Esto fue escrito hacia tiempo, pero lo que paso hace unos días me vi con la oportunidad de publicar eso. Espero que la Autora y una de las personas que conocí en este sitio este en un mejor lugar. En memoria de Megurine Chikane.
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Capítulo 3: El principio de la odisea.
Ya faltaba poco para despertarlos y un peli azul aún no quería irse a su habitación. Ya hacía unos días desde aquel curioso encuentro. Y aún seguían con aquella peculiar costumbre.
―Kaito...― lo nombro con muchísima pereza.―Ya vete a tu cama.― Empezó a moverlo con torpes movimientos.
―Dame unos minutos... estaba soñando con mi amiga sirena.― se acurruco más mientras abrazaba una almohada y alejándose un poco de Miku.
―... ¿Sirena?― En definitiva, Kaito estaba soñando. ―Mejor sueña con ella en tu habitación que la sirvienta podría venir en cualquier momento.― Se sentó aun moviendo al mayor con más fuerza.
―Hace tiempo que no la veo― Comentó empezando a frotarse los ojos. ―Déjame decirle que la amo...
―Las sirenas no existen, Kaito.― Argumentó ya hartándose ―Sal de aquí.
―Si existen, yo la vi: La niña sirena vestida de rojo.― A pesar de tener los ojos cerrados y que las cortinas cubrían la luz del sol, se podía ver como su rostro se iluminaba, Hasta la persona más fría se sentiría conmovida al verlo.
Cualquier persona... Menos la pequeña Miku.
―Me cuentas todo lo que quieras de ella cuando vayamos a desayunar, ¿Te parece?― Pidió fastidiada, esta vez, empujándolo para que cayese de la cama.
―Espera...― Hizo un pequeño berrinche y abrazando más la almohada.
―Ya faltan unos minutos para que los empleados hagan sus quehaceres.― Recalcó mirando el reloj.
―¿Cuánto?― pregunto abriendo uno de sus ojos y mirando de reojo a la pequeña.
―En menos de quince minutos.― Respondió aun mirando el reloj del tocador.
Y como si sus energías estuvieran al tope, Kaito se quitó las sábanas y se levanto de la cama.―¡¿Tan tarde es?!― Preguntó alarmado tropezándose con la alfombra.
―Bueno, en realidad es muy temprano; son las 8:47― Respondió en un tono práctico y con ironía a la vez.
―¡Te veo en el desayuno!― Se dirigió corriendo hacia la puerta dispuesta a abrirla.
―Espera.― Detuvo la menor sin moverse de las sábanas.
―¿Qué pasa?― Dirigió su vista por sobre su hombro para verla sosteniendo la perilla de la puerta.
―Se te olvida ago.― Responde tranquilamente.
―¿Eh? ¿Enserio? ¿Que se me olvido?― Se giró para verla de enfrente, pero en lugar de ver a Miku sentada en su cama, vio un borrón blanco dirigiéndose hacia su cara.
―Tu almohada.― Respondió tapándose nuevamente y acurrucándose dispuesta a dormir un poco más.
―Gracias.― Agradeció de mala gana quitándose la almohada de la cara y saliendo junto con esta de la habitación.
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Las nubes grisáceas empezaban a hacerse notar desde la madrugada, era poco probable que lloviese según los sabios. Cómo era de esperarse, a los pocos minutos, la criada abrió la puerta de la habitación de la pequeña, viendo como Miku aún dormía plácidamente. Estaba empujando un carrito de servicio de madera en el cual transportaba unas toallas impecablemente blancas, una tetera metálica que le salía vapor por la boquilla indicando que en su interior estaba el agua caliente y un gran bowl de cerámica con detalles forales en su interior. Se dirigió a correr las cortinas para que la luz natural del sol invadiese el lugar.
―Buenos días, Señorita. Es hora de levantarse.― Saludo sin saber que en realidad la pequeña estaba despierta, no había podido dormir en el poco tiempo que tenía para hacerlo.
Para hacer más creíble su actuación, empezó a moverse y abrir sus ojos con lentitud ―Buenos días.― Saludo fingiendo bostezar y estirándose un poco aún acostada.
―¿Cómo ha dormido?― Pregunto la mujer de largos cabellos castaños amarrados por una trenza, parecía tener más de treinta años. No veía a la peliaqua debido a que se encontraba buscando un atuendo ideal y que le guste a la invitada en el ropero, en otras palabras, le estaba dando la espalda a Miku.
―Dormí muy bien, gracias.― Respondía sentándose aún con las frazadas cubriendo la mitad de su cuerpo. Empezó a frotarse los ojos dándole un toque tierno a su expresión.
La empleada le mostró varios vestidos ostentosos en los cuales la menor observaba atentamente.
―¿Qué le parece este?― Pregunto la mujer al alzar un vestido color azul cielo.
―Mmm, no me gusta mucho...― Respondió mirando la prenda con cuidado.
―¿Y éste?― Mostró otro de color blanco.
―Mmm, ya use ese la vez pasada.
―¿Qué tal este?
―Ese me gusta― Dijo al ver aquel vestido color rosado con detalles blancos.
Después de bañarla y de ponerle el vestido escogido por la pequeña, empezó a peinarla en el tocador del vestidor.
―¿Cómo le gustaría que le péinese?― Pregunto la mucama maravillada por el color, suavidad y brillo del cabello de Miku.
Después de unos segundos, la pequeña respondió baja ―... En dos coletas.
Con una simple afirmación, hizo su trabajo y cuando ya termino en arreglar a la pequeña, dio aviso que desayunara con Kaito en el jardín para después marcharse.
Salió de la habitación topando la Señora Shion abajo de las escaleras. Después del frío saludo -por parte de la mujer mayor- y de indicar que iría con el peliazul al jardín para desayunar allí, le entro una duda.
―¿No irá a desayunar con nosotros?― Se atrevió a preguntar notando que su futura suegra de dirigía a la dirección contraria al jardín... Aunque, No le molestaría para nada que no estuviera con ellos tan temprano.
—No suelo tomar desayunos.― Fue la cortante respuesta para seguir caminando pasando de lado a la menor y perderse de vista.
"No me quejo" pensó la peli turquesa encogiendo sus hombros y dando un suspiro de alivio. Continuo con su caminata hasta llegar al jardín trasero de la residencia, solo bastó en girar un poco su cabeza para ver a su amigo estaba sentado mirando con ojos brillosos los platos que estaban en la mesa de metal.
―Buenos días― Saludo acercándose a él hasta estar a su lado.
―Hola, ¿Qué tal dormiste?― En un principio, a la menor le extraño la pregunta pero al ver como un sirviente estaba cerca poniendo unos bombillos de pan entendió que era para evitar sospechas.
―Muy bien, ¿Y tú qué tal?― Decidió seguir el juego.
―De maravilla.― Respondió mientras daba un gesto con la mano para que se sentara junto con él.
"Eso lo sabía" tenía ganas de decirlo, pero el criado seguía ahí, solo que ahora servía el té en tazas finas ―Muero de hambre, ¿Que comeremos?―
―Un Quiche de espárragos y de postre unos muffins con helado― Respondió el peliazul en lugar del sirviente con ojos iluminados sin perder de vista el postre.
―... Ya veo― se limitó a decir para empezar a comer.
Cuando se fue aquel hombre, los niños empezaron a hablar ya más tranquilos sin importar los modales. Entre esa platica, la peli turquesa contó sobre que tuvo que fingir que estaba profundamente dormida cuando la sirvienta llegó a despertarla.
―Me sorprende lo buena actriz que puedes llegar a ser― comentó mientras tomaba con la mano otro Quiche.
―¿Y acaso tu no?― pregunto sonriente bebiendo de su té ―Saludarnos como si no nos hubiéramos visto hace unos minutos, fue idea tuya.
―Seguiste con el juego, ¡Tú también eres culpable!― dijo entre risas el mayor.
―No hubiera fingido con Teto de no ser porque andabas soñado con la 'Sirena Roja', si te hubieras ido desde antes a Lo mejor no fingiría nada― contra atacó juguetona.
Después de unos segundos de silencio el peliazul al fin hablo ―... Bien, ganaste esta vez, ¡Pero note acostumbres!
―Ahora que me acuerdo― murmuro dejando de lado su desayuno ―¿Quién es la "Sirena Roja"?― pregunto curiosa ―porque por culpa de ella te quedaste dormido más de la cuenta y por poco nos descubren― empezó a reír al ver la cara sonrojada del peliazul.
―N-no fue su culpa y es 'La niña sirena vestida de rojo'― Replicó nerviosamente ―Es alguien que conocí en la costa hace tiempo.
―¿En la costa? ¿Cómo puedes ir tan lejos si apenas te dejan estar en este jardín?― Pregunto divertida tomando un muffin.
Kaito la miro ofendido dando un suspiro y continuó ―Pues fue porque mi medio-hermano me llevo allá a pasear― Dejo también de lado su desayuno. ―Recuerdo que él se fue a un puesto de hierbas cercano y lo espere a la orilla del mar. Ahí fue cuando la vi.
―¿La sirena?
Al instante, sus ojos se iluminaron ―Si, estaba en unas rocas que sobresalían del mar. Tenía un vestido rojo, pero jamás le pude ver la cara― afirmó un poco decepcionado.
―Entonces nunca le hablaste ni mucho menos Sabes su nombre ¿Verdad?― Pregunto un poco molesta debido a lo... lento que suele ser el mayor.
―T-trate de llamarla, pero al parecer no me escuchaba― explicó tímido con la mirada baja.
Miku lo miro con una ceja alzada ―Conociéndote, creo que no gritaste con fuerza― aseguró en un suspiro ―En otras palabras, no sabes nada de ella.― concluyó sin saber si reír o molestarse.
―¡Sólo sé que tiene una hermosa voz!― afirmó con vehemencia ―De hecho pude verla porque la escuche cantar, por eso creo que es una sirena―
―¿Y no la has vuelto a ver?― pregunto esperanzada de que la respuesta sea afirmativa.
―... No. Solo la he visto una vez, Akaito me llamo y no tuve otra opción que irme, pero cuando gire para volver a verla...
―Ya no estaba.―termino la frase decepcionada.
―...Si― afirmo igual ―Mi madre no me dejaba ir tan lejos... y ahora menos.
―Ah, cierto...
―Pero le prometimos que iríamos igual, ¿Qué podemos hacer?― pregunto tomando, al fin, un muffin.
Ambos siguieron comiendo para después seguir hablando con naturalidad.
―Creo que tienes que estar celosa― dijo de la nada.
―¿Celosa de qué?― pregunto la menor confundida.
―Pues de mi sirena― respondió divertido ―Según tengo entendió, cuando tu futuro prometido hable de alguien más que no seas tú, tienes que ponerte celosa― explicó pensativo.
―¿Debo de estar celosa?― ladeo su cabeza y alzo una ceja.
En respuesta, el peliazul asintió con la cabeza ―Si, digo, yo debo ponerme celoso si tu harías lo mismo.
―Pues no siento eso― afirmó poniendo su mano en su mentón ―¿Y tú te has sentido así?.
El mayor negó con naturalidad ―Pero debería mmm ¿debo estar celoso de Len y de Gakupo?― se preguntó cruzando sus brazos.
―¡¿Qué has dicho?!―
―A ver, Len no debería porque es mi amigo... Gakupo está enamorado de Lukana y al parecer ella le corresponde... sí, no Debo de preocuparme― sonrió ante su conclusión ignorando las cara que hacía Miku cada vez que hablaba; Primero sorpresa, luego confusión y por ultimo una inexplicable enojo.
―No sabes lo que dices...― miro hacia otro lado aún molesta.
―Ahora que me acuerdo― la miro curioso ―¿No sueles tener el cabello suelto? solamente ayer te lo he visto así― dijo señalando sus coletas.
―...Si, pero me gusto traerlas así― Se limitó a responder con la cabeza baja.
―Oh, cierto lo traías así cuando llegaste junto con Lukana― comentó con inocencia ―¿Ella te los puso?
Por el extraño sentimiento de vergüenza, Miku sólo asintió.
―Se te ven bien―
―... Gracias
Luego de comer los muffins, dieron un ameno paseo por los jardines. Observaron las flores y juguetearon cerca del puente hasta cansarse.
―Sin duda, viviremos en un lugar así.― afirmó el mayor sentándose en la orilla de la fuente. ―Será un enorme jardín, incluso uno más grande que este.
―Para eso deberás trabajar mucho.― Dijo la menor mirando el reflejo del agua. ―... ¿Viviremos?― pregunto luego de analizar las palabras del peliazul.
―Por supuesto. Además que no seré el único que trabaje duro, tú también lo harás.― argumento mirándola retador.
―¿Eh? Pero si la damas como yo no deberían trabajar.― Se excusó infantilmente lanzando piedras a la fuente.
―En ese caso una 'dama' No debería lanzar piedras ¡Podrías herir a alguien!, una dama jamás lastimaría a nadie.― explicó travieso sabiendo lo que vendría...
―Pues para tu información, no estoy lastimando a nadie.― recalcó entendiendo la indirecta. ―Solo estoy lanzándolas al agua.
―¿Cómo sabes? ¿Sabías que en esta fuente hay renacuajos y peces pequeños? Malvada.― lanzó esas preguntas fingiendo seriedad, tratando de no reír.
―¡¿Qué?!― de inmediato la menor se aproximó hacia la fuente, poniéndose en cuclillas mirando atenta el agua con culpabilidad y preocupación. ―... ¡Mentiroso, aquí no hay nada!― Grito molesta levantándose y dando un ligero golpe en el hombro del peliazul.
Mientras tanto, este se reía a más no poder. ―... ¡Hubieras visto tu cara!...― la risa lo atacó nuevamente...
Después de un pequeño silencio, notaron como las nubes eran más grises que el de hace un par de horas, además de estar casi cubriendo el cielo azul.
―Será mejor volver, ya estuvimos mucho tiempo aquí y al parecer lloverá.― sugirió levantándose y entendiendo su mano a la peli turquesa. ―¿Vienes?
La menor asintió y tomó su mano para impulsarse. ―¿Qué no estabas molesta?― pregunto notando que Miku estaba nuevamente sonriente.
―Estaré molesta si aún me lo sigues recordando.― lo miro de una forma tiernamente amenazante.
―Okay, Okay...―
Fueron a la habitación de la peli turquesa y empezaron a hablar sobre el cómo ir a la casa de Lukana, No estaban seguros si la Señora Shion saldría o estaría ocupada. Kaito decía que era poco probable debido al su escapada y que su Madre estaría más atenta con ellos. Miku pensaba que su futura suegra tendría algunos asuntos que atender como para hacerse cargo de ellos.
―¿Y qué hay de los Sirvientes?― pregunto el peliazul.
―Pues Dell no creo que tendría problema en pedir un carruaje para nosotros― respondió la menor.
―Se nota que quieres volver a ver a Lukana, ¿No?― preguntó sonriente.
―¿T-tu no?― se sintió nerviosa de repente.
―Sí, pero no quiero tener un castigo por ello.― explicó encogiendo sus hombros. Estaba sentado en el suelo mientras que la menor estaba es su cama.
―... Talvez tus padres conozcan a los padres de Lukana― dijo La menor en un tono sugestivo.
―¿Que tratas de decir?― pregunto Kaito sin entender del todo.
―¿Has visto la ropas que llevaban?― Pregunto refiriéndose a Lily, Gumi, Gakupo y Lukana.
―Algo... ¿Por?
―Pues es obvio que vienen de familias importantes como la tuya o como la mía. Tal vez se conozcan por lo mismo.
―Puede ser mmm ¿Pero cómo le pregunto a mi madre?
―Le cuentas todo; nuestro encuentro con ellos y como nos divertimos― Hizo una pequeña pausa ―Con suerte, aceptará nuestra amistad con ellos.
Kaito la miro un poco escéptico ―No lo sé... Dudo que mi madre le alegre o algo por el estilo.
―Sólo hay una forma de saberlo. Hasta podrías tener una mejor relación con ella sí le cuentas con confianza todo lo que te gusta o lo que has hecho― aconsejo con una angelical sonrisa.
El mayor se puso de pie ―Tienes razón, hasta podríamos salvar a Rin y a Len― se encaminó hacia la puerta.
―Suerte.― escucho la palabra de Miku antes de abrir la puerta y salir.
Empezó a buscar en toda la mansión Hasta con dar con ella afuera del estudio.
Con paso lentos se aproximó hacia su progenitora ―Mamá...― la llamo en voz baja y temblorosa.
La mujer baja la mirada para encontrarse con la inocente mirada de su hijo ―Kaito, debemos salir― dijo empezando a caminar.
―¿Salir? ¿A dónde?― Pregunto siguiéndola como podía.
―Tu padre llegó hace unos minutos. Al parecer, una familia ha sido atacada―
―... ¿Una familia? ¿Por qué?―
La mujer llamó a una sirvienta y le dio unas órdenes que Kaito no supo cómo interpretar ―…¿P-or qué mandas a Teto a que vista a Miku de negro?― pregunto alarmado.
―Por que iremos a un Velorio.
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En la cocina el chef y Dell se encontraban charlando sobre el como el Señor Shion llegó hecha una furia.
―Lo malo es que yo recibí la mayoría de sus rabietas― afirmó el peli plateado dirigiéndose a un ventana cercana al fregadero.
―¿Pero qué fue lo que paso?― Pregunto el cocinero de cabellos naranjas.
Encendió un cigarrillo para después responder ―Una familia sumamente importante fue asesinada― expulsó el humo –Hace unos días atrás, Shion fue a hacer unos planes de negociación con el líder de esa familia y su esposa. Además, de que supuestamente se conocían y se llevaban bien.
―¿Y cómo fue que se enteraron de esa lamentable noticia?―
―Según tengo entendido, fue porque a las afueras de la ciudad estaba una mujer con graves quemaduras pidiendo auxilio y que cuando le preguntaron qué ocurría, afirmó que era la sirvienta de esa familia― explicaba con el cigarrillo en sus labios ―La policía fue a investigar, encontrándose con que la residencia estaba tan alejada de la ciudad y que se encontraba quemada.
―¿Hubo sobrevivientes aparte de la mujer?
―No sabría decirte, pero lo dudo... Aunque no se ha encontrado el cuerpo de la más pequeña...
―Umm, esa familia era muy noble, ¿No? ¿Por qué harían algo así?― Pregunto rascándose la nuca.
―Así de noble; Así de poderosa. No me sorprende que algún rencoroso los enviará a matar para no tener competencia― fue la frívola respuesta que dio apagando su cigarro con el marco de la ventana ―Es por eso que mantuvieron el caso en secreto hasta ahora, de ahí en gran parte de la molestia de Shion, la investigación y todas Esas cosas sin sentido. —Continuo, sintiendo algo de incomodidad.
―…Aún que no entiendo por qué no sé a encontrado los restos de la hija menor... Es decir, si hablamos de tráfico de personas, es mejor vender a una joven que una niña de no más diez años―Dijo de la nada luego de un momento de silencio, como si aquel pensamiento saliese de sus labios sabor tabaco.
―¿Algún Pedófilo? No sabes el tipo de gente que se encuentran comúnmente― teorizo Serio el otro hombre.
―Ojala y no. Mi Hermana y yo pasamos por algo similar, lo bueno que nos escapamos a tiempo... Aun así, el tan sólo pensar en eso, se me hiela la sangre― afirmó molesto.
―¿Cómo decías que se llamaba esa familia?―
―La familia Megurine: El Jefe de la familia; Yusuke Megurine, Su esposa; Elise Megurine, La hija mayor; Kasumi: Muertos, La hija menor; Lukana Megurine: desaparecida.―
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Una niña trataba de entrar a la habitación, pero el seguro se lo impedía. Gritaba el nombre de su primo, sin recibir respuesta. No sabía si llorar o molestarse por la situación.
―Gakupo, abre por favor― pidió con una voz quebrada golpeando la puerta constantemente.
No recibió respuesta.
―Gakupo... por favor― unas lágrimas se empezaron a asomar en sus ojos verdes ―T-tenemos que ir con Miriam. Nos necesita...
Dentro de la habitación, un joven lloraba en silencio. Estaba sentado en la orilla de la cama, sus codos apoyados en sus rodillas y enterrado sus manos en sus mechones morados.
Podía escuchar a la distancia la voz de Gumi, pero no podía entender del todo lo que decía, sus piernas temblaban y no las podía mover. Las amargas lágrimas le dejaban una sensación de ardor en sus ojos.
"No puede ser"
Escuchaba el sonido de los golpes de la puerta.
"No puede estar pasando esto"
"Luka..."
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―¿Cómo es esto posible?― Pregunto la mujer rubia con lágrimas a los ojos ―Elise y su marido no tenían enemigos, ¡Menos sus hijas!
―Eso quiero investigar― respondió el hombre que estaba sentado en el sofá del salón ―Mi buen amigo y su familia no se merecían algo como esto― afirmó enterrando sus dedos en su cabello castaño con fuerza― Conseguiré los mejores investigadores para encontrar a los desgraciados que hicieron esto.
―Por favor, hazlo― rogó la mujer.
―¿Cómo está Lily?― preguntó preocupado.
―Está en su habitación, dijo que quería estar a solas.― respondió mirando hacia arriba en donde probablemente estaría su hija.
―Haré lo mejor para encontrarla y encontrar a esas personas, lo prometo...― Afirmó aquel hombre levantándose para después dirigirse a puerta principal y ponerse su saco ―... Consuela a Lily― pidió recibiendo sólo la afirmación de su mujer y partir.
"Luka está bien, Luka está bien"
"Lo está, lo está"
"¿Realmente lo está?"
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Según los investigadores, No fueron asesinados por el fuego o el humo. Dos de los tres cuerpos mostraban quemaduras de tercer grado, ambos tenían una bala mortal en sus frentes, dando por hecho la causa de muerte. Fueron encontrados en su habitación acostados en su cama, clara señal que fue cuando yacían dormidos sin posibilidad de defenderse... cuando mucho, uno de ellos pudo haber gritado al oír y ver la muerte del otro. Se dedujo que eran el Matrimonio Megurine que en vez de decirles 'cuerpos', era más apropiado decirles 'restos'.
A diferencia de los anteriores, el tercer cuerpo no mostraba quemaduras debido a que se encontraba relativamente lejos de la residencia. Mostraba signos de lucha en sus brazos y torso. La bala que atravesó el pulmón pudo haberse tratado ya que no era del todo mortal, concluyeron que sufrió un estado inconsciencia antes de morir desagrada... tuvo una muerte lenta sin duda. Kasumi era relativamente joven como para tener una muerte tan lamentable.
Los investigadores siguieron buscando por toda el área para encontrar alguien vivo o muerto. Se encontraron con la sorpresa de que había más sangre derramada de lo esperado: En la habitación de la joven Kasumi se encontraron un peculiar patrón de manchas oscuras que parecía ser sangre, obviamente, no le pertenecía a la fallecida. En la pared cercana a la puerta estaba salpicado y en el suelo había una enorme mancha, ¿Será de alguien más? Tal vez de alguien que murió en el intento del atentado y pago con su vida.
En la habitación continúa mostraba casi las mismas características... esa era la habitación de la pequeña Megurine.
Se realizó una exhaustiva búsqueda para encontrar a la menor sin mucho éxito. ¿Habrá logrado escapar? Las posibilidades de esa pregunta se veían muy limitada, ¿Se la habrán llevado? Eso, por desgracia, era la teoría más aceptable, el motivo y el porqué es lo que se desconoce... Aunque muchos investigadores supusieron en la venta de esclavos... o prostitución infantil.
Y no es para menos, los casos de estos han ido en aumento hace un par de años. La mayoría de los casos se tratan de personas de pocos recursos y que si desaparecen no preocuparía a la sociedad. Entonces, ¿Por qué robarían a una niña de alta sociedad? Tal vez por tener un 'precio' alto en el mercado negro. O por el enfermo deseo de tener las más vírgenes para ellos. No se sabe...
―Recordé el caso de "La pérdida de féminas del 1663"― Comentó de la nada un hombre mientras volvía a leer el informe ―Sólo que esta vez, hay 2 mujeres muertas, una herida y una niña desaparecida...―
El otro hombre que estaba sentado frente a él con el escritorio separándolos lo miro curioso ―Pero ese caso solo destacó por desaparecer a mujeres y jóvenes que vivían en pobreza.―
El primero lo miro divertido ―Pues eso es cierto, pero el resultado fue el mismo: Todos quedaron aterrados y los hogares de esas mujeres fueron quemadas con niños y hombres dentro.― De la nada su semblante se volvió uno serio ―Y no se encontraron las mujeres jamás.
―... ¿Q-que trata de decir?― Pregunto temeroso por saber aquella respuesta.
―Que dudo que se encuentre los criminales y a la niña― respondió desinteresado aún que su interior estaba todo lo contrario ―Los piratas no son ratas que se encuentren así de fácil. A pesar de No tener cultura, no significa que sean menos inteligentes.
―Entonces, ¿Por qué acepta el trabajo de investigador?― Cuestionó un poco alterado.
―Para que la gente no se preocupe y que duerma tranquila cada noche... considéralo como una muestra de cariño que le tengo al pueblo― respondió tragando en seco.
De la nada unos golpes en la puerta hicieron que la conversación se detuviera ―Adelante.― dijo el primer hombre dando una mirada a su compañero para que dejará la habitación, la cual este no dudo y se fue por la otra salida.
En la entrada apareció un hombre de cabellos castaños y ojos azules, parecía bastante aturdido.
―Señor Masuda, Que bueno que lo veo en cuanto antes― Saludo el mayor dirigiéndose al mencionado, sin levantarse.
―Hace tiempo que no lo veo, Comisario― fue los cortes pero apresurado saludo que dio mientras estrechaba su mano.
―Eso es cierto, es lamentable vernos por estas circunstancias. Por favor tome asiento― ofreció aceptando el gesto del otro y hacia un movimiento en su otra mano para indicarle una silla.
El hombre obedeció y se sentó en una elegante silla de madera ―Bien, pues como usted sabrá― comenzó a hablar de forma melancólica ―Mi familia era muy cercana a los Megurine.
El otro hombre asintió ―Lo sé, y me imagino la gran sorpresa y dolor por enterarse de esta horrible noticia― afirmó serio.
―Así es, mi mujer era muy amiga de la Señora Megurine y mi hija con sus hijas― comentó sin cambiar su tono de voz.
―Ha de ser un terrible golpe para ellas. En verdad, lo lamento.
Después de esa pequeña charla, el Señor Masuda explicó por qué se encontraba en ese lugar.
―Ya veo, es entendible que quiera encontrar a los criminales y a la pequeña Megurine.
―Así es. No se preocupe por el dinero, todo los gastos de la investigación irán a mi cuenta.―Dijo el castaño con determinación.
Eso para el Comisario de cabellos canosos fue música para sus oídos ―En ese caso, cuento con usted para el caso.― logró que su voz sonase sería y no lo contrario ―Esto podría llevar meses o hasta años...
―No importa, Hasta localizar a Lukana.― interrumpió con brusquedad.
―Bien, ya está decidido. Se contratará gente experimentada para la investigación que, por supuesto, yo conseguiré. Déjelo en mis manos y verá que encontraremos su paradero― explicó con lentitud para no sacar a flote sus verdaderos sentimientos.
―¿Que se tiene de información hasta ahora?― pregunto esperanzado son notar como el comisario ocultaba el informe debajo de otros papeles.
Puso sus codos en el escritorio y ambas manos las junto hacia su boca ―Verá, la causa de muerte de ellos fue por el humo que les provocó la asfixia. No se ha encontrado ninguna señal de armas de fuego...― Empezó con su larga y detallada explicación hasta llegar al punto crítico ―creemos que la menor de las hermanas calló por el barranco, sabemos esto gracias a que se encontró restos de sus ropas por aquel lugar... lo que no estamos seguros es si callo por su cuenta o la empujaron...― continuó sin tener ningún tipo de cuidado de usar sus palabras.
Para el Señor Masuda, aquella explicación le resultaba muy dolorosa e impactante, ¿Por qué alguien haría algo como eso?, ¿Sólo es por motivos 'profesionales' o por motivos pasionales?... Esas y mil preguntas pasaban por la mente del castaño.
El comisario continuo explicando notando las dudas mentales que tenía el otro y con más razón, seguía explicando... como si estuviese disfrutando las reacciones de él.
―Eso es todo lo que sabemos hasta ahora.― finalizó con un suspiro ―Esperemos que encontremos más información pronto.―
Después de aquella conversación, el señor Masuda opto por retirarse y se levantó para dirigirse hacia la puerta ―Gracias por todo, Comisario― dijo de forma apagada
―No tiene por qué darlas, vera que se resolverá todo pronto― hablo el mayor.
―Ahora que lo note, ¿Que le paso en el rostro?― pregunto mirando aquella leve herida que tenía cerca de su ojo.
De la nada, el comisario tuvo aquellos recuerdos de lo que paso en la noche anterior lejos de su casa ―Oh, ¿esto?― señalo su cicatriz ―me golpee con un metal cuando estaba inspeccionando la ciudad el día de ayer― Explicó recordando el rostro de una hermosa peli rosada en medio de la oscura habitación... aquella mujer lo miraba con odio.
―Ya veo, debería tener más cuidado. Hasta pronto.― Dicho esto, finalmente dejo el lugar cerrando la puerta detrás de sí.
Pasaron unos minutos para que el comisario llamará a uno de sus hombres la cual este entró por la misma entrada que el señor Masuda había usado.
―¿Se le ofrece algo?― pregunto aquel hombre portando un elegante uniforme.
El mayor tomó el informe que había ocultado, observándolo con molestia ―Destruye este papel y asegúrate que nadie más lo lea, ¿De acuerdo?― se lo entrego rápidamente, ―A todos los investigadores implicados ofréceles una cantidad de dinero para que guarden silencio.
―Pero señor, eso tal vez lo dejaría en la quiebra.― advirtió el otro mirando el informe atentamente.
―No hay problema con el dinero, ya tengo un inversionista que me ayudara.― afirmó complacido. ―Cuando hayas terminado, regresa para darte el informe oficial.― Ordenó empezando a escribir con sumo cuidado.
El uniformado sólo dio una reverencia antes de salir, arrugó el informe para guardarlo en el bolsillo. Tenía mucho trabajo que hacer...
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Empezaba a sentir su misma respiración. ¿Hace cuánto tiempo veía "oscuro"? Claro, sus ojos no están cubiertos. ¿Había dormido? Es lo más probable, eso explicaría por qué siente que soñó una pesadilla.
Entonces…
¿Es Bueno que no recuerde "esa" pesadilla? Probablemente.
¿Acaso esa pesadilla fue tan horrible como Para respirar de esa forma? No puede ser tan malo, ya paso, ¿no?
"¿Qué habrá sido?"
El extraño dolor que sentía en cuello y extremidades habrán sido provocados por esa pesadilla de seguro.
"Dolor…"
Sus sentidos estaban comenzando a funcionar. Su olfato le decía que estaba en un lugar húmedo, salado y podrido. Su mejilla y todo su cuerpo le decía que estaba acostada en algo rasposo y sumamente duro. Sentía un dolor pulsante en Su pie y conforme pasaba el tiempo más le dolía. Tenía la sensación de estar en movimiento. Podía escuchar levemente el sonido del mar.
"¿Dónde estoy?"
Con cierto temor empezó a abrir sus ojos, tardo en que su vista se ajustara con la casi nula iluminación. Noto que sus Manos estaban atadas con sogas, además de muy ajustadas. Tratando de levantarse de esa fea tela en donde yacía su cuerpo supo que sus pies estaban de igual forma amarrados.
― ¿P-porqué?― Se preguntó así misma temerosa y con una voz susurrante.
Miro a Su entorno, notando que solo una vela encendida era lo único que iluminada aquel lugar. Cajas de Madera de diferentes tamaños, gruesos rollos de tela en diferentes colores, hasta trozos de metal era lo que Podía ver.
―Un barco…― Dedujo bajo.
El dolor aun le molestaba y con lentitud se dobló un poco para llegar hasta su pie.
―Oye, ¿ya despertaste?― Escucho una voz, sonaba tranquila.
Aun que era el de una niña, asusto a la otra logrando interrumpir sus movimientos y actuar de forma insegura.
―Perdón, no quería asustarte.― Rio nerviosamente. ―Un favor. ¿Estás cerca de una caja de casualidad?
La otra buscaba entre la oscuridad en donde provenía aquella sin éxito. ―Ujum.― Afirmo desconfiada.
―Bien, ¿Puedes ver si hay algún trozo de madera sobresalir?
― ¿Trozo de Madera?
―Un borde o algo. Normalmente están en las orillas.
Luego de dar un vistazo, pudo ver un pequeño trozo que apenas sobre salía de la superficie. En respuesta vuelve a afirmar.
— ¿Lo puedes quitar sin lastimarte?
― ¿Quién eres?― interrumpió un tanto brusca.
Aquella voz tardo en hablar. ―Mi nombre es Meiko, ¿Y tú?
No recibió respuesta y volvió a preguntar siendo un poco mas especifica. ―¿Cuál es tu nombre?
―… No lo sé. ― Fue lo pudo responder debido al repentino dolor en su cabeza al tratar de recordar.
"¿No lo recuerda?" ―No importa. Te quiero ayudar, pero para eso debes de pasarme ese trozo. Esa herida ira para peor si no se atiende en cuanto antes.
―Lo intentare.― Dicho esto estiro sus atadas manos hacia aquel trozo y hacia fuerza para desprenderlo.―No puedo, falta mucho para quitarlo.― Admitió un poco agotada luego de varios minutos en tratar sin éxito.
―Vamos, sé que puedes. ― Alentaba la otra chica de nombre Meiko.
"¡Vamos, Luka! ¡Tú Puedes!"
Esa voz… ¿Dónde la ha escuchado? Es tan familiar…
Y de la nada, sin saber cómo, lo logro. Logro quitar el trozo de madera que era filosa de cierta forma. ― ¿Y ahora?
―Lánzalo por acá.
Siguiendo el origen de la voz, lanzo aquel trozo tratando de que llegase. Luego de unos minutos, aparece una niña un par de años mayor que ella, cabellera corta y de color castaño al igual que sus ojos.
―Uff, gracias. Esas cuerdas me estaban matando. ― Admitió mostrando sus muñecas mientras se dirigía de ella.
― Ya veo, también estabas amarrada, ¿no? ― Intuyo un poco más tranquila al ver de quien era dueña de aquella voz.
La mayor asintió como respuesta. ―Solo que tenía un poco de… más cuerda encima por así decirlo. Ahora bien, déjame ayudarte con esa herida ¿De acuerdo? Es lo menos que puedo hacer.
Ya a su lado, quito las cuerdas que amarraban a la otra con las manos y se puso de canclillas tomando con cuidado la extremidad. Después de un rato en analizarlo, se puso de pie y se fue al otro extremo para abrir una de las cajas.
―Es severa la herida, pero tranquila, no perderás la pierna. ― "O eso espero" Hablaba mientras buscaba en el interior de la caja. ― ¿Puedo saber cómo fue que te hicieron esa herida? ― Pregunto cuidando de sus palabras.
―… No lo recuerdo. ― Fue la complicada respuesta que dio.
―Ya veo, no importa. Ahora lo importante es curarte… ¡Ah! ¡Aquí esta! ―Corto sus palabras al encontrar una botella mediana. Luego fue hacia otra caja sacando de esta unos simples ropajes de color claro.
―Bien, con esto bastara. Espero que no se den cuenta. ― Rogo en un suspiro regresando con la joven. Bien, ahora comencemos.
―Gracias… Meiko, ¿dices que es tu nombre, verdad? ― Agradeció apenada y tratando de ser educada.
―No tienes por qué darlas. ― Rio levemente. ―En fin, emm ¿Cómo puedo decirte? Quiero decir, ¿Cómo puedo llamarte por emm… un nombre? ― No sabía si se había explicado.
―Mmm…― Ciertamente no sabría que responder, ya que ella misma ni lo sabía.
¿Entonces qué se debe hacer, tener un nombre nuevo?
Después de pensarlo un poco, recordó aquel borroso recuerdo. ―No sé por qué, pero creo que me llamo Luka.
―Oh, un gusto entonces, Luka. ― Saludo alegre la castaña mientras extendía su mano.
―En gusto es mío, Meiko.― devolvió el gesto de igual forma, estrechando su mano.
