Malos consejos
Blaise tomaba una taza de té mientras, sentado en el sillón observaba como Draco, muy secretamente, escribía una carta para dársela a una lechuza que se encontraba esperando comiendo en la terraza.
Draco se levantó de su asiento y salió a la terraza dejando ir a la lechuza con el mensaje. Eso no tenía nada de raro, Draco era un exitoso empresario y enviar y recibir medio ciento de lechuzas al día era algo común en su oficina, pero por lo general era su asistente Aloys Begart el que hacía todo el trabajo. Eso sumado a la sonrisa que tenía en la cara al momento de sentarse enfrente de él para picotear los chocolates era algo inquietante. No lo había visto tan sonriente desde que Scorpius entró a estudiar en Hogwarts.
— ¿Pasa algo?
— No, bueno sí. Estoy pensando en un nuevo negocio y eso me está haciendo sentir…extrañamente feliz.
— ¿Nuevo negocio? ¿En dónde? — Blaise lo entendió todo, ya que difícilmente podrían tener otro hijo, para su amigo Draco, un negocio era como un nuevo bebé.
Draco todavía se admiraba de la facilidad con la que podía mentir y de la fe ciega que le tenían sus amigos y familiares. Simplemente tenía que decir que se trataba de un nuevo negocio y si bien era verdad (Pues sí que estaba planeando hacer algo en Paris) no era la razón de su tonta felicidad.
Draco estaba feliz porque tenía una amiga. No era como Pansy o Daphne a las que había conocido desde los úteros de sus madres, era una real, una que a pesar de no haber compartido ideas o ideales de su juventud no le reprochaba nada, incluso habiendo sido enemigos literalmente mortales.
Se mandaban lechuzas todos los días como poniéndose al corriente de lo que les sucedía día a día. Quedaban para tomar el café, para desayunar, o para almorzar. Claro que todo esto lo hacían en el mundo muggle, no quería que la prensa un día los encontrara platicando muy cerca y tomaran fotografías dando al público una idea errónea. Sólo eran amigos.
Hermione y él sólo eran amigos. Trataba de convencerse.
— ¿Sabes? Al fin me decidí. — Le dijo aquella tarde en el café de siempre.
— ¿Sobre qué?
— Le voy a pedir el divorcio a Ronald. — Draco no escupió el café pero si se atragantó un poco y le miró.
— ¿Sabes que hay cosas que la sociedad mágica no perdona?
— El asesinato, el robo de magia y el rompimiento de los votos matrimoniales. — Dijo ella. —¿Me importa? La verdad es que no. Ronald y yo ya no funcionamos, ni como amigos siquiera. Él está siempre ocupado con sortilegios Weasley y ha descuidado nuestro matrimonio, además nunca fue...él simplemente es tan sensible como una cuchara.
— Es un hombre de negocios, está ocupado.
— Tu eres un hombre de negocios Malfoy y tienes tiempo para tu esposa, tus padres y para tus amigos; eres gentil, educado y empático. Ronald no.
— Siempre hay alguien más administrado que otros, además yo tengo un ayudante esplendido.
— Si sigues hablando así de él, voy a pensar que estás enamorado de Aloys Begart. Draco se rio.
— A él le interesaría más Blaise, le gustan los hombres de color…que por el tamaño y bueno, ya se lo he visto así que puedo entenderlo. — Hermione si escupió si café, lo bueno el de ella era frio porque le salió por la nariz.
— ¿Qué? ¿Ustedes…
— Aleja esos pensamientos de tu cabeza Hermione Granger. Estábamos en el equipo de Quidditch. Las duchas en Hogwarts no tienen divisiones.
— ¿Y porque hablas de penes con Aloys?
— Porque somos amigos, yo le hablo de lo que me gusta, él lo tolera, él me habla de lo que le gusta y yo lo tolero.
Se quedaron en silencio disfrutando sus cafés y después las risas de Hermione los sacaron de la tranquilidad.
— Lo siento. — Se rio una vez más. — ¿Pero cómo de grande era?
— Hace dos décadas que no lo veo, pudo haber cambiado.
Salieron a caminar por el parque y ahí continuaron hablando de cosas sin importancia hasta que Hermione se detuvo y miró hacia la copa de los árboles.
— ¿Eres feliz con Astoria? — Le preguntó de repente.
— ¿Por qué me preguntas eso?
— ¿Por qué no has respondido que sí inmediatamente?
— ¿Qué? Por favor, eso es un golpe muy bajo.
— Sigues sin responder que sí. Draco tú no eres feliz.
— Es imposible ser completamente feliz en un matrimonio Granger, incluso mis padres tienen sus problemas.
— Es sólo que a veces te miro a los ojos y me veo en ellos, veo la misma tristeza que veía frente al espejo antes de tomar una decisión. Habrá dolor, lo sé, no todo saldrá bien, mis hijos van a odiarme, voy a perder a los Weasley, pero me casé con Ron porque le amaba, no por su familia y no me voy a quedar con Ron sólo por poder visitar a mis suegros los domingos. Ven. — Dijo sentándose en una banca del parque. — Te he abierto mi corazón, creo que es justo que tú también lo hagas.
Draco sintió que le dolía la cabeza pero igual se sentó. Cerró los ojos y comenzó a hablar.
— No sé, no lo sé. Creo que todo el problema soy yo que no puedo conformarme con nada. — Se rio trágicamente. — Al principio me aterré porque sabía que iba a ser difícil hacer mi vida siendo un marcado, me aferré a Astoria porque fue la primera chica que no mostró desagrado alguno por mi situación. Era tan buena, amable y cariñosa y pensé que eso bastaba, mis padres lo aprobaron y me casé casi inmediatamente después de Hogwarts.
— ¿Entonces no la querías?
— La quiero, pero como se quiere a una hermana, por supuesto que la deseaba porque es hermosa y soy un hombre, la trato lo más cariñosamente que puedo, lo intento con tanta fuerza, siempre pensé que podría amarla con el tiempo, pero no fue así.
— Vaya…entonces me supongo que la has engañado más de una vez.
— Dime patético pero jamás lo he intentado. Una mujer cualquiera se aprovecharía de mi para sacarme dinero o chantajearme y no podría arriesgarme a que mi hijo se lleve esa decepción. — Hermione hizo un ruido extraño, como una risa y un sollozo al mismo tiempo.
— Eres tan…correcto. No sé ni cómo describirte en este momento. Yo le he sido infiel a Ron durante los últimos cinco años. — Draco le miró impactado de verdad.
— ¿Cómo? — Hermione se volvió a reír.
— No te lo esperabas ¿Verdad? De manera espaciada, una vez al mes o algo así, con diferentes hombres, nunca con el mismo, pero siempre con muggles. Al principio tenía mucho miedo. Temía lo mismo que tú, que me fueran a descubrir y que eso pudiese destruir mi familia, con el tiempo le agarras la maña, sabes cuándo es el momento, y que tipo de hombre elegir para que nunca te pida una vez más. Busco hombres con anillo o sin él, a los 40 solo quieren una aventura.
— ¿Cinco años? Dios, Hermione sé que tienen sus problemas pero cuando fuimos a llevar a nuestros niños al expreso se veían tan bien ¿Cómo es que han pasado cinco años? ¿Y es que Ron no se da cuenta? ¿No le importa?
— No creo que lo sepa, tal vez le caiga la bomba él día de mañana, cuando le ponga los papeles en la barra de la cocina para que los lea en vez de leer El Profeta.
— ¿Sin remordimientos?
— Cuando llevas cinco años engañando a alguien los remordimientos se van, todo es una mentira y uno está por simple comodidad.
— ¿Dónde vivirás mientras tanto?
— Encontré un apartamento en Londres muggle. Así podrás venir a visitarme. Draco se removió incomodo en su asiento.
— ¿Londres muggle?
— Voy a dejar la magia Draco. Necesito descansar de toda la mierda. De la burocracia del ministerio, del asunto "Heroína del mundo mágico", de la aplicación de leyes mágicas que no van a ningún lado empezando porque TUS elfos— Le acusó. — No quieren salario ni vacaciones. Tengo suficiente dinero ahorrado, han sido 20 años de trabajo, puedo vivir bien y complementar mis gastos con un empleo a medio tiempo de mostradora en algún centro comercial.
— ¿Eso es lo que quieres?
— No, bueno, no me molestaría, pero de verdad necesito terminar con esta vida. Me daré un descanso mientras el mundo mágico hace una revolución por mi divorcio y cuando todo se calme regresaré. Abriré alguna tienda en Hongsmeade o me mudaré a otro país. A mis padres les gustaba llevarme de viaje cuando era niña y me enamoré de París, me gustaría vivir ahí o por lo menos ir de visita.
— Lo tienes bien planeado.
— Deberías hacerlo tú también.
— ¿Mudarme al Londres Muggle? Oye, prometiste que no te meterías conmigo por no usar magia.
— Si quieres mudarte hazlo, pero me refería a serle infiel a Astoria, cuando tu mente no esté ocupada por culpas inútiles, tomarás decisiones. Decisiones que destruirán tu vida como la conoces pero que te construirán una nueva, una más feliz.
— Eso es…no sé, no es posible, no para un Malfoy.
— Draco, a veces siento lastima por ti. Tu apellido pesa mucho.
— Mi apellido es lo único que tengo. Es lo que me une a mis padres y a mi hijo.
— Pero los Malfoy también se mueren uno a uno, no juntos.
Draco meditó sobre eso durante todo el día, hasta que alrededor de las cinco de la tarde una lechuza de Hogwarts se posó sobre su escritorio.
A su hijo le habían lesionado otra vez.
Se estaba hartando.
