La historia original pertenece a Princess Kitty1 y los personajes a Tite Kubo.

Pelos de Loco

Orihime se mordió el labio inferior para evitar que la risa se le escapara. Había vuelto a quedarse dormido; ¡qué mono! Ya no estaba tan maravillada como la primera vez que había ocurrido; después de todo, mucha gente se quedaba dormida después de que les masajearan el pelo. Hasta ella misma podía acabar dando un espectáculo con sus ronquidos, después de hacerle una vista a su peluquero.

Pero, ¿Ulquiorra? Eso no se lo habría esperado nunca. Hacía unos meses, cuando apenas llevaban tiempo viviendo juntos, había salido de la ducha, con el pelo negro despeinado en todas direcciones. Mientras se esforzaba por no reírse de él- en aquel momento se molestaba mucho por cosas que no entendía- le ofreció peinárselo. Por supuesto, al principio se había negado, pero después de insistir mucho se resignó y se sentó en el sofá. Ella se sentó sobre los cojines y apenas cinco minutos después de que empezase a trabajar, él se durmió.

Orihime apartó las manos de su pelo y se inclinó sobre él para verle la cara de dormido. Esos eran los únicos momentos en los que podía ver algo así, porque normalmente se levantaba antes y se acostaba después que ella.

- Ulquiorra- susurró.

- ¿Hmm?- le respondió una voz grogui.

- Estás dormido.

- No lo estoy, mujer- dijo, con los ojos aún cerrados.

Giró la vista y siguió aparándole el pelo de la frente. Ya se lo había desenredado- Ulquiorra ponía caras raras al hacerlo- y ahora estaba entreteniéndose decidiendo qué hacer con él. ¿Cómo le quedaría el pelo engominado? Tardó un momento en imaginárselo vestido con un esmoquin, llevándola en brazos a algún baile elegante, brillante e importante. Sería la fiesta de algún miembro del Gobierno importante…

… Pero, un momento, ¿qué estaban haciendo ahí esos ninjas? ¡Mierda, les habían encontrado! Le dirigió una rápida mirada a Ulquiorra y él le contestó asintiendo con la cabeza. Él también los había visto. Se pasearon entre el público hacia la zona de baile y él le puso una mano en la cintura y ella entrelazó los dedos con los suyos. Con calma. Tenían que bailar como una pareja de enamorados, no como un par de agentes secretos con unos kunais en sus espaldas. Ella mantuvo la vista fija por encima de su hombro y él del suyo, defendiéndose de alguna manera. ¡Ahí! El camarero se les acercó con una bandeja de hors d'oeuvres. Orihime se le acercó y besó la mejilla de Ulquiorra, tomándose un momento para susurrar:

- Dos segundos.

Entonces se apartó de él, se levantó la falda del vestido y desenfundó la pistola que llevaba enganchada al muslo, la apuntó por encima del hombro de Ulquiorra y abrió fuego a los ninjas. Los invitados empezaron a chillar, a esconderse y a correr hacia las salidas, mientras los asesinos vestidos de negro se lanzaban hacia la pista de baile, apartando a los elegantes hombres y a las preciosas mujeres mientras trataban de llegar hasta la pareja que estaba en medio de la pista. Ulquiorra se tropezó con el temeroso camarero y le robó la bandeja, usándola como escudo mientras una lluvia de kunais caía sobre ellos. Orihime se apoyó sobre su espalda y, mientras se giraba para esquivar las armas, disparó al ninja, cargándose a una fila entera.

Pero cada vez había más y se estaba quedando sin balas. La situación era desesperada. Al fijarse de nuevo en Ulquiorra observó que estaba herido, tenía un kunai clavado profundamente en su pierna.

- Mujer- jadeó, sus ojos verdes envueltos en el dolor y en la pena. Sabía lo que estaba intentando decirle: corre. Tenía que correr y él los contendría mientras pudiera.

- ¡No!- sus ojos brillaron de las lágrimas sin derramar- ¡No te dejaré atrás! ¡Estamos juntos en esto, Ulquiorra! ¡Juntos!

- Mujer- dijo con más insistencia y ella volvió de golpe al presente, pestañeando dos veces. Sus puños tiraban con fuerza de dos mechones de pelo negro y Ulquiorra la estaba mirando molesto. Orihime tragó saliva y le soltó rápidamente.

- ¡Lo siento! Debía de estar soñando despierta…- mientras se lo alisaba, cogió el peine y empezó a desenredárselo de nuevo. Ulquiorra se cruzó de brazos, fijando la vista en la televisión, preguntándose qué podía haberle pasado a la chica por la cabeza para apretarle el pelo con tanta fuerza. Por supuesto, ya había aprendido hacía tiempo que a veces lo mejor era no preguntar. Además, quizá no hubiese entendido lo que le contase.

Rápidamente dejó de peinarlo con el maléfico peine y empezó a hacerlo con sus delgados dedos y Ulquiorra pasó de estar mosqueado a estar amodorrado. Sus ojos empezaron a cerrarse, prestando cada vez menos atención. Para cuando hubo salido el siguiente anuncio, Ulquiorra ya se había dormido completamente y Orihime trataba de contener la risa al ver su adorable expresión.

Pero, ¿qué más podía hacer con su pelo? Estaba lo bastante largo como para que se lo atara en una coleta a la altura de la nuca. Cerró los ojos y de pronto se vio atada al mástil de un barco pirata, en un mar tormentoso, mojada por la lluvia. Al timón estaba Gin Ichimaru y su característica sonrisa se volvió más siniestra a la luz de los truenos. Y a pocos pasos de ahí Sousuke Aizen y Kaname Tosen vigilaban atentamente a Ulquiorra, que apenas mantenía el equilibrio sobre una tabla de madera que colgaba de un lado del navío.

Ulquiorra miró brevemente a Orihime, su expresión indescifrable y su camisa blanca y mojada se pegaba a su esquelético cuerpo. Llevaban semanas ahí cautivos, alimentándose de los mismos restos que les daban a los perros. Al principio Aizen había tenido la intención de apresarlos como rehenes a cambio de una cuantiosa recompensa por sus vidas, pero la Marina Británica- y los padres ricos de Orihime- se habían negado a pagarle. ¿Qué importaba que una chica adolescente y un soldado murieran ahogados en el mar, como tantos otros millones de personas? Tampoco es que fuesen especialmente importantes para nadie.

- Vamos, Ulquiorra, coopera- dijo Aizen, apuntándole a la espalda del joven de pelo negro con su alfanje desenvainado- No podemos dejar a los tiburones esperando más.

Al escuchar el pie, Tia Harribel emergió de la superficie del agua, rodeada de un montón de tiburones blancos con dientes deformados y puntiagudos y sus cuerpos grandes e imponentes. Ulquiorra, con las manos metidas en los bolsillos como si nada, ni siquiera parecía preocupado.

- Puedes amenazarme todo lo que quieras, pero te aseguro que este barco será mío- le dijo a Aizen, que respondió sonriendo.

- Ah, pero Sr. Cifer, ¿cómo piensa quitármelo en estas condiciones?- miró a Tousen y le hizo un gesto con la cabeza; aquel dio un paso adelante y empujó duramente a Ulquiorra.

- ¡No!- gritó Orihime al ver cómo caía de la tabla, los truenos resonando y los rayos brillando mientras se zambullía en la muerte que le aguardaba en el agua. Negó con la cabeza, los sollozos haciendo que el cuerpo le temblara, la apretada cuerda clavándose bajo sus pechos. Se había acabado. Sería la siguiente y sus estúpidos padres reirían los últimos. ¡Oh, si tan sólo pudiera ser una pirata, volver a casa por la costa y bombardearles a ellos y a sus riquezas!

- ¿Qué? ¿Qué es eso?- la voz gruñona de Aizen hizo que volviera a fijarse en la tabla. ¿Qué ocurría? Oh, podía ser… ¿De verdad era…? ¡Sí! ¡Era Ulquiorra! ¡Con Peter Pan y Campanilla! ¡Oh, qué imagen tan gloriosa! ¡Estaban volando! ¡Seguro que ahora Aizen y su condenada tripulación pagaban por todo! Si corazón se sobresaltó de la alegría, la esperanza y la magia envolviéndola igual que el polvo de hada de…

- Mujer.

Orihime miró a Ulquiorra. Una vez más, sus dedos tiraban de su pelo con tanta fuerza que le estaba haciendo daño en el cuero cabelludo.

- ¡Aghh! ¡Lo siento!- gritó, soltándole- ¡Es que estaba muy contenta al ver que estabas bien!

Orihime se rio inocentemente, peinándole el cabello. Ulquiorra le apartó las manos, ya sin preocuparse de su comportamiento bipolar.

- Déjalo ya, mujer.

- ¡Pero todavía está…!

- He dicho que lo dejes- se incorporó y alejó de ella, hacia el hall. Orihime se mordió los labios, tratando de contener la risa, mientras se preguntaba cuánto tiempo tardaría Ulquiorra en descubrir que su pelo parecía un ave del paraíso de un lado y un arbusto del otro. Esperó pacientemente y, quince segundos después, él volvió al salón. Con una expresión amarga, se sentó a su lado en el sofá.

- Arréglalo- le ordenó.

- Sí, señor- dijo ella alegremente, cogiendo el peine por quinta vez ese día. Por suerte esa vez podría concentrarse durante todo el proceso, aunque la pseudo cresta que tenía a un lado de la cabeza le hizo preguntarse cómo sería si fuese el cantante de un grupo de música emo.

/ Continuará /

Hola a todos! Qué os ha parecido este capítulo? Pobre Ulquiorra, seguro que al final del día se queda calvo… Aunque resulta sorprendente que se relaje tanto mientras Orihime le peina (bueno y que le deje hacerlo). Nos vemos en el siguiente. Un beso!

Kumikoson4: hola! Sí, ya se va intuyendo que algo hay entre los dos. Pero con tantos capítulos supongo que la relación irá avanzando muy lentamente. Pero bueno, mejor para nosotros! Espero que el capítulo te haya gustado y nos vemos en el siguiente. Un beso!

Rebeca18: hola! Espero que este capítulo te haya gustado. No pasan demasiadas cosas, pero ya hay cierta cercanía entre los dos… a ver cómo avanza beso!

Kuchiki aNgEl: hola! Ya, la verdad es que la historia puede dar pie a muchas posibilidades y más según vayan apareciendo los demás personajes. Un beso!

Titani86: hola! Jaja, yo en cuanto puedo sí que lo leo, aunque más por pasar el rato que por otra cosa. Y a veces aciertan y todo! Un beso!

Cindira K. 94: hola! Sí, la verdad es que la autora logra mucho a Ulquiorra. Sigue siendo él, pero con toques diferentes que le quedan bien. Espero que el capítulo te haya gustado. Un beso!

Raven Granger: hola! Gracias a ti por leerlo. Ya me dirás qué te ha parecido el capítulo nuevo. Un beso!

Diana: hola! Jaja, me alegra mucho que hayas venido al Lado Oscuro, al lado UlquiHime! Gracias por el review y espero que la historia te siga enganchando en los capítulos que quedan. Un beso!