CAPÍTULO 5:
Si había algo bueno en que Thalia me visitara es que mis padres se convertían en los padres del año de repente. Era hija de la diosa de la sabiduría y era muy inteligente, pero como la mayoría de los adolescentes, no entendía por qué cuando los amigos vienen a casa, los padres se convierten en los padres del año y, cuando estos se marchan, son los encargados de hacer la tercera guerra mundial. El caso es que por una vez, agradecí el poder sentirme un poco más relajada. Thalia se quedó un poco más de la cena y con la excusa de que sus padres la querían de regreso pronto, se despidió de mí con la promesa de volver a la mañana siguiente para ir a tomar un café por la mañana a una cafetería cercana que nos encantaba ir cuando íbamos de celebraciones.
Asique desayuné, salí un poco a correr ya que al no ir este año al campamento, me tenía que mantener por mí misma en forma, además, me serviría para estar un poco a solas después de pasar los dos días que había pasado tan moviditos. Aunque la verdad, me sirvió para pensar en todo lo que estaba pasando. Me sirvió para pensar en Percy, para pensar en lo que pasaría en el futuro, para pensar en mi propio futuro. Quería ser arquitecta, aquel mundillo me llamaba. Me iría a una buena universidad en Nueva York y si todo iba bien, a lo mejor, podría seguir estudiando al año siguiente en Oxford o Harvard. Aunque eso sí, sin olvidar mi lado mestizo. En el campamento, siempre nos habían hablado de cómo aun estando ya entrenados y un poco a salvo, siempre existía algún peligro que nos seguiría en la calle. Desde luego, una vida aburrida como que no tenía.
Cuando llegué aquella mañana a la cafetería, Thalia ya estaba allí con un café en su mano y entretenida leyendo algo en su móvil. Pedí antes de sentarme ya que estaba tan metida en su lectura que no quise interrumpir. Aunque tan metida estaba que hasta la asusté cuando me senté con ella:
-Buenos días- la saludé.
-Dioses, me asustaste- guardó su móvil, como si no quisiera que viera lo que fuese y me sonrió- ¿Qué tal? ¿Ya has pedido?
-Te vi tan metida en lo que fuese que estuvieras leyendo que no quise interrumpir- di un sorbo al café, el cual estaba más caliente de lo que me esperaba y le indiqué con la cabeza el móvil mientras recuperaba la sensibilidad en mi lengua- ¿En que estabas metida?
-Ah, nada. Grover, en realidad- respondió- Dijo que al final vuelven hoy. Según él, Luke la lio al intentar utilizar un aparato de su padre y bueno… ya sabes cómo son Luke y Grover cuando se quedan solos con algo que no conoces…
-Espero que no sea como la última vez.
Ambos tomaron sin querer un vino de la cosecha de Dionisio cuando estábamos en el campamento un verano y, cuando Dionisio los pilló, mandó a ambos a recoger la cosecha de todo el verano todos los días. Casi me dio pena los primeros días, pero después, me encantó cuando le podía recordar el castigo cada vez que se metían conmigo cuando yo hacía algo mal.
-Tranquila, esta vez han sido más precavidos y vendrán antes de liarla más. Dicen que llegarán esta noche y, tranquila, podrás ir con tu querido Percy Jackson a tu cita esa del cine…
-No es una cita.- le insistí.
-Ah, ¿no?- rió- Es un cine al aire libre donde las parejas aprovechan para hacer algún que otro picnic. A ese chico le gustas, Annabeth.- la verdad es que no sabía nada de eso, solo lo que me había dicho Thalia en aquel momento y, al juzgar por sus palabras, iba a tener una cita en toda regla- Por eso te estoy diciendo.
-Thalia…
-No me digas otra vez que no es una cita. Solo diviértete y, aunque sé que te mueres de ganas de ver a Luke y Grover, yo me encargaré de entretenerlos….
-No vas a parar con todo este rollo, ¿no?- mostró una sonrisa a través de su vaso de plástico- Percy no es mi novio o nada parecido. Solos somos amigos, me está ayudando…- recordé el momento de debilidad que tuve y aunque Thalia siempre había estado conmigo en los momentos malos, decidí callarme.
-Oh, vamos, Annabeth. ¿Y si este es el elegido? El que te tocara la fibra sensible o cosa parecida.
-Ves muchas películas de amor últimamente, ¿no?
-Debe de ser eso- se encogió de hombros- Aunque os tengo hasta un nombre.
-¿Un nombre?
-Percabeth- casi me atraganto con el café. Percy y Annabeth combinados… me encanta.
-Es oficial, has perdido la cabeza, Thalia. Percy y yo solo somos amigos y nada más- le volví a insistir aunque conociendo a Thalia, volvería a darme la tabarra con el tema una vez- Cambiemos de tema, ¿vale? Como ¿a qué universidad vas a ir al final? Dijiste que irías a algo de Ingeniería…
-Ya, aunque no sé…
-Thalia, no me digas que vas a dejarme sola…
-Eso nunca- alzó su café en formas de brindis- Por nuestros años de borracheras.
-Nunca cambies- le respondí al brindis.
Bebí un poco cuando observé que Thalia observaba un poco distraída algo, o alguien a mi espalda. Giré, siguiendo su mirada cuando observé que no miraba a otro que a Percy. Había entrado en la cafetería, vestido con ropa de chándal y con el pelo mojado. Cualquiera diría que vendría de correr, pero noté enseguida que no era sudor, si no estaba mojado. Era el mestizo del dios del agua, ¿qué otra cosa puedes hacer que jugar con el agua? Este se giró con su café en la mano y un muffin en la otra, cuando pareció notarme y saludó con la mano. Me giré enseguida y noté como Thalia me miraba con cara de "ahora si que me tienes que decir lo que pasa".
-¿Lo conoces?- pregunté.
-Es…
-Hola, Annabeth- demasiado tarde, había llegado hasta donde estaba.
-Percy- sonreí mientras que a Thalia se le iluminaba la cara, la que me esperaba- ¿qué haces aquí?
-Venia de la piscina- lo sabía- tenía ganas de algo.
Miré a Thalia que tenía alzada su ceja derecha y me miraba con una sonrisilla:
-Percy, esta es Thalia Grace, Thalia, Percy Jackson- que fuera lo que los dioses quisieran.
-Encantado- Percy se presentó formalmente.
-Hola a ti también- y allí iba- Percy Jackson. Encantada de conocer a otro mestizo de uno de los grandes.
-¿Cómo lo has sabido?
-Annabeth me lo ha contado. Me ha hablado mucho de ti- por debajo de la mesa, le lancé una pequeña patada, que ella ignoró por completo- Desde luego le has caído muy bien.
-Um, ¿gracias?- noté como se ponía incluso rojo, pobre Percy- Entonces, ¿tú también eres una mestiza?
-Zeus. Asique, encantada, primo- bromeó como si fuera lo más del mundo.
-Ya, bueno- no podía soportar aquello más- Ha sido un placer verte, Percy…
-Oh, no, Annabeth- Thalia lo paró- ¿tienes prisa, Percy? Quizás, puedas acompañarnos. Annabeth dijo que hoy habíais quedado…
-Esta noche- dijimos raramente al unísono.
-Que mono, hasta decís las mismas frases al unísono- bromeaba, pero en aquel momento la gracia me calló… un poco demasiado mal- Ahora vuelvo- terminó el café y se levantó- Y tú espérame, Percy. Tenemos mucho de que hablar...- dijo dejándonos a solas.
Ambos nos miramos y reímos a la vez:
-Lo siento mucho. Thalia es un poco… idiota para algunas cosas- respondí burlándome de Thalia ahora que no me escuchaba- No hace falta que te quedes, de verdad. Casi va a ser mucho mejor que no.
-Ya, no te preocupes. En realidad, tengo un poco de prisa- miró su reloj y suspiró- Esto de ser de la clase obrera, es lo que tiene.
-Y de nuevo, metiéndote conmigo, sesos de alga- Percy me guió un ojo seductivamente y tomó un largo trago de su café.
-Nos vemos esta noche, ¿ok?- asentí- Y recuerda que la comida la llevas tú… Quiero saber qué tal se lo monta alguien rico a la hora de comer…- alcé el brazo lo suficiente y le apropié un buen puñetazo en el hombro- ¡Ay!- se quejó antes de marcharse.
Cuando volvió Thalia, enseguida lo buscó:
-¿Y Percy?
-Se tuvo que marcharse- aguanté la risa tras mi vaso.
-Ya, ya. Y voy yo y me lo creo.
Aunque por suerte, no dijo nada más sobre el tema y Percy.
Tras una tarde en casa de Thalia, llegué a casa y me dispuse a prepararme para la "cita" o lo que fuera con Percy. No sabía cocinar, toda mi vida me había valido de criadas que me lo hacían, y aunque hubiera querido llevar comida hecha por mí, Percy se tendría que valer con comida hecha por alguien que no fuera yo. Por suerte, nuestra cocinera, me preparó sin rechistar una cesta en la que hizo de todo desde ensalada de pasta hasta una empanada pasando por arroz y demás. Añadí un par de refrescos y, por qué no, una botella de vino. Sabía que si nos cogían bebiendo sería ilegal, pero ¿perderme la posibilidad de enojar más a mi padre? Creo que desde luego, no la iba a dejar pasar. Cogí de mi cuarto dos mantas, una para el suelo y otra por si tenía frío y me preparé para la cita.
Abrí mi armario y no supe que ponerme. No la consideraba una cita, pero tampoco quería ir poco arreglada. Desde luego, los sentimientos por Percy me estaban liando y si no hacía ya algo, me iba a volver loca. No podía comportarme de esta manera por culpa de un chico.
-Annabeth, ¿qué te está pasando?- me obligué a decirme a mi misma.
-Oh, valla, con que ahora hablas sola- y, como no, Bobby venía a darme la tabarra- Hermanita… veo que vamos a tener que meterte en un asilo como sigas así de mal, ¿eh?
-Déjame en paz, Bobby- aproveché los vaqueros del día y tomé un par de camisas para ver cual me quedaba mejor- No necesito tu buen humor en este preciso instante- ni ahora ni nunca.
-¿vas a salir de nuevo con ese tío?
-Su nombre es Percy, y sí, voy a salir…- opté por una de cuadros y me giré- Ahora, si me disculpas, voy a cambiarme y, al menos que quieras verme desnuda, ahora mismo te estás marchando.
Bobby no dijo nada, se acercó, me miró fijamente a los ojos y entonces dijo:
-Te estás metiendo en algo que no puedes controlar- de repente, no era él, podía presentirlo- Da vuelta atrás antes de que sea demasiado tarde, Annabeth.- y de nuevo, con esa actitud, se marchó dejándome un poco confusa.
¿Qué había pasado? ¿Quién me había hablado realmente? Sabía perfectamente cuando Bobby me hablaba, me conocía sus tonos y demás; y sabía, en el primer momento que noté su tono, que aquel no era Bobby. ¿Algún Dios o Diosa? ¿Atenea quizás? Pero, ¿por qué? Ella me hablaba en mi mente cuando quería algo, no utilizaba a terceros para hacerle el trabajo sucio.
De todos modos, decidí olvidarme del tema y prepararme para la… cosa o como fuera de Percy. Tomé la cesta, las mantas y bajé a esperarlo en el salón.
-Annabeth- papá, que salía de su estudio, me paró- ¿puedo hablar...? ¿Dónde vas a estas horas?
-Tengo una cita, papá. ¿Qué quieres?- solté molesta.
Este primero miró la cesta, luego a mí y sin decir nada, sin gesto ninguno; continuó con lo suyo:
-Tu madre…
-Mi madrastra…- era una cosa muy diferente.
-Madrastra- se corrigió un poco enfadado- Quiere que tu y ella os valláis este fin de semana juntas de spa…- empecé a reír nada más dijo aquello- Annabeth, no es una broma.
-Ah, ¿no?- reí aún más- ¿Desde cuándo quiere esa mujer que estemos juntas?
-Solo quiere acercarse a ti…
-¿A mí?- volví a reír esta vez más fuerte- Papá, no voy a pasar este fin de semana con ella solo "ella me lo pida". No ha sido una madre para mí en estos dieciocho años, ¿por qué voy a dejarla ahora?
-Porque quiere realizar el intento, ¿quizás?
-Papá, no pienso irme- dije tajante, dirigiéndome hacia la puerta cuando este me agarró del brazo y me volvió- Déjame.
-Irás con ella, sí o sí….
-Déjame- me estaba poniendo furiosa y eso no era bueno.
-No hasta que aceptes su invitación…- no aguanté más.
-Mira, papá- alcé la voz más y más con cada palabra- No voy a ir con una señora que lo único que ha hecho en mi vida ha sido jodérmela al máximo, tratarme como una mierda apoyada siempre por ti porque el señorito está tan metido en las tetas de silicona de esa gilipollas que no vé lo que me está haciendo.
A veces creo que saqué el temperamento de Atenea, pero con lo que pasó entonces, creo que fue de mi padre. Este alzó la mano y me arreó un gran cachetazo que hizo que me quedara sin palabras por unos momentos.
-Annabeth- por suerte, algo de humildad se encendió en él aunque me seguía agarrando- Lo siento…- dejé las cosas en el suelo y con un movimiento de desarme, me deshice de papá que me miró sorprendido.
-Ya no tengo doce años, papá. No voy a hacer lo que quieres, ¿entendido?
Por suerte, escuché una bocina fuera y, cogiendo las cosas, me encontré gracias a los Dioses con Percy que me esperaba en su scooter. No escuché la puerta de casa tras de mí, di gracias porque no me siguiera. Desgraciadamente, Percy notó lo que estaba pasando y nada más puso las cosas en su scooter para que no estorbara, me dio el casco y me preguntó:
-¿Todo bien?- quería mentirle y decirle que sí, pero un nudo se hizo en mi garganta y negué- ¿qué pasó?
-Todo está mal- desvié la mirada hacia otro lado para aguantar las lágrimas, lo que hizo que la luz reflejara mi cachete enrojecido y aturdido por la cachetada de antes.
-Annabeth…- Percy me tomó, acercándome a él- ¿qué te pasó?
Noté su mano en mi mejilla, caliente, girándome poco a poco para que lo mirara a los ojos. Al principio, no dije nada, pero cuando nuestros ojos se encontraron, las lágrimas que me ardían en los ojos, salieron. Por suerte, Percy tomó la iniciativa y fue él, el que me abrazó. Sentí las manos a mi alrededor e hice lo mismo, abrazándolo fuertemente. Aquella era la primera vez que alguien me abrazaba para consolarme en un momento crítico. Nunca antes había pasado algo parecido. Desde pequeña, me había dedicado a proteger lo que siento y así, no salir lastimada por nadie, pero aquella vez era la primera en la que me mostraba vulnerable, en la que me dejaba ver vulnerable. No sabía que efecto me producía Percy en mí; quizás, nunca lo sabría, pero en aquel momento, estaba feliz con lo que me ofrecía.
-Esta noche te quedas en mi casa, ¿ok?- alcé mi mirada, ya un poco tranquilizada y lo miré- No pienso dejar que pases un día más aquí…
-Pero Percy…- negó.
-No, vamos a ir, disfrutaremos del cine, comeremos lo que llevas en la cesta y pasarás la noche en mi casa, ¿ok?- asentí sonriendo un poco- Mi madre estará encantada y será un placer tenerte en casa, ¿entendido?- asentí lentamente, sonriendo aún más.
-Gracias- susurré ya calmada, dándole un pequeño beso en la mejilla.
-No hay de que- respondió de nuevo sonrojado.
-Aunque… ¿qué hay de la ropa?- no iba a dormir en vaqueros.
-Siempre puedes utilizar la mía. A las chicas os encantan las camisas grandes y demás, ¿no?- ahí llevaba razón.- Aunque siempre puedes dormir desnuda. Por mí, encantado…
-Sesos de alga- llegué a propinarle un pequeño puñetazo antes de que se subiera en la moto.
-¿sabes?- casi alcancé a tomar las llaves en el último momento- Te toca a ti…
Miré mis manos y me encontré con las llaves de la scooter:
-Espera… no sé conducirla…
-Es fácil- se echó para atrás en el asiento y me indicó con la mano el asiento del conductor- Una mano aquí, otra aquí- parecía un muñeco en sus manos- Metemos las llaves, como no- la moto rugió a la primera- Y… ¿preparada?
Me giré un poco, con dificultad con el casco y asentí:
-Preparada.
Giré la cabeza un momento y observé como papá me miraba a través del cristal de la ventana que hay alrededor de la puerta. No iba a pensar en él, al menos, no hasta mañana. Ahora mismo, Percy me iba a llevar a algo para olvidarme de todos mis problemas y eso, era lo que iba a hacer.
