La oscuridad me envuelve como si no pudiese haber nunca nada en el mundo. Mi mundo, el mundo que echo de menos. Chicago mi ciudad. Oigo voces a mí alrededor pero yo sigo sumida en esa interminable oscuridad.
Tengo la necesidad de abrir mis pesados parpados y decirle a todos los que susurran que estoy aquí, que los escucho, que los quiero ver pero se ve que no puedo hacer nada de esto.
Noto todos y cada uno de mis músculos tensos i sin tener ganas de responder a mis suplicas. No obstante pasados unos minutos veo que ellas se empiezan a cumplir porque mis ojos comienzan a abrirse.
Un poco de luz se filtra por ellos y esa me hace daño ya que aún estaba acostumbrada a la inminente oscuridad.
—Está despertando —dice de golpe una voz; la reconozco como la voz de Cuatro mi novio.
Le intento sonreír pero aún no tengo la suficiente energía para poder hacerlo bien del todo. También intento hablarle pero eso aún me cuesta mucho más.
Él me ve con los ojos abiertos y con una mano me acaricia el pelo dulcemente diciéndome sin ninguna palabra que me había echado de menos.
