CAPÍTULO 12:
Pensé en llamarlo más de una vez, pero sabía que de alguna manera, haría que las cosas empeoraran quisiera o no. Por lo que decidí quedarme callada y esperar a que el viniera a mí. ¿Estaba haciendo bien? ¿Quién sabe? Solo sabía que de una manera o de otra, la había cagado en la fiesta de una manera que nunca habría podido arreglar.
Después de aquella situación, prácticamente, me despedí de los chicos y volví a casa en taxi. Las ganas de fiestas se me habían pasado y lo único que quería era volver a casa y descansar. Por suerte, no había mucha gente en casa, y por mucha gente, me refiero a los criados. Papá, los gemelos y su madre estarían en la casa de campo celebrando aún la que tendría que haber sido mi fiesta de "Felicidades, vas a tener un futuro brillante porque entras en una buena universidad" aunque para mi se traducía a "Buena universidad, curro asegurado". El caso es que llegué y aprovechando aquella soledad, volé directamente a mi habitación, tirándome sobre la cama.
Nada más en el tiempo del trayecto, el móvil se había llenado de mensaje de los chicos, e incluso Jason, que me pedía perdón una y otra vez. Aun así, decidí ignorarlos a todos y buscar el número de Percy. Me quedé mirándolo, pero como dije, no tenía fuerzas. Apagué el teléfono y me metí en la ducha.
Cuando desperté a la mañana siguiente, casi me parecía un sueño lo de la noche anterior, pero no, no lo había sido y nada más empezara la mañana, tendría que enfrentarme a la realidad; y quizás a un padre que me regañaría por desaparecer la noche anterior.
-Buenos días- todos estabas desayunando.
-Buenos días- dijo sin embargo solo- ¿Dormiste bien?- ¿qué me había perdido para que estuviese así de tranquilo?
-Sí, supongo- le sonreí sirviéndome un poco de beicon y huevos revueltos.
Miré la mesa. Bobby y Mathew comían, uno con su teléfono y el otro ojeando una revista de motos, mientras mi madrastra se entretenía con la Tablet. Miraba a todos y cuando más lo hacía, más parecía que todo era un sueño muy raro.
-¿Pasa algo?- hasta papá lo notó.
-Nada, supongo.- ¿se lo decía o me quedaba callada?- Solo que… desaparecí de la fiesta y… ninguno me dice nada.
-Cariño, eres mayor lo suficiente para que te digamos nada- ya aquellas palabras de mi madrastra quizás fueron lo que remató aquello.- Estás en casa, sana y salva, es lo que importa, ¿no?
-Vale, gracias, supongo.
O lo de anoche me había dejado un poco tonta o me estaba volviendo yo porque aquella amabilidad no aparecía así porque así. Aun así, seguí con mi desayuno como si nada, hasta que Matthew fue el que saltó:
-Saben lo de Percy- me quedé mirándolo- Tienes unos amigos muy…bocazas.
-¿Quién lo ha dicho?
-Matthew- lo llamó papá, pero este lo ignoró.
-Luke
-¿Desde cuándo conoces tú a Luke?- Matthew solo se encogió de hombros.
-El caso es que nos llamó y me lo dijo, yo a papá.
-No es de tu asunto- y antes de que papá saltara, yo lo hice- y tampoco el tuyo. Tengo ya mis años, ¿acaso no tengo derecho a mi intimidad?
-Cariño es solo…
-Basta, ¿vale?- asintió cuando la puerta se escuchó al fondo.
-Yo me encargo- indicó una de las criadas.
La mesa quedó en silencio durante un momento mientras se encargaban de la puerta hasta que la sirvienta volvió:
-Señorita Chase, la buscan.
-¿A mí?- indiqué- ¿Quién?
-Una tal Rachel Elizabeth Dare.
Ahora sí que aquello no me lo hubiera esperado para nada. Rachel Elizabeth Dare, ex novia de Percy en mi casa. En una historia normal y corriente, estaría en casa de Percy, no en mi propia casa. En fin, tendría que averiguar lo que quería. Asique, dejando a la familia, me dirigí hacia la puerta y, en efecto, allí estaba. Pelo pelirrojo y una gran sonrisa, mirándome a través de sus gafas de sol:
-Nunca me canso de asombrarme de mí mismo y mis poderes- ya, ni yo tampoco- Espero que esto no se vea como algún tipo de acoso.
-No- sí, la verdad- ¿Qué haces aquí, Rachel?
-Pues la verdad es que venía a hablar contigo… sobre Percy y… algo más.
-¿Cómo qué?
-¿Puedo entrar? Preferiría hablar contigo un poco mejor que… así.
No sabía, si decía la verdad. Miré hacia dentro y observé a los demás. Papá y mamá hablaban mientas Bobby estaba a lo suyo, Matthew fue el único que nos miró, pero tan pronto notó mi mirada, giró de nuevo hacia su plato:
-Claro- me volví finalmente- ¿Desayunaste?
-Sí, gracias- se adentró hacia mi casa- Pero no te negaría un café, soy adicta a la cafeína, si te digo- me esperó- Ayuda también a aguantar tanta visión.
Delfos, como no.
-Claro- busqué a una de las criadas- Jessica, ¿nos sube un par de cafés ahora cuando puedas?
-Sí, señora.
-Vaya, no mentían cuando decían que tu familia era super rica.
Fui a preguntar, pero claro, oráculo de Delfos. Rachel podría saber prácticamente más de mí que yo misma. Solo me callé, dirigiéndome hacia mi habitación:
-Ya bueno, no es que yo pidiera tanto dinero- suspiré cuando llegamos- Y dime, ¿de qué querías hablar conmigo?
Rachel cerró rápidamente la puerta tras de sí y de repente, su semblante cambió. No sé si podría ser buena o mala señal. Yo solamente lo que sabía era que hasta la sensación con ella, había cambiado de repente:
-Es Percy… hay algo… no sé qué.
-¿Algo? No te entiendo-Rachel respiró profundamente, como intentando aclarar su mente- Rachel… ¿qué pasa?
-Mis poderes han aumentado a medida que he estado en el oráculo. Tengo visiones, puedo… bueno, no hace falta que te diga lo que somos.- asentí, había estudiado mucho todas las criaturas míticas en el campamento como para saber que era Rachel- Pero el caso es que… puedo sentir auras y la de Percy, se ha…. Oscurecido.
-¿Su aura? ¿Quieres decir que… Percy se ha hecho malo?- aquello era ya el colmo de lo que podía estudiar- Si Percy ha sido… desde luego una luz entre la tormenta que es mi familia.
-Y no digo lo contrario, pero… ¿de verdad te ha dicho toda la verdad?
Enterré mi cara sobre mis manos, estaba empezando a escuchar de nuevo a Atenea. No sé qué historia tenían todo el mundo con Percy, pero al parecer, parecía que por todos lados que tirara, Percy Jackson era el malo de la historia y la verdad es que me estaba empezando a cansar. Había luchado con mucha gente y muchos monstruos antes y enfrentarme a un simple chico no iba a ser problema que yo sabiera:
-Estas empezando a hablar como mi madre y no me refiero a la mortal, me refiero a Atenea.
-Entonces con más razón- sin embargo siguió insistiendo.
-¿Pero qué es lo que tiene para que nadie confíe en él? Chirón lo envió, tan malo no debe de ser, ¿no? ¿O ahora hasta él se equivoca?
Rachel abrió la boca, pero la criada se nos adelantó:
-Con su permiso. Su padre insistió en que les trajera también algo para picar.
Que considerado.
-Gracias.- la despedí rápidamente quedándonos a solas de nuevo- ¿Y bien?
-A Percy le pasa algo y lo vi cuando se marchó de la fiesta el otro día, solo digo eso, ¿vale?
Me tiré sobre la cama y solté un gran resoplido. Realmente, todo el mundo estaba en contra mía o en contra de Percy o como fuese y la verdad, es que me estaba empezando a cansar y mucho.
-¿Cariño?- y ahora el que faltaba- ¿Puedo?
-Papá- lo saludé levantándome- ¿Interrumpió?
-No, señor Chase- Rachel respondió por mí- Por cierto, Rachel Elizabeth Dare, encantado, señor.
-¿Dare?- sonó sorprendido- Conozco a tu padre y tu familia. Es placer es mío de conocerte, Rachel.
-Un honor, señor.
-Papá- llamé la atención- ¿Qué quieres?
-Oh, sí- alargó su mano, dándome una carta- De Southern California Institute of Architecture, SCI-Arc.
Menos mal, una alegría aquel día. Abrí la carta rápidamente y comencé a leer:
-He oído hablar de la universidad, mi padre se formó allí. Es un honor desde luego que te hayan cogido, Annabeth.
-Desde luego- no aguanté la sonrisa.
Y es que la carta no solamente era la típica que te enviaban para infórmate como serían tus estudios u otras cosas relacionadas. Para estas universidades tenías que impresionar y yo, para ello, había mandado una especie de planos de lo que sería para mí la construcción de un museo de arte moderno. En un par de horas dibujé uno que era mezcla de griego y romano y se los envié.
Pues bien, aquellos planos habían llegado a manos de alguien importante y ahora, querían construir aquel museo para la zona de arte de una universidad cercana. En pocas palabras, iban a construir el que sería mi primer proyecto de arquitectura.
Solo había una condición, tenía que irme en dos días hacia California.
-Hagamos las maletas…- fue lo primero que dijo papá.
"Aprovecha la oportunidad" hasta mamá habló conmigo. Si que querían verme lejos de allí.
Miré a Rachel que asentía energéticamente y Dioses, claro que lo haría. Aquel era mi deseo desde pequeña. Verlo hacerse realidad, era como algo irreal para mí. Iba a ser una pionera en el campo y si conseguía impresionar, al final de la carrera, podría entrar en las mejores empresas de arquitectura.
-Hagámoslo.
Rachel se marchó y enseguida llamé a Thalia para darle la noticia, y por los dioses que casi me deja sorda de un oído cuando escuchó aquello.
-Oh, dioses, Oh, dioses- solo sabía decir- ya sabes cual será tu siguiente diseño, mi casa, guapa.
-Cuidado que estás hablando con alguien muy gordo en este mundillo- bromeé mientras ponía el manos libres para escoger la ropa que me llevaría- No me lo puedo creer.
-Pues créetelo. Eres la hija de Atenea, ¿qué esperabas?
-Y tú la hija de Zeus, si nos ponemos así.
-Anna, entiéndeme. Con tu talento y añadiéndole tus genes, ¿qué esperabas que saliera? Un mono de feria con los sesos de alga…
Y hablando de ello. Percy. Hasta ese momento no me había acordado. ¿Qué iba a pasar con ello? ¿Y con lo nuestro? No es que dejara de ir a una oportunidad como aquella, pero después de besar a otro y que él nos pillara, irme sin hablar con él, no era lo mejor y me iba en dos días.
-Y hablando de sesos de alga… ¿sabes algo de…?
-Percy- mi silencio le respondió- No mucho, aunque Jason está muy afectado también. Es un imbécil, no debió de hacerlo…
-Ni yo debería de haberlo dejado…- suspiré profundamente- Debería de hablar con él, ¿no?
-Sería lo mejor, ¿no crees?
-Pues sí…
Después de dejar las cosas preparadas, quedaban dos días y aún así ya lo tenían preparados, intenté llamar a Percy, pero su móvil siempre terminaba comunicando. No me quería hablar por lo que se veía. Sin embargo, sabía que tenía que hablar con él y por lo menos, saber qué hacer. Si me iba a ir, que al menos, fuese con mi situación aclarada con Percy.
Asique, tomando mis cosas, salí hacia su casa. Tendría que hablar conmigo de un momento a otro. Si no, ya lo haría hablar yo, de todos modos, sabía maneras de hacerle hablar, muchísimas formas si decía la verdad. Asique tomé aliento y llamé. Me abrió Sally Jackson.
-¡Annabeth! Vaya sorpresa, por favor pasa.
-Un placer volverla a ver Sally- acepté su invitación entrando hacia el salón.
-Por favor, el placer es mío. Aunque perdona el desorden, tengo un gran examen definitivo mañana y…- señaló una gran pila de libros y apuntes que llenaban por completo la mesa del comedor.
-La entiendo- de todas formas, iba a estar como ella pronto- No tiene que preocuparse. El caso es que… ¿está Percy en casa?
-Oh, no, lo siento. Hace casi 10 minutos que se fue, ¿pasa algo?
Suspiré.
-No, no es nada- mentí- Solo que quería hablar de él- me quedé por un momento en silencio, mirándola; tendría que decírselo de una manera u otra- Quieren construir uno de mis planos que presenté para entrar en una prestigiosa universidad de arquitectura y me voy en dos días- lo solté todo.
-¡oh, vaya! Eso es increíble- Sally se abalanzó hacia mí, dándome un gran abrazo que si decía verdad, necesitaba- Enhorabuena.
-Gracias, Sally- sonreí aunque un poco sonrojada- Solo quería hacerle el anuncio a Percy, pero se vé que será en otro momento.
-Ya bueno, lo siento. Percy realmente estaría muy contento por ti.
No dije nada, solo asentí, aunque con una triste sonrisa que Sally Jackson pareció no notar.
Asique, sin nada más que hacer en aquel lugar, me despedí de la señora Jackson. Tenía que encontrar a Percy, hablar con él y hacerlo ya. Había sido muy bueno conmigo desde el primer momento y después de lo que había pasado, tenía que aclarar cosas con él antes de seguir nuestra relación. Volvería a casa, quizás relajarme un poco, darme un baño caliente, o incluso practicar un poco con la espalda, me serviría. No es que mucha gente lo supiera, pero después de mi último año en el campamento, había conseguido tomar una armadura completa y en días u horas de aburrimiento, me ponía a entrar. Si quería ser buena en algo, tenía que hacerlo bien, ¿no?
-¡Annabeth!- desde la cafetería de la ciudad, mi amiga Thalia me llamaba.
-Thalia- crucé hacia ella- ¿qué tal?
-Bien, a tu casa iba, pero necesitaba algo de café. ¿Quieres?
-No, aunque un granizado si me tomaría- necesitaba estar tranquila cuando me encontrara con Percy.
-¿Dónde ibas?
-Vengo- le corregí tras pedir un granizado de limón- La casa de Percy, aunque no estaba allí. Al parecer había salido cuando yo llegué.
-¿Aun no habéis hablado?- negué-están las cosas difíciles.
-¿Ahora ves porque nunca quise enamorarme?
-Chicos. Para que luego digan que somos nosotras las que traemos el drama a las relaciones- comencé a reír cuando de repente mi mirada observó algo a lo lejos.
Percy caminaba por la acera de enfrente de la calle y, al juzgar por su cara, no es que estuviese de muy buen humor. Caminaba rápido, con paso firme y muy serio.
-¿Annabeth?- Thalia me llamó, pero siguiendo mi mirada observó también.
Percy entonces se paraba en el filo de la calle, frente a la librería de la ciudad, miraba de un lado hacia el otro cuando de repente, pareció ver a alguien o algo que le llamaba la atención. Aunque más bien, alguien.
Era mi padre. Frederick Chase caminaba también con paso firme hasta que llegaba a la altura de Percy. Thalia y yo nos miramos durante un momento antes de seguir observando como los dos hablaban acaloradamente y, tras un intento de tranquilizar a Percy por parte de mi padre, este parecía que buscaba algo en su abrigo y se lo entregaba a Percy, una especie de sobre. Luego le parecía dar una advertencia y mirando hacia alrededor, se iba.
-¿Qué coño a sido eso?- Thalia habló por mí.
-No lo sé, pero pienso averiguarlo.- corrí enseguida hacia la calle.
Una cosa es que Percy estuviese enfadado conmigo. Otra que mi padre o, más bien, todo el mundo odiara a Percy; pero una cosa totalmente distinta era que ahora mi padre y Percy se… Tenía que averiguar fuese lo que fuese lo que los dos tenían en común.
Asique, corriendo para poder pillarlo, me fue fácil quitarle el sobre.
-¿Pero qué…?- se quedó de piedra cuando me vio- Dámelo, Annabeth.
-No hasta que me digas que hay aquí.
-Dámelo- él siguió ignorándome- Thalia, por favor, ayuda.
-Yo que tú le decía antes lo que hay…. Sería más fácil.
Nos miró a ambas por un momento y después de unos segundos, empezó a caminar de nuevo a través de la calle, sin dirigirme la palabra. Noté la mirada de Thalia sobre mí, esperando mi reacción, pero no, no iba a correr tras de él. Conocía a mi padre y cosas así, nunca eran buena señal.
-Bueno, ya que no quieres decírmelo, yo lo descubriré- y antes de que Thalia dijera nada, abrí el sobre.
No podía ser. Tenía en mis manos diez mil dólares.
