La molestia tan solo duró unos minutos más luego de que comenzara a patear, por lo que al hacerlo, me levanté de la cama y saqué los tres Horrocruxes que había conseguido. En total con Nagini tenía cinco de seis, ya que el último era el anillo perdido, pero aun así era una victoria, la pregunta ahora era, ¿en dónde esconder los Horrocruxes?

Pensé en miles de lugares diferentes, otros países, otro continente, bóvedas en diferentes lugares, o sitios tan sencillo que a nadie se le ocurriría buscar. Sin embargo aun era una gran incógnita, ya que alejarme de ellos significaría arriesgarnos demasiado. Y tenerlos juntos también era mucho riesgo, por lo que está realmente atrapada con respecto a qué hacer con ellos…

Pero de repente la idea me llegó a la cabeza, una algo loca, pero segura y factible, aunque arriesgada. Potter sabía exactamente como luce cada Horrocrux, por lo que al tenerlos intacto correríamos el peligro de que los vuelva a encontrar. Por lo que tomé los cuatro horrocruxes que tenía en mi poder y los coloqué en la cama, para luego buscar mi varita para apuntarles con ella.

— ¡Reducto!— exclamé antes de encogerlos los cuatro al tamaño de un dije, para luego tomarlos en mi mano—. Tonki— llamé antes del elfo aparecer—. Necesito que me busques una pulsera, algo nada llamativo— le pedí antes de él asentir y desaparecer.

Con este tamaño nadie sospecharía, y al ponerlas en una pulsera, podría hacerlos pasar por dijes de esta. Solo esperaba que Tom estuviera de acuerdo con la idea…. Minutos después apareció el elfo con una pulsera plateada en sus manos para luego dármela.

— Gracias Tonki— le dije sonriendo antes de él asentir y desaparecer.

Con un solo movimiento de mi varita até con magia como si fuera dije, los cuatro horrocruxes a la pulsera para luego ponérmela. Ya que hasta que Tom no volviera, no estaría segura en ningún otro lado…

Los días siguientes la seguí llevando sin soltarla en ningún momento, ni siquiera salía mucho de la habitación, por si Tom se enojaba por haberlos sacado conmigo. Sin embargo algo extraño comenzó a suceder al segundo día de llevarla, era como si se hubiera aferrado a mi muñeca por arte de magia, aunque sin hacerme ningún daño, por lo que no preocupé. Pero si comencé a sospechar de esta, cuando comencé a sentir como si Tom estuviera a mi lado, tal vez tener cuatro pedazos de su alma conmigo era casi como tenerlo a él, por lo menos su presencia…

Cada mañana que me levantaba lo hacía creyendo que él estaba durmiendo a mi lado, por lo que cuando el dos de septiembre abrí mis ojos y lo vi mirándome como si estuviera algo valioso, realmente me asusté.

— Estás hermosa— dijo sonriéndome antes de yo notar que no solo me miraba a mí, sino también a mi panza de ya cinco meses—. Ha crecido desde la última vez que los vi…— soltó sentándose en la cama conmigo.

— Casi ni lo he notado— solté sonriéndole—. ¿Encontraste la varita? —pregunté cambiando tema, haciendo que su sonrisa se desvaneciera.

— No— respondió acostándose a mi lado.

— ¿Es decir que Ollivander me mintió? —pregunté molestándome.

— No, Gregorovitch si la tenía— respondió calmándome—. Tardé un mes en encontrarlo, al parecer sabía que iba por él, pero fue en vano, se la robaron hace mucho tiempo…—explicó antes de yo asentir.

— ¿Sabes quien fue? —pregunté con curiosidad.

— No, ni él tampoco, solo recuerda como lucía, y por ello también lo vi, pero no lo reconocí— respondió haciéndome sentir que estábamos igual que al principio, solo que si sabíamos que existía la varita.

— Así que ahora debemos encontrar quien fue…—solté suspirando antes de recordar las buenas noticias que tenía que darle—. Ya la encontraremos— le dije sonriendo—. Te tengo buenas noticias…—cambié de tema antes de mostrarle la pulsera.

— ¿Qué es…? —preguntó confundido antes de tocarla—. Son los Horrocruxes, pero como…— soltó sorprendido.

— Recuperé la diadema, y reparé el diario y guardapelo, el otro es la copa. Y están encogidos, pensé en que sería una forma de tenerlos seguros y escondidos a la vista— respondí mientras me miraba sin poder creerlo—. Aunque no estoy segura si te agrada la idea, así que si quieres que lo ponga normales de nuevo…—solté antes de él negar.

— Nadie sospecharía de una simple pulsera, si Potter aun los busca creerá que tienen su tamaño normal, por lo que es un lugar seguro. Bien pensado…—dijo algo pensativo, al parecer analizaba mi idea —. Y debe seguir ahí en tu muñeca, no hay un lugar más seguro que contigo…—añadió sin poder creerlo.

— ¿Me estás confiando tu vida literalmente? —pregunté algo sorprendida antes de él besarme.

— Creí que ya lo sabías…— dijo encima de mis labios—. Supongo que no encontraste el anillo— soltó de golpe al parecer al recordarlo por lo que negué con desilusión.

— No, ya sospechaba que no lo dejaría en Hogwarts, de hecho estoy casi segura que Harry Potter la tiene— dije la única idea que se me había ocurrido hasta ahora—. Así que es probable que hasta que no lo mates, no la consigas…Aunque cinco de seis no está mal…—solté al ver como se enfurecía.

— Tienes razón, hubieran sido solo dos si no fuera por ti…— señaló sonriéndome antes borrar la sonrisa y levantarse de la cama por lo que le vi extrañada.

— ¿Qué ocurre? —pregunté sabiendo que diría algo que no me agradaría.

— Aun tengo que buscar la varita— respondió como si no fuera lo más obvio del mundo.

— Lo sé, pero no sabes quién es el ladrón— le dije sentándome en la cama—. Ni siquiera tienes una mísera pista…

— Ese es el problema, tengo que comenzar a buscar, y ni siquiera tengo por dónde empezar— exclamó molesto, teniendo razón.

— Es cierto, pero la buscaremos juntos— le dije cruzándome de brazos—. No pienso quedarme aquí sola un día más…

— Sabes porque te dejo aquí…—soltó con preocupación antes de yo rodar lo ojos.

— Estoy embarazada no muriéndome Tom…—le reclamé suspirando ya que su expresión no cambiaba—. De acuerdo, ¿Qué tal si buscas los libros de historia de Hogwarts?, los traes y buscamos juntos, ni siquiera tengo que salir de aquí…—propuse rápidamente mientras le sonreía.

— Bien, con tal que no salgas de aquí, pero no siempre podré quedarme…— dijo resignado antes de yo saltar de la cama a abrazarlo—. No sé cómo es que siempre termino complaciéndote…—soltó sonriéndome antes de besarme.

— Porque me amas…—solté encima de sus labios, antes de sentir una patada del bebé en mi panza, y por la expresión de Tom, creo que también lo sintió—. Y parece que alguien quiere saludar…—dije separándome de él, para luego tomar su mano y ponerla en mi panza, para que pudiera sentirlo de nuevo. Al hacerlo creo que nunca había visto a Tom tan feliz como ahora, los ojos le brillaban como nunca antes…

Las semanas siguientes luego de su llegada, nos dedicamos a leer cada revista, y libro que había en Hogwarts o el ministerio, para ver si encontrábamos al ladrón de la varita, pero sin ningún éxito. Por lo que decidió dos meses después de no encontrar nada, mandar a traer libros de otros países de Europa con sus mortífagos, sin decirle claro para que era…

Por otro lado, Tom se puso más sobreprotector que nunca, y cumplió lo que dijo una vez. Me trajo una medimaga especialista en embarazos y partos, para que hiciera un chequeo del bebé, y se quedara a cuidar que nada nos pasara. Se quedaría en la mansión hasta que naciera el bebé... Por lo que a los miembros de la casa solo les dijo que era una sirvienta personal para mí, para que no sospecharan nada, lo cual nadie cuestionó, ya que nadie lo cuestiona nunca.

Días después de su llegada, le entregó la copa de Hufflepuff a Bellatrix diciéndole que la guardara en su bóveda ya que era muy valiosa, lo cual ella aceptó como un honor antes de obedecerlo. Que ilusa…

Mientras que con el asunto de Potter las cosas no iban tan bien. Ya que no lo encontraba en ningún lado, aunque eso no era muy importante, pues hasta que no obtuviera la varita de Sauco, Tom no podría matarlo…. Sin embargo sabía que había puesto muchas precauciones, como vigilar los lugares en donde podría aparecer, como si él fuera tan idiota de ir a un lugar obvio. Como el Grimmauld Place, lugar que supo de este hace meses gracias a Severus, o la madriguera, incluso la casa de sus padres…

Y finalmente, lo más importante que había sucedido, en estos meses, era que había descubierto que esperaría un niño, el cual con la aprobación de Tom, se llamaría como hermano, Regulus, y Linx por la tradición de los Black de llamar a los niños por las estrellas y constelaciones. Regulus Linx Riddle Black…

Sin darme cuenta los días pasaron, y navidad había llegado, haciéndome celebrarla con en esta casa. Aunque gracias a Tom, nosotros las celebraríamos solos, en nuestra habitación, la convirtió en un comedor con una cena ya puesta por Tonki, ya que últimamente al ser los últimos días no podía ocultar más la enorme panza.

— Comienzo a creer que estás volviendo una tradición celebrar esta fecha…— solté mientras comía haciéndolo reír.

— No sé tú, pero esta fecha es para mí el día en que volviste definitivamente a mi lado…—soltó tomando un poco de vino.

— ¿Sería algo así como nuestro nuevo aniversario? —pregunté sonrojándome antes de él sonreír.

— Si quieres llamarlo así…—solo respondió antes de seguir comiendo, y yo también hacerlo, pero antes de que pudiera seguir sentí un fuerte dolor en la parte baja de la espalda haciéndome soltar los cubiertos de golpe—. ¿Ocurre algo? —preguntó preocupado, antes de yo soltar un grito de dolor, y menos de un segundo él encontrarse a mi lado—. Respira, ¿Qué ocurre? —soltó algo fuera de sí, antes de yo sentir como algo liquido bajaba por mis piernas.

— Ya viene— solo respondí antes de él sonreírme.