1 de septiembre de 1967
Tenía once años la primera vez que me separé de mis hermanos. Era apenas una niña, pero aun así cuidaba de ellos mejor que mis padres, los cuales solo nos había tenido para preservar el apellido y la sangre pura…
— Puedes llevarme en tu baúl…—soltó el pequeño Sirius, intentando que no me fuera.
— Sabes que no es posible— le dije por última vez mientras bajaba las escaleras con mis cosas, para ir por mí misma a la estación—. Además en tres años irás conmigo, y entonces jamás nos volverán a separar…—afirmé como si pudiera prometer tal cosa—. Ni de ti Reg— comenté a mi hermano más pequeño el cual solo se quedaba callado mirándome desde la puerta principal…
Actualidad. 1994
Al final de todo, no fue tan buena idea darle clases particulares a los gemelos. Ya que al cabo de una semana, dejaron de ser solo dos, a ser una quincena de estudiantes listos para aprender de mí. Incluso habían estudiantes de sexto y séptimo curso, los cuales luego de unas cuantas lecciones alegaban que deberían haberme puesto desde hace año a dar clases de pociones.
Si antes el murciélago no me hablaba, ahora menos, estaba más furioso que nunca conmigo, aunque ni siquiera sé porque, solo decía la verdad….
Por otro lado, al parecer mi hermano estaba detrás de Potter, incluso intentó entrar a su sala común, lo cual resultó con la señora gorda en otro cuadro, y máxima seguridad en el colegio. Aunque no entendía para que, Sirius no era capaz de hacerle daño a un niño…
— ¿Crees que sepa que estoy de vuelta? —pregunté a Remus a finales de febrero, mientras conversábamos en su despacho.
— No lo sé, aunque si está cerca, algo debería haber escuchado…—soltó algo misterioso, demasiado diría yo—. No te preocupes, si lo supiera hubiera venido por ti…
— Dudo que sepa que soy yo, al verme tan joven…—había dicho suspirando, y recordando al hermano menor que me quedaba vivo…
Los días siguientes se pusieron más insoportables que nunca, todos estaban asustados por mi hermano, aunque ninguno sospechaba que él lo era, y por supuesto tampoco saqué el tema, ya que estaba mejor por ahora, sin todos preguntándome por él…. Aunque ya que buscaba a Harry, a veces me daban ganas de ir a decirle que Sirius era inocente, que era el mejor amigo de su padre, y su padrino, pero sabía que no me creería…
Las clases se fueron tornando más fuertes según se acercaban Junio, ya que tenían que estar preparados para sus exámenes, aunque sabía que ya lo estaba. Les había enseñado bien. La ultima poción que les había mandado a hacer era un tipo de poción petrificadora, la cual tocar cualquier objeto lo volvía tan pesado como una ropa, por lo que era ideal para lanzárselo a alguien en la ropa, y este quedarse inmóvil.
La mayoría habían de las pociones había recibido un aceptable en sus pociones, los jodidos chiquillos estaban haciendo que me sintiera orgullosa. Al terminar, tomé las mejores para guardarlas y las demás las deseché, ya que no tenía nada mejor que hacer con ellas. Con sumo cuidado agarré los seis frascos con buenas pociones para colocarlas en los gabinetes, cuando por un pequeño error me tropecé con mi propia túnica, haciéndome caer, y echarme las pociones encima. Por lo que me había quedado sin moverme en el suelo, en medio de mi despacho en las mazmorras.
— ¡Auxilio! —comencé a gritar con la esperanza que algún estudiante de Slytherin estuviera en los pasillos, sin embargo nadie llegó, por lo que volví a gritar: —. ¡Necesito ayuda!
Pasaron los que parecieron ser una eternidad en el suelo, haciéndome pensar que esto solo me puede pasar a mí. Cuando estaba bastante sumida en mis pensamientos, la puerta se abrió, entrando quien menos quería que entrara, para luego verme y reírse.
— Mierda— murmuré por lo bajo.
— ¿Qué hace allí abajo? —soltó él mirándome con suma burla.
— Admirando el suelo, y su gran belleza— solté con sumo sarcasmo—. Me caí junto con varias pociones, y no puedo moverme, llevó una eternidad gritando por ayuda…
— Lo sé, la oí— soltó haciéndome enfadar un poco. Me había escuchado y hasta ahora es que viene.
— ¿Y por qué demonios no vino antes? —pregunté furiosa.
— Si sigue con esa actitud me iré de nuevo— soltó sonriendo, algo que rara vez el veía hacer, por lo que opté callarme hasta que saliera de este aprieto.
— Disculpa—dije intentando no mostrar mi enfado—. ¿Puedes ayudarme? —Pregunté antes de él caminar hacia mí, e intentar levantarme, pero no pudo con él peso que tenía mi ropa—. No cree que si fuera tan fácil no seguiría aquí…—comenté antes de él dejar de intentar moverme.
— ¿Qué poción le cayó encima? —preguntó ignorando mi comentario.
— una de mi invención…
—Tenía que ser…—soltó rodando los ojos sin mucha paciencia, algo que me hizo casi reír—. A ver, ¿Qué hace?
— Darle el peso de una roca al objeto al que le cae, es bueno para inmovilizar a alguien…—respondí con intención en encogerme de hombros, pero no podía—. Necesitará quitarme la túnica, o romperla, para que pueda moverme…—expliqué sin él al parecer creerlo.
— Buscaré a Dumbledore para que le ayude…—soltó dando la vuelta para irse, lo cual me extrañó.
—Joder Severus, solo quítame esta jodida túnica, no es mucho pedir— grité con rabia haciendo que se detuviera, y se volteara antes de que con un movimiento de su varita, mi túnica se rompiera en mil pedazos, liberando casi por completo—. Gracias— solté al fin pudiendo mover los brazos y las piernas, aunque el levantarme se me hizo algo difícil, seguro me había caído parte de la poción en la camisa…. Sin importarme nada, me la quité, sintiéndome libre…
— ¿Qué cree que hace? —preguntó un murciélago claramente nervioso, por lo que reí, al quedarme con una pequeña franela blanca casi transparente…
— Le cayó poción a la camisa— respondí antes de arrojársela para que lo comprobara, para luego caminar hacia la puerta, sintiéndolo algo incomodo—. Oh vamos, ni que fuera la primera vez que ve una mujer con poca ropa…—solté pasándole por el lado y casi podía jurar que lo vi sonrojarse por un momento—. En serio Sev, búscate una novia…—bromeé con lo mismo al darle la espalda, para poco después girarme, y caminar hacía él quien aun no dejaba de mirarme.
— ¿Qué quieres ahora? —preguntó molesto, por lo que reí, antes de acercarme a su rostro y besar su mejilla.
— Darte las gracias, con lo gruñón que eres creí que me dejaría allí hasta mañana…—solté riendo—. Podía haberme dejado en las manos de cualquier estudiante que entrara, y quien sabe que me harían… así que graci…—volví a repetir antes de él halarme por el brazo y hacerme caer en su regazo, para luego inesperadamente y sin yo saber por qué rayos, besarme.
No sé, si fueron el tiempo que tenía sin tener contacto con un hombre, o la necesidad de sentirme deseada por alguien, o sencillamente porque me dio la gana, pero luego de quedarme unos segundos inmóvil, le seguí el beso, tomándolo por el cuello para profundizarlo, mientras él colocaba sus manos en mi cintura dejándose llevar. Cuando tuve suficiente, terminé el beso, para luego sonreír encima de sus labios, y negar antes de largarme de allí. Dejándolo seguro totalmente confundido…
Ese mismo día, y los siguientes era yo quien lo esquivaba al él intentar quedar a solas conmigo, quien sabe si para disculparse o explicarse, pero aun así no le daba oportunidad para hacerlo. Aquello fue dejarme llevar nada más, además lo último que me faltaba era que comenzara a gustarle, o peor, viceversa…
Sin ningún amigo desde hace años, había decidido contarle lo sucedido a Lupin, el que luego de reírse bastante, siguió riéndose…
— Oh vamos que no es nada gracioso…—repetí por tercera vez, mientras él corregía unos deberes de cuarto año.
— ¿No?, creo que no me había reído así, desde que James murió…—soltó con una pequeña muestra de tristeza al mencionarlo—. Jamás lo hubiera imaginado de ti…
— Aich, pero ya te dije que no lo planeé— solté por milésima vez, recostándome en su escritorio—. Ni siquiera sé porque no le lancé un Crucio en ese momento…—dije de malas ganas—. Y antes de que lo digas, no me gusta el murciélago— aclaré haciéndolo reír, aunque no podía negar que no besaba mal…
— Por algo el seguiste el beso…
— ¿Por impulso?, y me arrepiento por completo, ahora se me hará imposible sacármelo de encima— solté de mal humor.
—Solo aclara las cosas, no es difícil…—soltó terminando de corregir los pergaminos—. Y bájate de mi escritorio, tengo clases en unos minutos…
— ¿No puedo quedarme? —pregunté haciendo pucheros antes de él reír y negar.
— ¿No tienes que dar clases? —preguntó de vuelta.
—No más por hoy, aunque si tengo muchas tareas por corregir…—respondí recordando que no había corregido nada desde el incidente... —. Hablamos en el comedor, y ni una palabra de esto a nadie…—le recordé antes de salir de bajar de su escritorio e irme de su aula.
Sin nada mejor que hacer, y sabiendo que si no iba hoy a corregir los trabajos de los de primer y segundo año, se me acumularían y se haría imposible corregirlos, decidí ir a despacho a comenzar con la tortura. Como era de esperarse en un día de clases, los pasillos de las mazmorras estaban completamente desiertos, por lo que llegué en pocos minutos a mi despacho, antes de buscar los pergaminos que tenía por corregir.
Se me había pasado hasta la hora del almuerzo cuando al terminé por lo menos con los de primer año y la mitad de los de segundo, por lo que tuve que llamar a un elfo domestico para que me trajera algo de comer antes de continuar con los pergaminos que me quedaban….
Al terminar, ni siquiera mi cuenta de la hora, aunque supe que habían pasado mucho tiempo cuando vi que los estudiantes a los cuales les daban tutoría en la tarde tocaron la puerta. Para mi sorpresa, a pesar de haberles dicho que no aceptaría a más estudiantes, trajeron a un chico rubio de Hufflepuff, el cual luego de regañar a todos terminé por aceptar antes de comenzar la clase.
Casi me estaba durmiendo en el escritorio cuando los chicos salieron dejándome sus muestras en uno de los gabinetes para corregirla más tarde. Este sería el primer y último año que doy clases particulares. De hecho sino fuera por Dumbledore ni siquiera me preocuparía por volver a dar clases aquí.
Sin importarme aun estar en un aula, terminé por acomodarme en mi brazos antes de caer en los brazos de Morfeo, aunque cuando despierte me arrepentiría al despertar adolorida…. Sentí de repente como alguien me movía, haciéndome casi creer que aun estaba durmiendo, pero supe que no era así cuando escuché a alguien llamándome.
Para cuando comencé a abrir mis ojos, vi una silueta de un hombre con cabello negro largo y barba larga, con una vestimenta bastante sucia y degastada.
— Hasta que despierta hermanita— soltó haciéndome palidecer, era él, estaba delante de mí, por lo que no pude evitar sonreírle.
— Los años no te han hecho nada bien Sirius…
