Muchas gracias a todos por lo reviews, seguir leyendo y también por la gran paciencia que me han mostrado con lo de las actualizaciones, espero que este capitulo les guste y que me dejen muchos comentarios y sugerencias.

Les deseo unas felices fiestas de fin de año. Chao y gracias otra vez )


Estaba muy oscuro a su alrededor, pero aún así él podía sentir el calor de un tenue brillo alumbrándolo. Abrió los ojos no sin algo de dificultad y se vio forzado a parpadear varias veces antes de lograr enfocar su vista. Cuando finalmente lo logró, vio a Alcar, Príncipe de Chizeta y a Varda, miembro del Gran Consejo Chizetano; ambos lo observaban de cerca.

No tenía muy claro lo que ocurría a su alrededor. Sus recuerdos eran confusos y sentía una gran pesadez en la cabeza, pero sí sabía que fuera lo que estuviera pasando, no podía ser bueno. Estaba recostado en la cama y tras mirar brevemente en torno suyo, pudo darse cuenta de que las cortinas estaban cerradas y que la tenue luz que alumbraba la habitación venía de una especie de lámpara sobre la cual flotaba una pequeña llama. Fue conciente de estar en su propia habitación y recordaba, o más bien intuía, que algo había ocurrido ahí.

-Eagle –le llegó la voz del anciano consejero -¿Nos reconoces?

El autozamita abandonó su inspección para concentrarse en quien le había hablado –Sí. Ustedes son Varda y Alcar, ambos nativos de chizeta y miembros de la alta nobleza y emisarios de su majestad Marcus –respondió con voz apagada, pero sin titubear.

-Muy bien –sentenció el príncipe, satisfecho de ver que su capacidad de reconocimiento no había sido afectada y que evidentemente la del lenguaje tampoco -¿Cómo te sientes?

-Débil –reconoció -¿Lastimé a alguien? –tanto el anciano como el joven príncipe parecían sorprendidos por la pregunta –No recuerdo exactamente qué, pero tengo la sensación de que hice algo terrible... Lo último que recuerdo es que embestí la barrera que Guru Clef colocó para mí y después de eso... nada... sólo sombras y angustia –cerró los ojos de golpe y su ceño se fruncía tembloroso. Se llevó ambas manos a la frente para intentar contener el dolor y fue entonces que se dio cuenta de que las tenía vendadas.

-Tranquilo muchacho no te desesperes –intentó tranquilizarlo Varda al tiempo que apoyaba su mano en el hombro derecho del comandante –Intenta tranquilizarte no es bueno que te exaltes.

Eagle miró al aciano con angustia y preocupación en la mirada –Pero...

-Contestaremos todas tus preguntas en la medida que nos sea posible, pero no te exijas demasiado ahora –le dijo el hombre con aire paternal.

-Tu cuerpo apenas si se está recuperando de un gran trauma –le informó Alcar –Por ningún motivo debes forzarte en estos instantes.

-Lo entiendo. Pero de momento debo saber si alguien está herido por mi culpa –sus ojos reflejaban su nerviosismo ante la posible respuesta, así como una suplica silenciosa por que todo estuviera bien.

-No. A excepción de ti, no hay nadie herido –respondió Alcar, conciente de que la inquietud lo estaba carcomiendo por dentro y de que eso no le haría nada bien –Ahora bebe esto por favor –y le acercó un vaso con un extraño líquido morado en su interior. Temiendo que su cuerpo estuviera en peor estado del que podía percibirse por el momento, él mismo se encargo de llevarlo hasta sus labios e inclinarlo para que bebiera.

Apenas segundos después de que el liquido pasara por su garganta, Eagle no pudo más y ambos chizetanos fueron testigos de cómo el comandante se sumergía en un profundo sueño.

Fuera de la habitación esperaban las guerreras mágicas, el máximo hechicero de Cefiro y el soberano del mismo mundo, quienes tan pronto vieron salir a los dos hombres los asaltaron a preguntas. Se les informó que el joven militar ya se encontraba mejor y fuera de peligro, pero que de momento estaba débil y durmiendo, por lo que había que dejarlo tranquilo al menos hasta el amanecer del otro día. Entendiendo la situación, accedieron a hacerlo y mientras Varda volvía a entrar a la habitación para cuidar a Eagle, los demás iban a la sala del trono para hablar sobre su estado en completo detalle.

-Su cuerpo recibió un gran impacto, pero no es eso lo que más me preocupa, sino la conmoción mental que sufrió –les explicó el príncipe –La agresividad de Eagle hacia ustedes fue producto del rechazo de la barrera a sus embestidas, no de un autentico deseo por dañarlos.

-Por eso su confusión –dijo Guru Clef.

-En efecto. El problema es que temo que él se culpe por lo ocurrido –siguió con su explicación –De momento no recuerda claramente el incidente, pero sabe que algo ocurrió en esa habitación y sabe que fue algo en lo que uno de ustedes pudo salir lastimado. Es vital que logre sobreponerse a ese sentimiento, de otra forma veo muy difícil que logre recuperar su salud.

-Lo entendemos –la que hablaba ahora era Hikaru -¿Qué debemos hacer? Tarde o temprano recordará todo o nos preguntará por lo que pasó.

-No deben mentirle –dijo categórico Alcar –Ocultarle la verdad no servirá de nada, por el contrario, sería muy contraproducente para su salud mental el que bloqueara el recuerdo; a la larga acabaría convirtiéndose en una bomba de tiempo. Lo que deben hacer es aclarar sus dudas en la medida que él les pregunte, con cuidado y poco a poco. Lo mejor sería que él mismo lo recordara, y créanme eso es lo que ocurrirá probablemente.

-Pero eso no es todo, ¿cierto? –Fuu, siempre atenta se dio cuenta de que él quería llegar mucho más allá.

-La verdad es que no considero necesario que él permanezca en Cefiro por más tiempo.

-¿Pero y qué hay de su salud? –Umi se notaba preocupada –Sé que ya está curado de su enfermedad inicial, pero aún está bajo los efectos del coma y después de lo que pasó... no sé, ¿será realmente bueno que él viaje ahora?

-Bajo otras circunstancias lo más probable es que estuviera de acuerdo contigo, pero el caso es que Eagle no está bien, lo de su padre lo afectó demasiado y el hecho de no estar en Autozam puede llegar a bajar mucho sus niveles de auto-confianza y auto-estima cuando recuerde todo.

-¿A qué te refieres? –preguntó Ferio, muy preocupado por su huésped.

-A que puede terminar paranoico y temiendo dañar a sus seres queridos –explicó.

-¡Pero si tu dijiste que sus acciones no habían sido su culpa! –exclamó Umi.

-Lo dije y es muy fácil entender eso desde fuera, ¿pero crees que será tan fácil para él hacer esa relación. ¿Cómo crees que se sentirá al saber que atacó a Fuu y a Guru Clef? ¿Si supieras que alguien muy querido para ti estuvo en peligro por tu causa, aún cuando tú no hayas querido dañarlo, cómo te sentirías?

Esa pregunta les recordó a todos y en especial a las tres jóvenes lo sucedido con la princesa Esmeralda. No había otra alternativa, Eagle tenía que regresar a su hogar cuanto antes a fin de salvar su sanidad mental. El único problema era que debía ser seguir en cuidados en médicos y ayudado por un poco de magia. Guru Clef no podía partir a causa de la situación de los refugiados chizetanos y tomando en cuenta que Varda y Alcar habían sido enviados a Cefiro precisamente por esa razón, era evidente que no podían acompañar al joven comandante. Subitamente, fue el príncipe quien resolvió el problema. Había alguien que podía cuidar de Eagle sin problemas; una persona muy hábil en el dominio de la medicina, gentil y amigable, y que no sólo era miembro de la alta nobleza chizetana, sino además de la realeza.

Silver no tardó mucho en enterarse de lo ocurrido con su hijo por boca de Ferio y de inmediato hizo los preparativos para recibirlo a él y a los responsables de su cuidado. Estaba intranquilo, ya no por lo del atentado, cuyos responsables habían sido encontrados y capturados por Lantis y Geo, sino por Eagle. Entre el espadachín mágico y el segundo al mando de su hijo habían intentado calmarlo, pero lo cierto es que también ellos estaban preocupados y aunque sabían que el comandante estaba en buenas manos, estaban temerosos del estado en el que lo encontrarían. Después de todo las secuelas por magia no debían subestimarse nunca, por no hablar del shock recibido al despertar del estado colérico.

Cinco días más pasaron antes de que la nave cefiriana hiciera entrada en la orbita autozamita. Era el atardecer cuando finalmente ocurrió y aunque el presidente no pudo asistir a la llegada de su propio hijo debido a una reunión con sus ministros, se encargó de que en el puerto espacial hubiera un grueso comité de bienvenida aguardándolo, entre ellos Zazu, Geo y Lantis. Allí estaban, frente a la nave y esperando a que salieran sus ocupantes.

La puerta se abrió y reveló a tres personas. Para tranquilidad de Lantis su amigo no se veía tan mal como él se lo había imaginado luego de recibir el impacto de la magia de Guru Clef, pero sí cansado por el viaje. Junto a él venían dos mujeres, una de ellas una jovencita muy alta y agraciada que Geo reconoció inmediatamente como Umi. La otra era una joven un poco mayor de abundante y largo pelo rojizo ondulado, ojos que a ratos parecían azules y ratos verdes, y una sonrisa dulce y encantadora, que el segundo al mando estaba de no haber visto antes.

-¡Eagle! –Zazu corrió a su encuentro y se le hubiera tirado encima de no ser porque Lantis lo atajó por el hombro y le dio una mirada a la que era mejor no discutirle.

-Es bueno tenerte de vuelta, comandante –lo saludó Geo.

-No tienes idea –respondió el aludido con una sonrisa. Luego se dispuso a realizar las presentaciones para toda la comitiva presente, buena parte de ella subordinados suyos –Mis acompañantes, Umi Ryuzaki, Guerrera Mágica del Agua, a quienes muchos de ustedes ya conocen; y la Primera Princesa de Chizeta y heredera a su trono –mientras la señalaba muchos murmullos se hicieron presentes entre la concurrencia al saber el rango de su segunda acompañante. Geo especialmente tenía toda su atención puesta en la joven.

-Es un placer estar acá –dijo Tatra en una voz muy correcta –Soy Tatra de Chizeta y estaré al cuidado de la salud de Eagle Vision.