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Llegamos al capítulo 5 :) Me sorprende lo rápido que estoy avanzando y me agrada mucho leer en sus reviews y mensajes las conjeturas que hace cada lector respecto a lo que está ocurriendo y a lo que ocurrirá después. Espero dejarles un muy buen capitulo (o dos) debido a que es probable que me vaya de vacaciones 2 semanas dentro de una semana, así que no habrá updates en ese tiempo. Pero espero volver con la mente más despejada y trayendo más capítulos.
¡Gracias nuevamente por leer!
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CAPITULO 5 - VOLUNTAD
"No fue suficiente" pensó Iori mientras se incorporaba para sentarse al borde de la cama donde había estado durmiendo. Se agachó para buscar en los bolsillos de sus pantalones que yacían tirados en el suelo y sacó de ahí una cajetilla de cigarros y un encendedor. Fumar no era mucho de su agrado, pero hay algunos hábitos a los que no podía evitar volver sobre todo cuando su cabeza le daba vuelta a las cosas. Cuando puso el cigarro en su boca y lo encendió, tomó una gran bocanada con los ojos cerrados y alzó la cabeza para dejar salir el humo lentamente.
Se sentía estúpido. ¿Cómo era posible que hubiese cedido a involucrarse con una peleadora del torneo? Y por algo tan ridículo como un momento de excitación exagerada y peor aún, habiendo tantas mujeres de donde escoger tenía que haberla escogido a ella. Aunque muy en el fondo él sabía que lo que más le hacía sentirse estúpido no era el haber escogido meterse con ella sino el tajante rechazo que había experimentado al final del día. ¿Porque? No lo tenía muy en claro aún. Mientras le daba otra calada a su cigarro recordó lo dulce de su boca y el cosquilleo que provocaba el roce de sus lenguas. El amargo sabor del tabaco no guardaba similitud con lo dulzón de su saliva. Admitía que la chica le había gustado y estaba seguro de que a ella le había gustado también de lo contrario no le hubiera correspondido del mismo modo. Tampoco dudó que hubiese podido mandarlo a volar de un golpe. Pero no lo hizo. Muy al contrario se había dejado besar, se había dejado probar e incluso se había dejado tocar por él. Pero al final, el rechazo fue inminente. Iori frunció el ceño. Se arrepintió de no haber sido más rápido y haberle metido la mano entre las piernas, seguro que eso habría hecho el truco y no habría podido rechazarlo. Tenía que ser más duro, más tosco y basto, tal vez así conseguiría llevársela al catre la próxima vez.
"¿La próxima vez?" repitió en su mente. ¿Es que acaso había perdido toda cordura? Ya había arriesgado mucho la primera vez tratando de engatusarla, ¿De verdad estaba tan loco como para intentarlo una segunda vez? A pesar de que era una persona de ideas fijas, esto ya rayaba en la insensatez. Mientras seguía dándole vueltas a la idea, unas manos se deslizaron por su espalda hasta llegar a sus hombros y bajaron hasta encontrarse bajando por su pecho. Unos suaves labios le besaron el cuello, pero Iori ni se inmutó. De verdad no le interesaba para nada las caricias de su compañera de cama ni siquiera anoche: No le importaba admitir que solo la había usado para desahogar su fogosidad y frustración. Ella solo era una más. Otra más.
— ¿Te vas ya? — Dijo la voz de la chica que le acompañaba.
— Mmh — Gruñó Iori asintiendo mientras aspiraba los últimos toques de su cigarrillo.
— Podrías quedarte otro rato si quieres —
— No puedo — "Ni quiero" pensó, pero prefirió no decírselo a la cara — Tengo cosas que hacer — añadió.
Se puso de pie sin pedir permiso y mucho menos excusarse para comenzar a ponerse la ropa. La chica dejó salir un suspiro de insatisfacción. Pocas veces había logrado llamar la atención de un hombre tan apuesto. Se colocó bocabajo en la cama y puso las manos en su barbilla para poder observarlo mejor ahora que se encontraba desnudo. Iori le dio la última calada y deposito la colilla del cigarro en el cenicero de la mesita de noche. Se puso la ropa rápidamente y recogió sus llaves de la misma mesita. Suspiró para despejarse la mente y luego se dio la vuelta para encarar a la chica. Extendió una mano hacia ella y la chica le extendió la suya. Iori se acercó para besarle el dorso de la mano lo que hizo a la chica sonreír. Era un detalle que le gustaba hacer para despedirse de ellas a pesar de que para él solo eran un medio, una manera de liberarse. Era lo menos que podía hacer después de usarla a voluntad.
— El hotel está pagado hasta mañana, puedes quedarte si lo necesitas —
— ¿De verdad? ¿Puedo traer a alguien más a que lo vea? ¡La vista es alucinante! — Dijo la chica volteando a ver a la ventana.
— Puedes hacer lo que quieras — Dijo Iori de modo un tanto despectivo, aunque la chica pareció no darse cuenta. Al igual que ayer, estaba sorprendida por el lujo del lugar a donde la había llevado. "Es lo menos que puedo hacer" se repitió Iori en su mente.
El pelirrojo se puso unas gafas obscuras y empezó su trayecto hacia la puerta.
— ¡Espera! — Dijo la chica, aunque Iori no se detuvo — ¿Te volveré a ver después? —
Iori abrió la puerta y giró la cabeza.
— Tal vez — Fue su respuesta cuando abandonó la habitación. Él sabía que eso significaba un no, aunque no estaba seguro de si ella lo comprendía. No importaba. Iori se metió las manos en los bolsillos y camino por el largo pasillo hasta llegar al elevador.
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Cuando Vanessa dobló la vuelta a la esquina de la farmacia 24/7 supo que estaba ya muy cerca de su destino. A pesar de que habían quedado en que se verían ahí para ir a una cafetería a comer algo, ella no se sentía con muchas ganas de estar fuera y estaba pensando en la mejor manera de evitarlo. Algunos locales más adelante pudo divisar la parada de autobuses y en ella, un joven bajito y moreno con una mochila en la espalda. Casi ni pudo reconocerlo, puesto que sus cabellos no tenían el rubio habitual sino un fuerte color negro así como un largo considerable. Al verla, el joven se puso de pie inmediatamente y cuando pudo acercarse a ella la recibió con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.
— ¡Parece que ha pasado tanto tiempo! — Dijo finalizando el abrazo pero con sus manos posadas aún sobre los hombros de ella — Te ves hermosa, como siempre... — Dijo con una gran sonrisa en el rostro.
— Apenas si te reconozco con ese cabello — Ella le sonrió — Pero el parche en tu ojo te delata, sin duda —
— ¿No creerías que el rubio es mi color natural, o si? —
Vanessa sabía de antemano que su amigo Ramón estaba loco por ella. Desde el día en que se habían encontrado por vez primera en México, el entonces rubio había quedado completamente enamorado de Vanessa, aunque ella no estaba segura de que era lo que tanto le gustaba de ella. "No intentes racionalizar el amor" era lo que él le contestaba. Y se habían convertido en inseparables amigos durante los torneos donde trataban de seguirle la pista a NESTS, inclusive en ocasiones convirtiéndose también en amantes, cosa de la que Vanessa se arrepentía un poco; Sus escasos encuentros amorosos iban más empujados por la necesidad que por el amor, ya que ella no le quería de la misma forma. Ella estaba segura de que Ramón sabía que su amor no era correspondido, pero aun así seguía empeñado en tratar de conquistarla.
— Me alegra mucho que hayas aceptado a encontrarte conmigo, realmente pensé que no volveríamos a vernos... — Ramón hizo una pequeña pausa sin darse cuenta y se sonrió — Realmente te ves muy hermosa, en verdad... —
Vanessa le sonrió de vuelta aunque sintiendo un poco de pena por su amigo; Aún después de meses sin verse seguía igual de enamorado que el primer día.
— Bueno, ¿Que tienes ganas de comer? Después de un viaje tan largo estoy que muero por comer algo —
— En realidad estaba pensando... ¿Te gustaría ver el departamento donde vivo? —
Ramón era un chico muy alegre y optimista, pero no era estúpido. Después de varios años viviendo lado a lado sabía perfectamente lo que la invitación a la casa de Vanessa significaba. Ramón venía de una familia muy unida y siempre había admirado el amor que sus padres se tenían aun en la adversidad y para el tener una esposa con quien pudiera compartir el resto de su vida era uno de sus deseos más profundos. Por lo que aunque los encuentros carnales que había tenido con Vanessa iban muy en contra de sus metas a largo plazo, no podía rechazarlos. ¿Cómo rechazar un pequeño trozo de cielo? Estaba perdidamente enamorado de ella, para él no existía otra mujer perfecta.
— Me encantaría — Contestó Ramón con una sonrisa mientras hacía un ademán para indicarle que se pusieran en marcha.
— ¿Cómo está México? —
— Está bien. Después de volver del torneo tuve un gran recibimiento. Había muchas personas en el aeropuerto cuando llegué, todas esperando turno para darme la mano al menos, je... Después de eso, todos querían entrevistas y me invitaban a muchos espectáculos y peleas. Me hice de una buena fortuna y por fin pude conseguir una casa para mi familia en la ciudad. Mis padres no tendrán que preocuparse más por dinero y mis hermanos pueden ir a la escuela. Gracias al torneo por fin tengo lo que necesitaba — "O casi todo..." pensó él.
— Vaya, eso es increíble. Me da gusto que estés teniendo el éxito que deseabas. Me sorprende bastante que hayas viajado tan lejos —
— Supongo que necesitaba alejarme un poco de todo y relajarme... Era eso y claro, verte a ti... — Sonrió de nuevo.
La conversación se pausó un momento mientras se preparaban para entrar al departamento. Subieron los escalones hasta el vestíbulo para de ahí tomar el elevador hasta el piso 7. Cuando por fin entraron hasta el departamento, ambos se apresuraron a la cocina donde Vanessa le dijo que podía tomar lo que quisiera. Ramón comenzó rápidamente a saquear el refrigerador y las alacenas buscando algo de comer, mientras que Vanessa lo observaba sentada en el comedor. Cuando su frenesí hambriento se apaciguó un poco, Ramón se sentó en el comedor junto a Vanessa y posó sobre la mesa 4 frutas que iba a comerse.
— ¿Y qué hay de ti? — Ramón levantó una ceja — ¿Qué tal la vida para ti en Japón? —
— No me quejo — Vanessa estaba pensativa — Tengo algunas amistades y tengo un trabajo que me gusta. Aunque creo que es todo, llevo una vida bastante aburrida —
— ¿Tienes amigas lindas? — Preguntó Ramón dándole una mordida a una manzana.
— ¿Qué clase de pregunta es esa? — Dijo Vanessa con cierto enojo en su voz — Además, pensé que estabas enamorado de mí —
— ¿No voy a esperarte por siempre, sabes? —Contestó con un tono burlón, pero el reproche era verdadero. Al ver la cara enfadada de Vanessa dejó salir una carcajada — ¡Estoy bromeando! Sabes que solo tengo ojos para ti —
Cuando Ramón terminó de comer sus frutas el silencio se hizo presente en anticipación a la pregunta que estaba a punto de hacer.
— ¿Y...? ¿Has logrado saber algo de...? Tu sabes, de... ¿NESTS...? El asunto de NESTS... — Ramón no podía dejar salir de las palabras, dudando si era correcto siquiera mencionar el tema.
Vanessa suspiró.
— No mucho — Vanessa recordó la fotografía que aún descansaba sobre la mesa de la sala, pero pensó que sería mejor no recordarla antes de que las lágrimas comenzaran a acumularse en sus ojos — Me encontré con K', él y Máxima están haciendo investigaciones a ver si logran averiguar algo más, pero aún sin éxito —
Ramón no era para nada ajeno del dolor de Vanessa. Conocía bien cada detalle de la historia sobre el pasado de su amiga y no por nada se había decidido a ayudarle a toda costa aunque ambos sabían que después de la caída de NESTS, era muy probable que el 90% de los rastros de tan misteriosa organización se hubieran desvanecido. Sin embargo, Vanessa se negaba a abandonar la búsqueda por el 10% restante inclusive aunque fuera menos de 1% restante. Ramón había tratado de persuadirla antes, decirle que era inútil seguir intentando pero su voluntad era inquebrantable.
— El día en el que te liberes de las cadenas que te atan al pasado podrás comenzar a vivir tu presente a plenitud. ¿Es que no tienes ningún tipo de plan a futuro? ¿No te gustaría ser feliz de nuevo con alguien más? — "O conmigo" pensó Ramón, pero no era ni el momento para decirlo. Aún no.
Vanessa pensó por un momento las preguntas de Ramón. Por un lado le parecía lejana, casi inalcanzable la posibilidad de recobrar lo que algún día tuvo. Muy dentro de ella guardaba sentimientos de rencor, odio e ira hacia una organización que ya ni siquiera existía. Además, ¿Prospectos? Las únicas personas que le habían frecuentado en los últimos años eran Ramón y curiosamente la última semana Iori Yagami. Iori Yagami... Vanessa casi esboza una sonrisa ante esto último. Vaya tontería. Su vida amorosa era tan triste que se le humedecieron un poco los ojos.
Ramón se levantó de su silla para ponerse de pie frente a ella, quien lo abrazó sin ponerse de pie. Él acarició los cabellos rojizos de Vanessa como tratando de alejar el dolor de su ser. Odiaba verla triste y deseaba poder absorber toda su amargura. Cuando ella se puso de pie, las manos de Ramón se deslizaron por la silueta de su vieja amiga y él supo que no había manera de huir de lo que estaba a punto de ocurrir. ¿Y que importaba si ella no le quería? Confiaba lo suficiente en el como para dejarle adueñarse de su cuerpo y de momento no había otra cosa en el mundo que él estuviera más contento de hacer que estar ahí con ella. ¿Que importaba si ella nunca iba a quererlo? Por lo menos este día ella sería suya, como ya lo había sido antes. Aunque estaba seguro de que jamás iban a ser algo más que amigos o amantes situacionales, eso le gustaba. Su amor era puro y simple. Amaba la manera en la que odiaba el nunca poder conseguir un "te amo" de su boca, porque al menos aún había algo que le hacía sentir odio. Porque el odio significaba sentir y sentir significaba estar vivo. Cuando casi tomándolo por sorpresa los labios de Vanessa se posaron sobre los suyos sintió su voluntad desfallecer. Cerró los ojos y se dejó llevar por el momento.
