Hizo varias veces mímicas de intentar decir algo, pero de inmediato se detenía.
— Di algo— le pedí mientras me miraba al parecer sin poder creerlo aun sorprendido.
— Lo haces como todos los mortífagos…—intentó decir pero negué.
— No. Hubo algo que jamás te dije, y solo sabía Dumbledore— comencé diciendo—, lo amé entonces, y lo sigo amando. No solo soy su mortífaga…
— Por eso te buscaba con tanto esmero— soltó como si todo encajara—. Le importas…—dijo riendo incrédulamente—. Esto es mucho peor de lo que pensé, te enamoraste del asesino de mis amigos…—me acusó con rabia—. Él mismo que quiere matar a Harry, el hijo de mi mejor amigo…
— Lo siento— solo dije haciéndolo reír.
— ¿Lo siento?, ¿es en serio? —preguntó sarcásticamente—. Están muriendo personas aquí, y tu solo dices "lo siento"…
— ¿Qué más quieres que diga? —le pregunté con rabia—. ¿Qué me arrepiento acaso?, porque no lo diré, no lo hago, eres mi hermano, pero siempre lo elegiré a él— solté con orgullo mientras él me miraba con desprecio—. Desmaius— exclamé aprovechando que estaba desarmado, dejándolo inconsciente en el suelo, para luego acercarme a él—. Obliviate…—le lancé quitándole los recuerdos de esta conversación, estaba mejor sin saber la verdad, y a salvo en este desierto piso.
Había cumplido mi cometido, aunque aun me faltaba ver a Remus, pero esperaba que los mortífagos obedecieran mi orden, ya que no sería capaz de hablar con él también. Y como si hubiera obra de magia, la marca comenzó a arderme, lo que significaba que él me estaba llamando, por lo que no tardé en desaparecer.
Al reaparecer dejándome llevar por la marca, aparecí en la casa de los gritos, en donde Voldemort me esperaba, con Severus muriéndose en el suelo, dejándome fuera de mí.
— ¿Qué pasó? —pregunté confundida.
— Así la varita me será fiel, él mató a Dumbledore tenía que matarlo— respondió como si nada—. Además tenía una deuda conmigo…
— ¿Disculpa? —pregunté confundida antes de él acercarse a mí y acariciar mi rostro.
— Se atrevió a tocarte— respondió haciéndome palidecer—. Tenía que pagar…
— Pero ni siquiera estaba contigo cuando ocurrió, creí que iba a morir…—intenté explicarme.
— No tienes nada que decir, fue en tu mente que lo vi cuando estuviste más vulnerable que nunca— soltó él seguro refiriéndose al parto, ya que fue la única vez que no pude mantener mis muros arriba—. Tienes razón, tú no me debías nada, pero él sí, como cualquiera que se atreviera a tocarte…—añadió asustándome un poco.
— Tom, por favor, sé razonable…—le pedí pero sonrió con malicia.
— Él supo desde el principio en que se metía al tocarte, no tiene excusas para ello…— me dijo apartando su mano lentamente—. Además aunque lo perdone, necesito que la varita me pertenezca…—soltó haciéndome rendirme ya que tenía razón, sin su muerte no podría ganarle a Harry—. Vámonos…—ordenó antes de tocar mi brazo y aparecernos en medio del bosque prohibido, sin nadie alrededor.
— Tom, realmente lo siento…—intenté disculparme pero negó.
— Hace cuatro meses que vi esos recuerdos, no tienes porque disculparte…—me dijo acariciando mi pelo con delicadeza y cariño, antes de mirar a la nada—. —Habéis luchado con valor —soltó en las mente de cada individuo cerca—. Lord Voldemort sabe apreciar la valentía. Sin embargo, habéis sufrido numerosas bajas. Si seguís ofreciéndome resistencia, moriréis todos, uno a uno. Pero yo no quiero que eso ocurra; cada gota de sangre mágica derramada es una pérdida y un derroche—añadió mirándome.
»Lord Voldemort es compasivo, y voy a ordenar a mis fuerzas que se retiren de inmediato.
»Os doy una hora. Enterrad a vuestros muertos como merecen y atended a vuestros heridos.
»Y ahora me dirijo directamente a ti, Harry Potter: has permitido que tus amigos mueran en tu lugar en vez de enfrentarte personalmente conmigo; pues bien, esperaré una hora en el Bosque Prohibido, y si pasado ese plazo no has venido a buscarme, si no te has entregado, entonces se reanudará la batalla. Esta vez yo entraré en la refriega, Harry Potter, y te encontraré, y castigaré a cualquier hombre, mujer o niño que haya intentado ocultarte de mí. Tienes una hora— terminó de decir.
— ¿Ha habido muchos muerto? —no pude evitar preguntar, pero para mi sorpresa negó.
— No, pero Potter no lo sabe— respondió como si nada mientras Nagini andaba por sus piernas, recordándome algo.
— ¿Crees que es seguro tenerla así suelta? —pregunté de la nada antes de él mirarme extrañado—. Sí Potter llega a ponerle las manos encima…
— ¿Qué tienes en mente? —preguntó con interés.
— Aparecer otra serpiente, hacerla pasar por Nagini. Y transmutar a Nagini en un dije para mi pulsera— le respondí antes de verme sorprendido, y con un solo movimiento de su varita, transmutó a la pitón en un dije, el cual saltó a su mano.
— Aquí tienes— me dijo entregándome el dije, para luego yo colocarlo en la pulsera de mi muñeca—. Es una buena idea… como siempre— me alagó antes de aparecer una serpiente casi idéntica a Nagini, para luego soltarla y decirle algo en Pársel—. Debes irte…—soltó de golpe aunque ya mucho había durado.
— No, me quedaré hasta el final…—solté antes de él negar y sonreírme.
— Has comprobado que tus seres queridos están bien, Reg te espera en casa— me recordó teniendo razón—. Volveré pronto…—soltó antes de yo asentir y desaparecer.
Aun tenía mis dudas cuando aparecí en la mansión Malfoy la cual estaba completamente vacía, había algo que me decía que algo saldría mal, que tenía que estar preparada para lo peor. Por lo que corrí a mi habitación, encontrándome con Reg dormido, mientras Tonki lo vigilaba.
Sin importarme despertarlo lo tomé en brazos con anhelo, rogando porque todo fuera bien, que no le pasara nada a Tom, por lo que no pude evitar comenzar a llorar al pensarlo. Haciendo que despertara Regulus en mis brazos.
— Mamá siempre te querrá— le dije sonriéndole mientras me miraba fijamente—. Papá te ama, te adora, nunca lo dudes…— añadí antes de quitarme la pulsera y encogerla con mi varita hasta que tuviera el tamaño adecuado para la muñeca de mi bebé, para luego colocársela, y hacerle un Glamour para que pareciera un simple guillo.
Al ponérsela, lo coloqué en la cuna, preparándome para lo peor. Por lo que busqué con rapidez dos trozos de pergaminos, y una pluma. En la primera comencé a escribir las instrucciones que tenía que darle a Lucius para que si Tom era derrotado, pudiera hacer que volviera de nuevo. Luego de casi media hora escribiendo todos los detalles, tomé el otro pergamino, este sería más complicado, ya que tenía que explicarle con lujos de detalles todo a Tom.
Creo que había pasado casi una hora cuando terminé de escribir casi un metro de pergamino para luego encoger las dos cartas, y buscar dos frascos para ponerlo. Al hacerlo, encogí los frascos convirtiéndolos en dos dijes más, solo que estos si se podrían ver, para luego colocársela a la pulsera de Reg con magia…. Minutos después de terminar, escuché un ruido en la parte de abajo, para luego sentir como tocaban la puerta, por lo que con la varita en mano me dispuse a abrir.
— Joder me has asustado— solté a ver a Lucius, pero luego mi tranquilidad se esfumó al notar la expresión que tenía—. ¿Qué ocurre?
— Harry Potter lo venció— respondió sorprendiéndome por completo, lo que más temía había sucedido—. Hice lo que me pediste, y Narcissa y Draco ayudaron a Potter…—soltó de golpe—. Necesitas salir de aquí, los aurores vendrán pronto…
— Te dije que no huiría— dije antes de ir a tomar a Reg en brazos, y poco después Narcissa aparecer por la puerta quedándose sorprendida al verme.
— ¿Y ese niño? —preguntó confundida.
— Es su hijo, debemos protegerlo…—respondió Lucius mirándome preocupado—. Necesitas mandarlo lejos por ahora, hasta que nos asueldan de nuestros crímenes…—me dijo aunque ya lo sabía.
— Lo sé— solté suspirando—. Pero primero debes saber algo, aquí— señalé las dos botellas en la pulsera de Reg—, hay dos cartas, la del frasco azul es para ti, necesito que me ayudes a traer de vuelta a Voldemort…
— En cuanto esté fuera de peligro lo haré por ti— me dijo sin titubear—. ¿Qué hay de la otra?
— Se la darás cuando regrese— respondí rápidamente—. Tonki— llamé al elfo antes de él aparecer—. Llévate a Reg, sabes a donde— le pedí refiriéndome a la mansión Riddle, ya que nadie buscaría nada allí, antes de él asentir—. Cuando Lucius te llame, podrás volver— añadí antes de él desaparecer, dejándome un vacío en mi interior.
— Volverás a verlo— me intentó consolar Lucius, pero negué.
— No importa, está a salvo, y ustedes deben salir también de aquí. Deben entregarse al ministerio…—le dije antes de él asentir.
— Te sacaré de Azkaban— me dijo sonriéndome antes de yo abrazarlo llorando.
— Cuida de mi bebé, por favor, es lo que más amo…—rogué rompiéndome a llorar antes de soltarlo.
— No te defraudaré— me dijo antes de desaparecer y Cissy también.
No pasó mucho tiempo antes de que escuchara varias voces en la casa, para luego tres magos aparecer en frente mi puerta, entre ellos Harry Potter.
— Expeliarmus— exclamé al verlo haciendo que su varita volara de su mano, por lo que sonreí con satisfacción antes de un mago lanzarme un hechizo, haciéndome caer al suelo.
—No tiene sentido ya pelear Hydra— me dijo Potter—. Voldemort ha caído, y es hora de que cumplas tu condena…
Fin…
