Nota Uno: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer, la historia es mía, mía, mía.
Nota Dos: Shiloh Fernandez es un actor norteamericano que actualmente es conocido por interpretar el papel protagonico en el video de Selena Gomez (The Heart Wants What It Wants), también aparece en películas como "La Chica de la Capa Roja" o "White Bird in a Blizzard". En mi historia, Shiloh no es un actor ni mucho menos una celebridad, solo es un chico común y corriente, pero quiero que lo imaginen a él al momento de nombrarlo.
Nota Tres: En una parte nombro a Jack como novio de Alice, y piensen que de verdad es Jack Standen, ya que Alice es Suzie en esta historia.
...
Ahora que no estás - Los Bunkers
Bassically - Tei Shi
Miéntele - Los Bunkers
Who Said To Return To You Was Wrong?
Edward
Que la vida daba vueltas.
Que eran las coincidencias.
Que lo que siempre fue tuyo volvía.
Ya no sabía qué pensar.
¿Debíamos volver?
Creía fehacientemente que sí.
No era mero enamoramiento o arrebato emocional.
Era una necesidad.
La necesitaba como nunca antes.
Ya no era como cuando tenía veintiún años en que sentía una enorme atracción física hacia ella.
Bueno, para que estamos con cosas, cualquier individuo se hubiese sentido atraído por ese par de ojos verdes.
Ahora con mucha más edad en el cuerpo ya no amaba solo sus ojos verdes, creo que la amaba de verdad, como se aman a las personas en serio.
Ya no me gustaba solo por la forma en que trataba de agradarme o por sus atributos.
Sino que es la conjunción de mujer que ella significaba.
No es un par de labios, de ojos o de pechos.
Es una mujer en todo su sentido.
Yo la amaba en todo su sentido, en toda su magnitud.
Porque era ella… era Bella.
Era la única Bella que mi corazón podría amar.
La única con que quería que mi piel se arrugase con el tiempo.
—¿Por qué estás tan pensativo? —preguntó mi… novia. Ahora odiaba tener que pensar en esa palabra y asociarla con su presencia.
¿En qué momento Bella se había convertido en la otra?
¿Si se suponía que era mi prioridad?
No sé qué tipo de sustancia maligna consumí para pensar que lejos de ella conseguiría la felicidad.
—No pasa nada —dije mirando el techo esperando que el desayuno llegara pronto a la habitación.
—Podríamos pasear por Los Angeles, hace mucho tiempo que no venimos aquí —dijo intentando acercarse a mí. —Juntos —añadió.
Giré mi cabeza hacia su lado y me encontré con esa cara de ternura que intentaba colocar cada vez que me quería convencer de algo.
Pero mi mente no estaba atento a su rostro.
Estaba atento al error que había cometido.
El día anterior había vuelto de la casa de Bella lleno de todos los recuerdos y pequeñas caricias furtivas que me hacían sentir enamorado otra vez.
Sentía que había vuelto un par de años atrás y que nada había cambiado.
Pero era solo una triste burbuja que duraba unas horas dentro de su casa.
Dentro de este secreto.
Al volver, Zafrina estaba en mi habitación esperando a que le diera una explicación referente a las fotografías con la chica misteriosa.
En qué mierda me había metido.
¿Por qué mi vida se había desordenado de tal manera?
¿De verdad era una persona tan influenciable?
Le explique que las fotografías estaban fuera de contexto, que no era nada más que un piloto para una audición.
La excusa del viaje era una audición para un nuevo papel.
Algo así como un viaje de negocios.
Ella no sabía que mi trámite tenía nombre y apellido… los cuales no me atreví a decirle.
Zafrina se creyó el cuento de la audición y pidió que nos quedáramos más tiempo a modo de vacaciones.
Sabía que era yo quien había cometido el error de que llegara hasta Los Ángeles, pero no tenía idea de cómo enfrentaría la situación de tenerla a ella en el mismo lugar que Bella.
Otra vez estaba haciendo las cosas mal, otra vez la estaba cagando enormemente.
Era un completo hijo de puta.
¿Podía seguir confundiéndome?
Una parte de mí creía que estaba mal seguir removiendo el cuchillo en la herida, ya no era oportuno volver a la vida de la chica que tanto amé solo porque ahora me había arrepentido.
Quizás debía comprender que cuando las cosas acababan era para siempre.
Pero Bella sentía lo mismo, y eso era lo que me impulsaba.
Yo debía estar con ella.
Debíamos estar juntos, y lamentosamente la conclusión era en que me había convertido en un cobarde.
Zafrina convencida por mi mentira, se abalanzó a mis brazos y me besó como si nada malo estuviera pasando, siendo que yo sabía que la trampa estaba más cerca de lo que ella creía.
¿Por qué no la detuve?
¿Por qué?
Ahora estaba siendo doblemente una mierda.
Aceptaba que ella se me ofreciera y yo no hacía nada.
Justo cuando convencía a Bella de que todo volvería a ser como antes, justo cuando habíamos pasado una linda tarde viendo el atardecer.
No me merecía volver a ella.
La noche había sido completamente negra.
Había vuelto a caer en los brazos de Zafrina sin pensar en que estaba causando más daño.
Cuando desperté me sentí nauseabundo al encontrar a mi novia acurrucada a mi lado, y lo más terrible es que mi celular albergaba el mensaje de texto que Bella me había enviado.
Iré a buscar a Bear por la tarde, estará en casa por si lo quieres venir a ver. XXXXXXX.
Debía tomar una pistola, pegarme un tiro y terminar con esto.
Solución definitiva.
—Debo ir a tomar aire —dije después de volver a la realidad cuando Zafrina seguía haciendo su cara de convencimiento. Acomodé las sábanas y salí antes de que sus brazos me agarraran haciéndome sentir más miserable que antes.
—¿Me vas a dejar sola? —repuso ella mientras se removía desnuda entre las sábanas.
—Sí, debo juntarme con unas personas para otro piloto de audición —dije tratando de evadir su mirada. —Estoy un poco atrasado —dije yendo directo a la ducha para sacar el pecado de la piel, aunque era imposible, la conciencia podía más.
La ducha no se llevó la culpa por más que lo quisiera, esto se sentía fatal.
Quizás debía hablar con Bella y decirle que todo esto era una mala idea, que era mejor a como estábamos antes y que si quería odiarme tenía todo el derecho.
Porque hasta yo me odiaba.
Pero quería verla.
Zafrina estaba recibiendo el desayuno cuando salí de la ducha, ella sabía que tenía un poder de convencimiento enorme y lo usaba como su arma.
Yo era un idiota que siempre caía, pero esta vez no podía, de verdad que no podía.
—Desayunemos, amor —dijo dándome un trozo de croissant en la boca.
—Sabe bien, pero debo irme —dije tomando la casaca que estaba sobre una de las sillas.
—¿A qué hora volverás? —dijo otra vez colocando esa morisqueta de perro mojado.
—No lo sé —dije sin más. —Te llamaré —dije dándole un beso fugaz en la frente de forma que no pudiera detenerme más.
Conduje rápidamente hasta la casa de Bella, mientras escuchaba una canción que me recordaba el matiz de esas tardes mientras nuestras pieles se alimentaban de la vitamina D. No era difícil que al cerrar los ojos recordara como sus piernas se enredaban con las mías mientras se agarraba a mí como si el viento se la fuese a llevar, apoyaba su rostro en mi pecho mientras hablaba sin parar de las cosas más simples de la vida.
Ella era de esos placeres simples de la vida.
El mejor souvenir.
Recordaba que a Bella se le daba muy bien hacer malteadas de frutilla cuando la temperatura se ponía odiosa, me decía que solo la esperara unos segundos ya que volvería con algo rico para refrescarnos. Yo me sentía todo un consentido, la verdad ella siempre me supo consentir hasta en el más mínimo detalle y Bella sabía que si todo comenzaba con comida era mucho mejor.
¿Por qué me cansé de esos momentos si los atesoraba tanto?
El portón de la casa de Bella estaba abierto, lo que me hizo creer que ella aún andaba en pijama por los pasillos de su hogar, algo que me incitó a llegar rápidamente a su lado.
Aunque no me lo merecía.
Toqué la puerta pero nadie respondía al llamado, solo los ladridos de Cole, quien parecía asustada por la insistencia de mis golpes.
Bella me había entregado una llave en caso de que viniera y necesitara entrar rápidamente, y aunque aún no quería abusar mucho con la confianza me permití usarla.
—¿Bella? — Llamé a su nombre apenas entré a la casa, pero solo recibí el efusivo saludo de Cole quien se lanzaba a mis piernas. —¿Tu mami no está? — Cole respondió con un ladrido como si comprendiera lo que le preguntaba.
Me puse a buscar a Bella en cada una de las habitaciones pero nada de ella, mis neuronas hicieron sinapsis y notaron que el auto no estaba, por lo tanto había salido muy temprano. Busqué algo para prepararme, un emparedado a modo de desayuno para después lanzarme a su cama y así esperarla.
Seguía pensando que no merecía arroparme con las sábanas que tenían su aroma.
Era un vil imbécil.
Las sábanas y la colcha estaban completamente desordenadas, y una camiseta suya estaba encima. La tomé entre mis manos y olí su aroma como un drogadicto, era tan suave y dulce, era para perderse, no quería nada más que a ella.
Pero no lo merecía.
Cole me dejó solo como si supiera que necesitaba un tiempo a solas en la habitación de la mujer que no me merecía. La habitación de Bella había cambiado mucho a lo que una vez tuvimos juntos en la casa de Los Feliz. Este lugar era espacioso y tenía mucho estilo, quizás había puesto de su propia cosecha para decorar, ya que había mucho de ella en los muebles y en la elección de los cuadros.
Bella podía ser muy sencilla, pero en cuanto a la decoración de una casa era muy minuciosa. Su cuarto tenía salida a una pequeña terraza la cual tenía un par de silloncitos y una pequeña mesita en donde habían apilados un buen par de libros. Salí motivado por la curiosidad de qué estaba leyendo, ya que ella tenía muy buen gusto en cuanto a la lectura. No obstante, los títulos de los libros fue lo que menos me importó cuando vi encima de ellos una pila de cartas que parecían recién leídas.
¿Cartas a Bella?
Sabía que esto era algo privado y que ya no era de mi incumbencia saber sobre sus asuntos, pero eran demasiadas cartas. Y ella nunca había recibido una.
Nunca le escribí una…
Hermosa Bella:
Creo que ya lo sabes, ya lo notas.
Me encantas.
Me siento agradecido de haberte conocido, agradezco de que tu bella presencia se haya topado conmigo.
Que nuestros rumbos se hayan cruzado.
Soy feliz cuando sonríes por algo de pequeña gracia, siempre tienes esa sonrisa a flor de piel.
Eres más risueña de lo que pensaba.
Eres completamente única.
Sabes que soy más cursi de lo normal, pero creo que a una mujer como tú hay que tratarla como tal.
Como el romanticismo antiguo, te entrego esta carta con lo poco y nada que puedo expresarte, porque sabes que lo que siento por ti es más grande aún para poder plasmarlo en el papel.
Espero que leas esta carta apenas te haya dejado en la puerta de tu casa, y que hayas sonreído como tanto me gustas que lo hagas.
Shiloh.
¿Y este sujeto quién era?
¿Bella había tenido un amor con alguien?
¿Bella me había cambiado?
¿Esto era actual?
Seguí leyendo las cartas que venían después.
Bella:
No quiero verte llorar más, ese hombre no merece tus lágrimas, quiero verte sonreír y te juro que me empeñaré en hacerte sonreír cada día.
Sabes que adoro tu sonrisa.
Y haré que la esboces siempre.
Te quiere, Shiloh.
No sé por qué la ira aumentaba, estaba que rompía estas cartas de una vez por todas.
¿Ese hombre era yo?
Era obvio.
Bella lloraba por lo que le hice, lloraba por el repentino cambio y el fin de lo bonito que teníamos.
Bella:
Adoro besarte cada día, y espero que sea algo que adores hacer todos los días junto a mí.
Me estoy enamorando profundamente de ti, es difícil no caer ante todo esto que estamos sintiendo.
Me mimas en todo, y no sé como agradecértelo más que con cuidarte y darte todo el amor que mereces.
Te quiero demasiado, tenlo presente, hermosa.
Shiloh.
Este sujeto estaba enamorado de ella, y estaba sanando las heridas de Bella.
Eso explicaba el hecho de que Bella nunca me buscó luego de terminar, nunca jamás hubo una señal de mí en ella en las apariciones públicas o en sus fotografías con amigos.
Creo recordar a un chico que siempre acompañaba a Bella, apareció muchas veces en público junto a ella pero nunca se vieron acaramelados.
Quizás era porque Bella sabía ocupar la privacidad a su favor.
Bella amaba la privacidad, ella no le vendía su imagen a nadie y podía amar tanto a alguien que quería tenerlo bajo su halo de seguridad.
Ella debía querer a ese chico.
Debió sentirse bien junto a él.
Él le dio lo que yo no pude.
Bella:
Te amo, Bella.
Y eso basta.
Lo demás lo sabes.
Quien te ama mucho, tu novio.
¿Se habían convertido en novios?
Bella tuvo un novio de verdad.
Y mi ira se acrecentaba.
¿Con qué derecho me enojaba?
La había dejado y en menos de un mes ya estaba con otra chica haciendo todo lo que nunca hice con ella, haciendo todo lo que con Bella odiábamos.
Bella estuvo enamorada de otro hombre.
Dejé las cartas en su lugar, no quería leer más, solo quería romper un par de murallas antes de pensar con la cabeza fría.
Debía sacar esa ira de mí antes de que llegase Bella y le dijera unas cuantas cosas.
¿Pero por qué sentía esto?
No tenía el misero derecho de reprocharle nada.
¿Habrán terminado hace poco?
¿O aún seguían en algo?
¿Por qué?
Me lancé sobre la cama de Bella para perderme en su aroma y buscar un poco de calma.
¿Pero y si esta cama la había compartido con él?
Agarré mi celular y llamé a Zafrina…
-o-o-o-o-
Bella
Me había despertado con Cole en mis brazos, la verdad sus lengüeteadas fueron las que me despertaron. Ella sabía como despertarme cuando moría de hambre, y yo no podía ceder ante sus pedidos.
Era una mañana fresca con un sol muy exquisito para salir a caminar temprano, pero caminar no era algo que pudiera hacer con facilidad en público. Pensé que lo mejor sería salir a buscar a Bear y a Bearnie si es que podía con los dos, así podía llamar a Edward para que los volviera a ver.
Le envié un mensaje de texto a Edward al tiempo que preparaba leche con chocolate. Comencé a tararear una canción que me recordaba a la tarde anterior con Edward, había sido todo tan melancólico, que si cerraba los ojos me sentía igual que en aquellos años cuando todo era paz.
No sé si era lo correcto, tampoco estaba muy segura de que funcionaría, pero soñar era gratis y me gustaba.
Me gustaba engañar a mi corazón.
Quería engañarlo hasta que todo fuera un hecho.
Me senté en la terraza de mi habitación mientras terminaba mi leche, tenía unos libros que hojear, los cuales Alice me había obsequiado después de su viaje a Nueva York junto a Jack. Comencé a leer las primeras líneas del primer libro cuando comencé a tener el recuerdo de alguien muy especial, el romanticismo del narrador era calcado al de aquel hombre que me amó sinceramente… al hombre que sanó mis heridas.
El hombre que no hace mucho tiempo había abandonado mi casa.
Shiloh era amigo de Alice, más bien era un ex compañero de la secundaria que por asuntos familiares se había mudado al estado de Washington. Luego de terminar la universidad titulado como arquitecto volvió a Los Angeles para construir una casa y volver a sus raíces, fue en ese entonces que para inaugurar el lugar hizo una fiesta a la cual mi amiga me arrastró para salir de la horrible depresión.
Alice siempre celestina me lo presentó para que no me fuera a esconder en un rincón, ya que últimamente me aislaba y no conversaba con muchas personas en las reuniones sociales. Pero este chico evadió que yo era un personaje público, me había tratado de la forma más normal, como una chica más.
Y eso, inevitablemente me cautivó inmediatamente.
Él se tomaba el tiempo de ofrecerme comida y tragos de la forma más amable, yo pensaba que lo hacía solo por aparentar, pero el chico de verdad era tremendamente gentil.
Desde esa noche, comenzamos a vernos más seguido en juntas con amigos o en salidas a la playa cuando todo el grupo se ponía de acuerdo para ir por el fin de semana a Malibú.
Edward quedaba en el completo olvido cuando Shiloh estaba conmigo, era otra Bella, completamente renovada.
Con el tiempo y con mucho esfuerzo, él me enamoró.
Había conseguido algo que yo daba por muerto.
¿Volver a enamorarme?
No, prefería ver a Edward con su novia eternamente mientras me podría en mi casa.
Sin embargo, Shiloh me hizo entender que debía crecer como persona y dar vuelta la página.
Que no estaba mal si recordaba de vez en cuando a Edward porque más que mal él había sido parte importante de mi vida, pero ya era parte del pasado.
Debía irse con el viento…
No pasó mucho tiempo después de conocerlo en que él tomó el valor para pedirme ser su novia, algo en lo que tuvo mucho que ver Alice y mis amigas.
Mi respuesta fue inmediata y sincera, de verdad sentía que debía crecer y una de las formas era comenzar a ser feliz con una persona que de verdad me quería y me ofrecía el mundo.
Lo admiraba, lo quería, era un complemento.
Me sentía contenta cada mañana porque tenía una razón para despertar bien, tenía ganas de compartir una cuota de mi corazón.
Aunque siempre mantuve a raya un lema que me había grabado en la cabeza después de Edward, no dejaría que mi felicidad dependiera de una persona.
Con Shiloh habíamos entablado una relación amorosa más madura, éramos seres distintos e independientes que se unían cuando lo querían, pero no éramos propiedad del otro por mucho que nos amaramos.
Ambos comprendíamos ese pacto, y nunca cambió la cantidad de amor que nos entregábamos.
De verdad lo amaba.
La herida en mi corazón se sanaba y comprendía que Edward era feliz con otra persona.
Lo había superado y eso me hacía corroborar que el crecimiento como persona existía.
Llena de todos esos pensamientos y recordando que hoy era el cumpleaños de Shiloh, me puse a leer sus cartas. Él era un hombre completamente enchapado a la antigua, que me escribía cartas como todo un señor Darcy.
Lo adoraba.
Me gustaba que cada mañana antes de irse a su trabajo me dejará debajo de la puerta una pequeña cartita, aunque fuese algo mínimo, lo escribía y lo dejaba cada día.
Fui juntando cada una de las dedicatorias en una pequeña libretita, pero hace unas noches las releí y luego las dejé entremedio de uno de los libros nuevos.
Leer sus cartas era revivir ese amor bonito que vivimos que a pesar de que duró un poco más de un año me hizo sentir como nunca.
Le tenía cariño a Shiloh, y por lo mismo sentía que debía ir a verlo.
Hace cinco o seis meses habíamos terminado, por lo tanto, el lazo aún existía.
Me convencía de que no estaba haciendo nada malo, él era como un amigo para mí y Edward no tenía nada que reprocharme ya que era él la persona que aún no terminaba su relación actual.
Ugh…
Como sea, me bañé, me vestí como siempre y fui camino a ver a ese amor que me hizo vivir.
¿Qué pasaba si me confundía al ir a verlo?
Edward y Shiloh eran muy distintos, por lo mismo confundirse era fácil.
Esperaba que no.
Solo iba a verlo como una amiga y nada más.
Necesitaba verlo.
Mi corazón de todas formas, le pertenecía a Edward y esperaba que él estuviera cumpliendo su palabra en este momento.
Sé que me odiaron después de esto u_u pero ustedes saben que debemos pasar por un poco de drama y algunos efectos adversos para llegar a la mejor parte, en esta etapa Edward habla muy retrospectivamente y reconoce los errores (aunque volvió a cometer uno), pero se da cuenta que echó a perder algunas cosas y que es ahora o nunca el momento para jugársela por Bella. Lo otro, y no menos importante, es que se conoce la historia amorosa desconocida de Bella mientras Edward estuvo lejos, ya que ella también tenía derecho de re hacer su vida.
Disculpen lo corto del capítulo, ya se vienen algunos más largos :) Espero sus comentarios, gracias por la espera y la paciencia, no saben cuanto se los agradezco.
XOXO~
