sapphire97: ohhhhhh muchass graciass :D. Hhahahahahha no sino no fueron George y Fred XD, graciasss :D. Ya la sigo.
sevsnap: Si u.u. Siii Saludos :3
Me desperté más temprano de lo habitual, gracias a lo poco que pude dormir pensando en mi cercana muerte. Ni siquiera había amanecido cuando abrí mis ojos encontrándome con Severus profundamente dormido…
Con sumo cuidado salí de la cama para no despertarlo, luego de confesarle la verdad antes de que quedarme dormida no tenía muchas ganas de darle explicaciones. Hacerlo significaría explicarle lo que ocurrió conmigo y con Tom, y eso solo lo pondría en más peligro del que ya está…
Al terminar de salir, busqué con igual cuidado, ropa limpia para luego entrar al baño a asearme. Al hacerlo salí de la habitación a ver cómo iba la selección del Cáliz para el torneo, o por lo menos sería la excusa que diré cuando Sev me pregunte porque me fui sin avisarle.
Normalmente los sábados en Hogwarts son especialmente silenciosos tan temprano en la mañana, pero hoy fue una gran excepción, apenas eran las 6am, y ya habían chicos en los pasillos de camino al comedor. Sin contar lo que estaban en este último, o en el vestíbulo mirando quien entraría su nombre en el cáliz que estaba en el centro de este.
Solo tomé algo de jugo de calabaza, ya que no tenía mucho apetito, antes de ir al vestíbulo a divertirme con los chicos que se postularían para el torneo. Al llegar me di cuenta que no era la única que había ido a observar esto, habían varios chicos de diversos cursos, hablando y mirando de reojo el cáliz. Incluso estaban Granger, Potter y Wesley, algo que no me sorprendía mucho.
— ¿Pensando en postularte Potter? —le pregunté a Harry cuando llegué hasta donde ellos.
— Ni siquiera tengo la edad para postularme profesora Black— respondió con demasiado formalismo por lo que no pude evitar reírme.
— Igual a tu madre— no pude evitar comentar para luego ver el cáliz, y darme cuenta que los gemelos Weasley caminaban hacía él—. Tú padre era más como ellos…— solté refiriéndome a los gemelos, mientras pensaba en los viejos tiempos, antes de que comenzara a cometer tanto errores.
— ¿Crees que piensen intentarlo? —preguntó Ronald, haciéndome reír.
— Seguro, aunque no lograran nada, el mismo Dumbledore hizo la línea de edad— respondí encogiéndome de hombros.
— Profesora Black— soltó creo que Fred al divisarme entre sus amigos—. Haremos que sienta orgullosa— dijo antes de dar un paso dentro del circulo, y su hermano junto con Lee seguirle.
Durante una fracción de segundo, pareció que el truco había funcionado. Aunque yo sabía que no lo había hecho. Incluso George profirió un grito de triunfo. Pero al momento siguiente se oyó un chisporroteo, y ambos hermanos se vieron expulsados del círculo dorado como si los hubiera echado un invisible lanzador de peso. Cayeron al suelo de fría piedra a tres metros de distancia, haciéndose bastante daño, y para colmo sonó un « ¡plin!» y a los dos les salió de repente la misma barba larga y blanca.
En el vestíbulo, todos prorrumpieron en carcajadas. Incluso Fred y George se rieron al ponerse en pie y verse cada uno la barba del otro. Y aunque era una profesora, las risas no me excluyeron.
— Es mejor que vayan con Pomfrey— les dije a los chicos antes de caminar hacía ellos—. Los llevaría yo misma chicos, pero es mi deber velar porque nadie más se haga daño intentando lo que ustedes—solté riendo aunque la verdadera razón era que quería seguir divirtiéndome al ver chicos intentar participar siquiera en el torneo…
— No se preocupe profesora, estamos bien— soltó George sonriendo antes de ambos alejarse con dirección espero que la enfermería.
— Creí que la habían enviado Dumbledore para que evitara accidentes con ese…—comentó Granger en cuanto llegué hasta donde ellos.
— No realmente, ni siquiera sabe que estoy aquí, vine a divertirme un poco solamente— solté riendo sorprendiendo a los chicos un poco—. Es broma chicos, ellos no necesitaban más que ir a la enfermería— mentí rápidamente borrando la sorpresa de su rostro.
— Oye esa no es angelina…— soltó Ronald a Harry, al mirar hacía el cáliz, por lo que automáticamente dejé de escuchar lo que decía. Para poco después una chica acercarse a ellos, así que sin nada mejor que hacer me aparté un poco, y me quedé mirando el cáliz, aunque en realidad solo pensaba en mi fatal destino…
Estaba bastante sumida en mis pensamientos, cuando noté que alguien más había entrado su nombre luego de un buen rato. El cual resultó ser Cedric Diggory. Al terminar de poner su nombre me miró antes de sonreírme y giñarme un ojo, lo cual me pareció casi gracioso, casi pero no, y menos cuando el chico caminó hacia mí.
— Profesora Black— me saludó sonriendo con aquella sonrisa por las que muchas niñas morirían en esta escuela.
— Señor Diggory— respondí de la misma forma—, va a participar, supongo que se cree listo para ello.
— Luego de tener una maestra como usted, por supuesto— me alagó casi sonando a coqueteo, pero ni siquiera me lo plantee, era un niño—. Es una lástima que no de clases al séptimo curso— soltó sonriendo antes de pasar su mano por su cabello—, por cierto Profesora Black, ¿seguirá con las clases particulares este año?
— ¿Por qué Diggory?, ¿tienes dudas sobre pociones? —preguntó haciéndomela incrédula, ya que me negaba a creer que estaba coqueteando conmigo.
— Aunque no las tenga, siempre es un gusto aprender de usted…—respondió dedicándome una sonrisa—. Si piensa dar clases de nuevo, me podría avisar…
— Dudo que lo haga, los niños son algo molestos…—solté recalcando la palabra niños.
— No soy un niño Profesora, aprendería todo lo que usted pueda enseñarme…—soltó sonriendo antes de dar la vuelta e irse.
¿Qué demonios acaba de pasar?, ¿acaso un chico veinte años menor que yo me acaba de coquetear abiertamente?, la verdad que hay que estar viva para ver cosas. Casi me hace recordar cuando tomaba clases, normalmente los chicos como él siempre se me insinuaban. Pero las cosas habían cambiado, yo era profesora, no una estudiante.
Para no tomar más riesgo de que algún otro estudiante hormonal venga a coquetear conmigo como si nada. Me largué del vestíbulo sin decirle a nadie.
El primer lugar a donde pensé ir fue mi habitación, pero por cierta persona no era lo mejor, por lo que para no tener que chocarme con nadie en el colegio, terminé por decidirme a ir al lago negro, o más bien a la orilla de este, y recostarme en la grama a su alrededor, debajo de un árbol.
Sin darme cuenta gracias a la mala noche que había sufrido, me quedé dormida delante del lago, y para cuando me desperté ya había anochecido. Tantas malas noches sufridas en mi vida me estaba pasando factura. Sin nada mejor que hacer, ya que seguro la ceremonia de selección de los participantes del torneo de los tres magos estaba por comenzar si es que no había ya terminado.
Con un solo movimiento de mi varita, alisé mi traje que estaba estrujado, y arreglé mi pelo, el cual luego tantas horas en la grama estaba enredado y lleno de hojas, y quien sabe que más. Al terminar caminé hasta el colegio directo al comedor.
Para mi buena suerte, parece que aun no comenzaba la cena, apenas los chicos iban entrando, mientras los profesores ya estaban en sus lugares. Por lo que sin perder tiempo caminé hasta la única silla vacía en la mesa de los profesores, al lado de Severus.
— ¿Dónde estabas? —me preguntó en cuanto me senté a su lado.
— Hablamos más tarde…— le respondí antes de Dumbledore da comienzo al banquete de Halloween…
Casi una hora después, comenzó la selección de los participantes a la cual no presté atención. Apenas escuché cuando seleccionar al representante de Hogwarts, Cedric Diggory, por lo que fue inevitable mirarlo, y este sonreírme descaradamente, aunque solo quien estuviera cerca sabría que era a mí a quien sonreía.
Luego de todos sus compañeros felicitarlo, caminó hasta una sala que estaba detrás de la mesa de los profesores, a donde los demás estudiantes seleccionados habían ido. Al pasar por mi mesa, volvió a sonreírme antes de guiñarme un ojo y entrar a la sala, lo cual me hizo casi reír. Para luego darme cuenta que mi querido Sev estaba con una cara del los mil demonios. ¿Estaba celoso de un niño?
E iba a decir algo, pero Dumbledore se apresuró a dar por terminada la cena.
— ¡Estupendo! —Dijo Dumbledore en voz alta—. Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos vosotros, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, daréis a vuestros respectivos campeones todo el apoyo que podáis. Al animarlos, todos vosotros contribuiréis de forma muy significativa a...
Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido.
El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino, lo cual era demasiado extraño…
Sin perder tiempo, tomó el pergamino, el cual lo hizo palidecer, y a mi asustarme, no cualquier cosa hace ese efecto en el mejor mago vivo del mundo mágico….
—Harry Potter— pronunció sin yo poder creérmelo, aquello no podía ser verdad.
Luego de unos minutos Potter caminó hasta la puerta detrás de la sala, algo sorprendido, lo que me decía que él no había puesto su nombre en el cáliz. Poco después, el director dio por terminada la cena, y fue también a la sala, junto con Severus y McGonagall…
Sabía por la última mirada que me dio, que el director quería hablar conmigo por lo que sin más opciones salí del comedor directo a su despacho a esperarlo…
Casi veinte minutos después, apareció delante de mí y sin decir nada pronunció la contraseña antes de subir y por supuesto yo seguirle. Por su rostro podía decir fácilmente que aun no se creía lo que había pasado, por lo que me senté delante de su escritorio sin decir nada.
— ¿Tienes idea de que ocurrió? —preguntó claramente manteniendo la compostura.
— No señor, me pasé parte del día en la orilla del lago negro— respondí con rapidez—. Y en la mañana hable con Potter— solté llamando su atención—. No se le veía con ganas de participar…
— Eso dijo él, que no había puesto su nombre en el cáliz…— soltó él más molesto que antes.
— Es decir que alguien lo puso por el…
— Y casi sospecharía de ti, de no ser porque he visto dentro de tu cabeza— me acusó sin importarle nada—, a quien menos le conviene que le pase algo a ese niño es a ti.
— Es bueno que se dé cuenta señor— solté intentando no sonreír.
— Sin embargo, aun necesito algo de ti por ahora— soltó de golpe sin preguntar antes—. Sé que diste clases particulares a algunos alumnos el año pasado— dijo mientras ya sabía que me iba a pedir—. Dale clases a Harry, a escondidas de todos, incluso de sus amigos, yo mismo le diré a él…
— ¿Señor como pretende que venga a mi despacho sin que nadie sospeche? —pregunté con suma curiosidad.
— Severus me ayudará con ello, todos pensaran que le ha castigado cuando en realidad le estás enseñando— respondió más sereno que antes—. Solo enséñale lo que necesita para sobrevivir, no para ganar, eso podría ser pensado como trampa…
— No se preocupe señor, sé ser discreta, Potter no morirá este año, no mientras pueda evitar— dije con suma convicción antes de él sonreírme.
— Es todo señorita Black, no tomaré más de su tiempo, estoy seguro que alguien espera por usted— soltó con una sonrisa. A veces creo que Dumbledore ya está un poco deschavetado por la edad. Pero aun así asentí antes de salir de su despacho, sabiendo perfectamente a que se refería.
Le debía una larga explicación a Severus…
