La naturaleza de una rusalka

A Severus le gustaba ver como los ojos de Mazzima cambiaban de color, eran ámbar casi todo el rato, como si fuera miel derramada, había momentos en los que parecían una caleidoscopio, y se transformaban en verdes, pero no claros y brillantes como los suyos, era un verde muy oscuro y profundo.

— Es por mi sangre de Rusalka. —Dijo un día en que se habían tirado en el césped y comenzaron a verse, les gustaba verse. Podían pasarse horas y horas viéndose el uno al otro. A veces ella acariciaba su rostro y delineabas sus labios con la yema de sus dedos. Le gustaba ver la expresión en su rostro. Tan abstraída. Siempre parecía haber algo debajo de sus ojos, como si ocultara algo, pero a la vez se mostraba desnuda para intentar convencerte de que no había nada más de lo que veías.

También le gustaba ver los ojos de Scorpius. Los suyos parecían sonreír. Eran cálidos. Parecía plata fundida enmarcada con largas y rizadas pestañas que eran quizá dos tonos más oscuras que su cabello. Y más arriba tenía unas lindas y curveadas cejas. Dedujo que cuando fuera viejo, Scorpius tendría más arrugas que Mazzima y él juntos, porque sonreía. Sonreía todo el tiempo. No había mentido cuando le echó en cara que aún naciendo con el apellido Malfoy, él era mucho más feliz que él, que era un Potter.

Casi siempre estaban compenetrados. Pocas cosas rompían su equilibrio. La rutina de los tres, siempre los tres.

Se despertaban encima de Mazzima, que se los quitaba de encima cuando daban las cinco y se iba a hacer ejercicio, ellos dormían dos horas más. Se duchaban, iban a desayunar, comían los maravillosos postres enviados desde la mansión Malfoy, iban a clases y hacían las tareas entre los tres. Claro que Scorpius era el más inteligente y sacaba las mejores notas, pero ellos se esforzaban para seguirle el paso.

Además estaba el hecho de que Mazzima les enseñaba música. Con los instrumentos que le mandó Antony ella había pasado a hacer del muffililato un hechizo permanente. A Severus le enseñaba a tocar el piano y a Scorpius a cantar, dijo que era un buen barítono. Scorpius no sabía un carajo de eso, pero Mazzima le metió la música debajo de la piel.

Se tomaban de las manos para dormir en el césped, los tres. Estaban tan unidos. Los días pasaban, y Severus cada vez se sentía más lejos de James y Rose. Claro que notaba que los ojos de plata de posaban de vez en cuando en Rose. Scorpius se los había confesado una mañana de sábado, en que Mazzima se metió con él porque se le quedó viendo a los Gryffindor.

Severus no dijo nada, sólo miró a Scorpius como si pensar en una futura amistad Malfoy-Weasley fuera algo improbable.

— No está mal que te guste Scor. —Dijo Mazz cogiendo una manzana de su canasta de picnic.— Pero no creo que ella te acepte. James y Rose son muy distintos a Severus. La casa Gryffindor es la que más prejuicios tiene contra los Slytherin o los Malfoy.

A Severus le hubiera gustado decir algo en la defensa de su familia pero Mazzima decía la verdad. Desde que había iniciado el curso sólo veía a su hermano y a su prima en las visitas semanales a Hagrid, en clase ella le rehuía la vista y su hermano lo saludaba sólo cuando era muy obvio que lo había visto. Esta actitud hacía que se sintiera solo, realmente solo, nunca fue muy unido con James pero por lo menos mantenían una relación obligada pero agradable, donde había bromas, saludos y risas contagiosas, ahora sólo caía en cuenta de que eran hermanos porque llevaban el mismo apellido y la gente le recordaba de vez en cuando que James también estudiaba en Hogwarts.

En los ojos de Scorpius por primera vez vio un poco de tristeza y en su sonrisa algo de resignación. Le tomó de la mano. No le importó que hubiera un grupo de Hufflepuff tan cerca y que los viera. Para él, mostrarle apoyo moral a su mejor amigo era mucho más importante que las burlas de los chicos mayores hacia su comportamiento demasiado afectivo y vaya que necesitaba afecto, esa mañana alguien había robado sus libros y los había arrojado al lago. Scorpius no le reclamó nada, pero Severus sabía que había sido su hermano mayor. No sería la primera vez.

Era noviembre y de alguna manera habían conseguido mantenerse fuera de la vista de la directora por un mes. Practicaban de noche, en el bosque prohibido. Era genial, habían conseguido hacer que el padre de Scorpius les mandara libros (y su abuelo, pero este siendo más anónimo), y entre ellos había un hechizo desilusionador. Los hacía invisibles, tardaron un mes practicando en su habitación hasta que lograron hacerlo y a partir de ese momento pudieron escarparsele incluso al fantasma de Slytherin. El Barón sanguinario.

Por las mañanas tenían mucho sueño pero valía la pena. Habían perfeccionado varios hechizos que se supone aprenderían hasta dentro de unos años y cada vez tenían hambre de más, era una curiosidad devoradora.

Además a veces jugaban Quidditch con pelotas luminosas que les había regalado Gia Zabini, una chica de sexto, capitana del equipo de Slytherin que además era amiga de Scor (Todo el equipo de Quidditch era amigo de Scor y por lo tanto de ellos también). Se las prestaba con la condición de que fuera a animar al equipo los días de partido.

En noviembre había también un acontecimiento especial (como el rubio se había encargado de recordarles por lo menos dos veces al día)era el cumpleaños de Scorpius. Su padre decidió ir a visitarlo y eso le hizo sentir muy feliz. Su padre se paseaba por la escuela como si nada importase, era presidente del consejo de padres de familia así que podía rondar la escuela sin que le dijeran nada, además de que, si bien era más educado y medido que en su adolescencia, pasaba descaradamente enfrente de los profesores e incluso les saludaba sin dar explicaciones a nadie.

Ese día ellos festejaban con pudin de chocolate, pero realmente sólo se quedaron en la mazmorra jugando ajedrez en su habitación. Cuando llegó el padre de Scorpius éste se levantó de su asiento, dejando el juego a medias y corrió hacía su padre abrazándolo mientras gritaba de emoción.

— ¿No ha venido mami?

— No ha podido, se fue con tu tía a Irlanda a visitar a tus abuelos.

— Ohh...se lamentó.

— ¿Son tus amiguitos? —Dijo mirando a los otros chicos. Ellos se levantaron y caminaron hasta los rubios.

— Hola señor Malfoy. Me llamó Albus Severus Potter, puede llamarme Severus o sólo Sev. —Dijo ofreciendo la mano algo tímido, no tenía idea de como tratar al señor Malfoy en persona y éste arrugó un poco la frente.

— Vaya...—Dijo tomando el saludo. —Sabía que habías quedado en Slytherin pero nunca imaginé que se habían vuelto tan amigos. Draco Lucius Malfoy, un gusto. Puedes llamarme Draco.

— Yo soy Mazzima Amaphola Cantare. —Dijo ella tambien ofreciendo la mano. Draco parecía sorprendido.

— ¿Eres una chica?

— Es lo que mi madre dice. —Dijo desviando la mirada.

— No me malentiendas, eres bastante guapa, pero Scor ¿Que hace una chica aquí? Si quieren jugar con ella deberían ir a la sala común.

— No pasa nada papá. —Dijo subiéndose a la cama de un brinco. —Mazzima es como otro chico más. —Scorpius trataba de quitarle importancia a que Mazzima fuera una chica tan guapa, tenía las facciones más bonitas de todo Hogwarts pero de eso no se podía enterar su madre. Los Greengrass eran muy puritanos y ya bastante había sufrido Scorpius cuando a su primo Leon Dion lo inscribieron en Durmstrang por haberle levantado la falda a una niña muggle.

— Por supuesto que no, pero bueno, no me voy a meter en eso, no es mi asunto ¿Qué le pasó a tu cama?

— Ahh...bueno, no tenemos mesa aquí, así que juntamos mi cama y la de Severus para hacer una sola y poder sentarnos los tres alrededor del tablero.— Mintió Scorpius, tanto Severus como Mazzima se sorprendieron de lo fácill que le salían las mentiras a su amigo, pues tanto él como ella se hubieran quedado boqueando como peces al no tener una respuesta frente a sus padres.— Severus nos ha dado una paliza a todos ¿Quieres jugar?

— En realidad vengo por ti. —Dijo Draco. —He pedido autorización para que tu y tus amigos vayan conmigo a donde quieras ir. Es tu cumpleaños ¿Quieres ir a Hongsmeade o a Callejón Diagon?

Scorpius frunció el ceño y pareció pensar.

— ¿Tenemos que ir forzosamente a un lugar mágico?

— ¿A dónde quieres ir? —Preguntó su padre ladeando la cabeza.

— A México, por dulces.

— No lo sé Scor, ya sabes que tu madre...

— Por favor, por favor, papi, te lo pido. No nos volveremos a ver hasta navidad y vamos a ir a irlanda con los abuelos este año, mamá no nos dejará ir. —Draco miró la tierna cara de su hijo, que tenía los ojos tan cristalinos que parecía a punto de llorar.

Suspiró.

Jamás podría con ese niño, si hasta el mismo Lucius Malfoy se había ablandado.

— Está bien, iremos. —Scorpius se arrojó a los brazos de su padre de felicidad e inmediatamente corrió hacia su armario buscando ropa muggle para salir.

— ¿Y ustedes? Van a venir ¿Verdad?

Severus asintió, la actitud de su amigo le dejaba anonadado. Fue rápidamente fue hacia su armario. Draco al notar que la chica no parecía inmutarse al ver a sus compañeros en ropa interior le preguntó a ella si se iba a cambiar en su habitación.

— No, yo iré así. —Dijo resuelta, afortunadamente Mazzima tenía costumbres muy pulcras y estrictas con su persona, nunca estaba mal vestida, ni en "su" habitación. Además ella siempre llevaba ropa muggle, porque su familia vivía en el mundo muggle.

— Está bien.— Draco le sonrió de forma tan sincera y tierna que el corazón de Mazzima sintió su corazón later muy rápido. Los esperaré fuera. Dijo saliendo de la habitación. —Lo dejó estar, a final de cuentas eran niños todavía.

Mazzima miró a sus amigos. Scorpius se puso una camisa a cuadros roja y unos jeans deslavados y rotos, muy Grunge, Mazzima sonrió ante éste pensamiento. Severus unos jeans azul oscuro y una camiseta de Pink Floyd.

— ¿Te gusta Pink Floyd? —Preguntó Mazzima estirando su camiseta para poderla ver bien. La típica que tenía una pared de ladrillos y decía "The Wall"

— No tengo idea de quienes sean...mi prima Vanessa, hija de tío Dudley me la regaló.

— ¿Quienes son? —Curioso, Scorpius se acercó a sus amigos para ver la camiseta en cuestión.

— Por Salazar...¿Debajo de qué roca viven?¿Cómo pueden llamarse a sí mismos Britanicos?¿Cómo pueden hablar inglés sin saber quienes son Pink Floyd?

— No todos crecemos en contacto con el mundo muggle. —Se fue a peinar Scorpius a un pequeño tocador de mármol blanco. —Además mi sangre es mayormente francesa, Malfoy y Black son familias venidas de Francia.

— Vas a pasar tu cumpleaños en él.

— Los dulces lo valen. El mundo muggle no me desagrada, me gusta, la ropa me gusta mucho, por ejemplo, pero mi familia es muy cerrada a eso, a papá no le importa, claro, pero mis abuelos son un tanto...Digamos que papá sólo me está cumpliendo un capricho, me gusta viajar con papá, ya se los dije, es la única manera de mantenerlo en contacto con la magia.

Mazzima se acercó al tocador y sacó de ahí un pequeño frasquito con brillo labial color cereza. Se lo puso y Scorpius entrecerró los ojos.

— ¿No te gusta?

— No.

— ¿Por qué? —Y él se le quedó viendo como ¿En serio me preguntas eso?

— Porque nadie debe saber lo guapa que eres, me madarán a Durmstrang por tu culpa.— Mazzima se rió y corrió a abrazar a Severus.

— ¿Tu también piensas que soy guapa Severus?

— ¿Por qué me preguntas eso Mazzi? —Se sonrojó y miró hacia otro lado.

— Vale, ya estamos, vamonos. —Salieron los tres de la habitación y Draco que los esperaba fuera los miró y recibió con una sonrisa en la cara. Scorpius se colgó de su mano y cogió a Mazzima con una mano, Draco ofreció su mano libre a Severius quién la tomó de manera tímida.

Se aparecieron en la estación de traslatores internacionales, compraron tickets para Estados Unidos, y de ahí tomaron una chimenea flu para México que los llevó a salir por la chimenea de decoración de un local de piedras de la suerte que mantenía esa habitación cerrada, salieron de la habitación, aludaron a la dependienta, cambiaron galeones por billetes nacionales y salieron del local.

— ¿Por qué para México tomamos una chimenea y no un traslator? —Preguntó Mazzima extrañada.

— Tratado de libre trafico Flu de Norteamerica. —Explicó Draco a los niños.— En el mundo muggle el trafico está muy controlado, por cuestiones de ilegalidad, pero en nuestro mundo las cosas son más faciles, Cánada, México, y EU (incluyendo Alaska y Costa Rica) tienen una red flu libre, aunque vigilada. Lo mismo pasa en el sur, con los paises andinos y los de la patagonia.

— Ohhh...se admiraron los dos niños que habían permancido mirandolo con admiración, mientras Scorpius miraba a todos lados en busca de cosas que comer.

— ¿Dónde empezamos papá?

Severus y Mazzima veían calaveras con vestidos de colores hechos de papel en varios locales o en plena calle.

— ¿Te parece ir a "Sueño Eterno"?

— Sí, me encanta. S—everus y Mazzima vieron que Scorpius no separaba la mano de su padre, cómo si fuera un niño pequeño y no le apenaba para nada.

— ¿Qué es Sueño Eterno? —Preguntó Severus.

— Es una tienda de dulces tradicionales dedicados al día de muertos todo el año.

— ¿Día de muertos?

— En este país se celebra mucho a sus muertos, les hacen fiesta y comen con ellos, tambien hacen dulces y panes especiales para esas fechas, pero sólo se celebra durante dos días, sin embargo hay una tienda que hace este tipo de dulces y panes todo el año. Por eso se llama "Sueño Eterno"

— ¿Cuantas veces exactamente se le han escapado a tu madre Scorpius? —Preguntó divertida Mazzima mientras caminaban entre la gente agarrados de las manos.

— No las puedo contar ni con los dedos de mis pies y manos juntos Mazz. —Ella se rió.

— Son padre e hijo fugitivos de la justicia.

— ¿Qué es ser fugitivo? —Era gracioso que Scorpius fuera tan inteligente pero a la vez desconociera palabras de uso común.

— Que huyes de algo. —Terció Severus.

— Ahh sí, eso lo hacemos mucho, supongo que justicia aquí significa mamá. Pero es que mamá es taaaaannnn cuadrada y anticuada. No es que sea mala, ella no tiene problemas con los muggles o con los sangre sucia, pero no le gusta nada que papá y yo investiguemos y disfrutemos de los estilos de vida muggles.

Llegaron a la dulcería y se quedaron como la primera vez que vieron el castillo de Hogwarts. Era bellisimo, pintado color de rosa, con molduras de cantera y con la vista de ser muy antiguo. En la entrada tenían un esqueleto con vestido y sombrero mecanico saludando a la gente. Entraron y Severus sintió que su corazón se detenía, el azucar estaba en el aire. Los dulces estaban sobre las mesas, rodeados de flores color naranjas y moradas. Scorpius corrió a una mesa que tenía charolas de metal, tomó cuatro y cuatro pinzas de metal, entregándole una a cada uno, incluso a su padre. El señor Malfoy les sonrió.

— Escojan lo que quieran, grupo Malfoy paga. —Los ojos del señor Malfoy también sonreían.

Los tres niños se encaminaron a unas mesas que contenían vasijas de barro llenas hasta el tope con polvos en diferentes tonos rosas, naranjas y rojos, sólo había uno que era blanco. A un lado había rollos de bolsas de plástico y Scorpius comenzó a vaciar cucharones de polvos en las bolsas, anudando cuidadosamente cada una.

— ¿Qué es eso? —Preguntó Severus tímidamente.

— No te va a gustar...—Dijo distraídamente colocando un poco de polvo blanco en la bolsa para después hacerle un nudo. —Son polvos de chile con distintos grados de limón y azúcar...éste. —Sostuvo el polvo blanco a la vista de su amigo. —Es polvo de azúcar con limón y es muy ácido, papá y yo siempre hacemos muecas cuando lo comemos, pero es genial, los rojos son muy picantes, si quieres llevar alguno para ti, te recomiendo los que son rosados. Tienen mucha azúcar y casi no pican. Aquí les gusta sufrir mientras comen...

Los tres niños vieron como una pequeña de cinco años aproximadamente que cogía un poco de polvo naranja y luego se iba.

— Les sugiero que si quieren seguir teniendo estomago nunca, pero nunca de los nunca, coman de ese polvo naranja, eso ni siquiera es dulce, es puro picante. Papá le dice chile de las inditas. Los muggles de éste país se lo ponen a las frutas...

— ¿Por qué le pondrían picante a las frutas? —Mazzima arrugó la nariz.

— Por la misma razón que a los dulces, son deliciosos, terribles pero deliciosos.

Siguieron el recorrido.

Al final las charolas estaban llenas de dulces con formas de frutas y que parecían elaborados con masitas de colores. Cada uno llevaba una calavera de dulce que no se podía comer, era de dulce sí, pero tenía un montón de decoraciones brillantes que no eran comestibles, las llevaban de recuerdo. Habían cogido también, y en eso se incluía el señor Malfoy, unos panes que tenían, hecho también de pan, lo que parecían huesos, y estaban todos cubiertos de azúcar, también unos que parecían pequeñas cabezas de calamar cubiertas con azucar glass, se supone que tenían que parecer fantasmas, llevaban una pequeña mancha de azúcar morada en lo que vendría a ser el cuello, a los cuatro se les figuró que era el alma del pan. Ya en la caja señor Malfoy pidió cuatro chocolates calientes para llevar. Mientras tanto ellos observaban más detenidamente lo que habían escogido.

— Pan de muerto. —Dijo Scorpius.

— ¿Por qué de muerto? ¿Están hechos de personas?

— Muerdelo. —Le ordenó Scorpius a Severus poniéndole la pieza de pan en la boca. —¿Sientes el sabor?— El chico Potter asintió. —¿A que te sabe?

— No lo sé, está especiado, también sabe a...¿Hierbas frescas? ¿Qué es?

— ¿Ves esas flores? —El moreno asintió mirando las flores naranjas. —No en todos los lugares, en esta ciudad sólo está esta dulcería utilizan el agua de las flores para hacer este pan. Esas flores son las que les ofrendan a los muertos.

— ¿No es eso sucio? Es decir, las flores se dan en la tierra.

— Si la tierra te va a comer que tu no te comas la tierra...

— La tierra no se va a enfermar por comerme, yo sí.

— La tierra está muy enferma Sev...acarició su carita de niño preocupado.

— ¿En serio está hecho con eso Scor? —Preguntó con temor ante los repentinamente fríos ojos plateados.

— Claro que no...los hacen con hojas de naranjo.— Sonrió. Los cuatro partieron con rumbo a la chimenea por donde habían llegado deteniéndose de vez en cuando en alguna tienda.

Vieron una que a Severus le hizo erizar el cabello. En la entrada había un esqueleto, pero muy diferente al alegre y colorido de la tienda de dulces. Estaba vestido con una capa negra y llevaba una oz en la mano.

— ¿Podemos entrar señor Malfoy?— Preguntó Mazzima.

Draco analizó el lugar, si bien era escalofriante, durante su niñes había ido infinidad de veces a lugares que comercializaban objetos para la practica de las artes oscuras y ese, aunque se parecía, sólo era una tienda muggle. Miró a los niños y a la tienda.

— Vale.—Dijo. —Tienen cinco minutos, voy a comprar algo por allá. —Dijo señalando a un hombre que se veía humilde. Vendía fruta.

— A veces pienso que mi mamá hace bien en sentir celos de las manzanas verdes. —Draco rió.

— Déjame en paz con mis romances herbívoros.

Se separaron. Traían un poco de dinero, y se dedicaron a mirar. Había cosas curiosas, muchas velas, figuras, piedras y hierbas que se vendían a granel.

— ¿Gustan algo?— Preguntó una mujer negra, ya de edad avanzada, ellos no habían entendido porque la mujer hablaba en español y ellos obviamente de ese idioma no tenían idea. En la tienda de dulces no habían tenido problemas con ello porque sólo habían escogido y pagado. La mujer esperaba una respuesta, miró a los niños con interés.

— ¿Entendiste qué dijo? —Preguntó Severus al oído de Scorpius quién negó. Mazzima suspiró.

— Sólo veíamos. Dijo Mazzima. Es una tienda interesante ¿Qué es lo que venden exactamente? Los chicos la miraron como si fuera la criatura más extraña del mundo. Estaba hablando en otra lengua.

— Con magia.

— Ciertamente hay objetos mágicos en este lugar pero no están al frente del negocio, sólo cuchería para entretener muggles, pero con sólo entrar pude sentir un extraño poder, por llamarlo de esa manea...

— ¿Muggles? —La mujer sonrió.— Así que son de Europa...

— Sí, de Reino Unido ¿De dónde es usted? Por como se escucha puedo detectar que viene de Africa.

— De sudafrica...por tus ojos deduzco que eres semihumana...—La mujer se acercó y cogió el mentón de Mazzima y lo levantó para ver bien sus ojos. —Rusalka. —Dijo al fin. —He visto pocos como tu. No es que sea difícil su reproducción, pero son extremadamente celosas y suelen matar a sus amantes antes en engendrar. Bien, si ustedes son magos de verdad entonces quieren ver magia de verdad. Aunque sólo es magia negra.

— Nos encantaría. —La mujer asintió y los llevó hacia una puerta en la trastienda. Los chicos, sin entender nada, siguieron a su amiga.

El lugar casi no tenía luz, sólo había luz roja proveniente de calderos hirvientes, había un fuerte olor a humo y a hierbas. Reconocieron algunos olores incluso.

— ¿Qué es esto? —Preguntó Scorpius que miraba cabezas reducidas y jaulas llenas de animales.

— Es magia negra.

— ¿Negra?— Severus se alarmó.— ¿Estás loca? Nos meteremos en problemas.

— No seas tonto Sev, la magia negra no quiere decir que sea mala, significa que viene del continente negro. Es magia africana. La más antigua del mundo. Pero lo cierto es que también es la más peligrosa, por su "grado de pureza". No es que sea difícil de controlar, es sólo que es demasiado poderosa.

La mujer comenzó a explicarle un montón de cosas a Mazzima quién veía todo con una amplia sonrisa en el rostro. Salieron de ahí con varios libros, hilos y hierbas metidos hasta el fondo de sus bolsas de pan y dulces encontrándose con el señor Malfoy en la entrada. Llevaba con él unas buenas 10 libras de manzana.

Mazzima se mantuvo pensativa durante todo el viaje de regreso. Se despidió efusivamente del señor Malfoy y los tres regresaron a sus habitaciones.

— Mazzima...—Dijo Severus mientras se ponía la pijama. —¿Qué son todos esos libros que te dio la mujer?

— Ya te lo dije, libros de magia africana.— Los chicos revisaron los libros. Ella sostenía uno. Tenía una estrella de tres picos en la cubierta de cuero. Era viejo y estaba desgastado. Ellos tomaron los demás y comenzaron a ojearlos. No les entendían pero estaban ilustrados y les asustó un poco, había imágenes de espíritus y criaturas que no conocían de nada, incluso rituales un poco sangrientos para sus pequeños e inocentes estómagos.

— ¿Cómo es que los entiendes? —Preguntó Scorpius dándose cuenta de que ella si les entendía.

— Las rusalki...están vinculadas con la vida y la muerte...esa conexión entre ambos mundos viene con una sabiduría que uno no pide, viene en distintas dimensiones y empleadas para diferentes áreas. Las rusalki puras desarrollan su sabiduría individualemente, apuntada a lo que quieren o a todo, pueden tener los secretos del universo en la palma de la mano, el origen si así lo desean. Los descendientes de las rusalki estamos limitados. Como rusalka tengo un conocimiento elevado en aquello que mi abuela, que era pura, consideraba digno de saberse. Las lenguas, las sabía todas, y mis nietos y los nietos de mis nietos las sabrán...porque el conocimiento de las lenguas viene en mi sangre.

Los chicos se sentaron en la cama con los libros entre los dedos.

— ¿Y a que se debe su conexión con el mundo de la muerte? —Preguntó Sev sacando algunos dulces.

— Porque son criaturas oscuras...—Dijo Scorpius. —Una rusalka pura nace, cuando una mujer muere de manera trágica en un río o un lago. Se convierte en un espíritu de la naturaleza. Son hermosas como criaturas celestiales, cantan como sirenas pero tienen piernas porque fueron humanas y bailan por las noches...murieron sufriendo y sólo pueden abandonar el lugar de su muerte si...

— Si están enamoradas...—Le interrumpió Mazzima.

— Vaya... —Dijo Severus mirando su mano. —Comí tantos dulces que ya no podré cenar. Los tres se acostaron en la posición que ya era típica y requerida. A Mazzima le daba frío no tenerlos encima.

— Mazzima...—susurró Scorpius cuando notó que su amigo había comenzado a roncar.

— ¿Qué pasa? —Dijo ella mientras acariciaba el cabello del moreno.

— ¿Es por eso que no te quieres enamorar de Sev? Ella frunció el ceño, no veían nada con la oscuridad propia de las mazmorras pero Scorpius sabía que lo había hecho.

— ¿Porqué lo dices?

— Si se enamoran vuelven a la vida terrenal pero...a cambio el hombre del que se enamoran debe prometer fidelidad eterna, porque cuando una rusalka se enamora es para siempre y si le engañan, su corazón se torna oscuro nuevamente y una risa o un abrazo puede matar al hombre inmediatamente. Pero eso no sucederá Mazz, tu no eres una rusalka completa. No amenos de que mueras ahogada.

— Eso no diesmará mi deseo de matarlo. No quiero ir a Azkaban.

— ¿Serías capaz de matarle?

— La compasión no es algo muy propio de mi familia...por algo Vladimir está en la cárcel.

— ¿Él mató a alguien?

— No, Antony le golpeó en la cabeza con una guitarra antes de que lo hiciera.

— ¿Le traicionó alguien a quién amaba? —Preguntó suavemente.

— Le amaba pero no eran precisamente amantes...eran mejores amigos.

— ¿Qué le hizo?

— Traicionó su confianza y su amistad. Pero no quiero hablar de eso. Mejor ven aquí, me da frío. —Dijo jalando a Scorpius más hacia ella. —Por cierto, hay algo que quiero pedirte. Metió la mano en sus pantalones.

— No voy a dejar que me quites la ropa. Hoy hace frió.

— No es nada de eso. —Comenzó a toquetearlo.— Es sobre navidad y sobre la biblioteca de tu abuelo.

Scorpius se levantó un poco y la miró en la oscuridad...

— ¿Qué quieres con los libros de mi abuelo?

— Aprender...—Dijo para después morder sus labios.