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Estuve un buen rato pensando acerca del destino de este fanfic y la dirección que debería de tomar. Creo que no me hizo muy bien pues al final decidí que no había razón para pensar tanto, es mi historia y puedo llevarla para donde yo quiera :D
Pasando un poco al desarrollo, este es un capítulo que sigue a una idea que tenía desde la historia original y la cual me alegra haber podido incluir, creo que es un poco emocional pero considero que era necesario.
Una disculpa por tardar tanto, prometo hacer entregas más regulares de todas mis historias. Ojalá lo disfruten y felices fiestas :3
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CAPITULO 14 - CRUDA MORAL
Resultaba un tanto extraño despertar en compañía de alguien, sobre todo cuando se trataba de una persona con la que nunca se imaginó el compartir algo más que sitio en un equipo del torneo. Lo sintió moverse, aquello le hizo abrir los ojos y también desear por un momento el haberse emborrachado la noche anterior y así poder justificar el nuevo incidente con Yagami, pero las cosas no habían sido así. ¿Ahora que excusa podría darse? No le hubiera costado nada librarse de él cuando la tenía acorralada contra la pared, aunque eso tenía una gran posibilidad de haber terminado en una pelea. Pero no lo hizo. Peor aún, nunca tuvo la intención de hacerlo siquiera. Al sólo contacto de su cuerpo contra el suyo, su voluntad había quedado hecha trizas en el suelo en donde luego se unirían las ropas de ambos. La pequeña provocación al final del primer encuentro tampoco había ayudado en nada puesto que él se había quedado buscando un segundo, tal vez queriendo probarle que podía ofrecerle más, ¿o acaso él también tendría una cierta atracción hacia ella? Pensándolo bien era algo tonto cuestionárselo cuando él había buscado el roce en primera instancia.
Suspiró brevemente y alzó la mano para mirar su anillo, la razón de tan inesperada visita y también por la cual sentía una culpa que le consumía por dentro. Lo tocó con los dedos de su mano libre, repasando cada hendidura y cada detalle, deteniéndose en la pequeña piedra preciosa incrustada que hacía de adorno principal y que le agregaba un toque de lujo, así como un significado especial.
Juntos para toda la eternidad.
Un amor fuerte, inquebrantable, duro como el mismo diamante que era el distintivo de su argolla. No pudo evitar sentirse nostálgica y recordar con cariño el día en el que había decidido unirse en matrimonio. La ceremonia había sido sencilla, solamente rodeada de sus amistades más cercanas y la familia inmediata de ambos. No creyó haberse sentido más feliz que cuando el pequeño aro de metal fue colocado en su dedo por primera vez, acompañando ese juramento que se hicieron y el cual jamás creyó que fuera a romperse.
Hasta que la muerte nos separe.
Aunque evitaba amargarse la existencia pensando en el recuerdo de su difunto esposo, había días como hoy en el que simplemente resultaba irremediable. ¿Cómo no haber amado esos ojos que le miraban con ternura? Había resultado imposible no enamorarse de un rostro tan afable, de ese cabello corto y despeinado o el tono de su timbre de voz. Pero la cálida sonrisa en su rostro de su ser más amado era su memoria favorita, él había hecho siempre lo posible por hacerla sentir no sólo feliz, sino también segura y protegida. Lamentaba enormemente no haber actuado de la misma forma que él, pero no tenía caso culparse por eso y hacía tiempo que más o menos había terminado por comprenderlo, aunque algunos días eran más difíciles de sobrellevar que otros. Simplemente no había nada que hubiera podido hacer para salvarlo.
Sin embargo, tampoco era eso lo que le preocupaba esta vez, sino algo más complicado. ¿Sería el capaz de verla desde la otra vida?, ¿Qué pensaría él de la mujer en la que se había convertido? Más de una vez sentía pena por la sed de venganza que la embargaba o por la manera en la que había dejado su vida normal detrás para dedicarse en cuerpo y alma a descubrir la verdad. Más difícil todavía resultaba imaginárselo viéndola así, desnuda en su cama después de haberse entregado a un hombre al que apenas conocía pero por el que tenía una cierta atracción y con el que simplemente le gustaba desahogarse. ¿Estaría él contento de verla vivir su vida? ¿O se sentiría traicionado? Fuera como fuera, era ya muy tarde para hacer ese tipo de juicios de valor o como mínimo, tendría que haberse detenido mucho antes. Ya no había vuelta atrás, lo hecho, hecho estaba.
Se giró para descansar en su otro costado, teniendo cuidado de no descubrirse la parte superior del cuerpo y también para no despertar a Iori, quien se encontraba acostado boca arriba, descansando uno de sus brazos detrás de su cabeza y cubierto parcialmente con la sábana. Espero por unos cuantos segundos, casi podía apostar que el pelirrojo estaba despierto y abriría los ojos con ese gesto molesto que le caracterizaba, pero no hubo reacción alguna por lo que se dispuso a observarlo con total libertad. El semblante relajado que exhibía al dormir resultaba extraño, era un tanto difícil imaginar a Iori con otro gesto que no fuera su característica expresión imperturbable que sólo se veía cambiada por algunos ceños fruncidos y sonrisas irónicas. Aquella cara indiferente que usualmente se escondía entre los mechones de cabello rojizo que le caían por la frente parecía ser sólo mascara que utilizaba para hacerse el duro, cosa que durante el sueño no podía seguir ocultando. Conectar una cosa con la otra no le tomó mucho tiempo. ¿Habría Iori perdido a algún ser querido alguna vez? ¿Y le habría marcado tanto como le ocurrió a ella misma? Sus desvaríos mentales pronto vieron sus alas cortadas, recordando que Sahori había mencionado que el padre de ambos había fallecido hacía tiempo, tal vez eso había sido su punto culminante.
Más allá de todo eso, había otro detalle de la vida de Yagami que era imposible ignorar. No estaba muy enterada del asunto pero si de algo se hablaba en el torneo era de la rivalidad entre Kyo e Iori. Cuando le pidieron a ella y su equipo el mantener su atención centrada en el pelirrojo fue cuando pudo enterarse un poco mejor que aquello se debía a una vendetta casi ancestral que jamás había sido resuelta del todo. Aparentemente cada uno pertenecía a un clan distinto y por ello los poderes
— ¿Quieres dejar de mirarme? Es muy molesto — La voz ronca de Iori la sacó de sus pensamientos, no se había dado cuenta de que había despertado de pronto. El pelirrojo la miró con una ceja alzada, preguntándose que podría ser aquello que la tenía tan entretenida.
Ella apartó la mirada inmediatamente, acostándose bocarriba para no verlo a la cara y deseando que él no estuviera viendo su cara que ya comenzaba a tomar un color rojo por las mejillas, producto de la vergüenza. Pero Iori no estaba interesado en eso, simplemente escudriñaba la habitación con los ojos, observando sus alrededores sorprendido de donde había despertado, por poco no recordaba cómo había llegado hasta ahí. No había visto la habitación con detenimiento la noche anterior, aunque eso se debía más que nada a que su atención estaba demasiado enfocada en el cuerpo de la chica que ahora reposaba a su lado, inmóvil. Tampoco había mucho que ver, frente a la cama se encontraba una cajonera que hacía también de peinador. En la pared de la izquierda se encontraba la entrada y junto a ella unas puertas que seguramente guiaban hacia un closet, mientras que por el lado derecho, una enorme cortina ocupaba casi toda la pared, bloqueando el paso del sol que se notaba por entre las fibras. Echó la cabeza hacia atrás para acomodarse mejor y le resultó curioso no haber notado antes el abanico de techo que se encontraba encendido, soplando algo de aire, acompañado de un ligero tintineo cuando las cuerdas que lo accionaban chocaban juntas. Lo observó por un rato sin moverse de su posición pues estaba muy cómodo, necesitaba el reposo a fin de cuentas.
¿Qué te mantiene despierto por las noches? Luces cansado.
Aspiró aire lentamente, tratando de hacer uso de la poca paciencia que tenía para ignorar a esa vocecilla molesta que de nuevo pareciera haber surgido para amargarle más la existencia, si es que eso era posible. Exhaló con suavidad para aparentar tranquilidad y por el rabillo del ojo echó una mirada furtiva hacia Vanessa quien parecía estar a punto de quedarse dormida, no se movía y respiraba con lentitud. "Al menos uno de los dos va a descansar" pensó.
¿Porque habría de importarte? ¿No estarás enamorado de ella, verdad?
Iori bufó cerrando los ojos y sonriendo sarcásticamente por aquella estúpida conclusión a la que ese murmullo en su cabeza había llegado. Por supuesto que no estaba enamorado de una tipa con la que apenas se había acostado un par de veces y de la cual no sabía más que unas cuantas cosas. Y aunque lo estuviera, no iba a permitirse dejarlo aflorar. No era precisamente algo que le gustara admitir abiertamente pero siendo sincero consigo mismo, él no era más que hombre muerto. Involucrarse en una relación sólo traería dolor a la otra parte pues seguramente en algunos años caería preso de la locura al igual que su padre y aunque pudiera sobrevivir a ello, la maldición que corría en su linaje no haría más que terminar con su vida, tarde o temprano.
Y con la de tu hermana. No lo olvides.
Movido por las ganas de llevarse una bocanada de tabaco a la boca, se levantó de la cama para ponerse los pantalones encima y así salir un rato, en espera de que pudiera despejarse un poco la mente o por lo menos pensar en otra cosa que no fueran las tontas ideas que aquella voz intentaba meterle dentro de la cabeza. Puso especial atención en vestirse haciendo el menor ruido posible, sin saber que la chica que parecía estar durmiendo estaba completamente despierta y esperando a ver qué es lo que hacía. Iori se acercó a la ventana y con una mano corrió un poco la cortina que la cubría y aquello resultó ser en realidad una salida hacia un balcón que daba al exterior. Perfecto, desde ahí era seguro fumar sin tener que abandonar la habitación y gozando de cierta privacidad.
De uno de los bolsillos de su pantalón sacó la cajetilla de cigarros y encendió uno que fumó apresuradamente, tanto así que en cuestión de un par de minutos ya lo había terminado. Sin tiempo que perder encendió otro pues el primero no había sido suficiente. Estaba nervioso y se puso a observar la calle que se encontraba más abajo, con ambos antebrazos apoyados en la barandilla que le impedía caer al vacío y golpeando el suelo repetidamente con la punta del pie. Aunque intentó hacer a un lado el pensamiento y concentrarse en otra cosa, no podía olvidar ese último comentario. Su padre le había contado todo acerca de su familia, la maldición en sus venas y el cómo tenía que asumir que no viviría mucho, la idea no era para nada agradable pero después de algunos años terminó por aceptarlo. Lo que no había podido digerir todavía era el tener que contárselo a su pequeña hermana, primero había decidido esperar a que llegara a la adolescencia para contárselo, pero nunca pudo hacerlo. Esperó a que transcurrieran unos años más y esa plática tan difícil no había llegado todavía, simplemente no encontraba la manera en la que tendría que decírselo y pensar su reacción le resultaba un tanto atemorizante. Las cosas cambiarían y probablemente ella estaría completamente enojada u ofendida por habérselo ocultado por tanto tiempo. Tiró la colilla del cigarrillo hacia la calle, deseando que pudiera hacer lo mismo con sus problemas.
La voz dentro de su mente se rio a carcajadas con ese pensamiento e Iori le contestó haciendo una mueca de desagrado. Sintió la presencia de alguien más pero no se giró a ver, esperó hasta que la chica pelirroja se posó a su lado, un pequeño temblor en el metal de la barandilla le indicó que ella también se había apoyado en el balcón, pero no se giró a verla. Por mera obligación se tendió la caja de cigarrillos con una mano la cual ella rechazó haciendo un gesto con la mano. Un tanto extrañado por la negativa movió la cabeza para verla, el tercer cigarrillo que estaba a punto de encender y que previamente había estado en su boca cayó al suelo y rodó fuera del balcón hacia la calle cuando abrió la boca de la pura sorpresa, frunciendo el ceño.
— Oye… ¿Es…? ¿¡Es esa mi camisa!? —preguntó Iori agachando la cabeza un poco y señalando apenas con el brazo, refiriéndose al atuendo que la chica llevaba puesto. Aunque Vanessa era una chica relativamente alta, la larga camisa no tenía problemas en cubrirla lo suficiente como para no dejar al aire nada demasiado comprometedor a excepción de sus largas piernas.
— Bueno, sí. Me puse lo primero que encontré y… —
— Dámela… —el tono del pelirrojo era bajo y bastante serio.
— ¿Hablas en serio? —
Por supuesto que hablaba en serio, no tenía ningún derecho en ponerse alguna de sus prendas ni para salir un momento, lo encontraba como una falta de respeto. Se movió rápidamente para tomarla por la camisa y quitársela a la fuerza, sin importarle que alguien pudiera verla desnuda. Pero ella era más veloz, rápidamente se introdujo de nuevo a la habitación y se apresuró a correr entre risas hacía el baño con un enfadado Iori siguiéndola de cerca. Tuvo tiempo de sobra para introducirse y sostener la perilla, no abrió ni siquiera cuando él empezó a tocar fuertemente la puerta en evidente molestia.
— ¡Abre ya, si no quieres que rompa la puerta!—le gritó de manera desafiante mientras retrocedía un poco pensando si realmente era buena idea cumplir con su amenaza.
— ¡Tranquilo! —le contestó Vanessa aun riéndose por la tonta furia del pelirrojo—, No seas tan susceptible, me la quitaré en este momento, voy a darme una ducha rápida ¿De acuerdo?
Del otro lado no hubo respuesta.
— Mira, ¿Por qué no vas a prepararte algo de desayunar? Puedes tomar lo que tú gustes.
Nuevamente Iori permaneció en silencio pensando por un momento las palabras de ella. La noche anterior no había tenido oportunidad de comer algo, su propuesta no sonaba tan mal. A excepción de que estaba molesto por el asunto de la camisa. Decidió entonces que tal vez tendría que recurrir a un engaño para poder sorprenderla—: De acuerdo —contestó con voz más serena.
Vanessa suspiró calmadamente y todavía sonriendo por la reacción tan exagerada de Iori, soltó la perilla con cuidado para abrir la llave del agua y que se calentara mientras ella procedía a quitarse la camisa blanca del pelirrojo y la colocaba sobre la tapa del asiento del baño. Toco ligeramente el agua y decidió que ya se había templado a su gusto, así que se introdujo a la ducha. Algunos minutos pasaron y ella estaba colocándose algo de champú en la cabeza cuando el ruido de la puerta del baño se escuchó, Vanessa resopló un poco molesta por la intrusión de Iori y le dijo—: Creí que ibas a comer algo… Si buscas tu camisa esta sobre la…
La cortina que impedía que el agua saliera fuera de la regadera se corrió ligeramente hacia un lado y sin ningún tipo de invitación, el pelirrojo se introdujo bajo el chorro de agua. Vanessa lo miró un tanto confundida, dándose cuenta de que él se había vuelto a desvestir por completo.
— Dijiste que podía tomar lo que quisiera, ¿No es verdad? —la sonrisa de satisfacción en el rostro de Iori no se hizo esperar. ¿Ella quería jugar? Él podía ganarle sin duda. Y se lo iba a demostrar ahora mismo— No te hagas la difícil ahora.
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Cuando por fin tuvo la oportunidad de de salir de la ducha, Vanessa se envolvió el cuerpo con una toalla y resopló exhausta al abandonar el baño que se había sofocado un poco a causa del vapor. Iori aún continuaba duchándose y ella había salido después de concluir lo que sería un encuentro íntimo más que agregar a la lista de culpas. Tenía que admitir que a pesar de que Iori podía ser un tipo bastante extraño, había un cierto atractivo en él del que le era imposible resistirse. Caminó hacia su habitación en búsqueda de un cepillo que pasarse en el cabello, pero antes de que pudiera peinarse alguien llamó a la puerta. Su sorpresa y nerviosismo no se hicieron esperar, de inicio pensó en no abrir la puerta pero el muy evidente sonido de la ducha podía escucharse hasta afuera, quien estuviera buscándola seguramente tenía la seguridad de que había alguien en casa. Rápidamente fue a colocarse algo de ropa encima antes de acercarse con suma lentitud hacia la puerta y al carecer de mirilla, no tuvo más remedio que abrirla apenas para asomar la cabeza.
— ¡Buenas tardes, señorita! —la estruendosa voz de Ramón seguramente pudo escucharse hasta unos pisos más abajo y a pesar de que él se recargó en la puerta, la pelirroja metió el pie para que fuera incapaz de entrar a la casa.
— ¡V-Vaya! ¡Que sorpresa! —alcanzó a comentar Vanessa con una sonrisa de medio lado en la cara.
— ¿Bromeas? Estuve lejos casi 3 semanas, por un momento pensé que no volvería —la fuerza del peso de Ramón sobre la puerta comenzaba a convertirse en un problema, no podía dejarlo pasar a la casa o se metería en un problema grave, "yo tampoco creí que volvieras" pensó ella—. ¡Ah, pero, he regresado con justa razón! Tengo una sorpresa que mostrarte, más bien, la sorpresa se mostrará ante ti…
Ramón se alejó unos pasos hacia atrás y esto la relajó un poco, pero cuando pensaba que las cosas no podrían ponerse peor, una silueta familiar apareció de pronto a un lado de él, simulando con sus dedos índice y pulgar una pistola que apuntó directamente al rostro de Vanessa. Fingió dispararla levantando el brazo hacia arriba para finalmente decir con una voz suave—: Bang-kyu
— Imposible… —dijo la pelirroja en un tono de voz un tanto bajo mientras soltaba la puerta para cubrirse la boca de la pura impresión, como si tratara de ocultar la sonrisa de alegría que apenas estaba dibujándose en su rostro. Hacía tiempo que había perdido contacto con la rubia pues ambas vivían en lugares opuestos del globo, que ahora se encontraran resultaba ser toda una suerte.
Aprovechando la distracción de Vanessa, Ramón se coló por un lado de ella para introducirse al departamento. Mientras tanto la pelirroja se ocupaba de saludar a Mary, a quien no tuvo más remedio que dejar entrar apresuradamente para poder mantener el control sobre Ramón, ya que él resultaba más problemático. Aunque el agua había dejado de correr en la regadera, esperaba que tan sólo a Iori no se le ocurriera abandonar en el baño, dejándolos a ambos en evidencia de paso.
— ¿A que debo esta sorpresa? —le pelirroja no hizo ningún intento por cerrar la puerta, tal vez podría convencerlos de irse pronto.
— Encontré a Mary mientras viajaba de regreso hacia acá, pensé que los tres podríamos tener una pequeña reunión, ya sabes, ponernos al día, intercambiar algo de información….
— ¡Me parece excelente! Hey, hay un bar a dos cuadras de aquí, ¿Por qué no los espero allá? —interrumpió Vanessa señalando la puerta y sonriendo ampliamente para fingir, esperando que su plan funcionara.
— ¿Por qué mejor no te esperamos nosotros a que termines de arreglarte? —preguntó la rubia levantando una ceja, algo en el comportamiento de Vanessa le indicaba nerviosismo y esto le resultaba interesante pero por más que miraba a su alrededor no podía encontrar nada fuera de lo común.
— Bueno… E-es que aún tengo unas pocas cosas de las que ocuparme, ¡Y los lugares se llenan rápido! No quisiera que nos quedáramos sin mesa, ¿Saben? —la mentira a medias parecía bastante convincente pero el sonido de algo cayendo en el interior del baño llamó la atención de los 3 agentes.
— ¿Qué fue eso? ¿Hay alguien adentro?—una súbita preocupación invadió a Ramón, quien se preparaba para caminar en dirección al baño cuando un objeto casi le hace tropezar. Se balanceo ágilmente en un pie para no perder el equilibrio y retrocedió unos pocos pasos bajando la vista, en el suelo frente a él estaba un estuche largo que miró con extrañeza — ¿Y esto?
Vanessa suspiró un tanto molesta por tantas preguntas, no creía que tuviera que dar explicaciones de cada cosa que ocurría dentro de su hogar por lo que se cruzó de brazos antes de replicar molesta—: Claro que no, probablemente el viento tiró alguna botella dentro del baño. Y en cuanto a eso —dijo mientras señalaba el objeto del suelo—, se trata de…
— De un instrumento musical —Mary completó la frase por ella, sonriendo un poco al encontrar una nueva pista pero que realmente no revelaba mucho, tendría que seguir buscando para llegar al meollo del asunto.
— ¿Compraste una guitarra? —el chico giró un poco la cabeza, mirando a la pelirroja con algo de confusión.
— ¿Y que si lo hice? Pensé que se vería bien en mi pared —Vanessa miró a su alrededor, como si buscara algún lugar donde colocarla a pesar de que esa revelación no era sino otra mentira más. Esta vez su tono reflejaba todavía más el enfado que estaba sintiendo—. No sé a qué vienen tantas preguntas, no es como si tuviera que dar explicaciones y mucho menos a ti…
— Oye, no tienes por qué ponerte a la defensiva… —Ramón intentó suavizar un poco más su tono, pero era demasiado tarde, ya había logrado enfadarla y ahora tendría que encontrar un modo de ponerla de buen humor nuevamente o se esfumarían sus oportunidades de salir ese día.
Mientras los dos discutían al respecto, Mary aprovecho y dando pequeños pasos cortos simuló dar una vuelta por la sala, distrayéndose con cosas como los muebles o algunas decoraciones hasta que logró colocarse exactamente detrás de Vanessa. Cuando consideró que seguían lo suficientemente enfrascados en la charla, decidió echar un pequeño vistazo hacia donde creía que probablemente estaba el dormitorio de la pelirroja, seguro que ahí ocultaba algo. Se llevó una gran decepción al ver la cama deshecha, la puerta del armario abierta dejando ver que no había nadie escondido dentro y algo de ropa sucia desperdigada por el suelo. Estaba a punto de volver a la sala cuando eso último llamó su atención y la hizo detenerse en seco, giró de nuevo la cabeza y se encontró con unos pantalones de mezclilla, lo suficientemente grandes como para saber que no podían pertenecer a la pelirroja. Sonrió al haber satisfecho su curiosidad y pensó que tal vez era buena idea echarle una mano, ya tendría tiempo de hacerle un interrogatorio más tarde.
— ¡De acuerdo! —dijo con voz potente una vez que se encontró de vuelta en la sala, era aparente que nadie se había dado cuenta de la corta investigación que había realizado—, creo que han debatido lo suficiente pero me estoy aburriendo y no quiero quedarme sin mesa. Nos vamos —sentenció caminando hacia Ramón y tomándolo del brazo para llevarlo hacia la puerta. El chico no opuso resistencia alguna, pero por cualquier eventualidad, Vanessa lo empujó ligeramente por la espalda para asegurarse que cruzara el portal. La pelirroja estaba aliviada, al menos tendría tiempo de encargarse de Yagami sin que nadie más se diera cuenta.
— ¡Oye, espera! ¿Pero vas a alcanzarnos, no? —el chico se sostuvo del marco de la puerta, negándose a poner un pie afuera sin antes asegurarse de la presencia de a quien consideraba su chica.
— Claro, claro, sólo déjame terminar con mis asuntos, ¿De acuerdo? —
Mary terminó por sacarlo fuera de la casa y lanzándole las llaves de su motocicleta, lo mando a bajar para que fuera calentando el motor. Ramón acató la orden inmediatamente, estaba demasiado contento por poder ver a la pelirroja de nuevo que ni siquiera se dio cuenta de que eso sólo era una distracción obvia de parte de la rubia para poder quedarse a solas con Vanessa. La mayor se recargó en el marco de la puerta y suspiró un tanto aliviada, ya había comenzado a pensar que iba a encontrarse en una incómoda situación dentro de su propia casa.
— Te veo en un rato, entonces —comentó Mary despidiéndose con la mano y haciendo un ademán para perderse en el pasillo que daba al elevador, pero antes de eso, se dio la vuelta para agregar—. Por cierto, más te vale que al venir me cuentes quien es el galán que escondes dentro de casa. Ni creas que te he salvado por nada —la cara de circunstancias de Vanessa fue lo último que vio antes de girarse nuevamente para alejarse, todavía sonriendo mientras debatía en su cabeza los posibles candidatos para el hombre que al parecer había conquistado a la pelirroja.
