Las observaciones de Rose
Rose a veces se sentía incomoda del ambiente en Hogwarts. Sus primos parecían los dueños del lugar. A veces le fastidiaban, sobre todo James. Sobre todo cuando molestaban a los pequeños Slytherin.
Tenía que ser consciente de que su familia le tenía algo de manía a las familias de mortifagos, pero eran sólo niños como ella que apenas sabían hechizos y que no tenían muy buena idea de cómo defenderse. Le alegaba que al menos Slytherin fuera una casa unida. Sus padres no le creían a Teddy cuando este les dijo que los mayores siempre estaban al pendiente de los pequeños. Que les enseñaban a defenderse incluso a puño limpio, que siempre iban uno o dos mayores resguardando a pequeños grupos de primer y segundo año, que habían desarrollado una especie de fobia a los miembros de otras casas causadas por las muy feas y crueles bromas por parte de estos.
Lo veía incluso en Severus y en sus amigos, que si bien no eran unos indefensos y tiernos bebes siempre estaban caminando juntos, como siameses, además de que cuando no estaban solos los tres iban acompañados del equipo de Quidditch. Cada integrante más aterrador que el anterior en el campo.
Siempre parecían estar bromeando pero cuando alguien pasaba a su alrededor se callaban y miraban mordaces a todo el mundo. A su padre no le gustaba que su primo Albus se juntara con ellos, ya que todos eran hijos de conocidos mortifagos (menos Kimiko Nott) pero al parecer congraciaban con Scorpius y eso hacía que estuvieran siempre cerca de ellos. A veces Rose quería acercarce, pero los Slytherin a pesar de estar separados en grupos de amigos siempre iban en manada. Cómo quería poder volver a hablar con Albus, pero aunque pudiera pasar a los Slytherin más grandes y no sentirse avergonzada ante las miradas contundentes de los menores había otro problema.
Scorpius y Mazzima. Eran los mejores amigos de Albus y nunca se le despegaban. Estaban siempre juntos. Siempre juntos. Según su madre eso no era malo, que ellos (el trío dorado) habían estado siempre juntos, tal vez eso fuera cierto pero ellos rayaban en lo enfermizo. Si comían estaban juntos. Si iban al baño, iban al de Myrtle la llorona para poder entrar los tres juntos. Si daban un paseo iban los tres. Si estudiaban en la biblioteca iban los tres. Si les castigaban iban los tres. Y lo peor es que su primo parecía embobado por la chica, que aunque hermosa se veía que tenía un muy mal carácter.
Por alguna razón muchos chicos, incluso los mayores, estaban loquitos por ella, mientras que ella no paraba de humillarlos, aunque no pareciera darse cuenta pues la chica no poseía ni paciencia, ni tacto.
Mazzima no tenía casi expresividad en el rostro, siempre estaba tranquila, incluso en la case de Defensa contra las artes oscuras donde el profesor no paraba de adularla. Los otros dos chicos no se quedaban atrás en agilidad o conocimientos pero la diferencia entre poderes era notable. Albus era el más débil de los tres y aun así un expelliarmus de su varita bastaba para mandarte al otro lado de la habitación.
Rose caminaba pensativa hacia el gran comedor, estaba bastante lejos en realidad, acababa de salir de clase con Ravenclaw y chocó con Scorpius. El chico iba solo y con la túnica empapada, los ojos rojos y los puños cerrados.
— Lo siento. —Dijo quedito, al parecer estaba encerrando sus emociones en la garganta.
— ¡Ehh Malfoy! ¿A dónde vas si todavía no terminamos? —Unos chicos de séptimo de Hufflepuff se reían a sus espaldas y los ojos de él comenzaron a aguarse. Uno de los Hufflepuff se acercó y le dio empujones a Scorpius en la espalda. —Vamos, vamos. No me digas que eres una nenaza llorona.
Rose no dijo nada. No sabía muy bien cómo actuar. Era una Gryffindor pero no se sentía nada valiente en ese momento. Porque ella era una Weasley, porque era una Gryffindor, porque él era un Slytherin y un Malfoy. No podía porque su padre le había dicho que no fuera amable con él. Sólo se fue y le dejó solo a merced de los Hufflepuff.
Por la noche le remordió la consciencia. Se enteró por las burlas de sus primos y de varios chicos que Scorpius había sido interceptado por Hufflepuffs camino a la biblioteca donde le esperaban sus amigos pues había ido al gran comedor por bocadillos para la tarde, y que después de empaparlo con aquamenti le dieron una golpiza que resultó en una noche en enfermería.
A la mañana siguiente Rose se sentía horrorizada, los chicos Hufflepuff de 7mo estaban tirados en la hierba sin huesos en piernas y brazos y completamente obliveteados. Los habían interceptado camino a sus dormitorios después del castigo por la golpiza que le dieron a Scorpius.
— Pero que hijos de puta. —Dijo Heracles Flint, el guardián de Slytherin en voz alta totalmente indignado. Los Slytherin tenían mala leche pero no era para tanto.
Rose miró a Albus que sonreía disimuladamente junto con Mazzima, parecían complacidos de que los chicos privados de movimiento y sensaciones estuvieran llorando por estar empapados en sus propias heces y orines. Ambos se tomaron de las manos y caminaron rumbo hacia la enfermería. Pasaron a un lado de Rose y les escuchó hablar en un idioma que no le sonaba de nada.
Pasaron los días y Rose volvió a toparse con Scorpius camino al gran comedor. Se encontraron de frente y Scorpius le devolvió una mirada dura y sin emoción. No se conocían de nada y casi no habían hablado. Quizá solo en clase escuchaba su voz, porque era un chico inteligente y siempre participaba. Nunca le miraba demasiado no podía hacerlo. Le seguía mirando, no la culpaba de nada, pero parecía estar decepcionado de ella y eso le caló a los huesos.
— ¡Scorpius! —Se escuchó detrás de él, era Mazzima. — Scorpius ¿Qué haces aquí? Ya te dijimos que es peligroso ir separados. —Mazzima le tomó de la mano.
— Mazz…
— ¿Mazz qué? — La chica le dijo enojada y después dijo algo más en un extraño idioma y Scorpius pareció ofenderse. El rubio se mordió la lengua y se dejó llevar por la altísima chica.
Esa chica era terrorifica si podía hacer retroceder al hijo de un mortifago. Los vio irse y justo cuando estaban dando la vuelta en la esquina vio como Mazzima le retorcía la muñeca a Scorpius mientras le seguía riñendo. Scorpius tenía una cara de fastidio, pero no pareció hacer nada al respecto de su mano. Se dejó llevar.
