"Traición" a la casa Malfoy
Scorpius y su adorada elfina Candy esperaban sentados en lo alto de las escaleras esperando a que sus abuelos terminaran de bailar. Estaban en el salón de fiestas de la casa, bailando a la luz de una de las 10 chimeneas y la música era un tanto anticuada pero muy romántica.
Candy, que había sido regalo de su padre cuando cumplió ocho años estaba algo nerviosa y se había quitado el moño para estrujar mientras todo terminaba. La cuestión era que ella sabía que lo que estaba a punto de hacer era algo tan malo y en contra de las reglas que ni siquiera podría aspirar a que su cabeza colgara junto con las otras cabezas de elfos de la familia. Para desgracia suya, aunque quisiera desobedecer el joven Scorpius era su amo. Ella había sido traída sólo para servirle a él. Pero lo que estaban a punto de hacer estaba tan mal, que tenía que luchar mucho consigo misma para no llorar.
Scorpius tampoco quería hacerlo, pero se lo había prometido a sus amigos (al final Severus se terminó enterando debido a sus batallas de indirectas con Mazzima y se entusiasmó tanto que no se pudo negar.) Había tenido cada día de vacaciones para tomar las medidas adecuadas y sonrió al pensar " Que cabrón, que inteligente soy, todo es perfecto" y luego se regañó a sí mismo por pensar de esa forma. Pensar como ladrón no era digno.
Esperaron como media hora más y cuando la música cesó Scorpius miró a su elfina y le hizo la seña con su mano de gorila que llevaba preparada con una vela encendida. La elfina le tomó del brazo mientras que con la otra cogía la bolsa mágica que el amo había traído de la escuela y se aparecieron en las cocinas, donde por obvias razones no había nadie y esperaron un poco más a que las risas de sus abuelos se perdieran en el segundo piso. Cinco minutos más para asegurase de que estaban en sus habitaciones y luego la elfina volvió a tomarle del brazo, lo apareció en el centro del salón, donde el retrato del bisabuelo Abraxas le había dicho que estaba la cámara secreta de los Malfoy.
Había sido fácil para él manipularlo (a fin de cuentas era bueno manipulando a la gente, como todo Slytherin). Le djo que su padre no quería que tuviera contacto con el pasado por considerarlo indigno (cosa que molestó a Abraxas), pero que él consideraba el pasado de la familia Malfoy honroso y correcto. En cuestión de nada, y despotricando contra su nieto que siempre había sido blando y débil, le dijo como abrir la cámara.
Entonces, se inclinó hacia el suelo buscando la baldosa que tenía una pequeña M grabada en la parte inferior, debía buscar con cuidado, no medía más de 3 mm. Cuando la encontró en el centro de todo la elfina se quitó el moño y de ahí sacó un abrecartas muy afilado. Se lo pasó a su joven señor y éste respiró hondo antes de rasgar su pulgar con el.
Nunca fue bueno con la sangre. Miró hacia el techo mientras buscaba a tientas la M en el suelo y cuando la encontró dejó que esta absorbiera su sangre.
Sólo un Malfoy podría encontrarla y abrirla. Le dijo su abuelo cuando le preguntó porque esa cámara no había sido encontrada hace más de 20 años por los aurores. Habían encontrado la cámara del salón de la casa sí, y se habían llevado y confiscado varios artefactos oscuros, pero jamás encontraron esa cámara. Sólo los Malfoy podrán verla y sentirla, para cualquier otro esa cámara no existe pues la entrada no puede ser encontrada a menos de que tu sangre sea Malfoy, esa M, esa pequeña M podría ser del tamaño de la casa y no podrían encontrarla jamás.
La baldosa se sumió y las piezas se reacomodaron para dejarle un espacio en el que sólo una persona por turno podría pasar. Bajó él primero y luego hizo que bajara Candy con la mano de gorila. Había una antesala. Era un rectángulo y en cada esquina había una gárgola de piedra sujetando un hacha extremadamente filosa. En el centró había una serpiente.
— Puedes bajar con elfos si quieres.— Le dijo su bisabuelo.— Pero sólo puede pasar un mago. Al haber un mago de más, sea Malfoy o no, las gargolas despertaran y te descuartizaran.
— ¿Por qué pueden pasar los elfos? —Le preguntó aquella tarde mientras comía un bollito japonés con forma de pez.
— Porque son sólo esclavos...seguro que si tienes que sacar algo de la cámara no querrás ensuciarte.
— Claro bisabuelo. —Scorpius sonrió. Las cosas no podrían salirle mejor. Si hubiera salido de otra forma tendría que haber pasado varios días abriendo y cerrando la cámara para llevar la mayor parte de los libros a su habitación para que Candy pudiera replicarlos.
En la pared que le quedaba de frente, había un árbol genealógico pintado. Era enorme, pero él iba a tener que ir al centro, en el tronco. Escribió una M con su sangre y el árbol la absorbió. Las ramas, el árbol entero se desintegro en forma de cien serpientes dejando la pared en blanco y después empujó la piedra con la mano izquierda. Tenía que hacerlo con la mano con la que manejaba la varita, le había dicho su bisabuelo.
Las piedras se reacomodaron y le dejaron pasar.
Ahí estaba, La biblioteca oscura de los Malfoy, traída desde Francia hacía siglos, enriquecida con las bibliotecas familiares de las brujas casadas con los varones Malfoy (que por lo general eran hijos únicos), la última vez que se abrió fue cuando sus padres se casaron y la mitad de la biblioteca Greengrass fue añadida.
Scorpius sonrió. Estaba mal y todo, pero lo que aprenderían con todo eso. Mazzima tenía razón, el fin justifica los medios.
Le pidió a Candy la mano de gorila y la bolsa. Cuando ella tuvo las manos libres ella dio un par de pasos asustada. Levantó las manos y todos los libros comenzaron a levitar. Chasquó los dedos y de pronto había el doble de libros. Volvió a chasquearlos y los libros originales volvieron a sus estantes, después metieron los libros en la bolsa. Más de 10 000 ejemplares de magia antigua y oscura en una bolsa mágicamente agrandada.
— Vale. Salgamos de aquí Candy. —Dijo cuando el último libro se hallaba dentro de la bolsa. Salieron, él con la bolsa y Candy con la mano de gorila. —Gracias, tengo todo lo que necesitaba.— Dijo Scorpius al salir y las piedras comenzaron entonces a volver a formar una pared y el dibujo del árbol genealógico volvió a aparecer.
Su elfina lo levitó hasta que logró salir del agujero y luego ella se apareció a su lado. Cerraron entonces la entrada a la antesala de la cámara. Escorpius besó el piso y éste se reacomodó. Su elfina le tomó del brazo y se aparecieron en la habitación del amo.
— Puedes retirarte Candy, lo has hecho muy bien. —Le acarició la cabeza casi tirandole el moño.
— Amo...¿no se siente mal?
— ¿Por qué? —Preguntó el pequeño quitándose la ropa.
— Ha traicionado a la casa Malfoy, si sus abuelos se enteran...
— Nadie se va a enterar Candy, esto sólo lo sabemos tu y yo.
— Y su bisabuelo Abraxas.
— Abu Lulu no se lleva bien con él, y menos mi padre.— Le guiñó el ojo. —No te preocupes Candy, todo estará bien. Ahora ve y duerme. —Dijo empujando a su elfina hacia la puerta. Ella apenas cruzó el umbral se desapareció y Scorpius dejó la sonrisa.
Suspiró.
Bien, tenía lo que Mazzima quería, ¿Y después qué?Se echó en la cama enojado pero luego se dio cuenta de que tenía frío y que sentía la cama vacía. Suspiró. Como odiaba sentirse así, pero la verdad es que extrañaba tanto a la chica como al chico que le daban calor.
