Capítulo 8: De arrepentimientos y un bosque:

No bajó a comer y tampoco se la vio deambulando por los alrededores del castillo.

Una vez que terminó su cena, el rubio subió deprisa las escaleras para poder encontrarse con ella.

Entró a la habitación y la vio ataviada sólo con un toallón, saliendo del baño. Ni siquiera se digno a mirarlo, al contrario cerró la puerta y con mucha parsimonia se dirigió a su cuarto.

-espera- dijo Malfoy

-¿Vas a gritarme de nuevo?

-No, sólo quería darte las gracias, por haberte acercado a mí y calmarme.- prácticamente en un murmullo, audible únicamente para alguien, que estuviera pegado a él. Así que la castaña no oyó ni jota de lo que Draco le dijo.

-Perdón me desde aquí se escuchó un farfullo, nada más, repítelo si puedes.

-Gracias- repitió apretando las mandíbulas y con los ojos clavados en el piso.

-Ah…pues, de nada- contestó un poco aturdida. Girando sobre sus talones, le dio la espalda Malfoy y cerró la puerta de su habitación tras ella.

OoOoO

El día siguiente amaneció con el cielo plomizo y cargado de lluvia.

Hermione se levantó sintiéndose enferma y con un terrible resfriado por haber estado bajo la lluvia durante 3 horas el día anterior.

Con humor de perros, se duchó y bajó a desayunar, olvidándose por completo de que estaba "atada" al rubio.

Un golpe seco resonó en el recinto, al caer literalmente encima de Draco, sobre las alfombras del living.

-¿Qué coño es lo que te pasa?- preguntó irritadísimo el rubio.

-Nada que tenga que ver contigo, sólo me caí por olvidarme que tengo que andar contigo como si fuéramos siameses.

-¿Era necesario que te cayeras encima de mi camisa recién planchada?

-Vete al diablo y apúrate porque tengo hambre.

-Una de las dos cosas, castañita, o me voy al diablo o bajamos a desayunar.

Hermione bufó y se sentó de un golpe en el sillón que estaba frente a ella.

Luego de desayunar, fueron a la primer clase del día, como no sabían que llevar, optaron por llevarse a sí mismos y sus varitas.

-ustedes dos- Gritó una voz familiar del otro lado del aula, atestada de alumnos.- Acérquense aquí, por favor.

-Permiso, niñato los mayores deben pasar- espetó Draco a un niño que le obstaculizaba el paso.

-Vengan conmigo, como es entrenamiento práctico solamente, no compartirán clases con ninguno- Rose los miraba analíticamente.

-¿Y dónde se supone que tendremos que practicar?- inquirió el chico.

-Primero trabajarán repeliendo animales peligrosos o que se hayan usado para las artes oscuras…

-¿Y de qué nos servirá eso?- interrumpió el Slytherin.

-Señor Malfoy, si usted deja de interrumpirme cada vez que comienzo una idea, podré terminar de explicar- soltó ácidamente la directora, Malfoy hizo una mueca de desdén y Hermione sonrió interiormente.

-Como iba diciendo, practicarán hechizos de desarme y protección, para que puedan hacerse una idea de lo que es defenderse de algo peligroso…

Hermione levantó una ceja en señal de desaprobación, se había enfrentado a Voldemort en más de una ocasión, dementores, gigantes y ¿Esta mujer se atrevía a decirle indirectamente que con lo único que se había enfrentado en su vida era con un bowtruckle?

-… luego estudiarán de libros algunos hechizos y se prepararán bien para enfrentarlos, los dos juntos, cubriéndose las espaldas mutuamente y tratando de que el otro no sufra ninguna herida. Durante este mes, aprenderán a trabajar en pareja, ya que los entrenamientos serán compartidos en lugares especiales entro del bosque¿entendido?

Sin mirarse siguieron a Rose por donde les indicó.

Luego de una ardua caminata, que recorrió prácticamente todo Genizah y los alrededores del bosque, se detuvieron frente a un lago, no como el Lago de Hogwarts, sino mucho más grande y mucho más negro también.

-¿Qué tendremos que hacer aquí?- preguntó Hermione comenzando a asustarse. Todo rededor era oscuro, con una arboleda que cerraba el paso y con ojos rojos que salían de los arbustos.

-Pronto lo descubrirán- contestó enigmáticamente Rose y desapareció de la vista.

Comenzaron la caminata sin alguna dirección y se adentraron en el bosque.

Una vez que pusieron el pie dentro, se dieron cuenta que fue lo peor que pudieron haber hecho jamás.

-Granger, no es que me guste hacer esto, pero quédate cerca, no quiero que te pierdas y tenga que ir a rescatarte- dijo Malfoy con superioridad pero con temor en la voz.

-Si claro, como digas- respondió Hermione con voz temblorosa y pegándose a la espalda de Draco.

-No te muevas- el rubio levantó la varita y apuntó a un seto que se alzaba ante ellos- ¡muéstrate!- gritó. Hermione hizo lo mismo y aguzó el oído para percibir algún sonido, ya que era tanta la maleza que no se distinguía nada a simple vista.

Ante ellos una cabeza, aparentemente humana apareció frente a sus ojos.

-tu debes ser el entrenador- espetó Malfoy

-no me confundas, niño tonto- una voz rasposa y grave dejó a la vista, un rostro de ojos negros sin pupila y muy barbudo, parecía estar de rodillas ya que el suelo estaba a medio metro de él- yo no soy un humano como tu- lo que salió del arbusto fue simplemente horroroso, el cuerpo era de un león y la cola de escorpión.

-¿Qué diablos es eso?- inquirió Draco estupefacto

-oh¡Dios!- la castaña se tapó la cara con las manos y su pecho subió y bajó aceleradamente- es…es…una…

-Mantícora- el ser habló con voz cantarina y se acercó un poco más a ellos, que instintivamente dieron un paso hacia atrás.

-¿Qué quieres y qué haces aquí?- esta vez fue la leona quien habló. Así sea que las mantícoras sean, probablemente el animal mágico más antiguo y violento del mundo, no iba a ceder fácilmente. Jurándose que no moriría a manos de una bestia y pensando en Harry, cuadró los hombros y apuntó nuevamente al ser.

-Creo que ustedes tienen que pasar por aquí para llegar a su destino final…pero no creo…

-¿no crees qué?- el grito que pegó el Slytherin hizo que algunos pájaros en las copas de los árboles revolotearan nerviosos.

-No interrumpas mocoso- la Mantícora mostró los dientes y sacudió la cola dejando que muchos aguijones se desprendan y vuelen en todas direcciones.

Draco sin pensarlo dos veces, abrazó a Hermione e hizo que se agachara con él y rodaran por el pasto, tratando de esquivar la lluvia de dardos venenosos.

-no dejes que te toquen- susurró la Gryffindor- si lo hacen, morirás.

-Gracias por la información, pero tarde porque creo tener uno en la capa- alarmada la castaña, dio vuelta la prenda y la arrojó al suelo.

-Era una broma, Granger, broma, b-r-o-m-a¿nunca te hicieron una?- inquirió el rubio, mosqueado por que su capa había quedado llena de aguijones.

Lanzando un encantamiento protego se pusieron de pie y comenzaron a correr, internándose cada vez más dentro del siniestro bosque. La Mantícora los seguía muy de cerca y se les hacia casi imposible encontrar un lugar donde refugiarse.

-por aquí- Hermione tomó la blanquecina mano de Draco y tiró de él para esconderse tras una piedra. Tenía entendido que los dardos no podían atravesar la roca maciza.

-Pueden correr pero sé que no conocen el bosque y también sé que si no los como yo…otro se encargará de hacerlo- dijo con voz cantarina y bastante cerca de la piedra de ellos.

-¿Qué hacemos ahora?

-No lo sé…pero no podemos dejar que anochezca estando aquí.

Se apoyaron contra el sólido y frío escondrijo, tomados de la mano y escuchando aterrorizados (aunque sin demostrarlo), como la Mantícora paseaba cerca y tarareaba cínicamente.

La mañana dio paso a la tarde y los chicos todavía estaban ahí, escondidos tras esa roca que hasta ese momento era su único recurso de salvación.

-piensa en algo Hermione, o vamos a volvernos viejos esperando- siseó Draco, mientras apretaba más la mano de ella entre las suyas.

-¿por qué no piensas tu?¿Crees que a mí me gusta estar acalambrándome aquí?- la castaña contestó con fiereza a la pregunta. Sus piernas le dolían y por más que buscaba y buscaba en su mente, no hallaba algún hechizo repelente que los sacará de allí.