Nota de autora: Los personajes le pertenecen a la diosa Meyer. La historia es mía, mía, mía.

Who Said To Return To You Was Wrong?

.

Este amor es "unbroken"

Edward

No era el mismo verde porque ahora era uno más profundo, más oscuro.

Y no de esa oscuridad maligna que guarda rencores y penas, sino que aquel que se había cimentado fuerte en la tierra, ese color que ha madurando y echado raíces.

La observé por largos minutos hasta que ella lo notó. Una sonrisa suya había despejado el cielo nublado del día de hoy, me sentía contento de estar aquí, sintiéndome como siempre.

—Hoy tengo un montón de actividades —dijo Bella antes de saludar. —Estás en libertad de usar esta habitación mientras no esté.

—¿Libertad? —pregunté.

—Sí, es casi como un departamento. Hay buena comida y una consola wii —dijo con tranquilidad. Bella aún seguía en la cama, divagando con la mirada fija en el techo.

—No quiero quedarme aquí, prefiero salir a dar unas vueltas.

—¿Salir? Si te ven, la gente comenzará a sacar conclusiones. Todos hablarán de mí otra vez, por todas partes —dijo con cautela. —Volveré a ser el centro de atención.

Volveremos a ser el centro de atención, Bella —dije enfatizando un tono de voz tenso. No podíamos seguir en el mismo círculo vicioso que llevó a pique nuestra relación. —Supongo que comprendes que mi llegada es la puerta para que esto se haga público.

—¿Público? — Bella se exaltó con esa simple palabra, abrió la colcha y se levantó tan rápido que no pude procesar bien. —No te emociones tanto, tampoco quiero airear esto por las calles.

—Volveremos a lo mismo —dije más enojado de lo que en verdad estaba. —No te preocupes, no haré nada estúpido—. Me marché antes de que la discusión se pusiera turbia, no quería empeorar las cosas cuando se suponía que comenzaría a salir todo bien.

Escuché mi nombre un par de veces antes de salir de la habitación, cuyo llamado mi cerebro prefirió hacer caso omiso.

Mierda, Bella, mierda.

¿Qué había de mal en ti?

¿O en mí?

Empezaba a divagar sobre un nuevo fracaso, aunque posiblemente me estaba doblegando demasiado rápido. Debía pensar con la mente fría, y para eso sería bueno salir a caminar. Distanciarnos un poco mientras ella trabaja.

El día no estaba completamente soleado, a pesar de ser las nueve de la mañana. un poco de frío acompañaba esta mañana.

Nueve de la mañana, como aquella mañana…

El corazón me palpitaba tan fuerte que se confundía con el sonido de mis zapatos en el suelo. Mis piernas estaban por flaquear y mi cuerpo quería salir volando con el viento de esta lluviosa tarde. No estaba seguro de cuanto tiempo llevaba caminando por las calles, quizás estaba dando vueltas en círculos porque aún no me aprendía del todo bien las direcciones de Los Angeles.

Caminé unos minutos más hasta que divisé la entrada a un barrio bastante lujoso, al menos al lado de algunas otras construcciones de la zona. En general Los Angeles ostentaba diamantes por todas partes, para muchos este era el mejor logro como actor: llegar a Los Angeles, quedarse aquí en medio del lujo y realizar películas blockbuster.

Pero qué importaba, tenía una cita con Bella Swan… a la que de seguro iba retrasado. No sé cuanto tiempo había pasado desde que dejamos de grabar la primera película de la saga vampirica… si no recordaba bien las calles de Los Angeles menos recordaría lo anterior. De todas formas estábamos saliendo, no sé si teníamos algo oficial o solo éramos algo más que amigos. O solo amigos.

Bella era un tanto escurridiza, en el sentido de que podíamos pasar demasiado tiempo juntos sintiendo una rica atmosfera pero seguíamos siendo amigos. ¿Amigos hasta cuando?

Llegas una hora retrasado —dijo Bella al abrir la puerta. —Y vienes todo mojado —exclamó.

Tengo problemas de orientación y no tengo auto —dije encogiéndome de hombros.

Ow, mejor entra antes de que agarres un resfrío —dijo al momento en que tomó mi mano para hecerme entrar. Quizás el frío no me dejaba pensar ni mover el cuerpo. —Prepararé un poco de chocolate caliente para ti.

No es necesario, Bella, me colocaré al lado de la chimenea y estaré seco.

No seas rídiculo, Edward. Hay ropa de mi hermano que puedo prestarte —dijo mientras hablaba desde algún lugar de su casa. —No quiero que te enfermes—. En cierta parte me contentaba de que a ella le comenzara a preocupar mi existencia.

¿Por qué seguíamos siendo amigos?

Tendré la excusa para venir otra vez a tu casa para devolver la ropa —dije.

Hoy te puedes quedar a dormir aquí —dijo saliendo desde otra habitación. Traía un paño en las manos, al parecer estaba cocinando. —Mis hermanos han decidido ir a la playa.

No quiero importunar, podemos comer y cuando para la lluvia vuelvo a casa—. Yo solo me estaba quedando en la zona de la amistad.

Edward, esta lluvia no tiene ganas de parar —dijo caminando en mi dirección. —Sígueme, creo que debes cambiarte, pareces un polluelo mojado.

Seguí sus pasos, recorriendo la gran sala para llegar a la escalera, luego subimos hasta la segunda plata y nos adentramos en una habitación digna de un tornado. Aunque mi desorden siempre era peor, aún no tenía casa y mis cosas estaban desparramadas en una pequeña habitación.

Tengo un par de camisas, unos pantalones… —Bella comenzaba a divagar dentro de un closet enorme, mientras yo comenzaba a enfriarme en serio. Mis dientes comenzaron a castañear.

Buscaré por mi mismo, ya has hecho mucho con prestarme ropa —dije tímidamente. Bella me sonrió tiernamente y dejó que yo buscara lo que me pareciera más apropiado. Una vez que elegí una sudadera más unos pantalones noté que Bella seguía esperando atrás mío. —Me vestiré.

Ah, sí, debo irme —dijo Bella riendo bajito. —Estaré abajo terminando de preparar unas hamburguesas vegetarianas.

Gracias —dije. Seguramente si la hubiese dejado quedarse mientras me cambiaba de ropa la tensión habría sido mucha. Quizás no era oportuno aún, ni siquiera sabía bien cuando debía besarla o algo por el estilo. No, no podía apresurar las cosas. En el fondo quería a Bella para algo en serio, no para hacerla sentir como una chica más.

Una vez seco y vestido baje y encontré a Bella arreglando en una pequeña mesita enfrente al televisor, un par de hamburguesas, gaseosas y papas fritas caseras. No podía haber mejor panorama de invierno que la chica que te gusta más buena comida. Luego de una maratón de películas y televisión basura, el sueño y el calor que provenía de la chimenea comenzó a hacer efecto.

¿Tienes sueño? — le pregunté a Bella cuando su cabeza caía somnolientamente en mi hombro. —Deberías ir a dormir, yo puedo dormir aquí.

Ni hablar —dijo en un hilo de voz. —Mejor acompáñame.

Bueno, tampoco me iba a negar. La seguí hasta una habitación que estaba en la primera planta, la que al parecer era la de Bella. Todo en el cuarto estaba ordenado, a menos de un par de cosas tiradas en el suelo. Bella quitó sus zapatos así que seguí su ejemplo.

No estés nervioso —dijo Bella, ¿A qué se refería con estar nervioso? No creo que Bella tuviera intenciones de tener sexo ahora. —Solo vamos a dormir.

Uf, no es que no sintiera atracción por Bella, pero debíamos ir lento.

Estoy bien, Bella —dijo en un suspiro. —Solo dormiremos.

Sí —dijo ella entrando en la cama. —Pero lo mínimo es que me abraces para dormir. Hoy hace frío.

Eso no era necesario decirlo —dije para luego acurrucarla en mis brazos.

Ese era un buen recuerdo.

Esos momentos dulces del comienzo de algo que aún no termina, y que no quiere terminar.

¿Qué sería de mi sin Bella?

¿Qué sería de Bella sin mí?

No seríamos nada más que un recuerdo melancólico, un recuerdo en cada alfombra roja, un recuerdo en cada película en el tv cable, un recuerdo en cada aeropuerto.

Aunque pasen años, siempre la recordaría como el mejor momento de mi juventud. Como el sentimiento que jamás he vuelto a sentir.

Si ella se va, si ella no está no tendría rumbo, incluso con su maraña de carácter, con sus obstinados movimientos, nada sería lo mismo.

El frío de las calles se parecía mucho al de ese recuerdo. Había comenzado con frío y había terminado con el calor de sus brazos. Quizá debía buscar la manera de conversar bien con Bella y dejar de discutir por lo que pensaran los demás.

Ya no teníamos veinte años para seguir peleando por estupideces, esta vez debía ser en serio, debía ser para siempre.

Sin Zafrina rodeándome las cosas se aclaraban, no tenía esa una nube negra sobre mí. Paris se volvía un buen lugar dentro de todo, quizá no debíamos poner tantos obstáculos con Bella, solo debíamos dejarlo fluir y mi deber era hacerle entender que ya no era necesario escondernos.

Para eso mejor morir.

Bella

—Bella, ¿Estás poniendo atención a lo que estoy diciendo? —preguntó Alice moviendo sus manos exageradamente. Mi mente definitivamente estaba concentrada en las últimas palabras que había dicho Edward esta mañana.

—Lo siento, no ando de ánimos —dije sin más. Quizás le estaba dando demasiadas vueltas a algo que no era para nada grave, después de todo el mundo se enteraría de nuestra relación.

—¿Es por Edward?

—Algo así —dije. Estábamos tomando un café mientras hacía una pausa para la sesión fotográfica.

—Eres el ser humano más complicado —dijo Alice. —Todo es un drama. Elegir un vestido es drama, Edward es drama, tu cabello es drama… ¡Todo!

—Eres muy melodramática —dije rodando los ojos. —No comprendes, no eres famosa, no tienes a toda esa gente encima de ti.

—Uy, lo siento, señorita famosa —dijo Alice sarcásticamente. —A veces te sientes tan importante, como si fueras de otro planeta y eso te limita a vivir.

—No me creo de esa manera.

—Claro que sí, crees que van a estar pendiente de ti todo el tiempo, y puede que sea verdad pero solo al comienzo. Luego se olvidarán de ustedes, deben vivir como una pareja de verdad o sino nunca sabrán lo que es verdadero amor —dijo para luego levantarse de su asiento e irse.

¿Alice tendría razón?

Nah.

Yo no me creía alguien fuera de lo normal.

¿O estábamos cayendo en un raro circuito con Edward?

Bella, espero que estés bien.

Deberíamos conversar, cenemos juntos esta noche. E.

El destino hacía de las suyas, como si él supiera que estaba pensando en él. ¿Pero en quién más podría estar pensando? No cambiaba mi postura en muchas cosas, pero no perderíamos nada en conversar para llegar a un acuerdo. Ya estábamos aquí, yo lo quería aquí conmigo, aunque necesitaba que fuera bajo mis condiciones.

Preferí despejar mi mente trabajando un poco más en una larga y ardua tarde junto a Lagerfeld. Esto de la moda era completamente extenuante y raro para mí, pero el equipo que había detrás era tan profesional y dedicado que valía mucho la pena trabajar por ello. Desde que era una niña el trabajo en estos proyectos -sobretodo de cine- habían encendido en mi la pasión por la perseverancia y el empeño. Nunca nada había sido obstáculo para mis metas, nada jamás hizo que sintiera más pasión.

Hasta que apareció Edward.

Edward había sucumbido en mi vida, creo que si había una canción que me recordaba al momento en que me enamoré de él es Never tears us apart. Amaba su precioso corazón, él no debía preguntar si era o no verdad, no era necesario que lo dijera: él sabía que lo amaba.

Solo que mi manera de ser era especial. Simplemente me costaba transar ciertas cosas, me costaba un montón.

¿Era yo la mala?

—Bella, debes ver esto —Alice se acercó como si hubiese visto un fantasma. En manos tenía una laptop abierta en una de esas ridículas páginas web de farándula. Quizás nos habían descubierto acá en París, quizás alguien vio que Edward llegó a mi mismo hotel. Diablos, no tuve tiempo para procesar.

Ya debíamos ser noticia en boca de todos.

—¿Qué pasa, Alice? —pregunté excitada. —No pongas esa cara.

Su cara solo demostraba terror, no sé si era bueno leer lo que ese lugar en línea decía. Solo por la expresión de mi amiga ya me estaba asustando.

—Solo lee —dijo acercando el aparato hacia mi.

¿Qué?

Esto debía ser una muy mala broma.

Una de las peores.

¿Es mentira, verdad?

No.

¿Un vídeo?

—No puede ser —dije agarrando mi rostro y soltando la laptop dejándola caer al suelo. —Edward no puede hacerme esto.

—Quizás es mentira, Bella.

—No, sale ella diciéndolo de su propia boca —dije. Estaba impactada. —Además hasta tu estás impactada.

—No creo que Edward te haya mentido, si fuera a convertirse en padre te lo habría dicho.

—Quizás por eso vino a París, para decírmelo antes de que lo supiera de otra fuente — Agarré mi cabeza. Esto no podía ser verdad. —Por eso quería que cenáramos esta noche para conversar.

—Amiga, pero esto no cambiará las cosas.

—Claro que lo cambia, yo no compartiré mi vida con esa otra mujer y ahora con un hijo —dije enojada. Estaba al borde de las lágrimas. ¿No debía ser yo la mujer que llevara un hijo suyo en el vientre? ¿Yo dije eso? No, debía ser mi emocional cerebro. Edward me estaba mintiendo, estaba volviendo a ser el mismo.

—Pero ustedes se aman —dijo Alice intentando rescatar lo que quedaba de laptop. —Júntense y hablen esta noche.

—No tengo nada que hablar con Edward —dije tomando mis cosas. Por suerte la sesión de la tarde había terminado. —Iré a buscar mis cosas al hotel y me iré.

—No te puedes ir.

—¿No? Claro que puedo, ya hemos terminado lo de hoy, hablaré con mi agente para que terminemos esto en otro lugar —dije secando las traicioneras lágrimas. ¿Por qué Edward?

Corrí hasta llegar a mi camerino para buscar mis pertenencias, al mismo tiempo en que una llamada de Edward se colocaba en mi móvil. Maldita sea, no seas tan descarado para llamarme ahora.

Felicidades, papá del año.

No sé cómo, pero salí del estudio y corrí por las calles.

Nunca me sentí tan libre.

Quería salir de esto.

Quería dejar de amarlo tanto.

Edward

Bella debía odiarme porque no fue capaz de contestar ni una de mis llamadas. Siempre me lo dijeron y no quise escuchar, pero era obvio que el día en que dejase a Zafrina ella tomaría cartas en el asunto. Y cartas con filo de cuchillo.

Inventar un falso embarazo era lo más imbécil que pudo hacer, la mentira más barata y la más creíble en estos medios. Bella debía odiarme, lo sé. La iba a perder, otra vez.

—Bella —exclamé cuando la vi entrar en la habitación del hotel. —Por favor déjame explicarte todo.

—No me toques —gritó cuando sintió mis manos rodearla. —No te atrevas o te golpeó.

—Hazlo si quieres, pero juro que no tengo nada que ver en lo que ha salido en televisión.

—¿En televisión? Está en todas partes, te felicito, serás padre —dijo con odio mientras tomaba su maleta y guardaba con furia su ropa. —No necesito de ti, no después de esto.

—Bella, te juro que es mentira.

—Eso dirás, solo para hacerte la víctima —dijo gritando. —Es obvio que debe ser tuyo ese bebé.

—No, no es mío.

—Como sea te acabas de enterar que serás padre, qué manera más romántica —dijo lanzando un par de almohadas en mi dirección. —Y créeme que esto me da asco. Haces todo este papel de enamorado, de que ya no será como antes, de que la dejaste y sales con tu paternidad.

—No lo seré, Bella, ella no está embarazada.

—A lo mejor no lo sabías, ella estaba esperando el mejor momento para decirlo.

¿Podía ser esa la opción?

¿Y si de verdad estaba embarazada?

Con eso perdería a Bella por siempre.

Para siempre.

—Adiós, Edward —dijo Bella dejando el verde de sus ojos atrás. —Me voy.

—No hagas esto, no nos hagamos esto.

—Tu estás haciendo esto difícil, Edward, me haces mal—. Bella se marchó y antes de cerrar la puerta dejó su sentencia apuñalándome. —No quiero verte más, nunca más en mi vida, Edward.

Bella

Te quise entero, Edward.

Te quiero, ahora y siempre.

Pero dueles tanto y tan mal, por qué.

No sabía a donde ir, no tenía a nadie en Francia con quien acudir. No quería estar con Alice, quería estar sola. Debía tomar el primer vuelo, ir a casa y escabullirme un rato, llorar hasta no respirar. Hasta olvidar a Edward.

Otra vez rompiendo este lazo, otra vez muriendo por culpa de este amor forzado. Quizá esta era la señal de que debíamos dejarnos de ver, aunque sintiéramos cariño por el otro no debíamos estar juntos. Nuestra historia debía quedar atrás, debía sellarse bajo siete candados.

Debíamos aprender a dejarnos.

Adiós Edward.

Caminar por las calles nunca fue tan fatídico al notar que todos volteaban a mirarme, todos debían saber que me estaba viendo con Edward por mi reacción. Debía verme fatal. Mi corazón estaba fatal. ¿A dónde viajaba? Sí, Nueva York. Shiloh estaba allá, necesitaba un amigo. Solo necesitaba a un amigo.

Debía olvidar, debíamos dejar atrás lo que una vez fue parte de mi vida.

Olvidar era un trabajo complejo, más cuando había optado por la soledad. Llegué a casa de Shiloh, pero su trabajo nos mantenía con poco contacto por lo que preferí rentar un departamento en medio de la ciudad. Preferí escribir y escribir, debía sacar afuera toda esta sentimentalidad. Edward llamaba todos los días a mi celular, hasta que decidí cambiarlo. No supe de él.

Un par de veces algunos periodistas fueron en mi búsqueda para preguntar mi opinión sobre el presunto embarazo de Zafrina. Me importaba un reverendo pepino la vida de ella y su hijo, ellos podían ser felices.

Hoy volvería a Los Angeles, retomaría mi vida dentro de lo posible. Estaba aprendiendo a vivir sin ese intenso amor que había vuelto a sentir por Edward. Estaba intentado olvidar su olor, sus ojos y sus manos. Sus cálidas palabras de cariño, su tonta sonrisa.

¿Seguía enamorada?

No, Bella, no te lo puedes permitir.

Mi vuelo salía en dos horas más, por lo que llegar antes sería una buena idea para no atrasarme. No tenía que despedirme de nadie, bueno, con Shiloh habíamos salido un par de veces y comprendimos que funcionábamos mejor como amigos. Un gran amigo.

El amor para mí ya no era una opción, Edward había matado todo y lo hermoso que fue se quedó con él. Mi corazón se había quedado con él.

Camino al aeropuerto recibí una llamada de Alice, quería saber si ya estaba por tomar mi vuelo. Mi motivada amiga quería hacer una fiesta de bienvenida, y como a ella no se le podía decir que no tuve que ceder. En un par de horas estaría en Los Angeles, así que decidí comer algo liviano mientras esperaba que mi vuelo saliera.

Por alguna extraña razón el aeropuerto estaba más lleno de lo común, al parecer todos se estaban poniendo de acuerdo para viajar. Me senté esperando pasar desapercibida con una gorra, mientras comía.

De repente comenzó a sonar música desde el altavoz, que de muy mala suerte era una canción que me recordaba a Edward. Siempre estaba en todas partes él, aunque escapara, siempre algo me hacía recordarlo.

Las cuerdas de la guitarra llenaban el lugar y todos parecían agradecidos por la elección del tema. Me producía gracia que fuera Hotel California justo cuando mi viaje era hacia ese sector. Comencé a tararear las cuerdas de la guitarra, hasta seguir la voz del cantante que no era el original. Al parecer era un cover muy bien hecho con una melodiosa voz.

Con esa voz.

Toda mi columna vertebral se paralizó al reconocer ese color de voz. Era Edward. ¿O me estaba volviendo loca?

—¿Bella? —La voz del altavoz dijo mi nombre. Santa mierda. —¿Bella Swan?

Diablos, estoy segura que estaba poniéndome roja.

Pero nadie me reconocía, solo veía como la gente buscaba por todos mis rostros.

—Bella, quiero que sepas que te amo —dijo la voz, dijo Edward. Ay. —Jamás vuelvas a creer las mentiras de otras personas, cree en mi amor por ti.

No quería mirar hacia ninguna dirección, me estaba poniendo nerviosa con tanta gente alrededor. No quiero atención, quería correr.

—Solo escucha, mi amor —dijo Edward, sonaba convincente, sonaba seguro. —No dejaré que te vayas de mi lado otra vez, no dejaré que nada nos separe otra vez. Sé que me odiarás por esto, pero quiero que todo el mundo sea testigo de que lo que digo es verdad. Cada ser humano de esta tierra sabrá que te amo.

Si me ponía a llorar sería descubierta.

—Bella, mi vida, dejame ser el hombre de tu vida otra vez. Dejame estar a tu lado cada día, aunque discutamos, siempre te amaré —hizo una pausa. —Te puedo ver y por eso sé que me odiarás por esto, pero era necesario. Dejé pasar un mes y ya no puedo aguantar más.

Levanté la mirada y sentí que todo el mundo me observaba.

Ay no, de verdad esto me estaba poniendo nerviosa.

¿Y si era solo una brutal broma?

—Voltea, Bella —dijo la voz. Tuve miedo, no sabía cómo iba a reaccionar al verlo. —No tengas miedo —dijo Edward justo cuando sentí que una mano descansaba en mi hombro.

Tres, dos, uno.

Respire y exhale e intenté evitar las miradas curiosas y expectantes.

Pensaría que solo eramos él y yo.

—¿Por qué haces esto? —dije como susurrando para que solo él escuchase. Lo miré, se veía tan bien. Lo extrañaba tanto.

—Porque te quiero —dijo para que solo yo lo escuchara. —Lo de Zafrina era mentira, solo quiso retenerme, lo puedo probar, Bella.

—Te creo, Edward —dije evitando las lágrimas.

—Bella —dijo Edward volviendo a usar el altavoz. —Necesito saber que te quedarás conmigo.

Diablos, mis lágrimas estallaron y aunque me sentía bastante observada nada importó porque estaba él dandome esa seguridad que tanto necesitaba.

—Bella, mi amor… ¿Me harías el honor de ser mi esposa? —Mierda. Esto era como una tonta película cursi. Todos mirando enamorados nuestra escena. Él incado en el suelo con la sortija en su mano. Y yo… la que debía decidir. —Casate conmigo, Bella.

Era ahora o nunca.

Y la verdad es que nunca era algo que no volvería a estar en mi vocabulario junto a él.

El siempre sería eterno de ahora en adelante.

—Sí, Edward —dije anclandome a sus brazos. —Quiero ser tu mujer por siempre.

Y lo que nunca pensé que haría se cumplió, aceptaría nuestro amor ante todos, porque ya nada importaba. No importaba si lo besaba frente a todos porque era mi hombre.

Este amor era irrompible.


MUCHAS GRACIAS A CADA UNA DE LAS PERSONAS QUE ESPERO PACIENTEMENTE PARA LA ACTUALIZACION, MUCHAS GRACIAS A ESAS LECTORAS LEALES QUE SIGUEN Y A LAS QUE SE HAN UNIDO. ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO EL FINAL, UN POCO CORTO, PERO OPTE POR EL FINAL FELIZ Y AL QUE EN ALGUN MOMENTO NOS HABRÍA GUSTADO VER EN "USTEDES SABEN QUIENES".

ESPERO SUS COMENTARIOS, UN SALUDO GRANDE :)