-VI-

A lomos de un caballo negro, y la princesa sobre su yegua color crema, Tryndamere y Ashe cabalgaban felices hacia el interior del bosque, dejando un confuso rastro de huellas sobre la nieve. Llegando a un pequeño claro, desmontaron de un salto, y el bárbaro se agachó para empezar a tensar su arco. Cuando lo había sacado de su funda, miró a su pequeña aprendiz, que miraba ensimismada su arco nuevamente, sin mover ni un músculo.

-¿Vas a quedarte ahí? No tenemos mucho tiempo-la niña dio un pequeño respingo.

-¡Sí!, si, por supuesto-se giró hacia él-es que es tan bello…en verdad me distrae. No sé por qué mi padre lo mantiene guardado.

-Porque seguramente, los soldados se quedarían viéndolo con cara de estúpidos, como tú

-Ugh, ¡eres insoportable!-la niña se sentó, pero dándole la espalda y cruzando los brazos. Tryndamere rompió a reír.

-No hay caso contigo, princesita-riendo por un minuto, finalmente se detuvo-Vamos, abre la funda.

La princesa se giró, algo más relajada. La emoción había conseguido subirle el ánimo. Delicadamente, corrió el cierre de la funda. La sorpresa la hizo soltar el arma y dejarla caer.

Frente a ella había un arco y cinco flechas, completamente de hielo. Emitían un ligero brillo azulado, y ambos niños lo miraban embelesados. Ashe estiró la mano y lo encerró con sus dedos. Estaba frio, sumamente frio, y la niña apretó los ojos para frenar la molestia. Pero no paraba. Es más, la molestia aumentaba. En un punto, sintió que el hielo le quemaba. Tryndamere se empezó a asustar.

-Ashe, quizás deberías soltarlo…Ashe…¡Ashe!

La chica apretaba ahora el rostro y la otra mano. Emitió un ligero sonido de dolor. De pronto…el frio pasó. Ya no sentía nada, ni siquiera tocando el arma y las flechas con la otra mano. Además, la mano que apretó el hielo estaba intacta, sin rastros de quemaduras.

Tryndamere no salía de su asombro. Pero sabía muy bien a lo que se enfrentaban.

-Ashe, supongo que comprendes que esto es magia.

-¿Magia?-sorprendida, lo miró-¿tú crees?

-Este arco tiene algo. Por algo brillaba de esa manera. ¡Y está hecho de hielo! Y además…no te hizo nada.

-Si…la verdad es que es bastante extraño.

-Como si el arco…

-Me hubiera elegido-se miraron a los ojos. Era extrañísimo. Pero los ojos de Ashe tenían un brillo nuevo. Tryndamere se sentía…casi intimidado. Buscó como pudo salir de esa situación.

-Bien, yo creo que se nos acabó el tiempo.

-¡¿Qué?!-tristeza y decepción asomaban al rostro de la princesa.

-Llevamos demasiado tiempo aquí. En cualquier momento nos descubren-el bárbaro se puso de pie-Guárdalo. Podríamos intentar practicar mañana.

-¿Cómo lo haríamos?

El niño no tenía idea de cómo. Pero ya se le ocurriría algo. Esa maravilla de arco debía usarse.

Le ofreció su mano, y la princesa con una sonrisa aceptó. Se colgó el arco al hombro, como si fuera suyo. Cabalgando, regresaron al edificio del arsenal.

Devueltos los arcos, los niños caminaban riendo al castillo. Habían encontrado una ventana llena de polvo en un costado del edificio, y planeaban sacar de allí los instrumentos al día siguiente. Ninguno recordaba lo mal que se llevaban esa mañana.

Entraron, y caminando por pasillos iluminados con lámparas de piedra, llegaron a la habitación de la chica. La cerraba una puerta de piedra con cerradura de mármol. Cuando la princesa abrió la puerta, el niño pudo ver una cama con una colcha con diseños lunares, coronada con un dosel, un baúl de madera y un clóset pintado de blanco. Sencillo y elegante. Como ella.

-¿Nos vemos mañana? ¿Princesita elegante?

-Hasta mañana, Trynda-con una sonrisa brillante, cerró la puerta.

El chico se alejó caminando, con las manos en los bolsillos. Cuando llegó al comedor, mientras paseaba sin rumbo, encontró a su compañera de juegos regular, Sejuani.

Se la veía feliz. Balanceaba sus cortas piernas, enfundadas en botas de cuero, sobre una silla bastante alta, mientras comía de un plato con cerezas. Incluso, tarareaba una rápida melodía, sacudiendo su corto cabello, castaño claro, con una pequeña chasquilla. Estaba bastante concentrada, pero cuando vio al niño apoyado en la puerta, sus ojos se iluminaron.

Para dar paso a la duda.

-¡Tryndamere! ¿Dónde has estado? Creía que esta mañana nos lanzaríamos en trineo, pero no te encontré.

-¿Si? ¡Oh!-el chico se dio con la mano en la frente-Lo olvidé, de veras lo siento.

-No pasa nada-le sonrió. Con ello, le invitó a sentarse junto a ella-¿Quieres cerezas? Son mis favoritas. No crecen aquí, así que cuando vienen comerciantes de otros territorios, pido que compren de inmediato.

El chico, con una sonrisa, cogió una del plato y se sentó.

-¿Te parece si vamos mañana? Hay una colina que es ideal para deslizarse, cerca de aquí.

El chico no quería causarle muchas ilusiones. La verdad…tenía más ganas de disparar con el arco con Ashe.

-De acuerdo, pero, ¿podría ser en la tarde?

-Claro…¿quieres hacer algo en la mañana?

-¡No!-en su interior, rogaba para que el nerviosismo no pasara a su rostro-No, nada-por suerte, parece que la chica no lo notó.

-¡Relájate! No pasa nada-bajó de la silla, y se dirigió al pasillo central. Se volteó y le dirigió una sonrisa-¡Nos vemos mañana!

El chico se despidió agitando su mano. Estas niñas… le habría gustado poder desdoblarse, y estar con Ashe y Sejuani a la vez. La segunda le agradaba bastante (y por lo demás, ella lo adoraba). Sin embargo, la primera le causaba más curiosidad. Era como un reto nuevo. Y no lo pasaba mal con ella.

Esperaba que los 3 días que le quedaban en el castillo de la tribu más grande de Freljord, se hicieran lo suficientemente largos para lograr su cometido.

Al día siguiente, despertó temprano, y desayunando ligero, fue a buscar a su aprendiz. A decir verdad, no se sorprendió de verla ya vestida, junto a las caballerizas.

Definitivamente, esa niña le agradaba. Se saludaron amablemente, y fueron caminando al arsenal, al no ver soldados cerca. Al llegar a la ventana, silenciosamente ejecutaron su plan. Él la levantó, ella abrió la ventana, y el la empujó hasta que logró entrar. Por un par de ruidos, dedujo que se había caído.

-¿Pasa algo, niña?-susurró-¿te caíste?

-No-contestó, también susurrando-solo…muchas telarañas.

El niño se puso la mano en la boca para contener su risa. La niña tenía sus manías, quien lo diría.

-¡Sal ya! ¡Deja de quejarte!

-¡Voy! ¡No me apures!

Se escuchó un banco moverse, y la niña asomó por la ventana. Le entregó los arcos a su maestro, y el aludido la recibió cuando se lanzó al suelo. Rápidamente, se alejaron hacia el bosque.

:-:-:

Buenas! Cómo están? Capítulo recién salido para ustedes c: con mucho amor. Les pido por favor me dejen sus comentarios respecto a él, y las sugerencias que les nazcan. Lo que es yo, seguiré empezando a montar hilos entre Sejuani, Tryndamere y Ashe kjhfk

Gracias por leer lo que escribo, y me despido hasta otro capítulo. Nos vemoos!