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LEMON EN LA SEGUNDA PARTE, ESTÁN ADVERTIDOS!
Por fin escribo el primer capítulo de esta historia que contiene algo subido de tono ¿Pueden adivinar de quiénes? Jojo, ¡Tendrán que seguir leyendo para descubrirlo! Por cierto, como una nota curiosa (y saben lo mucho que amo las notas curiosas) este es en realidad... ¡Mi primer lemon! Nunca antes he escrito una escena explicita para ningún fic. No sé si me excedí o qué. Tal vez es demasiado explícito o tal vez es un poco cauteloso, pero de nuevo no tengo idea. Se los dejo a su criterio.
¡Un agradecimiento especial a la gente que se atreve a comentar! ;D ¡Y Gracias c62 por toda la inspiración! Creo que estoy escribiendo demasiado pero es culpa de esta historia. Ojalá les guste :3
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CAPITULO 7 - EL INSTINTO DESENFRENADO
— Este... No sé ni por donde comenzar... — Sahori agachaba la cabeza con un poco de vergüenza — Lamento lo que ha ocurrido allá afuera. Iori ha estado comportándose de manera muy extraña estos últimos días, aunque no entiendo muy bien porque he tenido que golpear a tu... Novio... — Sahori se sonrojó un poco.
— Él no es mi novio — Dijo Vanessa peinándose el cabello con las manos — Y no tienes nada de que disculparte son... cosas que pasan y nada más — "eso y que tu hermano es bipolar" pensó Vanessa. El solo hecho de pensarlo le hizo preguntarse si tal vez era verdad que lo fuese. Imaginó que siendo su hermana, Sahori tendría que vivir un infierno cada día aguantando a Iori y sus peculiaridades.
— Lo siento, es que él te miraba de forma muy... —
— Entiendo lo que quieres decir — Interrumpió Vanessa — Él está muy enamorado de mi pero yo realmente solo lo veo como un buen amigo — "y ocasionalmente como un polvo" pensó regañándose.
Sahori sonrió.
— ¡Vaya! Yo me había puesto un poco triste porque pensé que no me habías contado de tu nuevo novio... Bueno, es decir, no es como si tuviese que saberlo todo de ti... — Sahori se avergonzó un poco de nuevo — Jeje, ¡Olvídalo! ¡Creo que estoy diciendo muchas tonterías!... — Y se rio nerviosamente.
Vanessa también le sonrió, contagiada por las energías positivas de Sahori. Ella era realmente adorable. Siempre se encontraba de buen humor y acompañaba su alegría con esa sonrisa tan autentica en el rostro que reflejaba la jovialidad de su cuerpo y sobre todo, de su alma. Quizá lo más adorable era el hecho de que era una persona amable y cordial, totalmente limpia de malicia. ¡Hasta cuando bebía no dejaba de ser una persona tan agradable! Aún le parecía tan extraño saber que era la hermana menor de una persona como Iori. Era difícil de explicar, pero había algo al estar en compañía de Sahori que simplemente le hacía sentirse bien.
Sin embargo un matiz en la contestación de Sahori fue lo que atrajo la atención de Vanessa hacia ella. De antemano sabía que Sahori no era una chica con muchos amigos y se dio cuenta que la única amiga que la frecuentaba ni siquiera se había molestado en contarle un poco acerca de ella misma. Una fuerte vergüenza le invadió. Después de que ella le había contado sobre la infancia de Iori y de ella misma, Vanessa se mantenía sellada como un arcón sin cerradura. Tal vez lo más correcto era corresponder adecuadamente a su amistad. ¿Quién sabe? Tal vez y hasta abrirse un poco a ella le beneficiaría a modo de terapia.
— ¿Qué te parece entonces si te cuento algo sobre mí? —
— ¡Oh! — Los ojos de Sahori se abrieron como dos platos — ¡Sí! Hay algo que me gustaría saber... — Agregó con curiosidad — ¿Cómo es que terminaste peleando en el torneo de KOF? — Y se preparó poniendo los codos sobre la mesa y recargando su barbilla en las palmas de sus manos.
Vanessa se sorprendió por la pregunta. Responderla no era tarea fácil ni tampoco era una historia breve. Sin embargo tampoco podía negarle la respuesta ahora que ya le había planteado la posibilidad de hacerlo.
— De acuerdo, verás... Creo que ya te has dado cuenta que no soy japonesa. Soy canadiense. Tenía una vida bastante promedio. Sin embargo cuando tenía 16 conocí a mi primer y único novio. Su nombre era... — Vanessa hizo una mueca extraña, había dejado de pronunciar su nombre hacía hace tanto tiempo que se había vuelto una especie de tabú — ... D-David. Su nombre era David... Él era un chico muy guapo y atlético. Tenía el cabello marrón y unos ojos de color azul, preciosos... —
El gesto de Vanessa se suavizó y sin darse cuenta una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, recordando a quien sería su único amor. Esto no pasó desapercibido ante los ojos de Sahori quien la estudiaba muy bien con la mirada. Por la manera en la que hablaba, podía notar que fuese lo que fuese a contarle era algo de suma importancia. Quiso decir algo pero no quería interrumpir. A desconocimiento de ambas chicas, Iori escuchaba la historia sin querer al otro lado de la puerta de su habitación, mientras meditaba para tratar de sosegar a la voz que hace momentos le estaba enloqueciendo. Pensó por un momento en abandonar la habitación y salir a caminar, pero no quería arriesgarse a golpear a alguien más de nuevo.
— Cuando terminamos la universidad el me propuso matrimonio ya... — La boca de Vanessa dejó de emitir sonido como si una palabra se hubiese atorado en sus cuerdas vocales, incapaz de salir. Sahori la miró sin entender — ... Me propuso matrimonio y yo acepté. — Finalizó la frase mostrando le la argolla matrimonial que llevaba en la mano. Ambas sonrieron. — Enseguida nos fuimos a vivir juntos. Yo no podía trabajar y él quería entrar al ejército, pero no pudo. Así que terminó entrando a una empresa como agente de seguridad mientras esperaba otra vez su oportunidad. La empresa, NESTS, lo mandó aquí a Osaka un tiempo por cuestiones de trabajo. Al principio las cosas iban bien, él estaba contento y satisfecho con su nuevo empleo pero a las pocas semanas de estar en Japón la situación fue en declive... Cada vez odiaba más su trabajo, comenzó a recibir amenazas y francamente estábamos asustados —
Vanessa suspiró y bajó la cabeza sabiendo la continuación de la historia.
— Un día hablando por teléfono me dijo que estaba harto e iba a renunciar. Y esa fue la última vez que supe de él. Primero me dijeron que había desaparecido. Y después, me anunciaron que estaba muerto pero sin decirme nada acerca de lo que le había pasado. Sinceramente hace mucho tiempo que dejé de creer que sigue con vida pero la realidad es que hasta la fecha no tengo ninguna certeza de si está vivo o muerto, supongo que la esperanza es lo último que muere — Vanessa sonrió ante la ironía.
— Eso es... horrible... — Dijo finalmente Sahori con los ojos humedecidos.
— Lo peor de todo es que yo he... — De nuevo otra palabra pareció atorarse en su lengua. Vanessa suspiró y giro la cabeza a los lados tratando de aclararse. A pesar de que había podido contarle uno de sus secretos a Sahori no se sentía capaz de contarle el más grande. Aquel del que ni Ramón ni K' ni nadie tenía conocimiento — Fue devastador, yo tenía tal vez tu edad. Luego... — Suspiró de nuevo — Mis padres tuvieron que ingresarme por la fuerza a un hospital psiquiátrico, porque intenté varias veces acabar con mi vida — Sin querer, Vanessa se sonrojó. Admitir ese hecho le daba mucha vergüenza — Sentía mucho dolor, odio y rencor. Pero sobre todo quería venganza y curiosamente gracias a eso fue como tuve la fortaleza de recobrar la compostura y salir de ahí. Me volqué de lleno a entrenar boxeo puesto que era el deporte que mi esposo más le gustaba. Me uní a una agencia de mercenarios. En una misión me asignaron entrar al torneo para seguir de cerca los pasos de NESTS... Y para no marearte más con detalles, fue así como llegué aquí... —
Un silencio incomodó inundó la casa. Sahori no daba crédito a lo que estaba escuchando. Su mano se había posado sin darse cuenta en su pecho cubriendo su corazón como si quisiera conservarlo en su lugar pues la historia lo había hecho pedazos. Incluso se arrepentía de haber hecho esa pregunta, pero ni en sus peores sueños se imaginaba que fuese algo tan complicado y doloroso. El silencio no se limitaba a la habitación de Iori, el pelirrojo meditaba las palabras que acababa de escuchar sin cambiar su gesto serio y frío. "¿Qué era lo que la pelirroja intentaba ocultar?" se preguntó. A pesar de que verdaderamente era un historia trágica, Iori estaba más interesado en lo que no le había dicho a su hermana más que lo que había revelado. Intentó no pensar demasiado en ello para no romper con la concentración que tenía en medio de la meditación.
Vanessa volvió su vista a Sahori y la chiquilla no la miraba. La encontró cabizbaja y limpiando algunas lágrimas de su rostro que había derramado al empatizar con la historia que acababa de escuchar. No había sido su intención hacerla llorar y pensó que tal vez había sido una historia un poco fuerte para Sahori. Vanessa sonrió débilmente pero no estaba fingiendo.
— ¿Y qué hay de ti Sahori? ¿Alguna vez te has enamorado? —
La pregunta cayó de sorpresa para ambos hermanos Yagami. Sahori se sobresaltó en su asiento y levantó la vista de repente, sus ojos grandes miraron a Vanessa con sorpresa y un rubor comenzó a aparecer en sus mejillas. Vanessa se recargó en su silla y pegó su espalda al respaldo mientras sonreía divertida, lo que sólo provocó que Sahori se sonrojara más. Iori por su parte se levantó de manera cómica pero con suma destreza de la cama para acercarse a la puerta tratando de que sus movimientos no se escucharan. Su concentración, la meditación y sobre todo la voz en su cabeza podían irse al demonio. El corazón le latía con fuerza mientras que con el oído pegado a la puerta esperaba algún tipo de señal, un sonido, una respuesta o lo que fuese.
"Tienes celos?"
Esta vez Iori ni siquiera se molestó en escuchar a la voz de regreso en su mente. La verdad es que si le daban celos y muchos puesto que la idea de cualquier otra persona poniéndole la mano encima a su hermana era ya por si sola un hueso duro de roer. También le preocupaba que la respuesta fuese un sí, pues se sentiría severamente traicionado. Ella le contaba todo y aunque siempre fingía indiferencia para hacerse el desentendido, ninguna cosa pasaba desapercibida por sus oídos.
— ¿¡Y-Yo!? — Preguntó tratando de alargar la respuesta, aun procesando la inesperada pregunta — Yo... No sé... Bueno, yo no... Creo que nunca... No sé si he sentido nada parecido... — Su vocecilla entrecortada por el pudor hizo reír un poco a Vanessa quien se puso de pie para tomar una cerveza del refrigerador y acarició el cabello de su amiga en un gesto cariñoso. Sahori se rio también de su propio bochorno pero a la misma vez de felicidad. Era la primera vez que tenía la oportunidad de hablar de sus sentimientos con otra mujer. Iori sólo dejó salir un suspiro de alivio — ... Aunque ... Ahora que lo mencionas... Hay algo que me gustaría contarte... ¿Recuerdas la vez del Karaoke? —
Vanessa se giró levantando las cejas y sin dejar de abrir la lata de cerveza que tenía en la mano. Iori estaba a punto de volver a su meditación pero se quedó helado ante las últimas palabras de su hermana.
— ¿Recuerdas que salí un momento al baño y tardé demasiado en volver? —
— Si, lo recuerdo — Era mentira. Vanessa no recordaba otro detalle de ese momento más que el sabor del beso con Iori quien también recordó ese momento con cierto recelo.
— Bueno, pues... Un chico me hizo caer al suelo sin querer... Se sentía tan arrepentido que me pidió mi número telefónico y dijo que me lo compensaría llevándome a comer a algún sitio. Aunque todavía no ha llamado... ¿Crees que sepa que soy Yagami? Estoy segura de que no se lo dije... —
— No tienes de que preocuparte. Ya llamará — Aunque era una mentira piadosa, no era necesario recalcar el hecho de que cualquier persona se lo pensaría dos veces antes de cortejar a una Yagami — ¿Y era guapo? — Preguntó dándole un trago a su cerveza.
Aunque Iori estaba a la espera de la respuesta a esa última pregunta, Sahori solo asintió y ambas chicas rieron al unísono para molestia del pelirrojo. Esto de verdad era el colmo. Esa noche no solo no había tenido a Vanessa sino que mientras él estaba ocupado haciendo el imbécil, su hermana había tenido la oportunidad de encontrarse con algún papanatas. "Perfecto. Maté dos pájaros de un tiro" pensó con fastidio.
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De madrugada, cuando tuvo la certeza de que ambas chicas se habían ido a dormir Iori abandonó su habitación en búsqueda de algo de comer. La cocina era un campo de guerra. Iori se preguntaba cómo es que dos chicas podían hacer un desorden tan grande ellas solas. Encontró unos trozos de pizza fría que habían dejado en su caja y se los comió rápidamente. Asomó la cabeza por la sala y se dio cuenta de que ambas estaban dormidas en los sillones, cada cual en una posición extraña e incómoda. Iori se acercó a su hermana y con sumo cuidado para no despertarla, la tomó en brazos para llevarla a su habitación y con el mismo cuidado con el que la levantó la depositó también en la comodidad de su cama.
Aprovechó la intromisión en el cuarto de Sahori para tomar del armario una sábana extra que luego llevó hasta Vanessa para cubrirla. Mientras se aseguraba de que la cobija alcanzara a cubrirle bien los pies no dejaba de pensar en su hermana. Por más celoso que le pusiera pensar que algún idiota del montón tuviera el deseo de salir con ella ¿Quién era él para impedírselo? Recordó las palabras de la voz que le había hablado horas antes. "La vida no es justa". Iori pensó que tal vez lo mejor era hacer justicia por su propia mano y dejarle disfrutar de su juventud o lo que quedase de ella. El pelirrojo se encontraba tan abstraído en sus pensamientos que una voz susurrante le tomó por sorpresa.
— Cualquiera diría que ibas a llevarme a tu habitación —
Iori se giró a mirar a Vanessa con un gesto extraño, sorprendido de su atrevimiento ¿Era esa la misma mujer que le había rechazado hace días?.
— Cualquiera diría también que perdiste tu oportunidad, bruja — Respondió con el ceño fruncido y también en voz bajita. Pero para su asombro ella se rio.
— No tienes por qué ser tan susceptible, cariño — "¿¡Cariño!?" pensó él en su mente — Me gustabas más cuando te portabas amable —
— Y a mí me gustabas más cuando no abrías tanto la boca — El pelirrojo se puso de pie molesto ante ese despliegue de insolencia.
— ¿Si? Pues yo creo que más bien te gustaba cuando la abría para ti — Contestó dejando salir una risilla un poco torpe. Esto fue suficiente para confirmar las sospechas de Iori. Ella estaba claramente intoxicada después de haber bebido toda la tarde ¿De qué otra manera tendría el atrevimiento de burlarse en su cara?.
— No pienso discutir con una bebedora empedernida de tu calibre. Acuéstate y cállate ya —
— Y pensar que hace días te morías por entrar a mi casa ¿Recuerdas? — Vanessa se puso de pie tambaleándose un poco — Ahora no me cabe duda de que eres bipolar —
El último comentario fue la gota que derramo el vaso. Iori la tomó bruscamente por el cuello de la blusa que llevaba obligándola a quedar frente a frente con él. ¿Cómo podía este mal bicho haberse dado cuenta de la confusión que ocurría en su cabeza? ¿Le habría escuchado hablar solo? ¿Tan evidente era? Iori tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para no pegarle en la cara, aquello molestaría mucho a Sahori. Vanessa no exhibía en su rostro muestra alguna de miedo, lo cual coincidía con la embriaguez que parecía llevar encima. Teniéndola tan cerca no era difícil sentir calidez de su aliento y el fuerte olor a cerveza que despedía. Pero eso no le desagradaba sino las frases que abandonaban sus labios carnosos.
— Cualquiera diría que te mueres de ganas por besarme de nuevo —
La maldita arpía tenía razón.
A pesar de la irritación de Iori tenía que admitir que tenerla tan cerca era por demás tentador. No había dejado de pensar en ella desde la noche de Karaoke. En realidad le había atraído más desde el instante en el que ella lo rechazó. Nunca nadie se daba el lujo de decirle que no y mucho menos cuando se trataba de pasar una noche con él. Una sonrisa insolente se dibujó en el rostro de Vanessa casi pareciendo leerle el pensamiento, cosa que Iori tomó como un agravio en contra de su persona. Su mente se debatía entre la idea de, o dejarla inconsciente de un buen golpe en el mentón por pasarse de lista o desvestirla y follársela ahí mismo tal y como había estado deseando. O ambas, aunque no estaba seguro en qué orden actuar. ¿Cómo era posible sentir tanta indignación y tanta fascinación al mismo tiempo? Esta mezcla de emociones era algo nuevo para él y perturbaban todos sus sentidos paralizándole por completo.
— Estás temblando — Dijo ella sin dejar de sonreír.
Iori se sentía expuesto, casi desnudo. Temblaba como una chica inexperta pero eso se debía a su creciente enojo sumado al tira y afloja que ocurría en su mente. No rompía el contacto visual entre ambos, perdiéndose en el bruno de sus ojos. Los miraba buscando algún tipo de señal, una pista o una respuesta. Quería romperle la cara con las mismas ganas que tenía de decirle que la deseaba como no había deseado nunca a otra mujer, pero su hermana y su orgullo no iban a permitirle hacer ninguna de las dos. De pronto como por arte de magia, algo pareció cobrar sentido en su cabeza y en un momento supo que no había otra cosa que quisiera con tanta intensidad que introducirse dentro de ella, usarla esa noche y culminar con lo que llevaba días deseando. Bastó solo que Iori se dejara caer sobre el sofá sin soltarla, para que ella cayera torpemente encima de sus piernas. El pelirrojo no tardó en empujarle la cabeza hacia el obligándola a que lo besara. Con la mano que le quedaba libre se aferró de sus caderas con furor, estrujándola contra su sexo para evitar que escapara de su agarré.
Aunque al principio no estaba segura de porque había provocado a Iori a base de comentarios que encontraría ofensivos esto lo hacía recordar porque: Ella también lo deseaba. Probablemente la cerveza había intensificado su descaro y ni siquiera estaba segura de que Iori quisiese besarla de nuevo, pero al final tanta insistencia lo había conseguido. Esto era una mala idea. Sahori se encontraba muy cerca y podría haberlos encontrado en cualquier momento. Cuando sintió la mano de Iori apretando sus caderas hacia el sintió que iba a morir y dejó salir un leve gemido. Iori se aprovechó de esto para meter su lengua dentro de ella. De nuevo se había dejado engañar con el mismo truco y el sabor de la boca del pelirrojo le embriagó completamente, aún más que el alcohol que corría por sus venas.
— Tu hermana... — Vanessa intentaba recuperar el aliento después del voraz beso que habían compartido — Tu hermana podría vernos... — Alcanzó a decir antes de que Iori comenzara a devorar su cuello.
— No pienso parar — Contestó Iori con una voz hambrienta de deseo. Rápidamente la abrazó por la cintura y se puso de pie sin problemas llevándola en los brazos hacia su habitación. Una vez dentro la dejó caer de manera ruda en la cama y se volvió a la puerta para cerrarla con seguro. Aunque no parecía que fuese a salir huyendo, esta noche no iba a escapar de sus garras así fuera por las buenas o por las malas.
Iori se despojó de su chaqueta mientras se acercaba a la cama. Al llegar al borde la tomó con vigorosidad de los hombros y la giró, dejándola arrodillada y de espaldas a él. El pelirrojo retomó el paso donde lo había dejado y puso la boca en su cuello succionando con fuerza y dejando unas marcas rojas por donde pasaba. A su vez las manos de Iori se deslizaron a la delantera de Vanessa para desabrochar con habilidad todos los botones de su blusa y cuando finalizó, subió el sostén de forma impaciente y apretó fuertemente ambos de sus senos, uno con cada mano. A la pelirroja le dolían las atenciones que Yagami le daba pero eso también le encantaba: Acostumbrada a que los que habían recorrido su cuerpo la vieran con ojos de amor, todo lo que había podido probar del sexo eran ritmos lentos, infinitos besos, caricias suaves y cuidadosas. Sin embargo lo que su nuevo amante le ofrecía era un mundo completamente nuevo y desconocido. Y lo estaba disfrutando de sobremanera.
Una de las manos de Iori soltó el pecho de Vanessa, se deslizó lentamente sobre su vientre para de un rápido movimiento introducirse dentro de las bragas de Vanessa tocando su entrepierna. El movimiento la hizo estremecerse y arquear la espalda hacia atrás y sobre el pecho de Iori. Tal y como lo esperaba ella estaba completamente empapada y lista para él. El pelirrojo movió de nuevo sus manos y se concentró en desabrocharle los pantalones y bajarlos junto con su ropa interior a la altura de sus rodillas. Ella hizo un ademán de girar la cabeza hacia atrás, curiosa de ver la cara llena de deseo de Iori pero éste se lo impidió, aún enfadado por la manera en la que se había burlado de él hacía apenas unos cuantos minutos. En su lugar, le presiono la espalda justo abajo del cuello para obligarla a inclinarse pero dejando sus posaderas al aire.
Iori abrió un cajón de un mueble cercano a su cama y sacó un preservativo. Siempre había intentado ser muy cuidadoso para no esparcir su semilla en alguna chica y terminar con una criatura que tendría un destino similar al de Sahori y al propio. Y qué decir de lo que le pasaría a la desafortunada. Se decía que los partos de las mujeres del clan eran brutales, sin duda quedaría marcada con secuelas si no es que aquello terminaba matándola. Sacudió la cabeza concentrándose en el presente y desabrochó su pantalón aprisa pero se permitió bajar el cierre lentamente para torturar a Vanessa. El sonido le anunciaba lo que estaba a punto de ocurrir. Iori bajó un poco su pantalón y su ropa interior en conjunto para liberar la fuerte erección que tenía y se puso el preservativo con agilidad. Aún temblaba aunque ahora por las ansias locas que tenía.
Se colocó justo frente a la entrada y situó sus manos en las caderas de Vanessa. De un sólo y rápido movimiento la apretó hacia el clavándose dentro de ella. La pelirroja no tuvo más opción que hundir su cara entre las cobijas de la cama para ahogar un grito que Iori no sabía si era de dolor o de placer aunque tampoco le interesaba. Él hundió sus uñas en las caderas de Vanessa para conseguir un mejor agarre y embestirla con más fuerza. Acompasando a cada acometida, podía escuchar los gemidos ahogados en las sabanas. La chica no era estrecha por lo que podía deducir que tampoco era virgen, sin embargo la calidez y la humedad dentro de ella lo compensaban de algún modo.
Ante cada asalto a su sexo, él podía sentirla agitándose bajo su mando. ¿Dónde habrían quedado esos despliegues de insolencia ahora? Se preguntó con un júbilo mordaz y exhibiendo una sonrisa aunque ella no podía verla. Al fin había logrado su cometido. ¿Tanto resistirse para qué? Si al final había caído igual que todas. Iori se sentía como un campeón pero al final había ganado el deseo en ambas partes para darle paso a sus desaforados apetitos. A sus instintos más primarios.
Pese al relativo poco tiempo que tenían desde que habían comenzado Iori estaba casi seguro de que ella ya se acercaba su primer orgasmo pero no iba a preguntarle, sólo se regodeó por última vez de la posición tan sumisa en la que la tenía antes de cambiar. Sin salir de ella él volvió a tomarla por la cintura y se sentó en el borde de la cama con ella encima aún de espaldas, para continuar con el bamboleo de arriba hacia abajo. Esta nueva posición permitía que la penetración fuera más profunda y por ende, más placentera para la pelirroja quien ya comenzaba a soltar gemidos sonoros sin la protección de la sábana en su cara para acallarlos. La única palabra coherente que pudo abandonar sus labios llamó la atención de Iori.
— Dios... —
Él colocó rápidamente su otra mano en la boca de Vanessa para callarla y la jaló hacia atrás sin dejar de moverse dentro de ella. Sus ojos se encontraron nuevamente por un breve instante y la pelirroja puedo ver esa chispa de pasión encendida en Iori. Enajenada a causa del acto sexual Vanessa no pensaba siquiera en las consecuencias que esto tendría. Aunque Sahori entrara por la puerta y la encontrase así, retorciéndose entre los brazos de su hermano, medio desnuda y jadeando al compás del vaivén de sus cuerpos, la impresión que pudiera llevarse al verlos así era quizá la última de sus preocupaciones siendo la primera que él no se detuviese. Comprendió en un instante por qué le habían bautizado en el torneo como "El instinto desenfrenado", aún fuera de los combates y en algo tan íntimo como lo era el sexo, Iori hacía honor a su alias pues en un instante y sin previo aviso se había abandonado a sus impulsos, llevándosela de por medio aunque no había sido a la fuerza. Los movimientos alimentados por la ira aumentaron más igual que la excitación de Iori, un pensamiento sardónico y fugaz apareció en su cabeza y abandonó su boca en el mismo instante, casi sin pensarlo.
— ¿Qué pensaría tu marido si te viese así? — La voz de Iori no era la habitual sino aberrante y colérica.
"Vaya, eso fue brutal hasta para alguien como tú. ¡BRAVO!"
No fue difícil para el pelirrojo ignorar lo que acababa de ocurrir sobre todo sabiendo que su clímax se aproximaba. Aceleró sus arremetidas aún más llegando a un ritmo fuerte y violento de tal suerte que el seguro de la puerta no lograba encubrir el acto que se desarrollaba pues cualquiera que tuviese oídos podía adivinar lo que ocurría. La madera de la cama crujía ante la fuerza de ambos cuerpos, los gemidos de Vanessa aunque ahogados por la mano que le aprisionaba la boca se transformaron casi en alaridos, Iori bufó dejando salir un sonido agreste de su boca parecido a un gruñido mientras la embestía por última vez presionándola hacia el con fuerza. Y tan rápido como comenzó todo, se detuvo. La respiración agitada de ambos era el único sonido que restaba mientras el silencio volvía a la habitación. Iori la soltó despacio para depositarla a un lado. Vanessa se dejó caer de espaldas en la cama, exhausta y cerró los ojos. El pelirrojo no la miró e intentó ponerse de pie aunque sus piernas no le respondieron. Se dejó caer en el suelo y recargó su espalda en el borde de la cama para tomarse un minuto y recuperar el aliento.
