Nota de autora: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer, la historia es mía, mía, mía.

.

Who Said To Return To You Was Wrong?

.

Playlist

Don't Speak - No Doubt

Sorry Seems To Be The Hardest Word - Elton John

La despedida - Fito Paez

Unintended - Muse

Lovesong - Adele

Jealous - Labrinth

Con Suavidad - Los Prisioneros

Una flor y un vestido - Fito Paéz

Edward

Sesenta centímetros de alfombra de felpa color gris que nos separaba, un pasillo y humanos casuales que se interponen. Su aroma se colaba en mis narices llegando a mis entrañas para doler, como miles de cristales enterrándose hasta hacerme sangrar. Podía palpar en el aire el destrozado sentimiento que albergaba ese pequeño corazón, aquel que me había adoptado por tantos años y que se volvió abrir para divagar en oportunidades. Decisiones erradas, sentimientos impulsivos y un amor pasado que me llevaron a volver a la ciudad donde la amé, donde siempre quise echar raíces. Lástima que la valentía la había dejado en casa porque la cobardía no hacía nada más que meterse en mis sesos.

—Deberías pedir algo para comer, tengo hambre —dijo Zafrina restregando su cabello sobre mi hombro como si quisiera pegar su cuero cabelludo para nunca despegarse.

—Pidelo cuando pase alguna auxiliar —dije mientras observaba como mis nudillos se colocaban blancos como la nieve. Pálidos como los tobillos de la mujer que sufría al otro lado del pasillo.

—No seas distante —dijo mi novia un poco más seca. —No te cuesta nada.

—No quiero comer, solo pídelo tú —dije intentando calmar la rabia. —Tienes voz y lengua para hablar y pedir lo que quieras.

—¿Qué te pasa? —dijo ella evitando ladear la mirada hacia donde estaba Bella. —¿Es por ella?

—Es por una cosa de respeto —dije intentando zafarme. Ya me sentía bastante asqueado para seguir con el jueguito de novio prodigio en frente a los demás.

—No entiendo qué le debes a ella para comportarte así —dijo alejandose de mi para acomodarse mejor en su asiento. —Lo de ustedes terminó y es algo superado, no debería importarle si te ve conmigo.

Claro, superado.

—Hola, ¿necesitan algo? —dijo una de las auxiliares mirando con bastante atención mi rostro. De seguro debía pensar que esto sería el chisme del año al estar Bella en un lado y yo en el otro junto a mi novia.

—Sí, quiero un aperitivo —dijo Zafrina.

—¿No crees que es un poco temprano? —pregunté enojado, necesitaba una razón para salir de este asiento.

—Necesito distracciones —dijo ella mirándome a los ojos con molestia. —Quiero algo fuerte, por favor —dijo esta vez dirigiéndose a la chica del avión.

Bufé hastiado de la situación mientras de reojo miraba a ese ovillo de mujer que estaba en el asiento de al frente. Alice escuchaba música muy contenta como si intentase transmitirle esto a Bella, pero esta última solo seguía en la misma posición desde que nos vimos. La conocía bien, estaba pensando en cómo actuar frente al estrés que esto le estaba provocando, ella estaba buscando una salida de la misma forma en que yo quería hacerlo.

Pensé en levantarme de mi asiento y encerrarme en el baño hasta que este viaje terminase, pero obviamente alguien querría sacarme a patadas del cubículo, y sería un nuevo acto de cobardía. Pensé en acercarme a Bella y pedirle que conversaramos en algún asiento libre, aunque Zafrina sería capaz de hacer un escándalo de aquellos haciéndonos aparecer al día siguiente en la primera plana del periódico. Estaba atascado en mi propia mierda, no tenía escapatoria más que sentirme culpable por lo que había hecho. Por su dolor y mi dolor.

Dispuse a mi cerebro a levitar en la nada, a pensar en blanco para quedar dopadamente dormido. Necesitaba no sentirme en este lugar por un momento, un onírico escape. Bella hablaba suavemente al otro lado del pasillo diciendo algo de que quería beber un café bien cargado, una simple necesidad que en mis oídos sonaba como cantar de angeles. Me sentía medio drogado cuando la escuchaba, quería que me cobijara en sus brazos y que solo comenzara a hablar lo que se le ocurriera para poder derretirme en ella.

Ya estaba entrando en un sueño profundo aunque su voz jamás se iba de mi mente, era solo como si tuviera los ojos cerrados y el cuerpo muy liviano. Bella Swan era una especie de droga que por más que quisiera dejarla me producía síndrome de abstinencia… nervioso, tembloroso y ansioso, solo la necesitaba cerca.

—¿Podríamos cambiar de asiento, Alice? — le preguntó Bella a su amiga, claramente sentía que mis pensamientos ya eran gritos. Mi cabeza sin querer estaba en su dirección.

—No, me gusta mirar el cielo —respondió Alice. Doña Celestina.

—No seas así, siento que Edward no para de mirarme —dijo Bella.

—No te está mirando, Bella, está durmiendo —le dijo Alice a Bella. Supuse que ese era el momento en que Bella se voltearía a mirarme. ¿Abría los ojos o seguía en este estado de pseudo coma?

Mantuve mis ojos cerrados esperando a que ella se hubiese dado vuelta solo un segundo a observarme. La razón no me gobernaba siempre y mis músculos oculares no le hicieron caso así que abrí los ojos justo cuando me encontré con el verde esmeralda de los suyos.

—Oh —exclamó ella y volvió a colocarse en posición fetal como si mi rostro la hubiese asustado.

—Bella —susurré esperando que prestara atención a mi llamado. Me volteé a mirar a Zafrina pero se estaba quedando en el séptimo sueño luego de ese fuerte trago. —Bella…

—Bella, iré a buscar algo de comer o a buscar revistas, no sé. Iré a ver el cielo de más de cerca —dijo Alice cuando notó que yo le hablaba con súplica a Bella. Alice era extraña, a veces me odiaba y a veces me adoraba, pero siempre era intuitiva y creo que si se estaba yendo es porque suponía que este era un buen momento para hablar.

—Alice, no te vayas —dijo Bella en un tono quejumbroso. Alice hizo caso omiso al pedido de su amiga y se deslizó por el pasillo con facilidad hasta desaparecer. Sin pensar mucho ni realizar mucha sinapsis, me traslade al asiento contiguo a Bella. —No es bueno hablar aquí.

—Es mucho mejor hablar aquí, Bella —dije acomodandome mientras observaba cómo me evitaba la mirada. —Podemos hablar con calma.

—Hay muchas personas, vuelve a tu lugar que alguien te espera —dijo con terquedad. —Creo que ya dejamos las cosas muy claras durante la última vez que hablamos por teléfono.

—No, solo discutimos y fui un idiota.

—Creo que es la quinta vez que te escucho decir que te das cuenta que eres un idiota, parece que es algo crónico —dijo esta vez mirándome con acidez. —Tus cambios de ánimo me dan tortícolis.

—Estoy completamente trastornado, lo sé —dije apesadumbrado.

—¿Vas a viajar a Francia? —preguntó aún enojada. —¿Me martirizas más viajando con tu novia?

—No sabía que viajarías hoy, Bella —dije con la mayor tranquilidad posible. —Solo haré escala en Francia.

—¿Vas a ver a tus padres? —preguntó otra vez ácidamente.

—Eso iba a hacer, hasta que te vi —dije acercándome un poco más a ella. —Quizás te siga hasta París.

—No, si vine hasta acá es porque debo trabajar y sacarte de mi mente de una vez por todas —dijo volviendo a colocar sus brazos alrededor de su estómago. —No es necesario que sigamos conversando cuando las cosas quedaron claras. No necesitas perseguirme para hacerme creer que esto iba a funcionar, que te sentías arrepentido y a la vez muy seguro de que podíamos volver a ser lo de una vez.

—Estoy actuando como un inmaduro, lo sé —dije alejándome otra vez. —¿Acaso no puedo equivocarme? ¿Por qué debo ser solamente yo el ogro de la historia?

—Puedes errar toda tu vida si quieres, pero conmigo ya no —dijo con seriedad mirando la punta de sus zapatillas. —Es tiempo de que demos vuelta la página, Edward.

—No, no es tiempo de que cerremos el libro, Bella. Es tiempo de que demos el siguiente paso, dejemos el miedo, dejemos las estúpidas peleas.

—¿Las estúpidas peleas? — Bella quiso decir esto con fuerza, pero la multitud le hizo retraerse. Era bueno que estuviéramos en medio de mucha gente. —Te enojaste porque descubriste que había estado con alguien después de ti. Lo merecía, estaba en mi derecho al igual que tú.

—Sí, lo estabas. Pero me molesté porque me lo negaste cuando pregunté si alguien había sanado tus heridas. Sentí que si algo tan simple como eso estabas ocultando no sería bueno seguir. Me tomo de mal humor saber eso, lamento haberte gritado. Fue un simple mal momento.

—Pensé que no era necesario hablar de eso, Edward —dijo volviendo a mirarme. —Pensé que si lo ocultaba tendríamos menos problemas, pero de todas maneras no es algo que no podía hacer. Tu te fuiste, encontraste a alguien y él me sanó.

—¿Te sanó? —pregunté con un nudo en la garganta. Suspiré. —Tienes razón, debemos dar vuelta la página. Al menos cuando me dices que alguien te hizo mejor que mi mierda de reacciones creo que tienes razón. Y aún así, en el fondo siento que te amo.

—Diablos, Edward —dijo relajando un poco las piernas. —¿Por qué nos hacemos esto?

—Porque debemos estar juntos.

—¿Después de todo esto? ¿Después de ella? —dijo volteando hacia el lugar de Zafrina. —¿Crees que si vamos a estar juntos todo lo de alrededor se terminará?

—¿A qué te refieres?

—Es obvio que ella sería capaz de seguirte hasta el fin del mundo con cosa de captar tu atención, la prensa estará afuera de mi casa todos los días, tu familia y la mía posiblemente estén en desacuerdo con esto.

—¿Y te importa todo eso? —pregunté un poco más esperanzado.

—No sé, en parte sí me importa, no te lo voy a negar —dijo volteandose mejor hacia mi lado. —Te dije una vez que me da miedo todo esto.

—Lo sé, pero aunque tengamos a la prensa otra vez encima juro que no te voy a esconder más, necesito que el mundo entero y si es posible el universo entero sepa que eres mía —dije para que ella pudiera al fin desplegar una pequeña sonrisa.

—No digas esas cosas —dijo manteniendo la sonrisa. —Quizás es momento de que vuelvas a tu asiento.

—No quiero, a menos que llegue Alice —dije reclinando el asiento. —¿Dónde te vas a hospedar?

—En el hotel de siempre. — El hotel de siempre, ese hotel… ese hotel.

—Puedo ir a visitarte entonces —dije sin más preámbulo.

—¿Lo dices en serio? ¿De verdad vas a dejar que ella se vaya sola a Londres? ¿Luego de ese espectáculo de buen novio que hiciste al comienzo?

—Sí, aunque te parezca ilógico y poco consecuente de mi parte.

—Sería más fácil que vayas a Londres y te quedes allí, estoy segura que tu familia te extraña —dijo mientras sacaba su celular de su bolsillo.

¿Cómo la convencía?

—Tengo una idea, solo espera un par de días.

—¿Por qué debería creerte esta vez? —dijo prestando mucha atención, quizás hasta con un poco de sarcasmo. —Responde con una simple palabra la razón por la cual debería creer que esta vez no te vas a acobardar.

—Porque te amo.

—Es tan fácil decirlo, Edward —dijo volviendo la atención a su móvil. —Quizás todo este tiempo fue solo una buena actuación, de ser así te felicito.

—Sé que no me vas a creer tan fácilmente pero te demostraré que sí es verdad —dije tratando de sonar lo más convincente posible, esta vez solo las palabras podían salvar la razón. Increíblemente solo los hechos podían serlo, como siempre tuvo que ser. —Solo dame un par de días. Resuelvo esto en Londres y volveré a buscarte.

—No puedo irme por al menos en dos semanas de acá —dijo sin mirarme. —Es mejor que solo te vayas y te quedes en el mismo lugar de donde viniste—. Eso sonó como si yo fuera la peste que había viajado de un continente a otro solo para contaminarla, infectarla hasta introducirme en sus células. Sí, lo había hecho… y sé que le había gustado enfermarse de mí.

—No me creas, está bien —dije. —Dejaré a que veas que digo la verdad, a que te sorprendas de que llegaré.

Me levanté del asiento solo para dejar en expectativas algo que debía superar todo en menos de tres días. Debía demostrar que las debilidades habían quedado atrás y que era tiempo de colocarme los pantalones. Era tiempo de reclamar el tesoro.

Me escondí en el baño por un tiempo que pareció una eternidad, hasta que alguien se dignó a tocar la puerta para usarlo. Quería quedarme encerrado en ese cubículo hasta tocar suelo parisino, pero algo me estaba provocando una extraña claustrofobia… la de mi propia culpa. Uno de los dos debía ceder a lo bueno, a lo venidero, a la oportunidad. Sé que ella no se estaba oponiendo a lo que quería, sino que era una extraña reacción enferma de mi parte. ¿Perder o ganar? ¿No quedarme con nada? ¿El miedo a la soledad? Sabía con mucha experiencia sobre lo que era la soledad inundada en papelillos y en botellas de vidrio. Sabía lo que era sufrir cuando ya no existía nada en lo que sostenerse, cuando unas fotografías digitales podían arruinarte para siempre. Cuando te preguntabas por qué esos melosos abrazos se dividían por tu cuerpo mientras había otro que desdeñaba envidia por no tenerla de la misma forma en que lo hacía. No, no y no, sé que esto no era devolver con la misma moneda ni que estaba colocando la mejilla antes de tiempo. Esto era la consecuencia del efecto dominó de circunstancias mal establecidas, muy mal planeadas.

Me deslicé en mi asiento como si fuera una delgada hoja de papel. Zafrina seguía durmiendo como si esa pequeña copa de alcohol hubiese estado llena de somníferos, aunque si no los tenía posiblemente ella los terminaría agregando igual. Pensaba en las formas de terminar con ella: Adiós, fuiste un breve lapsus mental. Recordé que el efecto coma no dura para siempre y desperté. Era una estúpida forma de romper con alguien, y no podía ser tan descortés, debía actuar como el adulto en que me había convertido. En algún momento pensé que con ella podría borrar todo el pasado y comenzar una vida, la llegue a querer de verdad porque me sentía medio embelesado, medio creído de que un clavo saca a otro clavo era mi nuevo lema. Nada podía salir mal hasta que te das cuenta que no puedes tapar el solo con un dedo. Lo siento, pero me sentía nublado, no podía ver. Eras mi coma y he salido de esto porque escuché la voz de un ángel. De seguro en ese momento Zafrina se lanzaría encima de mí, arañando mi cara preguntando en qué momento me había fijado en otra persona. Ese era el problema: no era que me hubiese fijado en alguien así de la nada… sino que siempre había tenido una fijación con Bella. ¿Qué ser humano no se iba a rendir ante sus pies? Si ese era el requisito para estar cerca suyo juraría que mis rodillas ya carecían de piel. Quizás Bella no era un ángel y solo la idealizaba cuando estaba en una especie de estado catártico. Podría definirla como el bien y el mal, como tempestad y calma, como vicio y remedio.

Cerré los ojos a la fuerza, apretando las pestañas que sentía que se enterraban en mis ojos. Me obligé a dormir y a imaginar situaciones. Desde niño había tenido una gran facilidad para situarme en mundos paralelos que a ratos me sacaban de la realidad. Era mi propio lugar, alejado de mis hermanas. Donde podía desplegar mis emociones y sentimientos sin que nadie metiera su nariz para olisquear mis secretos. Recuerdo que me escondía en un pequeño espacio apartado entre los arbustos del patio de nuestra casa, me sentaba y tapaba mis oídos mientras cerraba fuertemente los ojos e imaginaba lo que quería imaginar en ciertos momentos. Supongo que era una extraña fijación que comencé a tener una vez que aprendí a leer. Leía historias de aventuras y yo quería ser parte de ellas. Las historias de guerreros se convirtieron en historias de princesas en aprietos, donde ella estaba, donde la misión me pedía atravesar el atlántico para poder conocerla y salvarla de las trampas dentro del huerto de orégano.

Lo siento, pero jamás podrás ser como ella. Lamento decir que solo rompiendo tu corazón pude darme cuenta de eso. Sí, quizás era algo muy duro para decir, pero no era más que la verdad. Tenía cierta seguridad de que esa conversación saldría diferente a lo que estaba planeando mi mente, no sería un mero cierre de negocios. Esto sería más largo y doloroso. Lamento decirte que esto acabado, volveré a la ciudad de las altas palmeras, a la ciudad en donde fui lo mejor que he sido en mi corta vida.

—Edward — Era Bella, susurrando en hilo de voz. —Edward, préstame atención.

—¿Qué pasa? —pregunté medio confuso.

—Ten —dijo estirando su brazo para dejar un pequeño papel arrugado en mi mano. Volvió la mirada hacia Alice e hizo como si nada.

"Hotel Le Meurice, habitación B04. No seas un cobarde."

Sonreí como si mi vida dependiera de este papel. Tenía una oportunidad que no podía desechar ni arruinar. Volví a cerrar los ojos y pensé en aquella vez cuando el panorama se pintaba mucho mejor, de muchos y mejores matices al óleo de nuestro amor. Había mucha prensa, muchas cámaras en frente de nosotros, y nada de eso me importaba. Solo recuerdo que en ese entonces simplemente la amaba más que a nada en este mundo…

La alarma había sido puntual para gritar en medio del silencio sepulcral, había abierto los ojos a duras penas cuando vi que ya eran las seis de la mañana. Hablar con Bella hasta muy tarde en la noche no había sido bueno cuando nos encontrábamos en continentes diferentes, no al menos para mis adoradas horas de sueño. Tenía un itinerario completamente lleno durante este día antes de tomar el vuelo a París. Debía juntarme con mi agente para afinar todos los detalles de la invitación al festival de Cannes, desde lo que usaría hasta la hora de todas las entrevistas que debería dar. Sería una semana completamente ardua, pero por suerte la tendría a ella cerca… más que cerca. Habíamos hecho que Victoria reservara la suite más lujosa del hotel, aunque lo principal era que solo fuese espaciosa. Donde me sintiera completamente escondido con Bella de cualquier persona que nos quisiera importunar. Al principio Bella había propuesto que sería mejor tener habitaciones separadas para no despertar sospechas, además a veces nuestros horarios serían diferentes por las entrevistas que había que dar. Terminé convenciendo a Bella de que lo mejor sería estar juntos para apoyarnos en todo el estrés que se nos venía, para ser nuestros propios cablezs a tierra.

Lo último que nos habíamos dicho cuando los párpados se me cerraban era que nos veríamos en esa suite. Lo más probable es que ella llegara primero porque andaba promocionando su última película, por lo que expresó esperarme ansiosa, ya que no nos veíamos hace unas semanas, que se estaban volviendo una tomentosa eternidad. Solo quería estar dentro de esa habitación y abrazarla tan fuerte sin importar cuánto tiempo nos demoraramos en darnos cuenta que al fin nos hemos reunido.

Mi día comenzaba y ya quería transportarme al aeropuerto, aunque con mi peculiar desorden ni mi bolso estaba preparado. Si Bella estuviese aquí ya tendría todo organizado, me convertía en un fiasco sin ella. Revisé mi celular por si había señales de ella, pero de seguro ya estaba durmiendo plácidamente. Qué envidia de las sábanas que la abrigaban. Solo le dejé un pequeño mensaje: Solo quedan un buen par de horas para verte, pero al menos ya es poco. Suspiro, Bella, suspiro. Estaba jodidamente enamorado de ella. Solo recordarlo y sentirlo me hizo comenzar a ordenar mis cosas de inmediato, mientras más rápido hacía todo menos tiempo quedaba para volar a Francia.

Juntarme con mi agente fue algo muy veloz, asentí la mayor parte del tiempo con mucha ansiedad, creo que no había pescado toda la información. De seguro estaría preguntando de nuevo todo lo que me dijo, solo necesitaba tomar ese avión de una vez por todas. Sabía que tenía algo así como seis entrevistas, la alfombra roja de Cosmopolis, apariciones miles y cara sonriente siempre. El orden de todas ellas ya no las recordaba, solo importaba que me quedaban dos horas para arribar. No me demoré más de media hora con reloj en mano en volver a casa, revisar todo lo necesario, tomar mis pertenencias y partir.

Imaginame con una gran sonrisa, porque me desperté sabiendo que queda menos para verte. ¿Acaso un mensaje de texto podría servir como bencina para mis acciones? Porque juro que corrí hasta el aeropuerto, no medite en la lentitud. Hice los trámites de cada viaje en avión como un humano normal, digo normal porque extrañamente no había ningún paparazzi en las entradas del aeropuerto. Durante los aún sesenta minutos libres que me quedaban para irme, volví a comer algo antes de que mi estómago se quejara por la ansiedad que me estaba produciendo encontrar a mi Bella.

Una vez arriba del avión me dispuse a dormir, porque jamás con leer un libro o escuchar música disiparía las ansias. Dos semanas completas sin verla, durmiendo solo y adaptandome a ese frío. Y ahora solo unos cuantos kilómetros nos quedaban para dejar de saborear esa soledad, para poder vivir otra vez dentro de otras cuatro paredes ajenas. A ratos me aburría de esconder cada milímetro de nuestra relación, era abrumante tener que vivir escondido cuando no estábamos haciendo nada malo. Teníamos claro que lo nuestro era un secreto a voces, pero actuar como una pareja normal era algo que por naturaleza necesitábamos.

Te informo que he tocado tierras parisinas. Te imploro que me recibas con un fuerte abrazo. Un sueño reponedor, un despertar maravilloso. Las horas habían transcurrido velozmente, y escuchar por altavoz que estábamos por llegar había sido la mejor noticia. Apenas estuve en tierra firme le avisé a Bella, quería transmitirle estas ganas tan grandes que tenía de reencontrarnos.

Mecánico, un, dos, tres. Sale del avión, ve a buscar tus cosas, realiza papeleo burocrático. Sigue a tu agente como si fuera tu guía turístico, síguele la pista, evita la mirada curiosa de cualquier persona y entra en ese auto oscuro que te espera para partir. La ansiedad se manifiesta en el sonido de mis nudillos, el sudor de mi frente con el leve calor se anticipaba y mi pulso se exacerbaba. Repito, ella era una muy buena adicción y estaba entrando en trance porque mi síndrome de abstinencia se iba a acabar. La tomaría, la deslizaría por la mesa, separaría cada trozo en polvo de su alma y simplemente la aspiraría hasta agotarme.

No me conocía muy bien París, aunque había estado más veces en este lugar que en mi casa desde que elegí ser actor. La verdad tenía poca habilidad con la memoria de calles y mi sentido temporo-espacial no era el de un experto. Tampoco recordaba la distancia exacta entre el aeropuerto y el hotel, quizás menos de media hora, pero no tener la seguridad me hacía ser alguien más perdido en esta ciudad. Calles, adoquines y bares… la ciudad comenzaba a aparecer en su esplendor y una vez que pude divisar claramente de la gran torre de fierro supe que me faltaba poco para ver a Bella.

El auto llegó al frente del hotel y gracias al cielo, los pocos fotógrafos que habían estaban enfrascados en la llegada de otra persona. Bien, toma tus pertenencias, síguele el paso a tu agente y no mires a nadie. Aprecia el color del asfalto y el andar de tus pies pero no levantes la mirada ni escuches nada de lo que digan. Camina, camina y camina hasta que estés a salvo, hasta que estés a punto de llegar y tocar la gloria junto a ella. Una vez adentro y procurando no haber llamado tanto la atención hice alusión a mi reservación, mientras todo lo que me rodeaba pasaba a segundo plano. Mi agente se juntó con otras de las personas que se encargaban de mi trabajo dentro de las promociones de películas. Los saludé fugazmente, porque la verdad nada interesaba mucho por ahora y esperaba que lo comprendieran. Supongo que en el fondo sabían que si me mostraba enajenado era porque necesitaba ver a mi novia antes de conectar los cables y ponerme profesional.

No sé si sea apropiado usar eso, estoy segura que me faltan unos buenos kilos para rellenar el espacio —dijo la voz de mi ángel personal. Había abierto la puerta lentamente para hacer de esto algo más emocionante. Victoria parecía maravillada por las piezas de moda que tenían desplegadas por el suelo y Bella sonaba un poco reticente. La pude ver al fin de espaldas, llevaba un par de jeans y una sudadera color negro. Llevaba una coleta alta que dejaba ver ese cuello de cisne que poseía y el que solo me hacía querer olisquearlo hasta perderme.

¿Por qué no le pides la opinión a Edward? — le preguntó Victoria a Bella. —De seguro te dirá que ese vestido te quedará muy bien.

No quiero que los vea, debería ser una sorpresa. Como las novias cuando se casan —dijo con ligereza. Esos sonaba bien… el dia en que al fin fuera mi esposa. —Además ni siquiera ha llegado, es extraño se ha demorado bastante.

Quizás ya llegó —dijo Victoria mirándome de reojo. —Eres poco perceptiva a veces, querida Bella.

¿Por qué? —preguntó mientras pareció seguir la mirada de Victoria para encontrarse con la mía. —Edward… —exclamó Bella y solo supe que en dos segundos la tuve en mis brazos. Había ansiado tanto este momento que no quería soltarla más. Olía a la loción que ocupaba comúnmente y a jazmín. —Al fin estás aquí —dijo sonriendo como nunca antes.

—Te extrañé tanto, amor —dije mientras acariciaba con suavidad su mejilla. —No te imaginas cuánto te he extrañado.

Ni tu tampoco te lo imaginas —dijo mientras volvía a abrazarme fuerte. Esa solidez y calidez que sentía a su lado no se podía comparar con ninguna otra sensación humana. Quizás solo cuando éramos unos bebés acurrucados entre los brazos de una madre temblorosa si sentíamos eso… pero volver a sentirlo de una manera fenomenal, extra corpórea y sublime era completamente distinto. —Extrañaba abrazarte. —No repare en el tiempo ni en que Victoria estuviera observandonos maravillada, necesitaba besar a Bella. Necesitaba explicarle con sutileza que la extrañaba.

Sublime, simplemente me sentía sublime cuando sentía que me besaba.

Para, Victoria se va a enojar —dijo tratando de separarse, pero había algo que la hacía seguir y seguir. —Acompañame a elegir el vestido para mañana.

Está bien —dije siguiendo sus pasos.

Está ese verde, que Victoria adora, pero también está ese rojo que lo encuentro descabellado. Creo que ese amarillo es mucho más bonito —dijo señalando un vestido color amarillo canario que seguía un modelo muy tradicional. El verde era muy elegante, pero el rojo definitivamente era mi favorito.

Opto por el rojo descabellado —dije sonriendo.

.

Llegar a Londres había sido como un propio puñal en la espalda, había desenfundado la daga y luego de acrobacias fenomenales me daba a mi mismo con el filo de aquel objeto. Había visto cuando Bella se iba con Alice mientras Zafrina se colgaba a mi espalda como un monito de la selva. Habían cosas que aún no podía controlar y esas eran las muestras de cariño que le encantaba realizar a mi novia. Supongo que después de la conversación que no sabía que le esperaba estas cosas cambiarían, ya no habría vuelta atrás. Ya no habría nada más que me atara a ella, porque la libertad sería mi nueva amiga, y junto con la valentía me impulsarían a buscar a Bella.

Solo recordé y obligé a mi mente a que reprodujera una y otra vez esa sonrisa que apareció en su cara cuando le dije que aún la amaba. Ese sería el impulso para hacer todo lo que tenía pendiente, para finiquitar un amor que nunca fue.

—¿Iremos a donde tus padres? —preguntó Zafrina mientras caminábamos en dirección a nuestro equipaje. —No sabes las ganas que tengo de verlos.

—Sí, iremos donde ellos —dije al tiempo en que evitaba que ella cogiera mi mano. —Dejaré nuestras cosas allí, te puedes quedar a cenar con mis padres.

—¿Tú no te quedarás? —preguntó asombrada.

—No, debo ir a ver a un amigo.

—¿Por qué no te puedo acompañar? —preguntó un poco más enojada. Evité contestar mientras estábamos en la fila para retirar nuestras maletas. Necesitaba tener la mente en blanco y los oídos curiosos lejos de nuestro alrededor. —Contestame —exclamó.

—¿Puedes esperar a que estemos en un lugar más privado? — Mi paciencia se acababa con mucha rapidez. Ya no tenía tanto miedo a estar en público y que me viesen, pero si había algo que no soportaba era que cada vez que teníamos una discusión a Zafrina le gustase que se notara. Retiré mi equipaje y luego el entregué el suyo. Caminamos como robots uno al lado del otro hasta que estuvimos dentro de un taxi.

—Ahora dime qué pasa —dijo sonando un poco más calmada. —¿Qué asunto tan importante debes hablar con ese amigo?

—Debo ir a ver a Tom —dije mirando por la ventana. —Dijo que necesitaba verme.

—Puedo acompañarte de igual forma —dijo agarrando mi antebrazo. —No seas así conmigo cuando te lo he dado todo. — Eso fue necesario para quitar mi brazo con brusquedad de su mano.

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté con el ceño fruncido.

—He estado contigo estos dos años, te he apoyado en todo, merezco algo de crédito, ¿no crees? —dijo volviendo a abrazarme sin reparar en lo indiferente que me estaba mostrando. —Además que sabes que te amo más que a nada en este mundo.

—Eso no tiene nada que ver, Zafrina —dije mientras apretaba mis nudillos. —Hay cosas que no son necesarias que hagamos juntos.

—Es necesario —dijo apretándose a mi lado. —Es necesario que estemos cada vez más juntos.

—Necesitamos nuestro espacio, Zafrina, no tienes que estar siempre allí pegada a mí —dije moviendome para estirar los brazos. —Necesito un tiempo con Tom.

—Está bien —dijo a regañadientes. —A la noche podemos quedarnos en tu departamento, pedir algo para comer y ver películas.

Hace tiempo que no salía con ese panorama. Odiaba las películas que a mi me gustaban y cuando ya comenzaban a aburrirla agarraba el control remoto y ponía tontas películas de dibujos animados. ¿Cómo podía considerar una película de dibujos animados mejor que una de acción? Además, estas acciones aparecían siempre que salía algo de Bella, en este caso… porque habíamos compartido el mismo avión.

Lo que quedaba de viaje en taxi lo continuamos en silencio. Lo bueno es que después de mucho discutir siempre terminaba convenciendo a Zafrina. Lo malo es que la compensación era mucho peor. Tenía que hacer o deshacer todo lo que a ella se le ocurriera, y de un tiempo hacía acá eso se había vuelto un terrible infierno.

Bella, ¿te puedo llamar? Necesitaba escucharla, necesitaba saber que no había cortado el cable, que seguíamos con aquel plan en conjunto. Envié el mensaje rápidamente mientras Zafrina pagaba el pasaje del taxi. Cuando salí del auto, mis padres me esperaban con los brazos abiertos, de la misma forma que lo han hecho desde que tengo uso de memoria. Nunca podría desechar el cariño y afecto de esos brazos, este era el lugar en donde me sentía completamente limpio.

—¿Por qué traes esa cara hijo mío? —preguntó mamá tomando mi rostro entre sus dos manos, mirándome con infinita ternura como siempre.

—Nada, mamá. Es solo el viaje que me tiene agotado, mamá —dije mientras la abrazaba. —Papá… —recibí un fuerte abrazo de su parte, necesitaba tanto sus consejos en estos momentos. Era como si me hubieran apaleado fuertemente por dentro, necesitaba un consuelo ahora ya.

—Zafrina, querida. ¿Cómo estás? — Mamá adoraba a Zafrina, no sé por qué. Simplemente la adoraba desde que mi hermana Tanya le había lavado el cerebro y sumando las buenas acciones que aparentaba hacer Zafrina le agregaba más y más puntos para que mamá creyera que era la mujer más apropiada para mí.

Cuando conocí a Zafrina nada presagiaba que terminaríamos en una relación, ni mucho menos que esto se aplazaría por dos largos años. Me la habían presentado de manera casual, aunque la verdad luego de terminar con Bella podría haber hecho un catálogo completo con mujeres que me habían presentado. Conocí a una gran variedad de chicas, y si hubiese querido habría dado una noche de mi vida a cada una de ellas para borrar el aroma de Bella que aún seguía pegado en mí. Sé que la había hecho sufrir, pero la cadena no había sido rota solo por mi culpa, había sido una seguidilla de circunstancias que nos hicieron perecer. Podría haber elegido a una chica mejor que Zafrina, con menos expectativas de lujos y fama, pero mi parte rencorosa necesitaba demostrar que no me iría al hoyo solo por dejar a Bella. No dejaría que esta vez me vieran como el pobre estúpido que mimaba a Bella por cada cosa. Estaba tan envuelto en la rabia y en el despecho que no fui capaz de notar que las cosas se habían profundizado más de lo normal, ya era tarde para cuando quise deshacerme de mi novia. Cuando comenzamos a salir creí que ella había captado el mensaje de que esto era solo un juego, era solo una imagen que debíamos representar mientras yo le ofrecía todo lo que quisiera. El trato era que me acompañase a cualquier lugar al que fuera, que se demostrara cariñosa conmigo y que me ayudara a demostrar que Bella estaba en el olvido.

Consejo número uno: no olvides que el efecto no dura para siempre. Comencé a quererla un poco, quizás más por compasión que por real sentimiento. Me sentía tan solo y destrozado que cualquier pedazo de piedra que me diera amor sería bien recibido. Luego de un tiempo solo necesitaba volver a Bella porque ese sentimiento no se borraba por más que quisiera doparlo, ojalá todo hubiese sido tan fácil. Quirófano, a cerebro abierto y extirpación de ese trozo que dominaba ella. En más de algún momento pensé en volver a buscarla, pero se veía tan feliz sin mí, tan llena de vida que corroboraba que mi existencia no era necesaria para ella, ya no había razones por las que volver. Yo era el único trastornado aquí.

—Hijo, ¿tienes hambre? —preguntó mamá una vez que ya estábamos acomodados dentro de la casa. —Te ves más delgado que la última vez que nos vimos.

—¿Tu crees? Debe ser el trabajo, mamá. — Por suerte estábamos los dos solos en la cocina, sentía que tenía un poco más de privacidad sin Zafrina cerca mío.

—¿Están bien las cosas con Zafrina? —preguntó sin mirarme, solo comenzó a arreglar la comida para la cena.

—Sí.

—No me mientas, sabes que soy muy perceptiva —dijo con ese tono de voz firme, ella siempre lo sabía todo.

—Están bien te digo mamá —dije mientras instintivamente me puse a buscar algo en el refrigerador.

—Sabes que puedes confiar en tu madre —dijo dándose la vuelta para mirarme y confirmar que era verdad lo que ella decía. —Creo qe te ayudaré un poco, ya que te estás quedando mudo.

—Es que…

—Es que todo parte por Bella, ¿cierto? — ¿Por qué sabía esto?

—¿Cómo sabes que…

—Tu hermana nunca puede guardar algo que tenga que ver contigo —dijo triunfadoramente sonriente. —Me preocupas.

—No estoy haciendo nada malo —dije a modo de defensa. —Estoy pensando en terminar con Zafrina. —Me comencé a comer la manzana que había sacado frenéticamente para enfocar mis nervios en otra cosa.

—Y por eso la traes a la casa de tus padres para que crea que todo está bien, pero qué bien has aprendido todo lo que te he enseñado, Edward —dijo mientras veía la cocción de su pavo.

—Sé que he hecho las cosas al revés, pero me siento más decidido. Quería ir a ver a Tom para desahogarme un poco, necesito saber bien cómo hacer todo lo que se me viene —dije con la boca llena a lo que mamá me miró con mala cara. —Perdón.

—¿Y Bella ha cambiado? No te merece, no sé por qué sigues tan empecinado con ella —dijo mirándome fijamente. —Te hizo mal, se hicieron mucho daño como para que ahora traten de vivir la historia de las perdices felices. Debes madurar, hijo.

—Lo sé, pero…

—Tu hermana me dijo que te veías muy decidido en seguir con ella, Tanya dice lo contrario. Me dijo que estaba enojada contigo porque no le habías contado que todo ese viaje a Los Ángeles era por Bella y no por trabajo.

—No lo digas tan fuerte, no pretendo hacer una escena aquí en casa con Zafrina.

—Tanya adora a Zafrina —dijo mi madre volviendo a la labor culinaria. —Rose la odia. Argumentó que tu novia solo está contigo por interés y que solo hasta hace poco tiempo se dio cuenta.

—Le conviene ser mi novia —dije, aunque la gran culpa de que Zafrina fuera así era mía. —Aunque al comienzo deje que fuera así, necesitaba estar con alguien solo por estar.

—¿Usaste a Zafrina? —preguntó más alarmada. —Por Dios, Edward, ¿tan mal te crié?

—Lo sé, soy una real basura.

—No lo eres, pero estás muy mal enfocado —dijo al momento que se acercó para sentarse frente a mí. —Zafrina me cae bien, al menos conmigo ha sido una buena persona.

—Porque quiere que le agrades, por eso —hice una pausa. —No niego que en algún momento pensé que si me lo proponía podría tener una relación estable con ella, hasta con matrimonio e hijos, pero no tenemos esa visión… o al menos hay ciertas actitudes de ella que me hacen creer que no podríamos seguir ese rumbo juntos.

—¿Y Bella sí? Siempre dejó en claro que no quería tener hijos contigo —dijo. —¿Por qué sería una buena mujer para ti?

—No importa eso, la amo —dije con suma sinceridad. —Sé que con el tiempo ya no pensará igual, ni siquiera sé si sigue pensando de la misma forma sobre la maternidad. Y vamos, ese no es el tema principal. Necesito a Bella.

—No, estás obsesionado con ella.

—No lo estoy, mamá —dije subiendo el tono de mi voz. —De verdad la quiero y mucho.

—¿Qué pasa si lo vuelven a intentar y aún así no funciona? ¿Vas a volver a buscarla una y otra vez? —preguntó poniendome en aprietos, ¿sería así? No, no puede volver a ser así. —Lo intentaron dos veces, Edward, dos veces. Una vez fue menos mediática y mucho menos fuerte, pero pasaste un mes completo encerrado en tu departamento porque ella no estaba de acuerdo contigo. Bella te supo dominar, sobretodo la segunda vez, y creo que no quieres que te recuerde por qué terminaron la segunda vez.

—Esta vez no es lo mismo, mamá.

—Ciertamente no es a causa de la misma circunstancia, pero otra vez están forzando lo que ya está muerto.

—No, no estamos forzando nada. De verdad la amo, y sé que me ama.

—Rosalie cree que deberías volver con Bella —dijo volviendo a calmarse. —No sé si ustedes están mal o qué.

—¿Por qué odias tanto a Bella?

—Eres mi hijo, mi hijo menor y me es difícil no querer protegerte siempre que pueda. Vi con mis propios ojos cómo sufriste aquella vez, vi la manera en que te hizo daño, no puedes negarme que no lo hizo. Yo no quiero verte mal otra vez a causa de una mujer —dijo tomando mis manos mientras con sus pulgares realizaba un masaje circular. Gesto que hacía cada vez que me ponía a llorar cuando niño.

—Sé que me hizo daño, pero también se lo hice —dije recordando con detalles todo lo que ha pasado en nuestra historia. —No me defiendas tanto, no soy un mal hombre pero también le hice daño.

—Ya no sé qué decirte, pero si estás tan decidido en estar con Bella y crees que es lo correcto entonces hazlo —dijo soltando mis manos para abrazarme. —Me cuesta pensar en que te vuelvan a hacer daño.

—Te entiendo, mamá, pero también quiero ser feliz y creeme que ahora no lo soy.

—Solo te diré que si quieres comenzar a hacer las cosas bien, debes hablar con Zafrina —dijo mirándome fijamente, debía hacerlo. Era el consejo certero que me estaba dando mi madre y si no lo hacía ahora me acobardaría. Ya era un hombre, hecho y derecho.

—¿Ahora?

—Mientras antes lo hagas será mejor. No te gusto que te hicieran daño, ahora no aplaces más el daño que le harás a otra persona.

—No quería que esto fuera así —dije apesadumbrado.

—Es el costo de nuestras decisiones, Edward. Y has decidido esto, hazlo bien.

—Después de la cena, no quiero arruinar nada.

—Está bien, no me cabe todavía todo esto dentro de la cabeza, pero espero que si lo estás pensando y si es lo que quieres, te apoyaré. Solo te pido que hagas las cosas bien, si Bella te vuelve a hacer daño se las verá conmigo —dijo mamá sonriendo mientras acariciaba mi cabello. —Has crecido tan rápido, no puedo creer que antes tus problemas se resumían en que detestabas en que tus hermanas te vistieran de princesa, y ahora se trata sobre problemas amorosos.

—Me encantaría tener esos problemas en vez de los de ahora, pero no se puede volver atrás y creo que se aplica a lo que estoy viviendo. No puedo volver atrás, solo debo arreglar las cosas.

—Me encantaría que volvieras a ser mi pequeño Edward, aunque siempre lo serás, y por eso quiero que tomes buenas decisiones.

—Gracias, mamá.

Las epifanías se definen como manifestaciones o apariciones de algo de manera repentina, y mi madre había aparecido para colaborar en tal demostración. Era tiempo de desechar las malas vibras, de quitar esta toxicidad que me estaba carcomiendo por dentro y que no me dejaba avanzar. Me estaba oxidando, me estaba olvidando de vivir. Estaba dejando que mi mente y cuerpo funcionaran de manera mecánica, para darle en el gusto a los demás olvidando preguntarle a mi alma si lo que estábamos haciendo estaba bien.

Los errores se alimentaban de nuestras malas decisiones, de la gente que nos rodeaba, de las malas influencias. Se alimentaban de la miseria de cada humano, de lo peor que podíamos crear con nuestras acciones. Los errores estaban sobrevalorados en esta vida, los cometes, te arrepientes y se olvidan. Pero nadie recuerda que dejan una marca, más notoria en unas personas que en otras. Nos marcan y permean sin querer queriendo la coraza que se forma luego del daño. Bella y yo habíamos buscado la misma materia prima para crear esa defensa ante las nuevas experiencias, no dejaríamos que otras personas hicieran lo mismo con nosotros, y le hicimos de igual forma daño a los demás. Nos hicimos daño, y seguramente esta dificultad para estar juntos era el karma que debíamos pagar. Nadie nos explicó que el infierno no llegaba al momento de morir, llegaba en plena felicidad, cuando menos lo esperabas.

El error se criaba en nuestro ser y cuando ya se siente maduro para debutar lo hace, destroza todo lo que ve a su paso, dejando la tristeza como mejor amigo. El error nos ocupa como canales para transmitir el daño, nos usa, nos lava la mente. Somos la esponja que absorbe toda maldad, suelta la suciedad y luego se queda sin nada más que la culpa. Con la miseria impregnada en la carne. Nada huele bien, nada se siente bien. Ya la has cagado, has vuelto todo lo bueno en mierda. El error cega nuestros sentidos, no nos deja ver la realidad porque premedita todo, deja que veas el desastre cuando ya lo has hecho y no puedes hacer nada para remediarlo.

Dar el siguiente paso era saber colocar el ungüento que dejaría invisible las cicatrices de nuestros errores. Bella era mi corrector y yo el suyo. El siguiente paso era renacer dentro de la mala hierba, saber que podemos salir airosos esta vez y que nada podría derribar este amor. Tenía que recobrar el corazón de Bella completamente, debía demostrarle que los errores eran historia pasada en lo nuestro, que no había primera oportunidad sin tercer intento. La tercera era la vencida, esta vez funcionará. Esta vez seríamos ella y yo en contra del mundo.

Si, puedes llamarme. Acabo de llegar a París. Después de dos horas de haberle enviado el texto, Bella había respondido. Había dado una señal a mi moribundo corazón. Otra vez, me sentía fuera de mi cuerpo alentado por la valentía que debía obtener y más bien la seriedad para romper de una vez por todas con Zafrina. La señal de Bella también era parte del aliento que necesitaba.

La cena había estado mejor de lo que la esperaba, creo que mi hambre eterna lo agradece con creces. Solo fuimos mis padres, Zafrina y yo, por lo tanto la conversación se basó —lamentablemente— en nosotros. Era hora de partir, al inicio del fin. Tres peldaños, un camino de piedras, la reja de la entrada. La acera de la calle y ella, la conversación debía comenzar.

—¿Quieres que te lleve la maleta hasta que lleguemos a tu casa? —pregunté, haciendo el último detalle caballeroso que tendría con Zafrina.

—¿A mi casa? —preguntó confundida. —¿No se supone que iríamos a tu departamento?

—Yo iré a mi departamento, tu te quedarás en el tuyo —dije comenzando a caminar y agarrando su maleta antes de que me contestara. —Vamos, camina.

—¿Qué pasa? —preguntó contrariada. —Deberías ser más amable. Desde que viste a esa zorra que me tratas como si fueras un conocido mío, te recuerdo que somos novios.

—No vuelvas a decirle así a Bella —dije un tanto exaltado. Esto comenzaría mal. —Creo que ya es tiempo de que paremos con esto.

—¿A qué te refieres? ¿Quieres romper conmigo? —preguntó teatralmente en medio de la calle. —No puedes romper conmigo, ni se te ocurra.

—¿Y qué? ¿Me vas a amenazar? —pregunté a la defensiva y lancé su maleta al suelo. —No tengo miedo ya, no me interesa si vas y ventilas todo lo que quieras sobre mí. No me interesa si dices que lo nuestro fue un trato al comienzo, nada me importa.

—¿Ya no me quieres? —preguntó comenzando a hacerse la víctima. —¿Es que acaso ver a esa mujer te hizo pensar las cosas otra vez?

—Desde mucho antes que lo sé —dije volviendo a caminar. —Por favor, camina, no quiero dar un espectáculo en medio de la calle.

—No, no quiero caminar —dijo cruzándose de brazos. —¿Es por ella?

—Es por mí… y es por ella —dije sincerandome, ya no había nada que ocultar. —Si fui a Los Ángeles es porque la fui a visitar, si viajé hasta acá fue para corroborar que de verdad la necesito.

—¿Qué? ¿La fuiste a ver a ella? —preguntó mientras se acercaba a mí con ganas de golpearme. —¿Me has mentido todo este tiempo pedazo de mierda? —dijo mientras intentaba darme cachetadas.

—Compórtate, tranquilízate —dije mientras la controlaba tomándola desde las muñecas. —Ya no te amo, no tiene sentido que estemos juntos.

—Me utilizaste, solo me usaste como un juguete —dijo enfurruñada. —Te odio, Edward, te odio —dijo al momento en que se puso a llorar como una loca. —Edward, no puedes hacerme esto, no por ella.

—Tu también me utilizaste y vaya que te sirvió mi existencia —dije intentando sonar certero y calmado. —Zafrina, debe ser así, ya no es sano que sigamos con esto —dije con más calma. —Sabes que esto comenzó de una extraña forma, fue como un acuerdo en conjunto. Te quise, no lo voy a negar. Pensé que podría tener algo bueno contigo, pero no puedo forzar a mi corazón a amar a alguien que no puedo.

—Me rompes el corazón, Edward —dijo mirándome con rencor. —No puedo creer que sigas pensando en Bella, después de todo lo que te hizo.

—Simplemente esto es más fuerte de lo que pensaba —dije alejándome un poco de ella. —No me mereces ni te merezco, estamos forzando algo que no debe ser.

—Edward, yo te amo… no te imaginas cuanto —dijo abrazándome con fuerza. —No me dejes.

—Zafrina, esto debe ser así, necesitas estar con alguien que te ame, yo no puedo —dije alejándome de mi sosteniendola desde los hombros. —Entiende, te estoy haciendo un favor.

—Eres un hipócrita, te odio —dijo mientras lloraba a mares. Estaba tan enfocado en terminar esta relación lo más rápido que pudiera que había bloqueado mis sentimientos. No dejaría que la compasión me nublara, debía ser duro. —Odio a esa puta de Bella.

—Te dije que no la volvieras a tratar así —dije agarrándola con fuerza desde la muñeca. —No te atrevas.

—Te haré la vida imposible, Edward Cullen —dijo con ira. —No te desharás tan rápido de mi. Pagarás cada cosa que me has hecho.

—Zafrina, haz lo que quieras. Es tu palabra en contra de la mía, hagas lo que hagas no podrás hacer que te vuelva a amar, esto se acabó —exclamé con furia, ya no tenía ganas de controlarme, menos cuando pensaba en hacernos la vida imposible. —Esto se acabó, entiendelo.

—Vete a la mierda, ten calma por ahora porque pronto sabrás de mi —dijo apuntándome con el dedo. —Esto no se quedará de esta manera.

—Como quieras —dije tomando mi bolso y partiendo en dirección opuesta. Ya no había nada de lo que hablar, había dicho lo que debía decir en pocas palabras. Sabía que ocasionaría esta reacción en ella y que tendría que cargar con las consecuencias. Pero como dije, jamás lo que ella diga o haga cambiara mis sentimientos por Bella.

Caminé rápidamente hasta mi departamento. Caminando eran unos treinta minutos desde la casa de mis padres. Tenía tiempo para pensar y para poder sacar esta ira de mi cuerpo. Quizás podría llamar a Bella mientras la noche caía sobre mi cabeza. Esa sería una buena forma de ponerme de mejor humor. Celular, botón, hola felicidad…

—¿Aló? ¿Edward? — Bella, mi bella y hermosa Bella había contestado de inmediato. ¿Estaría esperando mi llamada?

—Bella, soy yo —dije sonriente, como si ella hubiese caído desde el cielo sobre mis brazos. —Te tengo buenas noticias, aunque aún me siento un tanto enfadado.

—¿Qué pasó? —preguntó preocupada. —No quiero más problemas, Edward.

—Acabo de romper con Zafrina —dije con demasiada emoción, como un niño que cuenta una nueva hazaña a sus amigos. Hubo una larga pausa, y tuve miedo de que todo se pusiera pies para arriba otra vez. —¿Bella? Dime algo, por favor.

—¿Me estás tomando el pelo, Edward? —preguntó en un grito ahogado.

—No, no es ninguna broma —dije demasiado emocionado. —Fue extraño, pero lo hice.

—No me mientas, no quiero saber que de verdad sigues con ella —dijo ahora menos impactada. —¿Es verdad?

—Sí, ya habrá tiempo para explicar todo con detalles —dije agitadamente por la caminata nocturna. —Ahora voy a mi departamento.

—Quédate allí, Edward —dijo con voz apagada. —Creo que deberías tomarte unos días para pensar y luego ver si de verdad quieres esto.

—¿Por qué dices eso?

—Porque todo lo que has hecho últimamente ha sido consecuencia de tus impulsos —dijo pareciendo muy tranquila, como si esto fuera lo mejor que debía hacer en este momento. Seguir el serio consejo que me estaba dando Bella.

—Puede ser, pero ahora no es impulso —dije a modo de defensa. —Esta vez es algo que te puedo asegurar.

—No viajes, Edward, toma con calma esto —dijo bajando el tono de voz. —Ya habrá tiempo para conversar y sabrás si de verdad quieres esto.

—¿Y tú quieres esto? —pregunté con curiosidad, a la larga eso era lo que me importaba saber. Si ella quería, podía tomar las riendas del destino y solo dejar a andar este amor.

—Siempre lo he querido, pero no quiero que sea un impulso —dijo como lamentándose. —Te quiero, Edward, pero es mejor que nos tomemos un tiempo.

—¿Para qué vamos a perder más tiempo?

—No es perder el tiempo, es solo pensar.

—No necesito pensarlo más porque ya sé lo que voy a decidir. No va a cambiar por el tiempo que me tome para pensar, la respuesta siempre será la misma —dije mientras la noche caía con rapidez, los faroles estaban encendidos y sentía que eran el único calor artificial que ahora me cobijaba.

—Edward… —suspiró. —Mejor hablamos mañana.

—¿Por qué? No me dejes hablando solo —dije apresurado. —Estoy por llegar a casa, haré otra maleta y buscaré el primer vuelo a París que encuentre.

—¿Por qué la rapidez, Edward?

—Porque estamos tan cerca y necesito verte, ¿Acaso no quieres que esto resulte?

—Si, pero solo espera un día, Edward —dijo exasperada. —Solo espera, no me moveré.

—Está bien, seré paciente —dije más desanimado que al comiendo de esta conversación. —Iré a descansar, buenas noches.

—Espera —dijo antes de que cortara la triste llamada. —No te estoy negando, es solo que necesito procesar ciertas cosas. Si te entregué ese papel en el avión es porque creo, o más bien, Alice cree que si se han dado las cosas de esta forma es por algo.

—Alice siempre ha tenido una cierta intuición con las cosas —sonreí.

—Sí, algo tiene —dijo riendo bajito. —No puedo creer que vaya a ser de esta forma, te he dado por perdido desde hace mucho y no puedo entender ciertas cosas.

—Ya habrá tiempo para resolver todas esas dudas, Bella.

—¿Entonces es así de simple… ya está todo resuelto? ¿Seremos felices?

—No creo que pueda darte esa respuesta. Otras veces lo hice, te prometí algo de lo que yo no era dueño. Terminamos, nos forzamos, nos odiamos y nos faltamos el respeto un millón de veces, y cada vez te prometí hacerte feliz. Obviamente quiero hacerte feliz, pero solo dejaré que las cosas fluyan, Bella.

—Eso suena mejor —dijo y supuse que sonreía. —De todas formas no creo que esto se arregle solamente con la ruptura que acabas de tener.

—Zafrina hará algo, estoy seguro.

—¿De las víboras más villanas tuviste que buscarte a la peor? No comprendo, hubieses pensando en el plan B.

—¿Y cuál era el plan B?

—Que sabías que volverías a mí, y por ende deberías haberte buscado a alguien menos avasalladora.

—¿Siempre lo supiste?

—¿Que volveríamos? No, pero podía pasar.

—Porque jamás has dejado de amarme, ¿cierto? —pregunté mientras sonreía como idiota.

—No seas engreído, era solo un plan B, por si las cosas se daban vueltas.

—Estoy llegando a casa, según tus recientes órdenes debería cortarte y pensar, así que adiós, Bella.

—No, no cuelgues —pidió.

—¿Por qué? ¿Por qué ahora debería hacerte caso?

—Porque sí, solo porque sí, Edward Cullen —dijo bufando. —Supongo que Alice es la que me motiva a seguir hablando.

—¿Alice ha estado escuchando todo esto?

—Sí, estoy entre hablar contigo o mirar un programa de televisión sobre moda —dijo como si ese panorama fuese el peor castigo del planeta. —Solo no cortes, siento mi bipolaridad. Pero Alice no estaba a comienzo de la conversación contigo y prefería irme a dormir y… pensar.

—Pero Alice sabe que tenía que llegar porque ve el futuro.

—No le digas, porque luego anda diciendo que de verdad tiene ciertos poderes mentales. Dice que su intuición es algo más allá de lo normal.

—Hace mucho que no estaba en mi departamento —dije una vez que entre a la sala. El frío de la calle se había contrastado con un leve calor dentro de la casa. Encendí las luces y busqué de inmediato la cocina, debía comer. —Quizás deberías venir para ver el desastre que tengo.

—No creo que sea bueno, de seguro te estaría reprendiendo por eso —dijo riendo. —Eres un desorden.

—Falta una mano femenina aquí —sugerí.

—¿Y tu ahora ex novia? ¿No hacía esas labores?

—Nah, rara vez dejaba que se quedara acá.

—¿Y qué hacían? ¿Veían sus fabulosos vídeos musicales? —preguntó con sarcasmo. —Sabes que mi gusto musical es amplio, pero ella es un tema aparte en esto de la música.

—No me preguntes sobre eso, me siento hasta un poco culpable.

—¿Por qué? Fuiste su inspiración, no deberías sentirte mal, muso Cullen —dijo riendo, mientras yo le seguía el hilo. No sé si el yogurt de mi nevera estaba en fecha, pero lo abrí y lo mezclé con un poco de cereal mientras escuchaba su bella voz. —Dime, ¿qué le encontraste?

—No sé, ¿qué le viste a Shiloh? Parece un pre púber enamorado de la chica de la televisión.

—No seas injusto, Shiloh era un buen chico, jamás me hizo hacer cosas malas —dijo tosiendo de adrede.

—Aparte de mi gran influencia como dices, creo que muchas cosas solo las hice para llamar la atención.

—¿Qué intentabas hacer? ¿Ser todo una lindsay Lohan?

—No exageres, nunca llegué a ese punto —dije mientras me lanzaba en el sofá para escucharla. —Solo me dejé llevar.

—Lo comprendo, supongo que recuerdas mi mala racha también —dijo riendo antes de que pudiera hablar. —Sé que hice que te enojaras, a la semana siguiente te hablaron de mí y tu cara fue de horror.

—¿Cuando dejaste que creyeran que tenías una relación con una chica? Como olvidarlo, Bella.

—Estaba jugando, y creo que siempre lo supiste —dijo con un tono de triunfo. —Siempre estuvimos compitiendo.

—Pero nunca comprendí cuál era el fin.

—Decirnos lo obvio —dijo poniéndose seria. —Que jamás nos olvidaríamos uno del otro.

—Hasta que de repente dejaste de darme señales —dije recordando esos días. —Dejaste de aparecer y te escabulliste en el trabajo.

—Porque me aburrí, me aburrí de verte feliz en el fondo con ella —dijo como si esto le diera rabia. —Y justo conocí a Shiloh.

—¿Lo quisiste?

—Sí —dijo dejando un silencio en nuestra conversación. —No te enojes.

—No lo estoy, solo que es raro saber que la persona que tanto amas si pudo encontrar a alguien.

—Tu lo hiciste, la llevaste a todas partes, a las alfombras rojas, a tus premieres, a tu vida.

—Debía sacarte de la cabeza de alguna manera, Bella.

—Debíamos hacerlo.

—Debíamos dar vuelta la página.

—Pero…

—¿Sabes? Te amo demasiado, y sé que todo lo que pasó fue un mal pasar, un desbarate del más raro. Pero te quiero, Bella, te quiero para estar toda la vida contigo.

—¿Aún cuando me vuelva una enojona mujer con menopausia y canas?

—Sí, supongo que tendré que buscar la forma de lidiar con eso —reímos.

—Solo espero que no sea buscandote una chiquilla de cuarta clase —dijo seriamente. —Está bien, no más bromas.

—Dormiré y sacaré pasaje en la mañana, en menos de tres horas estaré allí.

—¿Cuál es la insistencia? Pretendo pasar un mes completo en París, Edward —dijo mientras hacía callar a Alice.

—Creo que es mucho mejor pasear juntos en París, que conversar a través de un teléfono.

—¿Y la prensa? Me aterra, Edward —dijo volviendo a la preocupación. —Había olvidado un poco esto, y si volvemos será igual que antes.

—No será igual, porque no nos volveremos a esconder.

—Pero, Edward…

—¿Acaso tienes vergüenza de mi?

—No, pero siempre estarán acechandonos como cucarachas.

—¿Y crees que cambiará si nos ocultamos? Siempre será así, tú elegiste esta vida y yo también, amamos lo que hacemos y debemos lidiar con esa carga. Nada cambiará el hecho de que necesito realmente que el mundo sepa que eres mía y de nadie más.

—No dejemos que nada destruya esto, no esta vez, Edward.

—No dejaré que nosotros mismos nos destruyamos, partamos por eso.

—Tienes razón, no te voy a destruir.

—Tampoco, Bella —dije aliviado, tocando el nirvana por estas sensaciones tan buenas. —Me está entrando el sueño, creo que ya es hora de dormir. Mañana nos veremos.

—Eso espero, que tus impulsos no te detengan, no quiero desilusionarme —dijo como la misma liviandad con la que le hablaba. —Me siento bien, quiero que vengas.

—No me detendrán —prometí. —Dile a Alice que hace bien con sus poderes mentales, dile que quizás le compré la tienda Chanel completa.

—¿Para qué? Me tiene a mí, que soy la musa de Lagerfeld.

—Lo siento, reina —dije riendo. —¿Pero qué es una chica Chanel sin un chico Dior?

—Vaya, que descuido más grande he cometido, aunque estoy segura que puedes remediar ese desvarío —dijo colocando un tono coqueto.

—Seguramente sí, mañana lo sabrás.

—Te espero, Edward —dijo alegremente. —Que tengas buenas noches.

—Tu también, un beso.

—Un beso —dijo antes de cortar.

Tocar el cielo con las puntas de los dedos era tan fácil cuando has sido inspirado por la voz de la mujer que recorre tus venas a torrentes enormes. Ella sucumbía en mi alma, moviendome con ligereza, pasando por mis nervios y mis venas, metiéndose completa hasta albergarse en un hueco de mi corazón. Era puro amor lo que sentía, era nuestro momento de flotar como si nada nos importara, como si fuéramos ligeros cuál pluma.

Necesitaba respirarla, necesitaba saborearla, necesitaba de ella envolviendo mi cuerpo con su presencia. Ya no habría barreras que separen esto que sentía, el mundo podría pudrirse completo porque mi atención se centraría en ella… por siempre. No habría error, ni calamidad que pudiese nublarme jamás, ya no más. Necesitaba sentirme como aquella vez, en aquel balcón, cuando tocaba la punta del cielo con mis dedos, estaba en la gloria con ella…

La ovación luego de lograr algo que esperabas tanto hacer, se podía dividir en dos simples partes: los que estaban realmente orgullosos de ti o los que envidiaban tu triunfo. Este sub mundo de frivolidad estaba hecho de esos dos tipos de humanos, y la facilidad con que se podía oscilar entre uno y otro era enorme. Solo quedaba en uno el poder de elegir hacia donde virar, hacia donde enfocar tus metas. Más allá de un amor que había crecido más rápido de lo que hubiese querido, nos habíamos prometido estar allí o hacer el intento de siempre acompañarnos cuando los nervios flaquearan nuestras rodillas. Ese lazo es el que nos había unido, el que habíamos pactado sin notarlo porque a la larga eso es lo que queríamos de una relación: estabilidad y apoyo.

Las vueltas de la vida nos tenía a los dos disfrutando de este momento que era muy venidero para nuestras carreras, era un subidón a una nueva escala en esta etapa. Nos habíamos esforzado para borrar un poco lo que nos dejó aquel rol protagónico juvenil, y aunque no negaba que gracias a eso la había conocido, era bueno buscar nuevos horizontes que colocaran nuestro trabajo en la tanda de lo serio. n

Los ojos de Bella brillaban más que todas las luces que habían a nuestro alrededor, el color de sus ojos se escondían bajo una película de lágrimas que solo con pestañear brotarían para viajar por sus mejillas. Una ola de aplausos se había depositado en la sala una vez finalizada la película de mi chica, y aunque su atención se podía ir hacia cualquier parte con tan buena aceptación, su mirada solo estaba enfocada en la mía. El orgullo podía tapar mis poros, porque no podía más de felicidad por Bella, todos habían quedado maravillados con la película. Ella ya se enteraría de mi opinión al respecto, por ahora solo podía demostrarle que estaba infinitamente orgulloso de ella y que mis ganas de abrazarla para felicitarla crecían cada vez más. Deje que otros la abrazaran antes, sus compañeros de reparto, los productores y todos aquellos que estuvieron trabajando para que aquel filme saliera de maravilla.

Victoria se acercó a mi costado, quien parecía igual o más emocionada que yo. —Dime que no estuvo fenomenal, ¿ah?

No te imaginas lo orgulloso que estoy —dije esperando a que al fin dejaran de abrazar tanto a Bella para poder hacerlo yo.

Te creo, Edward —dijo Victoria esperando con las mismas ansias para felicitar a Bella. —En una hora más comenzará la after party, ¿crees que Bella quiera ir?

Espero que sí, y si no quiere la tendré que convencer —dije mientras observaba lo feliz que ella se veía. —Tiene que aceptar a modo de celebración.

No sé, no sé, si aparezco me verás —mencionó Bella a uno de sus compañeros mientras se acercaba a mí. —Además estoy cansada.

No puedes ser aguafiestas esta noche, cariño —dije abriéndole los brazos a mi Bella.

Oh, Edward —dijo lanzándose a mis brazos olvidando lo que estaba diciendo. —No me obligues a ir.

Te obligaré porque debemos celebrar —dije meciendo sus rizos. —Te felicito, mi amor, estuviste perfecta —dije volviendo a abrazarla para estrecharla con fuerza a mí.

Ow, gracias, de verdad que estaba nerviosa —dijo rodeando mi cintura. —¿De verdad te gustó?

¿Te mentiría?

No —dijo en contra de mi pecho. —Me importa mucho tu aprobación.

Tienes mi aprobación, estuviste increíble y por eso debemos celebrar —dije mientras me separaba de ella para observarla. —Estoy tan orgulloso de ti.

Ay, Edward —dijo volviendo a abrazarme para sollozar un poquito. —No dejes que me vean llorando —dijo mientras metía sus manos bajo mi chaqueta.

Edward, ya has tenido suficiente, dejame felicitar a mi chica —dijo Victoria separandonos abruptamente. Bella abrazó vigorosamente a Victoria mientras ambas soltaban lágrimas de emoción. —Te felicito, Bella —murmuró con afecto.

Podríamos pedir algo rico para que nos lleven a la habitación y descansar —dijo Bella uniendo su mano a la mía como un acto magnético. —Ya he tenido más atención de la necesaria.

No, iremos a cenar en la after party —dije abrazándola para dejarle un beso en la frente. —Luego nos iremos a descansar.

¿Solo cenar y nos vamos?

Sí, solo será un rato —prometí. —Victoria también vendrá —dije en su dirección. Bella al ver que Victoria también quería asistir se animó más.

Caminamos de la mano sin importar las miradas curiosas, creo que aquel momento tan emocionante nos había llenado de tantas buenas vibras que nada más importaba. Nos metimos entre la gran cantidad de personas que se había acumulado en la entrada de la sala de proyección, lo bueno es que pasaríamos un poco más desapercibidos. —Edward, necesito cambiarme de ropa antes de cenar —dijo pegándose a mí como si buscara protección.

Está bien, amor —dije agarrando su mano con fuerza. Victoria se colocó delante de nosotros, haciendo que se abriera un poco de camino. No podía negar que le tenía un cariño enorme a Victoria, era como esa madre que no teníamos cerca ni Bella ni yo.

Había elegido esta profesión consciente de las consecuencias de ser una imagen pública, desde que era un adolescente comprendí que siempre iban a querer saber más y más de mi vida. Nunca pensé que la situación empeoraría al estar en una relación, nunca pensé que estarían sobre nosotros todo el tiempo. Era agotador y mucho más mientras intentábamos salir del mar de fotógrafos y periodistas que preguntaban mil cosas. Algunos muy profesionales se remitieron a preguntar sobre la película, Bella era el centro de la atención en este momento. Sin embargo, no faltaron los que comenzaron a hacer preguntas sobre nuestra relación. ¿Acaso nunca se iban a cansar de fastidiar?

Una vez fuera del teatro entramos a un auto que apareció maravillosamente de la nada, de seguro esto era obra de Victoria. Bella se acurrucó en mis brazos mientras tiritaba levemente por el frío. Deseé que este viaje solo fuera uno de placer, podríamos pasear disfrazados de alguna manera divertida, conocer los lugares más recónditos de París juntos, dejar un candado a modo de promesa de amor en el famoso puente y darnos un beso inolvidable en la torre Eiffel. Deseaba sentirme libre junto a ella, deseaba ser normal dentro de la pseudo realidad en que podíamos vivir.

Cinco minutos y vuelvo —dijo Bella una vez que llegamos a la recepción del hotel.

Un rato después ya estábamos caminando hacia la terraza en que se estaba celebrando la buena racha por la que había pasado On the road. Nos mezclamos entre la gente, saludando y riendo. Bella se alejó para hablar un rato con unos amigos mientras junto a Victoria nos quedamos en una amena conversación al tiempo en que los mozos se metían entremedio ofreciendo ricos aperitivos. Bella apareció de repente tomando mi mano, la abracé y nos quedamos allí un momento mientras escuchábamos a los demás, siendo parte de un momento tranquilo. Cenamos en una mesa apartada, cerca de un balcón junto a Victoria que no paraba de hablar y a un buen amigo de nosotros.

Si había algo bueno de las after party era que nunca habían fotógrafos curiosos, jamás de los jamases teníamos que escondernos. Era con mucha suerte el único lugar en que públicamente podíamos actuar como si nada. Bella sabía que adoraba cuando eso sucedía, me gustaba que todos vieran que ella era mi novia, y que nada ni nadie me detendría a hacerle cariño, a tomarla de la mano o besarla.

¿Vamos al balcón? —me preguntó Bella antes de que pudiera contestarle, agarré mi botella de cerveza y la seguí.

¿Qué pasa? —le pregunté una vez que nos quedamos en el balcón.

Nada, solo te quería para mí —dijo sonriendo, seguido del brillo de sus ojos que resaltaba en esta noche especial. La rodeé con mi brazo para acercarla y poder besarla en la frente como tanto me gustaba hacerlo.

¿Te dije que te veías muy bonita hoy? —pregunté al tiempo en que me miró tímidamente. —¿Qué? Sabes que debo repetírtelo cada vez que quiera —sonreí.

Solo que exageras más de lo normal —dijo riendo. —Gracias por acompañarme —dijo volviendo a abrazarme. Hoy andábamos más melosos que los demás días, como dos gatos pequeños que necesitan juguetear uno con el otro.

¿Cómo no iba a estar? Esto era muy importante, para los dos lo es, no creo que sea necesario entrar en detalles —dije mientras sobaba tiernamente la espalda de Bella.

Ya me tocará a mí verte —dijo tirando de mi chaqueta para que me acercara a ella, mientras pensaba en darle un pequeño beso.

¿Por qué corres la cara?

Siento que nos observan —dijo manteniendo sus puños firmes en el borde de mi chaqueta. Solo dejé otro beso en su frente y comencé a escuchar el sermón de siempre.

Sabes que me cuesta que nos vean en público y que nos miren como bichos raros —dijo divagando.

No quiero que hablemos de eso, lo estamos pasando bien para ponernos densos con esta conversación —dije mirándola de frente. —Nadie nos mira ni nos graba, ni nada.

Espero que no, creo que solo ando un poco perseguida —sonrió y pareció calmarse un poco más. —Tengo que contarte un pequeño secreto.

¿Qué cosa? —pregunté asombrado mientras Bella se colocaba en puntillas para decirme al oído su secreto.

Te amo mucho —dijo sonriendo mientras dejaba mis manos en su cintura. —Y juro que te dejaré las bolas negras si nos llegan a grabar.

Ouch —dije mientras reíamos, luego me puse serio para dar paso a una cara de completo asombro. —No puedes hacerme eso… ¡No podríamos tener hijos! —exclamé mientras la agarraba de los hombros. —¿Comprendes? Bolas negras, no hijos —dije negando teatralmente mientras movía sus hombros al mismo ritmo. Bella reía audiblemente, luego se colocó seria.

No te preocupes, podemos adoptar niños —dijo fulminandome con la mirada. —Ya estás advertido.

Pero quiero que tengamos hijos nuestros —dije haciendo un puchero.

¿Pequeños Edward corriendo por la casa? ¿Te das cuenta del terremoto que tendríamos dentro de la casa? —preguntó siguiendo el hilo de nuestra absurda conversación.

No, quiero a muchas pequeñas Bella corriendo por la casa así —dije haciendo el gesto técnico, como pequeñas niñas corriendo. —Siguiendo a su padre de un lado a otro.

Dejando todo un desorden en la casa —dijo poniendo los ojos en blanco. —Ya lo veo venir, Edward.

Dirían "mami, mami, papi no me deja jugar con el celular, maaaaami" —dije imitando a un niña con gestos exagerados. —Serían todo un desorden, un adorable desorden, Bella.

Convence a tener hijos primero.

Debemos, de aquí a unos años más, piensalo —dije poniéndome serio. —¿O acaso no quieres?

Si quiero, pero de verdad me pone nerviosa la idea —dijo sonriendo. —¿De verdad me imaginas con una panza enorme pareciendo una morsa?

Como una morsa no, pero te verás tierna —dije agarrando sus manos. —Tendremos unos hijos hermosos.

Claro, porque los engendraré yo —dijo sonriendo triunfadoramente.

Oh, claro, como olvidar ese detalle —dije levantando mis manos. —Diablos, Bella, eres tan especial —dije al tiempo en que bebía de mi cerveza.

¿Bella? —preguntó el guardaespaldas de Bella interrumpiendo nuestra conversación. —Perdonen la intromisión.

No te preocupes —dije relajadamente.

¿Qué pasa? —preguntó animosamente Bella. —¿Es hora de irnos?

No, solo pasaba a preguntar si necesitas de mí aún.

Oh, no, si te quieres ir a descansar, ve —dijo con amabilidad.

Bien —dijo sonriendonos a ambos. —Mañana a las ocho de la mañana estaré listo.

Esta bien, buenas noches —dijo Bella mientras me quitaba la botella de cerveza para beber.

Otra vez solos —dije sugestivamente cuando su guardaespaldas se fue. Bella me observó con la misma mirada picara y solo aproveché para acercarme a darle un beso en la boca. Quería tanto pasarme horas besándola sin que nadie nos interrumpiera. Bella llegó y me alejó empujandome.

Te dije que aquí no, Edward —dijo medio contrariada porque lanzó su brazo y me volvió a acercar para quedarnos juntos mientras nos mecíamos tontamente.

¿Te quedarás en mi cuarto? —pregunté medio ensoñado con este vaivén dulce.

Si quieres de mi compañía…

Sí, si quiero —dije mientras me volteaba en dirección a su cuello para olerla. —Las noches en París son heladas y harto que te he extrañado.

También, Edward —dijo dulcemente. —Quiero dormir acurrucada a tu lado.

Deberían darme un premio, porque cada vez que bebes cerveza conmigo te pones así de cariñosa.

Mmm —dijo dejándome un beso en la mejilla. Justo a tiempo cuando algunos conocidos vinieron a despedirse de nosotros.

¿Victoria, ya te vas? —le preguntó Bella a ella cuando se acercó a nosotros.

No, venía a decirles algo —dijo seriamente.

¿Qué pasa? —pregunté curioso.

Parece que hay paparazzis fotografiando —dijo lentamente. Bella de inmediato se sentó para que no fuera vista y me quedó mirando divertidamente.

¿Cómo lo sabes? —pregunté.

Contactos míos —dijo Victoria. Comencé a divisar hacia algún lugar por si había alguien, pero con lo oscuro de la noche poco se podía divisar.

¿Qué tanto habrán grabado? —preguntó Bella.

No lo sé, espero que no mucho —dijo Victoria. —Pensé que todo este sector estaba bien resguardado.

Creo que ya vi donde están —dije divisando algo de lejos. —Creo que seremos primera plana en internet mañana —dije mientras bebía de mi cerveza para agacharme y quedar sentado al lado de Bella.

Bolas negras tendrás mañana, Edward —dijo Bella fulminandome con la mirada. —Te amo, estúpido de mi corazón.

¿Ves? Igual me quieres —dije besando su frente, nuevamente.

.

Me había quedado dormido pensando en ese recuerdo, había despertado recordando esas sensaciones. Esos días respirabamos amor puro, habíamos establecido algo tan bello aquella noche que nunca pensé que terminaríamos odiandonos. Si la vida nos estaba otorgando una nueva oportunidad en la misma ciudad de esa vez, es porque el destino así lo quería.

El aeropuerto Charles de Gaulle había presenciado mi llegada a la ciudad, estaba tan emocionado que aún no recapacitaba en lo que me quedaba por hacer. Tomar mi equipaje, pedir un taxi y correr hacia su habitación. Tenía un poco de nervios, ansias y amor apretujado en mi ya débil corazón. Sabía que las últimas palabras intercambiadas tenían como promesa juntarnos y reconciliarnos. Ya no había nada que opacara nuestro camino, nada se debía interponer.

Subí débilmente en el taxi, pensando en todas las opciones de nuestro encuentro, en los recuerdos y en la suerte. Echar la suerte al destino era complicado, quizás lo único seguro eran nuestros sentimientos, los acontecimientos estaban ligados al azar. Nuestra historia respaldaba muchas cosas, el tiempo también… este amor era interminable, quizás medio tormentoso, pero mi vida sin ella si que era una tormenta permanente.

—Buenos días, caballero —dijo deteniendome la recepcionista del hotel. —¿Tiene alguna reservación?

—No, quiero hacerla de inmediato —dije apresurado. —Algo sencillo.

—Está bien —dijo dirigiéndose a la computadora. —Hay una habitación disponible, la C04.

—Está bien, la tomaré —dije entregando mi tarjeta de crédito mientras sacaba mi celular para llamar a Bella.

—Aquí está su llave, señor —dijo la chica mientras le agradecía con un gesto vago. Comencé a llamar a Bella insistentemente, pero no contestaba, no daba ninguna señal de vida. ¿Se habrá ido?

¿Se habrá arrepentido?

Subí por las escaleras lentamente, esperando a que me contestara de una vez por todas. Mi corazón latía apresurado, haciendo pedazos antes de tiempo. Bella no contestaba, cada llamada pasaba al buzón de voz y mis ganas de desfallecer se acrecentaban. ¿Estaba exagerando? Solo podía responder a mis dudas llegando a su habitación.

—Edward —exclamó Alice asombrada. —¿De verdad estás aquí?

—No, la verdad es un fantasma —dije con pocos ánimos.

—Pero qué antipatía —dijo para luego sonreír. —Bella me dijo que me comprarías lo que yo quisiera.

—Lo pensaré, Alice —dije más animado para abrazarla y saludarla. —¿Dónde está Bella?

—Está allí dentro en su habitación —dijo apuntando hacia la puerta. —Yo iré a comprar unos café starbucks, nos aburrimos del café francés.

—Te esperaremos —dije.

—Bella te está esperando —dijo Alice más entusiasmada. —No ha parado de hablar de ti desde que hablaron anoche.

—¿En serio? —pregunté emocionado.

—Sí —dijo saltando, era como una niña pequeña. —No la hagas sufrir, está muy ilusionada, Edward.

—No hagas que me espere más entonces —dije dejando a Alice para entrar en la habitación.

Bella estaba sentada en un gran sofá de cara a la ventana mientras leía una revista, parecía relajada. Llevaba unos jeans y una remera holgada, los pies descalzos y el cabello alocado… Bella, hermosa mía.

—¿Bella? —pronuncié su nombre casi sin voz. Ya estaba aquí, yo estaba aquí, las cosas estaban hechas. Ella se volteó a verme para desplegar la sonrisa que me hacía falta para recobrar la conciencia, lo peor ya había pasado.

—Edward —exclamó Bella dejando la revista a un lado para correr a mis brazos. —Pensé que no llegarías.

—Promesas son promesas —dije sin soltarla.

—Ya no hay más tregua, Edward —dijo mirándome con dulzura. —Al menos entre nosotros dos.

—Supongo —dije encogiendome de hombros. —Ya habrá tiempo para comenzar, por ahora solo estoy cumpliendo con mi promesa.

—Debería dejarte las bolas negras por hacerme pasar por todo esto —dijo dejando a un lado su bella sonrisa, a lo que yo solamente reí mientras recordaba el recuerdo de anoche.

—Como quieras, solo vine a decirte que aunque me haya demorado te sigo amando —dije acunando su rostro entre mis manos. —Para siempre…

Bella se colocó de puntillas para acercarse a mi oído. —Tengo que contarte un secreto, Edward.

—¿Qué pasa?

—Te amo mucho —dijo besando mi mejilla, para luego perpetuar lo dicho con ese beso que tanto había esperado. Otra vez el alma me volvía al cuerpo, mientras su nombre se grababa en mi esencia.


La espera fue larga, lo lamento, pero he aquí el nuevo capítulo. De verdad me demoré mucho escribiendo cada detalle, cada emoción, me involucré mucho en este capítulo porque quería que se sintiera en la piel, que se sintiera real. Espero lo hayan notado. En el segundo flashback de Edward, recuerden el vídeo en que RK fue captado en el balcón esa noche en Cannes, lo traté de hacer casi casi igual a lo que hacían, sus gestos y conversaciones. Gracias por la lealtad de siempre, por esperar y seguir leyéndome. Muchas gracias, espero sus reviews, :) Saludos.