Hola! Perdón por no haber actualizado antes, sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que subí un capitulo y realmente le agradesco la espera a todos los que han ido siguiendo la historia. No los lateo más y los dejo con la continuación. Los reviews son más que bienvenidos.
Chao. Espero actualizar pronto.
Ese día las princesas se dedicaron a pasear a Umi y Caldina por todo el palacio y sus alrededores, explicando el significado de cada pintura y estatua que encontraban en el camino. La joven guerrera prestaba enorme atención a la información que estaba recibiendo y cada tanto sonreía al ver como la bailarina miraba emocionada aquellas piezas de arte que describían hechos de un memorable pero distante pasado. Ella que estaba fascinada con todo lo que veía y escuchaba, sólo podía imaginar vagamente la emoción de Caldina al recorrer el palacio y ver con sus propios ojos todas aquellas reliquias tan queridas y admiradas por lo Chizetanos.
Al llegar al final del día, ellas mismas las escoltaron a sus habitaciones y vieron que todo fuera de su agrado.
-Sabemos que traes tus propias vestimentas Umi –comenzó Tatra –pero aún así pensamos que sería buena idea que tuvieras algunos de nuestros vestidos.
-No tienes que preocuparte –le aseguró Tata –Esta vez nos aseguramos de que sea ropa fresca y que tu ombligo este cubierto –recordando su reacción pasada al verse vestida con ropa según ella muy "reveladora."
-Gracias, pero no se hubieran molestado.
Tatra la tomó gentilmente de las manos –No fue ninguna molestia. Considéralo nuestro regalo de bienvenida a una amiga muy querida.
-Urg... ya hermana, no te pongas sentimental –Tata sentía lo mismo, pero no estaba preparada para ponerlo en palabras; como única señal de esto estaba el ligero rubor sobre su piel bronceada.
La mañana siguiente fue una muy atareada para las dos emisarias. Para empezar, el sultán había preparado un recorrido por la capital para que ellas pudieran darse cuenta de la situación de la gente. Umi vio con asombro que a pesar de que todas las viviendas y pavimentos estaban en excelentes condiciones, las calles eran increíblemente estrechas. "Y yo creí que Tokio tenía problemas..." . Caldina suspiró; ella ya imaginaba algo como eso.
-Veo que las cosas han empeorado desde que me fui. Las cosas ya estaban mal en la capital y el trabajo comenzaba a escasear, pero nunca pensé que llegaría a este punto...
-Majestad, ¿qué es lo que pasó? Aún para una población como la de ustedes esta cantidad de gente en la capital es horrorosa.
-Todo es por la inestabilidad del terreno –comenzó a explicar –Los Chizetanos como sabes somos originarios del centro mismo del planeta. Eso no representó ningún problema hasta hace unos cuatrocientos años, ya que aunque nuestra gente vivía hasta una edad avanzada y en buenas condiciones, los nacimientos eran escasos y los niños nacidos débiles.
-Veras Umi –siguió Caldina con el relato –Según un relato muy antiguo el gran visir Yasha, fue un hombre inteligente y ambicioso que con el correr de los años comenzó a sentir unas ansias enormes de poder que finalmente lo llevaron a tratar de apoderarse del sultanado.
-Mi antepasado Kafta, logró derrotarlo después de una gran batalla y atrapó su espíritu en el abismo del tiempo. Hubiera sido preferible ejecutarlo, pero Yasha también era un vidente y nuestra ley prohíbe expresamente tomar la vida de todo aquel que posea ese tipo de talento, por muy mal que lo use –se notaba algo exasperado al respecto –El caso es que echó una potente maldición sobre todas las mujeres, nobles y súbditas, para que les fuera extremadamente difícil concebir.
-¡Pero que horror!
-Sin embargo sus poderes eran limitados y sabía que tarde o temprano la maldición perdería efecto, así que usó lo último que le quedaba de su fuerza para hacer que los extremos del planeta fueran inhabitables.
-En un principio la gente se rió de eso, siendo tan pocos qué podía importarles que ocurría en tierras tan lejanas, más si estaban ocupados en cuidar de los pocos niños que nacían. Sencillamente no vieron en que podía afectarles.
-Hasta que la maldición se rompió y el crecimiento de la población volvió a la normalidad –concluyó Umi.
-Mucho mejor que normal, Guerrera Mágica del Agua, ¡mucho mejor! –se lamentó el sultán –Gracias a la debilidad de los niños, todos los médicos de Chizeta trabajaban día y noche para desarrollar medicinas y suplementos vitamínicos potentes para ayudarlos a combatir las enfermedades, y cuando encontraron una forma de estabilizarlos no perdieron el tiempo y el siguiente paso fue desarrollar vacunas. Para cuando los poderes de Yasha perdieron efecto, nuestra medicina estaba muy avanzada y era muy raro que una enfermedad llegara a matar. En la actualidad hasta los resfriados son algo extraño.
-A eso súmale nuestro promedio de vida...
-La población se disparó y pronto se hizo necesario expandir nuestro territorio. Siendo vidente, Yasha lo vio venir y por eso lo de los extremos.
-Entiendo –dijo Umi.
-Y sin embargo cuando yo me fui el problema no había llegado hasta estos extremos –comentó la bailarina –Era un problema más de falta de trabajo que de espacio.
-Desafortunadamente el mal estado de los hemisferios está empezando a afectar también nuestro territorio –Umi puso aún más atención y Caldina abrió sus ojos visiblemente alarmada –Al principio fue sólo un mal estado del suelo que impidió sembrar cualquier cosa, pero luego siguieron los cambios climáticos y fue cosa de nada para que llegaran los terremotos y los desprendimientos de suelo.
-¿Desprendimientos de suelo? –ahora sí que Caldina estaba preocupada y Umi tenía una de sus manos entre las suyas para darle animo.
-Sí, y eso es lo que en verdad me preocupa –los ojos del sultán reflejaban tristeza –Si esto sigue así, ya no será sólo un problema de sobrepoblación y falta de recursos, sino que perderemos nuestro planeta.
Esa conversación las llenó de horror y angustia, especialmente a Caldina. Umi no pudo evitar recordar el estado de Cefiro al perder la protección de la princesa Esmeralda. Era obvio que aunque se estaba desmoronando más lentamente que Cefiro en ese entonces, el problema de Chizeta era mucho más grave y en ese mundo el poder de la voluntad no podría ayudar. Era algo serio.
Poco después del paseo, ambas mujeres asistieron a una de las reuniones del sultán con sus consejeros y hombres de confianza. De esa forma se enteraron de que aunque los terremotos habían cesado en las tierras próximas a los hemisferios, los terrenos eran muy frágiles. Aún faltaba para que llegara a los poblados, pero como los geólogos lo veían, lo fragil del terreno iba avanzando poco a poco y era conveniente evacuar a la gente.
También se le dio informe al soberano sobre la situación en las ciudades más pobladas y los refugiados de aquellas regiones que ya habían tenido que ser evacuadas. Umi se sorprendió bastante al enterarse de que muchas naves reales habían sido adaptadas como refugios y que incluso había pobladores residiendo en aquellas áreas del palacio destinadas al entrenamiento de las tropas y en la enfermería real.
Por último en una especie de bola de cristal gigante, ambas mujeres pudieron ver una de las zonas afectadas por este deterioro de la calidad del suelo. Umi esperaba ver aridez, pero lo que presenció fue mucho peor: en apariencia el terreno era más que firme, pero de pronto comenzó a tambalearse y a moverse como si fuera una especie de flan. Cuando el movimiento se detuvo, Caldina suspiró aliviada, sólo para poco después alarmarse al ver como tres fisuras se formaban en la tierra. Umi se preocupó mucho al ver como su labios perdían color y se acercó para sostenerla, si bien ella tampoco se sentía de mucha ayuda luego de ver eso. No estaba muy segura de que hacer, pero esa gente necesitaba ayuda y la necesitaba ya.
El propio sultán, sí bien firme y erguido en la totalidad de su estatura durante la reunión, se sentía sobrepasado por los informes y la última visión, y por sus ojos y la tensión que veía cerca de los músculos de la mandíbula, adivinó que el resto del consejo estaba en iguales condiciones. Así fue como terminó todo.
Caldina estaba algo mareada y sultán sugirió que fuera a descansar a los aposentos que le habían sido asignados; ella acepto el consejo y luego de una reverencia se retiró a descansar, dejando al soberano y Umi a solas. Umi vio un gran pesar en el noble rostro y francamente no le sorprendía. Ahora entendía mucho mejor a Tatra y Tata y como nunca valoraba el que hubieran renunciado a invadir Cefiro.
-Majestad, aún no sé muy bien qué tanto pueda hacer por ustedes, pero prometo hacer todo lo que esté al alcance de mis fuerzas para ayudarlos.
-Eso significa mucho para mí Guerrera Mágica del Agua. Yo y mi gente estamos muy agradecidos por su presencia.
-Alteza, preferiría ser llamada sólo Umi cuando el protocolo no indique otra cosa –le dijo amistosamente.
-Lo entiendo y así será, Umi –la miró paternalmente –Pero en ese caso pido el mismo favor. No es muy cómodo ser llamado alteza por alguien que es gran amiga de mis hijas –le dijo como si le estuviera confiando un enorme secreto.
-Lo intentaré... Marcus –sonrió –Pero no prometo nada –dándole a entender que le era un tanto difícil.
El rió –Bien, bien. Sé que es difícil, tuve ese mismo problema con Rayla cuando la conocí. No tienes idea lo irritante que puede ser el trono cuando la mujer que amas insiste en llamarte "príncipe," "majestad," "alteza"... –Umi vio como él elevaba los ojos al techo al recordarlo y no pudo evitar soltar una risita.
-Señor Marcus, creo que usted también debe descansar. Se ve muy agotado.
-Creo que seguiré tu consejo jovencita, realmente lo necesito y tú también –agregó - Ahora si me lo permites –le ofreció su brazo derecho y ella aceptó –te escoltaré a tus aposentos antes de regresar a los brazos de mi esposa –ya iban camino a los dormitorios –Conviene que duermas. Mis hijas irán por ti y Caldina para el almuerzo, así que no te preocupes.
Pronto llegaron a la habitación de la joven y tras despedirse, Marcus siguió su camino. Al llegar, se encontró con Rayla esperándolo con el té ya listo. Él la miró con ternura, recordando que ella solía hacer lo mismo en los años que aún eran solteros; era su forma de darle a entender que lo apreciaba y que podía contar con ella.
-¿Qué tal estuvo el consejo? –preguntó mientras le alcanzaba la tasa y él sentaba.
-Igual que las últimas –y le contó todo lo que había ocurrido. Ella no emitió sonido ni comentario alguno mientras hablaba –Caldina terminó muy afectada. Creo que debí ser un poco más suave al explicarle la situación por la que estamos pasando –tomó un sorbo.
-Ya nada puedes hacer y a decir verdad no creo que hubiera sido posible suavizar la noticia –lo tranquilizó –No te preocupes querido, es una mujer fuerte, se le ve en los ojos. Ya verás que todo estará bien.
-Eso espero.
-¿Y cómo reaccionó la joven guerrera mágica?
-Se preocupó genuinamente, pude verlo –sus labios se curvaron al recordarlo –Pero no se dejo derrotar por el impacto, sacó fuerzas de la ansiedad de Caldina y actuó como apoyo para ella durante toda la reunión.
-Es una joven muy dulce, aunque algo impulsiva como nuestra Tata –la sonrisa en sus labios era encantadora –Y muy decida por lo que escuche de Tatra.
-Creo que Ferio envió a las dos personas indicadas. Aunque debo admitir que en un principio la juventud de la niña me hizo dudar –se confesó el sultán.
-Me permito recordarte Marcus, que nuestra Tata tiene la misma edad.
-Lo sé, lo sé –se disculpó –y ahora veo porque confían tanto en ella. Realmente sabe escuchar y se interesa por lo que uno tiene que decir. Muchas veces cuando le conté la historia de Kafta y Yasha, pude ver como se indignaba, pero mantuvo silencio y no interrumpió la narración. Y durante le consejo... ella estaba realmente horrorizada con lo que vio, y así y todo no desvió la vista, fue casi como si quisiera grabar todo en su mente sin que faltara un detalle.
-Debió ser muy difícil soportar todo eso en silencio.
-En eso te equivocas. Aunque estaba tan afectada como Caldina, cuando llegamos al tema de la evacuación, ella tomó parte activa en el consejo: preguntó a que distancia exacta estaba la zona de riesgo de los poblados, que tan rápido avanzaba el desprendimiento, cuanta gente debía ser evacuada, y con cuantos recursos y tiempo contábamos para hacerlo.
-¡Vaya! Y tú que creíste que se intimidaría –le recordó su esposa.
-Los miembros del consejo estaban muy impresionados con su participación y puedo decirte que Alcar se notaba complacido –su esposa abrió ligeramente los ojos -Su interés no pasó desapercibido y por su expresión puedo decirte que ya está pensando en algunas medidas al respecto.
Mucho antes de que la hora de almuerzo llegara, la noticia de que los miembros del consejo se habían entrevistado con las emisarias de Ferio y que estas se estaban tomando muy en serio el asunto, fue conocida en todo el palacio. También llegó a los oídos de soldados, refugiados y sirvientes, que con su disposición Umi había impresionado favorablemente a Alcar, príncipe, sobrino del sultán, que a pesar de ser gentil, tenía la cualidad de no expresar fácilmente su emociones delante de extraños y ser además muy exigente. Eso hizo que la gente se llenara de esperanza y tuviera más interés en conocer a la joven que había logrado dominar a la princesa Tata.
