No tardé en quedarme profundamente dormida mirándolo no sé por cuánto tiempo. Pero sin saber qué hora era, ni si había salido el sol, me desperté harta de dormir, encontrándome con Tom acostado a mi lado viéndome luciendo joven.
— ¿Qué pretendes? —Le pregunté sentándome en la cama, mientras me miraba sonriendo antes de encogerse de hombros—. Solo luces así cuando quieres algo, o quieres hacerme el amor, así ¿Cuál de las dos opciones? —solté antes de él tomar mi rostro en sus manos y besarme—. Cambias de humor rápido…—no pude evitar preguntar entre besos antes de ponerse encima de mí.
— Dudaste de mí anoche, quiero demostrarte que lo que dije es cierto…—soltó antes de besar mi cuello haciéndome gemir al sentirlo.
— Esto podría pasar por solo sexo, no…— intenté replicar antes de él abandonar mi cuello y mirarme molesto.
— No tengo sexo contigo Hydra, siempre te hago el amor…—dijo mirándome a los ojos, haciéndome notar que decía la verdad—. Solo a ti te hago el amor…
— Lo siento— me disculpé de inmediato haciéndolo sonreír—. No debí decir eso…—añadí antes de besarlo con necesidad y deseo—. Y nunca he dudado de lo que sientes, si no sintieras lo que dices, no estaría aquí…
— Es bueno que comiences a darte cuenta de ello…— soltó entre besos, antes de sonreír, y quitar mi blusa de un tiro…
— Te ves extraña sin que se note…—comentó mientras estaba desnuda en su regazo, y él me miraba y acariciaba el vientre ahora plano por el hechizo.
— Está bien— le dije sabiendo perfectamente lo que pensaba, si el bebé sufría al no notarse—. El hechizo es una mezcla de glamour, ocultación, y protección. Una mejora al que usé la otra vez…—expliqué antes de él asentir—. Con este podrían matarme con una avada Kedavra y rebotaría en el niño. Copié el hechizo del que usó la madre de Potter con él…
— Es decir que está totalmente a salvo— dijo sonriéndome antes de yo asentir y besarlo—. Pero tú no…
— Yo no necesito protección, sé defenderme…—solté con algo de arrogancia.
— Pero no sin varita, necesitarás una…— me interrumpió teniendo razón—. Dile a Lucius que te dé la de él, no sale de aquí, y no se negará a dártela…— soltó de golpe antes de asentir, ya que a veces no era bueno llevarle la contraria, y menos cuando se trataba de Lucius, ya que sigue aun molesto por el beso.
— Iré a decirle ahora—solté sentándome en la cama de repente—. Tengo que comer algo, e interrogar a Ollivander, porque si lo haces tú no durará un segundo vivo— dije antes de él asentir y yo salir de la cama, para buscar la ropa. Pero antes de que llegara al closet me sentí abrigada, para luego darme cuenta de que me había vestido Tom con su varita.
— Así es más rápido— soltó antes de él también vestirse con ella—. Ve, te esperaré aquí…—agregó antes de yo asentir y salir de la habitación con prisa.
Caminé rápidamente por el pasillo, para luego bajar al primer piso e ir al comedor, a ver si estaban allí, y si no tendría que ir a la sala, o el despacho de Lucius. Pero para mi buena suerte, estaban en el comedor al parecer almorzando.
— Hydra— soltó Bellatrix con desprecio al verme—. Qué extraño verte por aquí…
— Solo vine un momento— le dije sin abundar mucho y caminar hacía Lucius—. Necesito tu varita, la mía esta deshecha— solté de golpe antes de él mirarme con desconfianza para luego asentir, y buscar la varita en su túnica—. Gracias, en cuanto tenga otra te la devuelvo…—agregué sonriendo antes de caminar hacia la puerta.
— ¿No te quedarás a comer? —preguntó Bella con cierto cinismo en la voz antes de yo voltear a verla sonreír y negar.
— Lo siento, pero él me está esperando arriba— respondí sonriendo con arrogancia borrando su sonrisa, para seguir con mi camino.
Con igual prisa con la que salí de mi habitación caminé hacía el sótano, para luego abrir la puerta con mi varita y entrar, encontrándomela igual de oscura que ayer.
— Lumos— solté antes de iluminarse el lugar encontrándome con Ollivander en un rincón arropándose con mi túnica que le había dejado ayer—. Tonki— dije antes del elfo aparecer.
— Si mi señora— soltó él inclinándose.
— Necesito algo de lo que preparaste para almorzar, y sábanas limpias— le pedí antes de él asentir y desaparecer. Al hacerlo caminé hacía Ollivander para despertarlo—. Ollivander— llamé pero no respondió por lo que opté por acercarme y sacudirlo un poco—. Señor Ollivander…
— ¿Qué?, ¿Qué? —soltó alterado antes de verme y calmarse—. Señorita Hydra…—dijo reconociéndome antes de Tonki aparecer con lo que le pedí
— Gracias Tonki— agradecí antes de él desaparecer—. Ollivander, esto es algo de comer, debe estar hambriento…—le dije mientras me miraba extrañado y confundido—. Si sigue así va a morir de hambre…
— Gracias señorita Hydra— me dijo antes de tomar la comida que trajo Tonki y comenzar a comer despacio. Y con toda la razón, si tenía mucho sin comer y tragaba todo de un tiro, no tardaría en devolverlo—. ¿Por qué hace esto? —preguntó mientras comía pero solo le sonreí antes de apuntarle con mi varita. Con tan solo dos hechizos no verbales, le quité el sucio y transmuté mi túnica en algo de ropa decente—. No tenía porque…
— Nadie debe vivir en esas condiciones— solté de golpe haciéndolo mirarme extrañado.
— ¿Qué hace aquí señorita Black? —preguntó de golpe al terminar de comer—. Solo he visto mortífagos y al señor tenebroso aquí…
— Soy una mortífaga— aclaré cruzándome de brazos algo incomoda, haciéndolo palidecer—. Desde hace muchos años, por si creía que era algo reciente…
— No lo creí, la forma en el señor tenebroso le escucha…—comentó algo asustado seguro por comentarlo.
— Si quiere seguir vivo, debería olvidar lo que vio anoche— solté de golpe antes de él asentir con miedo—. Y responderme lo mismo que le pregunté anoche, ¿Qué varita conoce más poderosa que la de Harry Potter? —pregunté recostándome en la pared.
— ¿Quiere matar al chico? —preguntó extrañado.
— Y a usted si sigue preguntando tanto— respondí poniéndome sería antes de él verme con miedo. Ya comienzo a recordar porque a veces ser gentil no ayuda mucho. Las personas preguntan demasiado—. La varita…
— Conozco una, pero hasta ahora solo ha sido una leyenda…— respondió teniéndome al fin algo más de temor—. La varita letal, o también llamada varita de sauco.
— ¿La del cuento de los tres hermanos?, ¿la que es una reliquia de la muerte? —Pregunté con burla—. Es solo un cuento del libro de beedle el bardo que le cuentan a los niños…—solté riendo.
— Los fabricantes sabemos que es verdadera— soltó convencido antes de usar mi varita para usar la legremancia en él, y saber si estaba mintiendo. Pero para mi sorpresa no lo hacía.
— ¿Está seguro que existe? —pregunté retóricamente tomándolo en serio—. ¿Y dónde está la grandiosa varita invencible? —solté con algo de sarcasmo en mi voz.
— La última vez que se supo de ella, la tenía Gregorovitch— respondió con rapidez.
— ¿El fabricante Búlgaro? —pregunté al reconocer el nombre.
— Sí, él la tuvo aunque no sé si aun la tiene…—respondió haciéndome asentir antes de caminar hacia la puerta del sótano.
— Espero que lo que diga sea cierto, porque de lo contrario, sus días están contados— solté fríamente antes de salir del sótano, para ir a contarle a Tom lo que había averiguado, aunque aun tenía mis dudas acerca de lo que dijo Ollivander, después de todo las reliquias de la muertes habían sido solo un mito…
Pensando en esto llegué a mi habitación para luego entrar. Si era cierto que la varita existía, entonces las otras dos reliquias podrían también existir, y no solo esto, sino que sería posible que al tener las tres, el propietario podría convertirse en el señor de la muerte.
— Averiguaste algo— soltó Tom sacándome de mis pensamientos—. Conozco esa expresión, ¿Qué te dijo? —preguntó parándose de la cama, en donde al parecer estaba comiendo.
— Antes de decirte algo, debes mantener tu mente abierta— solté de golpe sin aun yo misma creer aun lo que me estaba planteando.
— Así que descubriste algo muy útil— dijo con orgullo.
— Sí, hay una varita que puede ayudarte, es invencible, la más poderosa de todas— comencé diciendo haciendo que me viera extrañado.
— ¿Invencible?, nunca he escuchado de algo así…
— Se llama la varita de Sauco y es una las reliquias de la muertes— respondí llamando claramente su atención.
— ¿Reliquias de la muerte? —preguntó con sumo interés.
— Sí, en total son tres. La varita de sauco, la piedra de la resurrección, y la capa de invisibilidad. Hasta ahora creía que era un mito, una leyenda, un cuento que les cuentan a los pequeños magos de niño…— respondí con entusiasmo—. Seguro al crecer, ya sabes…. No escuchaste de ellas…— dije intentando no mencionar su dolorosa infancia, antes de él asentir sin expresión en su rostro—. Según el cuento quien se hace de las tres reliquias se convierte en el señor de la muerte…— solté antes de notar cierto brillo en sus ojos.
— ¿Pero seguro que es solo una leyenda? —preguntó más interesado aun.
— No lo sé, pero Ollivander asegura que al menos la varita de sauco existe y la tiene Gregorovitch— respondí encogiéndome de hombros—. Es un fabricante de varitas búlgaro, solo él podría decirte si en realidad la obtuvo…
— ¿Y qué hay de las otras dos reliquias? —preguntó caminando hacia mí, haciéndome reír.
— ¿No te conformas con tus horrocruxes? —pregunté con burla, pero él no se inmutó, hablaba en serio—. No lo sé, supuestamente la capa debió pasar la generación en generación, y el anillo…—solté antes de recordar algo importante—. Tú lo tenías. Él anillo que tenía Dumbledore tenía el símbolo de las reliquias de la muerte— dije sin poder creerlo, podía ser posible que si existieran.
— ¿El anillo de mi tío? —preguntó extrañado antes de yo asentir, para luego tomar mi varita, y atraer una pluma junto con trozo de pergamino, con un Accio no verbal.
— La capa de invisibilidad— hice un triangulo—. La piedra de la resurrección— tracé un círculo dentro—. Y la varita de Sauco— hice una línea en el medio—. ¿Te parece familiar? —pregunté al enseñárselo y él asentir satisfecho.
— Sí, el anillo tenía este símbolo— respondió antes de sonreír—. Pero lo tenía Dumbledore…
— Sí, ese es el problema, porque aunque la hicieras un Horrocrux tal vez él supiera que era en realidad— solté suspirando—. Y no creo que la haya dejado en cualquier lado, en su mayor defecto podría tenerla Potter— concluí antes de negar—. Pero ahora tenemos algo más importante que hacer que seguir un cuento de niños…
— Tienes razón, debemos buscar a Gregorovitch— concluyó por mí—. Y recuperar el resto de mis horrocruxes para arreglarlos— añadió antes de yo asentir.
— Y reemplazar dos de ellos…— dije suspirando—. Yo iré por ellos, ve por Gregorovitch —solté de golpe sin dudarlo.
— ¿Estarás bien tú sola? —preguntó con preocupación antes de yo asentir.
— Según Yaxley tendremos el ministerio en cinco días, si lo tienes podré entrar en Hogwarts sin problemas mientras está vacía— dije con confianza—. Por lo que no veo por qué debería ser un problema…
— Podría pasarte algo…— dijo aun preocupado—. Pondré a alguien de mi confianza para que te acompañé cuando salgas— soltó seriamente, antes de yo negar.
— No necesito niñera— solté cruzándome de brazos—. Soy el jodido demonio rojo, la bruja más temida del mundo mágico, puedo cuidarme perfectamente bien…
— Eso creía el día que perdimos a nuestro hijo— mencionó haciéndome bajar la mirada, ya que tenía razón. Esa vez pensaba lo mismo.
— Bien, ¿a quién mandarás? —pregunté con resignación antes de él sonreír.
— A Severus— respondió sin poder creérmelo—. Es la segunda persona en quien más confío…
— ¿Sabe que estoy esperando' un hijo tuyo? —pregunté con curiosidad, ya que realmente no me importaba si lo sabía. Lo más que podría hacer es sentir desilusión, y aunque en un momento me importó, ahora me da igual.
— No.
— ¿Y cómo piensas que actuará cuando sepa que lo mandas a ser mi niñera? —pregunté sin poder creer que en serio olvidara eso.
— Sabes que cuando doy ordenes nadie pregunta— respondió teniendo razón—. Le daré la orden directa, no dudará en cumplirla, ¿o tienes algún problema en que sea quien te cuide? —preguntó con suma desconfianza.
— No realmente, si tú confías yo también— respondí sin miedo antes de él asentir.
— Daré las ordenes necesarias, partiré hoy mismo a Bulgaria— soltó de golpe antes de tomar su varita y apuntarse a sí mismo para terminar el encantamiento y volver a lucir de nuevo como Voldemort—. Cuando la encuentre volveré…—dijo antes de desaparecer…
