sapphire97: hahhahaha ya subo otro :3, es que ya tengo casi todos XD... En realidad Sev le da pistas falsas por eso no sabe donde está :x, él la está buscando desde que volvió... Hahahahahha siii XD. O casi muerto XD, Hhahhahahahahhaha. Ya subo el ultimo de hoy :3. Solo porque era cortito, aunque esté te dejará con ganas de más, pero hasta mañana :3


Aquella misma noche Severus vino como me había prometido, solo que algo lastimado. Al parecer Voldemort estaba furioso porque nadie tenía la menor idea de donde yo estaba, por lo que esa noche me dediqué a curarle las heridas a Sev producidas por tantos crucios, hasta que se quedó dormido a mi lado. Lo que hace este hombre por mí…

Para mi sorpresa al otro día se negó a irse por la puerta. Dijo que había cambiado de opinión, no veía conveniente que los de la orden supieran de nuestra relación, porque podía filtrarse y llegar a oídos de Voldemort.

Aunque esto no fue lo peor sino que antes de irse, me advirtió que no podía volver a mandarle alguna lechuza, y que debíamos mantenernos alejados por el momento, ya que también era peligroso. Era increíble que justo cuando podemos estar juntos, es peligroso.

El resto del día me mantuve alejada de todos, y de mal humor. No quería hablar con nadie. Alguien a quien quería, estaba en peligro por mi culpa, y no podía hacer nada para cambiarlo, sin empeorarlo al mismo tiempo. Por lo que al otro día aun con igual mal humor decidí salir de la casa.

Sabía que era peligroso, por no decir imposible si lo hacía por la puerta principal, pero aun así, no desistí. Necesitaba aire, salir de aquí aunque sea por un momento, por lo que me vestí realmente Muggle, hasta me puse una chaqueta con capucha para que nadie me reconociera si llegara a verme.

— Kreacher— le llamé antes de él aparecer.

— Diga ama.

— Necesito que me saques de aquí— le dije sorprendiéndole—. A unos veinte kilómetros, y no le digas nadie que lo has hecho— le ordené antes de él asentir y tomar mi mano.

En menos de un parpadeo, ya me había sacado, y aparecido en medio de lo que parecía ser un parque, antes de él desaparecer. Al fin aire puro, o dentro de lo que cabe. Sin un rumbo fijo comencé a caminar pensando en lo infernal que serían los próximos días estando encerrada con una familia completa, hasta que volviera a Hogwarts, y como debería estar pasándola Severus lejos bajo la ordenes de Tom.

Entre pensamiento y pensamiento, comencé a plantearme lo que me haría cuando al fin me capturara. Con esto en la cabeza, llegué a alejarme demasiado, sin saber en donde rayos estaba, por lo que decidí volver. Y justo cuando estaba a punto de hacerlo, se me ocurrió algo mejor.

Había alguien que estaba igual o peor que yo. Ya que estaba desde que terminó el colegio lejos de todos, aunque estuvieran vigilándolo, por lo que sin dudar, pensé en su dirección antes de sonreír y desaparecer.

Privet Drive, decía la calle en donde me aparecí en medio de un callejón oscuro para que nadie me viera. Sin dudarlo mucho comencé a caminar, hasta la casa número 4 en donde si mal no recordaba me había dicho una vez Sirius que vivía.

Al llegar, toqué la puerta antes escuchar a alguien quejarse y abrir. Quien lo había hecho era un hombre robusto y algo mayor, cercano a la edad que yo debería tener.

— ¿Se ha perdido? —preguntó de mal humor, recordándome que aun llevaba la capucha, y debería seguro verme como un delincuente, por lo que la bajé, sorprendiéndolo un poco.

— ¿Son la familia Dursley? —pregunté con suma gentileza fingida, hace mucho que no trataba con muggles.

— Sí— respondió alguien detrás de él, resultándose ser una señora no muy bien agraciada—. Petunia y Vernon Dursley, ¿Quién es usted?

— Oh lamento la descortesía, soy Hydra Black— me presenté con mi expresión de niña buena—. Quería saber si podría hablar con Harry Potter— solté sorprendiendo a ambos.

— ¿Ha hecho algo malo? — Preguntó el señor—. ¿Le ha roto algo de su casa? —soltó molesto, antes de yo negar.

— No, nada de eso, soy una vieja amiga, solo pasaba a visitarlo— respondí con tranquilidad.

— ¿Amiga? —preguntó Vernon sin al parecer creérselo—. Desde cuando ese muchacho tiene amigos con ella— le dijo a su esposa.

— Seguro que no sabe la calaña de su amigo— soltó Petunia con desprecio hacía el chico, mientras yo me contenía para no decirles o hacerles algo—. Pobre chica…— agregó haciéndome casi reír.

— Puede esperarlo dentro señorita Black, no sé donde se ha metido ese muchacho— soltó sonriéndome antes de yo asentir y entrar a la casa, para luego él cerrar la puerta.

— ¿Gusta algo de tomar? —preguntó la señora mientras yo miraba la casa, era muy…muggle…

— Solo agua por favor…— le respondí antes de ella gentilmente asentir.

— ¿Y cómo conoció a Harry señorita Black? —se apresuró en preguntarme el señor Dursley antes de su esposa darme el vaso con agua.

— Verá…—comencé a responder antes de la puerta principal abrirse entrando Harry con un chico gordo, de seguro su primo.

— ¿Profesora Black? —soltó Potter al verme y yo sonreírle—. ¿Ha pasado algo?

— ¿Profesora? —preguntó Vernon algo al parecer confundido.

— Sí, es profesora en Hogwarts— respondió Potter antes del hombre palidecer.

— Entonces esa dulce chica es como tú…— soltó su tío sin poder creérselo.

— Y por eso no dije nada, los muggles suelen reaccionar así— dije sonriendo de lado—. Y no se preocupen señores Dursley, sigo siendo gentil…—agregué antes de ver a Harry—. ¿Acaso no puedo venir a visitarte? —le pregunté al pelinegro.

— Bueno nadie lo ha hecho en todo el verano— soltó algo molesto.

— Lo sé, por eso vine yo, aunque no le dije a Dumbledore— solté riendo aunque sabía el verdadero regaño que me darían en cuanto supiera que salí sin decirle—. ¿Pueden dejarnos hablar en privado? —le pregunté a sus tíos antes de sin decir nada irse de la sala—. No son muy amigables…

— Ni que lo digas— solté antes de reír.

— ¿Cómo has estado estos días? —le pregunté borrando su sonrisa.

— He estado al tanto del profeta y la tv, pero no ha surgido nada acerca de Voldemort…—me respondió realmente preocupado—. ¿Usted sabe algo?

— Nada que tenga permitido decir— le respondí lo más sincera que pude.

— Debí suponerlo— soltó algo decepcionado—. ¿Ha sabido algo de Sirius? —preguntó cambiando el tema.

— Vive conmigo chico, y realmente te extraña, a veces creo que te confunde con James…—solté recordando las conversaciones que tuve con él antes de que la familia Weasley se instalara en mi casa—. Aunque es entendible, eres clavado a él, cuando tenía tu edad.

— ¿Lo conoció? —preguntó con entusiasmo.

— Sí, era algo problemático, junto con mi hermano. Aunque casi no los veía, eran leones, y yo era de Slytherin…— le respondí riendo.

— ¿Era una serpiente? —preguntó sorprendido—. Ya entiendo porque vive en las mazmorras. Es difícil creer que usted pudo haber estado en la casa de los peores magos…—dijo sin saber de que hablaba. Esa era justo la casa que merecía.

— No todos— le corregí sin estar muy convencida—. Pero eso no es importante…

— Tiene razón, ¿cree que pueda ir algún día antes de que acabe el verano con Sirius? —preguntó de repente haciéndome reír.

— Tendría que preguntarle a Dumbledore, claro sino me mata por haber venido a visitarte— le respondí riendo antes de caminar hasta la puerta—. Bueno es mejor que me vaya, solo vine a hacerte un poco de compañía…

— Gracias profesora— me dijo asintiendo.

— No es nada Potter, intentaré mandarte una lechuza de vez en cuando…— le dije antes de salir de la casa, cerrar la puerta y ver a mi alrededor en busca de alguien. Pero no había nadie, aunque era de esperarse con el caluroso día que había.

Al cerciorarme, desaparecí de la calle apareciéndome de nuevo en el parque en donde Kreacher me había llevado, lista para llamarlo, sin embargo comencé a dudar a ver algo moverse por los arboles. Sin miedo saqué mi varita y me acerqué lista para lo que viniera. Sabía el riesgo que corría al salir de la casa, pero no me arrepentía.

Caminé con sigilosamente hasta el árbol por donde vi algo moviéndose, pero nada había allí, incluso usé el hechizo Lumos para alumbrar, pero aun así no encontré nada, por lo que bajé mi varita. Tal vez tanto huir me estaba poniendo paranoica. Ya más calmada, me permití respirar antes de dar la vuelta, dándome el susto de mi vida.

Había estado en lo correcto, algo había estado en los arboles y ahora me veía fijamente. Una pitón bastante grande, levantada hasta la altura de mi cintura, mirándome realmente furiosa. Cualquiera diría que era mi fin, pero sabía que no lo era, tal vez solo era el principio de este.

— Nagini— solté sonriendo de lado al reconocerla.