allí para saludarme.

—Lamento la demora —dije dejando mis pertenencias sobre una pequeña mesita en la entrada.

—No te preocupes, es temprano y por suerte no es mucho lo que tenemos que organizar.

—El papeleo, el pasaporte y los carné de vacunas —dije rodando los ojos mientras me lanzaba sobre el sofá. —Lo mismo de siempre, Vicky.

—Sí, pero necesario —dijo volviendo a la cocina desde donde me seguía hablando. —Recuerda que estarás un mes fuera.

Un mes… Edward no sabía eso.

—Un mes —susurré. —Un mes es bastante.

—Lo sé, pero Paris es Paris, no puedes decirle que no —dijo volviendo con unos cafés recién preparados. —Te encanta Paris, ¿Lo recuerdas?

Me gustaba mucho Paris porque me recordaba a él.

Bueno, también habían muchas otras cosas más que adoraba de esa ciudad.

Me iría a vivir allí solo porque mi privacidad estaría un poco más a raya.

—Sí —dije sonriendo. —Supongo que estar en Paris mientras grabo será fenomenal.

—Ahora podríamos aprovechar de conocer más —dijo ofreciéndome una de las tazas.

—Hay mucho tiempo para conocer —dije poniéndome un poco melancólica. Si me iba no podría continuar con esto que estaba tratando de intentar con Edward.

—El viaje se corrió para el día sábado ya que la productora corrió el comienzo de rodaje —dijo mientras bebía su café.

—Eso suena bien—. Claro que sonaba bien, había tiempo para conversar con Edward de todo esto.

—Estás muy callada, Bella. ¿Qué pasa? — Ay no, Victoria era una buena lectora de mentes o qué.

—No pasa nada —dije sin mirarla. —Sabes que los días lluviosos me ponen un poco triste.

—¿Solo eso?

—Sí, no es nada preocupante —dije encogiéndome de hombros.

—¿Supiste que Edward Cullen está en Los Ángeles?

—¿En serio? —dije haciéndome la desentendida.

—Sí, no sé en qué andará —dijo mientras se acomodaba mejor en el sillón que estaba frente a mí. —¿No sabías que estaba acá?

—No, sabes que no sé nada de él hace mucho tiempo, Vicky —dije sacando mi celular para disipar la tensión.

—Me extraña que ande sin su novia —dijo esperando mi respuesta. —Quizás está por trabajo acá.

—Probablemente —dije mientras deslizaba mi dedo sobre el celular sin parar.

—Qué suerte que no te haya buscado, parece que de verdad todo quedó atrás —hizo una pausa. —Y me alegro de que sea así, no quiero que sufras más.

—¿Y si me busca?

—No deberías dejar que hable contigo, te he dicho miles de veces que ya no es necesario que hables con él —dijo volviendo a beber de su café.

—Mmm —dije mientras seguía metida en mi celular.

—¿Bella? —preguntó Victoria esperando que la mirara. —Mírame.

—Espera que tengo un mensaje —mentí.

—Bella, mírame —dijo en tono amenazador.

—¿Qué? — La miré nerviosa.

—Lo viste —afirmó. —¡Lo viste!

—Nada que ver, no he visto a Edward —evité su mirada otra vez.

—Estás muy nerviosa y me evitas la mirada. Te conozco, Bella Swan —dijo inclinándose hacia mí. —Lo viste.

—¿Y qué tiene?

—¿Cómo que qué tiene, Bella? Claro que es importante, te dije que no volvieras a verlo.

—No lo decidí, él apareció de la nada —dije dejando de lado mi celular ahora que la conversación era evidente.

—¿Cuando pasó esto? —preguntó un poco enfadada. —Por Dios, Bella.

—Hace unos cuatro días —dije levantándome para buscar algo de comer en la cocina.

—Señorita, vuelva a sentarse—. De verdad Victoria parecía mi madre. La verdad si mi madre supiera también se pondría a regañarme.

—Vicky, solo fue una conversación —dije. —Solo quería saber cómo estaba.

—Y tomaron té juntos y se rieron, no me digas —dijo rodando los ojos mientras se agarraba la cabeza. —Te dije que no, Bella. ¿Sabes cuanto costó limpiar tu imagen?

—Me da lo mismo lo de la imagen, Vicky.

—Pero es que si te ven con Edward especularán cosas. Él sigue con su novia y si te ven con él ya sabes lo que pensarán.

—No pasará nada malo, Victoria, además nadie ha dicho que volveremos—. Ni yo me creía eso, no paraba de pensar en un futuro en donde las cosas volvieran a ser las mismas.

—Te creeré, Bella —dijo un poco dudosa. —Ahora volvamos a lo que debemos planear, no quiero tocar el tema de Edward.

Asentí.

Sabía que era malo contarle a Victoria.

Aunque ella me pilló.

Ella siempre me pillaba.

Tres horas después…

Había perdido la noción de las últimas circunstancias en estos días, de hecho ahora que notaba lo que sucedía me daba cuenta que todo iba rápido y que me daba miedo que las cosas salieran mal. No es que todo hubiese tomado el curso de hace dos años atrás, sino que me costaba procesar la idea de volver a verlo, de que me llamara o enviara algún mensaje de texto. Me había acostumbrado a su ausencia y su repentina aparición me dejaba atónita.

Lo esperaba dentro del auto que él mismo había rentado, el que por mucha suerte tenía los vidrios polarizados. La idea de que la prensa se enterara de esto me revolvía el estómago, ya que otra vez tendría a las cámaras sobre mí, otra vez el asedio periodístico... de verdad me daba nervios todo esto… y pensar en las palabras de Victoria más me revolvía los cesos.

Edward había hecho una pausa al recorrido para comprar un par de refrescos en el mini market, se supone que solo daríamos vueltas en el auto mientras conversábamos a menos que encontráramos un lugar muy lejano y recóndito para caminar si es que la lluvia cesaba.

Subí un poco el volumen de la radio mientras esperaba a Edward, pero algo me sacó de mis ensoñaciones. Zafrina llamaba al celular de Edward y no sabía qué hacer. ¿Contestaba? ¿Rechazaba la llamada? ¿Atendía y me quedaba en silencio? ¿Le decía un par de palabrotas?

Después de todo me contentaba que a su novia no la tenía con la palabra amor en el visor del celular, a mi me tenía con cualquier sobrenombre bonito que se le ocurriera para ponerme hace dos años. No sé qué tan especial era Zafrina para él, no sabía lo importante que podía ser él para ella, no sabía nada... pero al menos suponía que algo iba mal.

Tomé el celular de Edward entre mis manos mientras vibraba sin parar la llamada insistente de su novia... un par de pitadas más y contesté instintivamente.

—¿Aló? —dije un poco nerviosa mirando por la ventana por si venía Edward. —¿Con quien hablo? — La pregunta más estúpida si sabía quien era.

—¿Perdón? ¿Con quién hablo? —dijo un tanto amenazadora con su acento británico. Puaj.

—Pregunté yo primero —dije desafiante. Para ser la primera vez que hablaba con la novia de mi ex esto se ponía muy agresivo.

—Soy Zafrina, ¿Qué haces con el celular de Edward? ¿Quién eres? —dijo casi gritándome. Miré otra vez por mi ventana pero no había rastros de él.

—Soy Tanya —dije, ¿Cómo se me ocurría inventar ser la hermana de Edward?

—¡¿Quién eres?! No eres Tanya, acabo de hablar con ella... ¿Dónde está Edward? — Me estaba metiendo en problemas, serios problemas.

—Una amiga de Edward —dije nerviosa pero jamás perdiendo la compostura.

—¿Una amiga? Edward no tiene amigas en Los Ángeles.

—Quizás tu no lo sabías —dije. Debía cortar antes de que esto se pusiera color de hormigas.

—Espera... conozco tu voz — Mierda, no. ¿Por qué conoce mi voz? —¿Be-lla? —Doble mierda.

—No —dije de inmediato. —Debo cortar.

—Eres tú, conozco tu maldita voz —dijo muy enojada mientras yo alejaba el celular de mi oído. —¿Qué haces con Edward?

Solo atiné a cortar la llamada y coloqué el aparato en modo avión, era obvio que esta mujer llamaría hasta cansarse con cosa de hablar con Edward y pedirle explicaciones. ¿Cómo sabía que era yo? ¿Por qué reconocía mi voz? Mierda, estaba en problemas. ¿Cómo le diría a Edward que había hablado con su novia? ¿Qué derecho tenía yo de contestar sus llamadas? Triple mierda, él venía de vuelta al auto con una sonrisa plena... me iba a matar cuando supiera. ¿Me iba a matar? ¿O estaría feliz porque la otra ya sabía algo de lo que se le venía?

—¿Por qué tienes esa cara como si hubieras visto a un fantasma? —dijo graciosamente mientras se acomodaba en el asiento.

—Nada —dije poniéndome el cinturón de seguridad. —¿Qué trajiste?

—Nachos y café —dijo encendiendo el motor. —No sabes lo exquisito que es esa combinación.

—Creo que es la peor combinación del mundo, uno de los dos terminará vomitando esto —dije tomando mi vaso de café. —¿Siempre comes esto?

—No, pero no sabía qué comprar —dijo riéndose sonoramente. —Solo come.

—No comeré esto, Edward —dije dándole un golpecito en el hombro.

—No te imaginas cuanto extrañaba esto —dijo sin mirarme, solo estaba atento al camino.

—¿A qué cosa?

—A parecer normales, a salir juntos —dijo sonriendo para si mismo. —Me alegra esto.

—Qué bueno —bufé. —Pero no es tan fácil como parece, Edward.

—Lo sé, pero me quedaré acá hasta que lo consiga.

—El sábado viajo a Paris, Edward —dije un poco lamentosa, no quería irme. —Tengo que trabajar, así que supongo que será bueno que vuelvas a donde perteneces.

—Entonces puedo sacar pasajes a Paris también.

—No harías eso.

—¿Por qué no? Puedo hacer lo que se me plazca —dijo con suficiencia mientras seguía el rumbo de la calle.

—Como por ejemplo volver a buscar a tu ex mientras tienes una novia que te espera —dije con sarcasmo.

—No era necesario que dijeras eso, Bella —dijo deteniéndose en la luz roja, me miró y no supe cómo descifrarlo. —Sabes que si te busqué es por algo y que quiero hacer las cosas bien pero no es necesario que me saques ciertas cosas en cara.

—Si es necesario —dije alzando la voz. —Quiero que funcione si es que eso es lo que tiene que suceder.

—También quiero que funcione.

—Entonces haz las cosas bien, Edward —dije abriendo el envase de nachos. —No sé cómo reaccionar, me siento muy confundida pero supongo que en el fondo quiero que todo salga bien. Alice me dijo que si pensaba positivo todo podía salir bien pero es necesario que hables con tu… novia.

—Supongo que dejaré que se de cuenta sola.

—Edward, eres un adulto no un niño —dije poniéndome más alerta. —Debes enfrentar las cosas como tal, no vas a esperar que ella se de cuenta sola de las cosas.

—No me importa lo que pase con ella —dijo sin más.

—Pero en algún momento ella te importó y por respeto a eso tienes que decirle —dije impresionándome de mis propias palabras. —La verdad ella no me importa, es solo que no quiero que esto se vuelva un gran problema.

—Sé que tienes razón pero no quiero pensar en problemas—. Edward tomó rumbo hacia Malibú así que entendí que de verdad iríamos lejos. —Quiero pensar que esto de tenerte tan cerca otra vez es una maravilla y listo.

—Eres un caso perdido, Edward —negue con desaprobación. —Espero que se lo digas o se lo diré yo.

—¿Tú? — Me miró divertido. —En parte me gustaría ver eso.

—¿Ver qué? ¿Que ella quiera sacarme los ojos?

—No, pero me gustaría oírte decir que ahora has vuelto a mí.

—Eres un engreído, Cullen —sonreí. —Aunque la verdad sería un honor sacarle los ojos a ella.

—Eso suena sádico —dijo. —¿Me prestarías mi celular? — Ay no, había olvidado que tenía su celular entre mis piernas… ¿Le decía lo de la llamada?

—Ten—. Le entregué el aparato un poco dudosa.

—¿Por qué esta cosa está en modo avión? Necesito un GPS —dijo refunfuñando.

—Puedo buscar en el mío —dije intentando sacar el celular de mi mochila. —Diablos, está al fondo —dije más para mi misma.

—No te preocupes —dijo desbloqueando su celular. —¿Veinte llamadas perdidas? Qué mierda.

—Solo debes seguir la cruzada izquierda y tomar la carretera, ¿Acaso ya lo olvidaste? — Tenía que disipar el temita de la llamada de su novia con algo.

—Tengo mala memoria —dijo haciendo un puchero. Había olvidado lo mucho que adoraba ese gesto. —Ella me hha llamado veinte veces.

—Una novia controladora —bufé. —Al menos yo no era así —dije mirando hacia por la ventana.

—Si eras controladora —dijo él haciéndome cosquillas en las piernas.

—¡Oye! —me reí por las cosquillas. —Yo no era controladora.

—Si lo eras, siempre estabas me enviabas mensajes.

—Pero eran amorosos, no de esos que te controlan para saber en dónde estás.

—Me encantaban esos mensajes —dijo con un dejo de melancolía. —¿Crees que esto resulte?

—Respóndete tu mismo, eres tú el que me vino a buscar —dije sin mirarlo. —Pensé que nuestras vidas estaban completamente separadas.

—Siempre hay algo por lo que volver a luchar.

—Eso siempre decía mi papá, pero no sé.

—¿Qué no sabes?

—De si esto es algo por lo que luchar, supongo que si esto vuelve a tomar curso en algún momento los problemas que tuvimos volverán a salir a flote. ¿Quién me dice que saldremos bien de esto otra vez?

—Supongo que ahora que somos un par de años más maduros sabremos cómo afrontar las cosas, Bella —dijo encendiendo la radio. —Sé que no te esperabas mi visita.

—No, la verdad ya te había borrado —mentí. —Al menos en parte.

—Yo jamás te borré.

—Pero aún así mantuviste una relación con otra —dije asqueada.

—Estaba cegado.

—No, no estabas cegado, resulta que de verdad eres un completo imbécil, Edward —dije como si al fin pudiera vomitar todo lo que quise decirle siempre. —¿Por qué me dejaste?

—Porque no estaba funcionando, Bella, lo sabes —dijo hastiado. —Es solo que busqué el camino fácil.

—Emmett te dio las indicaciones del camino fácil parece —dije recordando aquellos días en que todo se volvió un gran dolor de cabeza. —Se puso ofensivo y le enviaba mensajes estúpidos a mis amigos.

—Creo que ese no fue él —dijo sorprendido. —¿Recuerdas a la novia de Paul?

—Como olvidarlo si ella me odiaba.

—Pues al parecer era ella, aunque no niego que tomé malas decisiones con los consejos de Emmett.

—Qué mujer más paranoica. ¿Tienes un problema para buscar amigos normales? — Al menos él se reía con lo que le decía como si estuviera aceptando todas esas consecuencias. —Eres un idiota, Edward.

—Lo sé, solo dilo cuando sientas que es competente —dijo mirándome con ternura. —De verdad.

—No te quejes si me excedo pero en serio fuiste un maldito hijo de puta esa vez —dije tratando de recordar las veces que veía las fotos en que él se veía tan feliz con su novia. —¿Por qué con ella? ¿Por qué tan rápido?

—No sé —dijo exasperado. —No te contaré toda la historia porque no es necesario.

—¿La amas? — Edward paró en seco el auto en medio de la carretera.

¿Era en serio?

¿Otra vez en la carretera?

—Sal del auto —dijo autoritariamente. —Ahora mismo.

—¿Qué?

—Que bajes, también lo haré —abrió su puerta y se bajó pero yo seguía sentada en mi asiento. —Baja, Bella.

—Está bien —dije saliendo del auto para encontrarme con las gotas de lluvia sobre mi piel. —Edward está lloviendo, ¿Qué mierda hacemos?

—No la amo si eso quieres saber —dijo poniéndose la capucha de polerón pero yo instintivamente se la quité porque amaba verlo con su cabello mojado. —Hace mucho que no lo hago.

—O sea que la amaste.

—Jamás como a ti —dijo tomando mi rostro con sus manos, me era gracioso notar que una simple mano suya podía cubrir mi cara completa. Me sentía tan pequeña a su lado. —La quise si, pero no la amé como a ti.

—¿Por qué me dejaste entonces? Te juro que aún no comprendo —dije secando las gotitas de agua que caían en mi cara, no sabía por qué mierda no podíamos hablar dentro del auto.

—A veces… —pensó y pensó antes de hablar. —A veces creía que ya no me querías.

—¿Qué? ¿Es en serio?

—Sí, no sé, te molestaba todo… supongo que el amor no es para siempre, esas cosas no pasan y me asusto cuando me doy cuenta que…

—¿Cuándo te das cuenta de qué?

—De que todavía te amo—. Ow, quería derretirme. —De verdad quiero que vuelva a funcionar.

—No sé qué pensar, Edward —dije intentado pestañear bien por culpa de la lluvia. —Tengo mucho miedo.

—Entonces seré simplemente la persona que vuelva a disipar tus miedos.

—¿Y si te vuelve a dar la locura y te vuelves a ir? ¿Y si esto es solo un momento de confusión tuya? No sé, no quiero volver a llorar y a sufrir —dije sincerándome por completo, ya no había nada que ocultar. —Dime, ¿Cómo vuelvo a confiar en ti?

—Con esto—. Edward sacó su celular del bolsillo y comenzó a discar un número, al momento en que entendí lo que había dicho ya estaba hablando con alguien. —¿Zafrina?

—¿Qué estás haciendo? —susurré.

—¿Podrías venir a Los Ángeles? — ¿Qué? ¿Por qué le estaba diciendo que viniera? —Sí, ahí mismo, supongo que el fin de semana llegarás.

—Edward, no… —dije.

—¿Qué? ¿Qué hablaste con quién? —Rayos, creo que se enteró de mi intervención telefónica. —¿Bella? ¿Cómo hablaste con Bella?

—Lo siento —susurré.

—Como sea, no era Bella —dijo tratando de calmar a su novia. —Después te explico, pero necesito que vengas a Los Ángeles.

—No le digas que venga —volví a susurrar.

—Está bien, hablamos —dijo Edward cortando la llamada.

—¿Por qué mierda le dijiste que viniera? —pregunté enojada. —¿Por qué?

—No dejaré que te vea, no quiero que te vea, podría reaccionar mal.

—Soy yo la que ahora está reaccionando mal—. Quería golpearlo. —Ugh, Edward.

—Calmate, ¿No querías una prueba de algo seguro? Pues ahí la tienes, quiero que venga para poder terminar lo que tengo con ella. Seré libre.

—Pero por qué no viajabas tú y le decías todo… ugh, Edward, en serio eres un imbécil a veces.

—Y tu te quedaste callada respecto a las llamadas de Zafrina, ¿Por qué contestaste?

—No lo sé, solo lo hice —dije tratando de sonar calmada. —Diablos, Edward, ahora todo se puso color de hormigas.

—¿Por qué no eres feliz por un segundo? La llamé, le dije que viniera y se terminará —me volvió a tomar del rostro con ternura. —Si volví es porque de verdad quiero volver contigo, no quiero errar más.

—Ella me va a querer matar —dije apoyando mi rostro en su hombro. —Eres un tonto.

—Si te hace algo te defiendo. Prometo que no dejaré que se tope contigo, no nos verá juntos —dijo haciéndome cariño sobre mi cabello mojado. —Quiero empezar de cero contigo y que salga bien.

—Júralo —pedí.

—Te lo juro, Bella —dijo volviendo a acoger a mi rostro para mirarme con dulzura. La lluvia hacía que esto se pusiera más romántico de lo normal y mis ganas de besarlo se acrecentaban. —Ponte la capucha, no quiero que te enfermes.

—Fue idea tuya ponernos debajo de la lluvia, genio.

—Entonces si te resfrías puedo cuidarte.

—Dalo por hecho, Edward —dije golpeando su pecho. —Por favor entremos.

—Dejame hacer algo antes…

—¿Qué?

—Esto… —Y otra vez, beso en la carretera. Esto definitivamente se estaba volviendo una costumbre con él, pero besarlo en medio de la lluvia y la carretera solo los dos parecía muy intimo y lindo. Me anclé a su cuerpo con fuerza esperando que nada se interpusiera en esto, me encantaba volver a sentir esto… volver a él.

—Parece que las carreteras no volverán a ser lo mismo —dije separándome de él para poder entrar en el auto.

—Contigo todo sabe bien, hasta la locura más irracional —dijo antes de volver adentro del auto.

—Parece que nunca vamos a dejar que este amor se nos vaya —dije una vez que él encendió nuevamente el motor de autor.

Su sonrisa fue mi mejor respuesta.

La respuesta a mis miedos.

El presagio de un futuro bueno otra vez.


Gracias y mil gracias a los reviews que han llegado, a los comentarios por facebook y por el apoyo de continuar esta historia que siento refleja las esperanzas que muchas tenemos... ojala esto se un presagio *cruza los dedos, las piernas y los brazos jaja*

Gracias de antemano por la lectura, espero sus reviews :)

Mary.