— ¿no te sorprendes de verme? — preguntó extrañado antes de yo negar.
— No, de hecho se me hacía extraño que no hayas venido antes…—solté sonriéndole—. ¿Y tú no te sorprendes de verme igual que hace años?
— No, a esta altura de la vida nada me sorprende—soltó sonriéndome antes de yo negar y palidecer al recordar que lo estaban buscando para matarlo.
—No debiste venir al castillo— solté seriamente—. Te está buscando para matarte por los crímenes que no cometiste…
— ¿Y tú no me crees culpable?
— ¿En serio Canuto? —le pregunté por su apodo—. Te conozco, sé que no matarías a nadie, y menos una decena de muggles, o traicionar a James.
— Gracias hermana, contigo aquí hubiera durado menos encerrado— soltó haciéndome sentir mucha culpa, si yo me hubiera entregado desde el principio Sirius jamás se hubiera entrado en ese infierno—. Y estoy buscando a colagusano, está escondido como rata…— explicó sorprendiéndome un poco.
— ¿en Hogwarts? — pregunté incrédulamente—. Si la veo intentaré buscarte, pero ahora es mejor que te vayas— solté antes de darle una de mis pociones, específicamente la de invisibilidad temporal—. Con esto si te conviertes en perro se te hará más sencillo salir— expliqué antes de darle la poción y él tomarla antes de volverse invisible justo a tiempo ya que alguien entró de golpe al aula…—. ¿Se te perdió algo? —le cuestioné algo nerviosa rogando porque mi hermano se haya ido en cuanto abrieron la puerta.
— Creí escuchar voces— respondió seriamente mirando el aula con minuciosidad—. Han visto a tu hermano en el castillo, fue a atacar a Weasley—explicó tal como me lo esperaba, mi hermano antes de venir a verme hizo algo estúpido haciéndome recordar los tiempos de escuela…
— Dudo que lo haya hecho, mi hermano no es el criminal que creen que es…—solté con rabia.
— Fue condenado a Azkaban…—intentó interrumpirme.
— No todos los culpables realmente lo son— señalé como si nada estando casi segura que Sirius ya se había ido del aula—. Al igual que los inocentes, según las leyes del mundo mágico debería estar pudriéndome en Azkaban…—le recordé con sumo desprecio.
— lo que confirma más que su hermano no sea inocente, debe ser igual que tú— soltó antes de yo tomar mi varita y apuntarle.
— No te atrevas a comparar a Sirius conmigo, porque la próxima vez no me detendré— le amenacé roja de la ira—. Y sabes que lo haré…—solté antes de al parecer él notar lo que había dicho.
— Yo…—intentó decir antes de yo interrumpirlo.
— Buenas noches Snape— solté antes de largarme del aula, sin poder evitar mirar por el pasillo de las mazmorras algún indicio de mi hermano…
El día siguiente no se habló de otra cosa que no fuera de la intrusión de mi hermano en el castillo…. Aunque por supuesto nadie sabía que era mi hermano, lo cual hizo más sencillo que nadie me preguntara por él…
Al contrario del resto de los docentes, di mis clases con toda normalidad, de hecho, hasta enseñé una poción divertida al grupo de segundo curso, los cuales se alegraron en cuanto les dije de qué se trataría la poción de hoy. Cuando al fin terminé de dar mis clases, me quedé en el aula corrigiendo las pociones de los renacuajos, para que no se me acumularan sus deberes…
Hubieron dos que tuve que hacerlas desaparecer en cuanto las tomé, ya que expulsaban un terrible hedor, y parecía que eran corrosivas…
—Jodidos chiquillos, como si fuera difícil seguí una instrucción…—comenté mientras corregía las demás.
Estaba tan concentrada que ni siquiera presté atención en cuanto se abrió la puerta del aula, pensando que tal vez había sido un estudiante al que se le haya olvidado algo.
— Lo siento— escuché que alguien decía haciéndome levantar la cabeza, y mirarle con rabia.
— Estoy ocupada— solté con suma frialdad.
— No debí compararla con su hermano….
—No, tú mejor que nadie sabe que Sirius no era un mortífago como se le condenó ser— le recordé con rabia—. Él no era un monstruo como yo, por lo que apreciaría si no volviera a compararlo conmigo— agregué sin dejar de corregir las pociones.
— No eres un monstruo…—soltó caminando hacia mí.
— ¿Cómo le llamas entonces a matar por placer? —Le pregunté dejando la poción que tenía en la mano tapada en el escritorio—. ¿Cómo le llamas a dar servicio por ocho años a alguien como el señor tenebroso?, y peor que esa hubiera sido mi meta desde pequeña…—solté negando al él llegar a estar al frente de mí, separándonos solo el escritorio.
— Todos cometemos errores señorita Black— soltó como si eso respondiera mis preguntas—. ¿O acaso no se arrepiente luego de todo este tiempo?
— Más que nada, era una chiquilla estúpida, por eso he dedicado todos estos años a ayudar a magos y muggle, aunque aun así, sigo sintiendo mis manos sucias por tantos asesinatos sin razón— confesé como si nada, aunque esa era la primera vez que decía aquello en voz alta delante de alguien—. Porque no importa lo que haga, sigo siendo un monstruo— solté con desprecio hacía mi misma para luego estirar mi mano hacía la poción que estaba revisando, pero antes de que llegara a ella, una mano pálida la atrapó haciéndome ver a su dueño inclinado hacia mí.
— Tampoco he tenido una vida sencilla, y no me ve quejándome…—soltó haciéndome reír, por lo que aparté mi mano de la suya, antes de levantarme de mi asiento.
— Porque no has vivido lo que yo. No sabes lo que es que tu hermano más pequeño muera sin tu poder hacer nada, y el que me queda haya tenido que pasar doce años en Azkaban, cuando podría estar suelto si me hubiera entregado en su lugar— solté intentando no llorar—. No tienes idea de lo que es vivir a diario sabiendo que mis hermanos hubieran tenido una vida normal si solo yo nunca hubiera existido…—agregué antes de limpiar una lagrima traviesa que rodaba por mi mejilla—. Déjeme sola, profesor Snape…—dije con convicción pero en vez de dar la vuelta e irse, dio un paso hacia mí, y tomó mi rostro con su mano.
—Me recuerdas tanto a mí…—soltó antes de acercar sus labios a los míos y besarme.
Comenzó siendo lento, como si estuviera consolándome al besarme, para luego morder mi labio inferior y profundizar el beso, haciendo que su lengua buscara la mía con desesperación. Sin pensar en ello siquiera, me dejé llevar, poniendo mis manos en su nuca mientras él llegaba la mano que tenía en mi rostro en mi cadera al igual que la otra, para luego subirme al escritorio sin dejar de besarme.
Al subirme, se acomodó entre mis piernas, y sabía que en que terminaría esto sino lo detenía, pero aun así no lo hice. Quizás por el todo tiempo que tenía sin que me tocaran así…. Sus besos fueron bajando por mi cuello, para luego comenzar a desabotonar mi túnica con desesperación haciéndome reír, y ayudarle a quitarla, para luego comenzarlo a besar de nuevo mientras el trozo de tela caía al suelo….
Sin darme cuenta de que en momento se deshizo de las pociones que estaban en el escritorio, me acostó en este, antes de comenzar a desabotonar mi camisa, lo cual hizo que me acordara de algo importante. En quince minutos tenía que dar las clases particulares, por lo que esta aula estará pronto lleno de estudiantes.
— No aquí…—solté sobre sus labios, haciendo que me viera confundido—. Dentro de quince minutos esta aula estará llena de estudiantes…—agregué haciendo que se apartara de mí, por lo que me senté en el escritorio mientras me abotonaba la camisa.
— Lo siento, yo…
— No te disculpa Severus, has hecho algo hace mucho necesitaba, sentirme deseada…—solté sonriéndole antes de bajar del escritorio y darle un corto beso—. Ven a mi habitación después de la diez…—le dije sonriéndole antes de él sonreírme y salir del aula…
Con una sonrisa en mi rostro, me volví a poner la túnica, para poco después comenzaran mis estudiantes particulares a entrar…
Había decidido enseñarles con todos los trucos a preparar la poción de muertos en vida, lo cual me agradecieron durante toda la clase. Al terminar, salieron con sus apuntes, dejándome dieciséis perfectas pociones, las cuales depositaría en la bodega de mis pociones, tal vez algún día la necesite…
Cuando al fin terminé de colocar todo en mi bodega, salí de mi despacho para luego ir a mi habitación a buscar algo fuerte para beber, necesitaba buscar valor para lo que haría. Me quedé media dormida, mientras veía las horas pasar, y al llegar las once de la noche, aun no llegaba por lo que sumamente molesta, apagué la chimenea, y me fui a dar una ducha.
Estaba demasiada entusiasmada por algo que no llegó, que en medio de mi baño, se me ocurrió algo perfecto para hacer. Salí de mi baño, para luego ponerme un babydoll, que había comprado hace un año en una tienda muggle, y encima de esta, me puse la túnica como si nada estuviera pasando, para luego salir de mi habitación e ir a la de él.
Toque unas tres veces, y nadie respondió por lo que toqué casi con desesperación sin detenerme hasta que al fin abrir algo molesto.
— ¿Por qué tanto ruido? —preguntó molesto.
—Me quedé esperándolo por una hora— dije cruzándome de hombros, y él negar—. Por lo menos me hubieras avisado que te habías arrepentido de lo que pasó esta tarde…—solté algo molesta.
— No ocurrió eso—soltó él mientras esperaba respuesta—. Creí que solo había tenido un impulso, no quería…—comenzó explicándose antes de yo besarlo para que se callara.
— Hablas demasiado…—solté encima de sus labios antes de ambos entrar a su habitación y cerrar la puerta detrás de nosotros—. Si hubiera querido esto, ni siquiera te hubiera seguido el beso la primera vez…—dije antes de volver a besarlo, y él seguirme el beso de inmediato.
Como era de esperarse, sus manos fueron directo a los botones de mi túnica, para luego desabotonarlos todos, y esta caer al suelo dejándolo algo sorprendido, por lo que le sonreí de lado encima de sus labios. Sin perder tiempo, quité su túnica en lo que me miraba algo embelesado, para luego comenzar a quitarle la camisa con desesperación.
— ¿Estás segura de esto? —preguntó entre besos, por lo que me separé un momento de él, antes de buscar mi varita en mi túnica.
—Muffliato— pronuncié antes de arrojar la varita al suelo y sonreírle—. Deja de pensar tanto…—le dije antes de volver a besarlo, y sin esperármelo, él besarme con más pasión que antes, casi con necesidad, mientras nos encaminábamos a su cama.
Con un poco de delicadeza me recostó en ella antes de subir encima de mí, acomodándose entre mis piernas para no aplastarme. Por lo que le sonreí entre besos, nunca nadie había sido tan cuidadoso conmigo, y menos tratándose solo de sexo…
Cuando sus labios abandonaron los míos, casi me quejo, pero al sentirlos en mi cuello, hizo que cerrara los ojos y disfrutara, mientras bajaba por mi cuerpo hasta llegar a mi sostén, y quitarlo con prisa. Sin esperarlo, sentí como sus labios aprisionaban uno de mis pezones, haciéndome gemir al contacto, y más cuando su mano aprisionó el otro, para al parecer no dejarlo sin atención.
Poco después fue alternando, y aprisionando el otro con su boca, haciéndome pedir más, no quería llegar al orgasmo tan rápido. Pero en vez de volver a mi boca, siguió dándome placer en aquella parte de mi cuerpo, mientras comenzaba a sentir su mano libre explorar más abajo, hasta llegar a mis húmeda braga, y sin pedir permiso, aunque no hacía falta, entrar en esta para luego masajear mi clítoris haciéndome gemir mientras me arqueaba.
Minutos después grité al sentir mi primer orgasmo de la noche, y él aun seguía con la mitad de la ropa. Por lo que sin perder tiempo tomé su rostro con mis manos para guiarlo hasta mis labios y besarlo con desesperación, para luego con una de mis manos comenzar a desabotonar su pantalón. El cual él mismo terminó quitándose, dejando a la vista su notable erección, por lo que sonreí antes de tomarla en mis manos por encima de la tela, haciéndolo gemir encima de mis labios.
Con un solo movimiento, liberé su pene de su bóxer, mientras él intentaba deshacerse de ellos. Al hacerlo, abrí un poco más mis piernas, colocándolo justo en mi entrada para luego él penetrarme de un solo golpe.
Los cinco años que había tenido sin sexo, mi cuerpo me lo estaba cobrando ahora. Me había estrechado, aunque quizás solo era otro efecto de la poción de rejuvenecimiento que había tomado. Por lo que al sentirlo llenarme, no pude evitar sentir como si me estuviera desgarrando por dentro, como si fuera la primera vez. Sin embargo no me quejé, solo necesitaba acostumbrarme.
Aun no lo hacía, cuando lo sentir salir y entrar de nuevo, haciéndome gemir de dolor, y un poco de placer. Pero luego de embestirme por tercera vez, casi no sentía dolor, por lo que le ayudé a que fuera más rápido, mientras sentía mi segundo orgasmo llegar.
Al hacer arqueé mi espalda y grité con desesperación, para poco después sentirlo vaciarse dentro mí. Sin ninguno decir nada, salió de mí, y se recostó a mi lado, dejándonos en un silencio algo incomodo…
Sin decir nada, comencé a levantarme aun desnuda de la cama, para luego ir a buscar mi túnica.
— ¿te vas? —preguntó extrañado.
— Mañana tengo que levantarme temprano, y lo que menos necesito es que unos alumnos curiosos me vean saliendo de aquí…—dije sonriéndole, para luego morderme el labio inferior al verlo desnudo.
— ¿Volverá a ocurrir? —preguntó serio de nuevo, como si nada hubiera pasado por lo que caminé hasta su cama con mi túnica ya puesta, para luego inclinarme hacía él.
— Siempre y cuando solo sea sexo, me tendrás cuando quieras— respondí antes de besarlo con deseo, y alejarme antes de morder su labio—. Me encantó esto…—dije encima de sus labios antes de alejarme de la cama.
— A mí igual…—soltó sonriendo, sorprendiéndome un poco, que Sev sonría no es algo que vea todos los días—. ¿Cuál es la contraseña de tu habitación?
—Black, te espero después de las nueve…—respondí antes de salir de su habitación con una sonrisa en el rostro…
sapphire97: Graciass, hahahahhaha bueno ya verás como se lian más XD, espero que cumpla tus espectactivas la fic completa :3
sevsnap: sigo sin creer aun que lees esta fic X_x es que me encanta creo que dos de los sevione que has hecho :3. Hahhahahahah si es algo inesperado XD.
