sapphire97: ahhhhhhhh entiendo oka. Estaban en contra el tiempo...si y con Narcissa de por medio XD. Hahahahahha es que ambos tienen mucha historia juntos... hahahhahaahah sipi XD. Ya la sigo :D

sevsnap: hahahahaha es que tengo muchos caps escritos :3. Hhahahahahahaha no se entera, aunque otra personita si lo hará ;)


—No tengo que darte explicaciones— solté encogiéndome de hombros.

— Hydra, en serio, ¿Qué hacías con Malfoy? —intervino Remus esta vez, aunque al contrario de mi hermano, lucía preocupado.

— Poniéndonos al día— le respondí como si nada.

— ¿Cómo que poniéndose al día? —preguntó Sirius aun molesto.

— Era mi mejor amigo Sirius, lo fue por mucho tiempo— respondí sorprendiéndolos a ambos—. Sin contar que está casado con nuestra prima…

— Pero es un mortífago…—soltó como si fuera algo malo, recordándome que él no me conocía.

— Lo sé, pero aun así seguimos siendo los mejores amigos…—solté antes de ir a la cocina a buscar algo de comer.

Ninguno de los dos dijo algo más al respecto el resto de lo que quedaba del día. Por lo que fui a mi habitación a descansar un poco, ya que dentro de casi una semana estaría de vuelta en Hogwarts, y quien sabe con qué inconvenientes…

El día siguiente como era de esperarse, el incidente con los mortífagos en el mundial de Quidditch, fue noticia en primera plana en la mayoría de los periódicos mágicos. Incluyéndole que luego de que me fui hicieron aparecer la marca tenebrosa en el cielo. Sabía que él iba a volver, más cuando me desperté con una ligera molestia en el brazo que tenía mucho tiempo que no sentía.

El resto del día me había pasado vestida con un suéter que me cubría la marca, ya que comenzaba a hacerse más visible por encima de los hechizo para ocultarlo. Lo cual obviamente llamó la atención de Remus, ya que mi hermano había decidido dejar de hablarme y con ello pasar de mí. Solo le dije que tenía un poco de frío, como excusa para llevarlo, pues estábamos en pleno verano.

— Hydra, necesitamos hablar…—soltó Remus entrando a mi habitación, cuando mi hermano ya se había dormido, y yo me disponía a hacer lo mismo.

— ¿Qué ocurre? —Pregunté fingiendo estar soñolienta, ya que no tenía ni una pizca de sueño—. Si es sobre Lucius de nuevo, es mejor que nos ahorremos tiempo.

— Quiero que solo me digas la verdad…—soltó de golpe demasiado serio.

— ¿sobre qué? —pregunté con su mismo tono de voz.

— ¿Qué ocultas? —Preguntó de golpe—. Eres amiga de dos mortífagos, y sabes lo que son, y no solo eso sino que parecieran que te conocen muy bien…—explicó su inquietud, haciéndome pensar en que tal vez debería decirle algunas cosas a Lupin, después de todo, era uno de los pocos amigos que me quedaban—. Y ni siquiera les tienes miedo…

— Ellos si me lo tienen a mí…—solté riendo sin él entender el chiste—. ¿Quieres la verdad? —Pregunté poniéndome seria, solo le diría una parte, no toda la historia—. Pero antes debes prometerme que no dirá una palabra de lo que diga a nadie, y mucho menos a Sirius.

— No tienes ni que mencionarlo…—soltó antes de yo sentarme de golpe en mi cama y comenzar a subir la manga de mi brazo izquierdo, después de todo; una imagen vale más que mil palabras. Al terminar de hacerlo, su vista no se apartó de este, totalmente sorprendido—. Eres… eres una mortífaga…—dijo sin creerlo.

— Fui... hace mucho tiempo—

—por eso te conocen, fuiste su compañera…—soltó mirándome con aquel desprecio que tanto temía—. Una asesina, deberías estar en Azkaban…

— El ministerio nunca supo que yo lo era, y según ellos la persona por la que me hacía pasar está muerta— expliqué sumamente avergonzada de mi pasado.

— ¿Cuándo ocurrió?

—Cuando me fui de casa, en realidad había ido a enlistarme como mortífaga y no a trabajar en el extranjero— respondí sorprendiéndolo aun más—. Debes escucharme, en ese momento, tenía ideas equivocadas, era demasiado estúpida, por eso mismo fingí mi muerte, para apartarme del señor tenebroso—expliqué sin él dejarme de ver con rabia.

— ¿Dumbledore lo sabe? —preguntó de golpe.

— Sí, le dejé entrar en mi mente, no tengo secretos para el director— respondí sorprendiéndolo aun más.

— ¿Cómo es que sabiendo quien eres te acepta en Hogwarts?

— Porque sabe que cambié, que usé doce años de mi vida a servir al mundo mágico y muggle, para redimirme—respondí secando mis lágrimas—. Remus, sé que hice muchas cosas horribles, pero créeme cuando te digo, que estoy del lado de ustedes…

— Confió en Dumbledore, y si él confía en ti, supongo que no hay mucho que dudar— soltó confiando en el barbón y no en mí.

— Entonces me perdonas…

— Dame tiempo Hydra— soltó antes de salir de mi habitación, haciéndome sentir de nuevo completamente sola. Nadie podía entenderme, ni siquiera a los que consideraba mi familia…

1 de septiembre de 1994

El nuevo año escolar en Hogwarts ya estaba aquí de nuevo. Lo que significaba que tendría que soportar de otra vez a aquellos chiquillos, pero sobre todo que volvería a verlo a él…

A pesar de Remus aun no perdonarme por completo, me acompañó junto con mi hermano, el cual tampoco me hablaba, en forma de perro con un collar en el cuello, al expreso Hogwarts, aunque sabía que no solo lo hacía por hacerme compañía sino para saludar a Harry, pero igualmente no me molestó.

Al tan solo llegar, fuimos a donde el pelinegro, el cual estaba con los Weasley y Granger, por lo que tan solo los saludé antes de caminar hacía el tren…. Sin embargo el ver a alguien familiar, hizo que me desviara de mi camino.

— Jamás creería que usarías parte de tu tiempo para llevar a tu hijo al tren— le dije al peliteñido sonriéndole, quien estaba con su hijo, el cual me miraba extraño—. Hola Draco…—saludé al pequeño mini Lucius.

— ¿se conocen? —preguntó el joven por lo que solo sonreí.

— Soy prima de tu madre— tan solo respondí, sorprendiéndolo un poco.

— Draco, sube al tren— le ordenó Lucius a su hijo con algo de frialdad, por lo que sin dudar este le hizo caso—. Sabes que se lo dirá a Narcissa, ¿cierto?

— No me importa, ni que estuviera haciendo algo malo, además tarde o temprano se enterará que estoy viva…— solté encogiéndome de hombros—. Solo vine a saludar, tengo un tren que abordar…— me despedí recordando que el expreso estaba por salir.

— Lo sé, espero verte en navidad…— soltó antes de yo negar mientras caminaba hacía el tren, ni loca iría a pasar la navidad allí, Narcissa me mataría en cuanto sepa que estoy de vuelta…

Como era de esperarse al tardar tanto tiempo fuera, al entrar no encontré ni un solo vagón vacío, lo que significaba que tenía que compartir uno con algún mocoso, lo que me faltaba. El próximo año si es que sigo viva, usaría la red Flú para ir al castillo…

El tren había arrancando y aun no veía algún vagón decente al cual entrar, hasta que la puerta de uno se abrió dejando ver a uno de mis dos alumnos favoritos…

— Profesora Black— soltó el pelirrojo, antes de su doble también salir.

— ¿buscando un compartimiento? — preguntó el otro por lo que reí.

— Sí, llegué algo tarde, y todos están llenos— respondí antes de ambos sonreír.

— Venga con nosotros entonces, solo está Lee a parte de nosotros— soltó el que creo que era Fred antes de yo asentir, era mejor ellos que quien sabe quién.

— Señor Morgan— saludé a Lee antes de él sonreír.

— ¿Dará pociones este año también? —preguntó el moreno antes de yo asentir, y poner mi baúl en el portaequipaje.

— Sí, sexto y segundo curso— respondí sentándome al lado del que creo era George—. Su director cree que mis lecciones son muy avanzada para los renacuajos— expliqué como si nada, ya que de aquello me había enterado hace un mes, junto con la noticia que el torneo de los tres magos se celebraría este año en Hogwarts, lo que significaba más problemas para mí.

— Mejor, así será nuestra profesora al fin— soltó Fred riendo—. Gracias a usted, obtuvimos el Timo de pociones, hubiera pagado por ver la cara de Snape mientras corregía nuestros exámenes— agregó haciéndome reír, y recordar que aun tenía asuntos pendientes con mi querido colega-amante.

El resto del viaje fue algo tranquilo, sin contar claro con las miles de preguntas de los gemelos acerca de las pociones que enseñaría ese año, aunque no quise decirles mucho, además dudaba de que tuvieran tiempo para ello, con el torneo dudo que muchos estudiantes pongan atención a clases…. Al llegar era como si el cielo no quisiera que estuviera allí, ya que casi al momento de llegar en los carruajes al castillo comenzó a llover fuertemente, haciendo que todos los estudiantes, y yo, saliéramos corriendo a refugiarnos de la lluvia.

Definitivamente el próximo año me aparezco en el castillo…

Al entrar me apresuré a ir al comedor antes de que entraran los alumnos. Como era de esperarse, ya la mayoría de los profesores estaban allí, a excepción de Hagrid, McGonagall que debe estar con los de los de primero y el nuevo profesor de defensas contra artes oscuras, ya que había otro asiento vacío que antes había pertenecido a Remus. Con un leve saludo a Dumbledore caminé hasta mi asiento, el cual era al lado de Snape, recibiéndome con una sonrisa al sentarme a su lado.

— Por un momento creí que no vendría— me dijo en voz baja haciéndome sonreír de lado.

— ¿Y perderme un año tan interesante como este? —le pregunté antes de los estudiantes inundar el comedor.

— ¿Sabes que tenemos que hablar? —preguntó por encima del ruido para que solo yo le escuche.

— Lo sé— respondí casi inaudiblemente, antes de ver la profesora McGonagall entrar con los renacuajos de primero, y comenzar la ceremonia de selección.

Como todos los años al terminar, el barbón dio comienzo al gran banquete, del cual apenas comí, ya que mi apetito estaba ensombrecido por la plática que tendría con Sev. Las vacaciones como era de esperarse, redujeron por completo la rabia que tenía cuando salí al final de curso pasado, por lo que dudaba de que pudiera decirle que no cuando lo tuviera al frente.

— ¡Bien! —Dijo Dumbledore, sacándome de mis pensamientos, al parecer ya había acabado el banquete—. Ahora que todos estamos bien comidos, debo una vez más rogar vuestra atención mientras os comunico algunas noticias:

»El señor Filch, el conserje, me ha pedido que os comunique que la lista de objetos prohibidos en el castillo se ha visto incrementada este año con la inclusión de los yoyós gritadores, los discos voladores con colmillos y los bumeranes-porrazo. La lista completa comprende ya cuatrocientos treinta y siete artículos, según creo, y puede consultarse en la conserjería del señor Filch.

La boca de Dumbledore se crispó un poco en las comisuras. Luego prosiguió:

—Como cada año, quiero recordaros que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo. »Es también mi doloroso deber informaros de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso— como era de esperarse, se escucharon muchos murmullos en el comedor.

Pero en aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe, haciendo que todos se callaran.

En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores.

Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia Dumbledore.

Supuse de inmediato que aquel profesor del que aun no lograba ver el rostro sería el nuevo profesor de defensas contra artes oscuras. Sin embargo un relámpago cuya luz se coló por las ventanas, me hizo poder ver su rostro, el cual identifiqué de inmediato. Aquel era un auror que en la primera guerra mágica cualquiera de los mortífagos hubiera querido evitar, ojoloco Moody. Lo cual hacía plantearme porque Dumbledore empleó un auror, ¿acaso no confiaba en mí?...

Sin esperármelo en medio de lo que parecía una charla con Dumbledore, este me miró, y por un instante me miró sorprendido antes de sentarse en su asiento.

—Os presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala—: el profesor Moody— como era de esperárselo, ninguno en el comedor aplaudió ni dijo nada por lo que el barbón prosiguió—. Como iba diciendo —siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Ojoloco Moody—, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los tres magos.

— ¡Se está quedando con nosotros! —dijo Fred en voz alta.

Repentinamente se quebró la tensión que se había apoderado del Gran Comedor desde la entrada de Moody. Casi todo el mundo se rió, y Dumbledore también, como apreciando la intervención de Fred.

—No me estoy quedando con nadie, señor Weasley —repuso—, aunque, hablando de quedarse con la gente, este verano me han contado un chiste buenísimo sobre un trol, una bruja y un leprechaun que entran en un bar...

La profesora McGonagall se aclaró ruidosamente la garganta.

—Eh... bueno, quizá no sea éste el momento más apropiado... No, es verdad —dijo Dumbledore—. ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí, el Torneo de los tres magos! Bien, algunos de vosotros seguramente no sabéis qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa—comenzó a explicar que era el torneo, por lo que dejé de prestar atención, para luego posar mi mirada de nuevo en Moody.

— Está aquí por el torneo no por ti…—escuché que me decía Sev en voz baja tranquilizándome un poco, lo cual agradecí con una sonrisa.

En menos de lo que me di cuenta, ya todos estaban levantándose de su asiento, lo que significaba, que el banquete había culminado. Sin perder tiempo, me levanté también de mi asiento, a ver si podía librarme de Severus, pero antes de que diera un paso, me sostuvo brevemente la mano, dándome a entender que no me dejaría ir tan fácilmente.

Sin ninguno decir y manteniendo las apariencias, caminamos hasta las mazmorras, específicamente en el área donde estaban nuestros aposentos, lejos de cualquier estudiantes.

— ¿sigues enojada conmigo? —preguntó a mis espaldas al llegar al frente de la puerta de mi habitación por lo que me volteé a verlo.

— Un verano con mi hermano de nuevo, hace olvidar a cualquiera— respondí encogiéndome de hombros, haciéndolo sonreír—. Pero eso no significa que retomaremos lo que teníamos…—me adelanté antes de que dijera o hiciera algo.

— ¿Por qué no? —preguntó acercándose peligrosamente a mí, por lo que sonreí de lado.

— No quiero que termines enamorado de mí Sev, aunque si estás totalmente seguro que no lo harás, siempre serás bienvenido en mi habitación…—solté acariciando su rostro, el cual no tenía ninguna expresión por lo que me aparté—. Me lo imaginé, buenas noche profesor Snape.