Por fin! Ya estoy de vacaciones. Ahora si voy a poder escribir y actualizar más seguido ;P XDXDXD.
Este capitulo quedó un poco corto, pero espero q les guste. Muchas gracias por seguir leyendome y por la paciencia. Prometo actualizar pronto. Hasta el próximo capitulo.
La condición de Chizeta había mejorado mucho en esos años. Ciertamente las colonias en Cefiro habían sido de gran ayuda para resolver el problema de la sobrepoblación, y ni que decir del esfuerzo conjunto entre la mágia cefirana y la tecnología autozamita, para convertir en estables lo terrenos antes desmembrados y quebradizos. Era cierto que lo último todavía estaba en la etapa de experimentación y desarrollo y que debía hacerse con cuidado a fin de no alterar el delicado equilibrio ambiental del planeta (algo que Autozam había aprendido a tomar muy en cuenta), pero lo cierto en que la gente de Chizeta no podía estar más feliz de lo que ya estaba. Especialmente en esa fecha.
Ese día prometía ser uno muy alegre y lleno de juegos, bailes y celebración. Tatra, la princesa heredera al trono de Chizeta, celebraba su cumpleaños número 24 y en todo el planeta podían verse los adornos del festejo.
En la habitación de la festejada, se encontraban junto a ella Umi y su hermana Tata, ayudándola a terminar de arreglarse.
-No entiendo porqué no dejas que te tome el pelo –se quejó su hermana menor.
-Tata, entiende que nunca me ha gustado ese tipo de peinado –le explicó.
-¡Pero es que te ves tan bien cuando los usas!
-Hermanita, ¿estás insinuando que me veo fea cuando no? –bromeó ella levantando la ceja.
-¡Urg! ¡Me entendiste perfectamente! –dijo la menor de las princesas agitando los brazos -¡Umi, ayúdame con ella!¡Dile que 24 años no se cumplen todos los días!
-Tata tiene razón, es una fecha muy importante. No puedes llevar el pelo como todos los días...
-¡¿Lo ves?! –exclamó victoriosa
-Aunque tampoco creo necesario que te lo tomes –agregó casi al segundo después
Tata casi se cae -¿Cómo es la cosa? –preguntó indignada -¿Se puede saber de que lado estás?
-Calma, calma. No es necesario que me mates. Lo que quiero decir es que puede hacerse otro peinado sin tener que sea un peinado alto o un moño –le explicó a su amiga –Tampoco es la idea que este incomoda durante toda la fiesta.
La menor de las hermanas no parecía tener muy clara la idea, así que Umi decidió que lo mejor sería mostrarle directamente a lo que se refería. Sin darle a Tatra tiempo para reaccionar o quejarse, tomo una de las peinetas en su tocador y se puso a cepillarla.
En tanto, el sultán recibía a la comitiva de Autozam, encabezada por Eagle. Ya se habían dado el saludo oficial y se encontraban caminando por uno de los enormes pasillos del palacio. La conversación entre ellos era muy amigable. Si bien el sultán era bastante mayor que él, congeniaban mucho, y los años de alianza entre sus mundos habían creado una relación muy cercana entre el gobernante y el joven militar. Además estaba el cariño y respeto que ambos le tenían a cierta hermosa joven de ojos azul cielo y pelo celeste. El sultán sonrío al recordar a la niña que Ferio había enviado siete años antes como emisaria.
Salón del trono: cuatro años atrás
El sultán, su esposa y dos hijas se encontraban esperando la llegada de las emisarias del rey Ferio. La nave de ese mágico mundo de Cefiro se encontraba a punto de llegar y las dos princesas se encontraban muy emocionadas y ansiosas con la idea de volver a ver a Umi. Tatra como de costumbre tomaba las cosas con su habitual calma y alegría, pero el caso de Tata era muy distinto.
-¡¿Pero a qué hora se supone que van a llegar?! –dejándose caer sobre los numerosos, enormes y esponjosos cojines de la sala del trono.
-Ten un poco de paciencia hija –dijo Rayla, su madre.
-Es cierto. Recuerda que el viaje hasta acá es largo –dijo Tatra mientras servía unas tasas de té.
-Ya sé –dijo la menor de las princesas algo fastidiada y apoyando su mentón desganadamente en su mano derecha.
El sultán rió ligeramente ante la impaciencia de su hija. Era una risa algo grave -¿Tantos deseos tienes de ver a la guerrera del agua, Tata?
A lo que la joven dio un suspiro –Sí papá –poco después de responder tuvo que sentarse derecha porque su hermana le servía té.
-Tranquila. Tendrás mucho tiempo para hablar con ella una vez estén aquí. Tampoco es mi intención esclavizar a esas pobres mujeres con junta tras junta, y menos después de ese viaje –le explicó su padre –Lo que sí voy a pedirles a las dos es que no dejen desatendida a Caldina.
-Su padre tiene razón –continuó su mujer –Ella ha venido viajando todo este tiempo con la joven Umi y no sería justo que no la tomaran en cuenta.
-Por no mencionar que es nuestra compatriota y debe dársele la bienvenida como corresponde.
-No te preocupes papá –dijo Tatra –Te aseguro que recibiremos a las dos como corresponde. ¿Verdad Tata?
-Sí.
-Muy bien –respondió al unísono la pareja real.
En tanto, la nave de Cefiro estaba a punto de entrar a la atmósfera de Chizeta. Umi se encontraba observando todo por uno de los enormes ventanales.
Estaba feliz de volver a ver a las jóvenes princesas, pero también algo pensativa. No le preocupaba la idea de hacer de embajadora. Caldina ya la había instruido en las costumbres de Chizeta y tenía plena confianza en su habilidad de dialogo y negociación. Estaba más angustiada por haber dejado a Ascot pensando en ella.
"No debo pensar así. Ascot es fuerte, puede que me extrañe, pero no morirá por no verme. ¡No seas tan egocéntrica Umi Ryuzaki! Además está lo que dijo Eagle."
Flash back:
Umi se encontraba empacando sus cosas y preparando todo para su viaje diplomático, cuando alguien golpeó su puerta.
-Adelante –dijo ella sin voltear. La puerta se abrió y una sombra bastante alta comenzó a tomar forma detrás de ella.
-Vaya, veo que ya estás casi lista.
-¡Eagle! –giró rápidamente para quedar cara a cara con él. Se veía algo asombrada.
-¿Tan feo soy para asustarte así?- bromeó.
-Gracioso –logró arrancarle una sonrisa –No, no es eso, es que... bueno yo...
-No esperabas que fuera yo, ¿verdad?
-No. Pero ya que estás aquí... –corrió sus cosas a un lado de la cama para hacerle un espacio –Siéntate –y ambos lo hicieron.
-Gracias –y tomó el lugar que ella le había dejado. Vio como ella fijaba en él sus ojos azules y que estos lo interrogaban –Quería saber como estabas.
-Bien. ¿Por qué?
-Porque allá en la Tierra, pregunté y dije ciertas cosas que... –vaciló al ver como ella apartaba un poco la mirada –te hicieron sentir incomoda. Y por lo que veo sigo haciéndolo. Quería disculparme.
Ella volvió a mirarlo y vio que el tenía una mirada culpable –No tienes porqué –le sonrió -A decir verdad, hacia mucho que quería hablar de eso con alguien, pero no había podido. Hablar contigo me sirvió para desahogarme. Gracias.
-Me da gusto escuchar eso, pero si es cierto ¿porque estás tan triste?
-No es tristeza, sólo que siento como si estuviera escapando.
-¿De Ascot?
-De él y de todo –se levantó de la cama -¡Me encanta Cefiro! Pero estando aquí no puedo evitar dañar a Ascot, ni mentirle a mis amigas, ni... –el comandante vio como ella se tomaba las manos nerviosa, mientras las miraba –ni verlo a él.
-Oh. ¿Entonces él es de este planeta?
Ella apenas si asintió –De hecho él... él es... –no pudo continuar, porque Eagle puso su índice sobre sus labios. Cuando él lo quitó ella lo miró sin entender.
Eagle la miró de manera tierna y puso sus manos en sus hombros –Te agradezco la confianza más de lo que crees, pero es obvio que aún no estás lista para decirle su nombre a nadie. Cuando de verdad te sientas preparada y necesites compartir el secreto... entonces lo único que tienes que hacer es buscarme, ¿de acuerdo? –le dio una de sus clásicas sonrisas.
-De acuerdo –terminó apoyando la cabeza en el pecho de él –Gracias.
-De nada -dijo pasando su mano por el pelo de ella "que suave" –Es lo menos que puedo hacer por mi cocinera favorita. ¿Podrías dejarme la receta de ese mouse de chocolate y nueces? No quiero morirme de hambre mientras no estás.
-¡Eres un glotón! –dijo entre risas.
Fin Flash Back
Umi sonrió al recordar lo último.
-¡Vaya! Te veo muy contenta –dijo Caldina que acababa de llegar a su lado -¿Feliz de volver a ver a las princesas?
-¡Sí!
-Pues no tendrás que esperar mucho. Me acaban de informar que aterrizaremos en tres minutos.
Pasado ese tiempo se encontraron mirando el palacio de Chizeta y siendo escoltadas a la sala del trono. El pasillo por el que estaban caminando era enorme y su arquitectura notable; con finos gravados esculpidos tanto pilares como arcos y cuyos bordes Umi podía jurar que estaban bañados en oro. Finalmente llegaron ante una puerta enorme que al abrirse no mostraba directamente la sala del trono, sino que daba paso a una bella antesala separada de la verdadera sólo por unos hermosos velos de seda en tono carmesí.
Luego de que las dos mujeres fueran debidamente anunciadas por los escoltas, estos se retiraron de la habitación cerrando la puerta. Tal y como Caldina había instruido a la guerrera en las costumbres chizetanas y el respeto a sus gobernantes, ambas mujeres se pusieron de rodillas y luego se inclinaron en el suelo, con el torso y ambas manos extendidas hacia delante, en total muestra de sumisión. En esa pose, esperaron a que se les dirigiera la palabra.
-De pie, Caldina, hija de Chizeta y Umi Ryuzaki, Guerrera Mágica del Agua –dijo una voz profunda que infundía inmediato respeto. A lo que ellas obedecieran siempre manteniendo la vista en el suelo, se escuchó como alguien golpeaba las palmas de sus manos una vez y los velos se elevaron lentamente. Ninguna de ellas levantó la vista en ningún momento. Cuando quedaron completamente al descubierto, el soberano de Chizeta volvió a tomar la palabra –Sean ambas bienvenidas a Chizeta, enviadas del rey Ferio de Cefiro.
-Es un honor estar en la presencia de su majestad –dijo la bailarina, aún sin levantar completamente la vista.
-En nombre de Cefiro agradecemos enormemente su hospitalidad y amistad –Umi tampoco levantó la vista mientras hablaba.
-Muy por el contrario. Son ustedes quienes nos honran al haber viajado desde tan lejos en ayuda nuestra –el hombre se levantó de su enorme trono y se dirigió hacia ellas, parando a unos diez pasos de distancia –En nombre de los habitantes de Chizeta, muchas gracias –y llevándose la mano derecha al pecho y cerrando los ojos, hizo una leve reverencia a ambas.
Una vez el sultán se hubo enderezado, Umi y Caldina alzaron la vista. Los ojos de ambas se encontraron con un hombre bastante alto, tez bronceada, barba corta y cobriza, turbante que le cubría el cuello y las vestiduras árabes más elegantes que Umi jamás hubiera visto. El sultán por otra parte notó la belleza de ambas mujeres, pero quedó principalmente impresionado con los ojos de Umi; no sólo eran de un azul increíblemente hermoso, también demostraban una gran seguridad en si misma y una profunda sinceridad. Esos ojos sin duda le gustaron. "Aún no la conozco y ya entiendo porque mis hijas la quieren tanto."
