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Quería que este capítulo fuera emocionante pero como que escribí muchas cosas que sentía que debía escribir y al final resultó ser tan largo que tuve que partirlo a la mitad, pero creo que servirá para entender varias situaciones. De nuevo creo que es un capitulo aburrido... Por alguna razón me parece que no ocurre nada aquí, pero es el más largo que he escrito hasta la fecha.

Hay una canción llamada "名もなき詩" o "Canción sin nombre" de Mr. Children. Curiosamente ahora que he vuelto a retomar este grupo recordé esta canción y me di cuenta lo bien que le queda a las primerias situaciones de este capítulo. En fin, no los aburro más con mis divagaciones absurdas, disfruten y gracias por leer esta loca aventura: 3

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CAPITULO 6 - VÍNCULOS

"3 días, Vanessa. 3 días. Debería darte vergüenza..." pensó para sus adentros. Ya eran 3 días que Ramón pasaba durmiendo en su casa, en la misma cama, junto a ella... 3 días en las que había abusado de manera total del amor que su amigo le tenía, usándolo para su propio beneficio. Era más bien necesidad. Vanessa tenía la cabeza hecha un lío. Se sentía derrotada al no recibir ninguna llamada de K' y compañía. Se sentía asustada de no saber que le deparaba el futuro. Le preocupaba echar a perder su amistad con Sahori por culpa de las tonterías de Iori. Se sentía avergonzada de usar a su amigo para tratar de limpiar su alma, de sosegar sus sentimientos y no sentirse sola.

Se encogió un poco más en la cama, como queriendo hacerse minúscula para no existir. Admitía que su pasional encuentro hace 3 días había sido genuinamente para desahogarse de las ganas de intimidad que Iori le había provocado. Si bien Iori no era su amigo y despertaba más su interés que Ramón, no podía dejarse llevar por él puesto que Sahori probablemente se llevaría un disgusto muy grande si supiera que una de sus pocas amigas se acuesta con su hermano. Sintió un movimiento en la cama, pero no se giró para ver. El de cabellos negros se estiró dejando salir un muy audible bostezo y se colocó boca arriba en la cama, posando sus manos sobre la nuca. Por un momento Vanessa dudó entre pedirle perdón o quedarse callada.

— ¿Sabes? Aunque tengo la certeza de que nunca vas a quererme. Estos días que me has regalado a tu lado han sido el verdadero paraíso — Ramón dejó salir un fuerte suspiro entre satisfacción y añoranza. Para él las cosas eran más simples: Primero Vanessa le había regalado una grata noche de pasión, luego durante los siguientes dos días habían podido convivir juntos en esa casa, casi como una pareja de verdad. No había en el mundo un hombre más satisfecho que él.

A Vanessa se le llenaron los ojos de lágrimas. ¿Cómo podía decir cosas tan estúpidas? ¿Cómo podía sentirse "feliz" después de decir que ella jamás lo querría? Aunque no era ninguna mentira en realidad. Ella era incapaz de verlo como algo más que un amigo. Aún después de ver lo enamorado que estaba de ella. Aún después de ver lo bien que el la trataba. Aun después de que el la ayudó a investigar a NESTS. Aún después de que lo había usado tantas veces para desahogarse durante los años que se conocían y también hacía sólo 3 días. No importaba lo que Ramón hiciera el corazón de Vanessa definitivamente no latía al mismo ritmo que el de él. ¿Cómo podía Ramón estar de acuerdo con algo así? No tardó en comenzar a sollozar por lo bajo. A veces deseaba que le gritara, que se ofendiera, que saliera por la puerta molesto y no volviera nunca más. Le dolía que su amigo se quedara solo para su propio beneficio.

— No llores bonita — Ramón se acercó abrazarla por detrás y le dio un besito en la nuca — Yo te quiero como nunca he querido a nadie. Quiero que seas feliz. Y sí que seas feliz implica que me convierta en tu amante de fin de semana, por mi está bien — Dijo un poco avergonzado, pero se rio — ¿Eh? ¿Te gustaría que te hiciera de desayunar? No has comido mucho desde que estoy aquí y eso me preocupa. Vamos, te prepararé algo rico mientras tú te pones algo de ropa encima —

El moreno se levantó de golpe de la cama y antes de abandonar la habitación se giró para darle un vistazo a Vanessa. Ella ni siquiera se inmuto o le respondió. Ramón se abrió paso por la casa hasta la cocina y comenzó a sacar una sartén, huevos, tomate, cebolla... Cielos, tal vez haberse quedado había resultado dañino en lugar de beneficioso para Vanessa. ¿Pero que más podía hacer por ella? Ella fue quien lo metió en su cama. Ella fue la que le pidió que se quedase. No era como si la hubiese tomado a la fuerza pero aun así ella parecía no estar reaccionando bien. Tal vez era hora de que se separaran para que ella se recuperase a solas, como siempre lo hacía. Ramón continuó cortando los vegetales y poniendo algo de aceite en la sartén caliente. El sonido de un teléfono sonando llamó su atención. Ramón buscó el teléfono con la mirada hasta encontrarlo montado justo a un lado del marco de la puerta de la cocina. Dudó entre contestarlo o no, pero finalmente se decidió hacerlo al recordar que Vanessa probablemente aún no había terminado de cambiarse.

— ¿Hola? — Dijo con voz un poco insegura

— ¿Eh? ¿No es el número de Vanessa? — Una voz femenina se escuchó — Lo siento, creo que he marcado el número equivocado —

— ¡No! — Contestó el casi gritando — ¡Es el numero correcto! Permíteme un momento... ¿Quién la busca? —

— Sahori... — Ahora era la voz de ella la que sonaba insegura

Ramón atravesó la cocina con rapidez y desde el umbral de la habitación habló a Vanessa.

— Una chica, Sahori, te busca por teléfono... ¿Quieres que le diga que llame después? —

Vanessa ya se había puesto algo de ropa, se puso de pie y se limpió un poco la cara.

— No es necesario. Es mejor que hable con ella, debe estar un poco preocupada —

Ambos fueron en dirección a la cocina, aunque Ramón se dirigió a la sartén con las verduras para darles vuelta y evitar que se quemaran. Fingió demasiada concentración en su tarea para escuchar la conversación de manera disimulada.

— Hola Sahori, soy yo —

— ¡Vanessa! Te escuchas un poco... ¿Está todo bien? No has contestado mis mensajes ni tampoco he sabido de ti en varios días. —

— Más o menos — Dijo a modo cortante

— ¿Quién era la persona que contestó? ¿Te está haciendo algo malo? —

— No, no Sahori. Más bien es un poco al revés. Es una larga historia, tenemos que vernos pronto —

— ¡Uh! ¿Acaso es un galán? ¿Porque no vienes a mi casa hoy? Estoy muy aburrida y no hay nada que hacer... Además es fin de semana —

— No sé si estoy de humor... —

— ¡Anda, por favor! Te puedo preparar los fideos que te gustan. Podemos pasar la tarde bebiendo, lo que tú quieras. Puedes llevar contigo al señor galán si quieres —

Vanessa sonrió, la verdad es que escuchar la voz de Sahori le levantaba el ánimo. Aunque aún no sabía cómo decirle lo que había ocurrido con Iori.

— De acuerdo, te veo en un rato, ¿sí? —

— ¡Claro! Los espero a ambos con ansias. ¡Chao! —

Vanessa dejó el teléfono en su sitio y se sentó en el comedor. Rápidamente Ramón colocó un humeante plato de huevos a la mexicana frente a ella y él se sirvió otro plato igual para sentarse del lado opuesto de la mesa.

— Esto te dará energías. ¿Sahori es una de tus amigas lindas? ¿Vas a presentarnos? —

— Come y cierra la boca — Dijo Vanessa en tono socarrón mientras Ramón se reía

"Si supiera quien es Sahori seguramente se cae de su silla" pensó. El desayuno transcurrió mayormente en silencio mientras cada uno devoraba su plato. Vanessa se sentía de mejor humor a pesar de que su amargura aún no se iba por completo. Al menos por la tarde tendría la oportunidad de hablar con Sahori, beber unas cervezas y desahogar un poco de lo que ocurría en su cabeza (excepto la parte de Iori, estaba segura de que ocultarlo era la mejor opción).

— He estado pensando y creo que me gustaría ir a Tokio unos días a conocer la ciudad, antes de volver a México. Creo que es bueno que te de un descanso y a mí que me dé un poco el aire. Aunque no creas que te librarás de mi tan fácilmente. Vendré a verte una última vez antes de partir —

Vanessa reflexionaba sobre el comentario de Ramón mientras que este último tomaba una ducha. No le costó mucho reconocer que el moreno tenía toda la boca llena de razón: entre más tiempo pasaba a su lado más culpa sentía y por ende el pésimo estado de ánimo en el que se encontraba. Aunque era lo mejor para su salud mental sin duda iba a echar de menos la compañía y sobre todo el sexo, cosa que desde hacía varios años no conseguía con nadie que no fuese él. Tomó el control de la televisión y la encendió para pasar el rato. ¿Qué habría pasado con K'? A pesar de que el chico era rebelde y bastante indiferente habían entablado una amistad. ¿Debería llamarlo? Estaba segura de que era una persona de palabra que no dudaría en contactarla si hubiesen descubierto algo ya, tal vez no era apropiado molestarlo si no habían noticias nuevas. Sintió como la fotografía de la mesa frente a ella la miraba con cierta culpa... Pero, ¿Que más podría hacer sino esperar indicaciones? NESTS ya no existía. Realmente este último esfuerzo por descubrir la verdad no eran sino patadas de ahogado cuando las oficinas centrales de la organización habían sido borradas del mapa. Cuando escuchó la puerta del baño abrirse decidió entrar a tomar una ducha antes de dirigirse a casa de Sahori. Después de sus días de encierro tenía que tener muy mala pinta.

Ramón por su parte ya estaba decidido a irse por lo que comenzó a hacer su maleta. Había escuchado la conversación de antes y estaba preguntándose si debía correr hacia la estación de trenes o acompañar a Vanessa a la casa de su amiga. Si aquello debía ser decidido por su voluntad lo que más deseaba en este momento era irrumpir en el baño y tal vez llevarse otro delicioso recuerdo antes de su partida. Suspiró sabiendo que aquello era una locura. Sabía que lo más correcto era salir corriendo hacia la estación en este momento antes de que Vanessa apareciera frente al ya que de hacerlo, su sentido de lo que era apropiado flaquearía y se vería a si mismo siguiéndola a casa de su amiguita como un perrito faldero**. Volvió a suspirar cuando escuchó el sonido de la regadera desaparecer, iba a salir de nuevo en cualquier momento y su maleta estaba aún a medio hacer. Empezó a meter sus cosas rápidamente y sin ningún tipo de orden pero antes de que pudiera lograr cerrar la mochila ella ya estaba afuera y lista para partir. "Perrito faldero entonces" se dijo a sí mismo.

Ambos se pusieron en camino a casa de Sahori mientras sostenían por momentos una charla sobre cosas intrascendentes. Ramón se golpeaba mentalmente sabiendo que la dirección a la que iba no era la de la estación de trenes, pero no quería dejarla sola. Aunque de antemano sabía que Vanessa era una chica que sin duda podía cuidarse sola quería asegurarse que llegara con bien. También le daba curiosidad conocer a su nueva amiga ya que Vanessa no era una persona con muchos amigos... creo... de hecho, pensándolo bien era la primera amiga que le conocía. Y claro, quería aplazar lo más que pudiese su partida para pasar todo el tiempo que pudiese a su lado.

*/*

Iori disfrutaba de su quinto cigarrillo del día afuera ya que a su hermana le molestaba bastante el humo del cigarrillo y le tenía prohibido fumar dentro de la casa. Eso también le hacía sentir estúpido. Iori Yagami no puede fumar en su propia casa, como alguien se enterase seguramente se convertiría en la burla del torneo por toda la eternidad.

"La burla del torneo lo eras ya desde antes..."

Dio una calada a su cigarro y arrugo un poco la nariz, el sabor era horrible pero su nerviosismo era aún peor. Su hermanita también he había pedido durante años que dejase el conflicto entre clanes de una vez por todas y ahora por fin después de este torneo Iori había decidido hacerlo. "Conflicto entre clanes" dijo en voz baja mientras exhalaba el humo y paseaba el cigarrillo entre sus dedos con visible enojo. ¿Quién en su sano juicio pensaría a estas alturas que seguía siendo un conflicto entre clanes? Iori nunca se creyó esa basura, simplemente los detestaba por lo orgullosos y estúpidos que resultaban ser los Kusanagi, al igual que lo había sido su propio padre. El único que parecía no tragárselo del todo era irónicamente Kyo, pero de igual modo seguía despreciándolo igual o más que todo el gremio de Kusanagis.

"Envidia..."

Tal vez lo despreciaba porque él no tenía que haber sufrido el crecer en la casa Yagami. Lo tenía todo muy fácil, estaba seguro que no había tenido entrenamientos forzados ni se había visto criado para ser literalmente una máquina de matar. Se preguntó si tal vez era realmente envidia lo que alimentaba su odio hacia Kyo y probablemente estaba en lo correcto, pero no importaba. No lo odiaba tanto realmente ya que de ser así, lo hubiese matado hace muchos años. Las flamas purpura de Iori eran mucho más poderosas que las de Kyo y el tardío entrenamiento que había recibido el Kusanagi al ser comparado con el de Iori hacían que fuese muy poco rival. Pero Iori no tenía la intención de matarlo y la verdad es que nunca la tuvo.

"Si me hubiera hecho cargo, yo hubiera terminado los asuntos que tu débil mente es incapaz de manejar"

Iori sacudió la cabeza con enfado. Rápidamente se llevó el cigarro a la boca. Ya casi se había olvidado de la verdadera razón por la que había dejado de buscar a Kyo. Dentro de sí mismo se encontraba un enemigo aún peor y más despreciable que cualquier otra persona que hubiese tenido la desgracia de conocer. Después de las numerosas veces en las que el Riot of Blood se manifestó en su cuerpo, Iori había notado que una parte de su sangre Orochi se había quedado despierta de manera activa en su mente, hablándole. Y anda que no era una molestia cuando se lo proponía...

"¿Orochi? Qué tontería. Supongo que tu cabeza tan hueca no puede dar para más. Yo no soy Orochi... Soy tú."

— ¡CÁLLATE! — Gritó Iori al aire con tanta fuerza que por poco el cigarro se le resbala de las manos. Puso el cigarrillo en su boca y se agarró la cabeza con ambas manos, cerrando los ojos con fuerza. Esa voz no podía ser su propia voz ¿O sí? No. Iori era Iori y la voz era... era otra cosa que no era Iori. La voz dentro de su cabeza se rio.

"Por favor... ¿Acaso no te das cuenta de lo ridículo que te ves, 'maestro'? ¿Cómo esperas controlar tu propia mente cuando ni siquiera puedes controlar a ninguno de tus rivales?"

Iori bajó las manos de su cabeza, dejándolas caer a sus costados y apretando los puños. Por mucho que odiara esa voz sabía que tenía razón. Los últimos encuentros con Kyo habían resultado pésimamente aunado eso estaba el hecho de que Ash estaba tras la pista de sus poderes. ¿Cuándo es que se había descuidado tanto en su técnica? Por un momento pensó que tal vez había perdido su toque especial... Pero no, más bien lo que estaba perdiendo era la cordura... Y esa estúpida voz tenía la culpa de todo. Siempre distrayéndolo, siempre entrometiéndose, siempre hablando en los momentos menos adecuados.

"Eso es porque eres un Yagami. Débil y estúpido, como todos los de tu clan ¿Quién diría que es algo hereditario?"

— Lo único que heredé de ese clan de necios es la sangre por la que corre esta maldición idiota que me hace escucharte todos los días — Iori apretó los dientes — Y me muero de ganas por que llegue el día te saque de una maldita vez de mi cabeza —

"Para hacerlo tendrías que matarte"

— Pues suena bastante tentador — La idea de morir no le resultaba para nada extraña. Se lo había planteado varias veces a lo largo de su vida. La primera vez concretamente, a la tierna edad de 9 años cuando su cuerpo agotado, herido y cansado buscaba escapar de los tormentosos entrenamientos a los que era sometido. Pensó en colgarse con la cinta que mantenía sus piernas unidas en su característico traje. Tal vez volarse los sesos con alguna de las armas de su padre. Lanzarse desde la azotea de la mansión Yagami. Sobraban maneras de hacerlo pero nunca se atrevió. Si no había terminado con su vida aún era gracias a (o por culpa de) su hermana, Sahori. Todo el amor que jamás recibió de su severo padre o de su madre que había fallecido antes de que pudiese recordarla, lo había recibido de su pequeña hermana que se encargaba de estar a su lado siempre que podía, de curar sus heridas y ser para él un consuelo.

"No te preocupes, tu clan ya te ha hecho el favor y morirás joven como los demás. Y claro, sabes que eso no excluye a... "

— ¡CÁLLATE DE UNA MALDITA VEZ! — Iori dio un golpe hacía el suelo, quebrantando el cemento de la acera. ¿Cómo es que esa maldita voz sabía lo que Sahori significaba para él? ¿Acaso Orochi también podía adentrarse en sus recuerdos más profundos? ¿O de verdad la voz era la suya? Fuese del modo que fuese Iori no quería escuchar. Para él era un tema muy sensible saber que todos los Yagami morían jóvenes a causa de la sangre Orochi, su propio padre así se lo dijo y había perecido de la misma manera. Pero Sahori... Sahori ni siquiera sabía de esa maldición. Era injusto que la única persona que se había encargado de que Iori no fuera completamente de piedra tuviese que morir. Ella era la única persona que le despertaba esa calidez en el corazón y la única persona que le había querido de verdad. Sahori era inocente.

"La vida no es justa por eso tu hermana morirá, pero no sin antes haberte visto morir a ti primero"

— ¡SABANDIJA ASQUEROSA! — Gritó de nuevo y dando un giro violento tiró un golpe al aire, pero el sordo golpe de su puño colisionando contra otra carne le tomó por sorpresa.

*/*

A poca distancia de la casa se detuvieron ante la figura de Iori. Ambos miraban la escena con confusión, puesto que Iori parecía estar hablando por teléfono con alguien más mientras fumaba. Ramón conocía a Iori del torneo y la verdad es que no le caía muy bien, pero sabía que era un tipo de cuidado pues cuando peleó con él se dio cuenta de que su poder era impresionante.

— No le prestes atención — Dijo Vanessa observando a Iori con cierta cautela, no supo porque pero esta vez le parecía peligroso — La casa es ahí —

Ambos se acercaron al portal de la casa y pasaron al lado de Iori sin mayor problema. Cuando estaban por tocar en la puerta un fuerte golpe hizo temblar un poco el suelo bajo sus pies. Ambos se voltearon de inmediato en posición defensiva pero Iori se encontraba dándoles la espalda. El suelo tenía una serie de grietas que partían desde el punto de impacto, justo frente a Iori y unas pequeñas gotas de sangre provenientes de su puño cayeron al suelo. Vanessa y Ramón se miraron un poco confundidos y sin saber qué hacer. Ramón se acercó cuidadosamente al pelirrojo.

— Oye, cuál es tu probl... —

— ¡SABANDIJA ASQUEROSA! — Gritó Iori lanzando un golpe hacia Ramón con tal fuerza que lo mandó a volar hacia atrás, chocando contra la pared frontal de la casa y resquebrajando un poco una ventana. Vanessa por poco logró esquivar el cuerpo de su amigo.

Ramón no duró mucho en levantarse y a pesar de lo fuerte del impacto se sentía energizado y listo para encarar a su oponente. Se puso de pie rápidamente y tomó impulso con la pared a su lado para pegar un fuerte salto y tirar una fuerte patada a Iori quien ya había activado su guardia para bloquear el impacto. Iori tenía los ojos inyectados de una mezcla de odio y confusión. ¿A qué hora habían aparecido esos dos? Cuando la patada impacto en su guardia, el fuerte impacto le hizo retroceder unos pasos.

— ¡Ramón espera! — Dijo Vanessa acercándose a el quien ya se encontraba de nuevo en posición de batalla. El sentir el toque de Vanessa en su brazo casi pudo con el enojo que le había provocado el golpe de Iori.

— ¡Es ese loco quien se ha buscado una pelea! — Reclamó Ramón con un tono enfadado — Y si quiere sangre, eso es precisamente lo que voy a darle — Añadió escupiendo al suelo una mezcla de saliva y sangre que se habían acumulado en su boca.

— Como quieras — Dijo Iori remangándose un poco — No es me obligación matarte pero estaré feliz de hacerte el favor — Iori había ya reconocido al moreno del torneo. Otro tonto que se creía con la suficiente fuerza como para derrotarle. Siempre con esa estúpida sonrisa en el rostro, ese acento extraño que le sacaba de quicio y siempre con esos incesantes intentos por agradarle y conquistar a Vanessa. Estaba claro que el tipo era un tonto, no tenía idea de cómo conseguir a una mujer.

"Tú tampoco sabes cómo conquistarla..."

"¿Acaso no estaba claro?" pensó Iori en contestación a la voz que le atormentaba "No ha querido serle infiel al inútil de su noviecillo". Iori bufó y acomodó su cuerpo en su típica postura de batalla, preparándose para un combate. Pero la puerta de la casa se abrió y su hermana salió de ella, corriendo a encontrar a Iori.

— Iori, detente — Habló Sahori mirando a su hermano con cierto temor.

Iori pudo ver el miedo en la cara y la voz de su hermana. No le agradaba verla temerosa de él. Tampoco estaba feliz de haber recurrido a la violencia pero de nuevo había sido esa estúpida voz la que le hacía actuar de esa forma tan agresiva. Habían días muy duros en los que apenas podía aguantar, la voz se volvía más cruel y más molesta. Trataba de buscar a Kyo en esos días para desahogar toda esa violencia en una persona que pudiera soportarlo. Pero la voz cada vez tomaba más presencia en su mente. Los días se habían vuelto más duros y estaba seguro de que si volvía a recurrir a Kusanagi como receptáculo de sus enfados terminaría matándolo en poco tiempo. Iori bajó los brazos y dirigió una última mirada asesina hacia Ramón antes de entrar a la casa y meterse en su habitación sin decir una palabra a nadie del porqué de sus acciones. Le daba vergüenza admitir que no tenía control sobre sí mismo. Es por eso que se había mentalizado desde hacía tiempo; El tiempo que le quedara de vida tendría que vivirlo solo, aunque aún estaba inseguro de lo que habría de hacer con su hermana.

— No pienso entrar a la misma casa que ese lunático, lo mejor es que me vaya — Ramón destensó sus músculos y aunque aún enfadado por el golpe de Yagami, le sonrió a Vanessa — Nos veremos cuando regrese — Dijo dando la vuelta y caminando en la misma dirección de donde habían venido antes.


** - Esto es una referencia especial al fic de c62, "Amigos fuera de ley" ;)