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¡Hola! ¿Cómo están? ¡Aquí estoy de nuevo trayéndoles más material! Regreso de nuevo a la parte musical, esta vez se puede decir que la canción le queda al personaje de la historia y no tanto al desarrollo en sí. De nuevo recurro a Mr. Children y una canción con bastante ritmo llamada "Fake" (フェイク).

Quiero aprovechar para adelantarles que será un capítulo especial (nota inútil pero interesante: El 12 es mi número favorito, hay que celebrar). Hace no mucho que leí algunos fics en primera persona que picaron mucho mi curiosidad y por ende, me decidí a dejarles esta entrega del mismo modo. Esto ha implicado un riesgo bastante grande, pero pienso tomarlo también como parte de mi crecimiento como autora x) Me gusta mucho ponerme a prueba y también variar un poco, haciendo cosas interesantes para que no se aburran ustedes, los lectores. ¿Pueden adivinar en ojos de quien se desarrolla la historia? Fue todo un reto y algo muy divertido escribir en esta perspectiva, espero haber hecho todo de la manera correcta y espero también que lo disfruten :3

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CAPITULO 12 -MONOCROMÁTICO

Mientras esperaba sentado el llamado a escena, mis dedos se deslizaban de manera casi automática por entre los trastes y las cuerdas de mi bajo, repitiendo a un ritmo rápido la escala pentatónica de LA menor, la primera que aprendí y la más sencilla también. Me sentía ya bastante aburrido de esperar pero con suerte no duraríamos más que unos cuantos minutos tras bambalinas. Por lo que podía observar, mis compañeros parecían más nerviosos. El batería se mordía las uñas. El guitarrista, que también se encargaba de las vocales, iba y venía de lado a lado, murmurando lo que probablemente eran las letras de las canciones. Pero sobre todo la tecladista, quien era la más joven de todos nosotros y cuya personalidad efusiva se ofuscaba por causa del miedo escénico. Su gesto agobiado y con la cabeza baja sólo podía ser provocado por una profunda angustia, aunque su miedo fuera tonto e irracional, al igual que ella. Y mentiría si dijese que no me vuelven loco las chiquillas así. Si no fuera por lo mucho que su linda carita me recuerda a Sahori, hubiera ya buscado una excusa para quedarme a solas con ella en el local donde hacemos los ensayos y tirármela ahí mismo. Eso seguro que le quitaría toda la tontería de encima. Alguien abrió la puerta de repente, llamando la atención de todos excepto quizás la mía. Yo aún miraba a la tecladista con ambición.

— Es hora, pueden ir preparándose en el escenario —

— Bien — Dijo el vocalista tratando de aparentar confianza, aunque pude notar como le temblaban un poco los labios — Demos un buen espectáculo y háganlo lo mejor que puedan — Todos asintieron y se abrieron paso por la puerta.

Yo me levanté para seguirlos, aun sonriendo de manera irónica por el conmovedor mensaje de nuestro "líder". Está claro que no habría venido si no estuviera dispuesto a dar lo mejor de mis capacidades, pero no iba a decirle nada. Era mejor quedarme callado y dejarle seguir creyendo que tenía algún tipo de dominio sobre mí, como el que tenía sobre los otros dos. Por la fama negativa que había conseguido peleando en The King of Fighters, los grupos se lo pensaban dos veces antes de incluirme en su alineación. Esto no me afectaría si no fuese porque tocar en vivo me produce una cierta gratificación que no se puede obtener tocando a solas en la intimidad de mi casa. He pasado de agrupación en agrupación y de muchas me han echado. Yo prefiero pensar que me han huido. Pero hace pocos meses que fueron ellos quienes se acercaron a mí, el "líder" en particular. No me cabe duda que él sabe bien quién soy yo, pero parecía poder obviarlo mientras que yo pudiera cumplir con los ensayos y conciertos. Creo que tienen tanto miedo de mi persona, como respeto de mis habilidades como músico. Y eso funcionaba para mí.

En el escenario avancé hacia el extremo izquierdo, donde me situaba habitualmente y observé el lugar. Era un bar con una temática rustica y no muy iluminado, aunque con una cantidad considerable de gente, la mayoría tratando de dar una apariencia ruda o intimidante. Me agaché, conectando mi bajo al amplificador para hacer una pequeña prueba y toqué el inicio de la canción con la que íbamos a abrir. Para mi sorpresa, el sonido de aquél lugar era sublime e increíblemente envolvente, incluso tuve ganas de seguir. No me cabía la menor duda de que iba a divertirme tocando esta noche. Me giré a la izquierda para ver a mis compañeros, quienes hacían sus propias pruebas. A mi derecha, casi detrás de mí se encontraba la chica de los teclados, quien miraba a las personas con todavía más angustia de la que tenía en el cuarto que nos servía como camerino. Sonreí, pues estaba tan preocupada que ni siquiera notaba la forma en la que la veía.

— Eh — La llamé, ella se giró a verme con sorpresa — Lo harás bien — Mentí y acto seguido le guiñé el ojo, como creando cierta complicidad inexistente entre los dos. Todos sabíamos que ella aún tenía cosas por aprender y que con tantos nervios encima, resultaría increíble que no se equivocara. No era raro para mí soltar una mentira de ese tipo para sonar un tanto amable o hasta caballeroso, a fin de cuentas no dejaba de ser mentira y yo podía obtener lo que quería. En este caso, camelármela un poco para despertar su interés.

— ¡Ah! ¡G-Gracias! — Contestó, con ese tono animado que utilizaba habitualmente y sonrojándose notablemente — Tu también lo haces muy bien — Agregó, esta vez con timidez.

"¡Pero claro que lo hago bien! ¡Lo hago mejor que todos ustedes!" pensé para mis adentros. Por un momento me pareció menos tonta de lo habitual y más sensata. Al menos sabía reconocer el talento cuando lo veía. Las luces comenzaron a bajar aún más en anticipación al comienzo de nuestra presentación. Algunas personas se giraron a vernos y unas pocas aplaudieron, aunque a mí me pareció estúpido, pues ni siquiera habíamos empezado todavía. Comencé a estar más alerta de los sonidos a mí alrededor, particularmente a la espera del choque de las baquetas que marcaría el comienzo de la primera canción. Cuando aquel esperado sonido llegó a mis oídos, acomodé mis dedos con toda la calma de regreso al bajo para empezar a tocar al unísono de la guitarra.

Desde muy corta edad supe que la música era lo que me apasionaba. Cuando éramos pequeños, Sahori y yo solíamos pasar mucho de nuestro tiempo viendo conciertos por televisión. Esperaba poder algún día estar en un escenario de verdad con un público reconociéndome y aplaudiendo para mí. Ese sueño se sentía lejano cuando comencé a entrenar; Gran parte del día se me iba en eso y yendo la escuela. Por suerte, viniendo de una familia de dinero como la nuestra, no me fue difícil hacerme con toda clase de instrumentos con los que practicaba por las noches o los fines de semana, cuando había más tiempo. En cuanto llegó la hora de ir a la universidad me negué y mi padre no pudo hacer nada para impedírmelo ya que, aunque aún entrenaba regularmente con él, yo ya era lo suficientemente fuerte para aplastarle la cabeza si me daba la gana. Ahí comencé por fin a tocar en una banda.

El concierto estaba transcurriendo tal y como quería, el sonido que todos los instrumentos producían era como se suele decir, música para mis oídos, literalmente y también en sentido figurado. Disfrutaba a plenitud poder ser parte de algo que provocaba que todos los vellos en mi cuerpo se erizaran y a la misma vez, me traía una sensación de paz increíble, capaz de acallar esa estúpida voz que hace años que había comenzado a manifestarse y que parecía que no iba a desaparecer pronto. Aunque hacían ya unos días que no había estado molestándome. Ya habíamos tocado unas 4 canciones, estábamos en la quinta muy cerca del intermedio cuando pude divisar una figura encapuchada entrando de manera intempestiva al bar. Era raro que alguien llegase tarde a una presentación o simplemente se introdujera en un bar a sabiendas que había una banda en medio de su interpretación, cualquiera prefería irse a un lugar más tranquilo. La figura caminó casi hasta el fondo, sentándose en una de las mesas más pequeñas pegadas a la pared y dándole la espalda al escenario. Un mesero se acercó rápidamente a tomarle la orden, momento en el cual se quitó la capucha de la sudadera que cubría su cabeza. ¿Acaso era...? Por un momento estuve a punto de perder el ritmo del puente musical previo a la conclusión. Lo mejor era esperar a que la canción terminara para que las luces volvieran a su estado normal y poder despejarme de dudas.

La última nota salió de la batería y el público nos dedicó un bien merecido aplauso que casi no alcancé a disfrutar. No tardaron mucho en restablecer la iluminación a un nivel aceptable y fue ahí cuando giré de nuevo mi atención a la figura, quien no se había girado ni tampoco estaba aplaudiendo. Sus rojizos cabellos cortos me hicieron reconocerla al instante, sobre todo porque no había mucha gente con la que compartiese el mismo color de pelo. La cubeta repleta de botellas de cerveza que el mesero le hizo llegar, sólo terminó por confirmarme su identidad. No podía ser otra sino la alcohólica amiga de mi hermana. ¿Pero qué hacía ella aquí? ¿Estaría siguiéndome? No había venido a disfrutar de mi actuación, pues ni siquiera parecía haberse dado cuenta de mi presencia. Pensé que tal vez pudiera estar fingiendo, pero no estaba completamente seguro de eso.

Mis compañeros ya se estaban encaminando hacia el cuarto a descansar y yo aún seguía parado sobre el escenario como un imbécil. En cuanto me di cuenta, me apresuré a bajar, aunque en dirección a la barra del bar, donde sería seguro observarla sin que ella lo notara. Ahora que me encontraba más cerca podía confirmar que era ella en verdad. Le dio un largo trago a una de las cervezas y comenzó a quitarse los guantes que llevaba en la mano. Su gesto era serio, casi lúgubre, como si algo estuviera molestándola. Esa era una situación ideal para llevar a cabo la merecida venganza que me debía por pasarse de lista conmigo la última vez, además de referirse a mi como "ridículo". Me lamentaba no tener más que 15 escasos minutos de descanso, de los cuales probablemente ya habían transcurrido unos cuantos. No era tiempo suficiente para desquitarme de su insolencia.

Hasta que una idea bastante graciosa y maquiavélica me pasó por la mente.

Sabía exactamente lo que iba a hacer, aunque para eso habría que hacer unos pequeños cambios de último minuto en nuestra lista de canciones. Rápidamente me di la vuelta, apresurado por volver al camerino donde mis compañeros probablemente discutían sus inquietudes. Ni siquiera me esforcé por hacer una entrada cuidadosa ni de interrumpirles.

— ¡Hey! — Dije en voz alta y con fuerza, los tres estaban de pie reunidos en un círculo y conversando entre ellos de algo que no me interesaba. Todos se giraron para verme con un gesto extraño, seguramente sin tener idea de lo que estaba a punto de pedirles — Quiero cantar una canción —

Los tres se voltearon a ver entre ellos, un poco confundidos. Finalmente la presión recaía en el vocalista, ya que era el "líder" y tenía que ser él quien me enfrentara respecto a ese asunto.

— ¿En este concierto? ¿Ahora? — Pensé en insultarlo por su más que obvia observación, pero la mirada fija que tenía en él pareció tener el mismo efecto — ¿Que canción? —

— Monochrome — Contesté. Es una de mis canciones favoritas, más que nada por ser de mi autoría y también por el predominante sonido del bajo.

— Supongo que podemos tocarla al final ¿No? — Dijo a modo de respuesta.

Esto no me convenció. ¿Qué tal si ella se iba antes de que pudiera cobrarme sus chistecitos? Y se lo hice saber con mi contestación.

— No. Tiene que ser enseguida. La primera canción después del descanso —

— ¿Estás seguro? — Dijo, lo cual yo consideré como un sí. Asentí y miré a los otros dos integrantes que también asintieron, pero de manera un tanto insegura. Si bien era cierto que no habíamos practicado lo suficiente la canción, sé que la recordaban y no eran tan malos músicos como para echarla a perder demasiado.

— Vamos, entonces — Exclamé para concluir la pequeña charla y dar comienzo a la diversión.

Ahora era yo quien sentía un poco de nervios con mi subida al escenario, más que nervios era emoción. Sentía mi corazón latiendo con fuerza y una sonrisilla en mi boca que me era imposible de ocultar. Una vez que estuvimos de nuevo sobre el escenario, centré mi mirada en ella mientras me situaba ahora en la parte media, intercambiando lugares con el guitarrista aunque conservando el bajo, el instrumento con el que soy más versado. De nuevo las luces empezaron a bajar, el público estaba expectante y ella seguía sin prestar atención a lo que ocurría detrás suyo. Antes de que el batería diese la señal para comenzar, encendí el micrófono para ejecutar el ajuste de cuentas.

— Esta canción, tiene una dedicatoria especial — El público murmuraba cosas entre ellos y aunque yo no podía verlos, sabía que mis compañeros de grupo probablemente estaban desconcertados — Para la chica del fondo, de cabellos rojos —

La gente comenzó a echar la mirada hacia atrás, buscando con los ojos a la recipiente de mis palabras, aunque estaba tal vez demasiado obscuro como para que alguien que no estuviese muy cerca de ella pudiera notarla. Ella aún no volteaba, no sabía si porque no me había escuchado o porque estaba aparentando no darse cuenta. Preferí pensar que era lo segundo, así que continué.

— Si, tú, la de caderas amplias y pechos grandes. No te hagas la tonta conmigo... — Terminé de decir y le di al batería la señal que necesitaba. Algunas personas soltaron unas risas y otras más curiosas seguían buscándola con la mirada. Ella se volteó casi al mismo tiempo que la música comenzó y aunque yo no podía ver su rostro con claridad, no me costaba nada imaginar un gesto molesto adornándolo. De todo esto podía concluir dos cosas: Que ella sabía que era yo. No creo que pudiera haberme perdido de vista ni aunque lo hubiese intentado, pues yo ocupaba el lugar principal en el escenario. Y que ella sí que había estado haciéndose la desentendida, de otra manera no hubiera volteado tan de repente.

Ahora que ya había logrado atraer su atención y que el intro de la canción había terminado, era la hora de comenzar a cantar. Estoy seguro de que mi voz no es la más afinada del mundo, pues me considero mejor músico que cantante, pero algunas mujeres han dicho que puedo derretir el polo norte con los graves que produzco, así que puse especial énfasis en ello. La verdad es que aunque dije aquellas palabras en tono socarrón, no llevaban detrás ningún tipo de mentira. Recordé aquel día, cuando ese vestidito entallado que llevaba me sobrecogió de tal manera que hasta me decidí ir a ese karaoke en espera de morrearme con ella un poco, magrearla por encima de la ropa quizá o quien sabe, tal vez hasta pasar la noche con ella. Y sin embargo, aunque al principio todo iba tal y como lo había planeado, ese día lo único que obtuve al final fueron un par de besos y un dolor de huevos.

¿Quién diría que en nuestro segundo encuentro lograría mi cometido? No fue algo planeado para nada y tal vez me aproveché un poco de su embriaguez, pero sucedió. Meterme con ella fue algo bastante enriquecedor, pues me hizo darme cuenta de una faceta más perversa de mí personalidad. Hasta ese momento, todos los encuentros que había tenido con otras mujeres habían sido en buenos términos, al menos por mi parte, donde mis mentiras y mis palabras dulces las engatusaban lo suficiente como para déjame hacer. Pero esta vez, mi poca paciencia me había hecho enfadarme y tomar sólo lo que quería de ella, sin pedirle permiso ni perdón. Quizá solo soy un vicioso, pero lo disfruté de sobremanera. Y lo peor es que ella lo había disfrutado también, de lo contrario, no dudo que me hubiera rechazado al momento o después de lo ocurrido. Aunque de algo no estoy muy seguro y es de si en su borrachera, era consciente en verdad de lo que había pasado. Que no había sido un sueño húmedo o un producto de su imaginación. Pensándolo bien ¿Y a mí qué demonios me importaba? Ya había obtenido lo que quería.

Aun así, me esmeré en dar la mejor interpretación del tema que le estaba dedicando. No es que no lo hiciera siempre, pero esta vez estaba más movido por la soberbia que por la simple entrega a la música. Quería quedar bien.

¿Porque?

No sé. Una parte de mi quería impresionarla y dejarla fascinada. Quería hacerla vibrar al igual que las cuerdas de mi bajo y del mismo modo que cuando la tenía sobre mi cuerpo.

¿Quería follármela de nuevo?

Probablemente. ¿Por qué otra razón me esmeraría tanto por llamar su atención, exhibiéndola ante toda esta gente y obsequiándole algo tan personal como la ejecución de una pieza que yo mismo compuse? Aunque no podía entender mi propio comportamiento a veces, estaba seguro de que no sentía ningún tipo de cariño o especial afecto hacia ella, solamente mera atracción física. Tal vez valía la pena intentarlo, a final de cuentas la chica era todo menos fea.

Después de que la canción terminó, algunos aplausos se escucharon pero ninguno vino de ella. Probablemente estaba furiosa y eso me hizo sonreír satisfecho. La deuda estaba saldada. Para evitar darle un mensaje equivocado, decidí no volver a establecer contacto visual con ella por lo menos hasta terminar lo que quedaba de concierto. Las ganas de regocijarme con su enfado igual que ella lo había hecho con el mío se hicieron presentes en mí, era un hecho que la buscaría al finalizar. Concentrarme en mi tarea actual no resultó ningún problema, pues me perdí entre el ritmo, disfrutando de la presentación. Tocamos al menos unas 5 canciones más antes de finalizar, momento en el cual corrí hacia el pequeño cuarto, ansioso por tomar un poco de agua ya que me había olvidado de llevarme algo de beber conmigo al escenario.

Pero por supuesto, no me había olvidado de mi siguiente compromiso.

Guardé el bajo en su estuche y salí fuera del camerino sin despedirme, como siempre. Pasé de nuevo por la barra hasta llegar casi a su mesa, sólo para encontrar que ella no se encontraba ahí. Sólo quedaba la cubeta repleta de botellas vacías, la cuenta pagada sobre la mesa y los dos guantes que se había quitado anteriormente. A su vez, sobre ellos, descansaba una argolla de color dorado. Los tomé sin dudar de la mesa, ya que aquellos objetos eran al menos una excusa para verla de nuevo. Guarde la argolla y los guantes en bolsillos separados de mis pantalones y sin tener ningún otro negocio que atender en ese lugar, me decidí a salir por la puerta de atrás. Estaba cruzando el portal que daba hacia un callejón poco concurrido cuando divisé una figura de reojo, recargada en la pared a un lado de la puerta. Pero antes de que pudiera reaccionar un fuerte puñetazo hacia el pómulo me hizo girar la cabeza violentamente al lado contrario.

— ¿Te crees muy gracioso, verdad? —

El golpe me tomó por sorpresa y de haber sido cualquier otra persona la que lo lanzara, hubiese reaccionado de un modo menos amistoso. Pero al reconocer la peculiar voz de la pelirroja no pude evitar reír un poco, sobre todo por el tono de reproche con el que me dijo aquello. De verdad había logrado enfadarla, era misión cumplida. Acabé de salir por la puerta para situarme en la pared del lado opuesto, frente a ella. Dejé el estuche en el suelo y me recargué en la pared con los brazos cruzados.

— Creí que te gustaban las bromas — Dije con ironía, pues era evidente que mis palabras no le habían agradado del todo. La observé y noté que tenía un cigarrillo en la boca. Su ceño fruncido me hizo sonreír complacido, no recordaba haberla visto tan cabreada.

— Hoy no estoy de humor para tus tonterías — Ese nuevo comentario me hizo sonreír otra vez.

— ¿No te gustó la canción? — Pregunté haciéndome el tonto. Ella apartó la vista sin quitar aquel gesto enfadado de su rostro.

— ¡No me refiero a eso! ¡Agh!, ni siquiera tengo porque estar aguantándote — Lanzó el cigarro a medio fumar al suelo y lo pisó. Se dispuso a volver por la puerta en lugar de salir por un lado del callejón.

— ¿No se te perdió algo? — Dije en voz alta y sacándome los guantes del bolsillo. Cuando ella se giró a verme los sacudí en el aire.

— ¿Pero que...? — Ella se acercó tratando de quitarme la mano de lo que era su propiedad — ¡Suelta eso! — Me demandó y yo solté una risa, levantando la mano con los guantes al aire. Aunque ella era bastante alta, sus brazos se quedaban cortos para alcanzarlos por lo que tenía que acercarse más a mí para intentar llegar a ellos. Y así lo hizo hasta quedar pegada a mí, sus brincos desesperados hacían que ella se frotase de manera involuntaria y eso sólo me ponía más deseoso de intentar algo con ella.

Para mi sorpresa, ella desvió su atención de los guantes y tiró un poco del cuello de mi camisa para acercarme más, obligándome a besarla. Tardé unos pocos segundos en reaccionar, pues no esperaba nada parecido de su parte. Por primera vez la sentí tomar iniciativa pues sus manos se elevaron, recorriendo mis costillas, pecho y cuello hasta enredarse entre mis cabellos donde con las uñas, me propició un suave masaje que bajó hasta mi nuca, provocándome escalofríos. Su boca se abría grande y con su lengua buscaba la mía. El beso era poco cuidadoso, desesperado y hambriento, lo que dejaba ver una gran necesidad de atenciones. No sé si ese era su objetivo, pero deje caer los guantes al suelo para rodear su cintura con mis brazos. Poco después de eso separó su boca de la mía, tal vez arrepentida de lo que había hecho.

Antes de que pudiera hacer o decir nada, aun sujetándola, la hice girar conmigo para atraparla con mi cuerpo entre la pared, deslicé mis manos hacia su mandíbula, sosteniendo su rostro en posición firme. Pase mi pulgar de manera tosca por su labio inferior antes de volver a prenderme de su boca. Ahora era yo quien la devoraba a ella con impaciencia. Sus manos no tardaron en situarse en mi espalda, acariciándome y en momentos apretándome más a ella. Era agradable sentirla tan ansiosa por mí y su apasionada entrega me contagio rápidamente. Mis manos se movieron por debajo de su sudadera y apreté sus pechos sacándole un gemidito que no hizo más que invitarme a seguir.

Bajé las manos hacia sus caderas y rompí con el beso de forma abrupta ya que la hice girar sobre sí misma y tiré con fuerza de ella para restregarle el bulto que tenía entre mis piernas contra sus nalgas. Quería darle a entender que estaba completamente encendido y que no quería esperar más. Sin embargo, separarme de su boca pareció traerme de vuelta a la realidad, miré hacia los lados para darme cuenta de que seguíamos en el callejón todavía y además, muy cerca de la salida posterior del bar. Cualquiera podía habernos visto ya y aunque a mí realmente no me importaba, ambos habíamos peleado en el torneo. Bastaba sólo una persona para esparcir un rumor que podría darle la vuelta al mundo y llegar hasta South Town. Nunca me ha preocupado el qué dirán pero ya que se trataba de la amiga de Sahori, lo más sensato era proceder de manera más discreta.

— ¿Qué pasa? — Dijo ella con una voz sensual que me estremeció un poco. Ni siquiera me di cuenta de cuando me detuve.

— Ven, vamos — Contesté en un tono impasible, recogí mi bajo y ella sus guantes. Con la mano que me quedaba libre la tiré de la mano para sacarla de aquel callejón.

Con la mirada buscaba el hotel de paso más cercano y aunque no me sorprendía para nada al estar en esa parte del centro en particular, había uno a una cuadra y media, con un cartel iluminado por luces de neón. Yo prácticamente la llevaba a rastras del brazo, hasta que cuando estábamos a pocos pasos del lugar sentí como se retorció, liberándose de mi agarre.

— ¿¡Pero qué crees que haces, eh!? — Su voz sonaba furiosa y yo levanté una ceja, preguntándome el porqué de su molestia — ¡Estas enfermo si crees que entraría contigo a esta... cueva de degenerados! ¿¡Acaso te parezco una ramera!? — Tenía los puños apretados a los costados de su cuerpo, como si estuviese aguantándose las ganas de golpearme de nuevo.

Parpadeé un par de veces, perplejo, analizando sus palabras. Siendo sincero no se me había pasado por la cabeza que ella pudiese tomárselo de ese modo y la verdad es que no le faltaba razón. Actué sin darle muchas vueltas y ahora ella estaba más enojada que antes.

— ¡Puede que eso te funcione con las mujeres a las que estás acostumbrado a frecuentar, PERO YO NO SOY COMO ELLAS! — Sus palabras eran verdades como puños atravesándome el ego.

Creo que tampoco me hubiera molestado si se hubiera decidido a golpearme de verdad, pero lo único que hizo fue darse la media vuelta y alejarse con rapidez, refunfuñando algo que no alcancé a escuchar. Pensé en detenerla y disculparme, pero no se me ocurría ninguna excusa para mi comportamiento además de que estaba pensando más con la entrepierna que con la cabeza. Y aunque me hubiera decidido a explicárselo, no creo que ella se hubiese quedado. Levanté la vista al cielo sintiéndome como una basura por creer que mi absurdo plan funcionaría y al cabo de un rato suspiré en resignación, esto sin duda me lo había buscado yo mismo. De nuevo bajé el estuche del bajo para sacarme del bolsillo la cajetilla de cigarros y al hacerlo, el sonido metálico de algo pequeño cayendo al suelo llamó mi atención, rodando frente a mí estaba el anillo de Vanessa. Sonreí y me incline para recogerlo, guardándolo en uno de mis bolsillos con cuidado y puse un cigarrillo en mi boca para encenderlo. Después de todo aún tenía entre manos una pequeña gran excusa para vernos las caras otra vez.

-.-.- Continuará -.-.-