Renuncia: Hirunaka No Ryuusei pertenece a Yamamori Mika.
Notas: Soy una adicta a las metáforas melosas y hago mal uso de ellas (¿?). Espero que este regalo le siga gustando a mi Nicolas, que es una luz y saca mi lado super cursi.
«Te miro y veo el amor cuando estás dormida,
mientras mi guitarra llora dulcemente»
Beatles
Se inclina con torpeza y hasta que se sonroja por completo, le roza las mejillas con sus labios temblorosos; acaba de descubrir que ella es suave. Se lleva una mano al rostro para cubrir su propia vergüenza, a pesar de que ambos se encuentren solos (y ella, dormida).
Se voltea a verla con el ceño levemente fruncido. Suzume no lleva maquillaje, tiene las manos sucias y el cabello se le ha esparcido, despeinado, sobre toda la mesa donde ella descansa su cabeza; no lleva ninguno de esos vestidos de flores, ni esos bonitos peinados que Nekota le hace siempre. Está hermosa.
De repente, con el sol del atardecer colándose por el gran ventanal (es tarde, pero Mamura quiere esperarla para volver juntos a casa), la luz ilumina las lágrimas que Suzume no ha podido derramar. Y es ahí cuando los ojos de Mamura se tiñen ante el enternecedor primer amor. No el de ella, sino el de él.
Y lo sabe. Sabe que ella anda perdida entre sus sueños, entonando galaxias en los que roza con sus manos sucias el rostro enamorado de…él.
(Sensei es mi estrella fugaz).
Y mientras Mamura explora su propio silencio (su más preciado tesoro, donde guarda su dulzura y toca las cuerdas de su guitarra durmiente) descubre que él quiere ser el cielo nocturno para que Suzume brille con sus estrellas. Y sin embargo, sabe que para Suzume, él no es más que un atardecer que observa la noche brillante de ella.
(Quisiera que el Sensei me mire…).
(Pero él es un día, un día de verano que brilla pero que se cubre con nubes temblorosas. Él jamás será un atardecer que quiera llegar a encontrarse con mi noche).
…Es que ella se pierde en las añoranzas de otro amor. Sin embargo, Mamura es el único que ha besado las tristezas de ella (quiere saber a qué sabe su alegría), el único que sostuvo sus manos temblorosas (quiere besarlas con cariño), y el que se enamoró de la mirada infinita de ella.
Cuando la ve, él puede ver al…
Sabe que más tarde ella se reunirá con él. Se peinará y se maquillará el rostro con romances tímidos. Y Mamura solo puede verla y enamorarse de las melodías del silencio de ambos, tan infinito, tan todo.
Así que el atardecer se oscurece hasta apagar las luces que iluminan su rostro dormido, y él solo puede ignorar sus propios sonrojos y desear que la lluvia de verano caiga pronto.
No sabe que ella ha sentido los labios de él mientras dormía, y se ha enamorado, sin saber, de la guitarra llorona de Mamura.
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Y quizás, cuando ella despierte, lo amará más.
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