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¡LEMON EN LA SEGUNDA PARTE, ESTÁN ADVERTIDOS!

NO PUEDO CREER QUE HAYA PASADO CASI 2 MESES DESDE MI ULTIMO UPDATE *shots self* ;_; Al fin he podido darle una continuación a esta historia. Me apena un poco pensar que tal vez no está a la altura de su antecesor, pero bueh, es mejor no darle cuerda a los pensamientos negativos. ¡Al menos es un capítulo super largo para compensarlo! *nuevo record*

Una aclaración: A pesar del título, este capítulo no tiene nada que ver con K' Dash :v Lo siento fans de K'.

¡Que lo disfruten!

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CAPITULO 13 - BLACKOUT

El ruido del televisor encendido resultaba ser la compañía perfecta para pasar una tarde solitaria dentro de casa, aunque ya sabía que el gusto no iba a durarle mucho. Tenía ya varios días postergando verse cara a cara con Sahori e intercambiando sólo algunas casuales y cortas llamadas por teléfono. No quería que ella pensara que la estaba evitando aunque ese fuera el caso y por ese mismo motivo era que había accedido a decirle donde vivía, para que ella pudiera pasar a hacer una visita. Suspiró un poco a la par que desdoblaba sus piernas para acomodarse mejor en el sofá, aunque aquel pequeño gesto estaba más movido por el nerviosismo que por la búsqueda de comodidad.

Continuó recostada y con las manos en la nuca, mirando el techo con esa sensación incomoda invadiéndole el cuerpo, principalmente porque su estado de ánimo no era el más adecuado para una reunión social. Para empezar, le apenaba imaginarse que ella estuviese curiosa de preguntarle acerca de su pequeña escapada con Iori de la cual no podía darle ningún tipo de explicación. Y por otro lado le pesaba de sobremanera que no hubiese noticias de parte de Máxima y K'. Esa no era para nada una buena señal, sobre todo considerando que no tenía ni idea de que información habían podido rescatar del fuego. Probablemente era estúpido hacerse ilusiones de encontrar ahí la información que buscaba pero al menos en este caso, aunque la esperanza ya estaba dando sus últimas patadas de ahogado, no desistía y se aferraba con ganas al mundo de los vivos.

No por nada al final del día había acudido a un bar con una nueva misión: Ahogar sus penas y tal vez reponerse un poco del furioso frenesí que había experimentado dándole termino a la misión. Y ya que su mente tocaba el tema ¿Cómo olvidar el escabroso incidente ocurrido esa noche? De todos los sitios a los que podría haber entrado, sin duda se había escogido el menos indicado. A pesar de que en aquel momento aquello no le había resultado para nada gracioso, ahora que ya no se sentía enfadada podía admitirse con seguridad que las palabras del pelirrojo habían sido una buena broma y haberse encontrado de nuevo con él, una grata sorpresa. Prueba irrefutable de ello era la sonrisilla que se posó en sus labios al repasar la picaresca del comentario respecto a su cuerpo. En retrospectiva, el chiste que acompañaba a la canción era un detalle que tal vez pudiera calificarse como atento, viniendo de una persona como él, aunque eso no le quitaba lo ordinario de su comportamiento al final del día.

¿Pero quién se había creído?

Un tímido toque en la puerta llamó su atención, ya sabía que se trataba de ella. Por un momento le cruzó por la mente la idea hacer como si no escuchara y fingir que se había quedado dormida para escaquearse de su compromiso social. No, definitivamente eso la haría lucir mal, no quería seguir huyéndole y abandonó ese pensamiento con rapidez. Sin mucha prisa se puso de pie para acercarse a abrir la puerta y quedar de frente con aquel rostro afable que le sonrió y le acercó una bolsa de papel marrón. Le sonrió de vuelta aunque no era de manera fingida, casi ni podía recordar la última vez que se habían visto y mirarla de nuevo pareció despertar su interés.

— ¡Lo siento! —Comentó Sahori haciendo una pequeña reverencia—. Me perdí y tuve que desviarme un poco a pedir indicaciones.

— Torpe, pudiste haberme llamado —Vanessa le hizo una señal para que pasara y después de cerrar la puerta preguntó—: ¿Que hay en la bolsa?

— Son galletas de té verde ¿Te gusta el té verde, verdad? Bueno, es sólo que yo no estaba muy segura, pero tampoco podía venir aquí con las manos vacías —Comentó con un tono parlanchín producto del entusiasmo de poder estar echando un vistazo dentro del departamento. El lugar no era muy grande y se encontraba un poco desordenado pero para la menor, era algo sumamente emocionante visitar por primera vez el hogar de alguien a quien consideraba su amiga.

— ¡Hay que averiguarlo! —Vanessa asomó la cabeza en la bolsa mientras guiaba a Sahori hacia la cocina. Tal parecía que la visita no había sido tan mala idea después de todo.

Las galletas despedían un aroma suave y agradable, muy parecido a la canela, que le resultaba apetecible e invitaba a probarlas. Por un momento no pudo evitar pensar con cierta nostalgia en la pastelería de South Town, a la que acudía más que regularmente a abastecerse de postres, de modo que pudiera saciar su peculiar apetito por los dulces con esos pastelillos con merengue que tanto le gustaban. Estando del otro lado del mundo era difícil encontrar algo parecido al particular toque que tenían pero no iba a quejarse, un dulce era un dulce y más aún si eran un regalo. Depositó la bolsa en la mesa y le hizo un gesto a su invitada para que tomara asiento en una de las sillas del comedor, mientras que ella sacaba algo de leche del refrigerador.

— Dime, ¿Que ha pasado con lo de tus citas? —Preguntó Vanessa sentándose a la mesa. Sahori le había adelantado ya algunos detalles por teléfono, como que Shingo al fin había dejado algo de su vergüenza de lado y la había llevado a otras dos citas distintas: Una a otro restaurante y otra a mirar una película al cine.

— Shingo es un chico muy lindo —Comentó la menor con una sonrisilla—, la verdad es que es bastante gracioso una vez que lo conoces bien. Ha sido muy divertido salir con él y creo que incluso puede que, no sé, tal vez me guste un poco —Se encogió de hombros al pronunciar esta última parte, en un intento por restarle importancia al comentario.

Pero por el contrario, Vanessa se sonrió.

— ¡Ajá! Sabía que el tonto ese terminaría por convencerte, pequeña bribona —Vanessa le dio un pequeño golpe en el hombro, acompañando las últimas palabras. Obviamente la burla no se hizo esperar y ni siquiera el trozo de galleta que tenía en la boca era capaz de detener su propósito—: ¿Y bien? ¿Ya lo besaste?

— ¡¿Qué?! ¡N-No, no!—Aquel comentario provocó que Sahori se hundiese en su asiento pues precisamente era el hondar en ese tema lo que quería evitar.

— ¿Y porque no? Según me contaste es muy tímido, te dije que tendrías que ser tu quien diera el primer paso.

— No sé si yo quiero dar el primer paso —Contestó Sahori con un semblante totalmente serio—, no con él.

El silencio se apoderó de la habitación, ni siquiera la boca de Vanessa pudo terminar de masticar aquel pedacito de galleta que recién se había metido en la boca. ¿Acaso había escuchado bien? Al cabo de un momento, la mayor rápidamente tomó un gran trago del vaso con leche que se encontraba frente a ella para pasar la masa azucarada en su boca por su garganta y poder dejar salir las preguntas que, curiosas, le quemaban por dentro, ansiosas de abandonar sus labios decorados de un rojo intenso.

— ¿Quieres decir con eso? ¿Con quién entonces? —La boca de la mayor se quedó entreabierta en una mueca de confusión y estupefacción combinadas. Sahori no respondió a ninguna de las dos preguntas pero desde luego, sólo había que sumar dos más dos para darse cuenta de lo que la chica había querido decir y ciertamente, Vanessa era lo suficientemente inteligente para hacer una deducción así de rápida—. Oh... —Dijo suavizando un poco los gestos de su rostro al caer en cuenta de lo que pasaba.

Los grandes ojos de Sahori se posaron sobre los suyos, analizando expectantes la reacción que tendría ante aquella concusión en la que acababa de caer. Vanessa pudo notar una cierta angustia y un temor en su mirada, aún sin embargo la pequeña chica se mantenía firme en su propósito, sin titubear, totalmente convencida de lo que acababa de decirle. Casi sin querer, la mayor se había convertido en la confidente del que sería un secreto peligroso y con muchas posibilidades de terminar en algo terrible como terminase en oídos de alguien equivocado. A pesar de lo delicado del asunto, mantuvo la calma en todo momento, haciendo lo posible por no revelar la preocupación que comenzaba a gestarse en su interior.

— Estamos hablando del chico Kusanagi, ¿Verdad? —A pesar de que estaba segura de que la respuesta sería un sí, tenía que asegurarse. La chiquilla sólo afirmó con la cabeza, aún con los ojos clavados en los de ella, buscando algún signo de aprobación o rechazo. Vanessa sólo se cruzó de brazos, incapaz de poder volver a probar bocado—. ¿Estás segura de lo que me estás diciendo? —Preguntó finalmente, tratando de utilizar todo el tacto que pudiera para no escucharse demasiado sentenciosa.

— Sí —El tono impasible pero firme de Sahori resultaba confuso, extrañamente inquietante y reconfortante al mismo tiempo—, ¿Es una locura, no es cierto? —Posó los codos sobre la mesa y apoyó la barbilla entre sus manos, pensativa.

— Bueno sí, es algo un tanto arriesgado —La mayor no mentía, la verdad es que era una pésima idea involucrarse con el chico sabiendo lo que aquello acarrearía, pero no iba cortarle las alas tan pronto o por lo menos no sin hacer algo de investigación previa. Y qué manera de romper el hielo y hacerla hablar sino con una de sus especialidades: Un comentario fuera de lugar —, pero hey, por mí no tienes que preocuparte. No iré a decirle a tu hermano que dejas que la persona que más detesta en el mundo te meta mano.

— ¡VANESSA! —La evidente molestia en el rostro de la menor hizo reír a su acompañante. Había picado el anzuelo—. Las cosas no son así.

— ¿Ah, no? Entonces cuéntame como son, bonita. Estoy intrigada.

— Él tiene una novia, así que no puedo hacerme muchas ilusiones... Aunque... —La menor soltó un suspiro bastante largo y una de sus manos comenzó a jugar con su pelo, enredando uno de los mechones de su cabello con visible inquietud por lo que estaba próxima a decir—: No dejo de pensarle. Cuando lo conocí sentí muchos nervios y a la vez una confianza un poco extraña, aun no entiendo porque... —Comentó con una expresión meditabunda y bajando la vista.

Vanessa le miró entrecerrando los ojos mientras daba un pequeño sorbo a la leche fría con la que acompañaba los bizcochos. ¿Nervios y confianza al mismo tiempo? Eso no tenía sentido, a menos que se encontrara en una especie de confusión o alteración de algún tipo. "Alteración" repitió para sí misma en su cabeza, haciendo una conjetura y dejó salir una risa corta antes de dejar revelar su nuevo descubrimiento —: Eso me parece bastante familiar, veo que seguiste mi consejo de tomarte las dos cervezas.

Sahori levantó la cabeza rápidamente, saliendo de sus pensamientos. Ciertamente no había recordado ese consejo y mucho menos que tal vez esa era la razón de la confianza que se había permitido tener con aquel chico que apenas había conocido. La cara de la menor comenzó a sonrojarse notablemente, cada vez más a la par que recordaba un detalle que le avergonzaba.

— ¡No puede ser, lo había olvidado por completo! —Contestó, cubriéndose los ojos con las manos—, Le pregunté si tenía novia, Vanessa ¿Te lo puedes creer? Ay, pero que tonta, seguramente hice el ridículo por hacerte caso...

— ¿Tú le preguntaste algo como eso en serio, maldita sea? —Preguntó Vanessa con una voz que se entrecortaba con sus propias risas. Imaginársela siendo tan directa le resultaba algo gracioso viendo lo apenada que estaba y más aún, siendo que su idea de las cervezas había dado pie a la situación. El tono simplón que había utilizado no hacía más que agregarle gracia al asunto—. Ay dios mío, no puedo creerlo —Alcanzó a decir antes de echarse a reír desenfadadamente, abandonándose ante lo absurda de la situación.

Su cuerpo se agitaba de tal modo que en poco tiempo se llevó la mano al abdomen, adolorida por las contracciones que provocaban sus carcajadas. La risa se prolongó lo suficiente como para que la menor riera también, contagiada por el regodeo de su amiga y tratando de dejar la pena a un lado. Cuando Vanessa pudo recuperar la compostura se frotó ambos ojos, limpiando la humedad que había en ellos producto de su risa.

— ¡Deja de reírte! —Aunque Sahori decía aquello a modo de regaño, sus ojos brillaban con júbilo, pues le aliviaba que la mayor no hubiese tenido una mala reacción—. Anda, dime lo que piensas.

— Lo mejor que puedes hacer es olvidarte del chico Kusanagi y aprovecharte del otro muchachito que seguro está loco por ti —La menor se sobresaltó un poco, nerviosa ante esta idea mientras que Vanessa sólo se encogió de hombros—. Es lo que yo haría.

Tal y como la joven pudo notar, Vanessa no era una persona de muchas palabras. Decía lo que tenía que decir, así fuera la verdad o alguna pequeña bromilla para alegrar el ambiente. Tenía razón, lo más sensato sería olvidarse de Kyo y tal vez concentrarse en avanzar su amistad con Shingo hacía algo más profundo, aunque aquello resultara ser un tanto falso. Aunque el chico era agradable, no sentía por él lo mismo que había sentido por el descendiente de los Kusanagi la primera vez que lo vio. Sahori revolvió un poco la leche del vaso frente a ella, manchando un poco los bordes interiores, pensativa. Recordó lo guapo que él se veía con esa chaqueta de cuero negra, la sonrisa traviesa y el pelo cayéndole sobre la frente. Se estremeció levemente al recordar su timbre de voz y como las mariposas en su estómago revoloteaban cada vez que pronunciaba su nombre por casualidad. No, involucrarse con él solo acarrearía problemas. No podía dejarse llevar. ¿O sí?

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Abrió el grifo correspondiente al agua caliente, dejando correr el líquido para que comenzara a tomar la temperatura ideal que despegaría las manchas más fuertes de los platos que estaba por lavar. Tras de que Sahori se había ido hacía unos minutos, lo mejor era comenzar con la tarea de limpieza para terminar lo más rápido que pudiera. En mitad de su actividad se detuvo abruptamente, girando la cabeza en dirección a la sala de estar tras escuchar un sonido familiar: El golpeteo de una mano contra la puerta. ¿Acaso Sahori se habría regresado? ¿Tal vez había vuelto por algo que se dejó sin querer? Después de secarse las manos con un paño seco que descansaba sobre una silla, se encaminó en dirección a la entrada para responder a sus preguntas.

— ¿Olvidaste algo, lindura? —Preguntó con un juguetón tono de voz, mientras abría la puerta sin pensarlo demasiado. Pero al levantar la vista, cuál sería su sorpresa al encontrarse con una figura más tosca de la que esperaba, con la mano derecha en el bolsillo y la izquierda ceñida en torno a un largo estuche de color negro. Una de las cejas de su imperturbable rostro se encontraba levantada, mirándole con cierta curiosidad por lo que acababa de decir—. Oh, definitivamente no la lindura que esperaba —Comentó de manera ingeniosa para disimular con una burla la sorpresa de estar frente al pelirrojo.

Vanessa se recargó en el marco de la puerta para poder observarlo mejor y se cruzó de brazos, poniéndose un poco a la defensiva, recordando con cierto fastidio la última vez que se habían visto y lo poco correcto del comportamiento del otro. ¿Pero qué estaba haciendo aquí? ¿Y con qué cara tenía el atrevimiento de venir a verla? Aún con la molestia que sentía, hubiera sido extremadamente hipócrita negarse lo mucho que le gustaba encontrarse con ese rostro duro que acompañaba a aquella silueta que ahora encontraba tan atrayente, producto de los efímeros pero efusivos encuentros que habían tenido con anterioridad, pero esta vez su enfado superaba con creces su deseo de invitarlo a pasar.

Iori por su parte, no articuló palabra alguna y su inexpresivo rostro no le ayudó a Vanessa a identificar el motivo de su visita. Mantuvo el contacto visual directo al rostro aunque el cuerpo de la chica lo invitaba a mirar de reojo; la postura de ella hacía una curva sinuosa en sus caderas que le resultaba agradable a la vista. Los labios del pelirrojo se torcieron un poco hacia arriba en una sonrisa apenas visible, como preámbulo de lo que seguía.

— ¿Y bien? ¿No piensas invitarme a pasar? —De nuevo esa altanería tan característica de su persona no se hizo esperar, alimentando aún más la pesadez de Vanessa.

— Claro que no, ¿Qué es lo que quieres?

El tono poco amable de ella, que contrastaba totalmente con su alegría habitual, le hizo gracia y el pelirrojo dejó salir una risa entre dientes para luego rematar, haciendo uso de su mejor jugada —: Tal vez esto te ponga de mejor humor —Añadió, sacando con la mano que tenía en su bolsillo el anillo que ella se había olvidado en el bar y que había estado revolviendo un poco con los dedos de manera inquieta, pensando aún en que había sido aquella noche afuera del bar el motivo por el cual había venido. Quería cobrar su segunda venganza.

La pelirroja cambió su postura relajada a una totalmente recta y apenas pudo dar un par de pequeños pasos al frente para mirar mejor, antes de poner los ojos como platos y la boca entreabierta con asombro al ver en manos de Iori, uno de los objetos que consideraba más preciados para sí. Por mera inercia, tocó con la mano el lugar entre sus dedos donde usualmente portaba la sortija y donde debería de haber estado, si no fuera porque la estaba viendo frente a ella, en poder del otro. ¿Cómo es que no se había dado cuenta que faltaba? No era un anillo cualquiera. ¿Cómo pudo haber tenido un despiste de semejante categoría? Su confusión no paso por alto para Iori quien seguía sonriendo con suficiencia, disfrutando del desconcierto que había creado el tener en su poder ese objeto tan pequeño que sin duda, tendría algún tipo de valor especial para ella y que él desconocía. Francamente no le interesaba demasiado saberlo pues la sortija no era más que un instrumento, un medio por el cual tener la excusa perfecta para verla de nuevo. Se acercó para depositarle el anillo en una de sus manos y aprovechando que ella se distrajo mirando el objeto que creía perdido, se introdujo al departamento.

Para cuando Vanessa volvió a la realidad era demasiado tarde, ni siquiera se dio cuenta del momento en el que él la pasó de largo por la puerta, aunque realmente no importaba, él ya se encontraba dentro de su hogar. Colocó el anillo en el dedo anular de su mano izquierda mientras se encaminaba al interior, cerrando la puerta tras de sí. El sonido pareció no perturbar a Iori, quien se encontraba de espaldas, mirando con especial atención una serie de suvenires que descansaban alrededor del mueble del televisor. Ella lo observó de nuevo, intentando comprender tantas cosas ¿De verdad habría venido tan de buena fe? ¿Era esto una especie de disculpa por lo de su encuentro anterior? ¿Y lo perdonaba por eso? ¿Porque importaba tanto saberlo? Sus pensamientos se vieron interrumpidos al notar que, por encima del hombro del pelirrojo, una cabeza de humo blanco alzaba el vuelo, perdiéndose en la atmósfera de la sala. Vanessa apretó los labios en una mueca de desagrado y también los puños, acercándose a grandes pasos a la posición donde estaba él, totalmente convencida de que sus dudas habían sido despejadas.

Era más que obvio que seguía siendo el mismo patán.

— ¿Qué se supone que estás haciendo? —Le dijo con un tono disgustado y cuando él se giró para encararla, le arrebató el cigarrillo recién encendido de las manos—. Afuera puedes fumar todo lo que quieras —Aseguró mientras se encaminaba a la cocina, probablemente a apagar y deshacerse del pequeño vicio que probablemente sería motivo de discusión más adelante. ¿Con que cara se atrevía a su casa a fumarse un cigarrillo como si nada? Podría haber pedido permiso primero, de no haberse dado cuenta antes era muy probable que se hubiese activado alguna de las alarmas de incendios, provocando un incidente que terminaría aún peor que el asunto del motel barato.

Un estallido se escuchó afuera del departamento y en cuestión de un segundo, una completa obscuridad se hizo presente en el departamento, el edificio entero y muchos otros lugares más a varios metros a la redonda. La pelirroja frenó en seco y se sintió desorientada, aunque estaba completamente segura de que se encontraba en mitad de la cocina, la falta de visión la desconcertaba totalmente, llenándola de dudas.

Dejó caer el cigarrillo al suelo y lo pisó con el pie pues con tanta obscuridad sería difícil deshacerse de él de otra manera, ya tendría tiempo de recogerlo más tarde. Dio algunos pasos hacia el frente con timidez, extendiendo los brazos ligeramente para tratar de evitar chocar con algo en el camino. A tientas llegó hacia el marco de la puerta de la cocina y se encontró en la sala, Iori sin duda estaba en alguna porción de la negrura que invadía el salón pero no parecía hacer ningún tipo de ruido o señal de su presencia y aquello le ponía bastante nerviosa. Se detuvo por temor a seguir avanzando y chocarse de frente con él; en su cabeza daba vueltas a la idea de llamarlo por su nombre para hacerse una idea de dónde estaría, pero el pensamiento por si sólo le resultaba un tanto humillante. No tuvo que esperar mucho pues la tenue luz de una flama que titilaba en la mano del pelirrojo le reveló su ubicación y también la de algunos de los objetos cercanos. El gesto de él era serio, completamente concentrado por su fuego recién invocado.

— Ahora que hay visión ¿Te importaría seguirme hacia el dormitorio? —Preguntó ella lanzando un suspiro al aire y cruzando el salón rápidamente—, creo tener algunas velas guardadas en un cajón.

¿Dormitorio? ¿Era eso una especie de proposición entre líneas?

El pelirrojo titubeo un poco antes de seguirla hacía el pequeño pasillo que conducía a su alcoba. Pero que tonto era. Probablemente ella ya conocía sus planes ¿Estaba siendo demasiado obvio tal vez? Reconocía que su deseo podía con él muchas veces y más aún cuando la chica parecía estar siempre un paso enfrente de él, adivinando sus pensamientos para usarlos a su ventaja y dejándolo en ridículo. Seguramente ella ahora buscaría tomar la iniciativa para enredarlo en sus redes, tal y como había pasado en el frustrado intento anterior, cosa que le molestaba de sobremanera. Había sólo una posible salida: Al no haber misterio en aquel momento, tendría que crearlo él mismo. Cuando ella se detuvo frente a una de las mesitas de noche, Iori cerró el puño, terminando con aquella claridad y regresándolos a ambos a las tinieblas.

Habiendo estado justo detrás de ella conocía su posición. Sabía que la obscuridad le daría la ventaja que tanto necesitaba, así como el elemento sorpresa. En un despliegue de rudeza inesperada la tomó por el hombro, apartándola a un lado para evitar que colisionara con la mesita de noche y luego avanzó con ella hacia el frente, con uno de sus brazos extendido para evitar estrellarse contra la pared. Todo transcurrió en cuestión de un par de segundos por lo que ella no tuvo tiempo de reaccionar, apenas un quejido extraño escapó de su boca producto del repentino cambio de planes. Ahora que estaba seguro de que había logrado confundirla lo suficiente, con sus manos siguió la línea de los brazos de Vanessa para asegurar sus muñecas detrás de su espalda, tendría que costarle salir de esta fácilmente.

Ella pareció darse cuenta y aunque no podía verla, no le era difícil imaginársela con el ceño fruncido en evidente molestia, tal y como había acontecido la noche del bar, pues se retorcía bajo su agarre intentando librarse de sus manos y soltando algunos gruñidos bajos en el proceso. Sin duda había sido un riesgo grande y por su atrevimiento se arriesgaba a recibir una paliza o propinársela a ella en defensa propia, aunque realmente no quería enfrentarse a ella.

No a menos de que fuera sin ropa y debajo de las sábanas.

Y tuvo que hacérselo saber, empujándola contra la pared con firmeza y acercando su pesado cuerpo hacia ella para minimizar sus movimientos y al mismo tiempo, que pudiese sentir la excitación que ya se había hecho presente en él por lo divertido que era sentirla tan desesperada e inquieta. Acercó su cabeza hacía sus cabellos donde un fragante aroma femenino le invitó a hundir la nariz en ellos y aspirar profundamente, su pecho hinchándose conforme lo hacía, seguro ella podía sentirlo con lo cerca que la tenía. Finalmente sus forcejeos terminaron por colmarle la paciencia, no iba a poder tocarla así ni mucho menos pasar a algo más intenso.

— ¿Vas a quedarte quieta de una vez? —Comentó bajando un poco la boca en dirección a uno de sus oídos—, no actúes como si no hubieras estado deseándolo —Su tono bajo, grave y sereno le arrancó un escalofrío a Vanessa, lo cual él contestó con una risa gutural que no hizo otra cosa que ponerla más nerviosa. La situación resultaba bastante erótica y la falta de luz hacia al encuentro muy diferente al anterior pues la falta de visión resultaba apabullante para sus sentidos, como también lo era la penosa situación en la que se encontraba envuelta. ¿Con que poca vergüenza le decía aquello? Aunque tuviese razón, sus modales dejaban mucho que desear. Encontrarse así en su propia casa y a manos de un sujeto del que apenas podía nombrar un par de buenas cualidades era indignante cuanto menos.

¿Por qué lo estaba disfrutando entonces?

La calidez de su aliento sobre su cuello le hizo dar un leve sobresalto y al sentir la lengua del pelirrojo comenzar a moverse por su piel se revolvió en su sitio, insegura de si peleaba por soltarse de él o consigo misma por dejarle saber lo mucho que lo estaba disfrutando en forma de pequeños suspiros. Sus brazos ya no forcejeaban, sólo intentaba sostener su cuerpo a pesar de que su fuerza en las piernas le flaqueaba así como como lo estaba haciendo cada duda, cada último pensamiento de que dejarse llevar por el placer era la idea menos indicada.

Las manos de Iori soltaron sus muñecas, había que ser tonto para no darse cuenta de que ella estaba ya en un cierto estado de sumisión y aunque seguramente ella pudo hacerlo, no se aprovechó de su libertad para golpearlo o escapar. En la completa calma de la habitación resonó el sonido de la cremallera de sus apretados pantalones bajando y el de un pequeño envoltorio rompiéndose, no iba a arriesgarse nuevamente. Acercó sus manos a las caderas de la pelirroja, buscándole los pantalones a tientas pero para su asombro sólo hubo el contacto de piel contra piel.

Bufó con satisfacción al notar que ella no había perdido el tiempo, las finas manos de Vanessa le rodearon por el cuello —: Dije que la próxima vez me los quitaría yo para no quedar como una cualquiera —Ahora era él quien tembló un poco al escuchar esa frase como un susurro cerca de su oído, aquello sólo le calentó más la sangre. Se apresuró a tomarla por los muslos, levantándola del suelo y apoyándola contra la pared, tomó unos cuantos intentos llevar su erección hacia la entrada pero al conseguirlo arremetió con fuerza, haciendo un sonido hueco cuando impactaron de lleno contra la pared.

Los dedos de él se hundían en la carne de sus piernas apretando con fuerza y haciéndole daño. Su cabeza chocaba contra la pared una y otra vez, de manera involuntaria sin importar que tan fuerte intentara sostenerse para evitarlo. Las embestidas eran fuertes, inclementes, rápidas y aunque hacía todo lo posible por morderse los labios, era imposible no gemir ante tanto deleite entremezclado con dolor. Habían pasado apenas unos escasos minutos y ya se sentía cerca de llegar a su apogeo, mientras que de él sólo escapaban resoplidos fuertes y algún gruñido si ella clavaba sus uñas demasiado hondo detrás de su cabeza.

Tal vez la intensidad del encuentro y el desenfreno fue lo que no permitió a ninguno darse cuenta de cuando se habían encendido las luces. El empujó con fuerza dentro de ella por última vez y esperó un momento para retomar el aliento antes de soltar con extraña delicadeza sus muslos bañados en sudor, para que pudiera incorporarse de nuevo. Se sentía mareado por lo que acudió a la misma pared para apoyarse, un poco temeroso de caerse.

— ¿Ha sido todo? —Preguntó ella dejándose caer sobre la cama bocabajo, él giró la cabeza para observar la sinuosa silueta sin pantalones que le miraba con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Tal vez en otro momento le hubiese molestado las típicas burlas que parecían siempre estar saliendo de tu boca, pero no esta noche ni en este momento.

Sólo le animaba a empezar otra vez.