En una "salita" (porque en la casa de los Tatewaki nada era modesto) de estilo occidental se disponían pequeños pastelitos y pastas en una bandeja de plata mientras Kodachi servía té verde de la manera más refinada posible que Ranma jamás hubiera visto. Aquella muchacha llevaba puesto un kimono turquesa con un asombroso diseño de un río y peces bordados en plata mientras el obi de un color esmeralda estaba atado complejamente. Ranma era consciente del gran atractivo de Kodachi sólo que no olvidaba que esta completamente loca.

-Oh mi amado Ranma gracias por venir a visitarme a esta tu casa. Toma, aquí esta tu té, espero que sea de tu agrado.

-No Kodachi debe de haber una confusión, yo estaba buscando a tu hermano y tu.. tu -Kodachi se le acercaba peligrosamente con aquellos labios de loto y esos ojos violeta - por favor avísale que lo estoy buscando- Mientras se alejaba nerviosamente.

-Comprendo que te pongas nervioso -sonrojándose- seguramente vienes a oficializar nuestra relación, ay Ranma mi amor no sabes como he esperado este día. Jajaja – reía chillonamente.

-No es eso es que… - pensando- tanto hermana como hermano están completamente locos, aunque me libere de Kuno como mujer no me podré librar de Kodachi.

-Esta bien mi vida voy a llamarlo mientras tanto iré a cocinarte algo especial, debes de cenar con nosotros ¿sí? y toma tu té no se te vaya a enfriar.

Tomar el té de Kodachi significaba una parálisis temporal o convulsiones, incluso lo que preparaba podría ser más dañino que la comida de Akane y no se podía arriesgar.

-¡Ranma Saotome! así que has venido a verme -señalándolo con su espada de madera- espero que seas breve porque tu visita no es grata para esta casa, la deshonras.

Ranma pensaba como aquel chico podía odiarlo y amarlo al mismo tiempo tan apasionadamente, por un momento le gustaría verle la cara mientras se transformaba en chica frente a sus ojos, tal vez pensaría que estaba haciendo magia o que había secuestrado a su amor, por eso ya no había vuelto a insistir en desengañarlo. Su vida era una sátira desde hace tres años, y justo enfrente de él tenía la solución si tan sólo dejará por unas horas su orgullo nuevamente, él se libraría de ese cabeza hueca para siempre.

-Créeme que ver tu carota no es lo más encantador del mundo, Kuno -al fin rompiendo con ese incómodo silencio mostrando cara de desenfado- Seré claro. Deja de acosar a la pelirroja, entiéndelo de una vez por todas ella nunca será tuya. Ni te ilusiones ni la busques más, no quiero verme obligado a volver a pelear contigo, sabes llega a ser patético- Dándose la media vuelta y caminando lentamente, sabía que Kuno iba a tardar en asimilar las cosas, como siempre.

-Ranma Saotome, espera –abriendo la boca y volviéndola a cerrar -Yo sé que en ocasiones parezco una persona desenfrenada, y un mujeriego, pero lo que siento por la pelirroja es auténtico. Y si tú estás comprometido con Akane Tendo no tienes nada que ofrecerle a Ranma.

No podía creer lo que estaba escuchando y mucho menos la seriedad de Kuno, ¿Será que por primera vez estaba hablando con el verdadero Kuno?

-¿Y Akane? ¿ya no la amas? –preguntaba sin pensar, por un momento creyó conmoverse ante tal confesión.

-Esta ves tú ganas. También estoy conciente que no puedo tenerlas a las dos, por eso he decidido salir oficialmente con la pelirroja,y te advierto soy capaz de volver a entrenar con el pervertido del maestro Hapossai para vencerte y liberarla de tu yugo (aún piensa que la pelirroja es esclavizada por Ranma),

Kuno por fin había tomado una decisión respecto a sus sentimientos y Ranma no lo podía creer. Está vez no tenía palabras ni golpes y sin que se diera cuenta su enemigo, este le había ganado al dejarlo sin armas, completamente indefenso.