28 de enero 1976

Había pasado poco más de un año desde que me convertí en la amante de Lord Voldemort, los cuales habían sido más placenteros de lo que imaginé. Seguía enseñándome sobre magia oscura, en el tiempo que no pasábamos en la cama. Solo nos unía el deseo mutuo, que de mi parte luego se convirtió en amor, aunque nunca lo confesaría, ya que sería darle fin a lo nuestro...

Ninguno de los mortífagos se atrevía a hablarme por miedo, ya que las primeras veces desde la primera vez que estuve con él, el señor tenebroso, los castigó. Era posesivo, y celoso conmigo, pero eso solo me hacía amarlo más, ya que me hacía sentir algo querida de su parte, aunque fuera imposible, sabía que él no sentía amor o eso creía yo...

Estábamos en navidad, aunque no la celebraban aquí, me daba emoción estas fechas. Me encontraba como todas las noches, en el regazo de mi señor. Luciendo como cuando tenía mi edad para mi placer personal, gracias a una poción multijugo con su cabello de ese entonces. Ni siquiera me había quejado cuando al principio de año lo sugirió ya que era realmente apuesto cuando joven...

Quiero que dejes de ir a misiones...—soltó de repente sin entender porque...

Soy la más capaz de tu mortífagas Tom—dije alzando la mirada algo confundida.

No tengo la menor duda, Hy—dijo apodándome como gustaba hacerlo, haciéndome sonreír.

¿Entonces por qué? —pregunté algo confundida antes de él darme un corto beso en los labios.

No me importa que los demás mueran por mi culpa— respondió sin aun yo entender—. Pero no soportaría si te pasara algo...—terminó de decir dejándome algo fuera de mí—. Sabes que lo que pasa en esta habitación no...—me advirtió antes de seguir lo que diría.

No debe saberlo nadie, lo sé— terminé de decir por él, haciéndolo sonreír con orgullo.

Creo que te amo, Hydra— soltó de golpe haciéndome esta vez sin caer en shock por completo, esperando despertar del aquello que parecía un sueño.

Creí que no sentías amor, Tom— dije con miedo de que todo fuera una broma.

Yo igual, nací fruto de una poción de amor, no de fruto del amor verdadero— explicó sintiendo como parecía incomodo al decir aquello—. Pero tú, eres la excepción, no puedo despegarme de ti, o preocuparme por ti...

También te amo— dije antes de que él prosiguiera haciéndolo sonreír antes de besarme...

En ese instante había sido la mujer más feliz del mundo. Sintiéndome como la más afortunada, sin saber que aquello sería parte de mi perdición.

Actualidad. 1 de septiembre 1993

El verano se fue más rápido de lo que quise, haciendo que las clases en Hogwarts comenzaran hoy, lo que significaba que mi labor como profesora empezaría. Sabiendo que no podía aparecerme en Hogwarts, no me quedó de otra que ir a la estación King Cross a tomar el tren como hacían todos los mocosos.

Como era de esperarse, al atravesar el vagón 9¾, me encontré con miles de chiquillos emocionados por su nuevo año escolar. Por lo que sin muchas ganas, aparté a todos mientras caminaba hasta entrar al expreso.

La mayoría que me miraban lo hacían extraños, ya sea por mi ropa muggle, o porque alguien de mi edad entrara al expreso, o quizás ambos. Sin embargo no presté atención a los mocosos, ya que solo estaba concentrada en buscar un jodido vagón vacío, lo cual casi fue imposible, pero lo logré.

Sin perder tiempo entré antes de cerrar la puerta, y poner mi baúl en el portaequipaje. Poco después el tren arrancó, aunque eso no significaba que los molestos mocosos dejaran de hacer ruido en los pasillos.

Tuve que respirar profundo para no salir a hechizarlos a todos a ver si se tranquilizaban, porque ganas no me faltaban, pero supongo que no daría una muy buena impresión como profesora nueva. Al final le eché un hechizo anti ruido al vagón, y comencé a jugar con mi varita.

Cambiaba mi color de pelo, de uñas, incluso el de mi ropa, para pasar el tiempo, hasta que el tren se detuvo en medio de la nada sin estar cerca del castillo, por lo que me pareció sumamente sospechoso. Para rematar, comenzó a sentirse un frio de la nada, antes de que todo se oscureciera. Por los que sin miedo alguno, alcé mi varita pronunciando antes "lumos" y salí del vagón en busca del problema, encontrándome con algo que creí que no volvería a ver jamás. Dementores.

No sé si me reconocieron o no, pero igualmente se acercaron a mí listo para atacarme…

— Expecto Patronum— pronuncié antes de una serpiente marina, mi animal favorito debido a mi nombre, salir de la punta de la varita, alejándolos por completo.

Sabía que aquello traería problemas a los demás estudiantes por lo que dejé que desaparecí mi patronus, y caminé por los pasillos para verificar que todos estuvieran bien. Y justo cuando creí que ya no había ninguno, vi como de uno de los vagones salía un brillo de luz, seguro de un patronus por lo que corrí hacía allí.

Al llegar la luz ya había vuelto, y el tren arrancado por lo que pude ver quienes estaban adentro…

— ¿Se encuentran todos bien? —preguntó algo preocupada de verdad, apenas eran niños, cinco en realidad, muy pequeños.

— Sí—respondió alguien que no era un niño lo que me llamó la atención, era un hombre, lo cual era extraño…—. Solo este se ha desmayado— soltó sin dejar de mirarme algo extraño.

— ¿Quién es usted? —preguntó una niña castaña pero le ignoré antes de ver al chico desmallado. Quedándome algo fuera de mí a verlo.

— James— solté acercándome a él, ya que era idéntico a uno de los mejores amigos de mi hermano, aunque sabía que eso era imposible, James Potter estaba muerto, lo que significaba que este chico era su hijo, Harry, a quien debía proteger—. Harry Potter.

— ¿Hydra? —Soltó el hombre al parecer reconociéndome—. Es imposible…

— ¿Lo conozco? —pregunté extrañada.

—Soy yo, Remus, Remus Lupin—respondió antes de sonreírle, por fin una cara conocida, era otro de los amigos de mi hermano.

— Los años te han acabado…—dije riendo antes de ver al Harry despertar—. Si quieres hablar estoy unos cuantos vagones de aquí—solté antes de caminar hacia la puerta y ver la niña castaña—. Y pequeña, soy una nueva profesora— respondí anterior pregunta sin ella esperárselo antes de salir del vagón.