Nota Uno: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer, la historia es mía, mía, mía.
Nota Dos: Es un hecho, esta historia será un fic.
Nota Tres: Rosalie es Victoria (hermana de Robert), Jacob es Michael (ex de Kristen).
-Inspirado en Robsten-
Prenderemos fuego al cielo - Francisca Valenzuela
Come real - Drake
«Who Said To Return To You Was Wrong?»
Parece que la relación entre Edward Cullen y su novia Zafrina ya no va viento en popa.
¿Cuándo fue la última vez que los vimos juntos y felices?
Uff, parece que fue en el cumpleaños de un afamado amigo de Edward hace cinco meses atrás.
Los conciertos van en subida para Zafrina, de hecho la teoría de que sus fans han subido al doble desde que es novia de Cullen no se refuta.
El creciente ascenso de la carrera de Edward indica que es un postulante seguro para los Oscar.
¿Pero por qué se distancian cuando están en su mejor momento?
¿Sus carreras se han interpuesto?
¿Síndrome Bella Swan, Edward?
Parece que el chico vampiro ha empezado a desesperarse con la falta de tiempo y esta buscando cariño por otros lados.
Sabemos que Edward volvió a Los Angeles hace un par de semanas pero lo que nuestros habilosos paparazzis han plasmado la tarde de ayer nos ha dejado pasmados.
Se vio a Edward besándose románticamente bajo la lluvia con una chica misteriosa en medio de la carretera camino a Malibú.
¿Quién es la nueva aventurilla de Cullen?
Estaremos investigando para ustedes televidentes.
¿Qué?
El corazón se me saldría por la boca, definitivamente sí.
Encendí la televisión esperando que eso ayudara a que el sueño se devolviera a mi cuerpo.
Si Bella veía esto me mataría, aunque la verdad no tenía idea de que nos estaban fotografiando.
Ahora todos sabrían, me perseguirían por cielo mar y tierra y descubrirían a verdad.
¿Pero no era eso lo que quería?
¿No quería acaso que todos supieran que Bella era mía otra vez?
¿Era mía esta vez?
Tenía que llamarla y decirle que habíamos sido captados antes de que ella agarrara la bronca conmigo.
—¿Por qué mierda me llamas a esta hora? —dijo con la voz más sensual de somnolencia, amaba escucharla así.
—Hola, Bella, yo también me encuentro bien —dije entre sarcasmo y risas.
—Son las siete de la mañana, si no recuerdas a esta hora aún duermo —dijo carraspeando la garganta.
—Lo sé, pero es que tenía que llamarte —dije desesperado, sentía que si no se lo decía rápido todo se pondría peor.
—¿Qué pasó?
—Acabo de encender la televisión —dije un poco nervioso, siendo que antes me era tan común enterarme por la televisión de que habíamos sido sorprendidos cuando estábamos juntos. —Y me entere de que…
—¿De qué te enteraste? —preguntó más preocupada.
—Nos fotografiaron.
—¡¿Qué?!
—Ayer cuando estuvimos en Malibú.
—No, mierda, no, quedará la crema, Edward no me siento preparada para esto —dijo pareciendo más asustada de lo que la conocía.
—No saben que eres tú, Bella —dije tranquilizándola.
—Pero si… No entiendo, Edward —dijo exasperada. —¿Cómo es que no saben que soy yo? Es obvio, ¿No?
—No, Bella, las fotos fueron tomadas cuando nos bajamos del auto en medio de la carretera mientras llovía y tu llevabas la capucha puesta.
—Diablos, de todas formas te van a perseguir —dijo manteniendo el miedo en sus palabras. —Es mejor que no nos veamos hasta que esto se calme.
—¿Crees que se calmarán?
—No, pero creo que es lo mejor —hizo una pausa. —Además se te ocurrió la genial idea de decirle a tu novia que venga a Los Angeles, ¿Te imaginas la mierda que quedará cuando llegue?
—No te enojes —dije suavemente, no quería pelear justo ahora cuando la última persona que me podía sacar del abismo era ella. —Ayudame.
—¿Ayudarte? ¿En qué? ¿Por qué te tengo que ayudar después de todo?
—Porque estamos juntos en esto, ¿O no? — Tenía miedo de que Bella se arrepintiera de todo esto, no era fácil volver a remodelar la fachada de un objeto que estaba roto en mil pedazos: nuestros corazones.
—No sé, Edward, me asusta todo esto —dijo en un hilo de voz. Me la imaginaba acostada en su cama arropandose con la colcha para esconderse del mundo y de todo lo que se venía.
Quería acurrucarla en mis brazos.
—Dime que no te arrepentirás de esto, por favor —dije asustado, esta vez yo temía de que todo se fuera por la borda.
—No sé, Edward, te juro que no lo sé —dijo… ¿Sollozando?
—¿Estás llorando? — No, no me permitiría ser el responsable de sus lágrimas otra vez.
—Mejor hablamos después —dijo cortando la llamada dejándome atónito.
Ni dos segundos dejé pasar para vestirme con lo primero que saqué de la maleta, no importaba si no me bañaba porque lo que importaba era llegar a su lado. No quería que sufriera más por mí, yo quería que esto saliera bien, quería felicidad. Sabía que para llegar a la felicidad había que empezar a aceptar y dejar cosas, pero no quería empezar con su sufrimiento, no con sus lágrimas.
—¿A dónde vas, Edward? — Rayos, mi hermana Rosalie justo debía aparecer en el pasillo del hotel cuando debía correr a casa de Bella.
—A ninguna parte —dije de primera.
—¿A ninguna parte? ¿Y por qué te ves tan acelerado? —preguntó apuntándome con su dedo acusatorio mientras con la otra mano llevaba el biberón de su bebé.
—No es nada —dije ocultando mi rostro. —¿Cómo está mi sobrino?
—Bien, Edward, pero no evadas mis preguntas —dijo cruzándose de brazos. — ¿Quién es la chica misteriosa?
—¿Qué chica misteriosa? —pregunté haciéndome el idiota.
—Para —exclamó golpeando levemente mi cabeza con la palma de su mano. —Cuando me desperté para preparar la leche de Brad encendí la televisión con aquella escenita.
—Mierda —dije agarrando mi cabello con frenesí.
—Dime quién es, Edward —pidió mi hermana.
—No, tengo que irme, podemos hablar después —dije avanzando un paso pero mi hermana era más viva.
—Edward, si no me dices no te ayudaré si es que Zafrina pregunta.
—¿Has hablado con Zafrina?
—No, pero si con Tanya y ella adora a Zafrina, Edward —dijo mirándome detenidamente. —Dime quién es la chica.
—Es Bella —suspiré.
—Bella —exclamó audiblemente.
—Cállate, no quiero que todos se enteren… aún.
—¿Por qué con Bella? —preguntó sumamente preocupada. —¿Cuál es la idea de seguir metiendo el dedo en la herida?
—No quiero sufrir más.
—Pero se supone que con Zafrina estás bien.
—Se supone, pero no lo es. Quiero volver con Bella más que nada —dije esperanzado y con ganas de estar al lado de Bella ahora ya.
—Te estás metiendo en un gran lío, hermano —dijo agarrando mi brazo como su fuera de todo me entregara su apoyo. —Sabes que estoy contigo, siempre lo he estado. Espero que tomes las decisiones correctas para que después no te vayas a arrepentir.
—No sabes cuanto aprecio esto, Rose —abracé espontáneamente a mi hermana teniendo cuidado de no estropear la comida de mi pequeño sobrino. —No le digas a Tanya, aunque ya le dije a Zafrina que venga a Los Angeles.
—A veces dudo que seamos hermanos, ¿Con qué piensas? ¿Con los pies?
—¿Por qué?
—¿Quién en su sano juicio viene a buscar a su ex y le dice a su novia que también venga? ¿Tomarán tecito los tres acaso? —dijo mi hermana volviendo a pegarme en al cabeza. —Eres muy tarado, no sé si tenemos los mismos genes.
—Lo siento —dije.
—Por algo eres el hermano menor —dijo para abrazarme otra vez. —Te dejo ir antes de que mi hijo despierte a todo el piso con sus llantos.
—Gracias por esto, Rose.
—Mándale saludos a Bella —dijo antes de darse la media vuelta y entrar en su habitación.
Salí del hotel pensando en las palabras de mi hermana para sentirme más confundido aún, era obvio que había cometido un fatal error en invitar a Zafrina.
Un completo idiota.
Mierda, doble mierda.
¿Qué haría cuando ella llegue y tenga que contarle la verdad?
No solíamos pelear mucho y creo que esa monotonía me cansaba.
Me aburría.
No es que quisiera pelear con mi pareja siempre ni que me guste eso en las relaciones pero si hay que crecer es con altos y bajos, no solo con altos.
Me esta hastiando con esa vida tan arreglada que teníamos.
Tan perfecta.
Tan superficial y lujosa.
Me estaba convirtiendo en el hombre que siempre aborrecí.
En el hombre que nunca quise llegar a ser.
—¿Bella? — Llamé a Bella cuando ya estaba fuera de su casa.
—Edward te dije que mejor hablemos más tarde —dijo con un tono de voz apagado, casi muerto.
—Estoy afuera de tu casa, por favor abre.
—Está bien, está abierto el portón —dijo ella al momento que escuché el sonido del seguro del portón.
Caminé a zancadas hasta llegar a la puerta donde me esperaba mi Bella.
Tan linda como siempre.
Amaba su naturalidad.
No había nada más bello que ver su rostro al natural por las mañanas cuando aún batallaba con el sueño.
Sus ojos verdes resplandecían como nunca.
—Hola —dijo ella sonriendo un poco. —Tengo café, frutas y algo de pan.
—¿Tostadas hechas por ti?
—Sí —dijo sonrojándose levemente. —Mientras me cuentas eso que apareció en la televisión porque no he querido ver nada.
—Nos fotografiaron, Bella —dije entrando al tiempo que me llegó su dulce aroma a la nariz. —Es cosa de tiempo para que todos se enteren.
—No quiero que todos sepan.
—Pero lo sabrán, Bella —dije acercándome para abrazarla, sentir sus brazos rodeándome me tranquilizaban a niveles impensados.
—Y ella vendrá y todo se irá a la mierda, quizás te arrepientas —dijo chocando con mi pecho para quedarse allí por largo rato. Nos quedamos en silencio disfrutando de esto, extrañarnos era necesario para que estos breves encuentros fuesen únicos. —No quiero que te arrepientas, pero a veces creo que es lo mejor.
—¿Cómo es eso?
—Que si no hubieras vuelto no tendría esta maldita sensación de que te volveré a perder, Edward —dijo metiendo sus frías manos debajo de mi camiseta.
Como siempre, esto era como siempre.
—Me siento como en casa —dije sobando su cabello. —Quiero tomar desayuno contigo.
—Entonces vamos —dijo soltandome para agarrar mi mano con seguridad mientras me guiaba por su casa.
El día en que la vine a buscar solo la esperé afuera en el jardín y ahora que estaba dentro las imágenes de nuestros años juntos vinieron como flashes. La apariencia y decoración se parecía mucho a la de nuestra casa en Los Feliz, hasta un aroma a incienso que salía de alguna parte me recordaba a esas tardes de domingo juntos los dos en el sofá.
Nadie se podía imaginar las ganas que tenía de volver a la sencillez con ella.
—¿Quieres café o té? —preguntó ella desde su cocina mientras yo seguía observando cada detalle de su casa.
Murallas blancas llenas de cuadros de pintura abstracta de los cuales muchos debían ser de Renee, también algunos pequeñas esculturas talladas en madera que hacían juego con los muebles de madera. Solo destacaban colores anaranjados y verdes por las plantas de la sala, lo que le daba vida a este lugar.
—¿Qué es de Bear y Bernie? —pregunté mientras me acomodaba en el sofá.
—Los tiene mi mamá, los voy a ver siempre que puedo —dijo desde la cocina. —Cole sigue durmiendo.
—Ya veo —dije mientras esperaba. —¿Crees que Bear me recuerde?
—Creo que sí, aunque en lo posible te morderá apenas te vea —dijo riendo. —Hice un poco de huevos —dijo ella entrando a la sala con una bandeja que parecía traer exquisiteces.
—Me merezco la mordida.
—Creo que son los que más sufrieron, Edward —dijo Bella sentándose a mi lado mientras acomodaba las cosas en la mesita de centro.
—Lo siento —dije con mi mejor cara de perrito arrepentido. —Si un día se puede llévame a verlos.
—Lo pensaré —dijo agarrando un poco de pan para llenarlo con huevo. —¿Has hablado con tu… ella?
—No, parece que habla más con mi hermana —dije tomando mi café, el café de la perdición porque ella lo había preparado. —Rosalie te envió saludos.
—¿Es en serio? Pero si tus hermanas me odian —dijo abriendo los ojos más y más.
—Parece que Rosalie no.
—Entonces Tanya sí, ella siempre me ha odiado desde… —dijo quedándose callada antes de terminar la frase.
—¿Estamos a mano?
—No era la idea devolver la moneda o como dicen poner la mejilla para recibir la cachetada de vuelta, Edward —dijo mirándome con tristeza para luego beber de su café. —No quiero que vivamos devolviéndonos los errores.
—Si hice lo que hice no fue por eso —dije dejando mi tazón a un lado. —Solo pasó, me dejé influenciar como un estúpido.
—¿Y ahora… estás siendo influenciado por algo?
—Por ti.
—Nunca te lavé el cerebro como algunos lo hicieron contigo —dijo levantándose del sofá para volver a la cocina. —¿Quieres frutillas con crema? —preguntó mientras entre sus manos traía un pocillo lleno de frutillas bañadas en crema.
—Bueno —dije más apagado. —¿Qué pensaste cuando viste todo?
—Que eras el imbécil más grande del mundo —dijo acomodándose mejor a mi lado mientras cruzaba sus piernas para dejar el pocillo con frutillas entremedio. —¿En serio te compraste ropa en Chanel?
—Mmm sí —dije recordando el motor de esas acciones. —¿Nunca te diste cuenta del mensaje?
—¿Qué mensaje? —preguntó curiosa mientras comía como desesperada sus frutillas.
—Intentaba provocarte celos —dije.
—¿Es en serio? Te digo de inmediato que provocaste de todo menos celos, Edward —dijo mientras meneaba la cabeza de un lado a otro. —Recuerdo que regalé mi computadora para no tener ganas de revisar nada por internet pero Alice era la que me contaba todo y cuando supe que te paseabas como si nada quemé todo lo que me recordaba a ti.
—¿Quemar? ¿Con fuego?
—¿Con qué otra cosa se queman las cosas, Edward?
—Ah bueno, sí, es que no pensé que lo hicieras tan literal —dije mientras imaginaba el dolor de Bella.
—Fui compasiva con los perros —bufó.
—Te creo —reí para disipar la tensión.
—Te hubiese tirado a la hoguera pero estoy muy lejos de querer pasar el resto de mi vida en la cárcel.
—Me haces reír, ¿Sabes?
—Al menos lo hago bien —dijo dejando el pocillo de frutillas en la mesita. —Aún es temprano, creo que dormiré un poco más.
—¿Te vas?
—A mi cama, sí —dijo levantándose lo que me permitió adorar sus bellas y largas piernas.
Nunca dejarían de ser una perdición.
¿Y si la acompañaba?
—¿Puedo ir… contigo?
—Mejor termina tu desayuno, Edward —dijo caminado lentamente. —Siéntete como en casa.
—¿Tienes algo para leer? —pregunté resignado.
—Sí, en esa repisa hay un montón —dijo apuntando un librero al lado de la chimenea.
—Está bien —dije yendo directo al librero un poco desmoronado por el rotundo no de Bella. Quería acurrucarla en mis brazos y recordar esos tiempos memorables, pero si ella no quería no había forma de hacerlo.
Ya no me sentía con el derecho de antes.
—Cualquier cosa me avisas —dijo aún sin irse.
¿Quizás se sentía igual que yo?
—Está bien, Bella —dije sin mirarla mientras veía la hilera de libros. —Si necesito algo te digo.
—Bien —dijo caminando lentamente hasta que escuché que se detuvo a medio camino. —Edward…
—Dime—. No es que no quisiera mirarla, sino que mientras más la miraba más ansiaba abrazarla.
—No, nada, mejor me voy —dijo volviendo a dar pasos arrastrados.
—Está bien —dije sacando un libro al azar.
—Uhm… Edward no es que no quiera que vengas conmigo es solo que no sé, siento que es mejor que todo vaya más lento, la verdad no sé. Tengo miedo —dijo rápidamente.
—También tengo miedo pero no de lo que siento por ti —dije mirándola y juré que al verla los brazos se me fueron solos hasta alcanzarla.
—¿Entonces de qué? — Me miró perpleja.
—De que no funcione —dije agarrando sus manos. —No quiero perderte otra vez y sé que sientes el mismo miedo.
—Yo…
—No digas nada, Bella —dije silenciándola con un beso que me pareció a dolor, pero que con los minutos se volvió deseo. —Quiero volver a ser el que te abrace cada mañana, el que te de un beso de buenas noches, el que arregle tu cabello cuando esté todo enmarañado, el que te llame para decirte cuanto te ama si estamos lejos.
—Yo también quiere eso —dijo asintiendo fervientemente mientras volvía a pegar sus labios sobre los míos. —Pero tengo miedo, mucho miedo.
—No temas, mi amor — dije besándole mientras la arrimaba a mi cuerpo, sus piernas rodearon mi cintura mientras sus manos se acoplaban a mi nuca.
—Edward —dijo entre besos. —Es mejor que no…— No hice caso a sus palabras y solo a besé mientras curioso metía mis manos debajo de su camiseta.
Su piel era tan suave a lo que la memoria de mis dedos recordaban, ella jamás cambiaría. Su aroma seguía siendo tan dulce y sus besos tan tiernos y cálidos.
—Solo déjate llevar, Bella —dije caminando hacia las escaleras.
—No, Edward —dijo agarrando mi cuello con fuerza dejando sus dedos enredarse en mi cabello. Sus labios fueron directo a mi cuello para besarme con lo que corroboraba que Bella tenía una seria contradicción interna.
—Bella…
—¿Mmm?
—Quiero amarte otra vez, una y otra vez —dije mientras acariciaba con delicadeza su piel. —Una y otra vez.
—Edward, no… —dijo dejando mi agarre para llevarme a su habitación. —Disculpa el desorden —dijo apenas entramos a su habitación cuando me volvía abrazar.
—No importa —dije pescando sus labios para abrazarla con más fuerza.
—Edward, te quiero —dijo abriendo los ojos para mirarme de una manera tierna. —Pero creo que lo mejor es ir lento.
—Está bien —dije besando su mejilla para abrazarla otra vez. —Como tu quieras, solo quiero que funcione.
—Lo sé —dijo sonriendo. —Aunque te juro que a veces no puedo creer que esto esté pasando.
—La verdad tampoco y sé que va a quedar la sangre —dije soltando su mano cuando ella decidió entrar a la cama. —Ella va a llegar y supongo que con eso todos se enterarán.
—En parte todos se están enterando de que algo va mal —dijo metiéndose entre las sábanas. —Soy la chica misteriosa.
—No te queda mal el apodo —dije esperando que ella me invitara a entrar en su cama, parecía un estúpido esperando a que lo hiciera.
—Edward, ven.
Me acerqué como si tuviera miedo de estar a su lado.
Por otro lado moría por acurrucar un par de horas de su sueño.
—Tu cama no es muy grande —dije cuando noté que no quedaba mucho espacio para los dos.
—No tengo con quien compartirla —dijo abrazándome por la cintura para apoyar su rostro en mi pecho. —Quizás en un futuro muy lejano deba cambiar la cama —sonreí como idiota cuando dijo esto.
La acurruqué como tanto lo deseé.
-oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo-
Dormía tan bien sosteniendo su pequeño cuerpo cuando el viento que golpeaba en la ventana me despertó. Bella se veía tan pacifica mientras dormía, su aroma llegaba en potentes olas hacía mí haciéndome desfallecer. La apreté más en contra de mí para besar su frente y convencerme de que esto era cierto.
—¿Qué pasa? ¿De qué me perdí? —dijo aún medio dormida lo que parecía hacerla más apretable aún.
—De nada, hermosa —besé sus labios muy ligeramente para levantarme y dejarla descansar otro rato más.
Revisé mi celular mientras bajaba las escaleras por un poco de jugo.
¡Casi me caigo de espalda!
El nuevo mensaje que me había llegado no era para nada motivante.
Para nada.
No estaba preparado aún.
Zafrina había llegado a Los Angeles.
Amor, estoy en el aeropuerto.
¿Por qué no me vienes a buscar?
¿Y qué le decía a Bella?
Mierda.
—¿Quieres almorzar, Edward? —preguntó Bella asechándome por la espalda. —Puedo preparar algo rápido.
—Creo que me tendré que ir —dije petrificado.
—¿Por qué? —preguntó extrañada. —¿Pasó algo?
—Sí… o sea no.
—Edward te conozco, si tartamudeas mucho es por algo.
—Tengo que llamar a Rosalie —dije casi sin pensar mientras discaba el número de mi hermana. Bella me miraba impresionada sin entender nada, así que me dejó mientras preparaba un poco de jugo recién exprimido.
—Le daré de comer a Cole, te dejé jugo por si quieres —dijo Bella casi susurrando mientras salía hacia su patio trasero.
—Rose, al fin contestas —dije gritando.
—¿Qué pasa? Vamos saliendo para pasear un rato.
—No, no te puedes ir. Zafrina llegó y no puedo ir a buscarla —dije esperando que por favor los astros se cruzarán y estuvieran a mi favor. —Ayúdame.
—¿Estás donde Bella aún?
—Sí.
—Te dije que te estabas metiendo en las patas de los caballos —dijo reprobatoriamente. —Está bien, déjame llamarla y te devuelvo la llamada.
—Está bien, no te demores.
—Ven con mami —dijo Bella hablándole a su perrita. Me asomé por la puerta que daba al patio y vi a mi adoración sentada en el pasto mientras jugaba con Cole para darle de comer. —No te vayas, nena, es hora de comer.
—Y así decías que no tienes instinto maternal —dije sentándome a su lado.
—Cole es más independiente que un bebé, Edward —dijo sonriendo en dirección de la perrita.
—Estoy seguro que no cambiaría tanto —dije mientras agarraba una de las patas de Cole —Hola, nena.
—Si no le caes bien te morderá de inmediato, es un poco territorial conmigo —dijo mientras esperaba la reacción de su mascota. —Creo que le gustas —dijo una vez que Cole dejó que le acariciara la cabeza.
—Creo que tengo algo ganado ya —mascullé.
—Ella es más dócil que yo, Edward —rió dejando caer su rostro en mi hombro. —¿Me dirás qué pasa?
—Ella llegó a Los Angeles —dije atormentado. —No pensé que sería tan pronto, Bella. Lo siento.
—Diablos —dijo abriendo los ojos cada vez más. —Qué miedo.
—Me quedaré contigo hasta que anochezca —dije esperando que lo que tenía en mente resultase. —Llamé a Rosalie por si me podía ayudar a despistar a Zafrina.
—Edward, mientras más aplaces estos será peor.
—Lo sé, pero no sé como afrontar esto —dije tomando su mano libre mientras con la otra sostenía un poco de alimento para perros. —Necesito tiempo para pensar.
—Creo que deberías ir donde ella y empezar de a poco a demostrarle cómo son las cosas.
—Tengo otra idea —dije esperando toda la atención de Bella.
—¿Qué? Dime que tu idea no es llevarme contigo —dijo asustada.
—No, no dejaré que eso pase.
—¿Entonces?
—Vamos a Malibú otra vez —dije como un niño de cinco años. —Vámonos por todo el día.
—No sé si ella te mató las neuronas o qué Edward. ¿Crees que ahora que la prensa sabe de la chica misteriosa no te seguirán?
—No quiero esconderme todo el día acá, Bella.
—Es mejor que nos quedemos acá, Edward —dijo agarrando mejor mi mano. —Confía en mí.
—Confío en ti —dije acercándome para besar sus labios pero ella se alejó.
—A Cole no le gusta que me vean besar a alguien —dijo mirando a Cole. —Es muy celosa.
—¿A quién has besado que Cole se enojó? —dije en modo celoso… aunque no merecía explicaciones.
—Eso note importa, Edward —dijo acariciando mejor a Cole. —Le ladra a la pantalla cuando ve alguna escena así.
—Entonces es muy celosa —dije abrazando a Bella al momento en que un mensaje llegó a mi celular.
Caso resuelto.
Le dije a Zafrina que se quede con nosotros porque tu andabas en una reunión de un supuesto proyecto.
Le dije que llegarías en la noche.
Me debes una.
XOXO
Suspiro largo y continuo.
—Zafrina se quedará con Rosalie.
—¿Rosalie es nuestra cómplice? —preguntó riendo. —Las vueltas de la vida.
—La vida da muchas vueltas, Bella —dije apenas pasando la yema de mis dedos por la superficie de su muslo. —¿Entremos?
—Tengo una piscina —dijo agarrando mi mano para que no me fuera. —Es un día agradable y supongo que si no podemos ir a Malibú podemos estar acá.
—No tengo qué ponerme.
—Entonces solo mojemos los pies, la piscina tiene una hermosa vista —dijo tratando de convencerme. —Jamás me han fotografiado desde esa parte.
—Me quedaré, Bella —dije levantándome y ayudándola a ella.
—Bien, entonces almorcemos antes.
-oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo-
Es como si hubiese cerrado los ojos y al abrirlos hubiese vuelto a unos años atrás.
Todo parecía tan igual a lo que una vez fui.
Conversando largas horas mientras nuestros pies se enfriaban en el agua.
Su voz llenando mis oídos, alterando todos mis sentidos.
Sus pies que chapoteaban agua de vez en cuando mojándome más de lo normal.
Recordaba todo lo que la amé.
Todas las ganas que tenía de volver a amarla.
Te amo, Bella.
—Te reirás pero es cierto —dije mientras la abrazaba por los hombros para acercarla a mí. —Cuando te extrañaba iba al cine a verte.
—¿Es en serio? —dijo lanzándome un poco de agua sobre la cara. —¿Ibas al cine?
—Sí, me disfrazaba un poco y me sentaba ahí para verte —dije acariciando su rostro cuando noté que su semblante se había angustiado. —Actué como un despechado.
—Me hiciste daño, Edward —dijo mirándome y todo pareció detenerse alrededor. —Sé que también te dañé en el pasado y sabes que me arrepiento mucho y que lo intentamos.
—Fue en ese intento en el que fallamos —añadí.
—Puede ser, creo que la distancia nos mató.
—No quiero estar más lejos de ti —dije mientras ella tomaba una margarita del césped. —Si te vas a Europa el fin de semana te seguiré.
—Tienes dos días para decirle a ella, Edward.
—Buscaré la forma de que esto no se agrande más, no sé cómo pero lo haré.
—No seas cobarde, Edward.
—Tu me das el valor —dije mientras ella sonreía melancólicamente mirando la margarita. —¿Te siguen gustando las margaritas? —pregunté mientras veía como le quitaba los pétalos a la margarita que tenía en su mano.
—Sí —dijo concentrada en la labor de despojar a la flor de sus pétalos.
—Entonces te traeré margaritas —dije esperando que de a poco las acciones se convirtieran en hechos que me acercaran a su corazón.
—Ya no creo en flores, chocolates ni en peluches, Edward. Solo quiero creer en hechos.
—¿Por qué? —pregunté mientras era observado con un ceño fruncido acompañado de un potente color verde. —¿Es por mí?
—No es solo por ti, es la situación en general —dijo haciendo una pausa antes de quitar los dos últimos pétalos.
—Que vendría siendo lo mismo.
—No —dijo secamente. Se quedó en silencio y solo me fijé que quitó con rabia los dos pétalos blancos que le quedaban a la flor, como si odiara la respuesta que había salido del juego 'me quiere mucho, poquito o nada'.
Yo la quería, claro que la quería, no por nada había vuelto seguro de que todo volvería a ser como antes.
La quería en mi vida.
¿Pero la seguía amando?
De seguro que sí, como la primera vez.
Era solo que había que reavivar ese amor.
—¿Recuerdas la primera vez que te regalé margaritas?
—Recuerdo cada una de nuestras primeras veces —concluyó y botó su cabeza sobre mi hombro.
Año 2009:
—¿Ya vas a dormir? — Le pregunté a Bella cuando íbamos en el ascensor camino a nuestras habitaciones. Las grabaciones habían sido arduas y me tenían un poco triste con esto de involucrarme en los sentimientos del vampiro al dejar a su amada. —Sé que es tarde pero podemos comer algo antes.
—Podemos pedir pizza a la habitación —dijo bastante entusiasta. Hace dos semanas Bella ya no hablaba de Jacob, ni siquiera andaba pendiente de su celular por si él la llamaba pero no pasaba.
Se rumoreaba de que al fin Bella era una chica soltera y yo no desaprovecharía esa oportunidad.
—Tengo cerveza.
—No quiero beber, Edward. Con coca-cola estaré bien —dijo riendo y dándome un pequeño golpecito en el hombro, algo a lo que se estaba acostumbrando más de lo común.
Llegamos al cuarto piso donde estaban nuestras habitaciones.
Me impresionó cuando su delicada mano tomó la mía para llevarme a la puerta de su habitación.
—Yo soy la que tiene coca-cola en el frigorifico, dudo que tu tengas algo que no tenga una pizca de alcohol en tu cuarto —dijo graciosamente.
Entramos en la habitación que estaba oscura y solo me fijé en el gran desorden.
Qué importaba si yo tenía el mismo desastre.
—Solo siéntate, llamaré al servicio de habitación para que traigan nuestra pizza —dijo perdiéndose por el pasillo.
—Está bien —dije mientras me lanzaba en el sofá, encendí la televisión y comencé a hacer zapping.
¿Jacob deja a Bella?
¿El novio se habrá dado cuenta de la inminente atracción entre su amada y el guapo actor Edward Cullen?
¡Salgan a la luz!
Todos queremos ver a ese par juntos.
Hasta yo me reí ante el comentario.
También quería ver el comienzo de una relación con Bella.
Creo que me sentiría pagado por toda la vida si ella me acepta.
¿Por qué no me aceptaría?
Le podía dar todo lo que quisiera.
Ella era mi todo incluso si no lo sabía por completo.
Ella era mi motor para seguir siendo un vampiro en la pantalla grande.
Ella era simplemente la mujer que quería amar para siempre.
—Listo, ya llamé asi que en cosa de minutos vendrán con nuestra pizza —dijo alegremente vistiendo un pantaloncillo para dormir y la misma camiseta azul marino que andaba trayendo. —¿Quieres de mi inocente coca-cola?
—Lo aceptaré solo por ser tú.
—Creo que tendré que enderezarte un poco, Cullen —dijo mientras abría el mini bar para sacar las gaseosas, mientras notaba como un pervertido lo bien que se veía su trasero cuando se agachaba.
¿Lo estaba haciendo a propósito?
—No hay vasos, pero podemos beberla en la lata —dijo volviendo bastante alegre a mi lado. —Estoy agotada pero tengo tanta hambre que de verdad comería toda la noche.
—Podríamos comer hamburguesas más tarde —dije a modo de sugerencia.
—Amas las hamburguesas por lo que he notado —dijo acercándose peligrosamente a mí. —Sé hacer hamburguesas caseras. El otro día me puse a ver un canal de cocina y juro que perdí todo un día viendo recetas.
— Cocinarías para mí?
—Consígueme una cocina y lo hago —sonrió. —Te puedo invitar a mi casa y probarás mi comida. Dicen que cocino bien aunque recién me estoy adentrando a ese mundo de la cocina.
—Una cocinera amateur, encantado probaré.
—Edward, temriné con Jacob —dijo de la nada mientras sorbeaba su bebida. —No te lo había dicho porque no me sentía bien para hablar del tema.
—¿Quién terminó con quién? —pregunté interesado.
—Yo —dijo bajando la mirada y acercándose un poco más a mí, lo que me puso a alerta. —No puedo más.
—¿Con qué? — La miré perplejo.
—Eres tú el problema —dijo sin mirarme mientras sus mejillas se ponían coloradas. —Sé que soy una adolescente aún y que mis decisiones pueden ser poco serias a veces pero de verdad siento que es lo correcto.
—Creo que entiendo pero a la vez no —murmuré.
—Terminé con Jacob por ti, Edward.
—¿En serio?
—Sí, solo necesito un poco de tiempo —dijo tomando mi mano mientras ella observaba con detención la manera en que nuestras manos se acoplaban. En un movimiento rápido se sentó encima de mí y agarró mi rostro con ternura. —Creo que lo conseguiste, Edward.
—¿Estás diciendo la verdad? —pregunté mientras ella sentía sonriendo. —¿Quieres estar conmigo?
—Sí, y no me hagas arrepentirme porque soy mujer de una sola palabra —dijo antes de besar mi mejilla. —Quiero que esto resulte de alguna manera, solo necesito un poquito de tiempo para ordenar mi cabeza.
—Voy a esperar por tí, porque yo no quiero a nadie mas que tu —dije mientras la abrazaba con fuerza.
—Ow, Edward — Me besó con ternura solo rozando mis labios y tal como aquella vez fuera de ese bar sentí que esto era real amor. —Me gustas mucho.
—Ni te imaginas cuanto me gustas tú —dije sonriendo a más no poder, mi vida estaba completa.
—Quiero crecer contigo, Ed —dijo dejando su rostro en medio de mi cuello. —Quiero amarte, en serio.
—Yo ya te amo, Bella —dije sincerándome. —Sé que a veces te puedo asustar con lo que siento, pero de verdad lo hago. Te amo demasiado, Bella.
—Enséñame a amarte, Ed —dijo besándome otra vez con tanta dulzura que me estaba perdiendo con ella.
El timbre de la habitación sonó para romper ese beso tan especial.
Ese beso que había abierto un nuevo camino entre los dos.
—Creo que la comida llegó en un buen momento para celebrar —dijo levantándose para buscar la pizza.
—Celebrar que pronto serás mi novia… secretamente —sonreí.
Gracias por la lectura, chicas. De verdad ustedes son las que me animan a escribir, me hago el tiempo en lo posible para hacerles llegar un nuevo capítulo. Espero que les guste, Zafrina ya ha llegado a LA... Se nos vienen momentos decisivos... o quizás un poco de drama, ya veremos :D
Espero sus reviews, muchas gracias de antemano :)
