El café que nunca se tomaron
Draco Malfoy, tan alto, tan guapo, siendo observado por los empleados de una librería común en una avenida muggle de Londres.
Se sentía extraño, vestía de negro como todo el tiempo pero llevaba las mangas arremangadas hasta los codos. Todo el mundo lo veía extraño, pero no por el tatuaje. En el mundo muggle nadie sabía lo que significaba. "Sólo se trata de un adorno de mal gusto para alguien con una cara tan bonita" Dijo su madre un día, bromeando sobre que le daba un aspecto más masculino "Con él, tu padre se ve como un ángel caído."
Buscaba un libro muggle, "Sputnik, mi amor" de un autor muggle japonés, era un regalo de cumpleaños para Theo que gustaba de ese tipo de literatura.
Maldijo. No lo encontraba. El tipo de la entrada le dijo que debía buscar en ese estante y no lo encontraba. Pasaron unos minutos. Tendría que ir por el encargado para que lo buscaran para él. Suspiró y entonces mirando a la altura de sus codos lo vio. Su corazón casi brinca de gozo. Y entonces una mano lo tomó, pero no era la de él. Era la de una anciana.
Giró la cabeza para asesinar a la mujer que lo había tomado pero intentar ocultar lo mejor que pudo su enojo.
— Hermione, cariño. Lo encontré. — Dijo gritándole a una chica que estaba dejando algunos libros sobre el mostrador.
Se descolocó. Ella se giró y también lo vio. ¿Qué diablos?
— Ehhh Malfoy ¿Cómo te ha ido? —Dijo fingiendo algo de simpatía, su madre por supuesto sabía de la guerra mágica, pero no sabía de las personas involucradas, ni el alcance de las cosas, ni del peso de los hechos. No deseaba que sus padres cargaran con el peso de lo que ella había soportado.
— Ahhh…ahh…—Él entendió. Bien, estoy…va a ser el cumpleaños de Theo y vine a comprar su regalo.
— ¿El cumpleaños de Theo? —Sonrió. Theo trabajaba en el departamento de inefables, nadie de su familia estaba marcado pero no por eso le había sido fácil conseguir el empleo. La discriminación contra los Slytherin de la generación 91-98 habían sido cruelmente repudiados por el mundo mágico, pero Theo era competente, Cho se lo había dicho en una cena en casa de Harry. —No sabía que Theo y tu siguieran en contacto.
— Las familias sangre pura siempre están en contacto. —Dijo para después reprenderse mentalmente, no debía usar esos términos en público, aunque decir sangre pura no era malo ya estaba haciendo una diferencia de estatus de sangre.
— ¿Es amigo tuyo Mione?
— Ahhh sí, él es Draco Malfoy, de la casa de Slytherin. ¿Qué tal si vas a pagar? Quisiera ponerme al corriente con él. Hace tiempo que no le veo.
— Claro, claro, no tardes. — Dijo la anciana yéndose al mostrador.
— Lo siento. —Dijo ella sin tener realmente porqué.
— No te preocupes. Al parecer tu madre no sabe mucho de la penosa participación de los Malfoy en la guerra. Gracias.
— No necesitas que te discriminen también. Puedo notarlo, puedo notar que aquí no tienes miedo de remangarte la camisa.
— Es complicado. Todo el mundo lo sabe, pero de alguna manera no quiero que nadie lo recuerde. Aquí por lo menos no tengo que fingir que mi brazo no existe.
— ¿No hay forma de quitarla?
— No, lo he intentado por años…es casi como mi anillo. — Dijo mostrando su mano. Un bonito anillo de plata con una serpiente estaba en su dedo. —No me lo puedo quitar, ni nadie puede quitármelo a menos de que me arranque el dedo.
Hermione se rio. No lo supo por qué. Tenía nervios, primero porque no quería a su madre cerca de él. Segundo porque no sabía el porqué de aquello. Él no le podía hacer daño. Según le había dicho Cho Chang en Malfoy Manor, la cual está en constante vigilancia por los Inefables, nunca se percibe magia negra, no porque no la hagan, Malfoy Manor tenía protecciones increíbles, sólo se podía percibir la magia que ellos te dejaban percibir, pero al parecer Draco Malfoy no hacía uso alguno de su varita, salvo para apariciones. Todos los habitantes de la mansión usaban magia menos él, ni siquiera un lumos o un accio.
— Tengo que irme. — Le dijo él. — Al parecer tu madre ha comprado el último ejemplar del libro que buscaba.
— ¿En serio?
— Sí, Theo pidió ese. —Hermione sonrió.
— No sabía que uno podía escoger su regalo. Se supone es sorpresa.
— Somos personas de mucho dinero, no nos hace falta nada, pero regalarnos algo nunca es difícil, siempre hay algo pequeño que seguro deseas. Un pastel de fresas, unas pantuflas para andar en casa, un libro. Y siempre es mejor preguntar y ser honesto al contestar, así te evitas tener que fingir que te gustó algo horrible. Entre serpientes no hay secretos
— ¿Qué cosas les pides tú a tus amigos? —Draco se mordió el labio inferior y alzó las cejas como sólo él podía hacerlo, buscando en su cerebro algo que decir.
— Dulces. Cajas de dulces, de cualquier tipo. Mi padre y mi hijo igual. Sólo existen dulces como posible regalo.
— ¿Sólo eso? —Hermione sintió los nervios irse. Recordó entonces el pasado. Un desayuno en el gran comedor, en la hora exacta de la entrega del correo, la primera lechuza en llegar era una grande y gris con una insignia de plata en una de las patas, llevaba todos los días paquetes para un joven Draco Malfoy y éste y sus amigos siempre se alegraban de su llegada.
— Soy una persona sencilla. —Afirmó sin creérselo realmente. Sonrió. Se sintió extraño, hacía ya mucho tiempo que no le salía una sonrisa tan fácil, se imaginó a su padre comiendo flan napolitano mientras intentaba no manchar algún libro viejo en el intento. A su hijo con la cara manchada de chocolate y a él mismo yendo a comprar Gelattos con su madre a Italia.
— Hermione, cariño. ¿Quieres invitar a tu amigo a tomar un café? Puede acompañarnos.
— ¿Eh? No señora, así estoy bien. —Dijo.
— Ohh vamos, Hermione no sale con nadie si no es con los jóvenes Potter, Finnigan, Thomas o Longbotton. Es bueno saber que tiene más amigos en el mundo.
— ¡Mamá!
— Ohh cariño, vamos que comienza a hacer frío. — Draco se rió.
— Tu madre es peor que la mía. —Le dijo en voz baja. Hermione le miró incrédula luego, divertida le pidió que le acompañaran, sino a su madre le disgustaría.
Media hora después, ya con una docena de pastelillos en la mesa y cafés bien calientes la Dra. Lila Granger se hizo una amena amistad con Draco Malfoy, hablaban de cafés, de viajes a lugares exóticos, de postres, a Hermione le pareció increíble el tacto que tenía con los adultos mayores. Su madre a veces, a su parecer desvariaba, pero al parecer Malfoy estaba acostumbrado a las conversaciones con ancianos. Tal vez fuera por sus padres, que también eran mayores (pero como magos no se les notaba), y después se lo negó a sí misma. Lucius Malfoy estaba completamente lucido y su esposa también, ambos altivos, y bastante talentosos en los negocios. Lucius estaba invirtiendo con varios magos sangre limpia en el mercado muggle, y Narcissa acababa de abrir una fábrica de muebles y juguetes para niños. Tal vez a Malfoy se le daban bien los ancianos, pero todo era muy bizarro. Incluso le estaba tomando de la mano con gesto de coquetería, se estaba portando como un caballero con su madre. Merlín, si su madre hasta se estaba sonrojando.
Después de varios cafés Lila se disculpó y se despidió dejando a Malfoy y a Hermione con una dotación de pasteles enormes sobre la mesa.
— No creo poder comer más. —Dijo ella.
— Bueno, podemos pedirlo para llevar, pero me sorprende, difícilmente alguien puede seguirme el ritmo.
— Hablabas tanto que casi se me olvido que también estabas comiendo. Eres bueno con los ancianos Malfoy, no me lo esperaba de ti.
— Nadie espera mucho de un Malfoy, a menos de que sea otro Malfoy. —Dijo tomándole a su taza de café caliente, con mucha azúcar. El vapor le calentaba la nariz.
— Es en serio ¿Cómo lo haces? Ni siquiera yo les tengo tanta paciencia a mis padres.
— Cuando mi abuela murió… —Draco meditó si hablar con la verdad y al final se dio cuenta de que no tenía nada que perder, no era algo que pudiera usar en su contra. —Mi abuelo se quedó muy solo, cambió mucho, tengo muchos recuerdos cariñosos de ese tiempo, pero eso fue antes de que él enfermara de viruela de dragón estábamos todo el día juntos. Incluso me parece increíble que el retrato que hay en casa sea tan arisco y condescendiente, es un retrato cruel con nosotros, papá dice que el abuelo era así cuando él era pequeño. Además en la casa Malfoy la familia difícilmente se separa, hace muchos siglos que solo se ha tenido hijos únicos, por lo tanto es normal que todos los Malfoy vivos vivan bajo el mismo techo. Cuando el abuelo enfermó mi padre le atendió sin ayuda de nadie, ni siquiera me podía acercar porque era muy contagioso, pero mi padre extrañamente adoraba al suyo y le cuidaba aunque él también pudiera enfermar. Se encerraron en una habitación por meses hasta que mi abuelo murió. Abraxas Malfoy fue un hombre terrible para los que hacían negocios con él, pero mi padre simplemente lo veía así, como un padre.
— Definitivamente no me imagino a Lucius Malfoy haciendo algo así.
— La gente siempre piensa que somos repelentes, sin sentimientos. No te culpo, nos hemos esforzado por Milenios para dar esa imagen. Debes pensar que he cambiado mucho desde la guerra, sólo porque he sido amable y encantador.
— Si, precisamente eso pensaba.
— Yo no he cambiado nada Hermione. —Dijo tomando un poco de pastel de su plato. —Sigo siendo la misma serpiente cobarde y traicionera.
— No hables así de ti. De Flint tal vez, pero no de ti.
— Flint es mi amigo.
— Lo entiendo, pero todo el mundo sabe que tiene cola que pisar.
— Todo el mundo tiene cola que le pisen.
— ¿Tienes cola que te pisen Malfoy? — Dijo ella con una sonrisa atrayente y divertida.
— ¿La tienes tu Granger?
No sabían porque sonreían. No sabían que sus frases iban acompañados de un tono peligrosamente coqueto. Ellos sólo estaban, a su parecer, compartiendo inocentemente un café y un montón de pastelillos.
Estaban compartiendo el café que nunca se tomaron.
