sapphire97: ahahhahha XD, lo sé, aunque no sé que es cuqui ._. aunque supongo que es tierno... Hhahahahhahah Seee XD. Uhhh ya pronto verás ;). hahahahaha que comes que adivinas XD. Ya te dejó el cap, no aguantaba para que lo leyeras.
Al Severus salir, también lo hice encontrándome con una pila de chismosos, como extraño mi privacidad. Estaban Molly, Ronald, Ginny, Hermione, Remus, Tonks, y Sirius parados cerca de la puerta haciendo como que no los hubiera atrapado intentando escuchar. Aunque eso no fue lo más grave, sino que Severus estaba en medio del pasillo a uno cuantos pasos de ellos mirándolos molesto.
— Yo me encargo— solo le dije antes de él asentir e irse—. ¿A ver acaso aquí no se puede tener privacidad? —le pregunté furiosa.
— Tienes razón Hydra, niños vamos, tenemos cosas que hacer— les dijo a sus hijos y a Granger indicándoles que salieran del pasillo, para irse por ahí mismo.
— ¿Están saliendo? —preguntó la inoportuna de mi sobrina, Tonks, una miembro de la orden.
— Tonks cállate— le respondí antes de caminar por el pasillo hasta las escaleras.
— ¿Eso es un sí? —siguió insistiendo.
— ¿Sí te respondo dejarás de molestarme? —le pregunté deteniéndome antes de girarme a verla y ella asentir—. Sí, ahora creo que tienes cosas mejores que hacer en ministerio que acosarme…— comenté antes de seguir con mi camino. Aun seguía sin entender como había logrado ser Auror…
El resto de lo que quedaba del día, resultó no ser tan malo. Por lo menos en la cena nadie comentó nada de lo sucedido lo cual agradecí en silencio…. Y los días siguientes fueron iguales, hasta como era de esperarse, una semana después la tranquilidad se acabó.
Dumbledore nos informó a todos que Harry Potter había sido culpado por el ministerio de magia por hacer magia fuera del colegio. Lo cual según los que le tocaba vigilarlos, solo lo había hecho en defensa propia, al ser atacado por un dementor, enviado de seguro por Voldemort…
Sin perder tiempo, el barbón fue a intervenir al ministerio para que no expulsaran a Potter sin un juicio, mientras había mandado a muchos miembros de la orden a buscarlo para traerlo a la casa. Habían reunido a Moody, Lupin, Tonks, Kingsley, Elphias Doge, y Dedalus Diggle, Emmeline Vance, Sturgis Podmore, y Hestia Jones. E intente que me dejara ir, pero no pude lograr nada, según Albus suficiente tenía con tener que proteger a Harry esa noche como para que también me tengan que proteger a mí…
Luego de más de una hora, llegaron con Potter, el cual recibió la señora Weasley para luego mandarlos con Ron y Hermione, sus amigos inseparables. Al ya estar el chico lejos, empezó otra reunión de la orden del fénix, por lo que hasta Severus estaba incluido.
La orden se basaba en casi lo mismo, las misiones. Las cuales incluía vigilar algo en el ministerio que llamaron profecía, aunque nadie quiso explicarme de que iba cada vez que preguntaba. Estaba casi segura que Dumbledore les dijo que no me dijeran nada. ¿Por qué?, ni la remota idea…
Al terminar la reunión, los miembros se fueron con rapidez de la casa, tenían mucho que hacer, suertudos que podían salir de esta casa…
— Supongo que también te vas…—le dije a Severus al acompañarlo a la puerta, ya que era la primera vez desde que se fue que lo veía.
— Sabes que son ordenes…— me recordó antes de darme un corto beso y salir de la casa.
— ¿Díganme que estoy alucinando? —soltó una voz fuera de sí desde la escaleras.
— Te has perdido de mucho amigo…—le dijo Fred en forma de burla sin aun verlos, ya que quería saber hasta dónde llegarían.
— Fred y yo, creemos que le han hecho un hechizo de amor…. Tal vez sea amortencia— soltó George ya sacándome de mis casillas.
— Yo apoyo esa idea— soltó el hijo de James, como era de esperárselo. Ya Severus me había dicho hace mucho que no se toleraban entre ellos.
— ¿No les han enseñado que es de mala educación espiar a los mayores? —les dije molesta al dar la vuelta y los seis chicos terminar de bajar la escaleras—. Creí que ya había hablando con ustedes…— les reclamé a los gemelos.
— ¿Cómo es sucedió eso? —preguntó Harry interrumpiéndome, por lo que lo vi casi riendo.
— Es una larga historia— le respondí encogiéndome de hombros…
— ¿Larga? —preguntaron los gemelos al unisonó.
— Es decir— comenzó a decir Fred.
—Que no es algo reciente— terminó de decir el otro gemelo.
— Miren Molly los espera para cenar, así que dejen de molestar— solté terminando el tema antes de dar la vuelta y caminar hacía la cocina para cenar. Antes de notar que ninguno me seguía y seguían al parecer hablando—. Que caminen les dije.
— Ya se le está pegando su mal humor— soltó George antes de darle un sopetón en la cabeza, y este reírse.
Continuamos caminando, ellos delante de mí, sin decir nada hasta el final de la escalera y por una puerta que conducía a la cocina del sótano. Al llegar la señora Weasley, su esposo, Bill, su hijo, mi sobrina Tonks Mundungus y mi hermano ya nos esperaban.
— Harry— tan solo lo saludó sonriéndole, antes del chico verme.
— Te dije que estaba viviendo conmigo, ¿no? —le pregunté burlonamente antes de sentarme en la mesa.
— ¿Esta es su casa? —preguntó Harry como si no fuera obvio.
— Era la casa de nuestros padres realmente, pero como somos los únicos Black que quedan es nuestra. Se la ofrecí a Dumbledore como cuartel general; es lo único medianamente útil que he podido hacer—explicó con pesar ya que al igual que yo, se sentía inútil a ver a todos hacer algo, menos él.
— ¿Has tenido buen viaje, Harry? —Le preguntó Bill interviniendo la conversación—. ¿Así que Ojoloco no te ha hecho venir por Groenlandia?
—Lo intentó —intervino Tonks, haciéndome casi reír, ya había conocido la paranoia de Moody, una demostración de esto, es que no apartaba su ojo de mí cuando venía a las reuniones, como si en algún momento fuera a lanzarle un maleficio. Lo cual me hizo saber que él también sabía sobre mi pasado.
—Siéntate, Harry —dijo Sirius—. Ya conoces a Mundungus, ¿verdad?
— ¿Alguien ha pronunciado mi nombre? —Masculló Mundungus, adormilado, para luego visualizar a Harry—. ¿Estás bien, Harry?
—Sí —contestó él.
Mundungus, nervioso, hurgó en sus bolsillos sin dejar de mirar a Harry, y sacó una pipa negra, también mugrienta. Se la llevó a la boca, la prendió con el extremo de su varita y dio una honda calada. Unas grandes nubes de humo verdoso lo ocultaron en cuestión de segundos.
—Te debo una disculpa —gruñó su voz desde las profundidades de aquella apestosa nube.
—Te lo digo por última vez, Mundungus —le advirtió la señora Weasley, haciéndome reír, cada vez que venía le decía lo mismo— ¿quieres hacer el favor de no fumar esa porquería en la cocina, sobre todo cuando estamos a punto de cenar?
— ¡Ay! —Exclamó Mundungus—. Tienes razón. Lo siento, Molly.
La nube de humo se esfumó en cuanto Mundungus se guardó la pipa en el bolsillo, pero el acre olor a calcetines quemados permaneció en el ambiente.
—Y si pretendéis cenar antes de medianoche voy a necesitar ayuda —añadió la señora Weasley sin dirigirse a nadie en particular, lo cual solo significaba que indirectamente nos pedía ayuda. Por mi parte me quedé en mi mismo lugar, casi nunca venía a la cocina, casi siempre comía en mi habitación, por lo que lo que menos me gustaría era ayudar. Sin embargo alguien que si se levantó de inmediato a ayudar fue Harry—. No, tú puedes quedarte dónde estás, Harry, querido. Has hecho un largo viaje.
— ¿Qué quieres que haga, Molly? —preguntó Tonks con entusiasmo dando un salto.
La señora Weasley vaciló, un tanto preocupada.
—Pues…, no, Tonks, gracias, tú descansa también, ya has hecho bastante por hoy— le dijo haciéndome casi reír. Tonks podía ser algo, demasiado, torpe a veces…—. Hydra cariño— me llamó haciéndome casi maldecir, para luego sonreírle y sacar mi varita. Negarme solo me haría recibir unos de sus regaños, sobre que tenía saber cómo manejar una casa, y cocinar, si alguna vez pretendía casarme con Severus. Sí, con esas palabras en específico, lo cual terminaba conmigo haciendo igualmente lo que quería, con la cara roja de la vergüenza.
Con un movimiento de mi varita, comencé a ayudar a poner la mesa, para luego poner algunos cuchillos a cortar la carne y verduras por su cuenta, los cuales terminaron siendo supervisados por el señor Weasley, mientras su mujer removía un caldero colgado sobre el fuego y los demás sacaban platos, más copas y comida de la despensa. Harry se quedó en la mesa con Sirius y Mundungus, que todavía lo miraba parpadeando con aire lastimero.
Al poco rato ya todos estaban comiendo y conversando, por lo que me senté en el rincón más alejado de todos para comer tranquila. Prácticamente ignoraba cada conversación, incluso cuando Sirius seguro para quejarse mencionó a Severus. Se llevan peor desde que supo que salía conmigo.
De repente escuché un sonido que me hizo subir la mirada. Otra vez eran los gemelos. Fred y George habían encantado un gran caldero de estofado, una jarra de hierro de cerveza de mantequilla y una pesada tabla de madera para cortar el pan, junto con el cuchillo, que en ese momento volaban a toda velocidad hacia ellos. El caldero patinó a lo largo de la mesa y se detuvo justo en el borde, dejando una larga y negra quemadura en la superficie de madera; la jarra de cerveza de mantequilla cayó con un gran estruendo y su contenido se derramó por todas partes; el cuchillo del pan resbaló de la tabla, se clavó en la mesa y se quedó temblando amenazadoramente justo donde hasta unos segundos antes Sirius había tenido la mano.
— ¡Por favor! —Gritó la señora Weasley—. ¡No hacía falta! ¡Ya no lo aguanto más! ¡Que ahora os permitan hacer magia no quiere decir que tengáis que sacar la varita a cada paso!
— ¡Sólo pretendíamos ahorrar un poco de tiempo! —Se disculpó Fred, y corrió a arrancar el cuchillo del pan de la mesa—. Perdona, Sirius, no era mi intención…
Antes de lo pensado Harry y Sirius se echaron a reír, para luego yo unírmeles, y levantarme de la mesa. Ya había terminado, y no necesitaba seguir estando en un lugar en donde no hablaba con nadie.
— Gracias por la comida— solo dije antes de caminar hacia la puerta, e irme. Eso último era justo la excusa que necesitaba para largarme.
Sin perder tiempo, caminé hacía las escalera para ir a mi habitación a ver si dormía algo, ya que últimamente Molly me despierta a la misma hora que a sus hijos para que también ayude en la casa. Como si eso en verdad fuera a suceder. Al llegar a mi habitación, me dejé caer en mi cómoda cama, antes de comenzar a pensar, en cuándo volvería a ver a Sev, y si Tom seguía buscándome, lo que siempre pensaba antes de quedarme dormida.
En medio del sueño, como había adivinado anoche, comenzaron a llamar a mi puerta demasiado temprano para mí, seguro de nuevo para que ayude a seguir limpiando esta casa. Sin embargo me hice de oídos sordos, antes de volver a dormir.
— Hermanita, si no sales ya sabes cómo se pondrá Molly— escuché en medio del sueño que me decía Sirius al otro lado de la puerta antes de resignarme y levantarme de la cama.
— Bajo enseguida— solté de malas ganas—. Pero ni creas que me pondré a matar alimañas— recalqué antes de entrar a mi baño a tomar una ducha fría para terminar de levantarme, para luego vestirme, y salir—. ¿No tienes algún recado que hacer? —le pregunté a mi hermanito al verlo esperándome a fuera de mi puerta.
— Mi recado es llevarte abajo— respondió burlándose—. Según Molly no puedes echarte a la cama por no poder ver a Quejicus— soltó comenzando a molestar—. Lo que me recuerda que aun tenemos una conversación pendiente— dijo de repente algo serio mientras bajábamos las escaleras.
— Soy tu hermana mayor, no tenemos nada de qué hablar— le dije antes de que comenzara a hablar.
— Es un mortífago Hydra— comenzó diciendo antes de yo detenerme en el segundo piso y cruzarme de brazos, para mirarlo incrédulamente—. Sé que lo fuiste, pero eso pasó hace mucho tiempo…
— Sirius, lo que piensas que he hecho no es ni la mitad de lo que supiste— le dije haciéndolo palidecer para luego enfadarse—. Y es pasado, también significa que sé en donde me meto, puedo defenderme sola…
— A veces lo dudo…— soltó de malas ganas, a veces creo que sigue siendo el mismo chico que dejé cuando me marché de casa—. ¿Acaso ya olvidaste que hace unos días te pusiste en riesgo? —Preguntó sacando el tema a coacción—. Bueno estando con él también lo estás.
— Lo sé, y no me importa— le dije sin titubear, antes de seguir bajando las escaleras—. Y si no tienes nada más que decir, debemos llegar a la cocina, antes de que Molly comience con su discurso— solté antes de él seguirme murmurando algo que preferí ignorar.
Pocos minutos después llegamos a la cocina, en donde estaba Molly con los chicos desayunando. Por lo que sin decir nada, fui a sentarme en el comedor para luego ella servirme el desayuno.
— Casi creí que no vendrías—soltó ella al servirme el desayuno—. No deberías dormir hasta tarde, una joven de tu edad…
— Adivino, debe madrugar— terminé de decir por ella con sumo sarcasmo—. No me gusta madrugar, ni hacer deberes…
— Debes hacerlo si piensas algún día casarte— me regañó antes de regresar a la cocina que estaba de uno o tres metros del comedor.
— Estamos en medio de una guerra, no es algo que se me pase por la cabeza— solté hartándome de creer que soy otra de sus hijas. Joder, me lleva cinco años nada más, aunque no lo parezca.
— En la primera guerra mágica se realizaron muchas bodas— soltó como si eso me importara, y como si fuera enviado por el mismo Merlín, antes de que pudiera responderle, entró Remus.
— ¿Otra vez discutiendo? —preguntó el hombre lobo burlándose de mi situación por lo que solo rodé los ojos antes de él sentarse a mi lado.
— Se comporta como una niña malcriada Remus, por eso discutimos— soltó Molly reviviendo mis instintos asesinos.
— No es una niña Molly, a veces creo que lo olvidas, es una mujer de treinta y ocho años— le recordó al fin Remus, pero ella solo hizo una mueca antes de negar—. Deberías seguirle la corriente, o no te dejará en paz…— me dijo en voz baja al yo terminar mi desayuno, antes de comenzar a buscar algo en los bolsillos de su pantalones.
— ¿Qué buscas? —pregunté en voz baja antes de Molly acercarse a darle el desayuno a Remus. Para luego él sacar una carta.
— Esto llegó para ti esta mañana, una lechuza lo trajo— me respondió sonriendo antes de yo tomarla y leer el remitente. Era de Severus.
