-V-

Ashe blandía su espada de madera a lomos de su montura, enorme para su altura. Miraba a un lado y al mismo tiempo al otro, valiéndose de su visión periférica. Desvió un ataque de un soldado, a tiempo para retroceder y esquivar otro, de su segundo contrincante. Acomodó las riendas y quitó un par de cabellos de su rostro. En eso, sintió unos pasos en la nieve.

Tryndamere caminaba lentamente hacia donde ella estaba, sin abrigos, pero con botas de montar. Cruzó los brazos, con una risa tranquila.

-No creí que la princesita elegante se montara en un caballo de ese tamaño. Y encima, con una espada de madera.

-Di lo que quieras Tryndamere-el semblante de la niña empezaba a endurecerse-desde muy pequeña que monto a caballo. Y la espada de madera…es porque no me acomodan las reales. Son buenas, pero preferiría otras armas.

Tryndamere acarició la enorme espada que colgaba en su cinturón de piel.

-¿No quieres probar con esta?

Ashe lo miró. Sentía que no era buena idea, pero sería el título de princesa, o el simple orgullo, que se bajó y sostuvo el arma. Por supuesto, sus brazos de niña no pudieron levantarla, y cuando se le cayó y enterró en la nieve, el pequeño bárbaro se rió más fuerte.

-¡Para, para!- ella la soltó. Con gesto de rabia.

-¿Ves que sólo quieres reírte de mí?-una lágrima enojada cayó de sus ojos. Se giró con brusquedad, y se la limpió con sus guantes de piel de lobo. Se disponía a subir a su caballo, cuando su pequeña molestia volvió a hablar.

-¡Heey! ¡No era para que te enojaras tanto!-la chica ya estaba sentada en su caballo, y ni siquiera lo miraba. El niño se empezó a poner nervioso. Ella estaba girando su montura- ¿Te gustan las hachas? ¿las dagas? ¿las lanzas? ¿los arcos?

La chica se detuvo. Habló con frialdad, pero con un dejo de interés. Era su arma favorita. Y hace mucho tiempo que le pedía a su padre que se lo enseñara.

-Me agradan los arcos.

-¿Si?-el chico sonrió. De nuevo la tenía-¿y qué me dices si te enseño a disparar?

Ashe terminó cediendo. Era Tryndamere, quien, siendo sinceros, ni le agradaba del todo, pero era cumplir su sueño. Giró sobre su caballo, lo miró unos segundos, en los que el muchacho no bajó la mirada. Al final, se bajó del caballo y sosteniendo su cinturón de cuero, le dijo:

-De acuerdo…acepto tu oferta. Pero, ¿de dónde sacaríamos los arcos?

-¿Tu padre no te los presta? Pensé que era cosa de ir y sacar.

-No, no lo hace-agregó, con un dejo de tristeza-veo que no tenías ningún plan para enseñarme.

Una idea asomó con su brillo en el rostro del niño-nada de eso. Creo que tengo una idea de dónde podemos obtener nuestros instrumentos.

Y volteó a ver el arsenal del castillo; una construcción pequeña, una bodega, pero bastante decorada por fuera, pintada de azul y detalles plateados (los colores estrella de los reyes). Una simple puerta de madera lo cerraba, pero cerrada con un gran candado dorado que tenía grabado el emblema de la tribu, un águila. El edificio causaba fascinación en Ashe desde hace mucho tiempo, pero ciertos retos, gritos de su padre y su rostro iracundo la habían detenido. Esta imagen la volvió a asustar.

-¿El arsenal? ¿Ir? ¿Allá? No. No, no, no y no-empezó a saltar en su sitio, nerviosa-yo no voy allá-dio media vuelta y empezó a alejarse. Tryndamere, que no entendía nada, la siguió.

-¡Pero Ashe! ¡Oye!-ella apuró el paso-¿Qué pasa? ¿Tanto te asusta entrar?-ella frenó en seco.

-¿Quién habla de tener miedo? Yo no tengo miedo. ¿Tú tienes miedo?

-¿Entonces qué te pasa?

Ella volvió a caminar-Nada.

El muchacho la soltó. Quizás debía dejarla ser. Eran tan raras las princesitas elegantes…

Y así pensaba, cuando un soldado bajó las escaleras que conducían al patio en que se encontraban. Pensó que le traería algún mensaje de sus padres, así que volteó hacia él. Sin embargo, cuál sería su sorpresa, cuando lo vio escoger una gran llave de hierro de un manojo de llaves, y abrir el gran candado dorado del arsenal. Por supuesto, Sejuani le había dicho que su padre mandaba a inspeccionar las armas una vez por semana, para limpiarlas de polvo y suciedad. Cuando vio al joven perderse en las sombras, corrió hacia Ashe, que subía ya la escalera, la agarró del brazo, y casi arrastrándola y lanzándola al suelo, la obligó a esconderse con él, tras un arbusto blanco de nieve.

La chica estaba roja de rabia, y de ganas de protestar, pero él le tapó la boca con la mano, mirando fijamente a la puerta. Ella dejó de protestar en el acto, y miró para allá. Captó silenciosamente la idea. Y por como iban las cosas, no creía poder convencer al muchacho de cambiar de plan, que silenciosamente, aceptó. Ya pensaría después en el castigo que le iba a llegar.

Corriendo, pero con las puntas de los pies, se deslizaron dentro del arsenal. Ambos querían expresar su emoción, pero se tragaron cualquier exclamación de asombro en su afán de no hacerse notar por el soldado, que sacaba brillo pacientemente a todas las espadas. Tenía un buen trabajo por delante, dado que el lugar estaba tapizado de todo tipo de armas, hasta el techo del lugar.

Los niños no perdieron el tiempo, y sacaron dos arcos de una repisa. Ashe no lo notó, pero sacó uno diferente a los otros, el que el rey guardaba con más recelo. Estaba en un estuche azul de piel, bordado con exquisito cuidado, y despedía un brillo azulado de su interior. Lo primero que notó la chica, era que estaba increíblemente helado. Pero luego de mirarlo embelesada unos segundos, y Tryndamere la pellizcara para que se apurara, lo tomó sin más.

Salieron rápidamente, y respirando agitadamente, nerviosos como sólo lo está un niño que es consciente de que lo que hace está mal, y le costará un castigo, se acomodaron en una de las paredes del edificio. Se miraron, y apoyaron los arcos en el suelo.

-Ok, el soldado tardará a lo menos una hora en limpiar ese lugar. Eso nos da un tiempo razonable para practicar un poco. Podemos tomar unos caballos. Qué…¿qué me dices?

La chica seguía mirando el arco-¿Ashe?

-¿Qué? ¡Ah! Si, si, por supuesto-miró al chico, Sonreía, sonreía radiante de felicidad-gracias Tryndamere.

-Por favor…dime Trynda.

-Claro

Se miraban, y ambos sonreían. Al final, Trynda se paró, y le ofreció su mano a la princesita elegante.

-¿Vamos?-y ella sonriendo la aceptó. Arco al hombro, fueron corriendo por nuevas monturas.

Y lejos, en otra dimensión, un interesado Bardo los observaba. Particularmente, al arma que colgaba de la espalda de la niña. A todas luces, era un arma especial. Una que el Vagabundo Cósmico conocía bastante bien, dado que el mismo se la había regalado a la tribu hace muchos, muchos años. Y no podía menos que sorprenderle el hecho de que el arma hubiera elegido a la pequeña Ashe para usarla.

Justo como con Avarosa, tantos años atrás.

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Buenas! Nuevo capítulo! Espero de su agrado, por supuesto. Me cuesta definir personalidades de niños kjhfdj pero espero se entienda que nuestros protagonistas lo son. Esto recien va comenzando, así que permanezcan atentos jiji gracias por los nuevos reviews, por lo demás! n-n

Espero opiniones, y cualquier comentario para mejorar. Mailén se despide, nos vemoos!