Nota Uno: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer, la historia es mía, mía, mía.
Nota Dos: Shiloh Fernandez es un actor norteamericano que actualmente es conocido por interpretar el papel protagonico en el video de Selena Gomez (The Heart Wants What It Wants), también aparece en películas como "La Chica de la Capa Roja" o "White Bird in a Blizzard". En mi historia, Shiloh no es un actor ni mucho menos una celebridad, solo es un chico común y corriente, pero quiero que lo imaginen a él al momento de nombrarlo.
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Who Said To Return To You Was Wrong?
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Una conclusión, una crónica de muerte anunciada.
¿Julieta? Julieta fue sabia porque siguió sin pensarlo a su amado hasta la misma muerte, ¿o era un estúpida por haberse suicidado? Quizás ella simplemente debía continuar con su vida, debía ser fuerte y no una debilucha. ¿Pero quién era yo para juzgar a la muchacha de Shakespeare? No es que me fuera a matar por Edward, sin embargo, sentía una cruel opresión en mi pecho que me tenía al borde de la locura. A veces, y muchas veces, pensaba que lo mejor era dejar esto hasta aquí. La vida nos había separado por algo, porque así debía ser pero si él había vuelto era porque el destino lo quería, ¿O no? Posiblemente podía ser mera obstinación de su parte.
Edward me podía jurar el cielo y la tierra por ahora, ¿pero le juraba lo mismo a su novia? ¿La quería? En el fondo debía hacerlo, en el fondo por algo se había refugiado con ella durante todo este tiempo. ¿O solo se quedó con ella para no sentirse solo? Las preguntas sin respuesta eran infinitas y solo Edward podía apaciguar la incertidumbre.
Cada día amanecía más dudosa que el día anterior, sobre todo desde que sabía que su novia estaba en Los Angeles. ¿Qué porquería de mierda pasaba por la cabeza de Edward al momento de invitarla? Era seguro que esto quedaría como una tragedia peor a la de Romeo y Julieta.
Mientras que las hojas de aquellas copas de árboles frondosas se reflejaban en el vidrio de mi auto meditaba sobre mi situación. Él, ella y yo... Creo que siempre tuve inclinación por los triángulos amorosos, solo que esta vez me tocaba ser una de las posibles partes perdedoras. Ya no era el trofeo a ganar, esta vez era Edward. Edward Cullen Masen, aquel hombre que conocí alrededor del año dos mil siete cuando aún era una niña. Una estúpida chiquilla que apenas estaba forjando su personalidad, que apenas estaba aprendiendo lo que era el amor. Jacob me enseñó la base y Edward me enseñó todo el resto... El resto de cosas que desearía tener hasta ser una mujer vieja.
Y en eso como nunca antes la ola de recuerdos se fue directo como un puñal en mi corazón para enterrarse hasta en lo más hondo, para abrir la llaga que sangraba sin parar. Mi corazón se sentía débil nuevamente, me sentía acabada y solitaria. ¿Por qué permitía dañarme a mi misma? Estaba dejando que la situación continue y devaste mi corazón, me estaba revolviendo los sesos. El dolor punzante desató unas lágrimas que más a pena supieron a desahogo.
Era la completa mujer envuelta en líos amorosos que nunca quise ser. Simplemente no podía obligarme a no amar a Edward
Y ahora iba directo a dañar a otro corazón, a buscar su consuelo. Y a prender velitas.
—¿Bella, qué estás haciendo aquí? — Diablos, ¿era legal ver a este chico abrir la puerta semi desnudo? Esperaba que no estuviera con otra chica. No le podía hacer eso a mi ego.
—Sí, soy yo —dije intentando hilar alguna frase coherente. —¿Estás ocupado?
—No, claro que no —dijo restregándose los ojos, parecía que lo había despertado en mal momento. —Creo que es muy temprano. —dijo.
—Son las diez de la mañana, una hora prudente para recibir a una vieja amiga, ¿o no? —dije bromeando con el mejor ánimo posible. —Quería ser la primera en decirte feliz cumpleaños —dije más nerviosa una vez que me concentré en su pecho desnudo. ¿Por qué no se tapaba el cuerpo?
—¿De verdad? —dijo mirándome con sarcasmo. —¿Por qué?
—Porque me acordé y solo quise venir, ¿o no quieres verme? — Bien, comenzar una conversación a la defensiva nos traería más que dolores de cabeza.
—Si quería verte —dijo con un tono de voz que estuvo lleno de ternura. Él todavía me amaba. —Entra, por favor.
—¿De verdad no te preocupa que esté aquí? —dije mientras pasaba lentamente por el umbral de su puerta.
—Bella, si crees que estoy con alguien la respuesta es no—. Tenía razón, él había leído mi mente. Su aspecto desordenado y semi desnudo me decía que estaba en la cama con alguien, pero solo era la apariencia porque en el fondo su rostro se veía como el de esas en que despiertas con la mayor flojera sobre tus espaldas.
—No estaba pensando en eso —dije cuando al fin me tranquilicé. Habíamos vivido un par de meses en su casa porque me encantaba estar en su espacio… en su guarida. Era un lugar espacioso, natural y que olía a canela. Amaba la canela. —¿Puedo darte mi abrazo de cumpleaños feliz?
—Deja ir a vestirme, creo que no estoy vestido para la ocasión— dijo al tiempo en que se marchó a su cuarto. El lugar seguía tal cual a como lo había dejado la vez que me marché, la vez en que le dimos término a nuestra relación. —¿Tomaste desayuno? —preguntó una vez que venía vestido con unos pantaloncillos y camiseta blancos. Igual que un maldito y jodido ángel.
—No —dije sin saber si sentarme, si abrazarlo por su cumpleaños o si lo mejor era irme de una buena vez. —Pero no te preocupes, iré a donde mi mamá.
—No es molestia que te quedes a desayunar, aunque si te culpo de despertarme tan temprano —dijo caminando hacia su cocina así que lo seguí.
—No te quejes, tampoco es tan temprano, flojo—dije apoyándome en la puerta de su cocina. —¿Harás algo para celebrar tu cumpleaños?
—No, viajaré —dijo mientras absorto preparaba el desayuno. Shiloh preparaba muy bien los desayunos, no solo se esmeraba en las comidas sino que también en decorar la bandeja para que no fuese una típica comida, sino que el mejor desayuno de la vida. —Viajaré a Nueva York.
—Mmm, Nueva York… ¿recuerdas cuand…
—Bella, no es sano que hablemos de momentos que vivimos juntos—. Está bien, estaba perpleja, estaba noqueada. —Sabes que te quiero más de lo normal.
—Yo también te quiero.
—Pero no de la forma en que yo te quiero, de hecho, no deberías estar acá. ¿Por qué viniste?
—Porque es tu cumpleaños y te quería saludar —dije intentando que mis brazos cruzados fuesen la defensa que en estos momentos la moral sentimental no me daba. —Me levanté muy temprano porque estaba desvelada y no sé por qué terminé leyendo algunas cartas tuyas, fue como una señal de que debía venir a verte.
—Agradezco que hayas venido pero de verdad no es necesario, chica misteriosa.
Otra vez estaba helada.
—¿Qué? — No podía ser que Shiloh supiera lo de Edward, esto era inaudito.
—Es obvio que eres tú, Bella —murmuró justo cuando comenzó a preparar el café en grano. —¿Por qué él volvería a Los Ángeles justo ahora?
—No era yo, de verdad —mentí.
—Bella, vivimos juntos mucho tiempo y recuerdo muy bien las cosas que te regale — Me miró con cautela esperando a que entendiera el mensaje. —Sé que el polerón que llevabas puesto era uno que te regalé—. Maldita sea.
¿Cómo se me pudo ir ese detalle?
—Yo… no sé qué decir.
—Da igual, era bastante predecible, Bella —dijo como si esto de verdad le doliera.
—¿Estás molesto? —Me atreví a preguntar acercándome lentamente a su lado.
—No sé, no sé, Bella —dijo suspirando fuertemente mientras quitaba la tapa del envase de manjar. —Hay algo que quiero preguntarte ahora que se dio este tema de conversación.
—¿Qué cosa?
—¿Qué tiene él que no tenga yo? — Si había algo que me atrapaba eran sus ojos, su sutil sonrisa permanente, yo no sabía si era necesario contestar esto ahora que me sentía embelesada.
—No seas infantil, Shi —dije para disipar la tensión. —Esa pregunta está demás.
—De todas formas has vuelto con él —dijo abriendo los demás envases con furia. —Lo besaste.
—Pero no hemos vuelto y tampoco sé si volveremos —dije haciendo que mi cabeza se revolviera. —Tenías razón, no debí venir.
—No te vayas —dijo agarrando mi mano antes de que me diera la media vuelta. —Tu no sabes lo que mucho que te he extrañado—dijo abrazándome. Solo me cobijé en su regazo, esto me parecía algo tan familiar, tan exquisito. —Solo quédate a desayunar, sin compromiso.
—Me quedaré —dije soltando su mano. —Hasta el mediodía, luego debo hacer trámites porque viajaré en dos días más.
—¿A dónde vas? —preguntó mientras volvía preparar el desayuno.
—A Francia —dije un poco más contenta. —Asuntos de trabajo.
—Siempre tan trabajólica, Bella —dijo sonriendo. —Adoro que seas una mujer tan independiente.
—Después de esos años sabáticos mi bolsillo necesita volver a trabajar —dije sonriendo, haciendo que sus labios también se curvaran. —¿Por qué vas a Nueva York?
—Voy a ayudar a unos primos en un negocio —dijo cediendo una taza de café. —Es probable que me quede allá.
—¿En la gran ciudad?
—Sí, tu sabes que me gusta mucho esa ciudad. Además, es un negocio muy rentable sobre hotelería.
—Tienes razón.
—Mmm, ¿Bella? —preguntó mientras se sentaba a mi lado sin mesura en la distancia entre nuestros cuerpos.
—¿Shiloh? —dije al momento en que bebí de mi café antes de dejarme caer por esos bellos ojos.
—Te juro que es inevitable no comenzar a preguntarte cosas ahora que estás acá. Nos vimos para el cumpleaños de Garret pero nada se compara a poder estar contigo a solas
—dijo agarrando una de mis manos. —Bella,déjame intentarlo.
—¿Intentar que, Shiloh?
—Re conquistarte. Sabes que te puedo hacer muy feliz, lo sabes —insistió. —Yo te amo, Bella.
—¿En serio me amas?
—¿Te cabe alguna idea? —preguntó mientras dejaba uno de mis mechones de pelo detrás de la oreja. —Sé que Edward es un fantasma para ti, pero déjame demostrarte que soy mejor que él.
—Shiloh... yo... bueno, no sé qué decir —dije soltando su mano.
—No es necesario que digas nada, por ahora —dijo para luego beber de su café y mirarme con intensa ternura.
—Shi, yo te quiero mucho y te juro que todo lo que vivimos y sentimos fue muy real pero debo ser sincera.
—Explicame —pidió.
—Que no te quiero hacer daño, no te quiero prometer algo de lo que ni yo sé.
—O sea que te quedarás con él —dijo más enojado que antes, su mirada ya no era tierna sino que triste.
—No he dicho eso, es solo que quiero ser muy objetiva y realista —dije a la vez que me incliné hacia él. —Eres importante para mí, por lo tanto tampoco quiero estropear nuestra buena onda.
—Me estás descartando sutilmente, Bella.
—No, no es eso, no me estás entendiendo.
—Entonces déjame demostrarte el amor que siento.
—No es necesario que lo hagas ahora mismo, Shiloh —dije mientras me acercaba más a él para poder transmitirle un poco de confianza.
—Entonces no seas cobarde y al menos dame una señal de algo bueno, si viniste hasta acá fue porque necesitabas verme. Leíste mis cartas y dijiste sentirte melancólica. Sé lo suficientemente mujer y dime las cosas de frente — Mi orgullo había sido tocado y odiaba quedarme sin la última palabra. Sin mediar en detalles me acerqué hasta alcanzar sus labios que sabían a café, lo que me llevó a continuar. Él respondió de inmediato y me agarró como si no quisiera acabar, era su presa.
—Ahí tienes tu señal, no me vuelvas a incitar —dije mientras me perdía en la voz de mi conciencia. Edward no se podía enterar de esto.
—Te conozco, Bella.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté dudosa mientras comía un panqueque.
—Estoy seguro que ahora te sientes culpable, y que por dentro ansias que te siga besando.
—Está bien, seré sincera contigo. La verdad estoy confundida, no sé qué hacer ni mucho menos qué camino elegir. Sé que cuando terminamos el problema seguía siendo Edward pero a pesar de todo yo te amaba porque me hacías sentir nueva, me sentía renovada. Creo que aún te amo, por lo menos ahora que estamos aquí siento una paz enorme... Siento que vuelvo a estar limpia.
—¿Entonces si te sientes bien por qué no te quedas?
—Porque Edward llegó justo en el momento más inapropiado. No sabía que vendría, no sabía que me buscaría para pedirme una segunda oportunidad. — Hice una pausa dolorosa. —No sé qué hacer, y de verdad mi actitud contigo es bastante egoísta.
—Puedo cargar con tu egoísmo si supiera que me vas a elegir —dijo dejando la cercanía de nuestros cuerpos para toparse con la vista desde su ventana. —Me encantaría poder meterme en tu mente y sacar pedazo de él que sigue en ti. — Me sentí peor al escuchar aquello. El infierno estaba hecho para mí.
—Shiloh, no te tortures más —dije acercandome hasta tocar el borde de su antebrazo. —No te tortures —dije mientras descansaba en su hombro.
—Pides mucho, Bella —dijo quitándose de mi lado. —¿Terminarás tu desayuno?
—Es mejor que parta, debo ir donde mi mamá —dije antes de que terminase cavando mi propia tumba.
—No te vayas tan rápido, dijiste que tenías tiempo aún —dijo con la esperanza a flor de piel. Si me quedaba lo dañaba, si me iba lo dañaba. De todas formas acabaríamos mal.
—Esto nos hace mal, no pensé que esto terminaría tan gris, solo quería decirte feliz cumpleaños.
—Quedate solo por un momento más, sé mi regalo de cumpleaños—. ¿Y cómo se supone que le iba a decir que no? ¿Cómo se supone que iba a elegir entre uno u otro, si los dos eran tan dueños de mi corazón?
—Me quedaré —dije volviendo a sentarme. Bebí nerviosamente el café ya helado observando como Shiloh se sentaba frente a mí cuando sus ojos brillaban débilmente.
El silencio se situó como un tercer acompañante trayendo la tristeza que no podía ser expresada mediante palabras. El filo de aquel cuchillo que me despedazaba en mil partes era el mismo que se estaba enterrando en el corazón del hombre que me miraba con tanta ternura. Terminamos nuestro desayuno sin decir palabra alguna, solo mereciendo el silencio que de seguro la reflexión hizo llegar. Reflexión que no tenía fin, que parecía no dejarme salir de este laberinto que me terminaría atrapando para siempre.
Terminé el panqueque con lentitud, mientras el tic tac de un reloj sonaba ahuyentando las ganas de hablar. Esto se volvió eterno y quejumbroso, comenzaba a doler. Mis piernas tomaban querían fuerza para salir corriendo y no tener que enfrentar todo esto. De no haber leído las cartas de Shiloh no habría venido, no me hubiera sentido nostálgica. Su dolor no hubiese despertado.
¿Quién es el héroe? ¿Quién es el villano?
Siempre el personaje podía ser claro en las tramas, completamente específico. Pero en mi historia parecía ser que todos queríamos jugar a ambos papeles. Bueno, quizás Shiloh no, quien no tenía culpa de nada, de verdad él era el único sincero que se podía quedar con el papel de héroe por siempre, incluso hasta de víctima de mis delitos.
Lo observé un momento más, el suficiente para sentirme más miserable, más menoscabada que hace unos segundos. Estaba arruinando su cumpleaños y su pobre corazón a causa de mi actitud egoísta. Estaba enviando esta historia a un abismo completamente oscuro, un círculo vicioso que no quería acabar y que solo estaba dañando nuestras almas.
—Te estaré llamando para saber cómo va tu viaje en Nueva York —dije antes de salir por la puerta de su casa. —Espero que todo salga bien.
—Espero lo mismo por tu viaje —dijo cuando su cálida mano se posó en mi mejilla. —Cuidate.
—Lo haré —dije sonriendo y dándome la vuelta rápidamente para correr hacia mi auto.
Encendí el motor con rudeza, como si el sonido fuese una razón audible para borrar mis pensamientos. ¿Y si dejaba hasta aquí lo de Edward? Es cierto que seguía sintiendo emociones fuertes por él, como si mi venus y su marte estuviesen siguiendo la misma órbita. Como si ese amor de hace un par de años fuese nuestro satélite. Pero eso era mucho menos cuando pensaba en su nueva vida, tenía a alguien, tenía una mujer que también merecía respeto y no ser humillada como en las típicas rupturas. Y estaba Shiloh… un completo príncipe moderno.
—Hola, mamá. Creo que llegaré antes a tu casa, tuve un cambio de planes —dije mientras conducía.
—Genial, hija. Tengo una exquisita sopa de espárragos —dijo entusiasta. —¿Vienes sola?
—Sí, ¿con quién más andaría?
—Con… ¿Alice? —dijo colocando ese tono de voz acusador. —¿O con Edward?
—¿Con Edward? ¿Qué dices, mamá? —dije un poco enojada, ¿cómo se había enterado de esto? ¿O quizás quería sacarme a verdad a través de una mentira?
—No sé, solamente pregunto, Bella —dijo. La imaginé poniendo esa sonrisa de ay yo no sé nada.
—No tengo nada que ver con Edward, mamá. Si está en Los Angeles no tiene que ver conmigo —dije mientras esperaba a que la luz roja diera a la verde en el semáforo.
—¿Entonces no eres la chica misteriosa?
—¿Chica misteriosa? No sé de qué hablas y no soy esa chica —dije subiendo el tono de mi voz. Aceleré por la avenida rápidamente, debía estar en casa de mamá pronto y acabar con este tema.
—Espero que me estés diciendo la verdad. Sería muy estúpido de tu parte volver con él luego de todo lo mal que lo pasaron ustedes —dijo colocándose más melancólica, como si ella hubiese sufrido tanto como yo. —Sería tormentoso.
—Sí, lo sé —dije mofandome. —Sería estúpido, ¿cierto? — Quizás lo era, quizás todo esto estaba mal.
—Mmm, siento que me sigues ocultando algo, Bella.
—No, mamá —exclamé.
—Está bien, ya tendremos tiempo de conversar mientras almorzamos.
—Sí, sí, mamá. Nos vemos —dije mientras rodaba los ojos.
Maneje hasta que me encontré con su casa, justo en el momento preciso para recordar que vería a mis perros luego de un par de meses sin verlos. Edward no me había dado ninguna señal de vida luego de avisarle por la mañana muy temprano que iría en busca de Bear y Bearnie. Quizás no era prudente que los viera, al menos eso creía ahora que estaba por verlos y por sobretodo luego de la visita a Shiloh.
—Bella —exclamó mi mamá al verme salir del auto. —Estás más delgada, eso no me gusta.
—No he bajado de peso, mamá —dije mientras me dejaba abrazar por sus alocados brazos de pulpo. —Siempre piensas que como poco.
—Ahora si que comerás, aunque te rehuses —dijo guiándome hacia la casa. —Recordé que en dos días te vas a París.
—Sí, Alice me acompañará —dije más alegre. Era hora de dejar de hablar del lío amoroso, más cuando mamá no sabía nada de Edward.
—Qué bueno, un viaje de vez en cuando siempre hace bien para pensar mejor las cosas —dijo haciéndome entrar a la casa, cuando aparecieron Bear y Bernie como me hubiesen estado esperando obedientemente en la sala.
—Mis bebés, ¿cómo han estado? —dije mientras abrazaba a mis perros. —Los extrañaba, ¿saben?
—Creo que ellos también te extrañaban —dijo mamá. —De hecho, a veces se quedan mirando atentamente una fotografía tuya que tengo en la mesa de dormitorio. Te adoran, Bella.
—Al igual que yo a ellos —dije apretandolos como si no pudiera más de amor. Lamían mis manos y mi cara igual de desesperados que yo.
—Podrías llevartelos a casa luego del viaje —sugirió mi madre poniendo en cuclillas al lado mío. —Sería bueno para ellos y para ti. A veces por mi trabajo se quedan mucho tiempo solos.
—Tienes razón, de hecho quiero llevarlos un rato a pasear —dije, esperando que Edward fuese el más contento con aquello. —Luego de almorzar tu exquisita comida, mamá —dije al ver la cara de mamá.
—Me parece muy bien, hice un filete de carne que te encantará. Lo he sazonado con unos aliños muy extraños pero muy ricos. Te gustará — dijo levantándose. —Ve a lavarte las manos.
—Está bien, mamá —dije como una pequeña niña. —Quédense aquí, niños —dije hacia mis perros a modo de instrucción.
Aproveché de ver mi celular por si tenía alguna señal de vida de Edward, pero nada. Decidí que lo mejor era llamarlo mientras aprovechaba de ir al baño del segundo piso para alejarme de la curiosidad de mi madre. El ring ring sonaba sin parar pero él no contestaba, quizás tenía su celular en silencio, o estaba tratando de esconderme de su novia. De su novia…
Me lavé las manos demorandome más de lo normal, esperando que al volver a marcar su número él me pudiera contestar.
—¿Bella? — Era una voz femenina, una voz femenina, una voz femenina… no podía dejar de pensar en eso. ¿Era ella? —Soy Rosalie.
—¿Rosalie? —pregunté con miedo. Aún no tenía la seguridad de si le caía bien o mal.
—Sí, tengo el celular de Edward porque salió con su… con Zafrina —dijo como si se sintiera mal en contarme aquello. —Parecía enojado.
—¿Enojado por salir con ella?
—No, fue extraño. Salió muy temprano por la mañana y al volver estaba enojado. Agarró a Zafrina como si fuera una cosa —dijo preocupada. —Se veía ofuscado.
—Qué extraño —dije dubitativa. —Habíamos quedado en juntarnos por la tarde para que viera a los perros.
—Dudo que se vean, Bella —dijo como si estuviese triste. —Tanya habló con Zafrina y ella le dijo que pasarían el día en la playa.
—¿En la playa?
—Sí, siento tener que contarte esto —dijo. —Además creo que Edward dejó su celular a propósito acá.
—Qué extraño —dije un poco sensible. ¿Acaso había hecho algo? —Dile que si puede me llame cuando llegue.
—Está bien —dijo más calmada. —Es extraño volver a hablar contigo, luego de haber dicho tantas cosas sobre ti.
—No te preocupes. Luego de la aparición de Edward creo que me puedo esperar muchas cosas.
—Es verdad —dijo riendo. —Lo siento, Bella.
—No te preocupes, ya es tema pasado.
—Le diré entonces a Edward el recado, espero que estés bien —dijo amablemente.
—Digo lo mismo, y gracias Rosalie —dije un poco cohibida. Era extraño sentirme del mismo bando cuando ella me odiaba con toda su alma.
Mire mi celular como si este pudiese explicarme las razones que tenía Edward. Su novia parecía ser la prioridad y solo reafirmaba que por la boca muere el pez… yo también moría en este caso. ¿Estábamos a mano? No lo sé y lo peor es que objetivamente es como si estuviéramos poniendo la mejilla al mismo tiempo para dañarnos.
Decidí pasar todo el día en casa de mi madre en vez de llegar a martirizarme durante todo el día a solas, no quería volver a esos días en que la pena me envolvía y no me dejaba escapar de la cama. Madre comentaba sin darle respiro a su lengua sobre los viajes que quería hacer luego de terminar su reciente proyecto de cine y de que si quería me fuera con ella. No sería malo, sería bueno para mi salud mental. Sería bueno para ponerle freno a mis últimas decisiones de adolescente que al parecer no me llevarían a ningún buen rumbo.
Cuando la noche cayó preferí volver a casa. Mi cuota de amor y ternura había sido saciada con mis perros y creo que debía preparar todo para el viaje antes de hacer las cosas a último momento. Mientras conducía mi celular dio señales de vida... el hombre de la razón inconsecuente se hizo presente.
—Hola, Edward —dije alegremente, haciendo como si no supiera nada de nada. —¿Cómo estás? —pregunté con entusiamo exagerado y fingido.
—Hola —dijo con pocos ánimos. —Supe que me llamaste.
—Sí —dije volviendo a mi real ánimo. —Hablé con Rosalie.
—Estaba ocupado —dijo dejando un silencio enorme entre nosotros dos.
—¿Pasa algo, Edward?
—Sí, Bella —dijo con seriedad. Se venía algo malo. —Me voy.
—¿A dónde vas? —pregunté mientras el corazón se me apretaba. —¿Te vas del hotel?
—Me voy a Europa, Bella —hizo una pausa. —Para siempre.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunté alarmada al borde de las lágrimas. —¿Hice algo que te haya molestado?
—No fuiste sincera.
—¿Perdón? ¿Qué no fui sincera?
—¿Por qué no me contaste que tuviste un novio? —preguntó escupiendo sarcasmo. —¿Por qué me lo ocultaste?
—No era necesario que lo supieras, es algo que ya pasó —dije rápidamente. —Además, ¿cómo te enteraste?
—Eso no importa, Bella. No me dijiste la verdad.
—¿La verdad? Está bien, si quieres la verdad hablemos claramente. No fui yo quien de un día para otro dejó esta relación, no fui yo quien comenzó a salir con la primera persona que encontró en el camino. No fui yo quien pasó todo el día en la playa con su novia mientras le promete a su ex que volverán a ser lo de antes —hice una pausa para poner firme mi voz. —Sé que he fallado en muchas cosas, pero tal y como tu pudiste también tenía derecho a rehacer mi vida, y no lo hice apenas te dejé porque no me sentía bien para comenzar algo con otra persona. Ese chico me quiso de verdad, no me hizo daño, por fin me sentí bien luego de sufrir tanto por dejarte. Tenía derecho más que nadie a seguir mi vida, ¿o querías que te llorara un río hasta que me vieras caer en un hospital psiquiátrico?
—Como sea, esto no va a funcionar, no va a funcionar —dijo.
—No tienes nada que reprocharme, Edward. Si quieres irte pues andate, jurale amor eterno a esa mujer y espero que le cuentes la verdadera razón por la que viniste a Los Angeles.
—No te incumbe lo que le cuente o lo que no.
—Tú estás hablando de sinceridad, sería bueno que lo apliques —dije con rabia, la ira me embargaba y las lágrimas salían como una llave abierta. Edward cortó la llamada, lo que me hizo lanzar mi celular lejos en los asientos traseros. Lo odiaba y me odiaba por dejarlo entrar en mi corazón otra vez, por permitirle hacerme daño.
—No dejarás que un hombre te vuelva a dañar, Bella, no lo permitirás —me dije a mi misma mientras aceleraba para llegar a mi casa y lanzarme a mi cama. —Maldito, Edward.
Sería una buena noche para una botella de alcohol.
(CURSIVA) Dos días después...
—Bella, no tengo el dinero suficiente para vivir un mes en París —dijo Alice mientras lanzaba nuestros bolsos al auto de mi guardaespalda. —No puedo, Bella.
—Si puedes, pagaré todo —dije rodando los ojos. —Solo acompáñame, será mitad trabajo y mitad placer.
—¿Y Jack?
—Para eso y mucho existe skype, amiga —dije con mi mejor sonrisa. —Vamos, sube al auto.
—Es complicado decirte que no, Bella —dijo a regañadiente subiendo al auto.
—Lo sé, me quieres tanto que debes viajar conmigo —dije cuando estuve a su lado lista para partir.—No quiero estar sola todo ese tiempo.
—Pero tu trabajo solo es de dos semanas, ¿para qué un mes?
—Necesito despejar la mente, Alice —dije mirando mi celular para enviarle un mensaje a mamá. —Sabes que lo de Edward me dejó un poco triste.
—Nunca pensé que se terminaría arrepintiendo, es una pena, Bella —dijo sobando mi brazo.
—Mmm, sí —dije suspirando. —No hay nada que hacer, solo echar al olvido.
—Podrías darle una oportunidad a Shiloh, es un buen momento, Bella.
—No quiero hacer nada con respecto al amor por ahora —dije dejando a un lado mi celular. —Cuando haya pasado este mes completo sabré hacia donde ir.
—Tienes razón —dijo para después quedarnos en silencio.
Pensaba en todas las circunstancias de los últimos días. Era como si me hubiesen lanzado polvos mágicos que me hicieron creer que una historia de princesas llegaría a mi vida. Pero vamos, los cuentos de hadas no existían. Edward era parte de mi crecimiento y en eso quedaría, y aunque el odio se quedaría en mí por un largo rato me dejaba con la tranquilidad de que se arrepintió antes de dañarme más otra vez.
—Nuestro vuelo sale en media hora —dijo Alice cuando ya llevábamos un rato sentadas mientras nos bebíamos un café con vainilla. —No conozco París, ¿sabías?
—¿No? Estaba segura que habíamos ido una vez —dije con pocas ganas. —Ahora te maravillarás. Podrías llevarle un regalo a Jack.
—Quizás una buena lencería francesa —dijo subiendo sus cejas. —Podrías hacer lo mismo para Shiloh.
—No seas ridícula, Alice.
—No niegues que sentiste cosas por él cuando lo fuiste a ver —dijo aún moviendo esas delineadas cejas. —Es como la parte buena de Edward.
—No arruines esto con él —dije fulminandola. —No hablemos de él, por favor.
—Está bien, doña enojona. Mejor subamos a ese avión que nos llevará a la ciudad de la luz —exclamó contenta, mientras yo sonreía con pocas ganas. Pronunciar su nombre era recordar que estuvimos a punto de volver, a punto de vivir una tercera parte de esa historia.
Qué amor más fragmentado.
Hice mecánicamente cada uno de los pasos antes de llegar a la pista para subir al avión. Esto era una aburrida rutina de mis viajes por trabajo, como decían "los gajes del oficio". Mientras caminaba a paso seguro por el suelo de alfalfa pensaba que mientras más avanzaba a ese avión más me alejaba de esa mala historia de mi vida, a ese fragmento de amor que quedaba… que tan rápido se consumió.
Subimos las escaleras y tuve la reacción inmediata de taparme la cara cuando la gente comenzaba a murmurar mi nombre.
—Qué tenga un buen viaje —dijo la chica que nos recibió en la puerta. Solo asentí con la cabeza de manera cordial para luego tomar la mano de Alice y guiarla rápidamente a nuestros asientos.
—Por favor, déjame ir en el asiento de la ventana —dijo Alice saltando… para variar.
—¿Para qué? Solo verás mar, Alice.
—No seas aburrida, el mar puede ser muy bello.
—Como quieras, niña Alice —dije dejándola pasar a su asiento. Acomodé mi bolso de mano junto al de Alice antes de sentarme para encender mi ipad.
—Ya te encerrarás en tu mundo —dijo Alice quitándome los audífonos. —Por favor, compartamos música.
—Está bien —dije. —Un audifono tu, un audifono yo. —Abroché mi cinturón y mientras sonaba Belle and Sebastian esperábamos a que el avión comenzara su odisea.
—Amor, siéntate ahí —dijo el hombre al otro lado del pasillo que nos separaba. —¿Quieres un calmante?
—No, está bien —le respondió la chica a su novio. —Podrías sentarte, eso me calmará. —Mujer demandante, pensé.
—Cariño, de verdad puedo pedirle a la azafata que nos traiga una píldora —dijo aquel hombre con mucha preocupación.
—De verdad, no es necesario, solo abrazame —dijo ella. Rodé los ojos mientras jugaba con el esmalte desgastado de mis uñas.
—Está bien, mi amor —respondió él, a lo que supuse que accedió a las órdenes de su chica. Una parte de mí se enterneció, recordando nuestros viajes con Edward, cuando me permitía descansar entre sus brazos. Cuando nos quedabamos dormidos bajo la misma manta.
Saqué la botella con agua mineral para quitar la sed, para luego permitirme ver la escena de amor de aquella pareja que estaba a mi lado… solo para torturarme un poquito.
—Mierda —dije al atragantarme con el agua que estaba bebiendo.
—Bella, ¿qué pasa? —dijo golpeando mi espada con fuerza. —Levanta los brazos —dijo ella. Yo mientras me ponía más roja y comenzaba toser nerviosamente.
—¿Se siente bien, señorita? —dijo la amable auxiliar de vuelo que llegó tan rápido como Flash.
—Ejem, sí… ejem… —dije aún tosiendo mientras con mis ojos vidriosos podía observar la mirada culpable de Edward.
¿Tan mala era para merecer esto?
—Diablos, Bella, es Edward —susurró Alice a mi oído.
—Creo que debo ir al baño —dije intentando zafarme del cinturón.
—Señorita, el avión está por despegar, será mejor que luego vaya al baño —dijo tomandome desde el hombro para calmarme.
—Ejem, está bien —dije un poco más tranquila, pero aún con la mirada nublada por unas lágrimas.
El motor del avión hizo de las suyas y mis piernas se pegaron a mi cuerpo cuando la herida de mi corazón se habría descabelladamente. Volví a mirarlo y solo pude descifrar dos cosas: la mirada de culpa de Edward y lo zorra que podía ser ella.
SIENTO LA ENORME TARDANZA EN ACTUALIZAR, PERO LAS OBLIGACIONES SI QUE SABEN COMO OCUPAR TODO MI TIEMPO :( GRACIAS A LAS QUE SIGUEN ESPERANDO FIELMENTE, GRACIAS ENORMES COMO SIEMPRE. SE QUE ODIARAN A EDWARD EN ESTE CAPITULO, PERO YA SABEN, HAY QUE PONER PIEDRAS EN EL CAMINO PARA CONTAR UN FINAL FELIZ.
ESPERO SUS REVIEWS.
¡SALUDOS!
