sapphire97 : Awww siii *-*. Mmmmm ya veremos ;). Hhahahahahhaa pronto, no recuerdo si en este o en el otro :X... Hhahahhahaa si lo es XD. Hahahahhahahhaa sipi, en la proxima temporada :3... Hhahahahhahaha si estoy trabajando en ella solo tiene dos caps... ya la actualizo.
P.D: de hecho no, solo no estaba en la pc, la que uso es mi mama y ayer no me la dejó usar :s
Al llegar a Hogsmeade me aparecí cerca de la casa de los gritos en donde casi nadie aparecía para no llamar la atención. Sin embargo al hacerlo, un par de aurores me rodearon para registrarme rápidamente. Definitivamente nadie se libraba de la exhaustiva protección que les daba a los estudiantes.
— Está limpia— soltó un auror que no sabía quién era a otro, antes de llegar mi sobrinita y hacerles una seña para luego ellos irse.
— Solo salí un momento de aquí, no es necesario tantos cuidados…—le dije a Tonks antes de ella negar.
— No es personal, una estudiante fue atacada por un objeto maldito—soltó ella sin yo poder creerlo.
— ¿Qué?, ¿algún mortífago entró a Hogsmeade? —pregunté con desconfianza, pero ella negó.
— No, nadie entró, tuvo que ser alguien que ya estuviera dentro— respondió mirándome extraño—. Es mejor que vuelvas, Dumbledore fue quien me mandó a buscarte. Les gustan los chocolates de limón…— soltó antes de yo asentir, y dar la vuelta para caminar hacía el castillo.
Era increíble, no podía estar una hora fuera de aquí, y ya era llamada por el barbón. Lo que me hacía preguntarme si acaso sospechaba algo de mí, y no se atrevido a preguntármelo de frente. Pensando en ello entré en el castillo en guardia por si acaso se atrevía a acusarme de algo, o peor ya estaba preparado para entregarme al ministerio o a la orden…
Con cuidado al llegar a la torre del director le dije la contraseña a las gárgolas antes de ella dejarme pasar y subir al despacho, en donde me esperaba sentado.
— ¿Me mandó a llamar? —pregunté al cerrar la puerta.
— Sí, ¿le informaron del ataque que hubo a Katie Bell? —me preguntó antes de yo asentir y sentarme al frente de su escritorio.
— Sí, Tonks me dijo algo— respondí sin mostrar desconfianza—. ¿Qué le ocurrió?
— Una maldición en un objeto maldito que supuestamente era para mí— me respondió sorprendiéndome por completo—. Por su expresión debo intuir que no sabe nada de esto…
— ¿Disculpa? —Pregunté de inmediato con indignación —. Apenas llegué a Hogsmeade…
— Eso supe— soltó algo molesto—. ¿A dónde fue? —exigió más que preguntar.
— A mi casa, a descansar, dar tantas clases me está matando— respondí con expresión de cansancio, el cual no era del todo fingido —. ¿Acaso desconfía de mí?
— Nunca he confiado del todo— respondió sin sorprenderme—. Sin embargo ahora más que nunca… no puedo dejar de pensar en que en cualquier momento correrá a los brazos de Tom…— soltó de golpe, sin yo saber cómo tenía conocimiento de eso—. De hecho lo he sabido desde que supe la relación que tuvieron…
— Eso es pasado— mentí con habilidad.
— Un amor así no se olvida— soltó él con sabiduría, tenía toda la razón—. Sabía que cuando él aun no regresaba podría contar con usted, pero ahora, no sé cuánto tiempo pasé antes de vaya con él…— dijo con seriedad.
— ¿Me está echando? —Pregunté de golpe—. Digo si no confía en mí, ¿para qué mantenerme en el castillo? —solté con fingida indignación, ya que estaba dichosa de ser corrida de este lugar.
— Lo siento, pero ahora no puedo darme el lujo de poner a mis estudiantes en riesgo, con una profesora que en cualquier momento se puede unir al bando enemigo— respondió con decepción, sin sorprenderme—. No puedo permitirme confiar en alguien equivocado. Puede quedarse el resto del año si quiere, pero debe saber que estará vigilada…—soltó antes de yo asentir y largarme de su despacho.
Ni siquiera lo había traicionado y ya desconfiaba de mí. Pero por lo menos era libre de hacer lo que quiera, libre de largarme al terminar este semestre lejos de este lugar…
Los dos meses siguientes me los tomé con más tranquilidad que los primero ya que sabía que no volvería a ver a estos renacuajos jamás. Aunque eso no hizo que me ablandara más, al contrario me puse más firme con ellos. Me sentía con él deber de enseñarles a protegerse de la futura guerra lo mejor que pudieran, ya que lo que menos quería era verlos muertos en ella.
Seguí enseñándole las pociones indicadas, pero también agregué a su enseñanza, múltiples antídotos, y como preparar uno. Pociones regeneradoras de sangre, pociones fortificantes, revitalizantes, y unas cuantas más que les sería ultimes cuando la guerra estalle. Y aunque al principio fallaban a menudo con el paso de las semanas fueron mejorando, haciéndome sentir orgullosa. Estos chicos no morirán al menos que le lancen un avada Kedavra…
Cuando Dumbledore supo de lo que estaba enseñando, me felicitó por ello, ya que estaba previniendo muchas muertes, pero aun así mi despido seguía en pie. De hecho ya tenía un reemplazo para mí, mi antiguo profesor de pociones cuando estudiaba aquí, Horace Slughorn…. Por lo menos dejaran a alguien que sabe de esto, en mi puesto…
Sin darme cuenta, el último día de clases llegó más rápido de lo pensado, o tal vez se me hizo poco tiempo al saber que era la última vez que estaría aquí. Ya tenía todo empacado, encogido y guardado en mi bolsillo, cuando salí junto con los estudiantes que irían a casa para navidad hacía las afueras de Hogwarts, ellos a tomar el tren, mientras yo solo quería poder desaparecerme para llegar a mi humilde hogar…
Al aparecerme en mi casa, me quité la túnica pensando en sí debería llamar a Tom, o si debería esperar a que el mismo viniera o me llamara al final de año. Terminé por decidirme por esperarlo, después de todo no le gustaba que lo interrumpieran si estaba en medio de algo importante, principalmente si estaba torturando o matando a alguien…
Por lo que tomé mi túnica para luego irme a mi habitación a poner mis cosas en ella…. Casi me pasé el resto del día haciendo esto, así que cuando terminé fue inevitable quedarme dormida en el momento en el que me acosté en mi cama….
Los días siguientes prácticamente me los pasé en mi casa o en el callejón Diagon, aprovechando los pocos días de libertad que me quedaban, ya que al volver con Tom, ya no iba a poder salir así… La navidad había llegado, y era la primera que iba sola luego de regresar a Londres y recuperar a Sirius, ya que por más que quisiera ir a celebrarlo con él, sabía que no podía.
Porque no quería tener que explicarle el porqué no volvería a verlo por un largo tiempo. No podía verlo a los ojos y contarle mi relación con Tom, esa decepción que vería en sus ojos sería insoportable, de hecho no podría seguir adelante si lo veía, por lo que pasar una navidad sola, era lo mejor…
Tan solo había comprado algo de comida en el callejón Diagon, para luego volver a casa a comer sola antes de irme a dormir como hacía todos los días desde que salí de Hogwarts. Sin embargo mis planes fueron truncados cuando sentí un ardor en mi brazo izquierdo. Lo que significaba una sola cosa, me estaba llamando, por lo que no dudé en dejar la comida en la cocina antes de desaparecer, y dejarme guiar por la marca tenebrosa…
Justo me aparecí en la vieja mansión Riddle, la cual al parecer aun parecía segura, ya que seguro nadie creería que Tom volviera aquí. Aun así, al solo llegar alcé mi varita para estar en guardia por si aparecía algún auror o intruso, para luego entrar.
— Baja eso, no creerás que te cité en un lugar peligroso…— soltó Tom al verme antes de yo sonreírle.
— Lo siento, alguien me enseñó a siempre ser precavida— le dije guardando mi varita antes de caminar hacía él.
— Lo sé, te enseñé bien…—soltó sonriéndome antes de besarme suavemente en los labios—. ¿Por qué no me llamaste desde que saliste de Hogwarts? —preguntó de golpe encima de mis labios.
— No quería interrumpir lo que sea que estuvieras haciendo…—le respondí antes de él negar sonriendo, alejándose unos centímetros de mi rostro para luego acariciarlo.
— Sabes que nunca interrumpes— dijo algo extraño—. Además te hubiera llevado conmigo, Snape me contó lo de tu retiro de Hogwarts…—soltó de repente haciéndome entender por qué tanta desconfianza, por supuesto que tuvo que decirle.
— No fue un retiro, el viejo me echó— aclaré rápidamente—. Cree que saltaré a tus brazos en cualquier momento…— dije haciéndolo reír antes de volver a besarme.
— Parece que su intuición aun no le falla— dijo con burla—. Vamos, hice que te preparan algo…—soltó cambiando de tema de golpe antes de tomar mi mano y guiarme hacía la que una vez fue un comedor.
Al llegar me encontré todo como lo recordaba, o un poco mejor. La decoración era igual, y la mesa estaba llena de comida, pero con solo dos sillas, una en cada extremo, lo cual era obvio que era solo para los dos.
— Creí que no celebrabas la navidad…—no pude evitar comentar mientras me acercaba a la silla más cercana, y él la halaba para luego yo sentarme, y él acercarla de nuevo a la mesa—. Jamás eres tan detallista, de hecho nunca eres detallista, ¿Qué quieres? —pregunté cruzándome de brazos antes él reírse.
— Solo celebrar que estás de mi lado de nuevo, mi más leal mortífaga— soltó con orgullo al sentarse.
— No volveré a asesinar a nadie, creo que fui clara en ese punto…— dije con seriedad antes de él asentir.
— Con que estés a mi lado me vasta por ahora— dijo con igual actitud, antes de usar su varita para servirme vino—. Además creo que esta es la mejor situación para cumplir mi parte del trato que hicimos…—agregó antes de empezar a comer.
— ¿Hablaremos de ello? —pregunté sorprendida antes de él asentir.
— Primero come, no quiero arruinar mi apetito— respondió como si nada antes de yo asentir y hacerle caso.
Durante los próximos treinta minutos ninguno dijo nada. Solo se escuchaba el sonido de los cubiertos mientras comíamos. La tensión se hacía cada vez más fuerte al igual que mi nerviosismo. Nunca me había dejado discutir lo que ocurrió con él, y luego de tantos años, al fin había cedido.
— Tom…—tan solo dije al terminar mi plato haciendo que alzara la mirada hacía mí—. Sé que lo que te dije entonces, pero quiero que sepas que no fue tu culpa…— solté de golpe antes de él mirarme molesto.
— Debí dejar de mandarte a misiones en cuanto lo supe, sí fue mi culpa— me corrigió de inmediato—. No tuviste que estar ahí, sé que podías cuidarte sola, pero no consideré…
— Que lo fuera a perder…—terminé de decir por él con igual pesar—. Yo tampoco, pero pudiste al menos estar conmigo desde que ocurrió, no alejarte, eso fue lo peor…— dije levantándome de la mesa.
— Sabes que no puedo dejarme ver débil— soltó con algo de frialdad, lo cual no me sorprendió en absoluto—. Al fin había aceptado que tendríamos un hijo juntos, perderlo fue demasiado para mí…
