Culpables

Nadie, ninguna chica, sabía que Mazzima se estaba quedando en los dormitorios de los varones, las compañeras solían burlarse de ella de vez en cuando pensando que quizá dormía oculta en algún lugar de las mazmorras para no sufrir algún tipo de acoso, pero los chicos eran otro cantar. En realidad todos los chicos sabían que Mazzima dormía con Sev y Scor, ya iban para dos semanas. Pero Scorpius, aunque era la criatura más dulce que Severus hubiese conocido, parecía despertar algo de temor en los demás chicos, incluso en los mayores. Por lo tanto, dedujo, que si los demás no los habían echado de cabeza todavía era porque nadie se quería meter con Scor y sus brillantes ojos de plata.

Por otro lado ellos estaban muy felices, Mazzima tenía un carácter tan fuerte y convicciones tan profundas que se lanzaba a todo con mucha energía (algo muy Gryffindor, la verdad)jalando a Scor y Sev con ella valiendole una buena racha de castigos a los tres. A veces aunque se quedaban castigados sólo dos, un tercero iba y compartía el castigo para no quedarse solo haciendo los deberes en la habitación y/o biblioteca.

La única queja que tenían ambos chicos es que ella se levantaba más temprano (a las cinco de la mañana)y empezaba a hacer ejercicio. Corría en los jardines, subía y bajaba escaleras, en la habitación hacía estiramientos, lagartijas, abdominales y otros. Cuando ellos se levantaban ella ya se había duchado y cuando se despertaban era, de hecho, porque ella comenzaba a cantar, después de haber puesto un muffiliato para que no se escuchase fuera, adentro sí se escuchaba y eran tristes o desesperantes operas las que inundaban la habitación, o si estaba muy alegre, lo hacían estridentes alaridos que Severus identificó como pertenecientes al genero del Rock.

— ¿Por qué haces todo eso? —Preguntó Severus desde la cama, con la almohada de plumas pegada a la cabeza. Mientras ella hacía sentadillas mostrando su abdomen planisimo y con músculos vistiendo con ropa deportiva muggle muy descubierta para su edad. De hecho, ella se veía mucho más grande vistiendo aquello, pues su cuerpo era largo, delgado pero de caderas anchas y tenía senos... ¡Senos! ¿Cuantas chicas de 11 años tenían senos? Claro que ella, para tener ese look de niño (vete a saber por qué), se vendaba los senos. Cosa que ni Scorpius ni él se atrevían a cuestionarle, aunque para ambos resultaba ser muy triste e incomodo, era como si ella se negara a ser niña. De cualquier modo, con ese top que dejaba al descubierto su estomago, aunque los apretaba, no lo hacía tanto como las vendas.

— Lo siento, estoy acostumbrada al ejercicio, he estado practicando ballet y baile moderno desde los tres años y si no hago algo de ejercicio me siento mal.

— ¿Moralmente? —Preguntó de nuevo.

— No, físicamente me siento mal.

— Ohhh...Bueno, ver como tienes el cuerpo me hace sentir mal, con todos esa firmeza y yo tan...

— Pues yo no me siento mal. —Interrumpió Scorpius levantándose. —Mirá. —Cogió una buena porción de su estomago. —Incluso puede hablar. —La movió ligeramente y Severus se le quedó viendo con una sonrisa que preguntaba ¿Eres o te haces? El estomago de Scor no era grande, en realidad era delgado, sólo algo flácido y eso era porque no le gustaba hacer ejercicio, ni siquiera caminar mucho.

Mazzima también era muy alta, más que los otros dos. De por sí Severus no era alto, había heredado la baja estatura de su padre, a pesar de que su mamá venía de una familia de hombres altos. También era más alta que Scorpius, por media cabeza y él también venía de familia alta, sin embargo a ninguno le molestaba alzar la cabeza para verla bien, a fin de cuentas era una buena vista.

Algunos chicos de tercero le buscaban plática, pero ella era un poco osca con ellos, los mandaba a la mierda sólo con mirarlos, tenía unas preciosas y delgadas cejas que a Severus le recordaban las pocas películas muggles que había visto donde siempre hay una villana o una mujer fatal extremadamente guapa que seducía a todo el mundo, Mazzima era así pero con el cabello a casquete corto y con una mínima paciencia en cuanto a los hombres, parecía detestarlos, sólo a ellos dos los dejaba acercarse, hablarle y tocarle.

La señora Hooch los tenía entre ceja y ceja, a pesar de que ya no causaban problemas en SU clase (en realidad en ninguna, los problemas siempre caían fuera del horario)no parecía quitarlos de su lista negra. Mientras los otros aprendían a mantener el equilibrio y a no salir disparados de la pequeña ruta de vuelo, que era de un lado a otro del campo, a ellos los tenía en tierra, colocando conos naranjas para los ejercicios de sus compañeros.

— Esto es una mierda. —Dijo Severus de pronto y los otros se sorprendieron tanto que voltearon a verlo. —¿Qué?

— Nada, es sólo que nunca te había escuchado decir groserías. —Dijo Scor con una sonrisa. —Lo cual es bueno, pensé que era el único con lengua de mortifago.

— Tengo que convivir con un montón de Weasleys, me sé todo el diccionario, sólo no lo uso mucho, porque soy un Potter.

— ¿Y ser Potter es sinónimo de ser bueno y no decir malas palabras? —Preguntó Mazzima haciendo su cono naranja más a la izquierda.

— Significa no mancillar la imagen de tu padre. Es horrible, apesta, no puedes ser grosero, no puedes manifestar desagrado, no puedes comportarte de manera inadecuada.— Imitó el tono de voz de su madre. —No puedes decir que no. No puedes equivocarte, no puedes molestarte si te sacan fotos, no puedes tener amigos normales porque son unos interesados de mierda, no pue...

— ¿Por qué? —Interrumpió Scorpius con enojo en su voz— ¿Por qué eres tan infeliz siendo tu padre un héroe de guerra? Mi familia tiene dinero para las próximas 10 generaciones pero está repudiada por la sociedad, mi padre y mi abuelo están marcados de por vida con un tatuaje que no se les quitará a menos de que se arranquen el brazo y papá baja la vista cada vez que ve a un familiar de alguna victima de la guerra. —Severus bajó la vista y Scorpius se acercó para levantarle la barbilla con la mano, siendo delicado, no quería ser brusco a pesar de estar enojado.— Mirame Sev. Él cierra los ojos cada vez que escucha que la gente lo llama mortifago, ruega a Circe y Morgana porque yo no lo haya escuchado, porque no me diera cuenta, porque yo fuera feliz, para que yo no lo viera diferente...y así soy Sev, soy muy feliz, porque aunque la gente me llama mortifago y me mira con asco, o miedo o con lo que mierda quieran expresarme con la mirada, él me toma de la mano y me habla de lo bellas que son las flores, me pregunta si son lo suficientemente bonitas para mamá y...es tonto, pero es así, nuestros padres no la tuvieron fácil a nuestra edad y tampoco nosotros, qué mejor que ser hijos de desconocidos como los Hufflepuff, pero no lo somos, somos los hijos de San Potter y el mortifago, sin embargo no creo que debas ser perfecto, roncas, empezando por ahí. —Severus sonrió. —No eres perfecto, nadie lo es, no te fuerces, si para ser más tú debes ser más Weasley, se más Weasley. O más Slytherin, ya oíste a Slughorn, somos así por naturaleza.

— Ohh, me van a hacer llorar chicos. —Mazzima se limpiaba los ojos con dramatismo. —Que bonito, que bonito. — Los niños la miraron con una sonrisota y fueron hacia ella para hacerle cosquillas.

Hooch los castigó por divertirse en clase de vuelo...

Era octubre, faltaban cinco días para Halloween y...

— Ya no sé que hacer con ustedes jovencitos. —Decía una muy enojada Profesora MCGonagal.

— Lo sentimos. —Dijeron los tres agachando la cabeza.

— ¡Inundar las cocinas! Suerte habéis tenido de que el agua no se filtrara a los dormitorios de Hufflepuff.

— Estábamos probando un nuevo hechizo y se salió de control.

— Ustedes siempre están aprendiendo nuevos hechizos, y eso está bien, pero deberían limitarse a los aprendidos en clase. Es la primera vez que digo esto, pero me molesta que se tomen tantas molestias en aprender de más. Un incidente más, uno solito, pequeñito. —Dijo haciendo gestos con sus manos simbolizando un pellizco.— Y le pediré a la señora Pince que no les deje volver a entrar a la biblioteca.

— Ohh vamos, eso es injusto...—Chilló Scorpius.

— ¿Cómo vamos a hacer nuestros deberes? —Preguntó Severus.

— Deberían preocuparse más por no volver a causar otro desastre que por lo que pasará si lo hacen. Hasta parece que se han resignado a meterse en problemas.

Alguien tocó la puerta.

— Pase. —Dijo la directora acomodando papeles en su escritorio con claro fastidio. Un hombre de edad mediana entro y miró sorprendido a los niños.

— ¿Scorpius? —Preguntó reconociendo la cabellera de platino de su hijo.

— ¿Papá? —Se giró el niño. —¿Qué haces aquí?

— Papeleo del consejo padres de familia ¿Qué haces tú aquí?

— Ehh...rió. Bueno, es una historia un tanto graciosa. Promete que no te vas a enojar...

El señor Malfoy miró a los otros dos niños y a su hijo con esa sonrisa dulce pero la mirada llena de culpa.

— Su hijo, en compañía de sus amiguitos y están recibiendo su castigo.— Miró a los niños. —Mañana ayudarán a los elfos a limpiar las mazmorras. —Los niños se giraron hacia la maestra.

— Si, Profesora.

— Ahora pueden irse. Tengo cosas que hablar con el señor Malfoy.— Los niños se pararon y se dirigieron a la salida.

— ¿Qué hiciste? —Le preguntó su padre a Scorpius tomándolo de los hombros y quedando frente a frente.

— Hemos aprendido el hechizo Aqua Tsunami, pero hemos inundado las cocinas. —Dijo el pequeño a su padre con una sonrisa traviesa en la cara.

— Genial. —Dijo el padre de Scorpius con una sonrisa y con un volumen que solo los niños pudieron ver y escuchar.

— No le digas a mamá. —Murmuró y el señor Malfoy se puso recto y haciendo con los labios el gesto de "está bien". El pequeño Scor le sonrió, y los tres niños salieron de ahí.

— Tu padre es genial. —Dijo Severus habiendo cerrado la puerta y colocándose a un lado de la gárgola que los llevaría de nuevo abajo.

— Lo sé, mi padre es maravilloso, lo único malo es que ya no hace magia.

— ¿Eh? ¿Por qué?— Preguntó Severus.

— No sé, ya ni siquiera carga su varita.

— Tal vez es como mi padre, le gusta la vida tranquila y sin magia. —Dijo Mazzima.

La gárgola empezó a bajar con los tres a un lado.

— Supongo que es porque se siente culpable. —Dijo Scorpius.— Papá incluso sale en los libros como un mago oscuro que se libro de Azkaban. Por su culpa murió mucha gente. Mamá y papá no hablan de eso. No por lo menos frente a mi, pero mamá dijo que por eso mismo él había dejado de usar magia. Solo le gusta aparecerse y volar en escoba. Es el único tipo de magia que hace, y es porque no necesita varita para eso, incluso para sus investigaciones de alquimia ocupa a otro mago para que haga los experimentos mientras el recaba los datos.

— ¿Cómo puede? ¿Cómo puede un mago dejar de hacer magia? —Preguntó escandalizado Severus. Es como ser un Squib por voluntad propia.

— Bueno Severus, eso lo dices tú, pero...uno nunca sabe como son las pesadillas de otras personas, como pueden atormentarte. Si el padre de Scor siente la consciencia tranquila si no usa magia, creo que está en todo su derecho, debe ser también su manera de expiar sus pecados.— Lo dijo con tanta convicción que daba la impresión de estar secretamente en la misma situación.

— Yo también pienso que es expiación. —Dijo Scorpius saliendo dejando la gárgola.— Mi padre adora la magia aunque no lo diga, le brillan los ojos incluso con la magia de los elfos. Es muy triste que no se la permita.

Los tres niños fueron directo a las mazmorras, el castigo empezaba mañana pero querían limpiar desde ya aprovechando que no tenían deberes.

31 de octubre, era 31 de octubre y era el 12 cumpleaños de Mazzima...y el baile de Halloween (una tradición con poco más de 10 años). Y no iban a asistir, porque 1) No sabían bailar (Severus) 2) No tenían pareja (Scorpius) 3) No querían y punto (Mazzima).

Y sí, era el 12vo cumpleaños de Mazzima y sus amigos no sabían porqué, pero ella era un año mayor que ellos.

Severus había cumplido 11 el 23 de Junio mientras que Scorpius, apenas los cumpliría el 11 de noviembre. Cuando le preguntaron porqué la habían metido un año después a Hogwarts, ella ni siquiera volteó a verlos, sólo dijo "Porque sí". Ellos claramente no se metían en sus cosas, pero los dos días antes de su anteriores a su cumpleaños ella había estado muy esquiva, incluso con ellos. Buscaba estar sola y eso les preocupaba, porque la notaban triste y a veces sus ojos estaban rojos, como si hubiera llorado.

Ese día, durante el desayuno, una lechuza le trajo un paquete, ella sonrió, era una caja y una carta que le sacó una verdadera sonrisa.

— Es de Antony, uno de mis dos hermanos mayores. —Miró la caja con cariño. Hasta ese momento no sabían que ella tenía hermanos.

— ¿Qué te regaló?

— Son instrumentos musicales, reproductores, consolas y amplificadores modificados para que funcionen con magia en vez de electricidad.

— ¿Todo eso?

— ¿Qué es una consola? ¿Y qué es todo lo demás? Yo sólo sé qué son los instrumentos. —Preguntó Scorpius comiéndose un dulce japonés, un bollo con forma de osito de felpa, hecho de masita sabor café y relleno de queso con más café (Cortesía Draco Malfoy).

— En resumen me envió cosas para entretenerme Scor.

— Ohh ya veo...—Dijo sin ningún interés.

— ¿Y tu otro hermano te envió algo?

— ¿Vladimir? No, él no puede, está en la carcel muggle.

— Ohh...lo siento. —Dijo Scorpius y Severus se quería morir, pero ella no parecía triste por ello.

Más tarde, saliendo de de clase de pociones donde estudiaron la poción crece pelo, un chico Gryffindor de segundo año se acercó a los tres. Cuando llegó frente a ellos, los chicos se le quedaron viendo con cara de ¿Qué se te ha perdido? A lo lejos se veían un montón de Gryffindor, incluidos Rose y James.

— Cantare ¿Te gustaría salir conmigo?— Los Gryffindor estaban atentos.

Mazzima frunció el ceño y Scorpius y Severus ya sabían la que se venía.

— No. —Dijo y los otros parecían levantar las manos al cielo implorando piedad para esa pobre alma en desgracia. Era el tercero esa semana. Lo dijo con tanto fastidio, con tanta energía que cualquiera hubiera preferido una puñalada, un serpensortia, un crucio, lo que sea, a ese no.

El chico al principio como que no lo captó muy bien, pero luego también frunció el ceño. Su cara se puso roja de coraje y los Gryffindor se pusieron a reír a su costa.

— No tenías porque ser tan perra.

— No lo he sido. —Se defendió ella.

— Deberías estar agradecida de que alguien te encuentra guapa con ese carácter de mierda y ese pinta de niño que tienes, si eres lesbiana sólo tienes que decirlo y así nadie te molestará. —Se escuchó un uhhhh por parte de los Gryffindor. James se iba a quedar sin costillas si seguía riendose así.

— Cierra el pico...quién diablos seas. —Dijo Scopius sacando su varita pero sin reconocer al chico que estaba insultando a su amiga, apuntándolo firmemente al cuello.

— No te metas maricona oxigenada, espera ¿Tu eres su novia? —Y antes de que pudiera sacar su propia varita ya estaba en el suelo, Severus lo tiró de un puñetazo. El chico se llevó la mano a la nariz y salían chorros de sangre y los Gryffindor dejaron de reír.

— Uyyy eso dolió. —Dijo Scorpius con burla, sin querer. Le salió del alma.

— ¡¿Qué está pasando aquí?! —Todo el mundo reconoció la voz de McGonagall, estaba justo detrás de los Slytherin y estos cerraron los ojos. En silencio y sin dar la vuelta, las expresiones de los tres eran claramente de "Mierda".

Esa noche, después de haber ayudado a Filch con los archivos de la escuela (sin magia, por supuesto) por seis malditas horas, los tres se tiraron en la cama con mucho cansancio.

— Tanto trabajo de Squib me va a pasar la factura. —Se quejó Scorpius.— Por cierto, buena derecha Sev, no sabía que los diestros pudieran golpear así.

— Vete a la mierda. —Dijo quejándose del dolor de espalda que le había dado el cargar tantas cajas.

— Me encanta cuando dices mierda. Definitivamente me atraen los chicos malos.— Hizo un voz muy femenina e infantil, que extrañamente si le quedó porque Scorpius tenía una voz muy aguda y clara.

Ambos se rieron, pero dejaron de hacerlo pues notaron que Mazzima había empezado a llorar.

— ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? P—reguntó Severus inclinándose hacia ella.

— Lo siento...lo siento mucho chicos. Dijo tallándose los ojos. Pero ya no sé qué más hacer para alejarlos ¿Qué tengo que hacer para que esos cerdos ya no me sigan? Se acercan porque soy guapa pero ya no sé qué más hacer para dejar de serlo. Corto mi cabello, reduzco mis senos, me visto de hombre y soy grosera con todos, pero no se alejan, maldita sea.

Severus no entendía nada y Scor tampoco pero decidió que era muy complicado tratar de entenderla.

— Mejor vamos dormir. —Dijo intentando calmar las cosas y los tres se dispusieron a ello.

Se pusieron sus pijamas. Ella una morada de camiseta y pantalón, Albus una roja (El tono Gryffindor) de tela de chándal y Scorpius una de tela suave y gruesa color gris, con camiseta de botones. A Severus no le costó trabajo dormir, pero a los demás sí, pues ella seguía llorando y él, cómo siempre, había comido muchos dulces ese día.

— Scor...

— ¿Qué pasa? —Ella ladeó la cabeza y los dos se quedaron viendo fijamente en la oscuridad. Ella le miraba con curiosidad.

— ¿Puedo besarte? —Él se rió, hace unos momentos ella lloraba porque al parecer cada chico de la escuela quería besarle y entonces iba y se lo pedía a él, cuando Severus, que era el chico que olvidaba respirar cuando ella le miraba estaba justo a su lado.

— No lo sé...nunca lo he hecho, nunca he besado a nadie. —Dijo con sinceridad denotando que a lo que temía era a ponerse en ridículo.

— Nadie sabe besar la primera vez.— Sorpius entonces miró hacia el techo del dosel y a Mazzima se le figuró que él estaba teniendo una plática consigo mismo.

— Sólo si...—pensó en algo que la hiciera desistir de la idea.

— ¿Sólo si qué..?

— Me vas a golpear por esto...sólo si me dejas...tocar tus pechos debajo de la ropa...—Scorpius cerró los ojos esperando un puñetazo, pero no llegó. En cambio sólo escuchó un pequeño silencio.

— Está bien. —Él volteó a verla. Mazzima comenzó a sacarse la parte de arriba de la pijama. Mazzima olía diferente que las otras niñas, tenía un olor más fuerte y penetrante que cualquiera de ellos, pero era un olor que le gustaba a Scorpius y ciertamente le gustaba a Severus. Olía a chica grande.

Bien, se decidió. Él se había metido en ello, él saldría, como todo un Malfoy, sólo esperaba que el beso durara poco.

Ella volvió a recostarse y esta vez fue el turno de Scorpius de levantarse un poco, prefirió quedarse apoyado en el codo izquierdo dejando el otro brazo libre, no iba a comenzar a tocarla en ese momento, prefería tocarla después. Iba a quedarse así, pero entonces ella le jaló del cuello de la pijama y le hizo quedar sobre de ella.

— Puedes tocar y besar lo que tu quieras. —Dijo ella, acariciando la mejilla de Scorpius para después empezar a desabrochar la camisa de Scorpius. Él asintió y dirigió una pequeña mirada a Severus rogando que no se le ocurriera despertar en ese momento, seguro que no se lo perdonaba, no decía nada, pero él sabía que Mazzima le gustaba mucho.

— No sé como hacerlo...

— Acércate...—Con su mano, en el mentón del rubio, le acercó.

Al principio fue un beso pequeño, apenas se habían tocado, los labios de ambos eran pétalos de rosa conociéndose por primera vez, y Scor no tenía idea de qué estaba haciendo. Se olvido de respirar. Abrió un poco la boca para ver si así le entraba aire pero en vez de eso ella comenzó a darle lo que él consideraba un beso de adultos, de esos que se daban sus padres por la mansión cuando creían que nadie los veía.

Besó primero la parte inferior y luego la superior, con su mano ladeó la cabeza de Scorpius para que sus bocas encajaran mejor y entonces notó una de las manos del rubio sobre uno de sus pechos, el que le quedaba cerca a la mano izquierda. Recordó entonces que Scor era zurdo. Ella sonrió dentro del beso. Metió su lengua dentro del rubio.

Se asustó un poco, nunca había metido nada en su boca que no fuera comida o cepillo dental y ella le estaba metiendo la lengua. Cosa que le resultaba extraño, porque jamás, en la vida, vio a sus padres o abuelos hacer aquello. Igual no se sentía tan mal, de pronto había mucho contacto entre ellos, sus lenguas estaban calientes y suaves, sólo se daban cariño...por decirlo de alguna manera.

Se sentía raro...cálido pero incorrecto. Después sintió las manos frías de Mazzima sobre la piel de su pecho, bajando a su cintura. Por Salazar que estaban frías...

— Mazzima...Mazz estás fría. —Le dijo al oído.

— Lo siento...—Besó el cuello de Scorpius y él casi se cae. Se aflojó de golpe y comenzó a temblar, a causa de su cuello él se estaba descontrolando, debajo suyo, algo estaba creciendo por primera vez. Ella metió los dedos en el resorte de su pantalón y eso poco le importó. De pronto el frío se colo en lo poco que llevaba de ropa y sintió sus dedos acariciar sus pequeñas nalgas, también sintió como el resorte luchaba contra algo, contra su propia piel. Él volvió a besar sus labios y después un poco el cuello, no tenía idea de nada y un tirón en su parte baja le hizo medio reaccionar. Mazzima le había tomado, tomado eso duro que había crecido debajo de él y que hasta ese momento había estado peleando con la pijama.

Él ahogó su voz en la almohada. Después la miró con sus ojos brillantes.

— Mazzima no...

— No te preocupes...se sentirá bien...—Entonces ella comenzó a tirar de él, rodeándolo con su mano. Y él comenzó a llorar al tiempo en que se estremecía por las sensaciones creadas por esa mano congelada.

Mazzima se dio cuenta de que el rubio sólo era un niño. Ella había conocido el cuerpo de otro chico antes, un muggle al que ella adoraba, pero el chico era mayor que ella y era un idiota y se sintió idiota por hacerle al rubio lo que Dereck le había hecho a ella un año atrás. Sabía que tras acabar sólo le esperaba placer culposo que venía no del acto en sí, sino del daño que le estaba causando a su amigo. De sentir que dañaba a un varón como le habían dañado a ella.

— Mazzima...Mazzima espera...siento que voy a hacer pipi. —Pero ella siguió moviendo su mano. Sin escuchar, sólo besando el pecho de Scorpius, esperando destrozarlo, esperando que todo ese calor y placer lo destrozaran por ella.

Él clavó la cabeza en la almohada de Mazzima y ahogó un gemido muy grueso, no supo como Severus no se había despertado. Temblando, se dejó caer de nuevo en su lado de la cama. Siguió llorando en silencio y Mazzima sólo miraba con ojos vacíos a la oscuridad, después miró su mano, no la veía claramente, pero ahí estaba el equivalente a un arma, había matado la inocencia de su mejor amigo con su propia mano.

— Nunca se lo hagas a él. —Dijo Scorpius sacándola de sus fantasías homicidas.

— ¿Qué?

— Nunca se lo hagas a él...a menos de que lo quieras como él te quiere a ti. —Dijo abrochándose la pijama.

— ¿Por qué?— Comenzó a llorar ella.

— Porque les quiero a ambos...y si lo haces sólo le romperás y se sentirá como una mierda...sucio, usado y culpable, se sentirá como nosotros...

Entonces Mazzima se dio cuenta de algo, ella tambien era una niña, incluso más niña que Scorpius. Por eso se sentía así. Ella tenía 12 años ahora y él sólo tenía 10. Había apurado toda la mierda que no les correspondía. Toda la mierda que le aprendió a Dereck cuando ella cumplió 11 y se preguntó si algún día Scorpius se podría reparar y si algún día le perdonaría porque ella todavía no había podido.

— Lo siento. —Dijo ella colocándose su pijama correctamente y se acostó.

Durmieron esta vez, y al amanecer miraron a Severus con una ligera punzada de culpa.