Disclaimer: Gracias Sir Conan Doyle por regalarle al mundo estos personajes tan bellos y Moffat más Gatiss junto BBC por traerlos al siglo XXI. Este relato es sin fines lucro.

Canción: How to save a life - The Fray / Yellow - Coldplay

Mil disculpas por mi ausencia pero necesitaba un descanso.


Ningún Holmes se va interponer en mi decisión, dictaminé mientras arreglaba el nudo de la corbata en el pequeño espejo de la consulta.

Tuve que cambiar de planes, cancelar una reserva en uno de los restaurantes más caros de la ciudad y editar el plan de como pedir la mano de Mary.

¿Por qué tuve que hacer eso?

Una persona: Mycroft Holmes y su maldito impulso de meter su nariz en mi vida.

Y todo comenzó así..

Tras una larga caminata de desahogo tras uno de los momentos más intensos de mi vida: Besar a esa persona que creí que había perdido para siempre y que correspondiera esos sentimientos que estaban ocultos en el fondo de tu corazón y causaba un gran dolor, para luego recordar que había otra persona esperándote y soportado esos tres años de sufrimiento. Era bastante para un par de horas.

Me dolía mucho haber dejado a Sherlock en Baker Street con una promesa que podía ser el fin de nuestra amistad, él no sabe que esa ilusión que genere lo va a herir en su talón de Aquiles: sus sentimientos.

Seguí vagando por el parque en el que encontraba. Me senté en una de las decenas bancas disponibles y tome la pequeña cajita que estaba en mi bolsillo. Esta joya la representación física de mis confusiones, abrí el pequeño cubo de terciopelo para revelar su contenido: Un anillo plateado con una pequeña gema que adornaba la cima de este. Adorable y simple como Mary.

Algunos rayos del luz del amanecer hicieron brillar la alhaja, no podía negar que era bellisimo pero ahora verlo me hacia recordar la elección que debo tomar: Sherlock o Mary.

Tenía presente a Sherlock cada vez que acercaba la nariz a la bufanda que me dejó como garantía para que cumpliera mi promesa.

El anillo o la bufanda.

Mary o Sherlock.

Una vida con una esposa e hijos o una donde estaba corriendo tras criminales y resolviendo casos.

Apreté la mandíbula ante la presión que surgía a cada segundo, sacudí la cabeza y miré mi reloj eran las ocho con cinco minutos. Era hora de ir a la clínica pero primero tenía que hacer una parada en casa de Mary.

Mi futura mujer estaba enterada de mis pesadillas pero no de mis salidas nocturnas casi psicópatas a Baker Street y de esta última visita no se va enterar ni de broma.

Al llegar a casa, note que ella no estaba. Mi estomago gruño exigiendo un poco de alimento. Tuve que centrar todas mis fuerzas para no seguir dándole vueltas al asunto que iba a definir mi futuro y poder prepararme para el trabajo. Nunca me quite la bufanda de Sherlock en ningún momento , no quería perderme la ilusión de su olor. Me estaba comportando como una adolescente con su primer novio.

Con un sándwich y una taza de té en mi estomago junto con mi maletín en la mano izquierda, estaba listo para enfrentar otro día laboral. Tras la muerte de Sherlock, nunca use un taxi para transportarme siempre lo hacia en metro o en bus.

Hoy iba ser la excepción, él había vuelto.

-¡Taxi! -Grité cuando vi un automóvil disponible. Este paro y yo entré.

Le di las indicaciones de la clínica y comenzó a recorrer su camino. Trate de pensar en lo que me deparaba el dia pero siempre terminaba pensando en el detective consultor.

El viaje se basó en intentos fallidos de dejar de pensar en él.

Pagué el viaje y me di de frente contra la entrada a la clínica. Tomé una bocanada de aire, aclaré mi cerebro y me dije: "Sherlock es elegido." Sentí que una ola de calma dentro de mi mente, suspiré tranquilo, mire mi reloj: nueve con veinticinco. Hora de trabajar.

Saludé a Sarah que estaba en la recepción de la clinica, me dio un montón de carpetas con los historiales de pacientes que debía atender, iba en dirección a mi consulta pero hice una parada en la maquina de café. Necesitaba cafeína para reemplazar la falta de sueño. La bufanda quedó en el cajón de mi escritorio, no debía sufrir ningún daño.

Y así comenzó mi rutina hasta eso de las diez con diez minutos cuando terminé la tercera atención medica de esta mañana. Sarah irrumpió en mi despacho, bastante sonriente.

-La futura señora Watson está aquí. -Anunció contenta pero en cuanto vio mi expresión seria, se detuvo.- ¿Qué ocurre? Ayer estabas bastante entusiasmado.

Rápido John, hay que crear una excusa. Otra vez olvide a Mary en esta ecuación.

Le regalé una sonrisa nerviosa y alce las manos en señal de tranquilidad, debía ser convincente en esto. Rogué para que esta pantomima saliera bien.

-Deben ser los nervios, siempre hay que darle el beneficio de la duda. -Me rasqué la cabeza a modo de dar una vista de inseguridad. Debo agradecerle a Sherlock por sus múltiples deducciones del lenguaje físico de las personas.-¿Crees que podrías guardar la emoción para que no sospeche?

Sarah hizo un gesto en el aire con su mano, tratando de bajarle la seriedad al asunto. Miró hacia el pasillo y dijo sonriente:

-Ella va decir que si. -Dio otro vistazo al pasillo e hizo una seña a alguien, que obviamente Mary.- Se nota que esta enamorada de ti. Espero ver ese anillo en su dedo mañana. -Desde la puerta pude vislumbrar un abrigo rojo, el favorito de ella. Sarah cambió su tono, a uno más serio.- Bueno, le diré al paciente que espere unos minutos. Nos vemos John.

Y dejo pasar a Mary a la consulta.

Tenia que ser sincero, estaba radiante: Su cabello rubio hasta el inicio de su cuello estaba cuidadosamente peinado, sus ojos azules tenían un brillo especial y su sonrisa los secundaba. Estaba con sus prendas favoritas: Una bufanda floreada, el abrigo rojo, pantalones negros ajustados y botas que simulaban ser unas de equitacion.

Dejó su bolso en la camilla y se acercó casí dando saltitos a mi lado, yo me levante de la silla y tome su cintura. No habia corrientes placenteras. Puso sus brazos alrrededor de mi cuello y se acerco peligrosamente.

-Hola John. -Susurró.- ¿Listo para la gran noche? -Y me besó con bastante pasión.

Ese contacto de labios no se comparaba en nada al que tuve esa madrugada.

Estaba reacio a corresponderle por dos razones: No era el contexto adecuado, por el amor de Dios, esta en mi trabajo. Razón numero dos: No era Sherlock.

Tras unos segundos de que los labios de Mary intentaran una respuesta de los míos, desistio de seguir. Se alejo lentamente y me miro decepcionada o preocupada, yo que se. Habia a elegido a Sherlock.

-¿Te ocurre algo?- Comenzó a deslizar sus manos por los contornos de mi cara.

Disimula John.

-Solo estoy algo agobiado por la agenda de consultas. -Le sonrei para que sus sospechas arremetieran.

-Es porque quieren la atención del mejor doctor. -Beso mi mejilla para ir a buscar a su bolso.- Traje desayuno. - Rebusco y dejo un sándwich sobre el escritorio. -Te fuiste temprano y se nota que no comiste nada al salir.

Que atenta, abri el emboltorio y le di un mordisco al alimento. Mi estomago estaba agradecido a pesar de que ya habia comido. Lo mastiqué con lentitud.

-Gracias. -Dije con la boca llena.

Sonrió en respuesta, miró su reloj y luego me dirigió una mirada de disculpa.

-Tengo que irme a trabajar. -Estaba tomando sus cosas.- Todavía nuestros planes están en pie, ¿Verdad?

La miré extrañado de lo que hablaba.

-John, la reservación.- Me dio una mirada severa.- ¿Recuerdas?

Cierto, la reservación en el restaurante elegante. No sé si sería una buen lugar para decirle que quiero terminar con ella porque... En resumidas cuentas, ¿Soy gay? No tuve otra alternativa que asentir con la cabeza mientras le daba un mordida a mi sándwich.

Alzó una ceja de modo de duda y luego se encogió de hombros como señal de disculpa a mi actitud distraída.

Me dio un beso en la mejilla a modo de despedida, su sonrisa era triste por el rechazo anterior.

Rápido John, reacciona. No puedes levantar sospecha.

-¿Quieres que te vaya a dejar a la puerta? -Sugerí mientras sentía el gran pedazo de comida a medio masticar tratando de hacerse camino por mi esófago.

Su expresión cambió, por fin su sonrisa llegó a sus ojos. Exhalé todo el aire que tenia retenido en mis pulmones. Ella me tendió la mano para reafirmar su respuesta, con seguridad entralace sus dedos con los míos y comencé a guiarla hasta la puerta de la oficina.

-¿Desde cuando eres más considerado y caballero de lo normal? -Preguntó a modo de broma mientras abría la puerta.

-Tengo a la mujer más linda de Inglaterra a mi lado, de una u otra manera tengo que hacer que siga aquí. -Le seguí la broma mientras andábamos por el pasillo.

Ella se sonrojó y dirigió su mirada a sus pies. Sarah salió del escritorio, sonrió y levantó sus pulgares en señal de apoyo, como respuesta le guiñé el ojo. El pasillo era corto que llevaba directamente a la puerta, la vista de ese tramo era precioso, la ventana que estaba mi izquierda daba vista a un jardín, lleno de matices: verdes, violetas, algunos azules, entre otros que daban la sensación de tener un pequeño bosque en tu lugar de trabajo.

Mientras seguíamos la senda, le di un vistazo, el cual me dio un poco de tranquilidad a mi mente. Era mucho lo que había vivido en muy poco tiempo, suspiré, volteé la cabeza y me encontré con la mirada curiosa de Mary, se había detenido.

-¿Estas bien? Te notó un poco extraño. Sé que ya te lo dije pero me preocupas. -Musitó mientras acariciaba mi mejilla.

Puse mi mano sobre la que estaba en mi mejilla, incliné la cabeza para hacer perdurar el contacto, no sentí lo mismo que con Sherlock pero me consolaba un poco ante el desorden en mi mente: La aparición del detective, mis pacientes, Mary.

Mi vida completa estaba dando vueltas y vueltas.

-Estaré bien. -Le respondí con dulzura.-Vamos.

Ella asintió, llegamos a la puerta y la abrí para ella, luego le seguí para salir.

La calle estaba inusualmente llena de transito, había mucha gente y por un extraña razón me sentía observado por alguien, busque disimulada quien era el espía pero no lo pude ubicar. Fulminé con la mirada a quien estuviera causando esa incomodidad.

-Bueno, tengo que irme. -Anunció Mary.

Me estaba acercando con intenciones de darle un beso en la mejilla pero ella aprovechó la oportunidad y tomó mi cara con suavidad para plantar en mis labios, un beso casi hambriento. Esta vez tenía audiencia, así que cerré los ojos e imaginé que era aquel roce de labios de bienvenida tras llegar a Baker Street.

La falta de aire se hizo presente y mi futura ex novia fue la primera en separase. Estaba sonrojada y sus labios estaban levemente hinchados. Se alejó y miró su reloj.

-Ya es tarde. -Rozó sus labios contra los míos. -Nos vemos. -Y se perdió entre la multitud que pasaba por la vía pública.

Miré como su silueta desaparecía entre el mar de gente y volví al trabajo.

El tiempo avanzó de manera extraordinaria entre pacientes, orden de exámenes y cirugías menores. Cuando miré el reloj ya eran las dos y media de la tarde.

¡Oh no, tenía que buscar el traje para la cena!

Mi estomago gruñó, ¡Oh no, no había almorzado!

Me quité la bata rápidamente, tomé mi chaqueta mientras trataba de buscar el sándwich que me dio Mary. Iba saliendo cuando Sarah me interceptó.

-John, te quería recordar que tienes que ir St. Barths para agendar la cirugía de Melissa y además... -No le deje continuar porque ya iba partiendo al hospital.

No podía creer que había olvidado eso, esa cirugía era extremadamente importante. Melissa es una paciente de 10 años que tenia un pequeño tumor en el hígado y tenia que removerlo con extrema urgencia.

-Taxi.-Grité con la boca medio llena.

Logré hacer el tramite en tiempo récord, fui a buscar el traje y volví a la clinica. Ya eran las tres con cuarenta y cinco minutos.

Sarah me recibió con una sonrisa e hizo una seña para que me acercara al mesón. Le sonreí en respuesta y recorrí la distancia que existía entre mi persona y la recepción.

-¿Qué tal con la agenda de St. Barths? -Preguntó mientras buscaba entre unos papeles.

-Logré un hueco para la próxima semana. -Mi voz tenía un tono de satisfacción.- Melissa va poder tener su operación. -Sonreí aliviado.

Sarah correspondió mi expresión mientras sacaba un sobre amarillo largo y de aspecto liviano. Lo pusó sobre la mesa, sus dedos se posicionaron sobre el sobre, el cual se deslizó por la superficie lisa del la madera de la mesa.

-Tienes correspondencia. -Anunció.- Las carpetas de tus citas de la tarde estan en tu consulta.

Tomé el sobre con delicadeza, este no tenia ningún dato del remitente. Solo estaba mi nombre puesto con letra elegante en la parte delantera del sobre.

-¿Quién trajo el sobre? -Consulté mientras seguía revisando aquel objeto tan enigmático.

-Un hombre de traje, dijo que era importante. -Respondió.

Esto me olía a Mycroft Holmes. Era igual de dramático que su hermano.

-Gracias.- Musité extrañado- En 10 minutos estaré listo para atender. -Sarah asintió y me fui con el extraño sobre en la mano.

Entré la consulta, me preparé rápidamente para atender lo que me quedaba de agenda y tomé el sobre. Lo abrí con delicadeza e hice deslizar el contenido de este.

Oh no.

Eran fotos y un pequeño papel doblado.

Las fotografías en cuestión, eran cuatro y delataban una escena desgarradora: En la primera, estábamos yo y Mary hablando, luego otra donde estaba Sherlock escondido detrás del transito que se formaba a esa hora, Mary y yo besándonos y finalmente, Sherlock con una expresión desgarradora. Era como si le hubieran quitado un trozo de su cuerpo, pero en este caso de su corazón.

Sentí mis ojos húmedos y mi garganta cerrada por un nudo. Dios, Sherlock debió haber creído que la había elegido a ella. Esta es la segunda vez, que sentía que ese agujero negro que creí cerrado por siempre había vuelto en gloria y majestad.

Vi de reojo el papel doblado, hice un esfuerzo y leí su contenido:

"En esta decisión, no importa que elijas. Alguien va salir herido. Elige con sabiduría. MH."

¡Lo sabia! Era Mycroft.

Pero no dejaba de tener razón.

Lo siento tanto, Sherlock.

Continué mirando el papel sin ánimos de volver a leerlo, estaba entrando en estado catatónico otra vez como fueron los primeros meses de su partida.

El tiempo se hizo desconocido para mi.

De pronto, el sonido del citofono me sacó del pozo de tristeza en el que estaba hundido. Me limpié el rastro de lagrimas, me aclaré la garganta y contesté:

-¿Diga?

-John, el siguiente paciente va hacia tu consulta. - Sarah informó. -Y tengo una mala noticia.

-¿De qué se trata? - Por favor, quien sea el que maneje mi destino, detente.

-Tienes turno de urgencia, esta noche. El sistema me arrojó tu nombre y no puedo cambiarlo. -Admitió. -Lo siento mucho.

Mycroft Holmes, estas muerto para mi.

-No te preocupes, Sarah. -Traté de disimular mi rabia y corté.

Ese hoyo negro del que hable hace poco, se estaba tornando una llama que se iba alimentando de mi frustración y odio a cada segundo.

-Se que me estas escuchando, Mycroft. -Siseé lo bastante fuerte. - No metas tu nariz donde no debes. Estamos hablando de mi corazón, si elijo a Sherlock -Mi voz se corto al decir su nombre.- o Mary es mi problema. No el tuyo.

Para cuando termine mi discurso, la puerta sonó.

-Pase. -Dije con tranquilidad.

Ningún Holmes se va salir con la suya.

Tras la ida de mi penúltimo paciente, llamé a Mary para decirle la mala noticia pero se me había ocurrido una mejor idea: El café en el que nos conocimos. Sé que es cursi pero era el nuevo plan, era cercano a la clinica y tranquilo para charlar. Al principio, ella sonó bastante resentida pero luego accedió.

Mi jornada diurna había terminado. Eran las siete en punto.

Tenía que arreglarme para quedar con Mary a las ocho y regresar al trabajo a las nueve , listo para una laaaarga jornada nocturna.

Ya tenia mi traje puesto cuando mi teléfono sonó. Revise y era un numero desconocido.

Mycroft.

Apreté la tecla roja, no quería escucharlo.

Eran las siete con quince minutos e hice una lista mental delo que necesitaba.

Billetera, listo.

Teléfono cargado, listo.

Localizador apagado, listo.

Anillo de compromiso, listo.

Salí de la consulta, Sarah me deseo suerte. La iba necesitar.

El café estaba a pocas cuadras de mi lugar de trabajo. Ingresé por la puerta de cristal y estaba igual que le primera vez que concurrí a este local: La alfombra roja que cubría el suelo hasta la barra, una pequeña cantidad de mesas con sus respectivas mesas, a lado de la ventana que daba a la calle habían sillones y mesas más pequeñas. Las paredes eran de un color verde musgo que me recordaba al pasillo de la clinica, era acogedor. Habían pocos clientes, algunos con traje y corbatas, otros de ropa normal. Me senté en los sillones y aguardé a mi futura prometida.

Pedí un té para pasar la espera, mire mi reloj: Siete y media.

¿Qué estará pasan en Baker Street? Sacudí la cabeza ante esa pregunta, no quería recordar que rompí el corazón del único detective consultor del mundo.

Mientras divagaba en la forma de pedir la mano de Mary, mi teléfono sonó. La pantalla indicaba: "Numero privado" y vi la hora siete cuarenta y cinco.

La decisión estaba tomada, ¿Qué podría pasar? Apreté el botón verde y espere la voz del hermano del hombre que conoció el desamor por mi.

-Doctor Watson. Que bueno que se digne a contestarme. -Su voz denotaba un matiz de sarcasmo y algo de alegría.

-Mycroft. -Dije serio. -La decisión esta tomada.

-No tengo tiempo para escuchar sus divagaciones, doctor. -Respondió rápidamente. - No tengo mucho tiempo. Las fotos que recibió eran un consejo como amigo pero ahora le hablaré como hermano de uno de los implicados. Sherlock -Su nombre hizo que mi corazón se estrujara. -No sabe que sentir con lo sucedido, no lo había visto tan herido desde que Redbeard murió y eso fue hace más de dos décadas atrás. -Suspiró.- John, en las ultimas horas, él ha pasado por múltiples emociones y simplemente no se que hará después. Quizás el episodio de hace tres años, se repita y con un resultado que ni usted ni yo queremos. -Me estremecí al recordar como era el cadáver falso de Sherlock y su tumba.- Como ya le dije, elija con sabiduría porque la evidencia esta frente a sus ojos. -Y corto.

Mantuve el teléfono en la oreja por un rato más, sentía la linea muerta pero no podía quitarme de la mente sus palabras. Otra vez tenia razón. Estaba declinando la idea de sacar el maldito anillo de la caja, pero otra vez, no.

Bloqueé la pantalla del teléfono , lo guardé mi bolsillo, le di un sorbo a mi café y mire lo que ocurría al exterior, simplemente no quería pensar.

Gente saliendo de sus trabajos, buscando el transporte que los llevaría a casa. Quizás pensaban en sus hijos o que iban a cenar. Me sentía espectador de algo que vivía diariamente y todo eso termino, cuando mi teléfono vibró alertándome de que había un mensaje.

Supongo que es Mary, desbloqueé la pantalla sin dudarlo y leí el contenido del mensaje.

No era de la chica que esperaba, era del chico que amaba.

"John:

Este es el último intento de poder tenerte de vuelta. Seré breve: Quiero cuidarte, quererte, salir contigo a buscar criminales, verte hacer las historias sobre nosotros, volver a besarte y estar a tu lado en cada momento. Se que ella te va dar lo que soñaste: Una esposa, hijos y felicidad cliche. Quizas yo no sea lo que soñaste pero te prometo que podremos construir algo nuevo.

No quiero ser tu amigo, quiero ser algo más.

Si no vuelves lo entenderé, serás feliz.

Te amo. -SH"

Releí el mensaje unas quince veces hasta que sentí que el sillón contiguo era ocupado por una figura femenina. Quité la vista del teléfono y la mire: Estaba con un vestido rojo, su pelo estaba arreglado con pasadores, estaba maquillada suavemente y su sonrisa terminaba el conjunto para dar a conocer a un mujer radiante y feliz.

Podía ver mi futuro con ella como dijo Sherlock: Hijos, esposa, una casa en los suburbios. Pero no hacía que mi corazón se volviera loco al verla o emitía esas corrientes eléctricas placenteras cada vez que le tomaba la mano.

Ella no era la persona indicada.

Sherlock Holmes era el indicado.

Mary iba hablar pero me adelanté:

-Lo siento, Mary. -Alzó una ceja ante la duda que surgía en su mente.- Te iba a pedir matrimonio pero hay alguien más.

Ella estaba boquiabierta, me dio tiempo para contar la verdad y lo que ocurrió en la madrugada (sin tanto detalle, claro). Su expresión iba de la decepción, a la sorpresa y terminó en un sonrisa.

¿Por que sonreía?

Soltó una carcajada y tomó mi mano.

-Oh, John. -Acarició mi mano. - Sherlock está muerto. Hace tres años. -Me explicó como si fuera un niño.

Hubiera dado lo que sea por sacarle una foto a mi expresión, estaba muy sorprendido ante la reacción de ella. ¿Por qué no me creía? Bueno, es razonable de ser un poco incrédulo ante la idea de que alguien resucitó y apareció para decirme que me amaba. Su expresión se tornó seria mientras los minutos avanzaban.

-Oh, lo dices en serio. -Musitó.- ¿Estás seguro?

Miré mi reloj, las ocho con veinte. Tenía cuarenta minutos para ir a Baker Street y correr de vuelta al turno de urgencias.

-Oh, Dios. Si. -Respondí firmemente.

Temía que tras esa respuesta surgieran lágrimas y un drama como el de las películas norteamericanas, pero ella sonrió más ampliamente y si hubo lágrimas pero de emoción... Su reacción fue totalmente inesperada.

-John, tienes que ir por Sherlock. -Aconsejó. -Sabía que lo amabas desde hace mucho tiempo, ha ocurrido un milagro: "Ha vuelto de entre los muertos" -Hizo las comillas en el aire.- Es tu oportunidad. - Se levantó unos cuanto centímetros del sofá para besar mi mejilla. -Buena suerte.

Me levanté rápidamente, me puse el abrigo. Mary ya me había dado la vía libre para ir a Baker Street.

Pero, ahora me tocaba preguntar a mi.

- ¿Estás segura? -Le consulté por ultima vez.

Ella asintió.

-Llámame cuando quieras ir a buscar tus cosas.- Me guiñó el ojo.-Ahora anda.

Miré mi reloj nuevamente, ocho y media.

Tenía que hacer dos paradas antes de Baker Street.

Salí de cafetería buscando con la mirada el mini mercado más cercano. Necesitaba sacarme el bigote, se notaba a kilómetros que Sherlock le molestaba su presencia.

Corrí unas cuantas cuadras y encontré el lugar que necesitaba. Gracias al cielo estaba vació. Con la bolsa de papel que contenía una maquina de afeitar desechable y la espuma correspondiente. Llegué a clínica, pase de largo la recepción dejando a Sarah con las preguntas en su boca pero ella fue insistente y me siguió hasta mi consulta.

-Es muy temprano, John. -Destacó lo obvio. -¿Qué paso? ¿Dijo que no?

Entré al baño, procurando de dejar la puerta abierta, me quite el abrigo y comencé la operación: "Adiós bigote"

-Terminamos. -Respondí las tres preguntas a la vez.

-¿Qué? -La voz de Sarah había subido varias notas.

Me lavé la cara y puse la espuma de afeitar rápidamente sobre la pequeña acumulación de pelo que había sobre mis labios.

-Sabíamos que la relación no iba a durar con el matrimonio. -Respondí con tranquilidad, aunque por dentro estaba hecho un manojo de nervios ante la idea de ver a Sherlock.

-¿Qué cosa? -Estaba ansiosa por saber más.

Comencé a pasar la maquina de afeitar sobre mi bigote, iba desapareciendo de a poco.

-Deberías preguntar: ¿Quién es? -Continué la conversación mientras hacia caras raras frente al espejo tratando de buscar el ángulo perfecto para quitar cada zona con pelo de mi cara.

-Entonces, ¿Quién es? - Preguntó al instante, no seguí el dialogo ya que estaba concentrado en no cortarme. -¡Vamos John, responde!

-Espera saltamontes. -Sonreí con algo de dulzura ante la curiosidad de mi amiga.

Revisé ante el espejo que no hubiera rastro de bigote y me lave la cara. Tomé un poco de la toalla de papel y me seque con ella. Sarah miraba cada uno de mis movimientos, esperando la respuesta a su pregunta.

-Vamos John, no me dejes así. -Suplicó.

Me puse el abrigo, me acerqué al primer cajón del escritorio para buscar esa bufanda que era el signo de la promesa, abrí la gaveta y ahí estaba como la había dejado. Me la puse lentamente y sentí el perfume de Sherlock inundar mis fosas nasales, aspiré lentamente su aroma y exhalé.

Miré a Sarah y le dije:

-Sherlock Holmes. -Anuncié solemnemente.

Su boca se desencajó más de normal.

-Debes estar bromeando. ¿Eres gay? -No daba más de la impresión.-¿No estaba muerto?

-Podría decirse que si y todo era una farsa.-Suspiré aliviado. Se siente tan bien decir eso.-Tengo que verlo, trata de que no llegue ninguna emergencia.

Ella sonrió y aseguró que haría lo posible.

Corrí hacia la calle, no había mucho trafico y vi un taxi aproximarse. Grité lo más fuerte posible para captar su atención. Me acomodé en el auto, cerré la puerta y el taxista preguntó:

-¿Hacia donde va, señor?

-221B Baker Street, por favor. -Dije con seguridad.

Y el coche partió. Saqué mi teléfono para leer aquel mensaje que me hizo declinar todos mis planes.

Allá voy, Sherlock. Voy a cumplir nuestra promesa.


Un capítulo menos para el gran final...

Reitero mis disculpas por mi pequeña ausencia pero estoy entrando nuevamente en las actividades de la vida real. Así que me sumido en la lectura de fanfics antes que escribirlos.

Bueno, espero que este capitulo sea una pequeña ventana de distracción como lo es para mí.

Saludos y nos vemos en el otro capitulo.

Carline.