No necesariamente muerta
Scorpius estaba enojado con sus amigos en ese momento.
Hace menos de 20 minutos él estaba tranquilamente leyendo "El principito" que le envió el tío Blaise (seguramente aconsejado por el señor Nott) en la mañana cuando sus amigos entraron empezaron a hacerle mimos en la cara, lo llenaban de abrazos y caricias, más de las normales. Y casi enseguida los profesores entraron con los cuerpos flotantes de los chicos Hufflepuff que le habían golpeado el día anterior. Se sintió impactado, los pusieron en camillas frente a él y cubrieron con un biombo para que los Slytherin no pudieran ver.
— ¿Qué pasa? — Les preguntó a sus amigos que se habían recostado cada uno a su lado en la misma cama.
— No pasa nada. — Le dijo Severus ronroneando en su hombro. Severus tenía gestos muy felinos para su gusto.
— Alguien les ha deshuesado los pies y manos. — Mazzima le acarició la barriga. Scorpius sintió que el azúcar se le bajaba.
— Mazz no. — Pensó inmediatamente en los libros de magia avanzada que habían ojeado esa semana. No era magia tenebrosa, de hecho era Braquiam enmendo era un hechizo curativo, pero en aquél libro venían los efectos de un hechizo mal hecho. Mazzima y Severus eran magníficos magos, practicaban mucho, en su habitación o en él bosque, hechizos que ni los de séptimo intentaban, ellos no cometían errores, pero apostaba un brazo a que enfurecidos habrían fallado a propósito.
— Mazz nada. — Le dijo ella en su lenguaje inventado, practicarlo en todo momento en verdad les estaba sirviendo, podían tener conversaciones completas sin que los profesores se dieran cuenta.
— ¿Qué les hiciste?
— Hicimos. — Aclaro Severus. — Se lo merecían.
— Severus no. Nadie se merece que le hagan daño.
— Todos los que hacen daño se lo merecen de vuelta. Te atacaron, estabas sólo y nunca atacas por iniciativa propia. Le reprendió el castaño. No vamos a dejar que te hagan daño y después sigan así como así.
— Pero…Sev, no dejes que Mazz te meta cosas a la cabeza. — Dijo temiendo que la chica le estuviera haciendo mal al espíritu inocente de tu amigo.
— No hables de mí como si estuviera loca.
— Lo estás ¿Te das cuenta de que va a pasar cuando los descubran?
— No lo harán, están obliveteados. — Dijo ella mirando hacia el biombo. — Y aunque no fuera así estarían muy asustados como para delatarnos.
— Yo estoy muy asustado. De ti.
Mazzima lo miró largamente.
— Lo hicimos porque te queremos. — Se enojó Severus.
Mazzima se levantó.
— Bien, me queda claro que tú nunca harías algo así por mí.
— No se trata de eso.
— Se trata exactamente de eso.
— Mazzima, no te enojes. — Severus se levantó tratando de calmar las cosas.
— Me voy al dormitorio. Quédate a desayunar con él.
Se marchó hecha una furia.
— ¿Por qué tienes que ser así con ella?
— ¿Te gustaría que tu padre se enterara de que has deshuesado a unos inútiles Hufflepuff? — Severus frunció los labios.
— Escucha Sev…Mazz tiene…los esquemas un poco trastocados. Sé que le quieres, yo le quiero, pero eso no significa que puede hacer lo que se le dé la gana. Si la quieres de verdad debes evitar que se meta en problemas, aconsejarla, hacerla ver que hay cosas que están mal y que están bien. Si uno transgrede las normas, poco a poco va haciendo los límites más lejanos hasta que no existen. Vamos en primero y ya carece completamente del sentido de lo que es justo. Ellos habían sido castigados, y lo que les han hecho les causará mucho dolor. Mucho más del que me han causado. Además, sabes que no me importan, son unos idiotas y cuando seamos mayores van a terminar trabajando para mí. No había razón para hacerlo.
Severus suspiró.
— ¿Entonces tú también lo notas?
— ¿Notar qué?
— Que Mazzima está dañada…Hay algo que no está bien en ella.
— La vida para una semi-humana nunca es fácil. Las Rusalki no son muy discriminadas porque su forma es humana completamente, pero sus vidas familiares son difíciles.
— Es algo más que eso Scor…Lo noté anoche, no se lo digas, no quiero tener problemas con ella. Scor…Mazz disfruta dañando a los demás. Sus ojos brillan en ese color centellante y rojizo y sonríe de una forma que asusta. Además… después de eso me besó. Scorpius se sobresaltó. No paraba de reírse y me besó, dijo que estaba feliz y que por eso lo hizo, pero yo no creo que esté bien que se sienta feliz por dañar a los otros.
Scorpius pensó en eso y se quedó en silencio mientras se acomodaba en la camilla.
La señora Pomfrey había terminado de limpiar y de dar las pociones a los niños obliveteados que más bien parecían dementorizados.
— Tienes que admitir que el ataque tuvo muy buena logística.
— Ohh por Merlín, Potter ¿Quién te enseña esas palabras? Logística mis nalgas.
— Es culpa de la tía Hermione, lo juro. — Se rio ante el comentario de su amigo refiriéndose a su trasero.
Esa misma tarde regresó a su habitación, Severus se había ido a la biblioteca con otros chicos para buscar un libro para la clase de herbolaria.
La habitación apestaba, Mazzima se estaba pintando las uñas de los pies en color lila. Llevaba sólo su ropa interior y ojeaba una revista muggle de música rock.
— Papá me dijo que las mujeres siempre esperan a que te disculpes aunque no hayas tenido la culpa. Pero no voy a hacerlo porque prometiste no besar a Severus y lo hiciste.
— ¿Te lo contó? — Ella sólo alzó una ceja. Scorpius pudo notar que también llevaba algo de maquillaje en la cara.
— Sí, y es de mal gusto faltar a la palabra. La palabra es la única propiedad del hombre que tiene valor.
— Estás hablando como un viejo. Escucha Scorpius. — Se acomodó y dejó la revista a un lado inclinándose hacia delante. Sus pechos, imposiblemente grandes para su edad se columpiaron frente al rostro del rubio y él no pudo evitar mirarlos por un segundo. — Tienes razón, me he pasado, pero eso no significa que me arrepienta. Le quiero mucho, como a ti.
— No puedes tenernos a los dos. No nos lo merecemos.
— Podría tenerlos a los dos, si ustedes quisieran. Está estúpida cultura de monogamia mágica. Dios, es peor que las religiones judeo-cristianas.
— No sé de qué estás hablando.
— Lee menos libros de hechizos y más de cultura general muggle.
— Yo leo cosas muggle. — Agitó su ejemplar del Principito frente a la cara de la morena. — Pero de todos modos no tengo porque aprender cosas muggle. Soy mago.
— No salgas con tus bizarradas de sangre pura porque te muelo a golpes Scor, puedo hacerlo, soy más grande y físicamente más fuerte.
— ¿Me golpearías?
— Sí.
— Esto se nos está saliendo de las manos Mazz. — Se lamentó el rubio. Mazzima sin embargo estaba demasiado enfadada y sólo atinó a abrir sus labios.
— Bésame.
— ¿Qué? No, claro que no.
— Bésame. — Dijo una vez más.
— ¿Qué rayos te ocurre? — Dijo dándose la vuelta para quitarse los zapatos.
— Bésame. — Dijo con un tono de voz que le erizó los bellitos de la nuca. De repente sintió que no se podía mover. — Bésame. — Su cuerpo se movió sólo, su cerebro disparaba todas las alarmas, no podía controlar sus propios pies. Quedaron frente a frente. — Bésame. — Esa maldita voz se le subía por toda espalda y él comenzó a llorar.
— No quiero Mazz, por favor. — Lloraba porque estaba asustado de Mazzima, de la facilidad con la que podía acabar con su vida si ella se lo ordenaba. La quería, la quería pero era cruel y estaba loca. Ella le miró a los ojos.
— Bésame. — Dijo una vez Mazzima y Scorpius sintió un vacío enorme al ver como su cuerpo se acercaba al de Mazzima hasta tocar sus labios. Sollozó fuertemente a mitad del beso y después ella sostuvo la cabeza de su rubio amigo entre las manos. — Nunca le he hecho esto a él. Sólo le tranquilizo cuando está pensando en cosas que no debe. Scorpius yo tampoco estoy feliz con esto, no puedo evitar desearles a ambos. No puedo evitar desearte a ti de esta forma. No está en mi naturaleza olvidar, perdonar o tomar en cuenta opiniones, sólo tomar lo que deseo lo es. Lo sabes. No me obligues a ser buena, porque lo único que conseguirás será que termine de doblegar tu voluntad a mis deseos. Si no quieres que ocurra otra vez lo de estos chicos entonces al menos defiéndete. No te digo que los crucies o algo, pero al menos defiéndete para que no me tenga que preocupar por ti, para que no tenga que sostener mi corazón en la mano por verte en una camilla. Escúchame bien Scorpius, porque es la última vez que te lo digo, vuelve a permitir que te hagan algo así y te juro que ni siquiera tendrás que preocuparte de que un hechizo salga de mi varita. Les cantaré, les cantaré y haré que ellos se maten.
— Tú no conoces los límites de la muerte. Las consecuencias. Hablas de ello como si fuera un paseo a la playa. Hablas de manipularme como si no importara, como si fuera normal. Para empezar no podrías hacerlo, por muy Rusalka que seas, tu magia está restringida hasta que mueras ahogada en una pileta o algo. No me amenaces.
Ella sonrió. Y lo empujó fuertemente a la cama, inmovilizando sus manos.
— Has estado pensando en ello. Estás buscando esperanza para mantener tu voluntad y tu libertad intacta. Ya lo veo, me temes de verdad, pero tu interpretación de esos libros es errónea Scorpius, más bien están incompletos. Las Rusalki nacen de morir ahogadas es cierto, somos como inferis pero… — se acercó para besar la mejilla de Scorpius y este contuvo la respiración. — Podemos morir dentro de nosotras mismas también, nuestra alama se ahoga en nuestra propia mente. Cuando nuestra alma cruza el límite del deseo de la muerte, simplemente ocurre. Morimos sin dejar de respirar. Antes de venir aquí era solo la mitad, ahora pongámoslo así…soy algo así como una rusalka ¾, mi único limitante es no poder asesinar de manera directa, pero eso no significa que no se los pueda ordenar. Y créeme cuando te digo. — Se levantó dejando libre al pequeño. — Que si no te he ordenado nada más…es porque de verdad te aprecio y al igual que tu quiero que me ames de verdad y no porque te lo ordene.
Cuando Severus regresó, Scorpius ya había dejado de llorar y Mazzima se había ido a duchar para la cena.
— ¿Estás bien? — Le preguntó el moreno al ver su rostro afligido.
— No pasa nada, no te preocupes.
— ¿Se pelearon?
— No realmente, pero ella sigue enfadada.
— Está muy preocupada. Siempre que vas solo te pasa algo. No lo vuelvas a hacer.
— Lo sé, lo siento.
Pasaron un par de días y las cosas mejoraron entre ellos. Mazzima no había vuelto a hablarle de forma amenazante y de alguna manera, yendo en contra de todo su orgullo, era gentil y su perfecto y casi inmóvil rostro siempre tenía una sonrisa para él.
Les prometió a ambos que no iba a volver a irse solo por Hogwarts.
Pero un día rompió su promesa, no era que fuera a hacer algo en especial, se le habían olvidado sus dulces en la habitación. Les avisó a sus amigos pero al parecer estaban esimismados en hacer un recuento en todas las tareas que les habían dejado así que se marchó en silencio.
Se topó con Rose.
No supo que hacer más que mirarla. Le gustaba pero de alguna manera Rose le había roto el corazón, le había decepcionado. Segundos después Mazzima llegó por él.
Él intentó explicarse y ella le tomó del brazo lastimándolo.
— Mazz…
— Mazz nada… ¿Eres imbécil? Acaban de colgar a un chico del tobillo en medio de las escaleras. Nos diste un susto de muerte, pensamos que eras tú.
Lo siento.
Ella suspiró.
— Sólo no vuelvas a desaparecerte así. No importa lo ocupados que estemos. — Se puso a llorar. — Además lo siento si te traté así enfrente de ella. Pero me puse furiosa. No lo controlo.
— ¿A qué te refieres?
— Scor, estoy sintiendo celos. Son horribles, siento que me escoce la carne. — Scorpius le abrazó. Mazzima estaba sufriendo por la naturaleza de Rusalka. Los celos enfermizos. — No quiero ser como mi madre.
— No te preocupes. Anda vamos con Severus, él siempre te pone tranquila.
