-IV-
Las sospechas de Ashe no estaban tan erradas. Tryndamere pasó el primer día de su estancia en el castillo corriendo con su hermana, lanzándose bolas de nieve y riendo a viva voz. La mayor suspiraba, algo cansada de la hiperactividad de los dos, y seguía practicando su bordado.
Esa mañana se había "celebrado" el cumpleaños de las trillizas, no con tanta fiesta como hubieran querido, dada la visita que los reyes debían atender. Sin embargo, habían recibido sus regalos como siempre, y habían tomado un desayuno especial en su honor. Tryndamere y Sejuani casi se ahogan con tantos pasteles, pero nada que una gran risotada no pudiera remediar.
Ahora, la muchacha los veía correr en la nieve, jugando a las luchas, ella con una suerte de mazo y el con su espada. Cuando vio que la primera caía al suelo y el chico la levantaba de un salto, ambos riendo, con un gesto de hastío cerró la cortina y se giró en su silla mecedora bruscamente, tanto así que botó la aguja, y tuvo que agacharse a buscarla.
Estaba en una sala cercana a la Biblioteca, el Estar, como la llamaba. Una chimenea de piedra era lo primero que se veía al entrar, iluminando la habitación con paredes de mármol y piedra más oscura alternada. Una lámpara de diamantes caía al centro de la bóveda que hacía las veces de techo, pintada de azul oscuro y pequeñas estrellas. A la izquierda, cerca del ventanal mayor, Ashe encontró su aguja, se sentó acercando su silla al fuego, admirando otra vez su regalo de cumpleaños.
Era una gorra azul oscuro, en punta, y se estaba encargando de bordarle detalles en hilo dorado. Con cada puntada, sus pensamientos fluían con tranquilidad. Porque, quizás al contrario de lo que se pensaría, esto le ayudaba a pasar los ligeros celos que sentía de su hermana.
Si, la noble y madura Ashe se sentía celosa de su ruda hermana, por la facilidad que tuvo para congeniar con Tryndamere. Entendía claramente que ambos eran mucho más "bárbaros" que ella, pero a sus cortos ocho años, recién con horas de cumplidos…la pequeña princesa quería un nuevo amigo.
Quizás los espíritus del hielo, quizás Bardo, quizás el destino sintió su tristeza, y quiso que esa misma tarde, eso cambiara.
El frío empezó a aumentar, y el fuego pronto no fue suficiente para calentar a la princesa que bordaba. Con cuidado, se levantó y dejó su trabajo sobre su mecedora, corriendo a buscar un abrigo a su habitación. Cuál sería su sorpresa, al ver al pequeño Trynda sentado en su silla, admirando sus delicadas puntadas.
-¡Déjalo! ¡Qué te crees!- le gritó la niña, viendo que el niño lo rompería o poco menos lo tiraría al fuego.
-¿Y por qué gritas tanto, princesita?-con gesto molesto, se paró y dejó el gorro-sólo lo observaba.
-Pues no me gusta que lo observes-mueca de disgusto.
-¿Ah no?-el niño miraba por la ventana (había abierto las cortinas) y se giró con interés-¿se puede saber por qué no?
-Porque…porque…-la niña apartó la mirada. ¡Cómo la irritaba!-porque con lo b…bruto que eres, puede que lo rompas. O seguramente tú y Sejuani estarían planeando alguna…alguna de sus bromas y lo lanzarían al fuego. O algo así- sin mirarlo, la mueca de disgusto aumentó.
Tryndamere se rió levemente. Ashe le hacía gracia. Era definitivamente mucho más "niña" que Sejuani, pero le divertía ver que se podía enojar. Empezó a girar buscando su cara, pero ella se apartaba. Cuando se miraron, él le sonrió mostrando una hilera de dientes blanquísimos. Ashe no pudo menos que sorprenderse. No creía que siendo tan rudo cuidara detalles así.
-Tu gorro era bonito-dijo el niño con sinceridad.
Ashe enrojeció levemente ante el cumplido…pero apartó la mirada otra vez- Deja de decir mentiras. Si Ashe salta de detrás de esa puerta, juro que llamaré a los guardias del palacio.
-Como si te atrevieras-Tryndamere rió más fuerte. Caminó hacia la puerta balanceándose.
-Me iré, no te sigo molestando, princesita-la última palabra la recalcó en tono de burla, y salió.
Ashe no volteó hasta que estuvo segura de que se había ido, sólo para darse cuenta de que Sejuani no apareció. No pudo reprimir su sorpresa. Pero al fin, sentándose nuevamente, concluyó que el "bárbaro" solamente jugaba con ella. Era imposible que siendo como era, apreciara su gorro bordado.
Sin embargo, se equivocaba. O en parte. Tryndamere si apreciaba su arte, y había hablado con sinceridad en aquel momento. Sin embargo, era verdad que había jugado con ella. Y caminando hacia el salón principal, el niño se reía para sus adentros recordando la cara de enojo de la niña, sin poder esconder que no era rabia de verdad. Llegando a su destino, concluyó que sí, la niña le divertía y pensaba seguir disfrutando de ello. La princesita elegante lo vería mañana.
Sejuani entró corriendo, y cuando vio al muchacho, sus ojos brillaron de alegría.
-¡Tryndameeere! ¡Nos dejaron! ¡Podemos usar los trineos!- llegó hacia su compañero y lo tiró del brazo desnudo. El aludido se negaba a usar abrigo. Las costumbres guerreras de su pueblo se lo impedían.
-Respira Sejuani, por favor. Iré en un momento. Tengo algo de hambre-lla miró con sonrisa tranquila. Esta chica…nada la paraba.
La misma lo miró algo desganada-bien, pero ¡no tardes mucho!-le sonrió con su boca desdentada, aunque dientes nuevos empezaban a asomar.
Cuando se fue, el chico suspiró contento. Vaya si lo iba a pasar bien esa semana. Tenía a Sejuani, que era casi como sus amigos guerreros de la tribu…y a Ashe, su nuevo juguete, que no era nada como su hermana. Le daba curiosidad conocer a la princesita elegante. Y verla enojada, aún más.
El día se deslizó de este modo. Cuando la luna volvió a esconderse tras las montañas, y un tímido sol hacía brillar la nieve entre las nubes, ya hace un buen rato, Tryndamere salió de su cama tarde, como siempre, para encontrarse con una imagen bastante agradable. Dos soldados montaban en caballos grises fuera de su ventana, gritándose de acá para allá. Sin embargo, lo más interesante era ver a uno con una espada de madera, enfrentándose a Ashe, también con espada de madera, vestida con pantalones azul oscuro y blusa más clara, botas a la rodilla, el cabello castaño con mechones plateados recogido en un moño y montando un caballo color crema, enorme para su altura de niña, pero que manejaba sin problemas.
Impresionado, se acomodó en la ventana. Esperaría antes de bajar a inspeccionar.
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Hola! Empiezan a surgir los encuentros entre los muchachos de esta historia, qué les parece? En lo personal, las sospechas de triángulo amoroso no están tan erradas…pero no diré más! Jjajaja
Espero hayan disfrutado el capítulo, y les pido encarecidamente me dejen su opinión para seguir mejorando. Hasta la próxima, Mailén se despide. Adioss! n.n
