Sus ojos azules me miraban mientras sonreía, recordándome a los de su padre mientras caminábamos los tres por el andén del tren muggle, listos para un nuevo año en Hogwarts, el primero de Regulus.
— Puedes correr si quieres— le dije cuando llegamos a la pared antes de él tomar su carrito y correr hacía esta. Para luego yo tomar a Lyra de la mano antes de ambas entrar.
— ¿Dónde está papá? —me preguntó la pequeña agarrándome de la mano.
— Está trabajando amor, ya lo sabes…—le respondí acariciando su pelo tan negro como él de su padre.
— Dijo que estaría aquí— se quejó Reg, para luego mirar atrás de mí, y comenzar a correr, por lo que me giré encontrándome con Tom abrazando a su hijo.
— No me perdería tu primer día en Hogwarts ni loco— le dijo sonriéndole para luego soltarlo.
— Casi creí que no vendrías— le dije mientras caminaba agarrando a de la mano a Reg, para luego besarme.
— Me pude escapar un momento— me dijo sobre mis labios antes de escuchar el aviso del tren para que los niños lo aborden—. Es hora de irte hijo…—soltó a Reg antes de él asentir y correr hacía el tren—. No sé cómo nos haremos sin él en casa estos días…—mencionó haciéndome sonreír.
— Nos acostumbraremos, no estará con nosotros para siempre…. Y dentro de cinco años Lyra también se irá…—solté sonriendo.
— Tengamos otro entonces— dijo él antes de besarme.
Fue entonces cuando desperté. Encontrándome en donde siempre, una celda fría, incomoda, y con un olor terrible. Mi celda en Azkaban…. Me habían condenado a cinco años de cárcel por complicidad con Voldemort, ya que no había ninguna prueba de que fuera el demonio rojo, por lo que según el ministerio no tenía las manos sucias.
Por otro lado hasta donde supe, Lucius y su familia salió librada, por lo que no hubo problemas en el quedarse con Reg. O eso me dijo la última vez que me visitó hace unos años…aunque no estaba segura de hace cuánto tiempo, perdí la cuenta luego de los dos primeros, aquello me estaba volviendo loca.
Pero por lo menos continuaba con mis recuerdos felices, ya que les había prometido a los dementores que Tom volvería, y eso los tranquilizó mucho…. Aunque a cambio tenía todas las noches sueños peores que una pesadilla. Uno en el que Tom nunca hubiera sido Voldemort, sino que un empleado del ministerio. Uno en el que éramos una familia normal, incluso a veces soñaba con una niña…
Estaba demasiado sumida en mis pensamientos que cuando abrieron la celda apenas lo noté haciéndome parar con dificultad, a ver quién me visitaría hoy. Pero al ver quien entraba me quedé casi en shock.
Lucía de unos treinta años, con una traje negro, su pelo peinado, y una sonrisa cínica en su rostro.
— Es hora de irnos de aquí Hydra— me dijo sonriéndome antes de yo caminar hacia.
— Han pasado cinco años— le reclamé mientras salía haciéndolo sonreír.
— Tus instrucciones fueron largas y difíciles de cumplir…—se justificó haciéndome reír.
— Aun así, te tardaste… Tom….
