Verano del 1977
Desde nuestra mutua confesión de amor, se volvió más sobre protector que antes. No salía a ningún lado, y seguía sin que nadie se me acercara, convirtiendo los días sin él en sumamente aburridos. Sin embargo eso no impedía que me enterara de lo que sucedía tanto en su ejército como en el mundo mágico.
Las matanzas habían incrementados, para mi mala suerte no gracias a mí, lo que hizo que el ministerio comenzara a temerle al igual que el resto de la comunidad mágica... Incluso cada mes llegaban nuevos mortífagos listos para servirle a Tom.
Muchos de ellos chicos Slytherin recién graduados de Hogwarts. Por lo que pude reconocer a algunos, inclusive sabía el nombre de uno, que había sido molestado en el colegio por la pandilla de mi hermano Sirius, lo que me hacía cuestionarme que hacía aquí.
Sin embargo el nuevo miembro que mas me sorprendió, fue mi hermano más pequeño Regulus, el cual no tenía ni idea que hacía aquí.
— Regulus— dije en cuanto lo vi entrar a la mansión, llamando su atención mientras yo bajaba por las escaleras.
— Hydra— soltó sonriéndome al verme, antes de yo llegar a él y abrazarlo.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté separándome de él con miedo ya que sabía la respuesta.
— Creo que es obvio— respondió antes de remangar la manga de su camisa y mostrarme su marca tenebrosa—. Soy un mortífago— soltó con orgullo mientras lo miraba completamente aterrada.
—No puedes hacer esto, Reg, eres un niño— le reclamé de inmediato—. Mamá no puede permitir…
— Ella me apoyó Hydra— me interrumpió mientras se arreglaba la camisa—. Me contó estabas aquí. Además tú solo tenías un año más que yo cuando comenzaste a servirle…—agregó molesto ya que tenía razón.
— No es lo mismo Reg, y lo sabes…
— ¿Por qué? —preguntó furioso—. ¿Por qué no soy igual de listo o fuerte que tú? —soltó sonando indignado.
— ¡Porque eres mi hermanito! —grité furiosa, triste y asustada—. No puedo dejar que pongas tu vida en riesgo…—solté alejándome de él, él no sabía en lo que se metía. Sabía que tenía los mismos ideales sobre la pureza de la sangre, pero aun así aun era un niño…
— ¿Pero tú si puedes? —preguntó mientras le daba la espalda para regresar a mi habitación a esperarlo a él, solo él podía ayudarme.
— A mi temen Regulus, no es lo mismo…—respondí antes de subir las escaleras con furia…
No podía permitirme perder a mi hermanito en esta guerra. Lo había cuidado desde que nació, al igual que a Sirius, ambos eran todo para mí antes de venir a aquí…
Actualidad. 1 de septiembre de 1993
Minutos después de entrar a mi vagón, entró Remus mirándome igual de extrañado que antes.
— Luces igual que siempre—soltó cerrando la puerta.
— ¿Hermosa?, ¿perfecta?, ¿extraordinariamente radiante? —pregunté sonriendo antes de él reír.
—E igual de arrogante— agregó antes de sentarse a mi lado—. ¿Cómo es que sigues joven? —fue lo primero que preguntó.
— Larga historia— apenas respondí—. ¿Qué haces aquí?
— seré profesor de defensas contra artes oscuras, y ¿tu? —preguntó de vuelta.
— Seré la profesora de pociones de los primeros dos cursos— respondí antes de él sonreír.
— A Severus no le agradará esto— soltó haciéndome reír.
— Mejor…
— Ha pasado mucho Hydra desde que te fuiste al extranjero— soltó de repente borrando su sonrisa.
—Lo sé, James y Lily murieron, y mi hermano está en Azkaban hasta hace poco que escapó…—solté algo triste tan solo pensar en el hermano que me quedaba había estado encerrado doce años en aquel horrible lugar.
— ¿Crees que vendrá por ti? —preguntó serio.
— No, nadie de los que me conocen a parte de ti y Dumbledore sabe que estoy en el país—respondí sin miedo alguno, aunque la verdad ver a mi hermanito no estaría nada mal…—. Harry se parece a James—solté cambiando de tema antes de él sonreír y asentir—. Me hace recordar cuando ustedes tenían su edad…
—Muchas cosas han pasado desde entonces— soltó mientras yo tenía ganas de decir, "no sabes cuánto", pero preferí no decir nada y asentir—. Iré a ver al maquinista, para saber sobre los dementores…—dijo como si nada antes de salir del vagón, dejándome sola con sus pensamientos…
Media hora después, el tren se estacionó en Hogsmeade, por lo que todos salieron, incluidos los mocosos ansiosos e insoportable, que en más de una ocasión casi me derrumban. El castillo lucía igual que siempre, como si el tiempo no hubiera pasado, la única diferencia eran los dementores que por alguna razón estaban rondando el castillo.
Sin perder tiempo, subí en uno de los carruajes tirados por thestral, para luego llevarme hasta el castillo.
Como era de esperarse, caminé hasta el comedor, directamente a la mesa de los profesores, los cuales me miraron algo sorprendidos, incluso algunos parecían que me había reconocido, en especial Snape, quien no pudo dejar de mirarme sorprendido.
Como siempre, el sombrero seleccionador colocó a todos los alumnos de primero en sus respectivas casas, para luego Dumbledore dar su típico discurso, aunque este fue más emocionante que alguno otro que hubiera escuchado.
— ¡Bienvenidos! —Dijo Dumbledore, con la luz de la vela reflejándose en su barba—. ¡Bienvenidos a un nuevo curso en Hogwarts! Tengo algunas cosas que deciros a todos, y como una es muy seria, la explicaré antes de que nuestro excelente banquete os deje aturdidos —se aclaró la garganta y continuó—: Como todos sabéis después del registro que ha tenido lugar en el expreso de Hogwarts, tenemos actualmente en nuestro colegio a algunos dementores de Azkaban, que están aquí por asuntos relacionados con el Ministerio de Magia —explicó al fin yo entendiendo al igual que seguro los estudiantes, porque habían dementores aquí—. Están apostados en las entradas a los terrenos del colegio —continuó Dumbledore—, y tengo que dejar muy claro que mientras estén aquí nadie saldrá del colegio sin permiso. A los dementores no se les puede engañar con trucos o disfraces, ni siquiera con capas invisibles—a partir de ahí dejé de prestar atención, ya que solo eran advertencias para los mocosos.
Me comencé a distraer un poco mirando el comedor, y notando lo que había cambiado, es decir casi nada. Hasta que escuché mi nombre en la boca del profesor.
— La señorita Hydra Black, será la profesora de pociones para los de primer y segundo curso— dijo haciéndome mirar la expresión de los niños, la cual era de asombro, por lo que sin pudor alguno les salude a todos con la mano sonriéndole….
Siguió hablando antes de dar comienzo al banquete. El cual comencé devorar con suma hambre, sin mirar nadie. Minutos después al terminar miré a Remus, el cual me sonrió en cuando me vio, hasta que mi mirada fue a parar en alguien más cerca de mí. Snape, quien me miraba sin creer al parecer lo que veía, por lo que sin pudor alguno le sonreír de lado, haciéndolo apartar la mirada, lo cual hace que casi me riera.
Al fin terminar el banquete, los chicos comenzaron a irse a sus respectivas salas comunes. Por lo que sin perder tiempo, me fui hasta mi habitación, la cual como era de esperarse estaba en las mazmorras. Gracias a esto, pude encontrar el camino fácilmente, ya que había pasado siete años de mi vida aquí abajo…
La habitación estaba cerrada con una contraseña que solo yo y Dumbledore sabíamos, como la de todos los profesores. "Black", pronuncié antes de la puerta abrirse. Era una simple contraseña por lo que nadie intentaría entrar con ella…
Al entrar casi valía la pena quedarme en el castillo. Era casi como un mini departamento muggle; tenía una pequeña sala como recibimiento, la cual tenía un sofá, una chimenea y algunas decoraciones innecesarias. Luego de esta, estaba una inmensa cama, con mi baúl delante de ella, y dos mesas de noche a cada lado. Y por último había dos puertas, que creo que eran mi armario y mi baño.
Sin nada más que hacer que dormir para enfrentar al primer grupo de mocosos a primera hora, me desabotoné la túnica, quedándome solo con ropa muggle. Unos jeans, y una camiseta manga larga…. Los cuales iba a empezar a quitarme, antes de que alguien tocara a la puerta, por lo que de malísimas ganas fui a ver quién era.
Casi me atreví a sonreír con cinismo al ver quién era.
— ¿Qué quieres? —Pregunté cruzándome de brazos al ver al profesor pelinegro mirándome como si fuera un fantasma—. No soy un fantasma, si es lo que te preguntas…—solté riendo antes de abrir más la puerta para que entrara.
— Te creí muerta— soltó él ya sin expresión en su rostro.
— Sí, tú, todos los demás mortífagos, el señor tenebroso, y el resto del mundo mágico— dije con sumo orgullo pero él no se inmutó.
— ¿Cómo es que…?
— ¿Sigo viva? —Terminé de formular su pregunta—. Sencillo, fingí mi muerte para huir de Voldemort— solté este nombre con rabia.
—Así que Dumbledore hablaba en serio— soltó esta vez con cierta ironía en su voz—. Cuando dijo que darías clases aquí, y peor que serías su aliada, lo creí deschavetado por la edad…—dijo haciendo un intento de sonrisa, pero solo se vio una mueca.
— ¿Por qué?, también eras un mortífago y mírate aquí— solté encogiéndome de hombros, haciendo que cambiara su expresión a una de disgusto.
— yo no era su preferido como tú…—dijo con notable desprecio—… ni mucho menos fingí mi muerte…
— ¿Solo eso viniste a decirme? —Pregunté cruzándome de brazos sin demostrar tampoco expresión alguna en mi rostro—. Tengo mi razones, como sé que también tienes las tuyas, así que te aconsejo algo, no te metas en mi camino— solté al notar que no respondía antes de caminar hacia la puerta para que se fuera.
— ¿Me estás amenazando? —preguntó con suma incredulidad por lo que sonreí de lado.
— Exactamente, que no se olvide quien fui una vez, por lo que si se me atojara podría hacértelo pasar muy mal…—amenacé sin miedo mientras él me miraba con desprecio antes de caminar hacia la puerta—. Buenas noches Severus— le despedí antes de él irse furioso de mi habitación.
Definitivamente este iba a ser un largo año…
