CAPÍTULO 2:

La mañana pasó un poco más rápida cuando empecé a ir a la barra más seguido a por copas. Al principio, siempre me encontraba a aquel chico que me había servido la primera, pero a medida que fui por la segunda, tercera y cuarta, el chico pareció desaparecer y me sirvió las siguientes otro tipo diferente. Asique, cuando llegó la comida, estaba más que digamos… con el alcohol subido a mi cerebro:

-Annabeth, cariño- disimulaba mi madrastra delante de la gente- ¿Estás bien? Te ves un poco… mareada- me decía con todo el cariño del mundo que solo encerraba desprecio por mí.

-Yo- reí con el alcohol subido- Increíble- reí.

-¿Seguro?- intentó cogerme la bebida cuando se la quité- Annabeth, ¿estás bebiendo alcohol?- saltó ya su lado malvado.

No me dio tiempo a responder cuando alguien me cortó. Alguien que, por cierto, conocía muy bien, suerte la mía:

-EN realidad, es mío- dijo tomándomelo de la mano- Siento la tardanza, señora Chase, pero el tráfico estaba horrible y en mis condiciones, estaba un poco indispuesto para la velocidad.

-Mr. Brunner- tanto ella como yo saltamos sorprendida al verlo- me alegro de que esté aquí y no se preocupe, llegó justo para el almuerzo…

-Estupendo…- me miró cuando notó como lo observaba confusa- Annabeth me llevará- sonrió- llevábamos un rato hablando lo que pasa es que fui a llevar su vaso de refresco…

-Un caballero, como siempre…- se hizo la angelical- Nos vemos en la mesa, Mr. Brunner.

-Claro…- asintió ella dejándonos a solas.

Chiron me miró, yo aun intentando mirarlo sin marearme mucho, y me entregó la bebida:

-No debería ser yo el que viniera a tu rescate cuando supuestamente no tengo que estar más a vuestro cuidado.

-Podría decir lo mismo- respondí por fin- ¿Mi padre lo invitó a la fiesta?- asintió- No lo sabía- era la primera cosa buena que hacía por mí.

-Bueno, me habló de tu situación y como él no sabe mucho de cómo somos, que viniera en tu búsqueda- como no, preocupándose a su manera- Y encima, te encuentro bebiendo… voy a tener que matar a ese chaval…

-¿A ese chaval? ¿Cómo sabe quién me lo sirvió?- no dijo nada, sino que sonrió, moviendo su silla hacia donde almorzaríamos, donde ya la mayoría había tomado asiento.

A mí, me tocó a la izquierda de papá, después de Matthew que bebía aún Vodka y refresco, mientras que Chiron le tocó al otro lado, justo después de Bobby. Mi madrastra presidía el otro lado de la tabla y, nada más colocaron el primer plato: una especie de sopa de tomates que llamaban gazpacho; papá empezó con sus bromas sin gracia para agradar al público. Enseguida miré a mi vaso y deseé tener más:

-Y dinos, Frederick, ¿cómo conseguiste vender en menos de una semana la novela sobre la Guerra del Golfo?- le preguntó Anthony, un amigo del club del campo al que iban ambos de mis padres.

-Bueno, digamos que suerte… aunque espero que alguno no haya creído que era la guerra de algún golfo… no sé si me entienden- y aunque no tenía ni gracia, toda la mesa rió, menos Chiron, por suerte; mientras yo me dediqué simplemente a seguir con la sopa, de nuevo, queriendo otra copa, cosa que no podía pedir con padre tan cerca- Aunque sí, he tenido suerte.

De repente, noté como una mano me tomaba la copa y me servía una llena, pero de un líquido raro de color verde y azul. ¿Un coctel tal vez? Me giré rápidamente para ver quién me había leído el pensamiento cuando me encontré el chico de antes que me sonrió mientras hacía el que me ponía los cubiertos y demás mejor:

-Aún sigue en pie lo de un coctel… éste no cuenta- no pude evitar sonreír- Azul como el mar y verde como las algas…- finalizó caminando hacia los demás invitados.

-Gracias- dije tomándolo para probarlo- Sesos de algas- tomé un poco y dioses, aquello estaba buenísimo.

Dejé la copa en la mesa cuando observé a Chiron que miraba al camarero de una forma en la que casi podía decir que lo reprochaba pero no de la manera en la que lo haría a un trabajador, si no a alguien que conocieras.

-Asique, señor Brunner, háblenos de su campamento- saltó de repente Bobby- Annabeth no nos habla mucho de él- lo miré, queriendo darle un buen puñetazo- ¿Qué pasa? ¿Es para gente especial?

-Bobby, cállate- salté.

-No te preocupes, Annabeth- me sonrió Chiron- Si, señor Chase, lo es- asintió Chiron- Gente especial, no sé por qué usted no entró. Me temo que no es usted tan especial como su hermana- la mesa entera lo miró sorprendido, aunque papá, Matthew y su madre, con cara de matarlo.

Yo, simplemente, me dediqué a alzar la copa y beber más, aunque era malo porque ya me notaba más que borracha. ¿Tan fuerte era ese coctel?

-Bueno, ahora ese campamento ya quedó atrás ¿no, Annabeth?- saltó papá- Ahora es mejor centrarse en la universidad y ser una gran arquitecta, ¿no?

-Una pena, la verdad- dije sin que me importara- Con lo bien que me lo pasaba- tomé más del coctel- al menos no tenía que pasarme el día con las tonterías de Dionisio y Apolo- dije refiriéndome a Matthew y Bobby.

Desgraciadamente, solo Chiron supo mi "gracia" y, por lo tanto, fue el único en reír en la mesa mientras que algunos que si sabían mitología asintieron y los que sabían filosofía, rieron un poco. Aunque podría estar 100 % segura que ninguno lo sabía tan bien como Chiron.

-¡Papá!- saltaron ambos.

-Annabeth… discúlpate ahora mismo- ordenó este como no.

-Nunca- respondí seriamente casi chocándome con el brazo del camarero que me quitaba el plato para servirme el siguiente: carne con patatas- Además, ¿para qué? ¿Sabrán acaso lo que significan?

-Annabeth, no seas maleducada- esta vez, saltó la querida señora de Chase.

-¿Maleducada?- tomé el coctel y me lo tragué de una, aunque después me entraran ganas de vomitar y mucho- Créeme, si fuera maleducada, lo sabríais de momento.- "Annabeth, compórtate de una vez" ignoré también a Atenea- Considera esto mi forma educada- miré a los presentes que observaban la escena un poco si saber que hacer y les sonreí- En efecto, Annabeth Chase, la hija de Frederick Chase siendo una borde… ¿se imaginan?- no esperé a los demás y empecé a comer.

-Annabeth…- escuché a Chiron que lo interrumpió papá.

-Annabeth- me dio un ultimátum- O te disculpas o te invito a que te vayas…

Tragué el trozo de filetes demasiado grande para mi gusto que me había metido en la boca con patatas y lo miré. Tomé sin más reparos la botella que le habían puesto a papá de vino, el plato y sonreí levantándome.

-Que tengan un buen día.

-¡Frederick!- saltó mamá, pero él no me dijo nada, solo me dejo irme hacia mi cuarto para que terminara de comer allí.

Aunque la verdad es que no terminé de comer, dejé el plato sobre el tocador, le di un gran trago a la botella, dejándola también; y me tendí sobre la cama. Bebía y bebía y no me conseguía poner borracha; o al menos, olvidar lo que estaba pasando en mi vida que tan mal me estaba haciendo pasar.

-Knock, Knock- alcé mi cabeza cuando me encontré a Chiron que entraba poco a poco con la silla de ruedas- ¿Cómo estás?

-Mejor que con ellos, seguro- respondí- ¿Cómo llegaste tan pronto hasta el primer piso?

-Las escaleras están ocultas- rió- Cuatro patas sirven para mucho- era bueno tener alguien con quién bromear con lo que realmente eres para variar- Lo que no sé es como tu madre real no te ha reñido…

-Créeme, lo ha hecho- asentí sentándome en la cama para tener una charla mejor- Pero la he ignorado. Solo quería emborracharme para dormir la borrachera y así pasar esto pronto, pero se vé que el camarero hizo un coctel para niños…

-Eso o que solo le echó néctar.

Posé mis ojos en él sorprendida cuando escuché aquello.

-Espera… ¿qué?- Chiron mostró de nuevo esa sonrisa de sé más que tú, pero por suerte, dio más respuestas esta vez- Annabeth, aquel camarero, el que te sirvió, es hijo de un Dios…

-¿Un mestizo?- asintió- ¿Cómo? Creía que todos los mestizos estaban en el campamento…

-Bueno… Percy fue un caso especial, vamos a decir. Le dije que te echara néctar, pero se vé que no te hizo falta alcohol para la que as montando- suspiré, bajé mi mirada y mostré una triste sonrisa.

-Pensé que todo sería mejor cuando terminara el colegio y el campamento… Ya se vé que no- Chiron tomó sus manos entre las mías y sonrió- LO echo de menos.

-Yo también, eras buena- sonrió- Pero no te preocupes, a veces, las aventuras no vienen como la imaginamos nosotros, sino de una forma completamente diferente…- y aunque era hija de la sabiduría, aquello no lo entendí- Ahora debo de irme…. Nos vemos, Annabeth.

-Nos vemos, Chiron.

De nuevo, me quedé a solas en mi habitación, escuchando esta vez las cuatro patas de Chiron bajar; y de nuevo, me quedé con mis pensamientos, más deprimida que antes. ¿Era la vida aquella la que me esperaba? ¿Una voz en mi cabeza mientras en mi mundo todo los que me rodean solo saben utilizarme o simplemente, rebajarme a poco menos que basura? No quería aquello. Quería aventuras, quería algo con la que me sintiera viva, algo con lo que pudiera sentirme feliz. Solo quería algo que hacer, no aparentar todos los días hasta que empezara la universidad en otoño. Quería combatir monstruos, no combatir a dos tarados que iban en busca de papá todas las veces que necesitaban pasar sobre mí.

Con estos pensamientos, sin darme cuenta, caí dormida profundamente y soñé. Soñé con la nada y después como si estuviera bajo el agua, nadando; y me sentía bien. Me sentía libre, me sentía feliz, como si no hubiera problemas, solo el agua y yo que me producía un sentimiento de dulzura de bienestar. Un sentimiento que duró hasta que me levanté, ya entrada la tarde. Miraba a mi alrededor y me sentía bien. Me sentía a gusto hasta que el cerebro jugó otra de las suyas y me recordó donde estaba.

Me giré y observé el balcón que estaba abierto de par en par, mostrándome una vista de la ciudad y un atardecer hermoso. No se escuchaba nadie. A lo mejor la fiesta habría terminado o la habrían llevado a otra parte. Caminé lentamente y posé mis manos sobre la barandilla del balcón y observé por un momento el lugar, para acto seguido sentarme sobre esta. Quizás, aquella era la solución: una caída desde unos doce metros valdría. Con una caída así sobre pavimento, podría romperme lo suficiente para terminar grave o, con suerte, matarme. Las dos opciones eran buenas para mí en aquella situación. No tenía a nadie que me ayudara pasar el verano y no iba a aguantar hasta que Thalia viniera. Habían sido muchos años ya, solo quería terminar con todo aquello de una vez.

-¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol!- miré rápidamente hacia abajo cuando observé a Percy, por fin sabía su nombre, actuar a lo Romeo y Julieta.

-Y sesos de alga ataca otra vez- bromeé sonriéndole.

-Pero te he hecho sonreír, eso no lo puedes negar- desde luego aquel chico no tenía cerebro aunque odiaba admitirlo, me había hecho sonreír- Además, estás mejor cuando sonríes.

-No te pases, Romeo, oh, mi Romeo- salté yo también.

-Está bien, pero ahora, vuelve a tu cuarto antes de que tenga que ir en tu búsqueda.- miré de nuevo al suelo y recordé porqué estaba allí.

-¿Por qué tendría que hacerlo?

-¿Por qué necesitas una razón?

-Porque puede que lo haga si me lo das…

Percy me miró, suspiró, dejó la caja que llevaba con los vasos de la fiesta sobre una mesa cercana que ya estaba casi recogida del todo, camino hasta bajo mi ventana y sonrió:

-A ver, la señorita Annabeth Chase quiere razones. Pues nada, vamos a dársela- estiró los brazos de forma cómica e hizo como el que enumeraba- Primero, esa caída va a doler como mil demonios- el dolor, no había pensado en ello- Segundo, aún te debo un coctel como es debido, si saltas, no habrá manera de que te lo pague y no me negarás que estaba increíble el que te hice…

-Ahí tienes razón- le sonreí- Eres bueno…. No para tanto.

-¡oh!- se tapó la zona de su corazón como el que le tiran una flecha a él- Eso me ha dolido y mucho- se burló- pero, si lo del coctel no te convence, desde luego, tengo algo que si podría servir…

-¿el qué?

Percy se mojó los labios y puso una sonrisa de listillo:

-Antes dijiste que si encontraba una manera buena para que te olvidaras de todo lo que te estaba pasando en la comida y conseguía que fuera mejor efectivo que te lo dijera, ¿no?- alguien que pensaba sobre mí y se preocupaba por mí, me sentía abrumada y eso que no conocía a Percy mucho- Bueno, pues la tengo…- pero no dijo de que se trataba.

-¿Y?- lo esperé.

-Que no sé si te lo debo de decir…- respondió de una forma tímida.

-Oh, vamos, dilo…

Aguantó su sonrisa, pero después de unos minutos, terminó por hablar:

-Que… bueno. Para hacerlo… tendrías que tener una cita conmigo…

-Buena forma de ligar, sesos de algas; pero conmigo no cuela…- le respondí enseguida.- No pienso aceptar la cita…

-No es una cita…

-De la manera en la que me la pediste, sí…

-De verdad, estoy honrado de que pienses que es una cita, pero créeme, es la mejor manera de decir adiós a la rabia…. Libera… y dolerá menos que esto…

-¿No me llevarás a algún lado raro de esos que salen en las películas de miedo?

-Tranquila, Freddy, Jackson y los asesinos en serie quedan fuera de mi programa.

-Nada raro entonces.

-Nada raro- repitió una vez más- Aceptas mi propuesta o ¿no?

Miré un momento la caída y pensé en ello. Si todo iba mal, podría esperar un día mal lo de caerse de tirarse de aquel sitio. Además, ¿qué perdía con ir con él? Era también un mestizo de algún dios que había bajado a la tierra para enamorarse de una humana. Quizás, aunque a lo que él me metiera, no funcionara, pero al menos, tendría a alguien hasta que Thalia llegara. Ahora solo necesitaba a alguien que me escuchara, que fuera como yo y que me hiciera olvidar un poco el infierno en el que vivo. A lo mejor, Percy servía para aquel trabajo. Solo había que probarlo y por probar alguna cosa, no se pierde nada, ¿no es así?

Me volví, posando los pies de nuevo sobre mi habitación y me volví para devolverle la sonrisa a Percy que me miraba aliviado. Quizás, también pudiera saber que lo que sentía realmente sobre Percy. Notaba en mi interior que me hacía sentir algo en mis adentros. Bueno o malo, me hacía sentir algo y perder el control sobre mis sentimientos era algo que no me gustaba, algo que odiaba.

-Está bien, Percy…

-Jackson, Percy Jackson- se hizo el interesante.

-Jackson- lo imité- Acepto, ¿dónde me llevarás?

-Bueno, eso es una sorpresa.- se encogió de hombros, volviendo a coger la caja de los vasos para seguir con su trabajo- Es una cita de todos modos, ¿no?

-¿No decías que no lo era?

-Eso era antes de que aceptaras….

-Sesos de alga.

-Ya, lo sé, de nada- reímos esta vez los dos juntos- Ahora, solo hazme el favor de estar preparada a las doce del mediodía. Vendré a buscarte yo mismo.

-Además de gracioso, caballeroso…

-Ya…- suspiró y se encogió de hombros- Eso es raro en mí… No te acostumbres.

-¿Yo? Nunca…

Percy se marchó, pero eso si, sin dedicarme una sonrisa de vuelta. ¿Quién era Percy Jackson? ¿Qué tenía que tanto me hacía confundirme de manera que no sabía que sentía por él? Eran muchas las preguntas y tenía tan pocas respuestas que casi me resultaba difícil el solo pensar en ello. Por suerte, mañana, me llevase a donde me llevase, cualquier lugar es mejor que este, podría preguntarle más y, con suerte, saber qué es lo que realmente planea. Si Chiron había confiado lo suficiente en él para que me sirviera algo que no me emborrachara si no que despertara solo mi lado mitológico, podía confiar en él lo suficiente como para ir con él a algún lado.