Aclaración: Sherlock es de John y ambos provienen de la imaginación de Sir Arthur Conan Doyle. Personajes que fueron utilizados por la BBC para su adaptación en siglo XXI por Moffat y Gatiss. Este relato es sin fines de lucro.

Canción recomendada: Hysteria- Muse


La puerta se cerró con un chasquido.

Sentí los pasos de John bajar la escalera y el golpe sordo de la puerta de entrada al cerrarse. La ciudad estaba despertandose, los ruidos empezaban ha aumentar a medida que los minutos avanzaban y yo estaba aún estaba de pie mirando hacia aquel pedazo de madera, que confirmó una promesa.

El silencio era total, el tiempo pasaba y me iba sumergiendo en mi palacio mental, donde se repetía todo lo ocurrido durante la madrugada: el roce de sus labios en mi piel, las sensaciones de aquel beso tan espectacular - mi primer beso-, el sonido de su voz al declarar que me amaba, y luego, su negativa a quedarse y posterior promesa, la cual sonaba esperanzadora hasta que dijo que podria volver como amigo.

Como amigo, no.

Tenia que ser mío.

Quiero que me ayude en los casos, que vuelva a darme esos besos tan electrizantes , tenerlo a mi lado, sentir su cabello rubio haciendome cosquillas en la nariz, ver sus ojos azules brillantes cuando veia mis deducciones o sus enojos ante cuando descubria la verdad de una persona o cuando era "grosero" con la gente de Scotland Yard.

Estos tres años lo extrañé demasiado.

Pero esos momentos tan hermosos fueron invadidos por su voz diciendo: "Sherlock, las cosas no son así" o " Porque ella no se fue durante tres años sin dar rastro de que estaba viva". Esas palabras me torturaban, quiero verlo de vuelta con mi bufanda diciendo que todo fue un error, que soy yo a quien realmente ama y no a esa mujer.

Necesito buscar la forma de convencerlo para que vuelva a Baker Street, recorrí los pasillos del palacio mental junto a Redbeard, por todos los pasillos y habitaciones. Hasta que encontramos una puerta nueva que tenía las mismas características que la del piso, mi fiel perro la miraba con curiosidad, luego la olfateó hasta el pomo. No reaccionó de manera agresiva sino que movía su cola y saltaba sobre ella, quería que la abriera.

Miraba de mi mascota y al pomo de manera alternada, el perro estaba sentado, moviendo su cola mientras me miraba con sus orejas alzadas. Respiré profundo y tome el pomo.

-¿Por qué esto esta aqui? -Pregunté en voz alta y Redbeard solo ladró en señal de que lo abra.

Respire profundo y la abrí, creí que iba ser algo peor como Moriarty encerrado o Mycroft en su típica oficina pero no... Era Baker Street, más desordenado de lo normal: fotos de recuerdos, textos de conversaciones, carpetas con momentos vividos, tazas con te y en mi usual sofa estaba una laptop abierta, que identifique como la John, estaba encendida y tenia una entrada de su blog a medio escribir que se titulaba: El regreso triunfal.

Me iba centrar en leerlo cuando una voz me interrumpió...

-¡Sherlock, por fin llegaste! -No puede ser.

-¡¿John?! -Dije sorprendido- ¿Qué haces aquí?

Redbeard se acerco a olerlo, le pareció amigable y se puso a saltar alrrededor de él para captar su atención. Yo no podia salir de la impresión, era John Watson; el ex capitán, mi mejor amigo, colega y recién descubierto, amor de mi vida. Con su pelo entre rubio y canoso, sus ojos azules, sus adorables pequeñas arrugas, su sonrisa amable. Estaba vestido con su sweater favorito, ese de color crema que adoro y unos jeans, estaba descalzo.

-¿Sherlock? -Volvió a preguntar y salí del reconocimiento.

-Si, gracias por volver a decir lo obvio. -Respondí- ¿Puedes responder a mi pregunta? - Solté algo molesto.

-Soy tu guía en este nuevo espacio que creaste, nuestro departamento que es mi habitacion aqui.-Movió sus brazos tratando de señalar el espacio que nos rodeaba e ignorando el tono molesto de mi pregunta.

- Espera -Traé de razonar, me miro extrañado- ¿Acabo de crear una nueva habitación?

-Si. -Afirmó.

-¿Y tú eres mi guia? -Cuestioné.

-Exacto. -Se aclaró la garganta- Por los sentimientos que sientes por mi yo real -Se apuntó así mismo- Tuviste que acumular todo aquello relacionado a eso en otra habitación aparte pero como todo paso en Baker Street, se hizo una réplica.

Empece a mirar lo que estaba en el departamento mientras el John mental hablaba: Fotos sobre nuestro primer encuentro, recuerdos de los casos en que trabajamos juntos, cuando escapamos de la policia, las innumerables veces que me cuido de alguna herida, entre otros. Se me salió una sonrisa involuntaria por ver todo aquello.

-¿Sherlock? -Lo miré- Sé que esto es nuevo para ti pero tienes que recuperarlo, ya tendrás tiempo para recordar. Ahora necesito que veas esto - Se fue a la mesa de la cocina y lo seguí, miré donde estaba Redbeard , estaba acostado en la alfombra, como lo hacia en la residencia Holmes.

John mental se sentó frente a mi y puso dos carpetas sobre la mesa que curiosamente estaba sin una pila de archivos , una de color negra y otra roja, las ganas de abrirlas me estaban superando.

-Como ves hay dos archivos con recuerdos -Abrió la carperta negra- Una con el momento más oscuro de nuestra relación. -El contenido eran imagenes de mi muerte fingida hace tres años, el palacio comenzó a moverse, odiaba recordar que le hice mal a John.- Hey, ya volviste, el John de la vida real ha vuelto a tener esa chispa que antes perdió. -Me acarició la mano que tenía puesta sobre la mesa , recordé cuando lo sentí en la realidad- Esa es la causa de esto -Y abrió la carpeta roja, todo lo que ocurrió esa madrugada estaba almacenado ahí. - Sherlock, las evidencias están frente a tus ojos, solo tienes que demostrarselo a quien amas. -Me sonrió.

-¿Pero cómo? -Empece a figurar un plan.

-Te recomiendo que vayas donde esta ahora, tú sabes que trabaja en el mismo lugar de siempre. -Sugirió

-¡La clínica! -Corrí por el salón y miré por ultima vez a John mental- Gracias. -Le sonreí de la manera más sincera.

-Recupera al John real -Me guiñó el ojo - Recuerda que él es tu corazón. -Y se volvió al mesón de la cocina para hacer té.

Salí del palacio mental, miré el reloj ya eran las diez con treinta minutos, tenía tiempo para llegar y hacer algo por esto. Agarré mi abrigo y recordé que John tenía mi bufanda, sonreí involuntariamente...

¿Esto es lo que te hace el "amor"?

De pronto, mi teléfono dio un alerta de mensaje mientras sacaba el telefono trataba de buscar al emisor: Quizás sea John, lo más probable es que lo no haga pública su decisión de la una manera tan mundana como un mensaje, es romántico hasta la úlitima hebra de su cabello. ¿Lestrade? No, le dije que me diera un caso cuando estuviera con John. La única persona que podía ser era mi hermano, gruñí con anticipación, abrí el mensaje con desgano:

"¿Vas a ir en pijama a verlo, hermanito? Que elección más insensata sabiendo como es el tiempo en Londres. -MH"

Odiaba que tuviera razón, tonto Mycroft. No es el único inteligente. No era necesario que le respondiera ya debería saber que ganó esta pequeña batalla. Siempre está espiando y sospecho que hay camaras en el piso, las buscaré antes de que John vuelva a su hogar.

Fui a la ducha, extrañaba a Baker Street en multiples sentidos y el baño no era la excepción. Todo estaba en su lugar, incluso habían productos nuevos. Cortesía de Mycroft.

Mientras el agua recorría mi cuerpo, seguía dándole vueltas al plan para sorprender a John. Tenía la convicción de que regresaría antes de lo esperado a mi. Terminé la ducha con una gran emoción ante el resultado de todo.

Ya en mi habitación, elegí mi vestuario cautelosamente. Tomé aquella camisa violeta que John miró aturdido por un minuto y veinte segundos en una ocasión cuando estábamos revisando unos archivos de un asesinato que en vez de un ocho que había prometido Lestrade, era un tres.

Mis fieles pantalones negros y sus respectivos zapatos del mismo color. Mi abrigo estaba colgado donde siempre, estaba casi todo listo excepto, mi bufanda. Siempre tenía dos de cada una, nunca se sabe que podría pasar con mis prendas en los casos: Podían llegar completas, destrozadas e incluso manchadas de sustancias químicas o sangre.

Mi pelo ya no era tema para mi, el peluquero de Mycroft lo cortó un poco antes de mi regreso y peinarlo es un desastre. Le di el último vistazo a mi reflejo y baje hacia la calle que no me ha visto pasar hace más de tres años.

El habitual tiempo de Londres me hizo sonreír, las nubes amenazantes y brisa helada me dieron la bienvenida a una aventura más en mi ciudad favorita. Paré un taxi y le di las indicaciones hacia la clínica de John, el recorrido del automóvil pasó por aquellos sitios por los que soñé volver en estos tres años de ausencia. No me había dado cuenta de todo lo que había perdido pero todo era para salvar a John, a la Sra Hudson y a Gavin o ¿Era Graham?, pero en especial a John.

Ya había llegado al lugar de trabajo del hombre que amaba, traté de camuflarme con los autos que estaban estacionados en la acera de enfrente a esa pequeña clínica que tenía por misión alivianar la carga de los hospitales principales de las emergencias o consultas menores, me preguntaba porque mi blogger no trabajaba en St. Barths. Se desarrollaría su carrera ahí pero deseché la idea cuando lo vi salir por aquella puerta de cristal de la mano... Con esa mujer, la de las fotos que Mycroft me enviaba, la que sabía mi muerte pero no de mi regreso, la que era mi competencia sin que lo supiera.

Tenía las mismas sensaciones cuando Mycroft le decian en casa que era inteligente y a mi, solamente me daba una caricia en el pelo y Madre me susurraba en el oído que tenia que ser como él, cuando sacaba una deducción antes que yo o le daban más atención: Celos, pero esta vez, venia con dolor porque yo queria sostenerle la mano de esa manera, yo anhelaba ser su pareja y su amante. Rechiné los dientes ante tanta furia.

Vi la escena con atención,: Estaba John con su bata blanca, lo habían sacado de su consulta a la fuerza, se veía algo incomodo y su cuerpo estaba tensión, su semblante era sonriente para cualquier persona que mira pero no observa, yo no era una de esas. Estaba fingiendo, la sonrisa estaba presente pero no llegaba a elevar sus pómulos como una señal de felicidad o tranquilidad, incluso su mirada era gélida, como las que le daba a Donovan y Anderson cuando me insultaban.

Ella, en cambio, tenía una postura completamente relajada y distendida, sostenía la mano de John con los dedos firmemente entrelazados, sus ojos tenían un brillo especial, como el que vi en mi reflejo tras la declaración del blogger. Estaba enamorada de él, de eso no había duda. Su sonrisa era amplia y sincera, no se percataba de la postura de ataque de John.

Sentí una punzada de satisfacción, creí que había ganado la contienda pero aquella sensación de victoria se esfumó en el instante en que ella tomó la cara de John entre sus manos y le planta un beso en sus labios rosados. Creí que mi colega la iba apartar al instante pero no...

Mi pecho me volvió a doler, le estaba correspondiendo.

Un singular mareo conquistó mi capacidad de mantener el equilibro, mi estómago empezó a revolverse y eso que no había comido nada desde la madrugada. La escena se desarrollaba con normalidad y no la podía soportar, tenía que irme.

Hice lo que pude por tomar el control de mis piernas y escapé de esa calle concurrida, busqué la ruta más corta a Baker Street sin tener que tomar un taxi. Adquirí un ritmo constante, tratando de que esa escena no apareciera en mi mente, hasta que pude ver la fachada del edificio que albergaba mi casa. Estaba cubierto de sudor y mis piernas palpitaban por descanso, mientras subía la escalera al salón, recordaba cada detalle de lo que vi en la calle, lo que viví en la madrugada, aquellos tres años, mis manos ensangrentadas de personas que iban a causar dolor a otras, mi caída desde la azotea, los innumerables casos que vivimos, John con la bomba hasta que mi memoria llegó al momento en que nos conocimos y mató a alguien por mi, sin saber quien era.

Ya en el salón, todo seguía igual. Me despojé de mi abrigo y mi bufanda, estaba apunto de fundirme en mi sillón pero luego vi el de John y un sentí una daga en mi pecho, me hundi en el sofá, me puse en la posición que mi blogger y compañero de piso llamaba "bolita" y sucumbí a mi Palacio Mental.

Al ingresar, no me recibió Redbeard. No había mucha iluminación pero las paredes parecían empapeladas del beso entre John y esa mujer...

¡NOOOOOOOO!

Las paredes comenzaron a retumbar y el piso a temblar,necesitaba buscar aquella habitación, el John mental me ayudará a saber que paso, pero a medida que caminaba las imagenes se intensificaba y no podía controlar mi ira, el palacio mental seguía en constante movimiento.

Sentí un pequeño atisbo de esperanza al ver la puerta, pero al abrirla... Mis entrañas se retorcieron, estaba todo en llamas. No, no, ¡NO! El palacio se remeció con más fuerza. El calor que emanaba el incendio era abrazador pero no hacia nada por mi temperatura corporal.

John era el corazón y yo la mente, sin él no funciono.

No puedo ser humano, él me hace humano.

Salí del Palacio Mental enojado y celoso, el revolver estaba encima de las carpetas polvorientas, lo tomé y comencé a disparar.

Por ese bastardo de Moriarty, que hizo perder a quien más amaba.

Por Mycroft, por ayudar a alimentar mi sentimiento masoquista.

Por John, que se estaba yendo de mi lado como la arena entre las manos.

Por mí, que sucumbí al bando perdedor. Caí en las garras del amor, un arma de doble filo.

-¡Sherlock! -La voz de señora Hudson resonó en la habitación, paré de disparar al instante.

-Disculpe, señora Hudson. -Bajé el arma y lo dejé en el lugar donde lo encontre. Al instante, extrañé la caricia del cuero del mango sobre mi mano y esa sensación de seguridad que John me arrebató.

-No olvides, que cobraré los daños. -Me miró acusadoramente- ¿Y John?

Una mueca se formó en mi cara ante la mención de su nombre. Necesitaba sacármelo de mi mente y la imagen de esa seductora jeringa apareció en mi conciencia. Tenía que sacar a mi arrendadora de aquí.

-Ya vendrá. -La tranquilicé, nervioso- ¿Tomamos té más tarde? -Le sonreí nervioso, sentí espasmos en mis manos anticipados a la venida de la droga.

-Claro, querido. Baja cuando quieras. -Me invitó y me palmeó el brazo.

Cerró la puerta y comencé la busqueda de la caja de marfil con esa droga que borraría a John de mi cerebro. Busqué con todas mis ansias, desordené cada papel que había en salón hasta que choqué con el librero al costado izquierdo de la chimenea.

Polvo y varios libros cayeron para adornar aún más el desorden generado para revelar la ubicación de la caja de marfil que contenia, lo que yo creía, como mi salvación este pozo negro .

Ansioso, tomé la caja y salté todos los obstaculos con agilidad para llegar al sofa. La abrí y ahi estaba la jeringa y mi colección de frascos de cocaína de multiples concentraciones. Acaricié con adoración esos objetos que serían mi pasaje fuera de mi sufrimiento.

Elegí la dosis más concentrada, la de 20%, preparé la jeringa con su contenido. Todo listo.

Me arremangué la tela morada hasta más arriba de mi codo, mi piel palida hizo acto de presencia y con ello mis venas, aquellas que llevaban nutrientes y oxígeno a mis celulas. Ahora iban a llevar algo más preciado: La calma a mi Palacio Mental.

Tomé un pedazo de papel junto con un lápiz y escribí la sustancia: "Cocaína, 20% de concentración" Era la lista para Mycroft, un pequeño compromiso que refería a mi uso recreativo (Para él, era una adicción.) de las drogas donde debía apuntar cada sustancia que ingería, licita o no. Debía estar escrita.

Saqué aquella banda elástica para resaltar mis vías sanguineas, acerqué la jeringa al aquel lugar estratégico. Cerré los ojos esperando el pichazo, cuando la cara de John apareció frente a mi, en un principio sonriente pero luego se fue convirtiendo en un semblante de decepción.

No queria que supiera que iba caer otra vez, pero necesitaba eliminar de mi pecho ese vacio.

Perder definitivamente a quien amo o un parche repentino.

John o el olvido.

Mi felicidad o una solución momenteneamente.

No aguantaba la presión de la elección que se me presentaba.

Mi cabeza me dolía, no solo por la ansiedad ante la cocaína. Palpitaba como los mil demonios.

-¡AARRGGG! -Rugí y tiré la jeringa a la pared.

En ese instante, la puerta se abrió. El proyectil que lancé impactó contra la superficie de concreto, el cristal se rompió y el contenido quedo impregnado en el papel mural.

El nuevo actor en la escena era Mycroft, su típica máscara de seriedad se había ido para mostrar una expresión de sorpresa, soltó la sombrilla que traía en su mano derecha y llegó hacia mí, estaba preocupado y se notaba especialmente en su mirada. Mi hermano mayor había vuelto.

-Oh no, Sherlock. -Susurró.- ¿Qué paso con el Doctor Watson? -Su tono era preocupado mientras me consultaba, me quitaba la banda elástica y ponía la manga de mi camisa en su lugar.

Bufé ante la preocupación, mi hermano me esperaba expectante a que dijera algo. Pasaron cinco minutos antes de que se pusiera a inspeccionar con su gorda mano el contenido de la caja y luego la lista que dejé sobre la mesa, a medida que se enteraba de lo que estaba a punto de hacer, empezó a negar con la cabeza.

Su cara era una mueca de decepción pero pronto la máscara de seriedad volvió. Se levantó a buscar una silla, ordenó la caja de marfil sobre la mesa auxiliar, se sentó en la silla de manera correcta. Me miraba como si fuera un enemigo del Inglaterra o un posible aliado, quería negociar.

-Sherlock, esto. -Movió el frasco vacío de cocaína.-Podría matarte de una sobredosis. -Dejó el frasco sobre la mesa.

-Estás recalcando lo obvio, hermano. -Lo fulminé con la mirada.

-Entonces, ¿Por qué te lo ibas a inyectar? -Cuestionó. Touche. - Bueno, quiero hacerte una propuesta. -Alcé una ceja,invitándole a continuar.- Puedes drogarte y no te diré nada pero en cualquier momento el Doctor Watson llegará. Entonces tendrás que lidiar con su decepción ante tu nueva recaída. -Mientras decía eso ponia una jeringa nueva al lado de los frasquitos llenos de droga.- Ni siquiera tendrás que hacer una lista.

-¿O..? -Cuestioné para que continuara. Mi voz estaba a punto de quebrarse por ver la droga lista y dispuesta para llegar a mi vena.

-O podrías contarme todo lo que sucedió y yo podré cierta noticia que sé. -Sonrió tratando de persuadirme. Cerre los ojos, mi cabeza estaba apunto de explotar

La cara decepcionada de John regresó a mi mente y me rendí. Por segunda vez tenía razón, maldito seas gordiflon con cargo menor en el gobierno británico. Lo fulmine con la mirada.

-Esta bien, tú ganas. -Cerré la caja de marfil y comencéhablar.

El reencuentro, cuando se declaro y descubrí sentía lo mismo. Omití la parte del beso, quería que fuera un recuerdo mío y de John. La promesa de que volvería y luego cuando lo vi corresponderle a esa mujer. No me percaté cuando las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas y a sollozar entre las frases.

A lo largo de la historia, Mycroft se acercó al sofa para sentarse y acercarse lentamente a mi. Cuando terminé de contar mi suceso con la cocaína, mi hermano me abrazó y sollocé más fuerte.

-Oh Sherly -Un apodo que no usaba desde que era pequeño.- Es la primera vez que te rompen el corazón. -Empezó hacer circulos en mi espalda como lo hacia Madre cuando estaba triste.

El llanto ya había cesado pero seguían los espasmos y las lágrimas, al parecer el desahogo hace el agujero en tu pecho y el caos mental disminuyan hasta un nivel soportable. Después de un rato, Mycroft se aclaró la garganta, quería decirme lo que sabia. Me separé de él, tenia que conocer lo que tenia intención de contarme.

-Sherlock.- Volvió a aclararse la garganta- Esto no es fácil de decir pero... John le va proponer matrimonio a Mary Morstan. -Lo miré extrañado.-Es así como se llama esa mujer.

El agujero se volvió ha abrir. Otra vez, no. El Palacio Mental nuevamente tembló y mi cabeza volvió a palpitar de dolor.

-Hermano, se lo va proponer a las ocho pero hice algo por ti para ganar tiempo.-Trató de consolarme.

Miré el reloj eran las siete con treinta minutos, no salía donde iba hacer la gran propuesta. Tenía que detenerlo.

-¿Qué hiciste para "ganar tiempo"? -Interrogué, mientras limpiaba el rastro de lágrimas de mi cara. Mi voz estaba extremadamente ronca por el llanto.

Me sonrió socarronamente, uso sus influencias para eso. Mientras más tiempo pasa, Mycroft se hace mucho más predecible.

-Juegue un poco con sistema de turnos de urgencias de la clinica. -Admitió, contento de decir la travesura que cometió. - Tenía una reservación en un restaurante elegante pero va tener que cancelarla porque el turno nocturno comienza a las nueve.

Aunque sea un gordinflón, arrogante y tonto. No podía negar que mi hermano estaba haciendo algo importante por mi.

-Bien jugado, hermano. -Le regalé un sonrisa sincera.-Gracias, esto es un tregua. Después volveremos a lo mismo.

-Lo tengo más que claro. -Me guiñó el ojo.- Pediré té a la señora Hudson.

Mientras lo hacía, me levanté como un resorte y comencé a dar vueltas por la habitación buscando la forma más rápida.

Los pasos en escalera de Mycroft me alertaron de su regreso, en cuanto entró su teléfono sonó por un mensaje entrante.

-Esta en un café cerca de la clínica. -Comentó.- Está esperando a alguien.

Oh, no.

De pronto, se me vino a la mente, la forma más típica y rápida de interrumpir una cita de John. Un mensaje, siempre acude a mi cuando le pido ayuda o hay un caso. Quizás eso lo puede hacer desistir de toda esta locura.

Tomé mi telefono y tecleé un mensaje.

Miré el reloj. Siete, cincuenta y cinco minutos.

Terminé de teclear, lo releí.

Apreté el botón de enviar.

Ahora solo queda esperar la decisión de John.


Hola :) se que el capítulo no esta editado habitualmente pero digamos que estoy lejos de mi computadora por un tiempo.

Se que es muy tarde pero ya estoy finalizando el fanfic. En otras noticias, estoy escribiendo el especial de san Valentín, subí un nuevo relato: Undercover (Pueden buscarlo en mi perfil)

Espero que hayan disfrutado el capítulo y nos vemos pronto.

Carline.