Hola, cuanto tiempo xd tengo tiempo sin publicar un fanfic IchiRuki, pero es que sería una lástima desperdiciar el evento y aún más este fanfic que vengo escribiendo desde 2019, así que perdonen que vuelva con otro fanfic (que ya está completamente maquetado y sólo es que supere las ñañaras que me da escribir jajaja).
Advertencia: Esta wea es rancia, te lo advierto. Si has leído mi Let it Burn, este es más "transgresor". O al menos, eso creo yo, seguro hay fanfics del ship mucho más fuertes pero a mí como me da cosa siquiera publicarlo me siento en la necesidad de advertir. Otra advertencia es que Ichigo y Rukia a ratos son medio inmaduros pese a su edad y hacen cosas medio estúpidas, pero es a favor de la trama. Gracioso porque yo escribí esto pensando en p0rn0, pero de algún modo acabó siendo un fanfic larguísimo.
En este fanfic ignoro vilmente la saga chistosa, así que si no la han visto bien por ustedes, no se comieron esa kgda como yo, pero si tuvieron el infortunio, aquí no pasó nada de eso. Si hay alguna inconsistencia con el canon, una disculpa, hace mucho vi Bleach y yo quería escribir algo horny.
Disclaimer: Bleach le pertenece a Tite Kubo, para bien o para mal jaja ptm
Sin más, ¡nos leemos al final!
Nidos
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Rukia trató de sentirse molesta cuando se dio cuenta de que había sido cruelmente despertada a propósito. Justo cuando estaba a punto de decirle al idiota de Ichigo, al que le daba la espalda, que él era quien tenía clases y no ella, y por lo tanto no tenía excusa para alejarla del hermoso mundo de los sueños, notó que su mano estaba en su seno, jugando con algo de premura con el pezón, que obviamente estaba reaccionando, endureciéndose ante su tacto.
Esto no era normal. No del todo.
—Ichigo—le regañó, no porque le resultará molesto, sino porque cada uno tenía sus propios compromisos que cumplir, sin mucho tiempo para un mañanero. Eso sumado a que esto era inusual, pues Ichigo solía "comportarse" por las mañanas.
Eso sumado a que anoche el sexo había sido tan intenso que le sorprendía que no se encontrara satisfecho. Aunque, bueno, llevaba unos días más… más cariñoso que de costumbre.
Gracias a los fosforescentes números rojos del reloj digital en la mesa de cama podía ver que ya era tarde, además de que había más luz solar de lo usual. Tenía que ponerse de pie, el papeleo no se iba a empezar a hacer solo. Trató de apartarse, pero, para poca sorpresa de Rukia, eso sólo sirvió para que Ichigo la apretara más contra él, y que, en consecuencia, su pene quedara entre sus nalgas.
Ni siquiera se iba a sonrojar a estas alturas, su erección era muy prominente, se sentía un poco más grande de lo normal, e incluso podía sentir que estaba ya húmedo por su líquido preseminal.
«Cabrón», no pudo evitar pensar cuando él se movió de tal manera que la carne palpitante estuviera entre sus piernas, buscando el modo de entrar en su intimidad que obviamente aún no estaba preparada, pero que no tardaría en estarlo por los roces.
Rukia apretó las sábanas, no importaba que tanto quisiera, porque ella siempre estaba deseosa de él. Ambos tenían trabajo que hacer.
—Hey, más vale que te detengas. Tienes que ir con el profesor Yoshinaga en 40 minutos— dejó salir un quejido al sentir que Ichigo empezó a besar su cuello—. No es justo. Te vas a ir y me vas a dejar con las ganas.
Cuando trató de alejarse de nuevo, le escuchó gruñir.
Rukia se quedó helada.
Ella conoce a Ichigo, tanto que a veces le daba miedo: Cada pequeño detalle imperceptible, cada gesto del que ni Ichigo era consciente, sus deseos más oscuros y sus temores más banales. Por eso sabía que ese gruñido definitivamente no era normal. No sonaba como el que hacía cuando algo le molestaba, ni como cuando por accidente acababa quemándose con el café, y si bien, quizá para alguien cuyo oído no fuera tan refinado como el de Rukia, habría podido pensar que era causado por el deseo que sentía justo en ese momento. Pero Rukia sabía marcar la diferencia. Era pequeña, pero allí estaba. Los gemidos de Ichigo estarían por siempre implantados en su memoria, desde los que lo hacían sonar vulnerable hasta aquellos que la hacían vibrar al sentir el poder en ellos.
Era un gruñido más bajo, con la voz un tanto más ronca, con su aliento en su cuello. Sonaba… animalesco. Salvaje. Como un depredador.
Y eso le ponía mucho.
«A la mierda Yoshinaga y su asesoría». Se dio la vuelta, contenta de darse a sí misma el permiso de retozar con él pese a sus responsabilidades.
Al verlo, no pudo evitar sentir una mezcla de decepción y sorpresa.
Ichigo tenía los ojos cerrados, inclusive ahora que ponía más atención podía escuchar ese ligero ronquido que hacía algunas noches.
Estaba dormido, moviendo sus caderas ahora contra su vientre expuesto, insistente.
«Uno, dos, tres, cuatro, cinco…» la pelinegra contó, buscando paciencia. Él no disminuyó el ritmo en ningún momento. La vena en la frente de Rukia estaba a punto de explotar, igual que su calma, cuando no se detuvo, decidió que había tenido suficiente. «No queda de otra».
—¡¿Qué demonios enana?!— Ichigo se cubrió la cara con los antebrazos, ignorante a lo que estaba pasando además de que Rukia no paraba de golpearlo con la almohada.
Cuando se detuvo, se fue refunfuñando sin decirle una palabra, mascullando algo acerca de que era un idiota cachondo. Ichigo frunció el ceño, sin entender exactamente qué había hecho mal. Eso hasta que pudo ver lo que quedaba de su erección.
«Genial. Me has metido en un embrollo, de nuevo», le recriminó. Ahora a saber cómo la iba a contentar. Tan bien que habían quedado anoche.
Revisó el reloj. Las 7:32.
— ¡Mierda!
Se paró de la cama tan rápido que se lastimó el tobillo. Oh, maravillosos quince años, ¿a dónde se habían ido? Antes habría podido haber dado un salto mortal y no habría pasado absolutamente nada. Pero ya no tenía quince, sino veintinueve. Por lo cual la situación era aún más patética, ¿cómo hacía su padre para seguir con tanta energía? Alguno de esos trucos que Urahara no quería compartir, seguramente.
Aun sintiendo como el dolor subía hasta la pantorrilla, entró a la regadera. Agua fría, eso era lo que necesitaba. Esto era ya una costumbre más o menos recurrente, más de lo que le gustaría, pero sus hábitos del sueño habían cambiado y ahora le sentaba mejor bañarse con agua casi helada para terminar de despertarse. No es que tuviera mucho tiempo para relajarse, se le está haciendo tarde.
—¿Y tú, qué esperas? — le habló a su miembro viril como si fuera un ser independiente a él, exigiendo la razón por la que aún con agua tan fría que ya le estaba empezando a calar en el resto del cuerpo no abandonaba su estado erecto—. Rukia no va a venir.
Le advirtió, no obstante, sus palabras no parecieron afectar en lo más mínimo.
Esto no era normal.
Es decir, de ser Ichigo un bocón presumido se podría jactar de que no solamente tenía una resistencia legendaria en el campo de batalla, sino que, también, en la cama era tan bueno o incluso mejor, pero tenía limitaciones, y una ducha fría nunca le había fallado.
Se quedó otro minuto sin hacer nada, tan sólo esperando a que bajara.
Nada.
Frunció el ceño. Esto no era para preocuparse, ¿verdad?
—¡Veinte minutos! — le gritó Rukia desde su pequeña oficina. No era suficiente tiempo como para darle una visita rápida para acabar con su "problema". Le tomaba casi quince minutos llegar a la universidad, y no podía faltar, necesitaba esos créditos para el doctorado.
—Será para la próxima— se prometió a sí mismo y a su virilidad, aún algo dura, pero menos prominente, mientras salía de la ducha.
Rukia escuchó como Ichigo cerró la puerta principal con fuerza, le quedaban menos de diez minutos para llegar, iba a tener que correr.
—Al menos podrías haberte despedido— reclamó. Bueno, quizá debería de dejar de esperar llevar una vida doméstica con él cuando evidentemente la cosa no iba para ese rumbo.
No con ellos viviendo vidas tan diferentes.
Ichigo vivía su vida en su propio mundo y ella, como desde el principio, era una invitada que eventualmente tendría que volver al suyo. Esto era meramente temporal, ni siquiera sabía cuánto tiempo más le permitirían operar remotamente. No había tiempo para esas tonterías infantiles que le habían metido subliminalmente los manga shoujo y josei.
Eso no quería decir que no aprovechaban las posibilidades que se les presentaban. Claro que no. Desde hace casi siete años dejaron que las cosas subieran de tono, más de lo que Rukia se hubiera siquiera atrevido a imaginar. Su relación, al igual que ambos, entró en una etapa más adulta y placentera.
Las mejillas de Rukia empezaron a arder al recordar la manera en que los ojos de Ichigo la veían la primera vez que intimaron, justo después de una de esas fiestas de Ichigo en dónde con unas copas de más tomó el valor para besarla. Una cosa llevó a la otra y cuando menos lo esperaba, Rukia se encontraba sobre la cama, con Ichigo besándola entre sus piernas. Él levantó la vista, aún concentrado en su tarea, pero deseoso de verla, Rukia en ese momento pensó que sus irises eran oro líquido que le quemaba todo el cuerpo.
Había sido la primera experiencia verdaderamente erótica de su larga vida.
Y desde entonces Ichigo no se cansaba de ella, siempre encontraba la chispa necesaria para incendiarla en cuestión de minutos. Se dejaron llevar por esas sensaciones y cesó la búsqueda en otros de aquello que tenían juntos. Por más veces que se separaron debido al trabajo de Rukia, y que ella le aclaraba que no era necesario, Ichigo permanecía fiel. No es que Rukia quisiera a alguien más. La vida se sentía tan bien después de décadas de soledad, y Rukia no se quejaba, pero… le hacía falta algo.
Sabía bien que era, aunque se negaba a siquiera planteárselo a Ichigo.
Rukia deseaba una familia con Ichigo.
Si, ya sabía que tenía una familia, o más bien dos, en la Sociedad de Almas con su Nii-sama, Renji y Ukitake, y acá en el mundo de los vivos con Isshin-san y las niñas. De igual forma, también era consciente de que Ichigo y ella apenas y podían coexistir, que a veces olvidaba actuar como una mujer enamorada y era más como su superior e Ichigo acababa cuidándola hasta de las situaciones más mundanas, sin embargo...
Rukia se mordió los labios, temerosa de ese deseo.
«Quiero un bebé».
Sonaba tan ajeno a ella misma, incluso en sus más profundos pensamientos. Ella, una sobreviviente, una teniente del Gotei Trece, una soldado forjada para la guerra, añorando algo tan mundano. Hasta las jóvenes japonesas preferían el estudio y escalar en la pirámide laboral antes que tener un hijo.
Pero Rukia lo ansiaba. Se dejaba perder entre sus más íntimos deseos, en donde podía ver a un pequeño de cabellera naranja gateando por los pasillos del departamento mientras terminaba de hacer el papeleo e Ichigo preparaba la cena. También le gustaría saber la reacción de Byakuya Nii-sama, él se vería tan lindo jugando con su mini zanahoria. O lo loco que se volvería Ukitake con él, malcriándole con golosinas y juguetes. E Isshin, estaba segura de que Isshin se moriría de felicidad de por fin tener a su primer nieto.
Oh, todo lo que podría hacer con un pequeño pedacito de ella e Ichigo. Llevarle al parque juntos, tirarse en el suelo a pintar con los marcadores, llenarlo de besos, ver a Ichigo alzarlo en el aire tan alto que el niño chille de felicidad, vestirle con la recién salida colección de accesorios para bebe de Chappy y que Ichigo no tenga remedio más que admitir que su hijo se veía precioso, aunque deteste al conejo, cantar esa nana que aprendió en Rukongai, aunque ni siquiera recordaba quien la cantó para ella...
Pero esas no eran más que fantasías.
Porque, ¡joder! Ichigo y ella ni siquiera eran una pareja real.
«Acostarte con tu mejor amigo no te da derecho a soñar con una familia de película».
Porque, como si su vida fuera un cliché más, sólo eran amigos con derechos. Ella lo había decidido así, en su momento sonó de lo más lógico. Rukia no sabía cuánto tiempo iba a poder quedarse en el mismo plano que Ichigo, y llenarlo de ilusiones de una relación sentimental normal para luego terminar siendo a distancia, no por metros, sino dimensiones, habría sido cruel.
Y ahora pagaba las consecuencias.
Sabía que Ichigo estaría dispuesto al compromiso, lo había intentado un par de veces en esos años aunque Rukia se negara. Ese chico, que constantemente se tenía que recordar que ya era un hombre, era demasiado bueno para su propio bien, la adoraba.
Desde que iniciaron su relación de amigovios, no aceptó más citas. Probablemente también tenía que ver que de vez en cuando se paseaba por la universidad para llevarle el almuerzo o para apoyarlo en las actividades extracurriculares, y aunque no lo hacía por eso, a la larga sirvió para que las demás mujeres supieran que había una raya que no debían cruzar.
Educada y carismática, con su porte y belleza acentuados por los bellos yukata y kimono que Byakuya le regalaba cada tanto, Rukia rápidamente se convirtió en la Yamato Nadeshiko[1] de la universidad. Una fantasía para los estudiantes e incluso profesores que no hacían más que envidiar a Ichigo y felicitarlo.
—No es mi novia. Y tampoco es una Yamato Nadeshiko. Rukia es una pequeña shinigami— dijo una vez en una fiesta, con una cerveza en la mano.
Aunque le molestó, se veía tan guapo que no pudo evitar darle su merecido apenas y cruzaron la puerta.
Esa fue una noche muy larga.
Rukia terminó de escribir el reporte y tomó el sello. Este era el penúltimo. Se dio una breve pausa para observar sus manos, admirando la banda de oro blanco en su dedo anular. Ichigo pensó que ella se había ofendido por haber dicho que no era su novia y volvió a pedirle que fuera su novia. Rukia dijo que no. Eso no lo detuvo para que en su cumpleaños le regalara un anillo. Tenía una piedra azul, un zafiro, que alguna mujer mayor le dijo que se parecía al anillo de Lady D.
Cuando le preguntó a Ichigo si era una propuesta de matrimonió bromeó que lo era si ella aceptaba. Rukia solo reía suavemente mientras Ichigo se lo ponía.
Aún sonriendo con el recuerdo. tomó el siguiente documento y su entrecejo se frunció.
'REPORTE DE CAMBIOS EN EL REIATSU DEL SHINIGAMI SUSTITUTO KUROSAKI ICHIGO'
«¿Pero… qué?».
Le había tocado llevar el control de los cambios de reiatsu de Ichigo después de que le regresaron sus poderes. Era algo necesario, aunque la transfusión de reiatsu era relativamente segura no podían garantizar que no pudieran aparecer efectos secundarios. Pero, ¿ahora? ¿A ya casi doce años del incidente?
En su momento al pelo pincho se le hicieron muchas pruebas, incluso ahora que lo pensaba el paquete que llegó a creer que era un regalo de su Nii-sama lo más seguro era que tuviera uno de esos pergaminos en donde debía de imprimir con su reiatsu.
Revisó quien había enviado el reporte.
Kurotsuchi Mayuri.
Su rostro se contrajo aún más.
Ni aunque fuera el caso iba a reportar que Ichigo había sufrido algún cambio. No se lo iba a poner en bandeja de plata a ese enfermo. Fingiría que se le perdió la prueba en la paquetería, el capitán era capaz de alterarla con tal de tenerlo entre sus asquerosas manos.
'Sin cambio alguno en el reiatsu del shinigami sustituto Kurosaki Ichigo.'
Selló y se masajeó las sienes. Ahora que lo pensaba, debería de ir a darle una visita a la universidad para disculparse por lo de esta mañana. Con lo rápido que se fue ni siquiera debió haber tenido oportunidad de tomar alguna fruta para más tarde.
Sí, tenía ganas de cocinar y decorar la comida, hacía rato que no preparaba un par de bentō[2].
Rukia caminaba tranquila por los pasillos de la universidad, destacando entre las pocas personas presentes gracias a las finas y rosadas telas que conformaban su yukata con flores bordadas. Incluso su Nii-sama la había halagado.
Si bien las primeras veces llamaba en exceso la atención, cosa que obviamente no era su intención, pues lo único que quería era utilizar los regalos de su Nii-sama, inició una especie de movimiento entre algunas universitarias que todos los meses, en el último viernes correspondiente, acudían al campus con un yukata o kimono, imitando el estilo de su adoraba "Rukia-sama".
Así es, Rukia se había ganado de un club de fangirls que la tomaban como ejemplo. Ella habría esperado que Ichigo fuera quien llamará la atención de las universitarias, pero al parecer seguía siendo demasiado intimidante, incluso si eran mujeres adultas.
No es que se quejara, Ichigo era suyo de algún modo, y las demás respetaban eso. 'Nadie se mete con su Rukia-sama y su hombre'. Alguna vez escuchó a una chica de su club de admiradoras decir, lo cual le apenó, porque ellas pensaban que estaban casados gracias a su anillo, sin embargo, apreciaba muchísimo el apoyo que le brindaban las chicas.
Pero justo ahora, Rukia se sentía como una princesa atrapada en un cuento moderno, viviendo una fantasía de su yo infantil. El campus estaba casi vacío en esta sección, ya prácticamente nadie asistía, ¿quién lo haría en su sano juicio? Y esto solamente aumentaba su ensoñación, sintiéndose como dentro de un verdadero palacio.
Se sentía especialmente risueña debido a permitirse este momento de jugueteo mental, hasta que obviamente la realidad le tenía que detener.
—Hey, Kuchiki, ¿qué haces por acá? — se detuvo por inercia al escuchar su apellido, arrepintiéndose de inmediato, ¡debió hacerse la que no escuchó nada!
—Buenas tardes, Arai-sensei— saludó al ex profesor de Ichigo, era un hombre atractivo de mediana edad que apenas y empezaba a mostrar unas pocas canas en su elegante peinado; tenía una respetable reputación en el gremio, pero el problema era que también era un secreto a voces que tendía a pasarse de la raya con las alumnas. Le recordaba demasiado a Aizen.
—¿Qué haces por acá? Creí que las clases habían terminado— preguntó mientras rompía la burbuja de espacio personal de Rukia, tomándola del hombro. Rukia se forzó a sí misma a mantener una expresión neutral.
«Temple Kuchiki, Rukia, temple Kuchiki».
—He venido a ver a Ichigo— levantó la lonchera en donde traía los bento—, olvidó prepararse algo de comer.
—No deberías de ser tan considerada con él, ni siquiera es tu novio— la empezó a llevar del hombro a la dirección inversa a la que iba—, sabes, deberías de buscar a alguien que de verdad cuide de ti.
—No necesito que Ichigo cuide de mi— le vio directo a los ojos, buscando intimidar. Un pequeño detalle que había aprendido con los varones nobles, que se sentían superiores a ella en todo sentido, que no toleraban que los vieran directamente, era un reto que no estaban dispuestos a aceptar. No tardó en girar el rostro, incómodo, obviamente no iba a durar mucho, le asustaba esa clase de contacto—. Ni tampoco de un hombre que no me puede sostener la mirada.
Caminó con elegancia de modo que liberó su hombro de la mano Arai, dejándolo atrás. O eso creyó.
—¿Así que eres una de esas? — preguntó con sorna a su espalda.
—¿A qué se refiere? — Se volteó para encararlo.
—Eres de las que simplemente les gusta "jugar" un rato a ser mujeres independientes— se relamió los labios, causándole asco a Rukia—. Deberías probar de vez en cuando con alguien más.
—No sé de qué clase de juegos me esté hablando—, caminó de regreso a su ruta original, con tranquilidad, no valía la pena alterarse—, y aun así debo de recalcar que mis relaciones sentimentales no le incumben.
—No estoy hablando de sentimientos— le volvió a tomar del hombro—. Vamos, deja que te acompañe a la sala de maestros— se inclina con la intención de hablarle al oído—. Siempre me he preguntado qué llevas debajo de tu yukata. Estoy seguro de que a Ichigo-kun no le molestara que lo averigüe.
—No hace falta que la acompañes— Ichigo la tomó de la mano, a lo que Rukia de inmediato se pegó a él, apartándola de su asquerosa presencia usando su cuerpo como una especie de escudo—, para eso estoy yo.
—Lo siento, no fue mi intención inmiscuirme.
—No hay problema, Arai-sensei— él aprovechó eso para volver acercarse a ella con cordialidad, que disfrazaba sus verdaderas intenciones y bajar las defensas de la belleza frente a él.
Rukia, aunque estaba agradecida, frunció el ceño, pues sintió una vibra desconocida de él. Los puños le temblaban de la impotencia de no poder actuar con violencia en contra del hombre.
—¿Ichigo? — le llamó, pero él decidió apenas verla una milésima de segundo, como para asegurarse de que estuviera bien, para volver a prestar atención al hombre que tenía delante.
—¿Y exactamente cuál es tu papel acá, Kurosaki-san? — preguntó con falso respeto—. Hasta dónde yo sé, no es tu novia. Aún si lo fuera, no tienes por qué comportarte como su guarura.
—No estoy actuando de forma incorrecta, Arai-sensei— habló con un poco de soberbia en su voz—, solamente me pareció innecesario el acercamiento a Rukia, que podrá no ser mi novia, que por si fuera poco no le debería de incumbir, pero es una mujer— Mi mujer, se dijo a sí mismo mientras llevaba su mano del hombro de Rukia a la cintura, apretándola contra él, sintiendo como ella se volvía su ancla para contenerse y no molerlo a golpes —. Merece respeto como toda persona.
—He sido respetuoso, no sé de qué me habla.
«Ah, fingiendo ser inocente, el muy cobarde», no pudo evitar pensar Rukia.
—Lo que he visto me basta, y le aseguro que si vuelvo a ver esta clase de comportamientos de usted hacía Rukia… No— se corrigió a sí mismo—, hacía cualquier otra chica, usted y yo no lo vamos a resolver con las autoridades del campus, sino fuera de este.
Ni Zaraki Kempachi, con sus dos metros y dos centímetros de altura, se vería tan intimidante como Ichigo en ese momento.
—Vamos, Kurosaki-san, no hace falta ponerse violentos— sacudió las manos frente a Ichigo, exasperándole aún más. Obviamente Arai no iba a siquiera intentar continuar, era demasiado cobarde—, había escuchado que llevabas unos días insoportable, pero no creí que hasta este punto. Lo lamento en serio.
—A quién le debe una disculpa es a Rukia.
—Me disculpo por mi comportamiento, Kuchiki. Ha sido un malentendido —le ofreció la mano como una ofrenda de paz, Rukia se quedó en frío silencio, viéndole con reclamo por su cinismo. No la iba a tomar. Él, frustrado, se llevó usó la misma mano para acomodarse el cabello.
—Nos retiramos— anunció Rukia, tomando a Ichigo del brazo—, con permiso.
Se retiraron en perfecta sincronía, como si fueran dos piezas que funcionaban a la perfección, cuando llegaron a la sala de maestros, apenas y cerró la puerta, Ichigo le habló preocupado.
—¿Estás bien? —Rukia asintió mientras dejaba la lonchera sobre la mesa, ahora más cómoda que estaba a solas con él.
—Gracias por lo de allá. No hacía falta que hicieras eso, pero te lo agradesco— su gratitud era genuina, estaba contenta de que Ichigo haya actuado, y sobre todo cómo lo hizo—, me sorprende que hayas podido confrontarlo sólo con palabras.
—Oye, que no soy nada más puños y espadazos —se defendió mientras traía una silla para sentarse a su lado, Rukia ya había ocupado la única puesta.
—A veces lo pareces —dijo Rukia, medio en broma, medio en serio.
—Ya, ya. ¿Podrías simplemente agradecer sin que acabe siendo criticado?— Molesto, replicó.
Ichigo notó como Rukia se le quedó viendo sorprendida, no se veía molesta, más bien parecía receptiva a ese cambio de humor.
—¿Te he hecho sentir mal, Ichigo? ¿Por qué no me lo habías dicho?
—No lo sé— realmente, antes, no lo había considerado un problema, pero justo ahora se sentía como un cavernícola—, supongo que sólo estoy muy molesto, porque entiendo por qué me dices esas cosas. Pero es que no lo puedo evitar. Lo vi cerca de ti y me hirvió la sangre, no quiero que alguien se meta contigo. Tenía tantas ganas de golpearlo.
—Lo sé, lo sé— le dio la razón, no tenía argumentos para discutir, y francamente no quería hacerlo, Rukia sintió que se le ablandó un poco el corazón. Ichigo y su densidad de siempre, aquella que más de una vez le impedía acercarse a él. No era la primera vez que dejaba pasar un tema para concentrarse en otro.
—Honestamente estaba celoso— Eso tomó de sorpresa a Rukia, Ichigo no era peculiarmente especial en eso.
—Yo no voy a dejar que nadie me aparte de ti, Ichigo— Él se removió inquieto, sabía que en sus palabras no había nada más que verdad, podía sentir la honestidad de Rukia acariciarle el ego, pero algo dentro de él, algo que no entendía, le hacía sentir así de inseguro—. Aunque, bueno— Rukia se dio cuenta de lo que había dicho, Ichigo se sintió alerta—, no es que te pueda dejar si no somos nada, ¿cierto?
Ella soltó una risa nerviosa, y bebió agua acalorada, sintiendo pena por haberse abierto tanto a Ichigo. La parte consciente de Ichigo sabe que debería decirle algo lindo, pero su parte más bruta es la que toma control de su cuerpo.
—¿Ne… Rukia?— la nombrada le dirigió la vista, aun masticando el trozo de carne de res, con restos de salsa de soya en sus labios, Ichigo, con un destello de dulzura la limpio con su pulgar. Rukia pudo sentir como el calor invadía su pecho, este era un hábito relativamente común de Ichigo, sin embargo, siempre logra enternecerla.
—¿Qué sucede? — pregunta, relamiéndose la piel de los labios, impaciente por lo que Ichigo tiene que decirle.
La mano de Ichigo baja y se dirige a su muslo, lo acaricia despacio con sus dedos índice y medio por encima del yukata.
—Hay que hacerlo— aprieta la carne tierna, tentando aquello que conoce bien. Rukia se ruboriza con mayor intensidad.
—¿Aquí? — preguntó incrédula. ¿Desde cuándo Ichigo tenía esa clase de deseos?
—¿Por qué no? Lo que dije antes era verdad. Ese yukata que traes hace que quiera quitártela— ese había sido un comentario que hizo hace bastante tiempo. Le besó la mejilla, pero no era un beso inocente, no, Rukia podía sentir a través de cada uno de los poros de su piel el deseo que Ichigo sentía por ella.
—Estamos en la universidad, en la sala de maestros— trató de mantener la compostura, aunque la mano en su muslo se la estaba haciendo difícil.
—Ya lo hemos hecho en la casa de Byakuya. Fuiste tu quien lo pidió. Pude haber muerto.
—E-eso es diferente— se excusó a sí misma—, y Nii-sama no habría hecho algo así.
—Estoy seguro de que si supiera de todo lo que te he hecho ya estaría colgado— le mordió el lóbulo de la oreja, ahora metiendo la mano debajo del yukata, acariciando la piel, tentándola.
No sabía que le estaba poseyendo, ni porque le permitía tener este poder sobre su cuerpo.
—Ichigo…
—Anda, no seas mala. Yo te dejaba hacerme piojito en el área verde del campus, aunque todo mundo pudiera vernos.
—No trates de chantajearme— Rukia percibió como el calor conocido se aglomeraba en su bajo vientre, la prueba del deseo que Ichigo la hacía sentir con tanta facilidad. Pero su orgullo es más grande—. No va a funcionar.
Le aparta la mano, y toma su silla para alejarse un poco de él, no fuera a ser que se acabará traicionando a sí misma.
Ichigo siente la imperiosa necesidad de gruñir, frustrado. Eso le hace sentirse consternado de sus propias acciones, incluso le asusta.
Sí, era usual sentirse frustrado al lado de Rukia, siempre había sido así, la pequeña descarada encontraba tal forma de meterse entre las más finas fibras de su ser, burlándose de él de pequeñas maneras como si fuera lo más sencillo del mundo y con la increíble capacidad que tenía para que lograra perdonarla casi de inmediato.
Lo mejor es que era precisamente esa la razón por la que la quería tanto.
«La enana es un encanto andante». Pensó mientras ella dejaba de lado el bento para pasar directamente a comer sus pepinillos, aún no terminaba de entender porque le gustaban tanto. Aunque siendo sincero, tampoco entendía porque ella le gustaba antes.
Ella siempre fue una inconsistencia en su vida, eso que apareció, mueve todo aquello que conocía y luego se va, dejándole como un desastre, y después volvía para encender su espíritu una vez más, haciéndole crear caos y destrucción en los tres mundos.
—¿Podríamos al menos…? — trató de sugerir, sin embargo, la mirada iracunda de su pequeña mujer que hizo saber que debía de callar.
Y sí, sonaba imposible, pero Rukia era su mujer.
Debería de formalizar con ella, decirle que quería todo de ella, pero, ¿y si ella decía que no de nuevo? Es decir, para Rukia ser teniente era el honor más grande de su vida, tomar el lugar del hombre que tanto admiró era algo sumamente importante para ella, no iba a perderlo por estar jugando a las casitas con él.
E Ichigo aceptaba eso.
La amaba demasiado para pedirle que hiciera ese sacrificio por él, no era un egoísta de mierda como para que ella tuviera que renunciar a lo que tanto le costó por él.
«Supongo que vale la pena verla así». Sí, verla robar su porción de postre valía todo en el mundo.
—Oye, eso es mío— le reclamó, con falsa molestia en su voz, porque en realidad lo hacía por el mero placer de hacerlo. Rukia le mostró la lengua, haciendo caso omiso a sus palabras.
—Demasiado tarde— Rukia se burló, llevándose el bocado a la boca. E Ichigo la sintió más hermosa que nunca, con sus labios rosados y los ojos brillando por la travesura cometida.
Sintió como su miembro se endurecía con tan sólo verla así de cerca, como un vil adolescente hormonal.
No entendía cómo su cerebro iba del extremo de glorificar su existencia a desear profanarla de las formas más viles.
Se removió incómodo, tratando de evitar pensar en qué podría hacerle para tratar de reflexionar acerca del porqué se estaba sintiendo así. Durante su pubertad y adolescencia se mantuvo muy tranquilo, ocasionalmente teniendo la natural necesidad de "descargarse", pero una vez que empezó la vida universitaria se dejó llevar. Tuvo una novia y una "amiga", y si bien en más de una ocasión llegó a estar a punto de hacerlo, nunca logró concretar el acto. Aunque sí ayudó para darse cuenta de algo que le gusta mucho: el sexo oral. Más que recibirlo, darlo. Esencialmente fue una época para aprender y explorar qué sirvió mucho cuando explotó con Rukia.
Rukia había sido el objeto de su afecto y fantasías por mucho, mucho tiempo. Se negaba a pensar que su rechazo a perder la virginidad era a causa de sus sentimientos por ella, eso sonaba demasiado cursi.
Pero suponía que era la verdad.
La primera vez que logró llevarla a la cama sintió tal emoción, una adoración total a ella, que su reiatsu se descontroló y en el Gotei mandaron shinigami para comprobar que todo estuviera bien. Fue demasiado complicado de explicar.
Y aunque empezó a mejorar en el control del reiatsu en la intimidad, su lívido explotó como nunca antes.
La cadera le dolía, los muslos de Rukia llegaron a mostrar ligeros signos de abrasión de tanto roce, incluso ella a veces quedaba como un desastre temblando entre las sábanas o en el suelo. Tuvieron que ponerse límites por el bien de ambos, aún y cuando todo lo que querían era recuperar el tiempo perdido. Tantos años de tensión sexual no se iban a deshacer con unas semanas.
E Ichigo a la fecha se sentía satisfecho, o al menos así se debería sentir, porque anoche, el sexo fue exorbitante, como si llevara años sin hacerlo con Rukia y la extrañará como nunca.
Y se sentía así de nuevo.
Si al menos se pusiera sobre la mesa, dejará que le levantará el yukata y abriera sus lindas piernas para comerle el coño sería suficiente.
Ichigo se sonrojó. No era normal que usará esa clase de lenguaje, hacía falta que estuvieran en un momento muy intenso durante el sexo para hablar sucio, lo cual solía pasar a menudo, pero no así de casual, como ahora.
¿Estaba pasando algo malo con él?
—Ichigo— ella le obligó a salir de sus pensamientos obscenos e incertidumbre—, ¿tienes una botella de agua?
—No.
Ella arrugó el entrecejo, no molesta, sino confundida.
—¿Entonces por qué estás comprando tantas? Esperaba que tuvieras acá un par y por eso no traje más. Estás llenando la alacena de botellas y comida enlatada, instantánea, congelada..., ¿todo bien?
—Sí— se encogió de hombros—, pensé que era buena idea, no son productos perecederos de todos modos.
Rukia levantó su pequeña ceja izquierda, gesto que Ichigo en el fondo consideraba adorable.
—Estás muy raro últimamente.
—No es nada— se apresuró a aclarar—. Ya he aprendido que cuando pasan cosas malas, lo mejor es contarte todo, que siempre acabas salvando mi trasero.
—Vale— no se sentía del todo tranquila, no le gustaba que no pudiera crear alguna hipótesis del porqué de esos cambios, pues no encontraba lógica en ellos—, pero me dirás si necesitas ayuda, ¿verdad?
—Sabes que lo haré— le tomó de la mano y le besó los nudillos cariñosamente. Rukia sintió como la calma le invadía. Sabía que no importaba que tan estúpida o peligrosa fuera la situación, iba a estar allí para él.
Cuando Rukia iba en el metro de regreso a casa, recibió una notificación en el celular, una misión. Usualmente no le tocaban, quizá aún no llegaba el relevo. Bueno, nunca estaba de más tener un poco de acción.
—Tadaima[3]— le había tomado tiempo de más, pero estaba en casa.
—Bienvenida, pyon— le recibió el alma modificada usando su cuerpo falso, dando saltitos de emoción—, ¿salió todo bien, Rukia-sama?
—Sí, gracias— le sonrió, cualquier otro shinigami habría vuelto al gigai de inmediato, pero llevaba rato sin dejar a Chappy usarlo, y suponía que debería de estar aburrida. Además, le divertía mucho verse a sí misma actuando como una niña, ¿dónde está Ichigo?
—Preparando la cena, pyon.
Rukia asintió y se quitó las sandalias, caminando por el departamento hasta que llegó a la cocina. Sonrío viendo a Ichigo cortar las verduras.
—Hola— le saludó, e Ichigo no contestó—, ¿Ichigo?
—Ah, lo siento— su voz sonaba tensa, como cuando está molesto pero no quiere que sepas que lo está—, ya estoy preparando la cena, si quieres puedes ir a darte un baño.
—¿Actuando como una ama de casa cariñosa? — se mofó un momento del estereotipo de la mujer japonesa abnegada, pero a Ichigo no le pareció divertido su comentario—, ¿pasó algo en la universidad?
—No, todo está bien— sonaba casi mordaz, apenas y arreglándoselas para pronunciar las palabras.
—Ichigo— Era una advertencia, casi una cuenta regresiva para que soltara aquello que le estaba molestando.
—Ve a bañarte— era una orden, fuerte y concisa.
—¿Por qué? Sólo he sudado un poco. Me bañaré después de comer, tengo hambre.
—Ve, por favor.
—¿Desde cuándo te doy asco? — preguntó indignada, nunca la había tratado así.
—No me das asco, Rukia, por favor— en todo ese tiempo Ichigo no había dado la vuelta a verla. Estaba actuando en piloto automático, siguiendo con la preparación de la cena.
Rukia suspiró. Se dio la media vuelta, molesta. No entendía qué pasaba con Ichigo, y aunque no era correcto, dejó que su enojo la guiará. Se dirigió a la sala, donde Chappy jugaba con los marcadores.
—Lo siento Chappy, voy a ir a comer algo fuera— el alma, que parecía totalmente ignorante de todo lo anteriormente acontecido, con una sonrisa se acercó a Rukia.
La pelinegra todavía no acababa de escupir la píldora cuando ya estaba caminando hacía la puerta.
Mentiría si dijera que no esperaba que Ichigo le pidiera que no se fuera.
Pero no lo hizo.
Joder, ¿por qué tenía que ser todo tan complicado? ¿Realmente valía la pena? Lo habían pasado tan bien en el campus, ¿se estaba vengando por negarse a tener sexo en la sala de maestros? Pero entonces no habría empezado a hacer la cena, tampoco es que Ichigo alguna vez hubiera reaccionado de manera mezquina cuando ella se negaba.
«¿Entonces qué carajo fue eso?».
Pidió un plato de soba, y con este se comió todo el coraje que tenía. Pero ni eso fue suficiente, tampoco la caminata de regreso a casa, así que cuando regresó al departamento, no se dignó en avisar su llegada.
Vio molesta que las luces estaban apagadas, y sin pensárselo mucho fue a darse un baño con agua caliente para finalmente ir a refugiarse con su antigua habitación. Pese a su intención de dormir, no fue capaz de conciliar el sueño.
Escuchó como la puerta se abría con cuidado, cualquier otro no lo habría notado, pero ni las décadas de vivir en las seguras instalaciones de la mansión Kuchiki le habían logrado aliviar años de tener sobrevivir en el Rukongai.
Lo escuchó entrar. Debía de pedirle que se fuera, preguntarle si no había sido una señal clara el que no hubiera ido a dormir con él.
Para cuando menos esperaba acabó metiéndose debajo de las sábanas, abrazándola por detrás, atrapando su pequeño cuerpo con el suyo, aprovechando el limitado espacio de la cama individual.
—Lo lamento— le dio un beso en el cuello.
Rukia pensó que debía ser fría, hacerle sentir su frustración. Pero no pudo, no encontró la fuerza para ello. Ya lo había perdonado. La abrazó, sin malas intenciones en el acto, estaba siendo sincero.
—Mañana me comeré el sukiyaki— había visto el platillo en la mesa envuelto con film plástico, preparado para que se lo comiera al regresar.
—Está bien, yo fui el que la cagó.
—¿Qué fue lo que pasó?
—No es nada.
—Dime— era un ruego. Ichigo se quedó en silencio, Rukia se mordió los labios, pero aun así no la detuvo lo suficiente—, ¿hay alguien más?
Lo dijo con verdadero miedo, e Ichigo la abrazó con más fuerza.
—No— su cabello naranja le empezó a hacer cosquillas en el cuello—, sólo tú, Rukia— se cayó decir que jamás había habido nadie que no fuera ella—. Nadie más.
Rukia notó como se iba calmando poco a poco, pero no solucionaba las cosas.
—¿Entonces por qué te has enojado?
—No lo sé— admitió, Rukia supo distinguir la confusión en su voz—, es sólo que cuando te sentí llegar, algo dentro de mí me hizo sentir molesto.
—Sabes que tengo que tomar misiones— supuso que tal vez no le había agradado que estuviera de nuevo luchando contra hollows.
—No es eso. No creo que un simple hollow pueda siquiera hacerte un rasguño, confío en ti— y sí, les había tomado mucho llegar a ese acuerdo en el que Ichigo no acabará metiéndose en las misiones que le asignaban—, pero ese aroma que estaba emanando de ti...
—Eso no es lindo— aunque tampoco le iba a confesar que al volver de su cena se había lavado el cuerpo y cabello con especial ímpetu.
—Olías a hollow.
Rukia no supo qué decir ante eso, ¿qué se suponía que significaba?
—¿Desde cuándo los hollow tienen olor?
—Ni puta idea— trató de bromear, apartar el tema.
—Actúas raro, Ichigo.
—¿Acaso no siempre ha sido así?
—Lo digo en serio— consideró comentarle lo que había enviado Mayuri, quizá si debía de preocuparse. Cerró los ojos, concentrándose en sentir el reiatsu de Ichigo alrededor de ella.
Cálido, abrumador incluso para alguien que no estuviera acostumbrado, pero para Rukia ya era una caricia que servía para calmarla, así había sido desde que él destruyó el Sokyoku por ella.
Seguía siendo el mismo Ichigo de siempre.
Se relajó, por fin estaba en el lugar que debía estar.
—Descansa, enana, ya te hecho pasar un mal día— le besó el hombro, disculpándose una vez más.
—Descansa, Ichigo—, se calló el "te amo" que le ardía en la garganta. No sería apropiado.
Ichigo se acomodó para poner su nariz contra su cuello, aspirando su aroma, calmándose al comprobar, de nuevo, que ese olor extraño había desaparecido.
Ichigo se levantó temprano la mañana siguiente, al parecer estaba demasiado cansada que aun a pesar de haber sido despertada, se volvió a quedar dormida de inmediato.
Después de todo, no es que hubiera muchas cosas que hacer.
Se recalentó el sukiyaki y encendió el televisor, rompiendo su propia norma de no comer en el sofá. Tomó el celular y mandó unos cuantos mensajes, no tardó mucho en ponerse de acuerdo con las chicas para -por fin- reunirse.
Casi saltando fue a arreglarse para la reunión. Como le ponía contenta ir a verla.
Salió esta vez más casual, pero caminaba enérgicamente, Orihime no vivía muy lejos de todos modos, pero quería llegar pronto.
Apenas y su amiga abrió la puerta, la vida tomó otro color.
—Holaaa, pequeñoooooo— le pellizcó con suavidad las suavecitas mejillas, y el pequeño chilló de felicidad por el gesto.
—Hoshi ya te extrañaba— Orihime bromeó, aunque era verdad, ambos se adoran mutuamente.
—¡Kiaaaaa! — el pequeño balbuceo, tratando de decir su nombre mientras le extendía los brazos a Rukia, deseando que le cargará.
—Ven acá, terroncito de azúcar— Rukia casi casi le arrebató al bebé de cabellos castaños a su amiga. Orihime rió mientras entraba a la casa con Rukia y su hijo detrás de ella.
—Hola, Rukia-chan— le saludó Rangiku desde el suelo de la sala, sentada frente al televisor.
—Hola— Tatsuki fue más breve, pero igual de cálida.
—Hola, Tatsuki. ¡Rangiku-san, que milagro que nos puedes acompañar! — Rangiku le sonrió para después beber de un sólo sorbo la cerveza. Ya no le era tan fácil escaparse del capitán Hitsugaya como antes.
—Reunión de chicas, ya me hacía falta. No todas tenemos la ventaja de que nos dejen vivir bajo el mismo techo con nuestro hombre— bromeó mientras abría una nueva lata.
—Ichigo no es mi hombre— se defendió mientras se sentaba a su lado, cruzando las piernas. Empezó a jugar con el pequeño, tratando de expresarle a Rangiku que no le importaba el tema. Tatsuki se rió por ese intento en vano, que todas allí sabían de su relación desde los inicios de la misma.
—Ya, ya, ya, si tú lo dices, pero igual la tienes más fácil, tengo las narices del capitán sobre la nuca todo el tiempo. Aunque seguramente Ukitake te dejaría hacer lo que quisieras, te consiente demasiado.
—Oye, tengo tanto trabajo como tú, Rangiku-san, además, vivir con Ichigo tampoco es fácil.
—Confirmo, y eso que sólo lo tenía que ver en el dojo y un par de horas en la escuela— bromeó Tatsuki.
—Si, Tatsuki-chan, pero lo difícil para Rukia es que no le deja salir de la cama— Rangiku le dio un codazo juguetón.
—Shhh— Rukia le calló mientras le cubría las orejas del pequeño que levantó la mirada hacía ella, curioso por sus acciones.
—Tiene dos años, no pasa nada— Rangiku le trató de alivianar.
—Nada de palabras sucias, Ran— le dijo Orihime desde la cocina.
—¡No he dicho nada! — se defendió— dije "cama", eso no está en la lista negra.
—Hummm— Orihime hizo puchero mientras entraba en la sala con unos bocadillos. Traía un plato aparte para que Rukia y Tatsuki no tuvieran que compartir de las mezclas de palomitas con crema de cacahuate, queso amarillo derretido y jamón que tanto le gustaban a ella y Rangiku—, te has salvado esta vez.
Rangiku rió estrepitosamente, ya le hacía falta venir a pasar un tiempo en casa de Orihime.
—Pero vamos, en lo que elegimos la película dime que tal va todo con Ichigo— le pidió la rubia, buscando entre los cientos de opciones disponibles. Tatsuki estaba al pendiente de la pantalla, no quería que volvieran a poner Titanic.
—Ichigo ha estado raro— eso captó la atención total de las otras tres mujeres, que dejaron de ver la pantalla para verla a ella.
—¿Raro? — preguntó Rangiku para corroborar.
—Sí, son cosas pequeñas, no debería de preocuparme, estoy siendo tonta.
—No, no estás siendo tonta— Orihime le corrigió—, si notas un cambio en Kurosaki-kun es porque es real.
—Estoy de acuerdo con Orihime, ¿raro cómo? — Tatsuki la apoyó.
—Bueno, ayer tuvimos una discusión.
—Nada novedoso— Bromeó Rangiku. Rukia sonrió a fuerzas, si, a veces le gustaría haber dejado las reprimendas que le daba a Ichigo en su adolescencia en privado y no explotar frente a un público. Ahora muchos pensaban que su relación se basaba en ello.
—Bueno, llevábamos buena racha— dejó eso atrás, no se iba a distraer de lo importante, quizá ellas le pudieran iluminar en estas dudas recientes—, lo raro fue el motivo, fui a una misión y quería que me fuera a bañar de inmediato apenas me sintió a unos metros.
—¿Cree que debes oler a flores después de sudar? No esperaba que fuera así— Orihime se quedaba en silencio, escuchando, Tatsuki aún no escuchaba lo suficiente para hablar, pero Rangiku es la amiga que da su venenosa (pero casi siempre asertiva) opinión.
—Dijo que olía a hollow.
—¿Hollow? ¿Los hollow tienen olor?
—¡Eso mismo le pregunté! — le dio toda la razón a Rangiku, Orihime metió una porción de las palomitas en la mezcla de queso y crema de cacahuate.
—Los hollow tienen olor— afirmó Orihime mientras se llevaba un puño de palomitas a la boca, Rukia, Tatsuki y Rangiku le miraron incrédulas—. ¿Qué?
—¿Cómo que los hollow tienen olor? ¿Desde cuándo?
—¿Nunca lo han notado? No todos huelen igual, obvio, pero los débiles suelen tener un olor característico, como humedad rancia, si son algo más fuertes huelen un poco mejor, como…—se quedó pensando unos segundos el modo en que iba a describirlo—, hojas mojadas. Los Arrancar igual pueden oler así, pero suelen oler más rico… a tierra mojada, pero mezclados con otros aromas particulares, incluso dulces, como Nell que huele a vainilla.
—¿C-cómo llegaste a esa conclusión? — Tatsuki preguntó incrédula, aún con los años no terminaba de entender a su mejor amiga. Orihime se encogió en hombros, y sonrió cuando su retoño salivaba por los deseos de comer lo mismo que ella.
—Perdón, bebé, esto no es para ti— en cambio, se limpió la mano con una servilleta y le pasó un platito con fruta picada a Rukia, que empezó a darle trocitos que Hoshi comenzó a chupar de inmediato, observando a las cuatro mujeres, tratando de entender de alguna manera que estaba pasando.
—Bueno, entonces Ichigo no se está quedando loco— Rukia se dijo a sí misma. Quizá se había pescado un hollow con una esencia especialmente fuerte—, pero eso no explica que esté juntando botellas y comida en lata.
—Debió estar en oferta, no pudo resistirse a comprarlo y no te lo quiere decir porque sabe que no es necesario— sugirió Orihime, aunque obviamente Rangiku no se iba a quedar atrás.
—Ichigo sí está loco, creí que eso había quedado claro cuando usó dos veces la magnífica estrategia de invadir dos diferentes dimensiones desconocidas sin tener una puta idea de lo que estaba haciendo más que blandir su espada.
—Ah, ah, ah— Orihime le extendió un jarrón con unas cuantas monedas dentro.
—Eres tan mala—Rangiku hizo un puchero sacando su monedero, depositando una moneda de cien yenes con lágrimas falsas.
Rukia no pudo evitar sentir algo de pena ajena por la actitud infantil de su amiga.
—Creo que no hay nada de qué preocuparse, Kuchiki-san. ¿No están distantes, o sí?
—De hecho, está muy atento, me ha estado preparando solamente cosas que me gustan, y estoy casi segura de que pronto le convenceré de que tengamos un conejo en casa— dijo Rukia con brillos en los ojos, las demás le vieron con gotita resbalando por la sien.
—Ah, pensé que eran cosas como, que no quería… tú sabes— Rukia se quedó primero pensando a qué se refería su amiga de cabello naranja, hasta que después de unos segundos (y una seña muy particular que hizo Rangiku con las manos) comprendió. Sexo. No entendía porque alguien como Orihime, que ya tenía un hijo, le daba tanta pena usar esa palabra.
—Oh, está más cachondo ahora que lo mencionas— soltó con naturalidad.
Rangiku escupió la cerveza, Tatsuki estaba luchando por evitar hacerse una imagen mental de los dos shinigamis en la cama y Orihime se sonrojó. Después de eso Rangiku rió de tal modo que parecía que iba a morir de tanto hacerlo, sosteniéndose la barriga pues le empezaba a doler de tantas risas.
—No, no, no lo puedo creer— seguía riéndose—, oh, Dios. Santo Dios.
—¿Q-qué tiene de malo?
—Jamás pensé que escucharía a la pequeña Kuchiki Rukia-sama decir "cachondo", me pregunto qué otras cosas debe de hacerte decir en la cama—dijo dándole un codazo, riendo sin parar.
Las mejillas de la menuda pelinegra se tiñeron de rojo, no había pensado que eso fuera a causar tanta gracia.
—No siempre puedo decir cosas como "hacer el amor", que tanto te quejabas de eso.
—Kuchiki-san— le pasó el bote Orihime.
—Ni siquiera está en la lista, no me quieras engatusar— le pellizcó la mejilla.
—Será para la próxima— Tatsuki le frotó la cabeza, consolándole.
—Oh, dios, es tan bello ver este crecimiento— Rangiku se limpió una lágrima, tratando de hacer pasar el momento por algo dramático—. El siguiente paso: Confesarle que quieres tener sus bebés.
—¡Ran! — Rukia le regañó. A veces pensaba que no debió de confesarles su deseo de ser madre. Más específicamente, que quería ser la madre de los hijos de Ichigo.
—¿Qué? ¡Ichigo debería de sentirse honrado! Será el encargado de manufacturar la siguiente generación de Kuchiki, ya quiero ver la cara de esos estirados al llenarse de un montón de chiquillos de pelo chillón arruinando su endogamia— se mofó mientras abría una nueva cerveza y reía con malicia. Tatsuki levantó la suya, como brindando con ella, la chica desconocía mucho del otro lado, pero le tenía un coraje acérrimo a su familia adoptiva, solamente había perdonado a Byakuya porque se esforzaba en mejorar su relación con Rukia (y porque probablemente tenía un crush por él).
—Podrían tener una familia muy grande, hay posibilidades de que tengan mellizos— teorizó la otra pelinegra, a Rukia se le iluminó la cara con la idea, después de todo, era algo factible. Karin y Yuzu eran la prueba viva de ello—, quizá por eso está caliente. Quiere dejarte embarazada.
—No— refutó la segunda teoría—. No hemos dejado de usar...— suspiró, sabiendo que era una palabra prohibida. Sacó de una vez una moneda y la depositó para después cubrirle los oídos a Hoshi, susurrando la palabra—: condones.
—¿Nunca a capela? — Rangiku preguntó, tomando un bocado de palomitas, Orihime ya casi se las acababa—. Pero que responsables, deberían de tomar riesgos de vez en cuando.
—No creo que a Ichigo le moleste formar una familia— agregó Orihime—, ¿verdad, Tatsuki-chan?
Ella se quedó callada. Todas le observaron consternadas.
—Bueno, no es que fuera un tema de todos los días. Y a los hombres usualmente no les importa compartir sus planes de familia— trató de salvar la situación. La verdad es que nunca había escuchado a Ichigo hablar de formar una familia.
—Allí murió mi esperanza, me tendré que conformar con una vida de pecado— Rukia se recostó contra el sofá con un brazo cubriéndose los ojos, dramática.
—Hasta que el capitán Kuchiki decida que es suficiente.
—Nii-sama no sabe qué es lo que pasa. ¿Verdad?
Rangiku negó.
—Por más borracha que esté, no suelto esa sopa. Jamás— dijo orgullosa de sí misma—. Además, de saberlo ya lo habría colgado de las bolas y tú estarías en alguna casa de señoritas que usan esos nobles para reformar a sus mujeres.
Orihime le pasó el jarrón, y Rangiku resignada volvió a poner la moneda.
—Él no haría eso— le defendió—, quizás colgarlo sí, pero a mí no me haría nada— bromeó, aunque no estaba muy segura de qué haría si los demás Kuchiki se metían.
—Ya, ya, quizá exagero— Rangiku se disculpó a medias—, y sé que el capitán no haría eso, eres su pequeña princesa, aunque no lo demuestre cómo la gente normal.
—Te quiere mucho para forzarte a un matrimonio e hijos— le secundo Tatsuki.
—Sus familiares son otra historia— la rubia volvió a poner el dedo sobre la llaga—, ellos no van a estar tranquilos para siempre, tarde que temprano van a sacar sus asquerosas intenciones de casarte con alguien porque es lo que una mujer debe de hacer. Viejos estúpidos.
—Eso lo sé, pero no me preocupo tanto. Al no ser noble de sangre me ignoraran por un buen tiempo, quizás los siguientes… 200 años.
—Para entonces Kurosaki-kun estará demasiado viejo— frunció el ceño Orihime, imaginando a Rukia casándose con una especie de Yamamoto 2.0.
—¡Y yo demasiado aburrida! — se quejó la mujer mayor en la sala—, ¡necesitamos la boda del milenio! Imagina el escándalo de que un Shiba se case con una Kuchiki, muero por todo el chisme que va a surgir— a Rangiku parecía hacerle más ilusión un matrimonio que a Rukia—. Y mejor aún, sangre nueva en el Gotei, bebés adorables que nos recuerden que no quedamos tan jodidos después de la guerra.
—Sí, quedamos jodidos— Rukia ante su comentario amargo decidió arrebatarle la cerveza a Rangiku y darle un sorbo largo, casi acabándose el contenido—. Nada ha sido igual.
Se guardó un extenso silencio. Había heridas que no se querían tocar, cosas que a veces era mejor olvidar.
—Precisamente por eso debes luchar por tus deseos, Kuchiki-san. Quizás Kurosaki-kun no está listo para un compromiso, pero podrías buscar lo que quieres por tu cuenta— la pequeña shinigami sabía que la sanadora no tenía la intención de separarlos, simplemente creía que no era correcto que Rukia estuviera perdiendo el tiempo si él no quería algo más.
—Puedes ser mamá soltera— le ofreció Tatsuki—, quizá no sea lo convencional en la Sociedad de Almas, pero lo que importa es que seas feliz.
—Y tomando en cuenta que sí deseas ser madre— Orihime me dio un beso a Hoshi en la punta de la nariz, haciendo que el bebé riera—, creo que no podrías ser más feliz. No era lo que esperaba, pero no cambiaría nada del mundo por mi estrellita.
La historia de Orihime y Hoshi era una rodeada de misterios, ni siquiera la misma Tatsuki estaba segura de quién era el padre del niño, y ese era un secreto que se respetaba.
—Es una buena idea. Podrías parchar un, ya sabes— Rangiku evadió usar la palabra condón—, y una vez confirmado tu embarazo, esfumarte de la vida de Ichigo para vivir con tu precioso bebé.
—¡No! — gritaron las tres a la vez.
—¿Cómo se te ocurre? Eso está mal.
—Demasiado mal, estás viendo demasiados dramas extranjeros— le regañó Tatsuki.
—Ay, ya sé que está mal y eso, pero, bueno, es que tienes que ponerte las pilas Rukia-chan, entre mayor sea Ichigo menor será la calidad de su esperma.
Rukia se palmeó la cara, ¿cómo es que se había vuelto amiga de esta loca?
—No voy a hacer algo así, si voy a tener un hijo con Ichigo, será porque él también lo desea. Punto.
—Temo que esperes algo que no va a llegar— Ran de verdad estaba igual preocupada, y Rukia la entendía.
—Yo también.
—Oh. Miren, ¿qué tal si vemos 'Your name'?— preguntó Tatsuki.
—No la he visto— admitió Rangiku—, ponla.
La discusión finalizó, pero Rukia seguía inquieta. ¿Y si todo esto eran señales de que debía terminar con Ichigo?
Regresó al departamento casi a las nueve de la noche. Le pareció inusual que las luces estuvieran apagadas, Ichigo no solía salir tarde de la universidad. Cuando fue por agua a la cocina vio la nota.
'Tendremos una convivencia sorpresa por el fin de cursos, no quería ir, pero es la última del semestre y me pidieron que asistiera. No quise que interrumpieras tu tarde de chicas.
Ichigo'
Rukia se sintió como si fueran un viejo matrimonio que funciona más a base de recados en el espejo o el refrigerador que de mensajes de texto. Pero eso no hace que no note la probable mentira. Rukia no era particularmente celosa, confiaba en Ichigo, demasiado, pero sabía que en la universidad las fiestas sorpresa no eran algo común, todo estaba fríamente calculado para alcoholizarse y evitar los daños colaterales de lo mismo.
Pero no iba a estar celosa por algo tan pequeño. No. Eso era para niñas inseguras.
Y aun así acabó revisando las redes sociales en donde tenía agregado a compañeros de trabajo de Ichigo. Rápidamente pudo verlo entre la multitud con ese cabello suyo tan distinguible y su ya no tan común cara de pocos amigos. Rukia se sintió mal por desconfiar de él.
Lo raro es que ya hacía rato que no salían a mucho. Ambos eran más de permanecer en casa, de hecho, precisamente eso en cierto modo fortaleció su relación, ser un par de introvertidos que disfrutaban de simplemente estar recostados en la sala leyendo un libro cada uno, pero no por eso las fiestas dejan de gustarle. Ver a un Ichigo un poco tomado siempre le divertía, sobre todo porque acababa siendo muy romántico.
Ahora que lo pensaba bien, Ichigo había estado evitando fiestas y convivencias como la peste.
«Algo más a mi lista de cosas raras de Ichigo Kurosaki».
¿Realmente se iba a quemar la cabeza con eso?
Entró a la habitación y encontró en la cama un enorme peluche de Chappy que Rukia jamás había visto. Rukia corrió a abrazarlo, tirándose a la cama, feliz se acurrucó con este, deseando que el esponjoso objeto inanimado le diera todas las respuestas a sus dudas.
Se quedó un rato así, con los ojos cerrados y disfrutando del aroma de las sábanas recién cambiadas, eso hasta que notó que Ichigo había puesto el cubrecama más cómodo y esponjoso que tenían, el que solían usar en invierno para dormir sin tener que lidiar con su problema de pies fríos desertando a Ichigo en la madrugada. Se sintió algo extrañada por ese detalle, no era común usarlo en otoño, aún hacía calor para usarla, incluso si era muy suave.
«Lo más seguro es que olvidó poner a lavar los otros. Perezoso».
Se convenció de ello, así que ahora puso su completa atención en el listón rosado que tenía en el cuello, que tenía pegada una tarjetita.
'Te quiero, enana'
Rukia deseaba sentirse plenamente feliz, pero no podía, había un poco de incertidumbre calando hondo en su ser.
Quizás sólo necesitaba salir a dar un paseo.
Ichigo caminaba en solitario por las calles, había bebido apenas, y la verdad venía muy contento. Quizá no podía golpear a Arai, no obstante, hacerlo orinarse en los pantalones era casi tan satisfactorio.
Ser shinigami tenía más ventajas de lo que inicialmente pensó, ahora que se permitía ser un poco más creativo. Dejar su cuerpo en un lugar seguro era el primer paso, después entrar a la residencia de su víctima e iniciar la diversión.
Empezó apagando las luces de las habitaciones vacías, y aunque en un inicio le pareció molesto al profesor, Ichigo fue escalando, cerrando las puertas, cambiando los canales de la tele, arrojando la vajilla al aire y finalmente iniciando un pequeño fuego en la mesa con un kido tan básico que hasta él lo podía efectuar. Había funcionado tan bien que Arai acabó llorando disculpándose con su madre por haber acabado siendo un patán como su padre.
«Ojalá haya aprendido el pervertido ese».
Sonrió socarrón, sintiéndose una especie de extraño antihéroe.
Aunque ahora, con la brisa de otoño pegándole en la cara, recordó su inspiración para su fechoría, y se preguntó a sí mismo por qué no invitó a Rukia a la fiesta.
Estaba entrando a terrenos peligrosos en su mente, pero le era necesaria una autoevaluación, sobre todo después de eventos como el de anoche.
Si, era verdad que no quería interrumpir su reunión con las chicas, pero de haberle dicho a tiempo, Rukia podría haber cambiado los planes.
La cosa es que no había querido llevarla. Ni siquiera él mismo quería estar allí y salió en cuanto fue prudente. Sólo quería ir al departamento, con Rukia a su lado mientras veían una película clase B, con su mano paseándose en su muslo hasta llegar a su entrepierna, para entonces…
¡Joder! ¡Hasta en la calle iba a empezar a fantasear con ella! Se estaba comportando como un chiquillo calenturiento.
Se revolvió el cabello, preguntándose de nueva cuenta si estaba enloqueciendo.
—¿Qué te pasa Ichigo? Sabía que ibas a acabar loco, pero no creí que tan pronto—, de no haber reconocido la voz chillona Ichigo hubiera buscado en todas las direcciones por la persona que le hablaba, pero Ichigo sabía bien quién era.
—¿Sigues con vida? — le preguntó con sarcasmo, a lo que el león de peluche dio un salto para darle a Ichigo un bofetón. Bofetón que obviamente no le dolió, pero usó como excusa para soltarle un manotazo y mandarlo lejos.
—Ichigo, imbécil desconsiderado. ¿Tanto tiempo que he estado a tu lado y así me agradeces?
—No sé qué se supone que debería agradecer— le levantó del suelo, notando la suciedad que le cubría y como el relleno se le salía de uno de sus brazos—, mírate, me deprimes de ver lo mal que estás.
—Estas son heridas ganadas contra un poderoso enemigo— obviamente no le iba a decir que un perro decidió que sería el perfecto juguete para masticar—, deberías agradecer que te cubra las espaldas. Pasas demasiado tiempo con tu vida perfecta con Nee-san.
—Kon— le regañó—, nunca te hemos echado del departamento. Aún y si eres molesto.
—¡¿Y para qué quiero estar en casa si tengo que ver como profanas el honor de mi Nee-san?!— se pegó a su pecho con lágrimas desbordando sus ojos de vidrio—, al menos podríamos de vez en cuando cambiar lugares, incluso estar los tres juntos mientras uso tu cuerpo— sugirió Kon, aunque sabía que era en vano—, pero eres un egoísta de mierda que no sabe compartir su felicidad.
Ichigo tragó bilis.
«Rey Espiritual, sé que no sirves para nada, pero dame fuerzas».
—Por enésima vez, Kon. Rukia no….
Entonces lo sintió.
La sangre le empezó a bombear con fuerza por todo el cuerpo, no como cuando hacía ejercicio, sino de la misma manera en que su organismo le preparaba con una inyección de adrenalina para una batalla que le podía costar la vida.
Una presencia espiritual desconocida, oscura.
Un rival.
Gruñó con odio, salido de una parte de él que no conocía hasta entonces.
Eliminar.
—¿Ichigo? — Kon notó el cambio en la presión espiritual, pero sobre todo como la expresión de Ichigo se endureció. Ni siquiera alcanzó a preguntarle si estaba bien, pues antes de que pudiera detenerlo ya le había sacado de su cuerpo de peluche para introducirlo al propio.
Se sostuvo la cabeza, mareado; nunca habían hecho un cambio tan rápido.
—Volveré— anunció con voz fría, y Kon sintió verdadero miedo, fuera quien fuera el adversario del shinigami sustituto, la cosa se iba a poner fea.
¿Qué jodidos acababa de pasar?
El paseo de Rukia estaba siendo tan agradable como ella esperaba. Aún era relativamente temprano, pero ya había oscurecido.
Para los vivos las calles de Tokio eran relativamente seguras, nunca sintió que corría alguna especie de peligro en ellas, al menos no por parte de los humanos, así que no se preocupaba por llevar nada más que el alma artificial, solo por una verdadera emergencia.
Y caminó, rememorando esa ruta que siempre seguían para ir al mercado a comprar lo necesario para subsistir en la semana, con Ichigo y su lista en el celular, aunque ella insistía en llevarlo en un cuadernillo.
«¿Hasta cuándo se me permitirá tener esta clase de vida tan mundana?", se preguntó con tristeza, con las manos en los bolsillos. Entonces la sorpresa la embargó al sentir al pequeño celular vibrar insistentemente.
Cuando se encendió la pantalla, vio todas las notificaciones de alerta de hollow.
Una horda.
No podía esperar a que los demás shinigamis llegarán, podría ser demasiado tarde para almas de vivos o muertos.
Y Kuchiki Rukia, aún con todos sus sueños, no olvidaba cuál era su deber: Proteger a todas las almas.
Se tragó la pastilla y con ahora el alma fuera del cuerpo falso, corrió con Chappy detrás de ella, preparada para lo que viniera.
Glosario:
[1] Yamato Nadeshiko: Expresión japonesa para referirse a la «personificación de la mujer japonesa ideal», o al «epítome de la pureza y belleza femenina».
[2] Bentō: Ración de comida preparada para llevar, básicamente el lonche que siempre está super bonito en el anime xd.
[3] Tadaima: Saludo cuando una persona vuelve a casa.
Creo que publicaré la siguiente parte la semana que viene, depende de cómo esté de tiempo.
Agradecería leer en comentarios su opinión, eso siempre hace que me da dopamina, y se agradece con mi estado depresivo lol.
Besos y abrazos.
